En la actualidad, existen tres claros precandidatos. En el gabinete sólo hay uno, que parece tener las capacidades que se requieren, Marcelo Ebrard Casaubón, con exitosa carrera política y que hoy juega en todas las bandas e interviene en todos los temas; maneja desde el Instituto Nacional de Migración, hasta encabezar la compra de medicinas para el país y la búsqueda de una vacuna para combatir la pandemia que padecemos; dirige la relación con Estados Unidos y logró la alianza con Trump a través de su viejo conocido, el ex Alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, a quien contrató para utilizar su estrategia de “cero tolerancia”. Sin embargo, este próximo mes cambiará la ecuación de las relaciones con el Imperio y esto puede afectarlo; él debe tener muy en cuenta lo que le pasó a su jefe y amigo, Manuel Camacho Solís, quien tuvo en sus manos diversos asuntos importantes y parecía ser el único y, sin embargo, no logró su objetivo.
Dos. De todos los gobernadores, la única que tiene posibilidades es Claudia Sheinbaum, que goza de la plena confianza del Presidente y que tiene un recorrido aceptable como funcionaria y como académica; se ha desempeñado razonablemente bien, a pesar de los graves tropiezos que enfrenta con motivo del coronavirus; en su pasado pesa la imagen de su exmarido, Carlos Imaz, gravado en los famosos videos de corrupción del señor Ahumada.
Tres. De entre todos los legisladores, el único que tiene las capacidades y el manejo político en este momento es el Senador Ricardo Monreal, aliado de López Obrador de muchos años; aun cuando su carrera política le ha permitido tener un brillo propio, es probable no sea del agrado total del Presidente, simplemente recordemos el encontronazo que tuvieron cuando la encuesta –amañada como siempre— que le dio la candidatura de la Ciudad de México a doña Claudia Sheinbaum y no a él. No obstante, el manejo inteligente y aperturista del Senado lo ha posicionado nuevamente para poder ser el candidato a la presidencia de la República por Morena, o por otro u otros partidos. Habrá que seguirlo con interés y cercanía.
El Presidente tendrá en los próximos meses muchas preocupaciones, pero sin duda, una será quién podría continuar los objetivos de su gobierno. (Alfredo Ríos Camarena, El Heraldo de México, Opinión, P. On Line)
Las remesas han aumentado en México. Cada vez que esto sucede lo destaca el presidente López Obrador como una importante contribución de los migrantes a sus familias y a la economía nacional; lo repite en su alocución mañanera cada vez que recibe información sobre el monto de las remesas, que por lo general rebasan el monto anterior. AMLO agradece a los migrantes que envían remesas y subraya que así se fortalecen los ingresos en México. Pero no recuerda que Trump llamó a los migrantes mexicanos violadores, ladrones, ilegales, como si hubieran cometido un delito; les llama narcotraficantes que deberán ser detenidos, no trabajadores indocumentados que mucho aportan a la agricultura, la construcción, los servicios… en la economía estadounidense. Trump en sus últimos días como presidente construye a marchas forzadas el muro en la frontera con México.
El Presidente de México esto no lo menciona, ni ha hecho una mención a las condiciones en que viven y trabajan los migrantes mexicanos, así como latinoamericanos en EU, en la mayoría de los casos en actividades de alto riesgo de contagio: en la construcción, en la agricultura o en otros muchos servicios realizan el trabajo duro y sus actividades son amenazadas mayormente por el desempleo y la posible deportación. Muchos de ellos viven en condiciones de hacinamiento en pequeños departamentos; el empleo de los extranjeros mexicanos o centroamericanos es frágil,. Su desempleo aumenta mas rápidamente que el del resto de la población. No menciona cuántos mexicanos han muerto.
En abril, el Banco Mundial consideró que las remesas caerían 20 por ciento en comparación con 2019. Corrigió y afirmó que sólo disminuirían un 7% al año en los países de bajo y mediano desarrollo. En México las remesas aumentan cada mes. Lo que nunca se olvida en las mañaneras.
Por su parte Joe Biden, presidente electo de EU, ha advertido que abriría el camino a la ciudadanía para los 11 millones de indocumentados que viven y trabajan en Estados Unidos, entre ellos 5 o 6 millones de mexicanos. Sobre esto, ni una palabra del Presidente de México a pesar del gran interés que tendría para los indocumentados, tampoco ha desarrollado un discurso sobre una política amplia a favor y en defensa de los jóvenes mexicanos que llegaron a EU siendo niños y que tuvieron la posibilidad de trabajar y estudiar allá gracias al DACA que Trump intentó cancelar desde el inicio de su gobierno, manteniéndolos en la incertidumbre. Si no fue más allá fue por el apoyo mayoritario de la población, que estos jóvenes han conquistado en las universidades, los hospitales y sus centros de trabajo. Biden también retomará la legalización de estos jóvenes. Lo que hasta ahora está en la oscuridad aquí en México, ni una palabra sobre el tema. (Enriqueta Cabrera, El Universal, Opinión, p.12)
Tengo el honor de haber sido expulsado de una conferencia de prensa de Donald Trump por tratar de hacerle una pregunta. Su guardaespaldas me sacó. Ocurrió el 25 de agosto del 2015 en Dubuque, Iowa, durante la primera campaña presidencial de Trump. Lo que pasó ahí ya demostraba que estábamos frente a un populista, un bully, un antiinmigrante y una amenaza para la libertad de prensa y la democracia.
Pero pocos escuchaban. Periodistas, políticos, votantes desilusionados, y los nuevos y entusiastas seguidores de Trump le estaban dejando abierto el camino a la Casa Blanca sin ningún escrutinio. Y ese fue un gran error. Ignorar esa temprana y clarísima advertencia le costó muy caro a Estados Unidos.
Todo comenzó cuando Trump llamó criminales y “violadores” a los inmigrantes mexicanos el mismo día en que anunció su campaña electoral a mediados de junio del 2015. Esos eran unos inaceptables comentarios racistas. Así que, como cualquier periodista, le escribí al nuevo candidato y le solicité una entrevista. Pero en lugar de responderme, publicó mi carta en Instagram incluyendo mi número de teléfono. (Recibí cientos de llamadas y textos -ninguno de Trump- y tuve que cambiar de número).
Lo que no cambió fue mi determinación por cuestionarlo y demostrar que era falso lo que decía sobre los inmigrantes. Eso nos llevó al choque en la conferencia de prensa en Iowa. Así ocurrió. Busqué una pausa en los comentarios de Trump, levanté la mano, dije que tenía una pregunta sobre inmigración, me paré y comencé a preguntar. Trump pretendió no verme y apuntó a otro periodista. Pero yo seguí adelante con mi pregunta. “¡Siéntate!”, me ordenó tres veces. No le hice caso. “No te he dado la palabra”, dijo Trump, “regrésate a Univisión”. Esa era la versión trumpiana del insulto racial: “Go back to your country” (regrésate a tu país). (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.10)