La migración sigue en la mente del presidente Donald Trump y sus estrategas de campaña.
Obligado sin duda por sus preocupantes números, vuelve a levantar el fantasma de los migrantes como parte de su estrategia para soliviantar por un lado el apoyo a su campaña electoral y por otro, argumentos que le permitirían cuestionar los resultados de los comicios de noviembre.
En una declaración, Trump afirmó que “solía ser un momento en el que se podía declarar con orgullo: ‘Soy ciudadano de Estados Unidos’. Pero ahora, la izquierda radical está tratando de borrar la existencia de este concepto y ocultar el número de extranjeros ilegales en nuestro país”.
Se supone que hay poco menos de 11 millones de residentes indocumentados en EU, y cada 10 años la Oficina del Censo los contabiliza como parte de la población. El censo decenal es usado luego por los Congresos estatales para establecer distritos electorales –en promedio, uno por cada 710 mil habitantes–.
Eso quiere decir que el número de indocumentados puede tener impacto en la cantidad de curules que cada estado tenga en la Cámara baja del Congreso federal. Con base en estimaciones de 2016, los 2.2 millones de migrantes indocumentados que se supone radican en California representarían tres de los 53 diputados que figuran en ese estado; los 1.6 que viven en Texas podrían ser dos o quizá tres asientos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
AMLO está justificando lo que será México para Trump en su campaña: un referente de agresiones para buscar un voto que está perdiendo. Y que, además, no responderá a futuras agresiones del mandatario estadounidense. Es decir, se sobreentiende que lo va a estar “toreando”… pero ojo, porque las faenas siempre tienen un fin y sabemos de qué se trata el último tercio.
No hay que olvidar que el mandatario mexicano en su muy reciente visita, abrazó una supuesta buena relación de respeto, la cual ya nos dimos cuenta que se está esfumando. Esa dicotomía nos enfrentará a la realidad de siempre, ¿hasta dónde permitir insultos y sumisiones cuando la asimetría entre ambos países es notoria y la dependencia de México hacia Estados Unidos en materia económica total?
Desde que quedó de manifiesto que no se trató el tema de la construcción del muro en el encuentro del pasado 8 de julio, se confirmó que el muro sí va a ser un asunto concurrente del inquilino de la Casa Blanca en el desarrollo de su campaña. No cabe duda que seguirá usando este anzuelo desgastado y desproporcionado para sumar votos. El problema va a ser, ¿bajo qué premisas lo va a continuar usando? Ya lo ha hecho para argumentar que se debe frenar la migración porque los mexicanos son violadores. También porque el crimen organizado los envenena con sus drogas. O porque les robamos sus puestos de trabajo. Ahora, porque exportamos el coronavirus ¿Qué sigue? (Omar Cepeda, El Financiero, Opinión, p. 26)
Algo semejante sucedió con el reciente encuentro de López Obrador y Trump. Todo fue encanto también: lindas palabras, promesas de amistad eterna, elogios del magnate yanqui para México y los mexicanos, alabanzas para el visitante. Y ahora, cuando AMLO no acaba todavía de enderezar la cintura, la diatriba de siempre contra nuestro país. Dijo el tal Trump a propósito de la pandemia: “¿Por qué no hablan de México, que no nos está ayudando?”. Y añadió: “Todo lo que puedo decir es que gracias a Dios que construí casi todo el muro, porque si no tuviera el muro arriba, tendríamos un problema mucho mayor con México”. Desde luego las palabras de Trump son mentirosas, pero el mentecato ocupante de la Casa Blanca se parece a López Obrador en que para ellos la realidad no existe: ambos fabrican su propia realidad. Me pregunto ahora si AMLO ejercitará su famoso derecho de réplica con Trump… (Caton, Reforma, Opinión, p. 9)
En fechas recientes la OEA firmó un acuerdo de cooperación para fortalecer la democracia y la protección de los derechos humanos en las Américas. Esta alianza permitirá contar con herramientas para una sólida cooperación ante las amenazas crecientes al estado de derecho, a la separación de poderes, a las instituciones autónomas y a la democracia representativa en países de la región.
Es relevante destacar que en el ámbito electoral, la Comisión de Venecia ha realizado valiosas y útiles aportaciones, como el Código de buenas prácticas en asuntos electorales, el cual es un instrumento que ha orientado y aleccionado en la planeación y organización de procesos democráticos en el mundo. En éste, se exhorta a que “la ley electoral debe garantizar igualdad a las personas que pertenecen a minorías nacionales, a las que se les debe permitir establecer partidos políticos y evidentemente votar y ser votados”. Este precepto nos obliga a evocar la figura del diputado migrante en la Ciudad de México. Un asunto pendiente que tendrá que ser resuelto en breve por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en el que debe garantizarse una mínima representación a la comunidad binacional. (Alejandro Guerrero Monroy, El Universal, Opinión)