Si bien las diferencias entre el Partido Republicano y el Demócrata en Estados Unidos a veces parecen ser mínimas, después de lo sucedido en los pasados cuatro años en la presidencia de Donald Trump, cualquier propuesta de Joe Biden se encuentra en las antípodas del ocupante de la Casa Blanca, sobre todo en dos temas, el fenómeno migratorio y la pandemia. Según declaraciones de Biden entre sus primeros movimientos será llevar a cabo una reforma migratoria que dé legalidad a los indocumentados. Por otro lado, nunca volverá a repetirse la gravísima separación de los hijos de sus padres, que como supuesta medida desincentivadora de la migración puso en marcha Trump, y a la que considera como un verdadero crimen. De hecho, debería denunciarse al gobierno, pues en este momento siguen más de 500 niños sin hallar a sus padres. En tanto, asegura el candidato a la presidencia, que se va a recomponer el sistema de asilo y refugio y terminará con el programa Quédate en México, a todas luces inconstitucional. Programa que México nunca debió aceptar, fue una decisión totalmente equivocada.
El resultado de la elección es incierto, sobre todo por las bravatas de Donald Trump que sigue diciendo que habrá fraude si el resultado no es a su favor. No obstante, pase lo que pase en los comicios, México debe recuperar su propuesta inicial sobre las migraciones, recomponer el Instituto Nacional de Migración poniendo al frente a una persona conocedora del tema y de los derechos humanos y que la Guardia Nacional deje de ser la Patrulla Fronteriza mexicana. (Ana María Aragonés, La Jornada, Política, p. 18)
Sin embargo, para el actual presidente, así como para el virtual inquilino número 46 de la Casa Blanca, México y su gobierno no es prioridad. En los debates que se realizaron antes de la jornada electoral, la agenda de ambos está bien definida: COVID-19, economía, medio ambiente, salud, relaciones con China. Nada para México ni para América Latina, en este momento no está en su radar ni es de su interés. Lo único que les puede importar del subcontinente de habla hispana es que no lleguen más inmigrantes a territorio estadounidense y que no puedan acceder a las prerrogativas de salud, de educación, es decir, derechos de ciudadanos “americanos”.
La agenda estadounidense para México no va a cambiar significativamente, migración, T-MEC y más nada. Tenemos que recordar que, con la llegada de Biden, los demócratas han sido los gobiernos más estrictos con los -sin papeles- y que Obama, fue quien deportó a la mayor cantidad de inmigrantes. Para nuestro país, los siguientes cuatro años serán como han sido en las últimas décadas, sin sobresaltos ni tuits explosivos, pero de facto no habrá ningún cambio. El gobierno mexicano debe de entender que para una estrategia en materia de relaciones exteriores se debe de empezar por una política doméstica robusta, misma que aún no existe. (Adriana Sarur, El Heraldo de México, País, p. 10)
Morena USA: El diputado por el X Distrito de Michoacán, Iván Pérez Negrón-Ruiz (IPNR) reconoció la fuerza de la comunidad migrante y dio cuenta de la iniciativa de ley presentada por legisladores de su grupo parlamentario para garantizar el respeto a los derechos político-electorales de los residentes mexicanos en el extranjero. A su vez la diputada migrante por Movimiento Ciudadano, Libier González Anaya (LGA) anticipó que para las elecciones federales de 2024, la LXVI Legislatura contaría con una veintena de diputados migrantes que cambiarán la actual correlación de fuerzas de representación popular, con lo cual “Ya no habrá mexicanos de segunda condición”.
Migrantes al Congreso: En prospectiva el LXV y LXVI recinto de San Lázaro contará con legisladores migrantes de California, Nueva York, Florida y Texas como lo afirmaron IPNR y LGA quienes afirmaron que con esa presencia se creará el primer parlamento migrante en el cual los presidentes de federaciones y clubes de mexicanos en EU, tomarán decisiones sobre la agenda bilateral y sus entidades o municipios de origen…SMSEM: Preserva y fortalece las raíces culturales como la celebración del Día de los Fieles Difuntos. Durante el espectáculo ‘Calaveritas Mexicanas’ el magisterio, a través de su secretario general, Manuel Uribe recordó y rindió homenaje las víctimas de COVID-19. (Federico Lamont, El Sol de México, Nacional, p. 8)
Las remesas se han visto, malamente por décadas, como un puntal de la economía mexicana. Ello hace que los gobiernos supongan que es parte de los activos de las finanzas públicas y se arroguen esos ingresos como un triunfo de sus planes sexenales. Nada más erróneo.
En otros tiempos fue el petróleo motor del desarrollo nacional y su boom duró pocos sexenios. El presidente Lázaro Cárdenas expropió la industria con la finalidad de acabar con el monopolio inglés —con la anuencia de Estados Unidos—, quienes más tarde se favorecieron con el procesamiento de los hidrocarburos.
En la “docena trágica” —como se les conoce a las administraciones de Luis Echeverría y José López Portillo— Cantarell parecía la panacea que nos conduciría al “primer mundo”, seríamos un país ascendente y saldríamos del subdesarrollo. Nos preparábamos para “administrar la abundancia”. La realidad se impuso y hoy contamos con un recurso natural no renovable que se extingue y sólo nos deja una enorme estructura burocrática poco productiva y deficitaria. (Octavio Campos, Contraréplica, Online)
La mala noticia es que, esa nación es con la que tenemos el 80% de nuestro comercio, en donde viven 20 millones de connacionales, de donde provienen miles de millones de dólares de remesas y con el que compartimos una docena de ciudades binacionales. El proyecto demócrata es el que mejor parece servir para enderezar lo que alguna vez fue el modelo democrático en el orbe. Sin embargo, no es claro que desde ese polo se pueda consolidar un proyecto lo suficientemente incluyente y exitoso para garantizar el impulso de políticas razonables que garanticen el apoyo de las mayorías. Lo que parece más probable es que tengamos que ser testigos de fiascos electorales como el de los últimos días, y espectáculos de confrontación como los que observamos en su congreso durante los últimos años. (Vidal Llerenas Morales, El Economista, p. 54)
México debe prepararse para una nueva etapa en la relación bilateral donde los ejes de presión y tensión estarán en las esferas de la migración, del comercio y la seguridad.
El sonsonete de los abrazos morenos no estará en el radar de la empatía ante una eventual victoria de Trump, quien no podrá buscar otro periodo al frente de la Casa Blanca, o de Biden, quien buscará un nuevo sello en la relación bilateral. (Marcela Gómez Zalce, El Universal, p. A2)
Desde luego, no arregló los problemas más importantes y trascendentes: ignoró ý negó el cambio climático, retirando a Estados Unidos del Acuerdo de París; exacerbó el racismo, promovió leyes de migración a la medida de sus nociones sobre el tema (“¿Por qué recibimos a gente de países de mierda”?), impulsó la construcción de un muro en la frontera mexicana e insultó con absoluta bajeza a los mexicanos, algo que ni Peña Nieto y (mucho menos, contra lo que podría pensarse) López Obrador, fueron capaces de responder. (Ariel González, El Universal, Online)