Opinión Migración 090121

México SA

 

Remesas, pilar económico del país // Más de 40 mil millones en 2020

 

Contra viento, marea, pandemia, desplome económico, racismo, xenofobia y demás desgracias, la puntual aportación de los paisanos se mantiene como uno de los más sólidos pilares de la economía mexicana, pues año tras año incrementan sus envíos de remesas que no sólo benefician directamente a sus familias, sino que representan un enorme tanque de oxígeno para las alicaídas finanzas nacionales.

 

Paradójicamente, los expulsados de su tierra por falta de oportunidades, condiciones infrahumanasy salarios miserables (una de tantas frutas podridas –AMLO dixit– del neoliberalismo) se han convertido en uno de los más robustos sostenes de la misma economía que los echó de su propio país, producto de esa suerte de apartheid económico que caracterizó al modelo imperante a lo largo de cuatro décadas.

 

El reporte más reciente documenta que en 2020 –año catastrófico a escala mundial, en lo económico, social y sanitario– los paisanos inyectaron a la economía mexicana (y a la de sus respectivas familias, desde luego) más de 40 mil 500 millones de dólares (algo así como 810 mil millones de pesos), un monto casi tres veces mayor al que México obtuvo, en igual año, por exportación petrolera.

 

Dados los desastrosos resultados económicos y sociales del periodo neoliberal (para los mexicanos, no para los barones), nuestro país está catalogado entre los principales exportadores de mano de obra del mundo, algo que no es precisamente un halago. De hecho, la Cepal ha documentado que más de 40 por ciento de la creciente emigración latinoamericana –principalmente a Estados Unidos– corresponde a nuestros paisanos.

 

Cómo olvidar que sólo en el sexenio de Vicente Fox (quien cínicamente presumía la exportación de jardineros y celebraba que los trabajadores mexicanos indocumentados en Estados Unidos hacen los trabajos que ni siquiera los negros quieren hacer), alrededor de 3.5 millones de paisanos fueron expulsados de su tierra y cruzar la frontera norte fue la única alternativa que tuvieron frente al permanente deterioro de sus condiciones de vida (en promedio, más de uno de ellos salió del país cada minuto que el mariguanero permaneció en Los Pinos). (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Opinión, p.16)