El riesgo de robo a casa-habitación se ha incrementado; por ello, tenemos que tratar de hacer nuestra vivienda lo más segura posible.
Son varios puntos que se deben seguir y además auxiliarnos de la tecnología. Aparatos de protección hay de muchos presupuestos, pueden ser de lo más sencillo hasta ultra sofisticados.
Estar preparados
Expertos en la materia recomiendan, entre otras medidas, fortalecer las chapas de seguridad de puertas y ventanas; de ser posible, contar con circuito cerrado de televisión, alarmas auditivas, y tomar medidas de precaución y ser discretos con el manejo de información.
El tema de recursos humanos en los hogares, como sucede en cualquier empresa, es fundamental. Saber quiénes son, de dónde vienen, conocer su situación económica, incluso averiguar si no están en el buró de crédito, porque ocurre que pudieran haber contratado una deuda grande y eso es un foco de atención.
Los delincuentes buscan información en los botes de basura, por eso es muy importante, por ejemplo, no tirar estados de cuenta o cartas y checar que el correo realmente sí llegue a tu casa.
Nadie está exento de que se puedan meter a su casa, y el riesgo si se está adentro es muy alto.
Si esta tragedia le llega a suceder y tiene tiempo de hacer una llamada de auxilio, hágala; de lo contario, ya estando adentro los delincuentes no hay que poner resistencia.
¿A quién debe llamar? A alguien cercano y que esa persona, a su vez, se comunique al 911. Puede ser tu hermano, tu papá, tu novio, tu vecino, tu mejor amigo, tu mejor amiga.
La llamada debe ser en un lenguaje codificado, para que en caso de que lo escuchen los asaltantes no se vuelvan más agresivos.
La seguridad de tu casa tiene que ver con la infraestructura, pero adicionalmente, como pasa con las empresas, la seguridad también pasa por el recurso humano que entra a tu infraestructura.
Muchos de los robos a casa-habitación se hacen por expertos de bandas de criminales procedentes de Colombia, que siguen operando en México. No son improvisados, son expertos en la materia e, incluso, dentro de su grupo tienen subespecialidades en las cuales fueron entrenados en su país. (Bibiana Belsasso, La Razón, Opinión, p.12)
La migración es consecuencia de la necesidad que obliga a las personas a estarse moviendo para encontrar las oportunidades que no hay en sus lugares de origen. Hace años platicando con varios centroamericanos en la Casa del Migrante en Tultitlán, conocí a Juan, un hombre de 19 años que venía de Honduras, su esposa había fallecido y tenía una niña de 3 años a la que no podía darle la vida que él deseaba.
Su meta era llegr a Estados Unidos, trabajar mucho para que su niña estudiara, con él venía un niño de 8 años, quien iba en busca de sus papás que estaban en Chicago.
Iba con Juan porque él también iba al mismo estado, “no podía permitir que anduviera sólo; está muy feo cruzar”, ” me dijo. Yo no podía concebir que hubiera niños migrantes solos, me parecía muy peligroso, pero Juan me comento que era muy común. “No es la primera vez que veo niños van pa’ la frontera es más común de lo que se cree”.
Justo me acordé de esta plática porque leí que en la Cámara de Diputados se había aprobado una reforma a la Ley de Migración y la Ley de Refugiados, en la que se estipula que “se canalizará a niños, niñas y adolescentes repatriados no mexicanos al Sistema DIF correspondiente, que estará facultada para restituir sus derechos garantizando el principio de unidad familiar, y la prohibición de que los infantes estén en los centros del Instituto Nacional de Migración”. (Paulina García, Excélsior, Opinión, p.8)