México es el segundo país con más migrantes del mundo, de un total de 272 millones registrados el año pasado. Tan solo en Estados Unidos hay más de 12 millones de migrantes mexicanos, lugar de donde procede 95% del total de remesas.
En 2019, por cuarto año consecutivo, los envíos del extranjero alcanzaron un máximo histórico de 36 mil 49 millones de dólares (mdd). Tan solo tres entidades ―Michoacán, Jalisco y Guanajuato― recibieron poco menos de 30% de los envíos. Este año, pese a la situación de pandemia por Covid-19, BBVA Research estima que se podría alcanzar otro pico histórico de 39 mil 400 mdd, con un crecimiento de 9.3% anual.
Esta cifra, que es la segunda más elevada desde que se tiene registro, obedece de acuerdo con los especialistas a una mejor evolución de la economía estadounidense y a un importante aumento de la ocupación de trabajadores migrantes mexicanos, ya que la tasa de desempleo en este colectivo se redujo de 17.7% en mayo a 8.8% en agosto.
Con las cifras anteriores y con una remesa promedio de 7 mil 370 pesos en estados como Oaxaca, afirma Tendencias Económicas, no debería haber niveles tan elevados de pobreza: de acuerdo con el Coneval, en ese estado 66.4% de la población está en esa situación, y 23% vive en pobreza extrema. Si 35% de su población recibe recursos por más de 7 mil pesos, esto significaría 120 mdd en promedio al mes y mil 440 mdd al año, que son alrededor de 30 mil millones de pesos y es 40% de todo el presupuesto del estado.
Esta inmunidad de las remesas al coronavirus permite dudar del origen de estos envíos y, lamentablemente, no poder considerarlas como fuente de desarrollo económico ni pilar de nuestra economía si no llegan a quien deben llegar. (Laura Iturbide Galindo, El Universal, Opinión, On line)
No hay duda, la reelección de Trump sería una tragedia mundial. En México hay quienes piensan miopemente que “mejor malo por conocido…” Ya no seremos “piñata” electoral, pero estaremos a su merced en política migratoria, tráfico de drogas, y la situación comercial, donde nuestro éxito, ya como primer socio y mayor superávit comercial, nos hace muy vulnerables en algunos productos. ¿Seguiremos con la política de “apaciguamiento” abyecto, para insacularnos?
Si gana Biden hay consecuencias: una mala, pagar los “platos rotos” por la forma que hemos favorecido la causa republicana destacadamente con la visita del Presidente a Washington, en especial con los legisladores demócratas, no librecambistas, que vigilarán el cumplimiento de acuerdos laborales. La buena: Biden es sensato, nos conoce bien, favorece buenas políticas de energías limpias, ambientalistas, pro derechos humanos y democracia, que nos inducirá hacia políticas diferentes. ¡Hay que prender veladoras para lo que ya parece su triunfo! (Francisco Suárez Dávila, El Universal, Opinión, p. 13)
De nada le sirvió a Hillary Clinton obtener dos millones de votos más que Trump ni el legado de Barack Obama.
La derrota se fue cocinando semanas antes. Trump echó por delante todo tipo de afirmaciones que alentaran la confrontación, dedicando buena parte de ellas a los mexicanos, es importante no olvidar que nos dijo de todo empezando por el significado que le concedió a la construcción del muro fronterizo, el cual “va a pagar México”.
Todo ello lo fortalecía a través de una fórmula que le ha dado resultado, la cual está repitiendo. Se dirige de manera clara y convincente a los grupos más conservadores y reaccionarios, los cuales encuentran en la voz de Trump la opción para hacer valer su ideología y deseos. Muchos ciudadanos vieron y ven en Trump una extensión de sus pensamientos y aspiraciones. (Javier Solórzano, La Razón, La Dos, p. 2)