Opinión Migración 041020

Templo mayor

Quienes saben de temas migratorios dicen que la nueva caravana que salió de Honduras está más rara que el wolframio, pues no quedan claras sus motivaciones reales.

Sobre todo porque parece estar sincronizada con los tiempos electorales en Estados Unidos, pues estaría llegando a la frontera norte justo a tiempo para el segundo debate, dando a Donald Trump la oportunidad de arremeter contra México, promover su muro y encender los temores contra la migración. Claro, eso si hay segundo debate. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)

 

Ríspida relación EU-AL

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales en Estados Unidos que podrían significar cuatro años más de gobierno para Donald Trump o su reemplazo por el demócrata Joe Biden, se cuestiona una vez más el papel que jugará América Latina como carta a poner sobre la mesa por los dos candidatos en pugna, y si el triunfo de uno o de otro significará un cambio en la relación de la potencia norteamericana con la región al sur del Río Bravo.

Trump, como ha quedado de manifiesto, tiene en Venezuela a un enemigo declarado, apoyado por Cuba y Nicaragua, mientras ve con recelo a México y Centroamérica, con los que su principal encono es por la imparable ola migratoria que, para tratar de contenerla, lo mismo le erige muros cada vez más altos, que le encarga la tarea al gobierno mexicano, so pena de disgustarse seriamente con éste si no cumple con la misión encomendada.

El problema migratorio es un conflicto que va a revivir con fuerza inaudita tras de que comience a relajarse la contingencia sanitaria por la pandemia de Covid-19, acicateada por el brutal impacto de la crisis económica en cada una de las naciones centro y sudamericanas.

México debe estar preparado, porque su política ha sido contradictoria en este sentido. Primero apostando por sus preceptos de brazos abiertos, y luego por las puertas cerradas, para cumplir con el encargo indicado desde la Casa Blanca de Washington.

Es un hecho que en este momento no hay una posición migratoria mexicana renovada por lo cual nuestro país debería prepararse para cuando resurja el problema y tenga un plan de contención. No es posible hacer dos cosas contrarias al mismo tiempo: prometer trabajo y asilo y, al mismo tiempo, ser de facto el muro de Estados Unidos.

En éste y en otros ámbitos de la relación con quien quede al frente de la administración estadounidense, cunde el pesimismo y no se esperan grandes cambios. Si los hay, que sean para bien. (Editorial, El Universal, Nación, p. 2)