Andrés Manuel López Obrador es un pragmático. Como candidato, atizó contra Trump. Como presidente, logró una relación con su par estadounidense, cuya capitulación en temas migratorios o frente a ofensas por el muro no conoció límite; pero que, a cambio, estuvo libre de descalificaciones a su persona o proyecto, situación que AMLO atesora más que la indignidad de habernos convertido en los policías de EU en la frontera sur y hasta en la norte.
Por eso la visita del mexicano a Washington: López Obrador aceptó tan desigual trueque sin remilgos porque bien valía esa misa en tanto Trump lo consintiera a él y su gobierno cerrara la puerta a audiencias con otros actores mexicanos. Parafraseando, el estadounidense será un déspota, pero era el déspota exclusivo de Andrés Manuel, ese con el que negociaba perseguir con la Guardia Nacional a migrantes centroamericanos a cambio de silencio sobre su “investidura”: mientras diga que me respeta, qué importa ser el patio trasero donde EU expulse niños sin padres. Hago lo que me pidas, mientras no me lo pidas en público y no veas a nadie más de México, digamos. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 50)
Pero en lo que casi todo el mundo está de acuerdo es en que Biden sería más previsible que Trump, quien cada tanto amenaza con imponer aranceles o impuestos a las remesas.
Pronto sabremos si Biden será mejor para América Latina. Pero es hora de intentar una agenda positiva con la región, en lugar de una centrada en la construcción de un muro en la frontera y los insultos a los migrantes latinoamericanos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 8)
“Es cierto que la campaña de fobia contra migrantes y mexicanos le funcionó a Donald Trump para ganar la presidencia, pero no le servirá… para mantenerse con popularidad en el gobierno y lograr la reelección”.
Andrés Manuel López Obrador, Oye Trump, 2017 (Sergio Sarmiento; Reforma, Opinión, p. 11)
La renuencia del gobierno de México a felicitar a Joe Biden sigue sumando críticas dentro y fuera del país. Esa negativa pasa de ser considerada prudente a “fracaso diplomático”. El tema ya debe considerarse por nuestras autoridades como preocupante, pues el no felicitar a Biden es visto entre los demócratas como una complicidad con Trump por socavar los derechos humanos de migrantes. Pero qué necesidad. (Redacción, La Crónica de Hoy, P.p.)
Hablando de los cauces que está tomando en Estados Unidos la negativa del Presidente de felicitar a Joe Biden, resulta que el tema pegó fuerte entre algunos congresistas demócratas. Entre los señalamientos que más han llamado la atención están los del de origen duranguense, Jesús Chuy García, hijo de un bracero, que representa a Chicago. “Presidente López Obrador, los votantes americanos han hablado y Joe Biden es nuestro Presidente electo. Ganó de manera limpia y justa. No deje que se le vaya el tren”, puso en su cuenta de Twitter. El otro es Joaquín Castro, hijo de mexicanos, representante de San Antonio, Texas, y hermano de Julián Castro, quien fue alcalde en esa ciudad y secretario de Vivienda de Barack Obama. Joaquín fue un poco más duro: “Esto representa un verdadero fracaso diplomático del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en un momento en que la administración entrante de Biden busca marcar el comienzo de una nueva era de amistad y cooperación con México”. La otra es Verónica Escobar, la llamada “congresista de los migrantes”, que acusó a López Obrador de sumarse a Trump contra los derechos humanos de los indocumentados que cruzan a EU. Nos hacen ver que en estos momentos no pudiera vérseles como “aliados naturales”. Uf. Mucha chamba para el canciller Marcelo Ebrard. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
La explicación pasará a los anales de la diplomacia mexicana como una vergüenza, o desvergüenza, como se quiera: “Vamos a esperar que se terminen de resolver todos los asuntos legales, no queremos ser imprudentes, no queremos actuar a la ligera y queremos ser respetuosos de la autodeterminación de los pueblos y respetuosos del derecho ajeno (…). El presidente Trump ha sido muy respetuoso con nosotros y hemos logrado muy buenos acuerdos y le agradecemos porque no ha sido injerencista y nos ha respetado”.
Trágame tierra, farfulló Gil. Trump ha sido respetuoso con México: nada más quiso levantar un muro en la frontera, nos llamó violadores, nos obligó a utilizar a la Guardia Nacional para detener a los migrantes de México y Centroamérica mediante el chantaje de los aranceles. Nos utilizó como su policía. (Gil Gamés, Milenio, Al Cierre, p. 47)
En lo migratorio, todo indica que habrá un respiro, aunque seguramente solo eso. Respiro para los dreamers y según lo dicho en campaña cambios en el endurecimiento de los procesos de asilo que tienen, con acuerdo mexicano, a decenas de miles de centroamericanos en nuestra frontera norte. Respiro para millones de paisanos perseguidos en el interior de EU y los ataques a las llamadas ciudades “santuario”. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
Hay otros elementos del nuevo gobierno que influirán en México, como los cambios en la política migratoria y la cancelación de la “emergencia nacional” decretada por Trump que permitió utilizar millones de dólares en la construcción del muro en la frontera sur. Por cierto, Joe Biden recibió entre 2019 y el 10 de octubre como apoyo para elecciones un total de aportaciones de personas y empresas por 952 millones 239 mil 369.70 dólares; en igual periodo, Donald Trump obtuvo 601 millones 392 mil 178.39 dólares. (J. Jesús Rangel M. Milenio, Negocios, p. 30)
en lo más esencial, lo que ocurrió en Estados Unidos fue la derrota de un proyecto neofascista. Las grandes coaliciones de fuerzas progresistas que fueron claves para vencer al inquilino de la Casa Blanca incluyen organizaciones de migrantes de varias esquinas del mundo, sindicalistas, la comunidad gay, integrantes de movimientos por la justicia racial y de derechos civiles, ambientalistas y contra las armas, o sea, el gran mosaico multirracial que está en la lucha por los derechos fundamentales, la dignidad y la justicia.
Aquí ese enemigo llegó al poder declarando que los mexicanos eran criminales y por eso era urgente construir un muro para frenar su ingreso, fue quien giró órdenes para arrebatar a niños de los brazos de sus padres para colocarlos en jaulas, quien estableció un estado de terror permanente contra los migrantes obligando a padres a despedirse de sus hijos cada día recordándoles que si no regresaban a casa es porque fueron detenidos por la migra, con ese temor cotidiano viven los niños. ¿Eso da igual? (David Brooks, La Jornada, Mundo, p., 27)
Frontera. Este es el tema más complicado porque es necesario equilibrar la protección de las comunidades por la pandemia y mantener los flujos comerciales binacionales.
Migración. El triunfo de Biden generará un ambiente menos tenso para la migración ilegal de origen mexicano; sin embargo puede provocar un llamado al aumento de la migración ilegal y desordenada de Centroamérica que disminuyó por los esfuerzos de México, la pandemia y la crisis económica en EU. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 11)
Coincido en que hay una curiosa afinidad entre las formas de AMLO y las de Donald Trump. Sobre todo en los reflejos demagógicos de ambos, y en su desprecio hacia los tecnócratas y hacia las instituciones del Estado. Sin embargo, hay un trecho amplio entre –por un lado– reconocer esa afinidad y –por el otro– afirmar que la relación entre la 4T y Washington ha sido hasta ahora una ‘luna de miel’. La realidad es que a AMLO, y sobre todo a Marcelo Ebrard, les tocó lidiar con el constante bullying de la Casa Blanca. Supieron manejar los berrinches de Trump y han evitado hasta ahora una crisis mayor (aunque para conseguirlo tuvieron que darle la espalda a los migrantes centroamericanos). No creo que AMLO se reserve el reconocimiento al triunfo de Biden por lealtad a Trump, sino por simple temor a otra pataleta contra México en los dos meses y medio que quedan antes de la toma de protesta de Biden. En resumen, AMLO y Ebrard le hallaron el modo a Trump. No es mérito menor, pero tampoco se puede decir que la relación bilateral haya avanzado en los últimos dos años.
Con Biden volverá la estabilidad y la cordura al manejo de los asuntos entre México y Estados Unidos, empezando por la política migratoria. Casi con toda seguridad se suspenderá la construcción del muro en la frontera (700 kilómetros y 11 mil millones de dólares después). También podemos esperar el fin de algunas arbitrariedades migratorias, como la prohibición al ingreso de ciudadanos de ciertos países de mayoría musulmana, así como un trato más digno hacia los migrantes que llegan desde México. Miles de familias que han sido separadas en los últimos años probablemente podrán reunirse. Sin embargo, lo anterior no implicará una política de puertas abiertas hacia la migración. No hay que olvidar que incluso en tiempos de Obama, cuando Biden era vicepresidente, se alcanzaron niveles inéditos de deportaciones. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 48)
Donald Trump ha hecho con López Obrador lo que ha querido. No sólo revirtió la política inicial del gobierno de la 4T de tener fronteras abiertas a los centroamericanos, sino que desplegó al ejército y después de la Guardia Nacional a perseguir como delincuentes a los migrantes.
Pero más allá, Trump logró que México pagara por el muro fronterizo. Uno que no era de acero u hormigón sino de carne y hueso. Miles de efectivos federales mexicanos jaloneando hombres, mujeres y niños, mexicanos o no, para evitar que cruzaran hacia Estados Unidos. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 13)
Donald Trump ha hecho con López Obrador lo que ha querido. No sólo revirtió la política inicial del gobierno de la 4T de tener fronteras abiertas a los centroamericanos, sino que desplegó al ejército y después a la Guardia Nacional a perseguir como delincuentes a los migrantes.
Trump logró que México pagara por el muro fronterizo. Uno que no era de acero u hormigón sino de carne y hueso. Miles de efectivos federales mexicanos jaloneando hombres, mujeres y niños, mexicanos o no, para evitar que cruzaran hacia Estados Unidos.
El regateo que hace el gobierno de López Obrador al triunfo de Joe Biden contrasta con los cariños en la cara que le hizo Marcelo Ebrard al dictador boliviano Evo Morales, pero más que una torpeza de aquellos que sí prefieren los regímenes poco democráticos del sur, lo que está en marcha puede ser el mecanismo de construcción del muro de la 4T con lo que muchas de sus huestes gustan en llamar el imperialismo yanqui. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Finanzas y Dinero, p. 13)
Van, como recordatorio, algunos de los hechos vividos desde 2015: -En el lanzamiento de su primera campaña presidencial, Donald Trump llamó a los migrantes mexicanos “violadores” y “asesinos” que llevaban crimen y drogas a Estados Unidos.
-Prometió construir un muro infranqueable a lo largo de los 3 mil kilómetros de frontera común y aseguró que obligaría a México a pagar por semejante disparate.
-Amenazó con decomisar el dinero de las remesas que los migrantes mexicanos envían a sus familias, como un mecanismo para que México pagase el muro fronterizo.
-Ya como presidente, estableció una política migratoria que incluía la separación de núcleos familiares. Como parte de la misma, niños mexicanos y centroamericanos fueron retenidos en jaulas.
-Socavó y casi destruyó DACA, el programa instaurado por el presidente Obama, para permitirle a los llamados Dreamers permanecer en Estados Unidos. (Alejandro Hope, El Universal, Nación, p. A14)
Al menos tres congresistas estadounidenses, todos ellos de origen mexicano, cuestionaron ayer la posición asumida por el presidente López Obrador de no reconocer aún el triunfo de Joe Biden y Kamala Harris. Joaquín Castro y Verónica Escobar, de Texas, junto con el congresista Jesús “Chuy” García, recién reelecto por el estado de Illinois, manifestaron en sus redes sociales su extrañeza por la posición del mandatario mexicano, sobre todo ante el comportamiento que tuvo el voto hispano y mexicano en las recientes elecciones. Según un estudio de la Universidad de Chicago para la agencia AP, los migrantes latinos votaron mayoritariamente por Joe Biden, con excepción de los cubanos que dividieron su voto también para Donald Trump. Pero en el caso de los mexicanos, cerca de 70%, dicen el estudio, sufragaron en favor del candidato demócrata, igual que lo hicieron la mayoría de los hispanos de Puerto Rico, Dominicana, El Salvador y los sudamericanos que viven en Estados Unidos. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. A17)
Por nuestra parte, después del caudal de ofensas y odio que promovió Donald Trump en contra de los mexicanos, resulta imposible no celebrar su derrota. De hecho, la decisión de la mayoría de los estadunidenses tendría que ser tomada como una oportunidad para desandar los despropósitos y las amenazas que impuso ese gobierno al de México en temas tan delicados como la migración, la seguridad de las fronteras, las relaciones comerciales y el combate al crimen organizado. (Mauricio Merino, El Universal, Opinión, p. A18)
Debo decir que no soy fan del presidente Trump. Detesto que haya atacado a nuestros migrantes que viven en territorio estadunidense. Sin embargo, considero que es fundamental revisar la elección de Estados Unidos, mucho más allá de los lugares comunes que hoy están en voz de muchos “líderes de opinión”. No compro la crítica común de “que no ha sabido perder”, “que no respeta las instituciones”, “que es un mal líder porque no ha aceptado el resultado”. (Armando Río Piter, Excélsior, Nacional, p. 19)

(Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 46)