Entra Ebrard en contacto con el equipo de Biden.- Y mientras Washington ardía, y luego de la afrenta que consideraron algunos demócratas la oferta de asilo de López Obrador a Julian Assange, ayer el canciller Marcelo Ebrard tuvo una reunión virtual con Jake Sullivan, designado como asesor de seguridad nacional del presidente electo Joe Biden. Según la Cancillería, ambos funcionarios acordaron continuar con el diálogo bilateral y diseñar de manera conjunta una estrategia regional para procurar que los flujos migratorios sean ordenados, seguros y regulares. Interesante, sobre todo después de saber ayer que grupos Beta del INM recuperaron los cuerpos de 53 migrantes mexicanos y centroamericanos, entre enero y diciembre. (El Financiero, Nacional, p. 25)
En papeles el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha reconocido por fin a Joe Biden como mandatario electo de Estados Unidos. Pero es un hecho que el relevo en la Casa Blanca todavía no acaba de acomodarse en el ánimo del presidente mexicano. Por muchas razones se sentía muy cómodo con Donald Trump, en una alianza tan improbable como ficticia, pero alianza al fin, que ambos intentaron usar en su propio provecho. Pero al margen de sus mutuos intereses, lo cierto es que creció entre ellos una empatía y una relación personal que AMLO extrañará.
Desde luego ambos tenían razones políticas para acercarse al otro. Para Trump, López Obrador constituía un recurso para resolver el flujo migratorio de centroamericanos que pasan por México y cuyo volumen había superado la emigración mexicana.
Y quizá aún más importante, particularmente en los dos últimos años: AMLO era un personaje clave en la tarea de aumentar el número de votos latinos al acercarse la campaña de reelección.
En ambos aspectos nuestro Presidente superó las expectativas del republicano. No solo aceptó cumplir el papel de “cadenero” en la gestión y retención de centroamericanos, también se prestó a promover la figura de Trump al arranque de la campaña de reelección.
En una mediática visita a la Casa Blanca el mexicano cubrió de elogios a su colega, quien los explotó al máximo en la publicidad electoral.
Nada de este estilo prevalecerá con Joe Biden, un político y funcionario profesional, formado en la costumbre de llevar los asuntos públicos a través de canales institucionales y relaciones multilaterales.
Para el nuevo gobierno las relaciones entre ambos países no dependerán de lo que pueda o no lograr una llamada telefónica, sino de una agenda fragmentada en una miríada de frentes: migración, drogas, frontera, aspectos ambientales, aguas, comercio, inversiones, mano de obra, derechos humanos y un largo etcétera. Cada uno de estos temas será conducido por instancias especializadas que remitirán al Pentágono, al Departamento de Justicia, al Senado, al Departamento de Estado y a la Casa Blanca, entre otras dependencias. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio Diario, Política, p. 13)
El próximo 20 de enero Joe Biden asumirá como 46° presidente de los Estados Unidos. ¿Cómo afectará este cambio de gobierno las relaciones entre Washington y América Latina? A continuación, algunas pistas.
Una perspectiva de conjunto muestra, por un lado, que América Latina es el reino de la tensión y la desconfianza.
Durante los últimos cuatro años Estados Unidos mostró poco interés en América Latina, aunque esta indiferencia no implicó la ausencia de una perspectiva sistémica, simple, pero perspectiva al fin basada en la decimonónica Doctrina Monroe.
Con México existen expectativas fundadas de que se sucederán elementos de ruptura y continuidad. Entre los primeros, se espera un enfriamiento político de las relaciones bilaterales que quedarán más o menos lejos de la extraordinaria afinidad personal entre López Obrador y Trump. Nacerán nuevos conflictos a partir del anunciado monitoreo estadounidense de derechos laborales y cuestiones ambientales en el marco TMEC.
Colombia mantendrá su status de país clave para Estados Unidos, tal cual lo es desde los años noventa, y los países del triángulo norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) continuarán siendo una pieza muy importante para el control de las marchas migratorias que pretenden llegar a Estados Unidos. (Carlos Moreira, El Universal, Opinión, On line)
La iniciativa aprobada por el Senado a la Ley del Banco de México (LBM) señala que su objetivo general es apoyar a los mexicanos que han migrado a los EUA, a sus familias, y a las víctimas, brindando una solución al problema del destino de dólares en efectivo que se captan a través del sistema bancario. Esa medida ayudaría a los bancos y no a los migrantes y a las familias mexicanas.
Actualmente la LBM dispone que las divisas son los billetes y las monedas metálicas extranjeros, depósitos bancarios, títulos de crédito, los medios de pago internacionales, entre otros. Con la reforma se pretende que, los billetes y las monedas metálicas extranjeros captadas por bancos mexicanos que no puedan ser repatriados a su país de origen, sean adquiridos de manera obligatoria por el BM para que formen parte de la reserva de activos internacionales.
Sería conveniente que, antes de tomar una medida legislativa como la que está en trámite ante las Cámaras, plantear a las autoridades y a la banca americana un acuerdo para que los compromisos de identificación y alta gerencia se cumplan de manera recíproca sin afectar la situación laboral de los migrantes mexicanos, garantizando al máximo los casos de repatriación de divisas hacia los Estados Unidos, lo que es posible si se acepta que las remesas enviadas desde aquél país, no tienen un origen ilícito porque se trata del producto del trabajo de nuestros paisanos.
Solamente el uno por ciento del total de las remesas recibidas en México es en efectivo, el resto es remitido mediante instituciones norteamericanas; es necesario aceptar el problema y buscar soluciones para que no se confundan con los recursos de la delincuencia organizada, reforzando las medidas de identificación del cliente para conocer e identificar a las personas en cuanto a su perfil para utilizarlo por las autoridades de ambos países. (Daniel Cabeza de Vaca Hernández, El Universal, Opinión, On line)
Julian Assange es un ave de tempestades. La labor y la personalidad del australiano no deja espacio para las medias tintas: algunos lo idolatran y otros, sobre todo en las esferas gubernamentales, le tienen odio jarocho. Con sus conocimientos cibernéticos logró infiltrar los principales servicios de inteligencia, cables de las embajadas y las comunicaciones oficiales más delicadas.
En este contexto, el Presidente de la República ofreció asilo político en México para Julian Assange. Siendo esa ave de tempestades, el ofrecimiento ha creado el efecto esperado: entusiasmo por parte de los admiradores del australiano y enojo de los gobiernos que se sienten agraviados por sus actividades. Cuando era vicepresidente, Joe Biden lo calificó como un “terrorista de la alta tecnología”. Ahora, ese mismo personaje está a dos semanas de ser el presidente de Estados Unidos. Es probable que este asunto haya puesto a México en el radar del nuevo mandatario norteamericano. Así que, si bien existen elementos para ofrecer asilo a Assange, también debe sopesarse el impacto que tendrá en la relación bilateral y el hecho de resguardarlo en México de manera indefinida. ¿Seguiría con su operación de Wikileaks desde territorio nacional o se le impediría hacerlo? ¿Cómo lo tomará el gobierno de Estados Unidos que solicitó su extradición? Esa es la ecuación que no parece resuelta. En suma, ¿esto favorece o perjudica el interés nacional de México? (Enrique Berruga Filloy, El Universal, Opinión, p. 11)
Lo ocurrido en el Capitolio de Washington es una alerta para países con regímenes populistas “de izquierda o de derecha” encabezados por líderes que han demostrado que no saben perder. De eso sabemos algo los mexicanos.
Coincido plenamente con Richard Ensor, jefe de la oficina de The Economisten México, quien le pide al presidente López Obrador se pronuncie contra los “golpistas”, como ya lo hicieron otros líderes mundiales.
Escribió en Twitter: 1 “Seria un gran momento para que López Obrador muestre un poco de su legendario compromiso con la democracia, reiterando su apoyo al amenazado proceso democrático en Estados Unidos”.
Es también la oportunidad de hacer un gesto amistoso hacia el presidente electo, Joe Biden, después de la tardanza en reconocer su victoria en las presidenciales.
No sólo eso: avaló una ley que restringe actividades de agentes extranjeros en México, y dio un golpe a las energías limpias que defiende el demócrata.
Recientemente, ofreció asiló al australiano fulian Assange, lo que, estamos seguros, no hubiera sucedido si Donald Trump se hubiese reelecto. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Júbilo por oferta de asilo de López Obrador a Julian Assange
La jueza federal británica Vanessa Baraitser determinó que Julian Assange, fundador de Wikileaks, no sea extraditado a Estados Unidos, debido a sus precarias condiciones de salud mental. Sepla México se congratula de tal decisión. Assange se encuentra sometido a una injusta prisión en Reino Unido, después de que el actual presidente de Ecuador, Lenín Moreno, le retiró la condición de refugiado, la cual valiente y solidariamente le había concedido el ex presidente Rafael Correa.
Julian Assange es un preso político. Su encarcelamiento es una flagrante violación de los derechos humanos y de la libertad de expresión, universalmente reconocidos. Su único delito es haber denunciado los crímenes cometidos por el imperialismo estadunidense en sus guerras perpetuas en Afganistán e Irak, así como haber puesto al desnudo las torturas efectuadas en la base de Guantánamo.
Nos congratulamos igualmente de la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de ofrecer asilo político al fundador de Wilileaks cuando sea liberado. Ello es una muestra de congruencia con la tradicional política exterior mexicana (…) (Arturo Guillén, Josefina Morales, La Jornada, p. 8)