Opinión Migración 190121

 

Migración: por una solución de raíz

Como podía preverse desde el año pasado, la caída de las actividades económicas provocada en Centroamérica por las medidas de mitigación de la pandemia de Covid-19, aunada a los desastres que dejaron a su paso los huracanes Eta y Iota, provocó un incremento en el flujo de personas que buscan condiciones mínimas de sobrevivencia fuera de sus países de origen.

 Con ese telón de fondo, la semana pasada miles de hondureños se congregaron en la ciudad hondureña de San Pedro Sula, con el fin de cruzar en caravana los territorios de Guatemala y México para llegar a Estados Unidos. Aunque en un primer momento el grupo principal de viajeros logró ingresar a tierras guatemaltecas por el paso fronterizo de El Florido, fue dispersado por la fuerza horas después en la localidad de Vado Hondo por efectivos policiales y militares que recurrieron a gases lacrimógenos e incluso a macanazos.

 Tanto las autoridades de ese país fronterizo como las de México habían advertido en días pasados que no permitirían el paso del numeroso contingente –estimado en unos 9 mil integrantes– por sus respectivos territorios, afectados por añadidura por una agudización de la pandemia de coronavirus.

 Por su parte, el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, envió un mensaje inequívoco a los hondureños: no vengan ahora, y advirtió que la situación en la frontera no se transformará de la noche a la mañana, en referencia tanto a las duras medidas represivas establecidas por la administración saliente en contra de los extranjeros que llegan al país como a las promesas de su próximo sucesor de suavizarlas y de establecer una política migratoria menos persecutoria.

 Así pues, la dolorosa escena de mujeres, hombres y familias enteras que huyen del hambre y la desprotección y que son violentamente dispersadas por las fuerzas del orden ocurrió en Guatemala, pero habría podido tener lugar en México o en la frontera entre nuestro país y el vecino del norte, en el cual la prioridad del próximo gobierno en materia migratoria no es cambiar las políticas fronterizas, sino lograr la regularización de unos 11 millones de indocumentados que ya viven en ese país. En relación con el nuestro, la doble crisis sanitaria y económica hacen impensable que tuviera capacidad para garantizar el tránsito terrestre seguro y ordenado de miles de personas desde la frontera sur hasta la norte.

 En tales circunstancias, parece necesaria una acción internacional humanitaria concertada para atender, así sea de manera coyuntural, las necesidades esenciales de los migrantes en su propio país, para lo cual se requieren tanto la participación de los gobiernos involucrados –Estados Unidos, México y Guatemala, además del de Honduras– como la de organismos internacionales.

 En lo que se refiere al mediano y al largo plazos, es claro que el fenómeno migratorio debe resolverse suprimiendo sus causas de fondo, que son la falta de condiciones económicas y la inseguridad provocada por la violencia. Cabe esperar que, sin renunciar a sus promesas electorales de llevar a cabo una reforma migratoria, el próximo presidente estadunidense se tome en serio el proyecto del mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, respecto de propiciar en las naciones en las que se originan los flujos migratorios, la creación de empleos, la seguridad y la estabilidad. (Editorial, La Jornada, p. 2)

Empedrado // Biden y México, lo que se viene

Si Trump utilizaba a México como blanco de ataques retóricos racistas, pero -más allá de la política migratoria, en donde impuso condiciones a López Obrador- dejaba al gobierno mexicano en paz, ahora tendremos un presidente de Estados Unidos que utiliza un lenguaje mucho más civilizado, pero que tendrá opiniones más definidas respecto al gobierno de AMLO en diferentes temas. Y varias de esas opiniones no le van a gustar nada al presidente de México.

 En materia migratoria, López Obrador se quita, con Trump, un peso de encima: el de destinar recursos de la Guardia Nacional al control de las fronteras. Podríamos decir que también se quita el peso político de haber fungido como guardián fronterizo de Trump, pero tampoco era mucho: resultó fácil hacer pasar a sus incondicionales de ardientes defensores de los derechos de los hermanos centroamericanos a xenófobos molestos con la invasión cuartomundista.

 De hecho, AMLO tiene prisa por quitarse ese peso, y ha expresado abiertamente su deseo de que Biden cumpla sus promesas de reforma migratoria. Es muy probable que lo haga en los primeros días de su gobierno, con una iniciativa de ley que permita a los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos transitar hacia la ciudadanía. Green Card automática a los dreamers, reunión de familias separadas por las políticas de Trump, etcétera. Asímismo, se abre la posibilidad de que ambas naciones vecinas trabajen conjuntamente para, ahora sí, hacer un plan de desarrollo para Centroamérica que alivie las presiones en el mediano plazo.

 Lo que no es tan probable es que el nuevo gobierno de EU cierre los ojos ante el paso masivo de caravanas de migrantes centroamericanos y considere que México puede simplemente dejarlos pasar. Allí habrá una situación de estira y afloja.

 Y lo que, en cambio, es seguro, es que López Obrador, en su cercanía con Trump, perdió mucho peso entre la comunidad méxico-americana, particularmente en sus liderazgos, alineados a los demócratas, quienes ahora lo ven como un vil oportunista. El teflón que puede presumir entre sus bases en México no se extiende allende la frontera. Rehacer esta relación, que es crucial en la defensa de los connacionales en EU, que seguirá siendo necesaria, es una de las muchas tareas que tendrá que emprender el gobierno mexicano.

 Un tema más es que la visión de Biden apunta a una estrategia más agresiva en el combate a la pandemia de coronavirus, y también a una de mayor cooperación internacional. Quién sabe si el nuevo gobierno de EU se quede con las manos cruzadas si ve que su vecino del sur está complicando la salida rápida a la que está abocado.

López Obrador estaba más a gusto con Trump, a pesar de su retórica, por similitudes de carácter y porque lo dejaba en paz en temas de política interna. Hay un grupo en México, que curiosamente se disfraza de radical, que apuesta al regreso de la retórica antimperialista (un poco sí lo habrá) y, por lo tanto, se ha alineado con Trump, incluso en su faceta abiertamente antidemocrática. No tienen el peso que ellos creen (o que se les atribuye), ante la primacía de pragmatismo, pero harán su luchita. (Francisco Báez Rodríguez, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 1)

Migrantes en tiempos de Covid

En esta ocasión, dedico mis palabras a los migrantes que desde el pasado 13 de enero han decidido partir desde Honduras con el deseo de llegar a Estados Unidos. Convirtiéndose así en el primer grupo migratorio de 2021 que han tenido que abandonar su lugar de origen para poder buscar mejores oportunidades, además de que viven en extrema vulnerabilidad, tras la devastación que dejaron los huracanes Eta y Lota con las pérdidas patrimoniales y materiales. Como si fuera poco, a esto le sumamos la agudización de problemas económicos por la pandemia y la creciente violencia e inseguridad en las naciones del Triángulo Norte.

 Justo hace unos días, en redes sociales, presenciamos que ante la llegada de miles de migrantes el Ejército guatemalteco y la policía antidisturbios decidieron disparar gases lacrimógenos y golpear con palos a los integrantes de la caravana. Esta práctica, lamentablemente, está siendo respaldada por reiteradas declaraciones de autoridades fronterizas.

 Las posturas que han tomado los países latinoamericanos ante la caravana no son casualidad. Para poder entenderlo, hay que tomar en cuenta que, en solo unas horas, Joe Biden, tomará el cargo de presidente de los Estados Unidos, y que durante su campaña prometió cambios migratorios a quienes buscan mejores condiciones de vida.

 Sin embargo, aquella postura tiene que visualizarse bajo lupa, pues recordemos que durante los ocho años del gobierno de Barak Obama, el cual tenía un discurso similar al de Biden, se tuvo históricamente la cifra más alta de deportaciones.

 Por lo tanto, parece ser que, los países latinoamericanos se han vuelto en los policías y los encargados de hacerle el trabajo sucio a aquellos que dicen “apoyar” a los más vulnerables. Lo que hoy resulte del trato de esta nueva caravana migrante hacia los Estados Unidos, dará cuenta de lo que puede suceder de manera cotidiana después de la llegada de Biden a la presidencia. De lo que sí podemos estar seguros, es que esta caravana será una de decenas que pronto estarán marchando por el territorio nacional. (Alaska J. Zamora, ContraRéplica, p. 8)

Frentes políticos

Golpe de timón. A un día de que Joe Biden tome posesión como nuevo presidente de Estados Unidos, Andrés Manuel López Obrador, primer mandatario mexicano, estimó que es momento de cumplir las promesas del pasado y llevar a cabo una reforma migratoria en EU. Al recordar que hace más de ocho años envió una carta a Biden, cuando fungía como vicepresidente y en la que le planteó el apoyo a México y a Centroamérica para frenar la migración irregular a su país, López Obrador sostuvo que, en su campaña, Biden habló de dar un trato especial a los migrantes y está seguro de que cumplirá su palabra. El Presidente dijo que este martes dará a conocer el contenido de la carta que remitió a Biden hace ocho años. Que lo hayan invitado o no a la toma de posesión es irrelevante. Lo importante es fortalecer la relación. (Excélsior, Nacional, p. 13)

Trascendió

Que para los malpensados que veían con suspicacia la promesa de Joe Biden de una reforma migratoria en sus primeros 100 días al frente del gobierno de Estados Unidos, tal como la prometió Barack Obama cuando llegó al poder en 2008 y que no concretó en ocho años, el presidente electo ha hecho saber que está redactando un plan para otorgar la ciudadanía a migrantes con por lo menos ocho años de residencia, lo que de cristalizar impactará favorablemente en una población aproximada a los 11 millones. A ver. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Sacapuntas

Vientos de cambio.- Con un anuncio en pro de los migrantes arrancará su gobierno el nuevo presidente de EU, Joe Biden; lo que significa que abrirá los brazos para mucha gente que no le favoreció con su voto en las elecciones pasadas. Defensores de inmigrantes y demócratas se frotan las manos, mientras que los republicanos van a hacer todo para intentar frenar sus planes. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)

Tiraditos

Biden perfila reforma migratoria; acá, siguen atizando contra centroamericanos.-  Mientras que la administración de Joe Biden tiene planeado presentar su plan de reforma migratoria el mismo día de la toma de posesión e incluiría un camino a la ciudadanía con ocho años de residencia para millones de mexicanos y de otras nacionalidades, de este lado del Río Bravo, hasta el Suchiate y Centroamérica, los gobiernos de México y Guatemala le siguen atizando a los migrantes con operativos militares. Que alguien les avise que Donald Trump ya no manda en la región. (ContraRéplica, p. 2)

AMLO frente a Biden

El Presidente acaba de afirmar en su conferencia mañanera que trabaja todos los días para que los que antes gobernaban no regresen. De las pocas verdades que se le han escuchado en ese foro, aunque habría que agregar que ni los de antes ni los de ahora ni los que después pretendan disputarle el poder a su proyecto político. Le molesta que en Estados Unidos hayan regresado los derrotados por Donald Trump en 2016 porque eso es lo que quiere evitar que suceda en México y le preocupa que la nueva administración pueda ser obstáculo para dicho propósito.

Ahí está una respuesta de por qué López Obrador evitó la confrontación que se veía inminente con el racista y en cambio parece querer provocarla con quien condena la propaganda antiinmigrante. Aunque Trump insistió en que México pagaría el Muro, buscó expulsar dreamers, y amenazó con aranceles para obligar a perseguir centroamericanos con la Guardia Nacional y recibir solicitantes de asilo, el mandatario mexicano fue a Washington a ayudarlo en su campaña, asegurando, contra toda evidencia, que el bully era respetuoso de México y los mexicanos, optando por no ver a las familias separadas y los niños enjaulados. La conveniencia mutua fue estrictamente personal, subordinando a ella los asuntos entre naciones. (Fernando Belaunzarán, Excélsior, Nacional, p. 12)

 

Perdón, pero… // Misterios de la 4T

Tengo más preguntas que respuestas. Así que me permitirán expresarlas: ¿por qué López Obrador decidió ser completamente entreguista y sumiso frente a Donald Trump? ¿Por qué mantuvo hasta el final su lealtad al político más racista y agresivo, resistiéndose a felicitar a Joe Biden como nuevo presidente de los Estados Unidos de América?

¿Qué piensa hacer respecto a los migrantes centroamericanos ahora que ya no está Trump en la Casa Blanca? ¿Quitará el cinturón de protección que le dio con la Guardia Nacional impidiéndoles el paso hacia Estados Unidos? ¿O lo va a mantener, haciendo que, en la práctica, los mexicanos estemos en efecto pagando el muro de Trump?

 ¿Tiene AMLO una visión sobre las relaciones internacionales que se nos escapa a los mexicanos? ¿Alguna gran estrategia que los mortales no entendemos? Porque, perdón, pero desde afuera y sabiendo que a López Obrador no le interesa la política exterior, las cosas no se ven bien. Más bien anuncian un desastre adicional. (Roberto Blancarte, Milenio Diario, Política, p. 11)

El dedo en la llaga // ¿Vecinos distantes?

¿Cuál será la posición de Joe Biden con respecto a otras iniciativas de su gobierno vecino del sur? Gricha Raether, representante del Partido Demócrata en México, sostiene que “demonizar” al outsourcing no es conveniente, y es claro en afirmar que se podrían tomar cartas en el asunto si se afectan los intereses de empresas de su país establecidas en el nuestro.

Biden llega a la Casa Blanca sin escatimar en dinero para enfrentar la pandemia, lo que permite a nuestros migrantes mantener sus empleos y enviar 40 mil millones de dólares en remesas que benefician a 10 millones de familias.

 No hay programa social mexicano que tenga ese alcance. También tiene una iniciativa de reforma migratoria para beneficiar a 11 millones de indocumentados con ideas como el acceso más rápido a la ciudadanía para los jóvenes estudiantes que llegaron a Estados Unidos desde la infancia.

 ¿Pedirá a México que actúe como su patrulla fronteriza? ¿Cómo planteará la cooperación bilateral en el combate al crimen organizado que afecta a ambas naciones? ¿Cómo será la relación con la DEA y sus agentes? (Adriana Delgado Ruiz, El Heraldo de México, País, p. 7)

Puentes y cruces // Quienes auguran conflictos volverán a equivocarse

El presidente López Obrador ha sido claro: buscaremos una relación de fraternidad y respeto con EU, anclada en una cooperación basada en la transparencia, la legalidad, la confianza y el respeto a nuestras soberanías. Nuestra perspectiva es optimista por distintas razones. En primer lugar, la agenda de ambos presidentes es en gran medida compatible. Las convergencias sobrepasan por mucho a las divergencias.

 En migración, buscamos que los derechos de las personas migrantes sean respetados, al tiempo que impulsamos un flujo migratorio seguro, ordenado y regular —como está establecido en el pacto de Marrakech impulsado por México—. Además de una agenda de protección a los derechos de las personas migrantes, compartimos la visión de atender el fenómeno migratorio desde sus causas estructurales, particularmente a partir de una respuesta regional coordinada que impulse un desarrollo económico más igualitario en la región.

Otra razón que respalda un desarrollo positivo de la relación bilateral es la coincidencia de principios y valores que ambos comparten. Hay una evidente convicción en asuntos clave para la región, como la migración o la promoción del desarrollo económico con equidad.

Por todos estos motivos, y a un día del inicio del nuevo gobierno de Joe Biden, estoy seguro de que hay motivos fundados para el optimismo. Quienes continúan augurando conflictos en la relación bilateral volverán a equivocarse. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 15)

La Feria // AMLO frente a Trump: la promesa incumplida

En 2017, Andrés Manuel López Obrador hizo publicar varios de sus discursos sobre Donald Trump. El ejemplar, como se sabe, lleva por título Oye, Trump (editorial Planeta). Hoy llega a su fin la presidencia del racista estadounidense. Esta fecha también sirve para comparar lo que hace cuatro años aquel López Obrador opositor decía que haría frente al mandatario que criminalizó a los mexicanos y construyó un muro, y lo que ya como presidente el tabasqueño terminaría haciendo. Spoiler: quédense con el candidato, no intenten recordar que la semana pasada desde Texas Trump chuleó al muro y a su amigo AMLO.

 En 2018 López Obrador ganó la elección mexicana. De entonces para acá, ha sostenido con Trump lo más parecido a un idilio diplomático: ha callado frente a sus exabruptos, lo visitó y ensalzó en la Casa Blanca, y se tardó una eternidad en reconocer la victoria de Biden.

En Oye, Trump, López Obrador sostiene que para el estadounidense, lo de denostar mexicanos era fundamentalmente una lamentable pero exitosa estrategia electoral. En eso también serían parecidos: quizá la otrora defensa discursiva de AMLO hacia los migrantes era meramente electoral, porque una vez llegado a Palacio Nacional, de aquellos encendidos discursos nada quedó. (Salvador Camarena, El Financiero, Política, p. 34)