CUANDO el rey transpira, la corte conspira. La falta de transparencia sobre el verdadero estado de salud de Andrés Manuel López Obrador provoca inquietud dentro y fuera del gobierno. Las contradicciones entre Olga Sánchez Cordero, el vocero Jesús Ramírez y el subsecretario Hugo López-Gatell dejan ver que en el gobierno hay muchos hilos sueltos.
JUSTAMENTE eso pasa cuando se hace a un lado a las instituciones para rendir culto a la personalidad. Es decir, al haber convertido López Obrador el ejercicio del poder en un asunto personalísimo, su ausencia provoca cierto grado de ingobernabilidad. El show de un solo hombre se tambalea cuando falta ese hombre.
Y YA se sabe que en política los huecos siempre se llenan. Es probable que la suplencia por parte de Sánchez Cordero sea por mero organigrama, por ahora. Pero ante una eventual ausencia presidencial más prolongada, los diversos grupos dentro del gabinete están viendo cómo acomodarse. En este sentido, ¿quién de ellos conoce cómo está realmente López Obrador? ¿Eso les da alguna ventaja?
DESDE esa perspectiva, conocer el verdadero estado de salud del Presidente no es un asunto de morbo, sino un reto de gobernabilidad. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)
Nos aseguran que en los primeros días de la administración Biden los canales diplomáticos entre ambas naciones han comenzado a abrirse y a funcionar con fluidez. La llamada entre los mandatarios de ambos países es una muestra de ello, nos dicen. Sin embargo, nos hacen notar, los cancilleres de México y Estados Unidos también han conversado. Nos dicen que una de las primeras llamadas realizadas por el secretario de Estado de la Unión Americana, Antony Blinken, fue con el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. Además, nos aseguran que desde hace días, el director general para América del Norte, Roberto Velasco, sostiene conversaciones con Roberta Jacobson, quien lleva los temas de frontera para el gobierno de Estados Unidos. Pronto, nos comentan, se sumará a estos contactos el embajador mexicano designado, Esteban Moctezuma, quien ya recibió el beneplácito de Washington y tan pronto sea ratificado por el Senado de la República viajará a la capital estadounidense. Por lo pronto, el presidente Biden y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ya acordaron que tendrán una reunión bilateral en febrero. ¿Habrá interés en una reunión AMLO-Biden? Solo los dos mandatarios conocen la respuesta. (El Universal, Nación, p. 2)
A salvar la vida. La secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, se reunirá con el sector empresarial para abordar su participación y vinculación en la campaña de vacunación contra covid-19, así como para cambiar el concepto de empresas esenciales a negocios seguros. Al participar en el Canacintra, la funcionaria reconoció que han escuchado las voces de los empresarios, quienes han apostado por apoyar al gobierno en la inmunización de la población y, con ello, acelerar el proceso de reactivación económica. La secretaria reconoció que no se dimensionó la duración de la pandemia, por lo que se dieron mecanismos de corto plazo que es necesario cambiar. Las próximas semanas serán determinantes para saber si Clouthier puede nivelar la economía del país. Ojo: no puede fallar. (Excélsior, Nación, p. 15)
Que un nuevo enfrentamiento se prevé en el Senado, luego de que la presidenta de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez, Sasil de León, invitó a los legisladores a presentar sus propuestas de la persona que representará a los trabajadores de salud, ganadores de la máxima presea que otorga esa Cámara, pero por lo pronto la oposición ya advirtió que no dará su apoyo si la mayoría de Morena postula al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
De rebote.- La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca impactará, para bien, en la economía mexicana. El FMI estima que creceremos 4.3%, debido a la expectativa sobre la recuperación financiera estadounidense. En otras palabras, México crecerá por la demanda externa, explicó Gita Gopinath, economista en jefe del Fondo. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
Otra vez, López-Gatell.- En menos de una semana, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, lleva dos raspones propinados desde la Presidencia. Primero, el mismísimo Andrés Manuel Lopez Obrador lo dejó mal parado cuando avaló que gobiernos estatales y empresarios pudieran comprar vacunas, cuando el subse casi acababa de negar esa posibilidad. Y cuentan que López-Gatell volvió a quedar mal, porque apenas en la conferencia del lunes afirmó que, por seguridad, no se revelaría “algún dato clínico” sobre la salud de López Obrador, pues “sería una violación a la labor médica revelar cualquier dato de su condición”. Pero ayer le tocó a Jesús Ramírez Cuevas enderezarle el criterio al “estratega” de la administración federal contra la pandemia. Resulta que el vocero de la Presidencia afirmó que el estado de salud del Presidente de la República es de interés público, por lo que “no habrá impedimento para conocer el estado de salud del Presidente si se solicita”. ¡Auch! (La Razón, La Dos, p. 2)
Pónganse de acuerdo.- Es importante que Olga Sánchez, Hugo López-Gatell y Jesús Ramírez sintonicen sus versiones en lo relativo a la salud del presidente, de lo que se puede y lo que no se puede informar.
Pueden levantarse diez minutos más temprano para, antes de la mañanera, ponerse de acuerdo o acostarse diez minutos más tarde, lo que prefieran.
El objetivo es reducir rumores que circulan como pólvora por las redes sobre aspectos de la salud del mandatario, que es un asunto de interés nacional.
Ya hay suficientes inquietudes con respecto al paciente de Palacio Nacional como para que voces interesadas se den vuelo aprovechando los vacíos que deja la información oficial.
Vienen los días más complicados. Hay que tener una estrategia y cumplirla. (La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)
En Estados Unidos, el presidente no está obligado a acudir a un médico ni a difundir su estado de salud, pero desde Ronald Reagan todos los mandatarios se someten a un examen clínico anual y difunden sus resultados. Es una tradición que lleva un mensaje claro a la opinión pública: el presidente es apto para gobernar. Incluso Donald Trump, a regañadientes, transparentó sus revisiones médicas y entendió lo que representaba esta información para ofrecer certeza a los ciudadanos no sólo de su país sino del mundo. Por eso muchas naciones civilizadas tienen la obligación legal —o al menos la ineludible regla no escrita— de transparentar las condiciones de salud del jefe del Estado.
En México no. Los candidatos presidenciales no están obligados a publicar sus exámenes médicos ni existe una práctica al respecto. Peor aún: buscan esconderlos. Los presidentes tratan de esconder si están enfermos y cuando llegan a informar algo, es porque resulta inocultable.
Este domingo, el presidente de México informó que tiene coronavirus. Al día siguiente, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, encargada de sustituir al mandatario en muchas de sus funciones, encabezó la conferencia matutina. Cuando dijo que el presidente “se encuentra bien, se encuentra fuerte”, en realidad no informó nada sobre el estado de salud de Andrés Manuel López Obrador.
Fue peor cuando (deduzco que desde su experiencia médica… de abogada) informó el buen pronóstico de salud y enlistó las razones: “el presidente se encuentra estable y pronto, muy pronto se recuperará, estoy segura. Es un hombre optimista, un verdadero representante del pueblo y un mandatario responsable, un ejemplo a seguir, un líder que nos inspira a todos”. Hasta ahí el parte médico oficial.
Doce horas después, un doctor, el vapuleado subsecretario Hugo López-Gatell, argumentaba que no se darían detalles sobre la salud del presidente por respeto a su privacidad.
La salud del presidente es de interés público y el gobierno federal debe comunicar de forma precisa cómo se encuentra el jefe del Estado mexicano y qué tratamiento está recibiendo. Los ciudadanos tenemos derecho a contar con evidencia de su estado de salud, no verdades a medias o elogios a la personalidad (¿dónde quedó aquel “es fuerza moral, no fuerza de contagio”?). Todo esto ofrece al ciudadano certezas de que el presidente recibe los cuidados necesarios y que sigue gobernando. Es central para la estabilidad de un país que es importante en el concierto internacional.
Y desde luego, ojalá se recupere pronto. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
En el peor momento de su carrera, confinado por haber neceado en mantener una irresponsable, insana y corta distancia con Andrés Manuel López Obrador, al doctor Hugo López-Gatell le ha venido “como anillo al dedo” el trance por el que atraviesa.
Renuente al uso de cubrebocas, desdeñoso de las recomendaciones mejor calificadas (Organización Mundial de la Salud, los ex secretarios mexicanos del ramo y los más avezados expertos en virología nacionales y extranjeros), en sus obligadas apariciones virtuales, el funcionario no tiene que dar por ahora mayores explicaciones ni maromear ante la exigencia de información precisa sobre la salud presidencial que de manera pésima dizque resguardaba.
Queda por ahora en el misterio el porqué de su aferramiento al cargo pese al papelazo que significa el que una noche se esforzara en argumentar (al parecer comprensible, técnica y científicamente) contra la pretensión de gobiernos estatales y empresas privadas de adquirir vacunas, y a la mañana siguiente (con él de florero) haber sido desmentido por López Obrador (aunque se supo luego que al menos este año tal posibilidad está vedada).
Ninguno de los dos lo dijo pero, ¿a poco no sabían que el mercado de vacunas emergentes está limitado únicamente a los gobiernos de países?
Tampoco López-Gatell está expuesto a revelar lo que le dijo al Presidente sobre la Sputnik V, cuya confiabilidad fue a indagar a Buenos Aires y no en Moscú. De no ser él, ¿quién informará en qué se basa el debatible arreglo entre López Obrador y Putin para que nos mande ya 200 mil de 24 millones de medias dosis (para 12 millones de personas) de algo que no ha sido aprobado siquiera de manera provisional por alguna institución reconocida? (Milenio Diario, Política, p. 7)
Durante los últimos meses del año pasado, el gobierno del presidente López Obrador dijo una y otra vez que había asegurado el abasto de vacunas para todos los mexicanos.
No solo México. El mundo se sacudió cuando Pfizer informó que no podía atender los compromisos, nuestro país incluido, lo que es una tragedia mundial, cuando se han superado los 100 millones de casos.
La situación aquí es preocupantemente confusa. Se dijo que Pfizer haría una pausa, pero no se habló del cumplimiento a corto y mediano plazo.
En medio de esto, el presidente López Obrador habló el lunes con Vladímir Putin, que le ofreció 24 millones de dosis de la Sputnik V, que aún no cumple el requisito científico de la fase tres, por lo que no ha sido aprobada y que aceptó sin estar autorizada por Cofepris, que ante sus deseos procederá, depende de Hugo López-Gatell.
El hecho es que la aplicación de la vacuna, salvo excepciones, está siendo un desastre mundial, desde Alemania hasta Nueva York, lo que hace tener profundas inquietudes de cómo será en México y cuándo llegarán las vacunas.
Aunque ahí están los Servidores de la Nación, garantía, versión oficial, de la eficacia y alcances de la vacunación, hoy a cuatro meses y 11 días de las elecciones. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Los mexicanos no tenemos derecho a conocer el expediente sobre el estado de salud del Presidente de la República, hoy enfermo de covid. El marco normativo vigente no prevé una excepción a la confidencialidad sobre la condición de los servidores públicos. Conocer la evolución del jefe del Ejecutivo, enfermo de covid, depende de un gesto de él mismo a favor de la transparencia.
No nos hacemos ilusiones. AMLO elogia la transparencia sólo en el discurso. En los hechos, prevalece la opacidad.
Ejemplos sobran: no ha cumplido el compromiso de dar a conocer el expediente integral sobre su salud, que asumió en los primeros meses de su gobierno; ocho de cada 10 contratos que otorga el gobierno federal son por adjudicación directa. Hay más: la información sobre la adquisición de vacunas se mantendrá reservada durante cinco años, y así podríamos seguir.
Una que sí hizo gala de transparencia fue la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. No sólo informó que el Presidente está bien, que no se ha vacunado, como se especuló, sino que hizo público el resultado negativo de su prueba de covid, hasta con fecha de nacimiento.(Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
A la fecha, la Sputnik V cuenta con registro en 13 países, además de Rusia. Entre ellos están Argentina, Bolivia y Venezuela.
Su comercialización se ha enfrentado con la falta de información exigida por la comunidad científica. Se ha cuestionado su seguridad, su eficiencia y los atajos que Gamaleya ha tomado en la fase de pruebas, así como la ausencia de una revisión de pares y su divulgación en revistas científicas reconocidas.
En Argentina –donde han llegado 300 mil dosis–, el diario La Nación publicó ayer un reportaje en el que muestra la secrecía con que el gobierno del presidente Alberto Fernández ha manejado los datos provenientes de Rusia en su apuro por obtener la vacuna y comenzar a aplicarla.
Hay expertos que afirman que el proceso de elaboración de la vacuna –que se basa en dos tipos de adenovirus, el Ad26 y el Ad5, diseñados para invadir las células humanas, sin replicarse, y plantar en ellas un gen de la proteína de la espiga del coronavirus que provoca una respuesta inmune– es ingenioso y que la vacuna parece segura.
Sin embargo, la especialista en vacunas Julie McElrath, del Centro Fred Hutchinson, de Seattle, coescribió un artículo en la revista The Lancet, en el que alega que el Ad5, incluido en la segunda dosis de la Sputnik V, fue la causa del fracaso de una vacuna contra el VIH hace 13 años, pues sus recipientes tuvieron una mayor tasa de infección que a quienes se aplicó un placebo en la fase de ensayos.
Laura Palomares, del Instituto de Biotecnología de la UNAM, me dijo ayer en radio: “La información sobre la vacuna no está completa. Ojalá que el Consejo Asesor Científico en Vacunas tenga acceso a todos los datos antes de que reciba una autorización de uso de emergencia por parte de la Cofepris”. Agrego yo: ojalá que por consideraciones políticas no se tomen atajos en la validación de esos datos. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
De manera oficial, el número de muertos por COVID-19 en México ronda los 150 mil, pero si nos atenemos a lo que dicen los cálculos científicos de los expertos, la cifra en este momento estaría alrededor de las 400 mil defunciones relacionadas con el virus.
Como sea, cualquiera de los dos números son reflejo de la peor catástrofe sanitaria que jamás habíamos vividos los mexicanos, y ni qué decir sobre la danza de cifras mortales que hay alrededor del mundo.
Lo más dramático de todo es que lo peor está por venir. Arturo Erdely, actuario, doctor en Ciencias Matemáticas por la UNAM y profesor de la FES Acatlán, me dijo que en junio la cifra de personas fallecidas en territorio azteca podría llegar a las 600 mil. Con base en los modelos matemáticos usados para darle seguimiento a esta crisis sanitara, estima además que, en los próximos cinco meses, unos 85 millones de mexicanos se habrán contagiado del SARS-CoV-2; es decir, alrededor de 70 por ciento del total de la población.
Se trata de una cifra que hasta al más escéptico le pone los pelos de punta, y más cuando nos dice que las vacunas aplicadas en este momento no surtirán efecto de inmediato, ni servirán, por ahora, para lograr un control epidémico a corto plazo.
Si bien nos va, podríamos tener la anhelada inmunidad de rebaño que le llaman, más por infecciones que por efecto de la vacunación, hasta el segundo semestre de este año.
Por esa razón hay que insistir en que hoy estamos en el peor momento. Y mucha gente se va a seguir contagiando todavía. Lo siguientes cinco meses son vitales. No podemos bajar la guardia.
Tenemos que seguir enfocados en cuidarnos, porque la vacunación, nos reiteran los expertos, ya no será suficiente para detener la imparable ola de muertes provocada por la pandemia del siglo. (Alfredo González Castro, El Heraldo de México, País, p. 5)
Astillero
Salud de AMLO e interés público // Podría dar parte a diario // Alfredo Cervantes y Peña Nieto // Hank y el santiguado PES
Lo que suceda al Presidente de la República en materia de salud es un tema de absoluto interés público, en el que no puede primar un eventual criterio personal de confidencialidad. Por razones evidentes, entre ellas la seguridad nacional, la gobernabilidad del país, los vaivenes de los mercados financieros y la puntual atención al público, es imprescindible contar con la información responsable y oportuna sobre la evolución del contagio de Covid-19 no sólo en la persona llamada Andrés Manuel López Obrador, sino, en términos de la máxima importancia nacional, en la figura institucional del Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Luego de un primer tramo de indefinición, en el que surcaron los campos de batalla de Internet voces que defendían la opacidad en cuanto a la evolución médica del político tabasqueño, tratando de fijarla en lo personalísimo, el subsecretario más estelar de la llamada 4T, Hugo López-Gatell, dio a conocer algunos detalles de la situación del presidente López Obrador. Y adelantó: El Presidente está bien, y tendremos su aval para ir informando cómo va evolucionando. Estoy seguro de que él mismo, a través de sus redes sociales, estará dando un parte general de cómo va evolucionando. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
Estamos viviendo en México una de las peores crisis sociales de las que tengamos memoria o registro.
La pandemia ha causado estragos humanos, económicos y sociales entre cientos de miles de familias.
Independientemente de las cifras oficiales de fallecidos por covid-19, el llamado “exceso de mortalidad” en México, de acuerdo con las propias cifras de la Secretaría de Salud, puede estimarse en poco más de 280 mil al término de 2020.
México es un país en el que cada cierto número de años se presentan desastres naturales que causan destrucción y se llevan vidas humanas.
Sin embargo, ni sismos, ni huracanes, ni inundaciones habían causado nunca una mortandad de esta magnitud.
Solo como referencia, la estimación de fallecidos en el terremoto de 1985 fue de cerca de 20 mil personas. Hoy la cifra es 14 veces superior.
Algunos cálculos respecto al número de fallecidos durante la pandemia de la gripe española en 1918 y 1919 hablaban de entre 300 y 500 mil fallecidos. (Enrique Quintana, El Financiero, Pagina Dos, p.2)
El 2020 nos sorprendió a todos con un nuevo virus, causante de una pandemia y coadyuvante de la crisis económica, sanitaria y social que estamos viviendo y que se considera, ya, la más fuerte de este siglo. Ahora, en el inicio de este 2021, México enfrenta uno de los más grandes retos de su historia moderna: inmunizar a la mayoría de su población contra el Covid19, de una forma segura, justa y eficiente. De esta tarea, depende gran parte de nuestro futuro.
Es una carrera contra el tiempo que, además, no está nada sencilla. Los contagios, considerados como el motor de la epidemia, no dan tregua. Apenas en julio de 2020, en el país había alrededor de 30 mil casos activos. Una cifra que ya se disparó a más de 90 mil en este primer mes del 2021. De alguna forma se debe cortar esta cadena y mientras más pronto, mejor. La pandemia está más activa que nunca: enfermando y dejando miles de muertes a su paso.
Afortunadamente la ciencia creó, con una rapidez inimaginable, la vacuna, y otros se encargarán de la vacunación. En un primer momento se pensó que en nuestro país esta tarea sería, únicamente, de competencia Federal. Pero la misión sonaba a imposible y monopolizarla hubiera sido un grave error. Por ello, es un acierto que el Ejecutivo haya autorizado que cualquier empresa o gobierno Estatal puedan adquirir la vacuna contra el Covid19, para aplicarla en cualquier punto del país. Sí, hubiera sido mejor para todos hacer este anuncio desde un principio, pero el hubiera no existe. (Mauricio Kuri, El Sol de México, Análisis, p.15)
Que el gobierno de la 4T ha fracasado rotundamente en su lucha contra la pandemia de Covid-19 es evidente, de acuerdo con los siguientes datos.
Por su población, al cierre del 2020, México tenía 128’932,753 habitantes, de acuerdo con la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas. Esto lo coloca como el décimo país más poblado del planeta, después de China, India, Estados Unidos, Indonesia, Pakistán, Brasil, Nigeria, Bangladesh y Rusia.
Con base en datos actualizados el lunes pasado, de entre 219 países y territorios listados en www.worldometers.info, México ocupa el décimo tercer lugar en casos totales de Covid registrados (1’778,905); el 11º en nuevos casos contabilizados el lunes (8,521); el 4º en número de muertos totales (150,273); el 4º en nuevos muertos contabilizados también el lunes (659); el 9º en número de casos activos (285,591); el 4º en número de casos activos críticos (5,504); el 15º en número de muertos por cada millón de habitantes (1,159); y el 157º en total de pruebas de Covid realizadas por cada millón de habitantes (34,263). Ayer, el número de muertos llegó a 152,016, 1,743 más que el lunes.
De acuerdo con datos difundidos en ourworldindata.org, 8.5% es la tasa de fatalidad de México, que es el número de muertes confirmadas dividido entre el número de casos registrados. Por ello ocupa el segundo lugar, sólo debajo de Yemen, país que está en medio de una guerra civil, en donde la tasa es de 29.0 por ciento. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p.39)