El empresario y animador en el entorno de la telerrealidad llegó a la Casa Blanca gracias a Bannon.
Sin contenidos políticos, pero descargando odio sobre Barack Obama (“no es ciudadano estadounidense”) y contra el establishment (“vamos a drenar el pantano de Washington”), Trump se encargó de vender a su electorado un storytelling (cuento) muy exitoso creado por Bannon: la guerra cultural.
El día de ayer Steve Bannon fue detenido acusado de cometer fraude a través de una campaña de recaudación de fondos voluntarios para la construcción del muro fronterizo.
Brian Kolfage, otro de los detenidos, desvió 350,000 dólares para cubrir deudas personales, para adquirir un pequeño barco y para cubrir gastos de una cirugía estética. Los fondos acumulados de la campaña “We build the wall” superan los 25 millones de dólares.
Bannon y Trump son dos caras de la misma moneda: uno es educado y el otro es pazguato; uno lee libros y el otro consume telebasura; uno tiene ideas y el otro las compra. Ambos cohabitaron en el Despacho Oval porque uno hizo labores de presidente en la sombra (jefe de estrategia) y el otro de presidente oficial.
Bannon fue productor en Hollywood y Trump es obsesivo de las mentiras porque la realidad desnuda su ignorancia. Trump necesitaba contar un buen cuento al electorado para ganar las elecciones presidenciales en 2016. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Opinión, p.39)
El tema migratorio siempre ha estado presente en la relación que une a México y su vecino del norte, pero tomó un giro inesperado a partir de la relación entre Trump y López Obrador. No sólo se instauró la idea de un muro como elemento central de la vecindad, sino que se utilizó la migración como si fuera una vil mercancía que puede intercambiarse a partir de los temores del gobierno mexicano, amenazas mediante.
Fue así como a Trump le resultó sorprendentemente fácil extorsionar a un gobierno que había dado la bienvenida a migrantes centroamericanos, para que mutara sin mayor problema ni vergüenza, en el tan anhelado muro. Nadie había imaginado que sería un gobierno mexicano que se las da de progresista y nacionalista, el que no sólo pagara el “muro”, sino que también lo “operara”, pues no es mucho más lo que hoy representan las Fuerzas Armadas, disfrazadas de Guardia Nacional.
Según una solicitud de acceso a la información de Causa en Común,[1] al 31 de marzo había un despliegue de alrededor de 13,000 elementos en la frontera norte, y 15,000 en la frontera sur, convirtiendo a esto que el gobierno llama “Guardia Nacional”, en una policía fronteriza militarizada. Sus tareas incluyen “contención”, al detener migrantes y custodiar estaciones migratorias.
Por lo tanto, la promesa de construir una policía nueva, eficaz y de carácter civil, duró menos que lo que se tardó en subir al Diario Oficial la reforma constitucional que le dio origen. Ni policía, ni civil, ni eficaz. Y así, mientras grupos delictivos hacen lo que quieren, a quien quieren, y como quieren, el gobierno federal abusa, como nunca antes había abusado, de las Fuerzas Armadas, para que el señor Trump pueda presumir que dobló a México. (Lorenza Hope, El Sol de México, Opinión, p.13)
Si el demócrata Joe Biden fuera electo presidente de Estados Unidos, es probable que uno de sus primeros viajes al exterior sea para visitar México.
De ocurrir, no sería ni de lejos su primer contacto con los asuntos bilaterales de una relación caracterizada por su enorme complejidad y una creciente integración. En las últimas décadas, al menos hasta Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, las primeras reuniones de un mandatario estadounidense y un mexicano eran con su contraparte.
En el caso de Biden, declaró en marzo pasado que: “como vicepresidente, tuve la suerte de viajar mucho por América Latina y tengo muchas amistades profundas en la región, pero sería presuntuoso anunciar una visita sin consultar con el anfitrión”.
“Sin embargo, planearé celebrar una reunión temprana con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para desarrollar una estrategia económica y de seguridad conjunta y comenzar a cumplir mi compromiso de deshacer las inhumanas políticas de inmigración de (Donald) Trump“, dijo Biden a la revista America’s Quarterly, de la Sociedad de las Américas.
De ocurrir, sería quizá para realzar la cancelación de la construcción del muro fronterizo que promueve Trump. (José Carreño Heraldo de México, Opinión, p.23)