Opinión Migración 130920

Cierre de la frontera: ¿prueba de fuego? 

Una de las consecuencias de la pandemia de Covid-19 será el exacerbamiento de los nacionalismos. Las fronteras nacionales se cerraron, de manera total o parcial y las aperturas son selectivas. Incluso en algunos países se impide el tránsito al interior entre estados, provincias o departamentos.

Esto es un fenómeno global por la pandemia, pero coincide con otras tendencias nacionalistas regresivas, como la autoafirmación de Donald Trump de poner en primerísimo lugar sus intereses nacionales; la de Gran Bretaña de separarse de la Unión Europea y muchos planteamientos separatistas o independentistas. La ruptura o desmembramiento de bloques regionales refuerza los planteamientos nacionalistas y separatistas que ponen en entredicho la pertinencia de la libre circulación.

Durante la pandemia, muchos países repatriaron a sus connacionales, que estaban varados en otros países por viajes, estudios u otras razones. Pero algunos países, como Guatemala, se negaron a recibir a sus propios connacionales.

Lo que no se ha cerrado es la circulación de mercancías, muy especialmente las agrícolas, consideradas esenciales. Y, por primera vez en la historia, se reconoce a los trabajadores que laboran en la agricultura, procesamiento, empaque y distribución de alimentos como esenciales.

El cierre de fronteras a la circulación de personas impone una nuevo esquema de comportamiento a nivel bilateral. Las diatribas y amenazas de Trump de que iba a cerrar la frontera con México, si no se paraba la migración, pueden verse de diferente manera a la luz de la pandemia. Para empezar, se constata que a nadie le conviene cerrar la frontera de forma total, menos aún a las mercancías, y tampoco se prohibió el tránsito de los ciudadanos. México, a su vez, no puso ninguna restricción a nadie para ingresar del otro lado, ni siquiera hubo algún control sanitario. La interdependencia va más allá de lo comercial y es tan fuerte que una decisión drástica rompería con todo un entramado social construido a lo largo de décadas. (Jorge Durand, La Jornada, Política, p. 14)