Va en serio la exigencia del gobierno mexicano para que Estados Unidos vacune contra el COVID-19 a nuestros connacionales allá. De hecho, la cancillería de Marcelo Ebrard, a través de la Cónsul en Nebraska, Guadalupe Sánchez, reclamó al gobernador de ese estado, Pete Ricketts, porque dejó fuera de la campaña de vacunación a los indocumentados. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Fue difícil de ocultar para el presidente Andrés Manuel López Obrador su enorme decepción ante la derrota múltiple (en las urnas, en los tribunales y ante la opinión pública mundial) de su amigo Donald Trump. Había confianza, nos dicen, de que un segundo mandato del empresario seguiría los cánones del primero: sólo darle importancia a la migración y permitir todo lo demás. Sin embargo, la llegada de Joe Biden tendrá que preocupar a la llamada 4T porque el demócrata planea dar prioridad en su política exterior a dos temas abandonados por el energúmeno naranja: cambio climático y derechos humanos. Por ello, nos dicen, no hará feliz a la Casa Blanca ver que el gobierno del país vecino ignora los movimientos sociales feministas; ataca a las instituciones autónomas de transparencia; usa carbón y combustóleo en lugar de energías limpias, y destruye selvas para llevar a cabo proyectos faraónicos sin sustento técnico. Y encima, que obliguen al Banco de México a lavar dinero proveniente de Estados Unidos. Por algo será, notan algunos observadores de la relación bilateral, que el presidente mexicano tiene prisa en concretar varios de sus planes más cuestionados. (Bajo Reserva, El Universal, p. 2)
Si bien es un programa de apoyo federal, es la autoridad estatal la que tiene competencia para determinar qué hacer, cuándo, cómo y con quién llevar a la práctica, el proceso de vacunación. Por fortuna es un estado santuario que no pide el status migratorio de nadie, para ofrecer la aplicación de la vacuna. No hay estigmas ni diferencias de quienes deben ser atendidos primero, salvo por los dos criterios que han determinado las autoridades, para ofrecer la mayor protección posible a las personas con altos riesgos. Creo más importante aún, es que hay racionalmente conciencia y claridad de que debe de ser vacunada la población por segmentos de vulnerabilidad, para que surta efecto la inmunidad que se requiere en el restablecimiento de nuestras actividades productivas y personales.
Con una vacuna universal, gratuita y sin hacer distingo alguno por el status migratorio, estaremos informando a nuestra comunidad de las fechas y lugares que les corresponden, para proteger su salud y reiniciar la recuperación de empleos y oportunidades que tanto necesitamos. (Jorge Islas, El Universal, Opinión, p. A11)
–¿Ninguna reaccionó?
–Por supuesto no hablo del 100 por ciento, siempre hay gente distinta, pero la mayoría se negó y de ahí nació la investigación de mi novela. Viví meses en Michoacán y en varios pueblos del norte, en Reynosa, en la zona de los migrantes que esperan pasar a Estados Unidos. Traté y entrevisté a quienes tienen que ver con el narco y, por tanto, con la violencia. (Elena Poniatowska, La Jornada, Cultura, p. 3)

(De la Torre, Excélsior, Nacional, p. 10)