Columnas de Opinión 091120

Templo Mayor

MÁS ALLÁ de la torpeza diplomática que significa no reconocer el triunfo de Joe Biden, lo que realmente debería preocupar al presidente Andrés Manuel López Obrador es la completa disparidad que habrá en las agendas de ambos países a partir del 20 de enero.

NOMÁS para darse una idea de qué tan alejadas están las posturas de ambos, el norteamericano llegará a la Casa Blanca con una lista de cuatro prioridades: Covid-19, recuperación económica, equidad racial y cambio climático. En contraste, para el presidente mexicano la economía ya salió del hoyo, en la pandemia vamos muy bien y las energías renovables ¡son un sofisma!

Y ES QUIZÁ en el tema ambiental en donde empezará a haber fricciones bilaterales. Mientras Donald Trump y AMLO coincidían en idolatrar las energías contaminantes (como el carbón y el combustóleo), Biden trae un agresivo y detallado plan para impulsar las energías limpias. Y no es mero discurso, sino inversiones en infraestructura, metas a 15 y 30 años e, inclusive, estímulos para crear empleos en ese sector.

YA SE VERÁ si el entendimiento con Trump era un asunto de diplomacia… ¡o de similitudes!

POR CIERTO que a más de uno sorprendió que el mandatario mexicano le escamoteara el reconocimiento -o ya de menos una felicitación- a Joe Biden, argumentando un tema de prudencia. Sobre todo porque no tuvo esa misma prudencia cuando felicitó en su momento al argentino Alberto Fernández y a los bolivianos Evo Morales y Luis Arce, en sus respectivos triunfos. ¿Será que la Doctrina Estrada no es válida para los amigos? Es pregunta que no aplica restricciones. (F. Bartolomé, Reforma Opinión, p.10)

Jaque mate / Sin felicitación

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se apresuró a felicitar a Luis Arce, el candidato de Evo Morales y del Movimiento al Socialismo (MAS), tras la elección de Bolivia del 18 de octubre. Si bien solo se habían contado oficialmente 18 por ciento de los votos, y Arce se encontraba todavía en segundo lugar, el canciller mexicano Marcelo Ebrard recurrió a Twitter poco después de que se difundieron las encuestas de salida: “Las más sinceras felicitaciones de México al pueblo boliviano por la extraordinaria jornada democrática en la que fue electo Luis Alberto Arce, entrañable compañero y amigo de nuestro país… ¡¡¡Bravo por el Estado Plurinacional de Bolivia y su pueblo!!!”.

El presidente López Obrador también ofreció sus felicitaciones antes de que terminara el conteo oficial: “Felicitamos a Luis Alberto Arce Catacora quien triunfó ayer en las elecciones presidenciales de Bolivia. Celebramos que un grave conflicto se resolvió por la vía pacífica y democrática. Saludo organizaciones sociales, pueblos originarios, a Evo, al MAS y al pueblo boliviano”.

No hemos visto esa misma celeridad en el triunfo de Joe Biden, el candidato demócrata a la Presidencia de Estados Unidos que se definió este 7 de noviembre. En lugar de felicitar al ganador, el canciller mexicano señaló que “el presidente López Obrador fijará la posición de México respecto a las elecciones en EU en cuanto arribe a Villahermosa”. Ya en la capital de Tabasco, el Presidente declaró: “Vamos nosotros a esperar a que se terminen todos los asuntos legales. No queremos ser imprudentes… Queremos ser respetuosos de la autodeterminación de los pueblos y respetuosos del derecho ajeno… Nosotros padecimos mucho de las cargadas, de cuando nos robaron, una de las veces, la Presidencia, y todavía no se terminaban de contar los votos y ya algunos gobiernos extranjeros estaban reconociendo a los que se declararon ganadores”.

De esta forma, López Obrador evitó unirse a los gobernantes democráticos que felicitaron a Biden, como Justin Trudeau de Canadá o Angela Merkel de Alemania, y se colocó en la lista de los autoritarios o populistas, como Vladimir Putin de Rusia y Jair Bolsonaro de Brasil, que se resistieron a hacerlo. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.10)

Barbas a remojar

Qué incomodidad la de López Obrador ante la derrota de su amigo Donald Trump. Qué sensación de vértigo le debe producir el desprecio de millones a un populista autoritario con quien ha demostrado tener tanto en común. El odio a los medios, la arenga contra los adversarios, la política como espectáculo, el desmantelamiento del Estado para concentrar el poder discrecional en su sola persona. Ambos han pasado años elogiándose, apapachándose, y en el caso de AMLO, doblegándose. Pero de pronto, la realidad se impone y desnuda lo que Trump siempre ha sido y López Obrador solapó: un narcisista inestable, un mentiroso mendaz, intentando -en vivo a través de la televisión- armar un golpe de Estado y destruir los cimientos de un sistema democrático que ya había intentando dinamitar. Un polarizador capaz de todo, mas no de perder. Y ahora AMLO enfrenta lo que debe calarle. Su aliado, antes encumbrado; ahora acorralado. Su cuate, antes omnipotente; ahora delirante. Antes poderoso, y ahora patético. Castigado en las urnas, y evidenciado como lo que es: el personaje más cínico que ha ocupado la Casa Blanca.

Pero luego del descalabro electoral de su compañero de conspiraciones, AMLO parece descolocado. Decide negar la felicitación a Biden, pero no por motivos legales sino por motivos políticos. Relitiga la elección del 2006 y acaba avalando la falsa narrativa del fraude que Trump trata -infructuosamente- de mantener viva. Su “prudencia” no proviene de los principios de la no-intervención, sino de una reiterada victimización. Ante los retos del presente, le es útil refugiarse en el pasado. Le es redituable atizar los agravios de ayer para eludir los retos de hoy. Mirarse el ombligo antes de entender el mundo. Taparse los oídos en vez de escuchar los pasos en la azotea que provienen del vecino del norte.

A lo largo de cuatro años, Trump libró una sórdida guerra contra las instituciones y gobernó con una la crueldad conspicua, fomentando el fanatismo, disfrutando la división. Como escribe David Remnick en The New Yorker, convirtió a la Presidencia en un “reality show” de auto-elogios y acusaciones sin fundamento. Su desdén por la ciencia y el consejo de los expertos ha llevado a cientos de miles de muertos por Covid-19. Aun así, no hubo un repudio total; millones avalaron el iliberalismo que promovió, la política del resentimiento que impulsó. Deja tras de sí un país partido, donde el trumpismo sigue presente. Pero pierde la Presidencia y el megáfono. Ganan -en palabras de Kamala Harris- la esperanza, la decencia, la ciencia y la unidad. Gana la oportunidad de rectificar el rumbo. (Denise Dresser, Reforma, Opinión, p.11)

Con Trump, AMLO sigue el ejemplo de Videgaray y Peña Nieto

En el verano de 2016, Donald Trump no tenía ninguna posibilidad de convertirse en presidente de Estados Unidos. Tenía de rival a la experimentada política Hillary Clinton, a quien el presidente en funciones, Barack Obama, había calificado como la persona que mejor estaba preparada para llegar a la Casa Blanca en la historia de Estados Unidos. En cambio, Trump era esta combinación de patán y hazmerreír que había irrumpido en la escena política y había conquistado la candidatura del partido Republicano.

…hasta que Peña Nieto lo invitó a México, a lucirse en plan presidencial en la residencia de Los Pinos, en una reunión que tenía el aspecto de un encuentro bilateral entre dos mandatarios. Trump, pues, podía tomarse en serio. Peña Nieto fue públicamente vapuleado por ello: se humillaba y le daba trato de jefe de Estado a un impresentable que había escalado en la política a base de golpear y discriminar a los mexicanos. Lo hacía, además, en contra de las buenas prácticas de la diplomacia y a diferencia de los presidentes del resto del mundo.

En el equipo de Peña Nieto justificaron la decisión con el argumento de que México estaba comprando una especie de seguro por si Trump ganaba la elección. La mañana del día de la elección presidencial, los pronósticos estadísticos le daban a Hillary más de 80% de probabilidades de ganar. Pero ganó Trump. Y México cobró su seguro: Luis Videgaray, que había salido del gabinete de Peña por ser el organizador de la escandalosa invitación, regresó por todo lo alto como canciller, para manejar la relación bilateral gracias a su cercanía con el yerno Jared Kushner, y lograr la renegociación del TLC que estaba condenado a muerte. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p2)

Bajo Reserva / La fifí del gabinete

Nos comentan que hay una secretaria del más alto nivel que de plano mandó a volar la política de austeridad del presidente Andrés Manuel López Obrador porque, claro, antes de atender una inundación siempre hay que viajar cómoda. Nos detallan que ayer domingo en el vuelo comercial de las 16:00 horas de Villahermosa, Tabasco, a la Ciudad de México coincidieron Rocío Nahle, secretaria de Energía (Sener); Javier May, secretario de Bienestar, y Octavio Romero Oropeza, director general de Pemex; sin embargo, no todos viajaron de la misma manera. Doña Nahle tomó su asiento nada más y nada menos que en primera clase —desobedeciendo el ejemplo de austeridad republicana del Ejecutivo federal— mientas que sus dos compañeros de gabinete se quedaron atrás, en la clase económica. Incluso dentro del gabinete, hay niveles.

José Luis Vargas, con Covid, pero cumplirá ante la Corte

 Nos dicen que el presidente de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), magistrado José Luis Vargas Valdez, dio positivo a la prueba de Covid-19. Nos aseguran que esto no impedirá que hoy presente de manera virtual —y desde su casa— el informe anual de labores del Tribunal, ante los plenos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), del Consejo de la Judicatura Federal y del propio Tribunal Electoral. Entre los datos que el magistrado presentará en el informe están la realización de las sesiones por videoconferencia para no frenar el trabajo ante la pandemia, y el Juicio en Línea, que permitirá afrontar los comicios más grandes de la historia de México hasta el momento y cuyo proceso ya inició el pasado 7 de septiembre. (Periodistas, El Universal, Nación, p.2)

Bitácora del director / El desaire

El sábado, poco después de las 10:30 de la mañana tiempo del Centro de México, al oficializarse su triunfo en el conteo de los votos del estado de Pensilvania, el candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden, sumó el número suficiente de delegados ante el colegio electoral para amarrar su triunfo en los comicios presidenciales de Estados Unidos.

De inmediato comenzaron a pronunciarse jefes de Estado y de gobierno por todos los rumbos del planeta, felicitando a Biden y a su compañera de fórmula, Kamala Harris, por su triunfo.

Uno de los primeros en hacerlo fue el primer ministro británico, Boris Johnson, quien tuiteó: “Felicitaciones a Joe Biden por su elección como Presidente de Estados Unidos y a Kamala Harris por este logro histórico”.

En las siguientes horas, vinieron decenas de mensajes semejantes. Del presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; de la canciller alemana Angela Merkel, y la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern; del presidente de Argentina, Alberto Fernández, y el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga; del presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau; del primer ministro de Italia, Giuseppe Conte, y el de India, Narendra Modi…

Vaya, la noticia incluso hizo coincidir en sus parabienes a los dos venezolanos que se disputan el reconocimiento como presidente de ese país: Juan Guaidó y Nicolás Maduro.

Al final de ese día, era más fácil contar los países cuyos líderes no habían felicitado a Biden, porque eran sólo un puñado. Entre ellos, Rusia, Hungría, Eslovenia, Turquía, Brasil y… México. (Pascal Beltrán Del Río, Excélsior, Nacional, p.2)

Desde el Congreso / Mujeres a las gubernaturas

El viernes pasado, se dio un importantísimo paso más hacia la igualdad en los cargos de elección popular entre mujeres y hombres en nuestro país, ya que el Instituto Nacional Electoral aprobó un acuerdo que establece que los partidos políticos deberán postular, al menos, siete candidatas mujeres para contender en las quince elecciones de gobiernos estatales que ocurrirán el siguiente año. Esto, para hacer realidad la histórica reforma constitucional aprobada en 2019 conocida como la reforma de paridad total, que ordena que todos los órganos del Estado, en todos los niveles, estén conformados de manera paritaria, y que las mujeres participen en todos los espacios de decisión pública. Específicamente, el artículo 35 fue reformado para dejar claro que son derechos de la ciudadanía: “Poder ser votada en condiciones de paridad para todos los cargos de elección popular, teniendo las calidades que establezca la ley”.

No queda duda de que “todos los órganos del Estado, en todos los niveles” y de que “todos los cargos de elección popular” incluyen las gubernaturas, el último espacio de elección popular que la paridad no ha logrado alcanzar aún. Este espacio, como lo eran muchos otros espacios de decisión, ha sido tradicionalmente ocupado mayoritariamente por hombres, no porque no haya mujeres capaces, preparadas o competitivas para ser gobernadoras, sino porque las desigualdades estructurales en razón de género dificultan el acceso de las mujeres a las candidaturas. (Laura Rojas, Excélsior, Nacional, p.4)

La 4T, una fábrica de pobres

La administración de Andrés Manuel López Obrador es de las que más ha lastimado a la clase trabajadora… del propio gobierno.

Se calcula que, en lo que va de su administración, ya echó a la calle a 25 mil burócratas que ocupaban desde la más modesta de las posiciones, hasta puestos de muy alto nivel, incluidos aquellos que formaban parte del Servicio Profesional de Carrera.

No sólo eso, muchos de los trabajadores en activo, incluidos los de “nuevo” ingreso, son obligados a “donar” voluntariamente a fuerza una parte importante de su salario, que va de 10 a 20 por ciento.

Les dicen que son donativos para la “causa”. ¿Cuál causa? Nadie sabe explicar. Simplemente la advertencia es: “Coopelas o cuello”. Por si fuera poco, de manera institucional, tiro por viaje, el propio Presidente anuncia la reducción de prestaciones, sin que exista una ley que lo permita, como el recorte al aguinaldo para este fin de año, otra vez voluntariamente a fuerza, a servidores públicos de cierto nivel.

Todo lo hace envuelto en la bandera de la austeridad republicana. (Alfredo González, El Heraldo de México, País, p.7)

Biden no ganó

El peor candidato en la historia de Estados Unidos: Joseph Robinette Biden Jr. Así lo calificaron muchos, Donald Trump el primero de ellos. “Estoy compitiendo contra el peor candidato en la historia de la política presidencial de nuestro país… Eso pone más presión sobre mí. ¿Se imaginan perder contra un tipo como este?”, dijo el presidente Trump en uno de sus últimos eventos de campaña en Pennsylvania.  Curiosa la vida y sus lecciones que hizo que justamente las tendencias de ese estado hicieran que CNN finalmente cantara la victoria de Biden el sábado por la mañana. Y, aun así, quizá Trump tenía razón y no terminó vencido por el demócrata, sino por algo más grande.

Biden es un perdedor, se señaló en artículos rojos y azules. Ni siquiera llegó a la terna que compitió por la candidatura demócrata en 1984 al obtener el 0.0 por ciento de los votos, perdió la nominación en 1988 con el 0.1 por ciento y la volvió a perder en 2008 con el 0.2 por ciento.

Tan malo, que para esta elección los demócratas corrieron unas primarias con un número histórico de precandidatos: 27. (Alguno debería de ser mejor que Biden). El veterano Sanders o la senadora Warren o el billonario de nombre famoso Bloomberg o el ex mayor de nombre complicado Buttigieg o el negro de padres jamaiquinos o el asiático de padres taiwaneses o el latino o la escritora de autoayuda. Hasta que no hubo opción y tuvieron que escoger al menos malo. (Ana María Olabuenaga, Milenio, Política, p.8)

Rozones

Luego de la polémica elección del magistrado José Luis Vargas como presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación viene su primera prueba. En medio de una investigación de la UIF por sus ingresos y los señalamientos de actuar en favor del Gobierno en turno, Vargas tendrá el reto de calificar la legalidad de lineamientos sobre paridad en las gubernaturas aprobados por el INE. Luego de los reclamos de Morena se verá el compromiso del TEPJF con la participación de las mujeres como alegaron en la elección interna de ese partido y si es capaz de mantener el bloque de cuatro magistrados con el que se decide todo. Así que, el reflector sobre Vargas Valdez.

Es La Diplomacia

 Nos hacen ver que la polémica que ha generado la decisión del Presidente López Obrador de no felicitar a Joe Biden se está concentrando en el señalamiento de que hacerlo permitirá que “nos vaya mejor” en la relación con el futuro gobierno del demócrata y no hacerlo a que “nos vaya mal”. La felicitación, nos dicen, ciertamente tiene un peso específico dentro del repertorio de acciones que un país puede desplegar para construir buenas relaciones bilaterales y más en este caso con EU, de la que, por cierto, hay toda una escuela y expertise. No es el único y ahí, nos señalan, se les puede conceder razón. Sin embargo, si como se prevé, con Biden viene una “normalización” de la relación —de la que el régimen de Trump se apartó—, una cortés felicitación tampoco debiera verse como error. Y debiera darse, nos dicen, en el primer momento oportuno, para evitar que el asunto tome otros cauces y para que la diplomacia mexicana se concentre en lo realmente importante y difícil: la nueva relación bilateral con su complejidad restaurada. (Rozones L. La Razón, Opinión, p.2)

Obsesiones y oportunidades perdidas

En muchas ocasiones el SeñorPresidente nos ha dicho, palabras más, palabras menos: uno es amo de su silencio y esclavo de sus palabras. Y en ese sentido élmismo tiene una condiciónde ilota (con “L”, por favor) , como llamaban los lacedemonios* a sus encadenados; es un esclavo permanente de sus obsesiones y palabras.

Y digo esto porque el “·auto-esclavismo” conceptual del SeñorPresidente lo ha llevado a cometer una pifia diplomática(una más): de manera indirecta se ha sumado a la acusaciónde fraude electoral promovida desde la tribuna másalta de la mentira por el presidente Donald Trump cuando desesperado veía cómo se iba de las manos la reelección. Ademásha acusado a los gobiernos de países amigos, de sumarse a una imaginaria “cargada” con  sus felicitaciones.

““…yo no puedo decir: ‘felicito a un candidato’, ‘felicito al otro’ porque quiero esperar a que termine el proceso electoral. Nosotros padecimos mucho de las ‘cargadas’, de cuando nos robaron, una de las veces, la Presidencia y todavía no se terminaban de contar los votos y ya algunos gobiernos extranjeros estaban reconociendo a los que se declararon ganadores…”

Esta comparación exhibe dos cosas: la obsesión y la imprudencia.

Obsesión por el ritornelo infatigable de la víctima de un fraude (o de dos) jamás demostrado y la imprudencia de comparar ambas circunstancias, apoyado en otras imprecisiones. Veamos:

“…Eso es lo que pasó en el 2006, todavía no había un cómputo legal y el presidente de España, en ese entonces Zapatero, ya estaba felicitando a Calderón. Una imprudencia. Eso no queremos hacerlo nosotros; además, el respeto al derecho ajeno es la paz. (Rafael Cardona, La Crónica, Tres Opinión, p.3)