Opinión Migración 181220

El horizonte Biden

 

Entre noviembre de 2016 y enero de 2017 muchos predijeron el advenimiento de una era catastrófica para México. El inicio de la presidencia de Donald Trump, un racista antimexicano, un político temperamental, imprevisible y atrabiliario, un orador violento y agresivo, habría de ser necesariamente desastrosa para nuestro país. El comercio bilateral llegaría a su fin, la Casa Blanca obligaría a las empresas estadunidenses establecidas al sur del Río Bravo a regresar a su nación para crear empleos allá y se construiría el muro fronterizo prometido por Trump durante su campaña, pagado, para colmo, por los propios mexicanos; a fin de cuentas, el presidente entrante tenía a la mano abundantes instrumentos para llevar a cabo una extorsión en gran escala en contra de su vecino del sur.

 

Nada de eso ocurrió. Por exigencia de Trump, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) fue renegociado con sobresaltos y tensiones, sí, pero de manera exitosa y en algunos capítulos, como el laboral, positiva para nuestro país. Peña Nieto tuvo la sensatez de incluir en el equipo negociador mexicano al equipo del entonces presidente electo, éste se plantó en un sólo punto irrenunciable –el de no incluir el sector energético en el instrumento trilateral– y la contraparte estadunidense cedió por primera vez ante una línea roja mexicana. Al final del Peñato no se había materializado ninguna de las amenazas procedentes de Washington, y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) inició su sexenio con una legitimidad incuestionable y un respaldo social ampliamente mayoritario que le permitieron negociar con Washington en pie de igualdad.

 

En el tiempo que va desde la llegada de AMLO a Palacio Nacional, el único pico de alta tensión en la relación bilateral ocurrió entre mayo y junio de 2019 por la amenaza de Trump de imponer un arancel generalizado de 5 por ciento a las exportaciones mexicanas si nuestro gobierno mantenía su política inicial de ruta abierta a la migración. De inmediato se iniciaron negociaciones y la parte mexicana cerró su territorio al tránsito hacia Estados Unidos –no así a los inmigrantes– y la estadunidense retiró la amenaza. (Pedro Miguel, La Jornada, Opinión, p.21)

 

Aguas turbulentas entre vecinos

 

Hay aguas turbulentas entre México y Estados Unidos en estos días, justo en el momento en que debería haber estrategias de acercamiento mutuo. Después de cuatro años de golpeteo a México y a los migrantes mexicanos en Estados Unidos desde la Casa Blanca, viene una administración nueva en el país vecino que considera a México un socio importante y a los migrantes mexicanos una parte integral y productiva del tejido social.

 

Irónicamente, las olas no vienen esta vez de temas migratorios ni del comercio. Es probable que los dos gobiernos mantengan las estrategias actuales en materia migratoria al inicio, y empiecen a darles un rostro más humano poco a poco en los meses que vienen para tener más orden en la frontera común. Y con la aprobación del T-MEC, el tema comercial parece estar resuelto, por lo menos en grandes rasgos.

 

Ahora vienen las olas en temas de seguridad, por dos leyes que han estado circulando en el Congreso mexicano. Uno cambiaría la ley del Banco de México para que compre dólares que no vienen de instituciones financieras reconocidas. La otra, una ley sobre cooperación en seguridad que pone límites al tipo de cooperación que se puede dar con agencias extranjeras de seguridad.

 

Ambas surgen por razones propias en el terreno del debate mexicano, pero desde la óptica extranjera parecen un guiño al narcotráfico. Y son efectivamente un regalo de Navidad con todo y moño para el crimen organizado y las fuerzas corruptas de México. Desde luego, ésto no es la intención de los legisladores, pero así se percibe y así serán las consecuencias. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p.14)

 

Información pública y migración

 

Este 18 de diciembre conmemoramos el Día Internacional del Migrante. Personas valientes que se ven forzadas a abandonar sus comunidades de origen debido a la inseguridad, a las carencias económicas y de oportunidades de desarrollo, entre otras causas. Las y los migrantes deben afrontar situaciones que ponen en peligro su seguridad y bienestar. Su fragilidad, a partir de su situación jurídica, económica y social, origen étnico, religión y hasta el lenguaje, acentúa su vulnerabilidad a ser sujetos de violaciones de sus derechos humanos y a sufrir discriminación. Este escenario agudizado por la crisis sanitaria los ha posicionado en una situación aún más delicada.

 

De acuerdo con el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2020 de la Organización Internacional para la Migración (OIM), hay cerca de 272 millones de personas migrantes internacionales; el 48 por ciento de éstas son mujeres. Además, el informe Mujeres Migrantes y refugiadas en el contexto de la Covid-19 elaborado por la OIM y ONU Mujeres registró que 74 por ciento de las migrantes trabajan en el sector de servicio, la mayoría realizando trabajo doméstico en condiciones laborales precarias, lo cual las expone a mayores situaciones de discriminación, abusos, pobreza y exclusión social. Se estima que en México, país de origen y tránsito, 22.8 por ciento del flujo de tránsito corresponde a mujeres centroamericanas, las cuales experimentan alta prevalencia de sufrir alguna forma de violencia sexual en su paso por nuestra nación.

 

En perspectiva nacional, la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) 2018 del Inegi, señaló que un millón 74 mil personas que radican en México nacieron en otro país. De estos, 40 por ciento residen en las entidades del norte del país. Por otro lado, se enfatiza que 84.8 por ciento de emigrantes tiene como principal destino Estados Unidos de América, observando también un aumento en la emigración legal pues 70.9 por ciento contó con algún documento. Del total de emigrantes internacionales, 37.7 por ciento regresaron a México, el resto continúa en el extranjero. (Blanca Lilia Ibarra Cadena, Contrareplica, Opinión, Online)

 

Respetar y garantizar los derechos de las personas migrantes en tiempos de COVID-19

 

A fines del año 2000 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó que tal día como hoy, el 18 de diciembre, sería el Día Internacional del Migrante. Aquella decisión quedó fundamentada a partir de una evidencia contundente: la migración es la megatendencia del siglo XXI, con una cantidad cada vez mayor de personas migrantes en el mundo.

 

Con la proclamación de esa jornada mundial se invitó a los Estados parte de Naciones Unidas a “difundir información sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales” de las personas migrantes, así como a intercambiar experiencias y formular medidas para protegerles. El mandato de la agencia de la ONU que represento, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), parte del principio de que la migración en forma ordenada y en condiciones humanas beneficia a las personas migrantes y a sus comunidades. Como principal organización internacional para las migraciones, trabajamos con nuestros socios para ayudar a encarar los crecientes desafíos que plantea la gestión de la migración a nivel operativo, fomentar la comprensión de las cuestiones migratorias, alentar el desarrollo social y económico a través de la migración; y velar por el respeto de la dignidad humana y el bienestar de las personas migrantes.

 

¿Y eso en qué se ha traducido en México? La OIM comenzó a trabajar en este país en 2004. Actualmente la OIM cuenta con dos oficinas en la Ciudad de México y oficinas en Tenosique, Tapachula, Ciudad Juárez, Tijuana y Mexicali. (Dana Graber Ladek, El Universal, Online)

 

Migración y pandemia: una crisis dentro de otra

 

Las personas migrantes irregulares, especialmente las que van en tránsito, son desde hace décadas las más vulnerables entre las vulnerables.

 

En esa condición las encontró la pandemia: en movimiento, como siempre, y en rutas clandestinas o extremadamente difíciles.

 

Así es que cuando el mundo se detuvo ante la primera ola del covid-19, los migrantes en tránsito supieron de unas medidas de protección que ellos no podían gozar ni cumplir.

 

Si se trataba de confinamiento doméstico… ¿podían los centroamericanos devueltos por Estados Unidos a las entidades fronterizas de México “quedarse en casa”? ¿Podían hacerlo los 9 mil afganos que salían cada día de Irán en busca de un retorno precipitado, sin empleo y con hambre? ¿Podían los africanos a los que marzo sorprendió en el norte de Marruecos a punto de mal embarcarse hacia Europa? No, el confinamiento, la restricción temporal a la que recurrieron la mayoría de los países, no era para ellos.

 

Tampoco lo eran las medidas de prevención como el aseo de manos y la sana distancia, porque la mayoría de los migrantes en movimiento no tienen acceso al aseo frecuente ni al agua potable, y los que están asegurados o en custodia permanecen en condiciones de hacinamiento.

 

En su carácter de caminantes, o de navegantes siempre al borde del naufragio, se enfrentaron también a las medidas que muchos estados adoptaron. Las declaraciones de emergencia los sorprendieron mientras daban un paso que ya no pudieron terminar, porque no podían seguir moviéndose en un mundo que se había detenido, y tampoco tenían dónde quedarse. (Mauricio Farah Gebara, Milenio, Opinión, p.8)

 

Joe Biden y AMLO

 

También Trump se retiró del Acuerdo de París para combatir el cambio climático.

 

En contraste, Trump atizó el racismo y la xenofobia dentro de su país. Agarró como blanco de ataque, desde el principio, a los mexicanos: aseguró que deportaría a once millones de indocumentados y que levantaría un muro fronterizo. Nos trató con la punta del pie.

 

Con todo y eso, López Obrador fue a la Casa Blanca a agradecerle a Trump que hubiese mejorado el trato hacia nuestros compatriotas radicados en la Unión Americana.

 

Pero la pregunta sigue en el aire: ¿por qué AMLO asumió una actitud dilatoria al reconocer la legítima victoria de Biden? Considero que, además de la pataleta porque no ganó su “gallo”, está de por medio el que López Obrador sabe que el ex vicepresidente es un demócrata en el doble sentido de la palabra: 1) Pertenece al Partido Demócrata que en términos norteamericanos es un partido liberal (progresista), contrario, al Partido Republicano que agrupa a los conservadores. (José Fernández Santillán, La Crónica de Hoy, Opinión, p.1)

 

Biden, ¿y ahora?

 

En política, no tomar una decisión es, en los hechos, hacerlo. Amarrarse a la aventura de Trump del fraude electoral hasta el final, sin duda confirmó el grado de compromisos que el gobierno de Morena hizo con el político que más ha violentado la soberanía de México y, por su conducto, la dignidad y derechos humanos de los migrantes centroamericanos.

 

Morena no es un gobierno de izquierda, es una mixtura de expriistas, perredistas, y todo lo que usted, lector, pueda imaginar. Es más de lo mismo. Y por ello no extraña esa alineación con Trump, al que incluso le ayudó a hacer campaña en su propia tierra.

El argumento de no reconocer el triunfo de Biden bajo la premisa de que se esperaría al fallo oficial, alegando haber sufrido en carne propia “la cargada”, no fue más que una salida que movió a la risa en los círculos diplomáticos de Washington.

 

Y ahí justamente se ejemplificaron las similitudes del derrotado Trump con la del candidato López Obrador en las elecciones de 2006. Los analistas del Partido Demócrata veían claramente cómo la resistencia del republicano y sus acusaciones de fraude tenían como objetivo minar la credibilidad de su sistema electoral, y compararon el efecto que, de manera similar, ocurrió en México.

 

Para ellos está claro que ambos políticos obedecen al mismo racional de demeritar las instituciones. Desviándonos momentáneamente, podemos decir que el exhorto del INE al titular del Ejecutivo federal para no interferir en las elecciones del 2021 dio justo en el blanco y confirmó el diagnóstico demócrata.

 

Recuérdese el desliz del “ya cállate, chachalaca”, expresado por el candidato AMLO en marzo del 2006 en contra del presidente Fox, quien decidió meterse discursivamente a la elección. Y hoy se pone en el mismo lugar, reclamando libertad de expresión. (Jorge Camargo Zurita, Excélsior, Opinión, p.16)

 

Pulso Político

 

DE ESTO Y DE AQUELLO…

 

En lo que pareció ser un segundo mensaje para el próximo ocupante de la Casa Blanca en Washington, el Presidente López Obrador declaró que los gobiernos extranjeros no le imponen nada a México porque “no somos títeres, no somos colonias de ningún Gobierno extranjero”, y volvió a invocar los principios de política exterior del país, como lo hizo en la carta de la tardía felicitación a Joe Biden, el demócrata ganador de la pasada elección en Estados Unidos.

 

Ésa fue la respuesta que dio en su reciente visita a Sonora, cuando se le preguntó si el programa Quédate en México, acordado con el aún presidente de EU, Donald Trump, lo que negó porque, dijo, fue una decisión que tomamos nosotros y “a nosotros no nos imponen los gobiernos extranjeros nada”, lo que recordó la movilización de miles de efectivos de la Guardia Nacional a las fronteras del país para evitar el paso de migrantes centroamericanos a “solicitud” de aquel. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, Opinión, p.4)

 

La Embajada en Washington

 

Ningún país en el orbe mantiene la estructura consular que el Estado mexicano tiene en Estados Unidos. Entre consulados generales (que requieren ratificación del Senado o en su caso de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión) y de carrera, México tiene 67 representaciones consulares en el orbe, de las cuales más de 50 están en el poderoso vecino del Norte. Más de 30 millones de mexicanos, de nacimiento o de origen mexicano, más uno de los mayores índices migratorios y comerciales del orbe, lo explican. La sincronización, coordinación y apoyo desde la embajada mexicana con las tareas consulares que no tienen descanso, es una tarea apremiante, pero no la única como muchos creen. La relación con el Legislativo estadounidense es imperativa como lo respaldó el TLCAN y el T-MEC además de la reunión interparlamentaria que con más de medio siglo es un instrumento al diálogo entre los Estados. La propia dinámica local y regional en la Unión Americana en un país donde el impacto de lo local tiene resonancia en el Capitolio, amerita no sólo el diálogo con el Departamento de Estado sino con cada gobernador. A ello se suma la interlocución con las empresas de ese país que envían más del 60% del total de la Inversión Extranjera Directa a México, entre ellas, las de la rama energética. Como reto mayúsculo y amenaza binacional, el combate al narcotráfico, lavado de dinero, contrabando de armas, vehículos, sustancias prohibidas y cuanta mercancía que abone al mercado negro, son una tarea monumental que el embajador deberá instrumentar con las pinzas que combinan oficio, vocación, conocimiento y constancia.

 

El referente cultural no es menos importante. México, el país con mayor número de hispanoparlantes, heredero civilizacional y con infinidad de muestras de cultura tiene un amplio intercambio con algunas de las instituciones culturales más importantes del mundo que tienen sede en EU. No se diga del diálogo académico y la relación con la prensa, medios digitales, las organizaciones civiles e infinidad de actores con las que el embajador mexicano debe tener interlocución para la defensa de los intereses mexicanos.

 

Desde la postguerra diversos gobiernos de México han enviado a personalidades a la embajada en Washington, D.C. Por más méritos que tengan los embajadores mexicanos en Washington dependen de dos mandamientos, la claridad de los objetivos e instrumentos de su jefe el Ejecutivo Federal y dos, la capacidad del Estado mexicano para no herir los intereses nacionales en una vía que transita entre la asimetría y el realismo. (Juan Pablo Calderón Patiño, Reforma, Opinión, p.12)