Tal y como lo dijo después de los primeros resultados electorales de noviembre, el presidente López Obrador esperó hasta que hubo una resolución oficial del Consejo Electoral de Estados Unidos para felicitar al demócrata Joe Biden por su triunfo en los comicios presidenciales. (¿Hello? Hola. ¿Quién habla? Andrés Manuel López Obrador. Si es usted testigo de Jehová será mejor que cuelgue, este hogar es católico. Si quiere ofrecerme una tarjeta bancaria sépase que en los próximos cuatro años no voy a necesitar ninguna. No, habla el presidente de México. Ah sí, el amigo de Donald Trump. Bueno, no precisamente amigo de Donald, lo que pasa es que soy institucional. Bueno, ¿y cuál es su asunto? Felicitarlo por haber logrado la Presidencia de su país. Ay amigo, está usted retrasado varias semanas. Ahora estoy ocupado en otras cosas. Lo mejor será que me envíe usted una carta porque las felicitaciones personales ya no las tengo agendadas). Y así fue, quiero imaginar en mi deformada mente paródica, cómo a nuestro presidente no le quedó más remedio que mandarle una carta a Joe Biden.
La precitada carta fue enviada el pasado lunes. En términos generales, la epístola reitera la felicitación por el triunfo que le otorgó el pueblo y que refrendaron las autoridades electorales correspondientes. (Razón por la que no lo había felicitado antes, se adivina en el subtexto, conociendo a Trump que tal si se sale con la suya y se queda de presidente y la agarra contra mí por haberlo felicitado a usted).
Así mismo le recordó que se conocieron hace casi nueve años, “desde entonces –escribió nuestro presidente– le expresé, de manera personal y en una carta, el ideal de transformar a México y el propósito de desterrar la corrupción política, causa principal de la dolorosa desigualdad y de la violencia que padecemos”. (Tal vez Joe Biden ni se acuerda de AMLO y de su carta, pero eso no es por la poca importancia que un político gringo le conceda a uno mexicano, sino por la avanzada edad del estadounidense, 77 años, la antesala del Alzheimer).
Algo muy importante de la misiva es cuando nuestro Ejecutivo expresó: “Mi reconocimiento ante su postura a favor de los migrantes de México y del mundo, lo cual permitirá continuar con el plan de promover el desarrollo y el bienestar de las comunidades del sureste de México y de los países de Centroamérica. Considero que de esta manera nadie se verá obligado a abandonar su lugar de origen y podrá vivir, trabajar y ser feliz con su familia entre su gente y con su cultura, y así lograremos construir la solución definitiva a los flujos migratorios desde y a través de México hacia Estados Unidos. (Cuando el presidente mexicano escribió “lograremos construir la solución definitiva a los flujos migratorios” no se refirió a la construcción del muro en el cual el antecesor de Biden, quien a partir del 20 de enero próximo usará camisa de fuerza, gastó cientos de millones de dólares sin impedir que mexicanos y otros migrantes que por el hambre que padecen son muy flaquitos –algunos tienen medio estómago sin estrenar, y otros, el intestino grueso lo tienen delgado– pudieron colarse entre los pequeños huecos de la ignominiosa construcción.) (Manuel Ajenjo, El Economista, Opinión, p.43)
La mecha no se ha apagado. La declaración presidencial en el sentido de que la iniciativa Monreal no afecta la autonomía de Banxico, lo deja claro.
La controvertida iniciativa está viva.
Quienes anticipaban que la pausa que se abrió en torno a la controvertida iniciativa para modificar la Ley de Banxico era prácticamente una victoria de quienes se oponían, lo más probable es que se equivocan.
El senador promovente, Ricardo Monreal, nomás no quita el dedo del renglón.
El legislador zacatecano, insiste en las “bondades” de su iniciativa. Asegura que, con el diálogo, sus contrapartes se convencerán del beneficio que tendrá para los migrantes y sus familias.
La advertencia de que Banco de México podría incurrir en prácticas de lavado de dinero si se modifica su ley como lo aprobó el Senado de la República, no es más que un intento por asustar con el “petate del muerto”, dice Monreal.
La realidad, dice, es que no se pone en riesgo al banco central. El coordinador parlamentario del partido Morena se ha sostenido en su intención de lograr la aprobación de la iniciativa de ley que, ha presumido, es de su autoría, por los beneficios que tendrán muchos mexicanos. (Marco A. Mares, El Economista, Opinión, p.24)
Fuertes reclamos por ley de seguridad
La Ley de Seguridad Nacional aprobada por el Congreso en el periodo de sesiones que recién concluyó y que regula la presencia en nuestro país de agentes de Estados Unidos, sigue provocando reacciones duras por parte de funcionarios y ahora congresistas de Estados Unidos. Resulta que el republicano Ted Cruz acusó que esa reforma —además de otros reclamos relacionados con los casos Cienfuegos y García Luna— socava los esfuerzos de México y Estados Unidos contra el tráfico de drogas. “Los diplomáticos y funcionarios estadounidenses deben utilizar sus voces y la influencia de EU para dejar en claro al Gobierno mexicano que atacar o socavar a la DEA es inaceptable”. En ese tono reciben al futuro embajador mexicano. Uf. (La Razón, Opinión, p.2)
Seguramente que los diplomáticos de carrera se deben haber quedado pasmados con la propuesta del Presidente López Obrador de que el actual secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, sea el nuevo embajador de México en Estados Unidos, en sustitución de Martha Bárcena, quien después de 43 años en el servicio exterior, decidió jubilarse.
Sin antecedente alguno en la diplomacia del titular de la SEP, el mandatario anunció en su mañanera de ayer, que quien fuera secretario de Gobernación seis meses en el sexenio de Ernesto Zedillo, y después de Sedesol, estará —previa ratificación del Senado— al frente de la embajada mexicana más importante y complicada, como ha sido siempre la relación bilateral, ante el arribo de Joe Biden como nuevo presidente de la Unión Americana. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, Opinión, p.8)
El gobierno de México se va a encontrar ante una relación totalmente distinta con la nueva administración de Estados Unidos.
La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, hemos insistido, cambia todo.
Desde luego que López Obrador y su equipo tuvieron sus razones (equivocadas) para jugársela con Trump, el presidente más antimexicano de la historia de las relaciones en más de un siglo.
Sin embargo eso no lo entienden en el entorno de Biden que se ocupará de las relaciones con el hemisferio occidental. Y para el caso no importa quién tiene la razón, sino lo que ellos perciben.
No habrá venganza, reiteran. Pero la relación va a cambiar y se regirá por los acuerdos y tratados que tienen los dos países.
Se acabó la relación de cuates, pero subordinados, que tuvo la administración de López Obrador con el gobierno de Donald Trump.
En estos dos años a López Obrador le han preocupado más las remesas (el dinero) de los paisanos que el respeto a su dignidad y sus derechos.
Completamente a la inversa de lo sucedido con Trump, de Biden podemos esperar un trato mucho más humano hacia los indocumentados y estudiantes mexicanos sin papeles.
Salvo que el gobierno de México decida “calar” –como decía Octavio Paz– a la administración Biden, y regresen los viajes todo pagado de centroamericanos del Suchiate al río Bravo.
Ojo, no buscarán venganza, pero tampoco se chupan el dedo.
La relación de gobierno a gobierno se perfila profesional, con una agenda más amplia que la migratoria. (Pablo Hiriart, El Financiero, Opinión, p.35)
En su carrera afiebrada por derruir las instituciones del pasado neoliberal, incluso algunas que fueron creadas como respuesta a reclamos ciudadanos, como los organismos autónomos que, aun con sus defectos, favorecen la rendición de cuentas y la transparencia, y en su afán por conducir al país hacia un destino incierto, los alfiles de la 4T empujan con apresuramiento, iniciativas que llegan a configurar más que un disparate, un riesgo a nuestra precaria democracia y a la seguridad nacional.
Con el pretexto de beneficiar a los trabajadores migratorios que traen algunos de sus ahorros en efectivo (el grueso lo envían a través de transferencias bancarias), la iniciativa de reformas a la Ley del Banco de México, de Ricardo Monreal, pretende convertir al Banco de México en una “lavandería” de los dineros ilícitos del crimen organizado.
Frente a los argumentos del propio Banco de México y las advertencias de los subgobernadores Gerardo Esquivel y Jonathan Heath, la respuesta del senador Alejandro Armenta, presidente de la Comisión de Hacienda, ha sido grosera y demagógica.
Esquivel advierte los riesgos en un tuit del 10 de diciembre: “Lamentable que se hayan aprobado en el Senado reformas que ponen en riesgo a las reservas internacionales y que atentan contra la autonomía del Banco de México. Espero que en la Cámara de Diputados se corrija esta situación”.
Y Jonathan Heath no duda en denunciar una propuesta dirigida a beneficiar a una empresa con problemas con la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos que no tiene capacidad para repatriar dólares. No necesita decir su nombre, se trata de Banco Azteca, de Ricardo Salinas Pliego, ayer miembro de la “minoría rapaz” y hoy amigo y aliado del presidente López Obrador.
El senador Armenta defiende la iniciativa con argumentos para las graderías, dice que la reforma habla “a favor de nuestros hermanos trabajadores migrantes” y, para hacerlo acusa al Banco de México de estarse comportando como una dependencia del FMI. “Ellos [Banxico] ven por intereses financieros, mientras nosotros, en el Senado, vemos por el pueblo,” argumenta. (Alfonso Zárate, El Universal, Opinión, p.13)
Chipotudo no es parejo

(El Fisgón, La Jornada, Política, p.5)