La aprehensión del general Salvador Cienfuegos es un intento serio por instaurar nuevos órdenes de picoteo en la estructura política de México, pues demuestra que el poder de punición de un aparato judicial extranjero es ilimitado. Patentiza, además, que el acopio de información del Departamento de Estado ha sido integral y que en nuestro país no hay pasado político ni transa que no puedan ser puestos en evidencia. El mensaje es claro: el supremo poder fáctico mexicano está en Washington y, en lo sucesivo, México tendrá que atenerse a los designios del equipo que gane las elecciones gringas en puerta. Esta ha sido la manera de desestabilizar, quizá fracturar, al poder instituido del obradorismo, que ha gozado de un respaldo democrático tan legítimo como sólido. La apuesta es que no hay general, ni estructura política mexicana que resista los cañonazos provenientes de los bancos de datos a orillas del Potomac. (Correo Ilustrado, La Jornada)
El Estado, el gobierno y la sociedad mexicana necesitan a sus fuerzas armadas, pero unas que no tengan debilitadas sus defensas anticorrupción.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enfrenta hoy a una crisis que también puede transformarse en una oportunidad para acelerar el buscado cambio de régimen. El “caso del general Cienfuegos” pone a la Cuarta Transformación ante la disyuntiva de soslayar o enfrentar a los remanentes del viejo fuero militar —el privilegio de exentar a los miembros del ejército de ser juzgados por el sistema de la justicia civil por faltas civiles— que aún persisten en México pese a que esa modalidad legal para los militares (y miembros del clero) fue abolido por los liberales en el siglo XIX.
La aprehensión en Estados Unidos del general de división y exsecretario de Defensa de México durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, Salvador Cienfuegos, acusado de usar su posición para proteger a una organización criminal, se ha convertido casi en una confirmación de la sospecha a nivel nacional e internacional de la captura por el narcotráfico de un segmento de los altos mandos de las estructuras de seguridad del Estado mexicano. (Lorenzo Meyer, El Universal, Nación, p. A9)
“Nadar sabe mi llama el agua fría”,dice uno de los versos más logrados de toda la literatura. Lo escribió Francisco de Quevedo alrededor de 1620, lo cual demuestra la perdurabilidad de la poesía.
La llama es el amor y el agua fría, el río de la muerte. El amor más allá de la ella.
Pero sin alardes culteranos ni poesía en el verbo infatigable, nuestro Señor Presidente le pone vejigas natatorias a su discurso y acude, más allá de la muerte, a repetir una más de sus descabelladas conciliaciones con el pasado, tan inútil como compleja: sacar de la sepultura del socavón derrumbado, a los mineros accidentados en Pasta de Conchos, Coahuila, hace 24 años, para volverlos a enterrar, ahora en medio de rezos y plegarias de sus deudos, quienes de paso, ya reciben la promesa del dinero, el poderoso caballero cuya metálica sonoridad no salva de la tumba, pero alivia las penas.
El día de los Fieles Difuntos –tan cercano–, persiste en el discurso presidencial y en la promesa de rescate (¿?) de los mineros de Pasta de Conchos, ahí en el estado donde hace una semana el paleontológico PRI –tan inhumado como los mamuts de Santa Lucía o los dinosaurios de La Laguna–, sepultó también la esperanza electoral de Morena. En su primer examen en las urnas después del entusiasmo de hace dos años, le dieron una paliza memorable. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 1)
Quien piense que al interior de Morena se acabaron los gritos y sombrerazos con el resultado de la encuesta que le dio la ventaja a Mario Delgado, simplemente se equivoca. Nos cuentan que al conocer las tendencias del INE, inmediatamente en distintos chats de la bancada la pregunta constante fue: “¿Y ahora quién va a ser el coordinador?”, pues no adelantan que se prevé una lucha interesante por quedarse con el liderazgo en la bancada, que no es menor debido a que automáticamente se hace presidente de la Junta de Coordinación Política, que es el órgano legislativo más importante de la Cámara de Diputados. Nos hacen ver que suenan dos diputados muy cercanos al propio Mario Delgado: Ignacio Mier y Sergio Gutiérrez. También se menciona que Alfonso Ramírez Cuéllar podría regresar de su licencia y buscar este cargo. A quienes ven más lejos, pero se les menciona, son a los vicecoordinadores Tatiana Clouthier y Pablo Gómez, sin embargo, hay quien dice que en sus horizontes no está ser líderes de los morenistas en San Lázaro. Haga sus apuestas. Lo único cierto es que los golpes bajo y sobre la mesa volverán en próximos días. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
LA EXTINCIÓN de 109 fideicomisos federales pudo haber cobrado su primera víctima mortal: el senador morenista Joel Molina Ramírez.
EL SUPLENTE del director de Canal 11, José Antonio Álvarez Lima, murió por Covid-19, enfermedad que pudo haber contraído en las sesiones presenciales de la Cámara alta para aprobar el fideicomicidio.
CUENTAN que todos los senadores de Morena, sin importar sus factores personales de riesgo, fueron presionados por su coordinador, Ricardo Monreal, para acudir a esas discusiones que, debido al bloqueo al edificio de Paseo de la Reforma, se realizaron en la casona de Xicoténcatl, donde no se puede guardar la sana distancia y hay muy poca ventilación.
SI A ESO se suma que la votación se tomó a viva voz y pasando un micrófono de mano en mano, queda claro que la obcecación por finiquitar rápido ese asunto que tanto urgía en Palacio Nacional puso en riesgo a los 128 senadores, centenas de sus colaboradores, empleados del Senado, periodistas y miles de familiares de todos los presentes.
VAYA COSTO altísimo para un capricho presidencial que bien pudo haber esperado para mejores tiempos. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
Debe ser muy fastidioso para el presidente Andrés Manuel López Obrador tener que crear todos los días, nuevos y mejores distractores para evitar que la gente centre su atención en la pandemia por covid-19.
Esa maldita pandemia que nada más no se doma, aunque el mandatario lo haya decretado una decena de veces, lo ha obligado a tener que poner en ridículo a “sus expertos” con tal de mantener su discurso triunfalista y alejado de la realidad.
Una prueba más de ello es que la semana pasada, mientras el secretario de Salud, Jorge Alcocer, señalaba que se asomaba un posible rebrote de la pandemia y el subsecretario Hugo López-Gatell, que: “hay signos tempranos de un repunte, de un rebrote, que todavía podemos atenuar”, el Presidente los corregía diciendo: “no hay todavía rebrotes, hay algunos estados en donde ha aumentado el contagio, pero no se puede hablar de un rebrote”. O sea, conforme dicen una cosa, dicen otra. (Vianey Esquinca, Excélsior, Nacional, p. 7)
Hablando de Coahuila, muy apapachado estuvo el director de la CFE, Manuel Bartlett, por el presidente López Obrador. Se tiraron miradas amistosas y elogios, y el poblano se descoció en críticas al neoliberalismo y la reforma energética, y en elogios al carbón. Esto llamó la atención, porque se da tras el reclamo de congresistas de EU por la política de la 4T en la materia. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)