La toma del Capitolio es el colofón de un gobierno que ha sido polarizante, discriminador, agresivo y autoritario.
No era un escenario que se pudiera prever, lo que se veía venir es que por como ha gobernado Trump y por su forma de ser la violenta reacción de sus seguidores era factible.
Por un lado, Trump se la ha pasado azuzando a sus simpatizantes con discursos que han buscado la confrontación, lo ha hecho desde siempre y particularmente desde que fue candidato a la presidencia.
Lo que ha hecho estos días es una continuación de sus estrategias, las cuales ha intensificado ante su evidente derrota. Es más de lo mismo, pero ahora lo hace en la adversidad para defender su supuesta victoria sin que haya presentado elemento alguno que lo demuestre. (Javier Solórzano Zinser, La razón, Opinión, p.2)
El Presidente Andrés Manuel López Obrador se abstuvo, “por respeto a la política exterior de otros países”, de opinar sobre los hechos de violencia en la sede del Congreso de Estados Unidos, instigados por su homólogo, Donald Trump, pero en cambio, criticó que Twitter y Facebook le hayan suspendido indefinidamente sus cuentas a éste durante dos semanas hasta que concluya la transición pacífica y el presidente electo Joe Biden asuma el cargo el 20 de este mes.
En su mañanera en Palacio Nacional declaró que “no le gustó” que ambas empresas censuren al mandatario estadounidense y le quiten el derecho de transmitir un mensaje, con lo que “no está de acuerdo con eso y no lo acepto”, lamentó la pérdida de vidas humanas porque “en eso sí podemos expresarnos”, porque todos los conflictos deben resolverse por la vía pacífica”.
DE ESTO Y DE AQUELLO
Después de acabar con los fideicomisos, el Presidente López Obrador va ahora contra los organismos autónomos, como el Instituto Federal de Telecomunicaciones y el de Acceso a la Información, que serían “absorbidos” por las secretarías de Comunicaciones y de la Función Pública, con lo que se “ahorrarían” 20 mil millones de pesos para la adquisición de vacunas anti-Covid-19. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, Opinión, p.4)
Virgilio Andrade, presidente del Inai
La intención del presidente Andrés Manuel López Obrador de “fusionar” al Inai con la Secretaría de la Función Pública (SFP), nos dicen, es risible por los antecedentes que esa dependencia ha tenido en el combate a la corrupción dentro de la 4T. No hay que olvidar que la cabeza de esa institución, Irma Eréndira Sandoval, no vio nada malo con los contratos asignados al hijo de Manuel Bartlett ni con las propiedades que este omitió en sus declaraciones patrimoniales. Tampoco ha dicho nada sobre las licitaciones y asignaciones otorgadas en Pemex a Felipa Obrador, la prima del presidente. ¿Ahora será la Función Pública de este gobierno la que decida qué documentos pueden ser públicos y cuáles no? Sería lo mismo que si Enrique Peña Nieto hubiera propuesto a su escudero, Virgilio Andrade, como presidente del Inai.
Quieren a Rosa Icela para SLP
Empieza a sonar la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, como el perfil que puede garantizar el triunfo de Morena en la gubernatura de San Luis Potosí, luego de que el alto mando del partido oficial incluyó al estado huasteco en su lista de siete entidades donde postulará mujeres, en cumplimiento de la orden que giró el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). La periodista es originaria de Xilitla, San Luis Potosí, y aunque gobernar su estado no está en sus propósitos, el mismo dirigente Mario Delgado, nos dicen, baraja la posibilidad. La próxima semana se verá si la idea se concreta con la emisión de una nueva convocatoria. En menos de dos años, Rosa Icela Rodríguez Velázquez pasó de brazo derecho de Claudia Sheinbaum, en la Ciudad de México, a coordinadora de Puertos y Marina Mercante, y de ahí subió al gabinete presidencial, a la cartera de Seguridad. Desde luego, aunque varios liderazgos partidistas están de acuerdo, falta amarrar con ella y, claro, con el presidente López Obrador a quien quizá no le guste tanto tener que buscar, de nuevo, titular de Seguridad.
La seguridad, otro dolor de cabeza en 2021
Nos comentan que, como lo había adelantado el propio presidente López Obrador, en el gabinete de seguridad hay una preocupación por el clima de violencia que hay en Guanajuato y en Michoacán. Nos detallan que es tanta la preocupación que hoy viernes iniciará una gira por Michoacán, donde a principios de la semana, la vocería de Presidencia había divulgado que el Ejecutivo federal inauguraría dos cuarteles de la Guardia Nacional, en Zamora y en Cotija. Sin embargo, nos hacen ver que de última hora se cambió la agenda del presidente y se apuró a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) para que el mandatario inaugure otro cuartel más en la comunidad michoacana de Maravatio, y de pasada, otro en Tecomán, Colima. Nos dicen que con los cuarteles se espera que baje el índice de homicidios y de violencia que azota esa entidad. (El Universal, Opinión, p.2)
Pensamos en este año como el de las vacunas, la esperanza de salir del confinamiento o la agudización de la crisis económica. En México, todo esto estará asociado a una fecha clave, que moverá la aguja en la operación del gobierno, sus opositores, la prensa, y los grupos de poder: el 6 de junio, día de las elecciones federales. Todo lo demás que usted verá en los próximos meses tendrá que ver de algún modo con esta fecha.
Me explico: El 6 de junio marcará la mitad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en términos prácticos. Ese día, también, se renueva la Cámara de diputados y se elegirán 15 gobiernos estatales, 30 congresos locales, alcaldías, regidurías…21 mil puestos habrá en juego ese domingo, cuando votarán, según el padrón electoral, 92.4 millones de mexicanos. (Peniley Ramírez, El Universal, Opinión, p.2)
Hace dos días, Donald Trump decidió jugarle al Mussolini. Incitó a sus simpatizantes —algunos de los cuales portaban camisetas con leyendas nazis— a tomar por asalto el Congreso de los Estados Unidos, en un esfuerzo desesperado para prevenir la ratificación de la victoria electoral de Joe Biden.
La intentona golpista fracasó, por supuesto. Con Trump, la ineptitud acaba siempre derrotando a la malevolencia. Pero esto no es, ni con mucho, el fin del trumpismo. Una encuesta telefónica de la empresa YouGov difundida ayer mostró que uno de cada cinco estadounidenses aprueba el intento de toma del Congreso. Entre los votantes republicanos, ese porcentaje sube a 45%.
Dicho de otro modo, el extremismo trumpista tiene base social y probablemente sobreviva por muchos años, aún si el propio Trump sale de la escena pública. Y, dadas las peculiaridades del sistema político estadounidense, no es imposible que, en un futuro no muy lejano, pueda volver a conquistar el poder. (Alejandro Hope, El Universal, Opinión, p.7)
NADA MÁS porque ya arrancó el proceso electoral 2021 pero a Andrés Manuel López Obrador nada más le faltó el INE en la lista de organismos incómodos… perdón, autónomos que quiere desaparecer.
PERO que nadie se extrañe si pasando las elecciones revive a la Comisión Federal Electoral que desde 1951 hasta 1990 organizó los fraudes electorales… perdón de nuevo, las elecciones federales, con el secretario de Gobernación en turno como su presidente.
HASTA podría poner al frente a Manuel Bartlett quien ya tiene experiencia tras del “destacado” papel que jugó en la caída del sistema, en 1988.
Y YA encarrerados, habrá que estar pendientes por si a AMLO le da, por ejemplo, por revertir la autonomía que el Banco de México obtuvo en 1994.
MIENTRAS Hugo “Único en el Mundo” López-Gatell anda de gira por Argentina, por acá cuentan que está a punto de caerse… ¡pero para arriba!
SEGÚN ESTO, el desgastado funcionario dejará pronto su cargo por la puerta grande pues tiene sobre la mesa ofertas para irse como embajador a un país europeo, para representar a México ante la OMS, o para ser diputado federal plurinominal.
POR LO PRONTO, a López-Gatell nadie le quita lo paseado y la posibilidad de disfrutar un buen churrasco sin etiqueta de “Exceso de grasa”, unos ricos alfajores sin etiqueta de “Exceso de azúcar” o la dicha de que alguien que lo reconozca en Buenos Aires lo pueda saludar con un afectuoso: “¡Che suertudo!”. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)
Uno de los problemas de mentir es que después hay que inventar otras mentiras para cubrir la primera. Esto le está ocurriendo a Manuel Bartlett, director general de la Comisión Federal de Electricidad, con el apagón del día de los inocentes que afectó a 10.3 millones de usuarios.
Bartlett y la CFE han culpado a una supuesta quema de pastizales, como lo hicieron con los apagones de la península de Yucatán de 2019. Para comprobarlo presentaron un oficio de la Oficina de Protección Civil de Tamaulipas, solo que resultó falso.
Bartlett, sin embargo, insiste. “No tiene nada que ver el documento, falso que sea, con el evento que sí ocurrió”. Pero como esto no le sirve para sus propósitos políticos, ni garantiza que pueda cumplir la promesa del presidente López Obrador de que ya no habrá apagones, ha sacado a relucir una vez más su odio a las energías renovables. Tanto él como el director general del Centro Nacional de Control de Energía, el Cenace, han argumentado que una “máxima integración de energía renovable” de 28.7 por ciento en el sistema interconectado provocó la inestabilidad y el apagón. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.8)
Es la primera semana del año 2021 y ya atestiguamos el escándalo de lo sucedido en Washington, estoy todavía atragantada con las imágenes y sin comprender lo increíblemente fácil que fue para los seguidores de Trump irrumpir en el Capitolio y desastrarlo todo. Me doy cuenta de que tengo miedo de opinar al respecto. Reconozco que no es prudencia, es miedo.
Hago scroll dawn en mi cuenta de Twitter y entonces comprendo que lo que me asusta son esos nueve millones de usuarios desbocados en México y esas 340 millones cuentas en el mundo; Twitter podría ser el tercer país más poblado del mundo si los usuarios fuéramos sus habitantes. Entonces pienso en el experimento de la cárcel de Stanford.
El suceso es bastante conocido pero para quienes no tengan la referencia: se trató de un experimento que el psicólogo Philip Zimbardo realizó en 1971 reclutando a veinticuatro estudiantes universitarios para que simularan estar en prisión durante dos semanas, la mitad de ellos serían reos ficticios y la otra mitad serían guardias; a cambio recibirían un pago de 15 dólares diarios. Al sexto día tuvieron que interrumpirlo porque las agresiones físicas, las humillaciones y las manifestaciones de violencia habían escalado. El experimento se salió de control y -todavía hoy, se sigue analizando, tejiendo y destejiendo el infinito manto de la conducta humana. (Alma Delia Murillo, Reforma, Opinión, p.8)
Después de que cuatro personas murieran a resultas del asalto al Capitolio, perpetrado el miércoles por una turba claramente instigada por el presidente Donald Trump, la administración saliente entró en un proceso de franca disolución con la pérdida de apoyos entre el liderazgo republicano y la renuncia en cascada de funcionarios federales.
Hasta el cierre de esta edición, la deserción más significativa fue la de la secretaria de Transportes, Elaine Chao, no sólo por su rango, sino porque se encuentra casada con el que hasta el domingo era el segundo servidor público más poderoso en Washington, el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell. Aunque el vicepresidente Mike Pence no dimitió a su cargo, puede hablarse de que rompió con su jefe desde el momento en que desmintió públicamente tener la capacidad para invalidar los resultados electorales y frenar el nombramiento de Joe Biden como presidente electo. También se ha afirmado que el asesor de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, sólo decidió permanecer en su puesto a instancias de legisladores republicanos, quienes esperan que ayude a suavizar la transición.
El paso de las horas ha permitido aquilatar la monstruosa cadena de acontecimientos que llevó a la interrupción temporal de la normalidad democrática y a la pérdida de cuatro vidas humanas: queda claro que la ruptura de la institucionalidad no comenzó hace dos días o dos meses atrás, cuando Trump inventó la especie de un fraude para ocultar su contundente derrota por más de 7 millones de votos, sino desde el momento en que arribó al Despacho Oval un personaje carente de escrúpulos y que ya entonces arrastraba una cauda de señalamientos por delitos que van desde el acoso sexual hasta la evasión fiscal y la conspiración con poderes extranjeros para adulterar las elecciones. (La Jornada, Editorial, p.2)
Redes y youtuberos, en riesgo // AMLO, ante la censura // Cotidiana revisión de contenido // Gatell en Buenos Aires
Ayer, durante su conferencia mañanera de prensa, el presidente López Obrador abordó el tema de la censura en redes sociodigitales, con el caso Donald Trump como candente pero no única referencia. Más allá del caso del desquiciado multimillonario estadunidense todavía refugiado en la Casa Blanca, el político tabasqueño convocó a un necesario debate sobre el papel de esas trasnacionales de la comunicación ya tan abiertamente poderosas y peligrosas.
Lo hizo en términos aún técnicamente bamboleantes, más bien ideológicamente discursivos, pues el tema fluctúa entre los límites estrictos del derecho privado y el público, ya establecidos los primeros en contratos individuales que cada usuario acepta al incorporarse a servicios de redes sociodigitales (YouTube, Facebook, Twitter, por citar ejemplos relevantes) y los segundos, los correspondientes al interés público de esos ejercicios mediáticos, aún pendientes de regulación eficaz.
Lo sucedido con Trump en horas de abierta negación a que usara ciertos servicios privados de comunicación por Internet es sólo una muestra de la batalla que segundo a segundo se libra en esas redes sociodigitales, durante un tiempo tan ensalzadas por haber constituido una plataforma inicialmente muy dúctil para información y análisis antes disponibles sólo a través de medios convencionales de comunicación.
Hoy, títulos y contenidos de información y análisis serios son revisados, contenidos y castigados en esas redes por censores que cuidan que ciertos temas y palabras delicadas, a su juicio, no contraríen los gustos o intereses de sus anunciantes. Pueden correr por esas vías de alta velocidad productos obscenos (abiertamente, material abominable del crimen organizado, o de abusos e incitaciones de orden sexual), pero aquello que implica posicionamientos o denuncias de índole política e ideológica está bajo una inspección manual o automática que puede implicar el retiro de monetizaciones (forma mercantil de financiamiento, usual en esos programas) a quienes infrinjan las discrecionales políticas de las empresas e incluso el retiro inapelable del servicio a los supuestos infractores. (Julio Hernández López, La Jornada, Opinión, p.10)
Vaya por delante la condena. Pero de allí a lanzar loas a la democracia estadunidense es una falta de respeto. Menos aun señalar su ejemplaridad. Azuzados por el presidente Donald Trump, sus seguidores no dudaron en asaltar el Capitolio bajo la consigna de haber sido víctimas de fraude y robo en las elecciones presidenciales. Son muchos quienes le siguen, dentro y fuera de las instituciones. Cien representantes en la Cámara y siete senadores han negado validez al triunfo de Biden. Para ellos, América se encuentra secuestrada por vendepatrias. Por consiguiente, la sociedad estadunidense es víctima de una conspiración de negros, latinos, minorías sexuales, comunistas y socialistas, cuya finalidad es destruir el país.
Las imágenes de ciudadanos trepando paredes, rompiendo ventanas, invadiendo despachos, son un jarro de agua fría para quienes han aupado a Estados Unidos como salvaguarda de la democracia mundial. Analistas políticos, especialistas en relaciones internacionales, corresponsales, hacen piña. Sólo hay un responsable de la violencia: Donald Trump, un desequilibrado que no asume su derrota. Las cadenas de radio y televisión informan en tiempo real y a la par dan a conocer tuits de jefes de Estado y gobierno occidentales mostrando su rechazo a la toma del Capitolio y su reconocimiento a Joe Biden. El momento era relevante, se estaba validando formalmente, en sesión plenaria, la designación de Joe Biden como presidente. Penúltimo acto para el traspaso de poderes en la Casa Blanca el 20 de enero. Pero el ícono del poder legislativo, el Capitolio, era víctima de un ataque, según diría Hillary Clinton, perpetrado por terroristas nacionales. El acto protocolario se veía empañado, suspendiéndose la votación que ratificaba a Joe Biden como presidente. La invasión se cobraba la primera víctima, una mujer era abatida mientras trataba de colarse en la sala de sesiones. (Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada, Opinión, p.13)
Cuando personas en América Latina, donde Estados Unidos ha apoyado múltiples golpes de Estado, se preguntan porqué no hay golpes en el país del norte, la respuesta suele ser la misma, es que en Washington no hay una embajada estadunidense. La toma del Capitolio en Washington el 6 de enero de 2021 por partidarios de Donald Trump en momentos en que los miembros del Congreso y el Senado se reunían para formalmente certificar lo que ya era un hecho, la elección de Joe Biden como presidente, conmocionó al país y al mundo entero. ¿Sería posible que se intentaba un golpe de Estado en EU?
En la mañana del 6 de enero, Trump animó a una multitud de sus partidarios a marchar hacia el Congreso y salvar a Estados Unidos. Los más de 60 casos legales que Trump había iniciado ante los tribunales, aun con jueces nombrados por su administración, habían sido rechazados. No obstante, ante sus seguidores Trump se presentaba como víctima del fraude electoral más grande en la historia del país. Como en cualquier culto de personalidad, Trum intentaba asociar su figura con la supuesta salvación de la nación.
Ante este panorama no debe sorprender que sus seguidores participaran en una acción como ésta. Ya el grupo armado neofascista los Proud Boys y otros habían convocado a sus miembros a una mega marcha en Washington. Animados por Trump y proclamando USA, USA, los manifestantes derechistas asaltaron el Capitolio, escalando paredes, rompiendo puertas y ventanas y eventualmente tomando las oficinas del Senado y el Congreso. La policía del Capitolio huía ante los derechistas, aun cuando antes hubo quienes se tomaron selfies con los manifestantes. Después de unas horas, cuatro personas habían muerto y 53 habían sido detenidas. Las acciones en el Capitolio obligaron a muchos en EU a cuestionar el estado de su país y a escala mundial su imagen quedó severamente manchada. ¿Con qué moral podrá EU cuestionar la democracia en cualquier nación del mundo? (Miguel Tinker Salas y Víctor Silverman*, La Jornada, Opinión, p.17)
Que en San Luis Potosí la designación de quien abandere a Morena para la gubernatura se encamina hacia una figura femenina, pero actual funcionaria del gobierno priista, ya que las mujeres registradas hasta ahora no cuentan con las preferencias suficientes. Es así como Mario Delgado puso los ojos en Mónica Rangel, secretaria de Salud, rostro estatal del combate a la pandemia y con buena relación con el subsecretario federal Hugo López-Gatell, frente a las opciones ya barajadas de Ricardo Gallardo y Xavier Nava.
Que mientras el dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, abrió la puerta de su partido a los perdedores de los procesos de selección de candidatos de Morena, algunos grupos de poder al interior del blanquiazul intentan cerrar el paso a reconocidas figuras panistas y, por lo pronto, amagan con frenar la reelección de una decena de diputadas federales, entre ellas Laura Rojas, ex presidenta de la Mesa Directiva en San Lázaro, cuyo desempeño en el cargo ha sido públicamente reconocido por el líder de la bancada, Juan Carlos Romero Hicks, y el propio presidente de Acción Nacional.
Que para quienes lanzaron la pregunta sobre qué pasaría en México ante una incursión en San Lázaro similar a la del Capitolio en EU, la experiencia de 2006 con la caótica toma de posesión de Felipe Calderón, por las denuncias de fraude de Andrés Manuel López Obrador, sirvió para que el PRI de la mano de Manlio Fabio Beltrones hiciera ajustes y se reformó el artículo 87 de la Constitución, a fin de permitir al presidente electo rendir protesta ante el Congreso, la Comisión Permanente, las Mesas Directivas o hasta la Suprema Corte. (Milenio, Opinión, p.2)
En el capítulo anterior, el circo ambulante y kukusklanesco de Donald Trum demostró algo que no es que sea una gran sorpresa: que la democracia de la Gran Disneylandia es en realidad de las dimensiones de una elección en un sindicato charro con desviaciones terraplanistas, al que le urge un cambio al menos de medio motor.
Todo fue tan absurdo que aquello parecía un capítulo de Drunk History, donde se narran episodios históricos a través de la mirada de personajes fundamentalmente borrachos.
Solo poniéndote una de mecapalero tipo el ex presichente Jelipillo, te ibas a imaginar a Trum y su caterva de rednecks y hillbillies bufalomojadescos —instalados en la lógica del Tumor— arañando con sus cascorros el árido mármol del Capitolio.
Ellos son el síntoma de una enfermedad del carajo, y que se ha venido gestando desde que los padres fundadores tuvieron la peregrina idea de concebir un sistema electoral más retorcido que la mente de un viejo cochino en un teibol de la Zona Rosa. Es tiempo de que le den una sopleteada a profundidad, una chaineada fuerte, porque ese aparato tiene harto oxidados sus mecanismos, tuercas y rondanas. (Jairo Calixto, Milenio, Opinión, p.3)
En vez de condenar el incendiario atentado a la democracia, el presidente López Obrador lamentó que las principales y “benditas redes sociales” le bajaran el switch a Trump para impedirle seguir azuzando a sus hordas.
Después del error de tardarse como ningún otro gobernante del mundo en felicitar a Biden por su triunfo electoral, desaprovechó ahora la oportunidad de ser de los primeros en reprobar los actos de la fanaticada ultraderechista que niega la derrota del orate.
AMLO recurre a la elástica política exterior mexicana de la no intervención en asuntos de otras naciones, la misma que pasó por alto cuando respaldó las marrullerías electorales de Evo Morales para perpetuarse en la presidencia de Bolivia. (Carlos Marín, Milenio, Opinión, p.7)
Tengo entre mis momentos de orgullo profesional el que el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, hoy Inai, haya resuelto a mi favor una de las primeras solicitudes de transparencia que le tocó discutir.
Hay quien me ha dicho que fue la primera, pero como no me consta, lo dejo así.
Debió haber sido en 2004 cuando pedí al Museo Nacional de Historia que revelara la lista de objetos de valor histórico que guardaba en sus bodegas, y entre las cuales se encontraba entonces una bandera que los soldados mexicanos arrebataron a los defensores de El Álamo, en marzo de 1836.
Quizá había buenas razones para no presumir la existencia del estandarte, pues los herederos y admiradores de los secesionistas texanos que se atrincheraron y murieron a manos de los mexicanos en la antigua misión de San Antonio de Valero llevaban 40 años reclamando su devolución e incluso había versiones de que enviarían un comando a esta capital para recuperarla por la fuerza.
Con el fin de realizar un reportaje sobre esa historia, eché mano de la recién estrenada Ley de Transparencia e hice la petición al museo. Unas semanas después obtuve la respuesta. Me negaron los datos con el pretexto de que se afectaba seguridad nacional. Presenté entonces un recurso de revisión, alegando que no estaba yo pidiendo que me dieran las llaves de la bóveda, sino simplemente que me dijeran qué contenía. Los comisionados del Instituto me dieron la razón. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Opinión, p.2)
Elefantes blancos. En Baja California, tierra gobernada por Jaime Bonilla, hace casi un año, el 29 de enero de 2019, renunció la fiscal anticorrupción, Elizabeth Ojeda Mayoral. Lo hizo por carecer de infraestructura, recursos y personal para realizar la encomienda constitucional. Pese a ello, para este año la Fiscalía Anticorrupción no tiene asignado presupuesto para operar. Ojeda Mayoral había sido electa el 20 de diciembre de 2019. Esa fiscalía especializada es responsable de investigar delitos de servidores públicos, por lo que le corresponde armar las carpetas de investigación de las denuncias por corrupción presentadas en contra del exgobernador Francisco Vega de Lamadrid y al menos seis integrantes de su gabinete. Instituciones en el abandono. ¿Ése es el cambio? Viva la honradez de los mexicanos.
Encarrerados. A pesar de que el peso se depreció con fuerza tras alcanzar su mejor nivel de 10 meses, derivado de compras de pánico luego de lo sucedido en Estados Unidos, la bolsa ganó en línea con sus pares de Nueva York y otras plazas después de que los demócratas consiguieron el control del Senado, abriendo la puerta a un posible estímulo fiscal más grande para la mayor economía del mundo. El peso cotizaba en 20.02 por dólar cerca del cierre de la sesión, con una pérdida del 1.98% frente a los 19.63 pesos del precio de referencia del miércoles pasado. Hace un par de días, México colocó un bono por 3 mil millones de dólares, a 50 años, en el mercado Formosa de Taiwán. Uno de los de más largo plazo en la historia. Jugada magistral de Arturo Herrera, secretario de Hacienda. Todo va bien económicamente, ¿verdad? (Excélsior, Opinión, p. 11)