En donde hay gran indignación es en algunos consulados de México en Estados Unidos, pero sobretodo en organizaciones, clubes y federaciones de migrantes. Y es que recién se nombró a Luis Gutiérrez Reyes como director del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), un organismo dedicado a atender las necesidades de los mexicanos en otras partes del mundo, principalmente en Estados Unidos, donde dicha atención se necesita más que nunca ante la andanada racista y xenófoba de la derecha en ese país. La indignación recae en que este personaje no es experto en el tema, pues es un ingeniero en Ciencias de la Computación preparado en Cuba, sin experiencia diplomática; sin embargo, nada pudieron hacer en la Cancillería para sugerir a un mejor perfil pues el nombramiento fue hecho directamente por el presidente Andrés Manuel López Obrador, algo que —dicen en los pasillos de la Secretaría de Relaciones Exteriores— Marcelo Ebrard tuvo que acatar. Lo bueno es que el influyentismo y las cuotas para los cuates ya se terminaron en la 4T.
El cubrebocas para todos, excepto el Presidente
Nos comentan que ayer por primera vez desde que llegó la pandemia del Covid-19, para estar en un evento del presidente López Obrador no solo fue requisito tener cubrebocas, sino que este debería ser del tipo KN95. Nos detallan que ayer en Tapanatepec, Oaxaca, donde se supervisaron los avances del programa “Sembrando Vida”, dos funcionarias del gobierno estatal informaban a los reporteros e invitados al evento que si no tenían cubrebocas KN95 no podía ingresar, pero que no se preocuparan pues ellas les podrían regalar uno a quienes no lo portaran. Curiosa exigencia, nos dicen, porque cuando llegó el presidente López Obrador no le ofrecieron cubrebocas, sino sólo uno de esos collares de flores que siempre le dan para agradecer su visita a la comunidad. Como es costumbre, en el acto el único que no lució con una mascarilla fue el mandatario. Hay niveles. (Bajo Reserva, El Universal, Nación, p. A2)
El pasado 15 de octubre concluyó el Mes de la Herencia Hispana 2020, celebración que tiene como objetivo reconocer la cultura, logros y contribuciones de la comunidad hispana en Estados Unidos.
El Mes de la Herencia Hispana da inicio el 15 de septiembre. Esta fecha no es azarosa, coincide con la conmemoración de Independencia de varios países latinoamericanos, así como con el comienzo de nuestra propia lucha libertaria.
Lo cierto es que cada día, se demuestra la relevancia que tenemos como una comunidad fundamental para el tejido social, económico, cultural y laboral de Estados Unidos. Según datos recientes de la Oficina del Censo, la presencia hispana en el territorio es de 60.6 millones (el 18.5% de la población total). Esta cifra nos convierte casi en la primera minoría étnica del país, un indicador más, de la creciente influencia que deberíamos tener en las decisiones para la creación y ejecución de políticas públicas.
También somos fundamentales para la economía de los EU, tan sólo en 2018 el poder adquisitivo de la comunidad fue de $1.5 mmdd; cantidad que nos consolidó como el mercado étnico más grande y con mayor crecimiento. Y qué decir en la contribución de impuestos federales y estatales.
El impacto cultural e histórico que tenemos en los EU, también es innegable. Los hispanos somos una comunidad que enriquece la cultura con nuestro idioma, gastronomía, tradiciones y valores. Abonamos sin duda, al mosaico multicultural y multiétnico de una sociedad que fue abierta ante las diferentes diasporas migrantes.
Desde sus inicios, el Mes de la Herencia Hispana ha tenido el propósito de visibilizar y empoder a nuestra comunidad, pero las celebraciones de este año han sido especialmente significativas debido a las cifras que ha dejado Covid-19.
En NY, impactó a nuestros connacionales de manera desproporcionada. Un reporte de la autoridad estatal señala que la tasa de hospitalizaciones es cuatro veces mayor en hispanos que entre la comunidad blanca. A principios de julio, el 38% del total de las personas fallecidas por Covid-19 eran hispanas, demostrando que hemos sido la minoría más afectada por el coronavirus, como consecuencia de la desigualdad social que aun impera hacia nuestra comunidad.
Estos números no son fortuitos, solo revelan la inequidad racial y económica de la cual nuestros migrantes no docuementados son las principales víctimas. Más allá de este hecho, lo que estas cifras me dejan claro es que han sido nuestros paisanos quienes a pesar de la adversidad, con su trabajo, han mantenido las ciudades a flote con todos sus servicios.
Por si la crisis sanitaria no fuera suficiente, nuestros héroes anónimos también han tenido que enfrentar pérdidas económicas y despidos masivos. A finales de septiembre el desempleo en la ciudad de Nueva York era del 16%, una tasa dos veces más alta que la del resto del país. La industria hospitalaria y restaurantera ha sido una de las más afectadas, registrando una pérdida del 44% de trabajos, para abril casi el 19% total de desempleados en el país eran latinos.
Al parecer damos más de lo que recibimos, pero confío que en el futuro próximo, nuevas generaciones de mexicano-americanos cambien la historia presente, para mejorar el futuro de las comunidades hispanas, que además de aportar su trabajo, dinero y cultura, han dado vidas de más, para que las ciudades no colapsen y otros no se contagien ni mueran. (Jorge Islas, El Universal, Opinión, p. A11)
Las elecciones en Estados Unidos han tenido un carácter carnavalesco, donde se destacan más otros aspectos personales de los contendientes que los proyectos nacionales a favor de su población. La experiencia y credibilidad políticas de los candidatos ofrecidas al electorado para resolver los problemas, al parecer, no son importantes en las contiendas. Las elecciones presidenciales simulan una competencia de shows, de ratings y de insultos propinados entre los candidatos y entre ambos futuros gabinetes. Espectáculo donde prevalece todo menos un nivel político a la altura del cargo que se pretende obtener.
El sistema de partidos políticos estadunidense es complicado. No ha triunfado, para elegir presidente, otro partido que no sea el Republicano o el Demócrata, por lo menos en las pasadas décadas. Los otros cuatros que pudieran dar la pelea son el Partido de la Constitución, el Verde de los Estados Unidos, el Libertario y el Partido de la Reforma de los Estados Unidos. En los años cincuenta el Partido Comunista fue uno de los cinco mejor posicionados. En total, son 34 partidos registrados que han participado, o no, y otros 20 partidos locales más.
La democracia que tanto han presumido todos los gobiernos demócratas o republicanos a lo largo de décadas está quedando, cada vez más, en entredicho, pues deja mucho que desear. Durante años, sólo han participado dos partidos. Los otros cinco nunca alcanzarán a cubrir los requisitos para contender, lo cual les limita para ser parte de esa democracia ejemplar, limpia y pura que dicen tener.
La próxima contienda, el 3 de noviembre, se corre el riesgo de provocar un estallido social más amplio y de proporciones inesperadas. Trump ha respondido que si gana el candidato demócrata es porque hicieron fraude. Hasta el momento, han votado por vía Internet más de 22 millones de personas, y la gran mayoría a favor de Joe Biden.
El presidente Trump, candidato para relegirse, llevará la contienda por la misma ruta tradicional. Y, como ya lo anunció, en el caso de no ganar, el espectáculo puede convertirse en una jornada de mayor violencia, incluso más grave que las desatadas después del asesinato de George Floyd el pasado mes de mayo y otros más posteriormente. Incluso, no se descarta que el Presidente recurra a mayor fuerza represiva policiaca.
La violencia verbal ha sido estimulada por el mismo primer mandatario, al referirse irrespetuosamente a diversos grupos de la población, especialmente contra migrantes latinoamericanos. El ataque a estos grupos son promesas de campaña. Por insólito que parezca, son muchos los sectores de la población estadunidense que se motivan para relegir a Donald Trump. La idea es mantener el carácter de supremacía blanca, dicho que no se le ha escuchado al contrincante Joseph Biden.
En el debate próximo, donde se tocarán los temas de la pandemia por el Covid-19, la seguridad nacional, el cambio climático, los conflictos raciales, la familia estadunidense y el liderazgo, se esperan respuestas de mayor nivel político.
El pueblo estadunidense merece un mejor gobierno. La ciudadanía espera una oportunidad de reivindicación. Sus gobiernos anteriores, todos, han sometido a la población a la obligación de enfrentar guerras en defensa de su soberanía y libertad en campos de batalla a miles de kilómetros de sus fronteras: Vietnam, Irak, Afganistán, Corea del Sur, Corea del Norte, etcétera. Invasiones: Granada, Panamá, Guantánamo, Cuba, etcétera. Además de otras amenazas bélicas.
Se han manifestado en diversos medios, miles de personas que están en contra de la relección de Trump. La opinión generalizada es que sería una tragedia para Estados Unidos repetir el gobierno desastroso al que fue sometido el país.
Cualquier agresión importante por parte del candidato republicano hacia el candidato demócrata podría llevarlo a juicio. Pero, casualmente, en la Suprema Corte ahora se encuentra la juez Amy Coney Barrett, amiga del presidente y recientemente elegida por el mismo Trump. La juez es reconocida por su clara posición derechista, quien intervendría, seguramente, de inmediato en apoyo al candidato-presidente.
Son cosas del destino. Una juez ad hoc por si hace falta defender a quien no ganó, en este caso, el presidente Trump, pero que se adjudicaría el triunfo, en caso de perder, o que reclamaría, en caso de que no le guste el resultado en su contra.
Los datos muestran una clara ventaja de J. Biden sobre Trump. En el debate pasado, la cifra de simpatizantes del demócrata rebasó 10 por ciento de partidarios a su favor. El peligro de un colapso económico es real si los votos favorecen la relección del republicano y, además, sería un duro golpe para la democracia estadunidense y para el pueblo que, como dijimos antes, merece un gobierno mejor. (Antonio Gershenson, La Jornada, Opinión, p. 13)
Los arrestos recientes de dos ex Secretarios mexicanos en territorio estadounidense -Genaro García Luna y Salvador Cienfuegos- bajo cargos de narcotráfico evidencian los desafíos que existen para generar confianza para un trabajo en equipo efectivo entre Estados Unidos y México contra el tráfico transnacional de drogas, armas y dinero.
Por años,muchos funcionarios mexicanos y estadounidenses han estado arriesgando sus vidas para contrarrestar este comercio mortífero. La corrupción socava el compromiso de estos funcionarios y la ciudadanía en ambos lados de la frontera está pagando un alto precio.
Los arrestos son una llamada de atención para limpiar las instituciones clave, como ha dicho antes el Presidente Andrés Manuel López Obrador, y para implementar mecanismos más efectivos para descubrir y actuar contra la corrupción de arriba hacia abajo.
La lucha eficaz contra la corrupción debe ser una prioridad para ambos países. Esto requiere mejores sistemas de investigación y supervisión. Nadie debería estar exento de la investigación de antecedentes o del castigo, si se detecta corrupción.
Ni Estados Unidos ni México eliminarán por completo la corrupción y la intimidación por parte de la delincuencia. Sin embargo, ambos países pueden aprender de estos arrestos para construir mejores mecanismos que permitan evaluar la confiabilidad de los funcionarios de todos los niveles a través de controles asiduos e implementar acciones correctivas rápidas.
Los grupos criminales transnacionales reciben entre 10 y 30 mil millones de dólares al año por la venta de drogas ilegales en Estados Unidos. Eso les da a los criminales muchos recursos para pagar por corrupción. Las autoridades estadounidenses informan que los decomisos de opioides sintéticos en la frontera con México aumentaron 71% durante el año fiscal 2020. Las muertes anuales por sobredosis de drogas en Estados Unidos superaron las 70 mil en 2017, de las cuales 50 mil involucraron opioides. En México, los homicidios han rondado niveles récord en los últimos tres años.
Esta situación exige una mejor cooperación y los arrestos recientes deberían impulsar nuevas acciones. Aunque ambos ex Secretarios mexicanos son inocentes hasta que se demuestre su culpabilidad en las cortes estadounidenses, los arrestos socavan la confianza que es tan vital para las operaciones bilaterales sensibles contra los delincuentes. Todo esto sólo desmoraliza a los funcionarios honestos.
Durante mis años como Embajador en México de 2011 a 2015, mis colegas y yo nos preocupamos frecuentemente por la posible penetración de las organizaciones del narcotráfico en los sistemas judiciales y policiales de México. En ese entonces nosotros recibimos informes no comprobados de pagos clandestinos a funcionarios. Pero trabajamos con socios mexicanos en los que pudiéramos confiar para descubrir a delincuentes e instamos al Gobierno mexicano a mejorar la investigación de antecedentes y la selección de funcionarios así como a establecer mejores sistemas de capacitación, supervisión, investigación y enjuiciamiento. Apoyamos estos esfuerzos a través de programas de ayuda bilateral. Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer.
Los arrestos recientes son una oportunidad de oro para adoptar mejores prácticas para combatir la corrupción. México debe aprender de estos casos y aplicar mejores prácticas internacionales para controles y mecanismos de supervisión más sólidos. No debería haber excepciones a los mecanismos de supervisión. Estados Unidos y México también deberían aplicar las mejores prácticas para mejorar la cooperación en seguridad. Los Gobiernos deben fortalecer la confianza mutua para trabajar mejor en equipo contra los criminales que están causando tanto daño en ambos países. (Earl Anthony Wayne, Reforma, Opinión, p. 10)