Tercer tercio. No se trata de estar a favor o en contra de Trump o de su contraparte mexicana. Estados Unidos es la primera potencia económica y militar del planeta y el destino hizo que compartiéramos más de 3 mil kilómetros de frontera con esa nación. Así de simple, o de complejo. (Eduardo del Río, 24 Horas, México, p. 6)
Llamativo festejo entre amigos, un par de días después de que Trump se haya jactado del avance del muro fronterizo en Texas, Arizona, Nuevo México y California y de disponerse a presentar una nueva acción legal para rescindir el programa Daca que protege de la deportación al menos a 650 mil jóvenes migrantes, 80% de ellos mexicanos. En la sombra, Joe Biden parece tener buena memoria al recordar que Trump inició su campaña presidencial llamando violadores a los mexicanos. (José Rubinstein, El Universal, Opinión)
Esto le dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador a su amigo Donald Trump, Presidente de Estados Unidos:
“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su Presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto, nos ha tratado como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.
Oxígeno puro para millones de migrantes mexicanos:
“Las circunstancias económicas de ambas naciones han impulsado de manera natural un proceso de migración de mexicanas y mexicanos hacia Estados Unidos y se ha conformado aquí una comunidad de cerca de 38 millones de personas, incluyendo a los hijos de padres mexicanos. Se trata de una comunidad de gente buena y trabajadora que vino a ganarse la vida de manera honrada y que mucho ha aportado al desarrollo de esta gran nación. (Juan Francisco Castañeda, 24 Horas, Estados, p. 13)
Muy al estilo de la cita “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de EU”, nos narran que quien no dudó en expresar su inconformidad con la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington, fue el gobernador michoacano Silvano Aureoles (PRD), al acusar que Donald Trump ha hecho de todo, menos tratar con dignidad a los mexicanos, como señaló López Obrador. Aunque no es su estilo confrontarse con la federación, nos señalan que los dichos de don Silvano tienen detrás el estar al frente de la entidad con mayor población migrante en EU (alrededor de 4 millones), por lo que en su momento exigió al tabasqueño cancelar la gira, ante el episodio de los niños enjaulados y las expresiones racistas de Trump hacia los migrantes. Sin embargo, al no ser escuchado, acusó a AMLO hasta de “hacerle el spot de la campaña” al mandatario estadounidense. La cuestión, nos indican, es que tras pronunciarse, ahora Aureoles asegura que es blanco de una campaña negra en redes sociales, la cual ya denunció ante la fiscalía estatal. Hay tiro. (El Universal, Opinión)
Digno y republicano. Así podríamos resumir el encuentro, discurso y declaración conjunta del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y de su homólogo estadunidense, Donald Trump el pasado miércoles 8 de julio.
Dijo que la historia, la geopolítica, la vecindad y las circunstancias económicas de ambas naciones ha impulsado un proceso de migración de mexicanas y mexicanos hacia Estados Unidos y se ha conformado una comunidad de cerca de 38 millones de personas, incluyendo a los hijos de padres mexicanos. Con firmeza indicó que se trata de una comunidad de gente buena y trabajadora que vino a ganarse la vida de manera honrada y que mucho ha aportado al desarrollo de esa nación. Señaló que algunos pensaban que las diferencias ideológicas de ambos mandatarios habrían de llevarlos inevitablemente al enfrentamiento.
El presidente Trump fue muy respetuoso en su discurso y nunca hizo mención a la construcción del muro fronterizo. En resumen, el viaje del presidente López Obrador a Estados Unidos fue un éxito absoluto. (Miguel Barbosa, Milenio Diario, Política, p. 11)
Llegó el día y el presidente López Obrador cumplió su visita de trabajo a Washington, D.C. Difícil hacer un balance de resultados a pocas horas del evento, pero algunas estampas quedaron claras. El viaje. Fiel a su estilo, el Presidente insiste en viajar por líneas comerciales, aunque pueda implicar mayores costos en tiempo, boletos y eficiencia.
La imagen de una oficial de migración dirigiéndolo, sin protocolo alguno, a salir del avión, no empata con el cuidado de su investidura.
El viaje era una prueba de fuego para la diplomacia mexicana, que salió airosa. Como dijimos aquí, no era esperable un maltrato de Trump a quien ha sido un funcional aliado. Pero el buen oficio diplomático logró lo impensable: la contención del presidente de Estados Unidos y su apego al guión.
Falta esperar que la empatía entre ambos mandatarios se traduzca en acciones concretas. Hasta ahora, las amenazas a los migrantes y a los jóvenes DACA siguen de aquel lado, mientras que de éste persisten la incertidumbre y la hostilidad hacia la inversión privada. En última instancia, la apuesta no es a una sintonía personal, sino consolidar la relación institucional entre nuestros países. (Verónica Ortiz, El Heraldo de México, País, p. 9)
El viaje del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington y su entrevista con el presidente Donald Trump pusieron de relieve la importancia que, por razones distintas, pero convergentes, ambos atribuyen a la cooperación entre sus países y al nuevo Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).
La visita mostró un cambio de tono, sorprendente en el volátil Presidente estadounidense, que todavía esta semana presumía del muro fronterizo y se preparaba para buscar el fin judicial del programa de los soñadores. Pero de repente, el cambio: los mexicanos son un grupo formidable. Si eso tendrá algún impacto en la política migratoria estadounidense es dudoso, pero la necesidad político-electoral a corto y largo plazos obligan a los republicanos a acercarse a los latinos, la mayor minoría en EU. Y 60 por ciento es de origen mexicano.
Para Trump, destacar el T-MEC es por necesidad: no hay muchos positivos en su Presidencia, marcada por una serie de problemas de salud, conflictos raciales y problemas de comercio internacional. El T-MEC es uno de sus mayores logros y su relación con México y los mexicanos un termómetro de su capacidad para modificar una imagen de supremacismo y hostilidad hacia migrantes y minorías. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
Diplomacia
La visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Washington, dejó otro ganador, Marcelo Ebrard, quien tejió fino para que ambos mandatarios destacaran más las coincidencias que las diferencias. Ahora le queda al Canciller tender puentes con los Demócratas y las organizaciones de migrantes en Estados Unidos. (Jaime Núñez, El Heraldo de México, Merk2, p. 24)
Muchos pensaron que AMLO se arriesgaba al exponerse al carácter ambivalente del mandatario estadounidense. Pues se equivocaron. Todo fue cordial y amable.
El discurso de AMLO estuvo sobre cargado de elogios hacia Trump, cuando éste ha sido el presidente más antimexicano en muchas décadas. Basta recordar cuando arrancaba su campaña a la presidencia que llamó a los inmigrantes mexicanos como violadores.
Esto ya sin mencionar su agresiva política antiinmigrante, la construcción de su dichoso muro fronterizo y la separación de familias al cruzar la frontera. Trump se ha dedicado a maltratar y discriminar a los mexicanos y por ello es por lo que la gran mayoría de nuestros connacionales, tanto en México como en Estados Unidos, no simpatizan para nada con él.
Que López Obrador haya ido hasta la capital de aquel país a compararlo con Washington y Lincoln puede costarle políticamente. Trump, nada tonto, sabe que va abajo en las encuestas para su reelección en noviembre y que los 30 millones de votos latinos pueden ser decisivos. Él necesitaba esta visita.
A nadie le puede pasar desapercibido el papel de nuestro canciller Marcelo Ebrard. Sin lugar a duda, de los funcionarios más destacados de la 4T. Ojalá que muchos otros secretarios tuvieran la visión y operación que tiene Ebrard para sacar adelante muchos temas de la agenda nacional. (Roberto García Requema, La Razón)
Muchas universidades en el mundo han suspendido los trámites para aceptar estudiantes de otros países. Por ejemplo, la Oficina de Inmigración y Aduanas de EE. UU. indicó que los alumnos con visas F-1 y M-1 cuyas escuelas operen en formato en línea “deben abandonar el país o tomar otras medidas, como ser transferidos a una escuela con instrucción presencial”.
Algunos estudiantes de origen chino están posponiendo sus planes e incluso revalorando si vale, o no, la pena un título norteamericano. El principal problema es que las próximas fechas para tramitar una visa serán en noviembre, y algunas universidades han propuesto clases a través de un sitio web y sesiones presenciales más breves. De acuerdo con el Ministerio de Educación de China, más de 1,6 millones de alumnos de ese país estudian en el extranjero. La oferta educativa más atractiva está en EE. UU., Australia y el Reino Unido. Sin embargo, los conflictos diplomáticos entre China y EE. UU. han generado que Canadá haya aumentado en 13% su demanda en comparación con 2019. Otro problema, es si una escuela imparte clases completamente en línea, los estudiantes con visas en los EE. UU. tendrán que abandonar el país o transferirse a una escuela con clases presenciales.
Los gastos por parte de los estudiantes de origen chino representan un tercio (15 mil millones) de los 44 mil 700 millones (US$) que generan los estudiantes extranjeros en los EE. UU. —sumando el costo de matrícula, gastos de seguros médicos y libros—. Una encuesta a casi 600 colegios y universidades de EE. UU. afirman que el 88% considera que disminuirán las inscripciones de alumnos internacionales el próximo ciclo escolar. En otras palabras, habrá menos ingresos en las universidades norteamericanas a causa de la pandemia. (Gerson Hernández, El Sol de México, Análisis, p. 11)
El presidente Trump, el que más ha insultado y agredido a México y a los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos, recibió de López Obrador el mayor elogio que un presidente de México haya pronunciado a favor de su homólogo estadounidense.
En plena campaña de Trump por la reelección, López Obrador pronunció en Washington un discurso lleno de alabanzas a favor del candidato. Se sumó a la campaña a favor del republicano. Para eso se le invitó y él no defraudó las expectativas.
López Obrador hizo referencia a un presidente de Estados Unidos, que para el caso de México no existe, y afirmó: “Usted no ha pretendido tratarnos como una colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente”.
Esto cuando es público que Trump obligó, bajo chantaje, a que López Obrador siguiera la política migratoria que le dictó Washington. Ahora, por instrucciones del presidente la Guardia Nacional (GN) persigue en la frontera sur y norte a los migrantes centroamericanos en un cambio radical de lo que fue la histórica política migratoria de México.
Quien sí se atrevió a denunciar el trato de Trump a la comunidad migrante en general, y la mexicana en especial, fue Biden, el candidato demócrata, que lleva entre 10 y 14 puntos de ventaja a Trump. En un tuit escribió que el republicano “arrancó su campaña para 2016 llamando violadores a los mexicanos. Desde entonces él ha propagado el racismo contra nuestra comunidad latina”.
Y el Comité Nacional Demócrata (DNC) le recordó a López Obrador lo que, por miedo a Trump, no se atreve a decirle: El republicano tiene un discurso racista, los migrantes mexicanos han sido blanco de su odio, ha separado a las familias y sigue en su intento de deportar a los dreamers, 70 % de ellos mexicanos. (Rubén Aguilar, El Economista, Política, p. 36)
El ejercicio de la soberanía empieza por un acto de voluntad y de confianza en el país y su marco legal –si la Constitución dice que somos una nación soberana, más vale creerlo y actuar en consecuencia–, por el combate a la corrupción y por respetar los derechos humanos. Y, además de apegarse a esa convicción, es necesario analizar cuidadosamente las diferencias y los posibles puntos de coincidencia del gobierno vecino, sea cual sea su signo partidista.
Un ejemplo es el asunto de la migración: sea por sus ideas racistas, por las necesidades de su discurso electoral o por ambas, Donald Trump odia a los migrantes; la 4T, por su parte, considera que la migración masiva es indeseable, no sólo porque conlleva una incalculable carga de desgarramiento y dolor humano para sus protagonistas, sino porque priva al país de su principal riqueza, que es la población. Y si el millonario gringo insiste en su idea del muro, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no ceja en la erradicación de las causas profundas que han obligado a millones a irse, ni en la realización de proyectos y programas capaces de anclar a la gente a sus lugares de origen. Otra coincidencia: la necesidad de preservar los empleos y las condiciones laborales de los vaivenes de la economía globalizada. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p. 23)
El Presidente de México zalamero, servil, obsequioso, ante su par estadounidense. El habitante de la Casa Blanca que más ha ofendido y dañado con sus palabras y acciones a los mexicanos en más de 170 años, halagado por Andrés Manuel López Obrador como hombre gentil y respetuoso. La persona que amenazó al país con aranceles escuchó que se le agradecía su ayuda en materia de comercio. Quien logró revertir en forma fulminante la política migratoria del gobierno obradorista escuchó: “Pero lo que más aprecio es que usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía… ha honrado nuestra condición de nación independiente”.
Lo doloroso de esas expresiones es que eran innecesarias. Uno no se apersona en una casa ajena para ofender al anfitrión cuando la posición es de debilidad. No se trataba de que el tabasqueño sacara un ejemplar de su libro “Oye, Trump” y le recetara al susodicho una serie de reclamos. Pero tampoco se requería que quien se comportó tan gallo como candidato se humillara en forma tan abyecta como Presidente. Lo mejor hubiera sido quedarse en casa, y más con el motivo real de la brutal pandemia que azota a los dos países. Calladito era más bonito y, sobre todo, más digno. (Sergio Negrete Cárdenas, El Financiero, Economía, p. 10)
Hay que dimensionar la profundidad del acercamiento entre ambos mandatarios, no se trata de lo afectuoso del encuentro, sino del impacto que representa tanto en los mexicanos que están en Estados Unidos padeciendo las persecuciones derivadas de la política racista de Trump y por otro lado, los migrantes centroamericanos que, por indicaciones del presidente norteamericano, son vejados por la Guardia Nacional, en el sureste mexicano.
El muro militar que dispuso AMLO para contener los flujos migratorios provenientes de Centroamérica es una afrenta a la política exterior de México y por supuesto a los derechos fundamentales de los migrantes.
Esto es lo que aplauden hasta el éxtasis los simpatizantes del gobierno de la autollamada 4T, sin reparar en el enorme daño que causará a México y a los connacionales que viven del otro lado del Río Bravo, la temeraria decisión de apoyar a Trump en sus aspiraciones reeleccionistas. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 25)
Planeado desde un primer momento con el exclusivo propósito de obtener rendimientos políticos y propagandísticos —“para la foto, pues…”, diría alguno—, el primer viaje internacional de Andrés Manuel López Obrador para encontrarse con su homólogo Donald Trump en Washington resultó no sólo exitoso, sino que, para ser honestos, superó con creces las expectativas generadas por el mismo a uno y otro lado de la frontera.
El extremo cuidado en la elección y uso de las palabras y la limitación de la agenda a eventos acordados con la Casa Blanca; la ignorancia de temas “espinosos”, particularmente relevantes para las partes —migración, inseguridad y violencia fronteriza, narcotráfico, los llamados dreamers y el tráfico de armas de Estados Unidos a México, por ejemplo— y, en especial, el “intencionado olvido e ignorancia…” en el discurso del segundo del cúmulo de injurias, señalamientos y acusaciones sin fundamento del primero contra el país y sus ciudadanos a lo largo casi de un lustro, o del llamado Muro de la ignominia, orgullo del norteamericano, acabaron rindiendo el fruto esperado… aun cuando nadie hoy se atreva a predecir cuánto es que se mantendrá el nuevo estatus de “respeto a la soberanía nacional, de amigos y socios”. (Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 16)
Sorprende oír a Donald Trump decir que la relación entre México y Estados Unidos es “más cercana que nunca” o que el nuevo T-MEC “es el más grande, justo y avanzado acuerdo comercial jamás logrado por algún país”. También escuchar a Andrés Manuel López Obrador afirmar que “el tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá” es “un gran logro en beneficio de las tres naciones y de nuestros pueblos”.
No olvidemos que Trump hizo campaña en 2016 contra los inmigrantes mexicanos y el libre comercio, ni que López Obrador viene de una izquierda nacionalista que se opuso al TLCAN y consideraba a Estados Unidos como el enemigo por antonomasia de México. No hay que remontarse mucho en la historia. En su libro Oye, Trump de 2017 López Obrador señalaba que el empeño de Trump “de estigmatizar a los mexicanos en una forma semejante a como Hitler estigmatizó a los judíos es legal, moral y políticamente inadmisible”. También que “Trump miente al decir que la culpa de que los trabajadores y las clases medias de Estados Unidos no cuenten con empleos, buenos salarios y bienestar la tienen los migrantes y las inequitativas relaciones comerciales con México”.
John M. Ackerman, uno de los intelectuales orgánicos de la 4T, tuiteaba apenas el 24 de febrero de 2018: “Trump equipara a migrantes con ‘serpientes traicioneras’… Y el empleado de la Casa Blanca en México”, Luis Videgaray, “flojito y cooperando, como siempre. Nunca había llegado tan bajo la diplomacia mexicana”. Este 8 de julio por la noche, sin embargo, Ackerman calificó como “victoria contundente la visita” de AMLO a Washington. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)
El discurso de López Obrador en el “Rose Garden” no presentó evidencias, ni nada que volviera creíble que Trump ha sido gentil y “cada vez más respetuoso” con nuestros paisanos. Se saltó la explicación. ¿Qué importa llenar de verdaderos significados a los adjetivos cuando éstos, sólo por pronunciarlos, generarán las reacciones que se desean?
Qué diferente hubiera sido que AMLO nos presentara datos sobre el número de familias de migrantes reunificadas, por ejemplo, o que mencionara alguna orden ejecutiva que garantizara los derechos de las poblaciones méxico-americanas, pero no. La evidencia indica lo contrario.
De hecho, un día antes del encuentro, Trump se pavoneó junto “al grandioso y hermoso muro” fronterizo de Arizona. ¿Es eso gentil y respetuoso? (Ximena Peredo, Reforma, Opinión, p. 10)

(Chavo del Toro, El Economista, Política, p. 37)

(Reforma, Opinión, p. 9)

(Pacasso, Reforma, Opinión, p. 8)