Opinión Migración 230121

Serpientes y Escaleras / El juego de las vacunas y las grillas del gabinete

 

NOTAS INDISCRETAS

 

En la primer llamada entre el presidente López Obrador y el presidente Joe Biden ayer por la tarde desde Monterrey, el tono, dicen, fue amable y se trataron temas como la migración, el Covid y la cooperación para el desarrollo, según informó el mandatario mexicano en su cuenta de twitter.

 

En la foto que difundió el mismo presidente, se ve al canciller Marcelo Ebrard, a la embajadora en Washington, Martha Bárcena, y la presencia que sorprendió fue la de Alfonso Romo, el recién salido Jefe de la Oficina Presidencial.

 

El empresario estaba en la llamada por dos razones: la primera de carácter pragmático, porque fue desde sus oficinas del grupo Pulsar en la ciudad regia donde se hizo el enlace telefónico, y la segunda de tipo político, porque seguro al Presidente le interesaba demostrar que, aunque le renunció y ya no quiso seguir en su equipo básicamente porque nunca lo tomó en cuenta, Poncho sigue siendo su amigo…

 

. (Salvador García Soto, El Universal, Opinión, p.5)

 

Paralaje / Lidiando con el vecino

 

La relación bilateral ha cambiado de manera significativa a partir de la suscripción del acuerdo comercial. Las cifras de inversión, comercio y migración hablan por sí mismas. El tema de seguridad regional y fronteriza plantea desafíos mayores que deben ser atendidos y resueltos en el marco de colaboración. No hay lugar a la desconfianza, tampoco a acciones unilaterales que compliquen el entendimiento. Una buena señal que ayer se haya dado el diálogo de los presidentes, un buen augurio que despeja dudas y maledicencia.

 

Un nuevo gobierno plantea una nueva agenda y nuevos términos de la relación. Sin duda, significan una oportunidad. El gobierno mexicano debe mantener la iniciativa en el cumplimiento del acuerdo comercial no como expresión retórica, sino de estricta observancia de las reglas y principios que contiene. Es evidente que el cambio obliga al cuidado de los valores de certeza, legalidad y corresponsabilidad.

 

La esperada recuperación económica del vecino necesariamente habrá de repercutir en México, así como los programas de apoyo a empresas, instituciones y personas. Sin embargo, se avizoran tensiones en el ámbito sanitario. El nuevo gobierno se plantea metas muy ambiciosas en el programa de vacunación y tiene con qué. Es muy probable que en cuatro meses estén vacunados más de 120 millones de norteamericanos. Al día lleva más de 16.5 millones de vacunas aplicadas, número que es lo que México se ha planteado como una ambiciosa meta para finales de marzo. Aquí se han aplicado 550 mil. La curva de contagio disminuirá pronto en el vecino, no en México, y eso tendrá muchas implicaciones, la cuarentena a visitantes es el principio.

 

Es alentadora la postura del nuevo gobierno en el tema migratorio. Los derechos humanos recuperan el lugar que les merece, así como un trato humanitario al migrante. El gobierno mexicano no debe bajar la guardia para el control y seguridad fronterizas. Sería conveniente trasladar a la frontera sur el blindaje del norte a manera de dar respuesta, más que al tema de migrantes de otros países, lo que debe preocupar al vecino: contención del ingreso de terroristas y del traslado de armas de destrucción masiva; y, para México, el freno al narcotráfico, la trata y el comercio de armas. (Liébano Sáenz, Milenio, Opinión, p.2)

 

Fragilidad de Estados Unidos

 

WASHINGTON.- Déjenme comenzar por el final: Estados Unidos se salvó. Por poquito. La democracia en este país es mucho más frágil de lo que yo (un inmigrante de México) suponía. Donald Trump la llevó casi al límite.

 

Las mentiras tienen consecuencias.

 

Desde el inicio de la Presidencia de Donald Trump en el 2016 comencé una larga y honesta conversación a través de correos electrónicos con mi amigo, el publicista y director de cine cubanoamericano Jorge Ulla. Y cada vez que Trump hacía una trompada me escribía para advertirme de la fragilidad de la democracia estadounidense. Pero dejaba el asunto abierto: “A ver qué pasa, tocayo”.

 

Mi respuesta no variaba mucho: Estados Unidos puede aguantar a Trump y mucho más. Es quizás, le decía, “mi ingenuidad de inmigrante” y creía que el sistema democrático de más de dos siglos se iba a imponer.

 

Y luego ocurrió lo impensable: el 6 de enero un presidente de Estados Unidos incitó a una turba de extremistas de ultraderecha contra el Congreso para tratar de quedarse ilegalmente en el poder. Es cierto, al final la democracia se impuso. Pero si los militares y los jueces hubieran tomado partido, otro cuento cantaría (como el de la serie El cuento de la criada). Mi amigo Jorge Ulla tenía razón con todas sus advertencias: ninguna democracia está garantizada.

 

En su toma de posesión Joe Biden reconoció el peligro. “La democracia ha prevalecido”, dijo. Pero el costo fue altísimo. A su alrededor no había público. Solo algunos invitados especiales; todos con máscaras. La capital estaba militarizada con más de 25 mil miembros de la Guardia Nacional.

 

No hubo una sola protesta. El Capitolio y la Casa Blanca estaban rodeados por rejas y barreras de cemento. Hubiera sido una locura para cualquier grupo de manifestantes tratar de entrar.

 

Pero nada era normal. Faltaban los gritos y la emoción de cientos de miles de personas que había visto en otras ceremonias de inauguración. Además la pandemia, con sus más de 400 mil muertos en Estados Unidos, había obligado a la prudencia, la separación y el silencio.

 

A veces, mientras observaba a lo lejos la ceremonia de toma de posesión de Biden, me parecía estar viendo a esas familias en los parques celebrando un cumpleaños. Así de íntimo. Así de raro. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

 

AMLO deberá construir una nueva relación con Biden

 

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca generará más conflictos que beneficios en la relación México-Estados Unidos, porque él gobernará para su pueblo y no para su vecino del sur.

 

Es de reconocerse que el presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo una relación más o menos buena con Donald Trump, a quien confrontó en más de una ocasión como cuando quiso romper unilateralmente el TLC y terminó cediendo ese engendro llamado T-Mec.

 

También hubo momentos de tensión en la relación AMLO-Trump, como el levantamiento del muro fronterizo en el que siempre insistió el desquiciado empresario y que, por fortuna, canceló Biden de manera definitiva en una de sus primeras acciones de gobierno.

 

Empero, de manera equivocada, López Obrador sólo ha salido una vez de México y lo hizo en un viaje a Washington, cuando Trump estaba en campaña y todos lo interpretaron como una visita de apoyo al entonces Presidente estadounidense.

 

Y es que Donald Trump necesitaba el apoyo de una figura como AMLO que le ayudara a limpiar su imagen por los constantes ataques que había lanzado contra los grupos de inmigrantes, no sólo a través del muro sino con la eliminación de apoyos a ese grupo de personas.

 

En cambio, Andrés Manuel nunca tuvo un acercamiento público con Biden y durante mes y medio se negó a reconocer su triunfo, hasta que las instituciones de aquel país definieran quién había ganado en el proceso, que por cierto fue bastante claro desde el primer día pero que Trump trató de ensuciar y echar abajo.

 

Esa falta de apoyo y de reconocimiento, es lo que seguramente traerá problemas en la relación bilateral, porque si bien es cierto que Biden como primeras medidas detuvo el muro, regresó el DACA (el programa para mexicanos crecidos en aquel país) y otros programas, lo hizo porque los migrantes fueron un factor determinante en su triunfo.

 

AMLO INSISTIRÁ EN EL RESPETO

 

“Se tiene que buscar que haya cooperación ordenada, respetuosa y que no haya injerencismo de ningún gobierno. Que nosotros no nos metamos en asuntos que corresponden a Estados Unidos, y que ellos no vengan a meterse en asuntos que nos corresponden a nosotros”, fue el mensaje que dio el presidente López Obrador durante su conferencia matutina del miércoles.

 

En el discurso y en sus acciones, esa siempre ha sido la postura del presidente mexicano. Habrá que esperar cuál es el plan de gobierno de Biden y cómo buscará recomponer a su país, que dejó en el total destrozo Trump, con sus decisiones que tomaba a lo loco.

 

En todo momento, AMLO buscó llevar la fiesta en paz con Trump y lo logró, lo cierto es que el empresario no tenía una agenda clara con México ni con ningún otro país, sólo quería gobernar a la nación más poderosa.

 

Ahora con Biden, López Obrador intentará hacer lo mismo, la diferencia es que el nuevo presidente es un político que sí sabe negociar y buscará beneficios para su pueblo.

 

Existen tres temas que son prioritarios para Biden, pero no para López Obrador, los cuales generarán los primeros enfrentamientos, como son el energético, el medioambiental y el laboral. Ahí sí comenzarán las confrontaciones.

 

Sabemos que López Obrador está en contra de las energías limpias, que poco se ha manifestados por el impacto de las grandes obras al ambiente y ha rechazado la subcontratación, los tres asuntos por los que negociará el estadounidense. Habrá que ver quién gana esta ocasión.

 

A manera de buscar una buena relación, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, publicó en Twitter un mensaje que deja en claro la intención de la administración lopezobradorista. “Los puentes abren paso a la cooperación y al entendimiento”, escribió el canciller.

 

CÓMO APAGAR EL CASO CIENFUEGOS

 

A pesar del discurso reconciliatorio y las acciones que emprendió Biden en su primer día como Presidente de Estados Unidos, no definirán su forma de tratar a México en los próximos años, especialmente en materia de cooperación de seguridad interna.

 

Además, apenas la semana pasada la fiscalía estadounidense ya expresó su rechazó a la decisión de las autoridades mexicanas de difundir el expediente del general Salvador Cienfuegos y los duros señalamientos que hizo el presidente López Obrador a la DEA de fabricar pruebas en contra del exfuncionario mexicano.

 

Esos agravios, será lo primero con lo que se enfrentará Biden y todo su equipo. Por más que en México se piense que el insulto ya quedó atrás, es mentira porque se puso en duda la credibilidad de una institución que, si bien es cierto abusa de manera sistemática, también puede asegurarse que es una de las mejor constituida.

 

Además, hacer público algo tan delicado como el expediente de una investigación, en el que solo involucra a Cienfuegos sino a otras personas que también son investigados, pone en riesgo años de labor de inteligencia.

 

Es por ello, que el presidente López Obrador debe tener cuidado con sus declaraciones y acciones, pues esta ocasión Joe Biden no es su amigo Donald Trump, quien le perdonó más de un agravio.

 

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio. (Manuel Mejido, El Sol de México, Opinión, p.14)

 

El plan migratorio de Biden

 

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca trajo también la esperanza de mejores tiempos para más de 10 millones de indocumentados, quienes tendrán la puerta abierta para lograr su legalización una vez que se apruebe la reforma migratoria que propuso y cuyo tema ha estado pendiente desde hace un largo rato.

 

El nuevo mandatario estadunidense envió al Congreso un proyecto de ley migratoria, que contempla también incrementar los recursos para el control de la frontera y la ayuda a Centroamérica para atacar las causas de este fenómeno, que por cierto el propio presidente Andrés Manuel López Obrador había planteado en su Plan de Desarrollo Integral para la región.

 

Con esta legislación, aquellos sin estatus legal que residen en Estados Unidos desde antes del 1 de enero de este año podrían solicitar una residencia temporal que podría volverse permanente (también conocida como green card) durante cinco años. Posteriormente, en tres años podrían iniciar el proceso para solicitar la ciudadanía estadounidense.

 

Los solicitantes deberán ser sometidos a chequeos de antecedentes penales, pagar impuestos y completar otros requerimientos básicos. La propuesta también aborda una reforma del sistema de inmigración para las familias, promover su reunificación y protección a infantes, entre otros aspectos, con lo cual tendrán un trato más humanitario.

 

Biden ha prometido, además, una revisión de unas 400 ordenanzas con las cuales, sin legislación, Donald Trump restringió el asilo, detuvo a decenas de miles de indocumentados e hizo más complejo y costoso el trámite de visas de residencia legal y la adquisición de la ciudadanía estadounidense, así como indiscriminadas deportaciones.

 

El histórico plan, llamado U.S. Citizenship Act (Ley de Ciudadanía Estadounidense 2021), no solo debe contar con el respaldo de la Cámara de Representantes sino que en el Senado requiere al menos 60 de 100 votos, pero los demócratas cuentan con 50 escaños.

 

La última vez que el Congreso, dominado por los demócratas, aprobó una reforma migratoria significativa fue bajo el gobierno del republicano Ronald Reagan en 1986, y en 2013, el gobierno de Barack Obama no consiguió que su propuesta –menos progresista que la actual- fuera aprobada por la Cámara de Representantes, entonces dominada por los republicanos.

 

No cabe duda que son signos esperanzadores para resolver el tema migratorio, pero hay que esperar a ver qué suerte corre el plan Biden. (Por Héctor Muñoz, El Sol de México, Opinión,p.13)

 

Catalejo / Anula Biden prohibición de Trump hacia musulmanes

 

Junto con la detención de la construcción del muro con México, el regreso al Acuerdo de París y al seno de la OMS, Biden ha enviado el mensaje de que EU retoma el camino de ser una nación que acoge a los inmigrantes y a los refugiados de manera racional

 

En enero de 2017, una semana después de haber asumido la presidencia, Trump emitió una orden ejecutiva para prohibir la entrada a Estados Unidos a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana: Irán, Irak, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen. La justificación para ello era la seguridad nacional, al asumir que existía un alto riesgo de posibles actividades terroristas por parte de los miembros de esas naciones. Esa intempestiva decisión provocó, en su momento, desconcierto, escenas de caos en los aeropuertos, protestas populares y demandas. Y aunque Irak fue retirado de esa “lista negra” poco tiempo después, el año pasado la administración Trump impuso restricciones al ingreso de nacionales de Eritrea, Kirguistán, Myanmar, Nigeria y Tanzania.

 

Con esas decisiones, Trump no sólo traicionó la tradición humanitaria de Estados Unidos como refugio para los perseguidos, sino que atizó, al mismo tiempo, el prejuicio antimusulmán que anidaba en los corazones de muchos norteamericanos, para quienes el conglomerado musulmán en su conjunto era temible, peligroso y una fuente indudable de violencia asesina. Con ello el entonces presidente reforzó en buena parte de su electorado la incapacidad de reconocer la diferencia entre un jihadista que se explota y una familia siria que huye del infierno en que se había convertido su patria.

 

Ni qué decir que la población musulmana de Estados Unidos vio en esos momentos amenazada su seguridad, pues qué mejor coartada para los supremacistas blancos violentos que la postura de su presidente, ratificadora de que en cada hombre, mujer y niño musulmán reside un potencial terrorista. Los ataques a ellos empezaron a proliferar, como también ocurrió con los latinos y los judíos, bajo el paraguas que les brindaba a sus agresores esa ambigüedad mañosa de los discursos de Trump, quien mezclaba un presunto respeto a las minorías, con muy claras muestras de que los ku klux klanes, los neonazis y los adeptos a las teorías de la conspiración de toda laya eran, finalmente, “buenas personas”, como también fueron “buenas personas”, ya hacia el final de su mandato, los Proud Boys y los miembros del Q-Anon, reconocidos por su racismo, su antisemtismo, su antiislamismo y su misoginia.

 

Por fortuna, Joe Biden ha eliminado, en el primer día de su gestión como presidente, la mencionada prohibición de entrada a su país de los conglomerados a los cuales Trump vetó. Junto con la detención de la construcción del muro con México, el regreso al Acuerdo de París y al seno de la Organización Mundial de la Salud, el mantenimiento del programa DACA y un más estricto y sensato manejo de la pandemia que tantas vidas ha segado, ha enviado el mensaje de que Estados Unidos retoma el camino de ser una nación que acoge a los inmigrantes y a los refugiados de manera racional y no a partir de criterios fundados en estereotipos y prejuicios.

 

Ahora bien, la reversión en la política migratoria se encuentra hoy en su primera etapa y la pandemia en curso significa que los trabajos de embajadas y consulados de Estados Unidos en los diferentes países en los que existe representación se están desempeñando en cámara lenta, por lo que el cambio emprendido por Biden tardará tiempo en recrear la normalidad que existía en la era preTrump. Simultáneamente, organizaciones de apoyo a la inmigración están llamando al Congreso a enmendar el Acta de Inmigración y Naturalización para asegurar que ninguna futura administración pueda imponer un veto a la manera en que lo hizo Trump, sin ofrecer evidencia firme que lo sustente.

 

También están pidiendo a Biden que cumpla su promesa de admitir a 125 mil refugiados en 2021, comparados con los 15 mil que fueron recibidos por Trump. Un ejemplo de cómo se dieron las cosas entonces es que en 2016 el número de refugiados musulmanes recibidos había sido de 40 mil, mientras que en 2020 la cifra se redujo a tan solo 2,500. Junto con la eliminación del veto de Trump, Biden ha anunciado que enviará al Congreso una iniciativa de legislación que incluya políticas de promoción a la inclusión e integración de quienes sean aceptados en el país, además de la aprobación de recursos para la enseñanza del inglés y la asistencia personalizada para la posibilidad de convertirse en ciudadanos de Estados Unidos.

 

Esta disposición a abordar el tema de los refugiados y la inmigración a través de una lente muy distinta a la que usaba Trump constituye, sin duda, una muy buena noticia también para México, ya que asoma en ese mismo horizonte la posibilidad de concreción de la ansiada reforma migratoria para legalizar a millones de compatriotas nuestros que han vivido por tanto tiempo en condiciones de fragilidad e inseguridad altamente desgastantes. (Esther Shabot, Excélsior, Opinión, p.9)