Si no quieren comparar la matanza de 72 migrantes en San Fernando, el 24 de marzo de 2011, con lo sucedido el fin de semana en Camargo, también en Tamaulipas, con la brutal muerte de 19 migrantes no lo hagan. Lo cierto es que fueron ultimados y después calcinados.
Por más que traten de tomar distancia con otras matanzas, no significa que no estemos ante un hecho brutal que muestra que las cosas en esencia no han cambiado. Es como si el tiempo no pasara y no aprendiéramos de hechos tan brutales como traumáticos; lo peor que nos puede pasar es perder la capacidad de asombro y sensibilidad.
Reiteremos lo sabido pero no aprendido, los migrantes dejan sus lugares de origen en medio de la pobreza y la violencia. No lo hacen por gusto, lo hacen como parte de sus necesidades, encuentran que en la migración podrán revertir al menos un poco la situación en la que están. Lo hacen por ellos, pero sobre todo, por sus familias.
Conversamos con Luis Carlos Velásquez, gobernador departamental de San Marcos, Guatemala, y con William Matías, vicepresidente del equipo de futbol Juventud Comiteca de la tercera división guatemalteca. Todo indica que los migrantes son originarios de esta zona y que uno de ellos era futbolista de este equipo.
El gobernador presenta un panorama desolador de San Marcos. Nos dice que difícilmente la gente come una vez al día y que las condiciones en las que viven son de pobreza total. El vicepresidente del equipo va pasando del dolor de la pérdida por Marvin Tomás Tomás, el Zurdo, a la indignación. Asegura que lo que se vive en México es peor que lo que pasa en sus comunidades con todo y la gran cantidad de adversidades que padecen.
Lo que llama poderosamente la atención es que pareciera que lo sucedido nos pasa de largo. “Es indignante, no puede ser posible que un hecho de tal magnitud no merezca la atención de la opinión pública”, nos decía ayer el abogado y defensor de derechos humanos Santiago Corcuera. Es cierto, la matanza no ha tenido la resonancia, indignación y atención que merece ni en las redes ni los medios de comunicación.
Estamos hablando de la muerte violenta de 19 migrantes, todo indica de origen guatemalteco. Estamos hablando del mismo estado del país en que se presentó una brutal matanza hace nueve años. Estamos hablando de la presencia del crimen organizado que se mantiene intacto y con pleno control de la zona. Estamos hablando de la falta de atención y sensibilidad del gobierno estatal y federal. Estamos, a fin de cuentas, en el mismo lugar en donde estábamos hace 11 años si no es que peor porque después de las innumerables experiencias traumáticas algo debíamos haber entendido y aprendido.
Toda la zona tiene serios problemas, pero en lo que corresponde a nuestro país es evidente que ha sido incapaz en respetar los derechos humanos de los migrantes y en diseñar una política efectiva en su seguimiento cuando han ingresado a México.
El desarrollo desigual, la complicidad y la corrupción son factores centrales. Las promesas de Trump y López Obrador de invertir en la zona se quedaron en eso, promesas. El Gobierno mexicano no ha tenido la capacidad para darle un giro a las cosas.
Nos hemos convertido en el otro muro que tanto quería Trump. Lo hicimos en la frontera norte y sur a la que llevamos soldados e integrantes de la Guardia Nacional. Fuimos el otro dique y hoy estamos en la “esperanza” de que Biden expida una ley migratoria, lo que no nos exime de nuestras responsabilidades.
La migración es una necesidad, es un intento por mejorar la vida de las familias.
Los migrantes no tienen porque morir como en Camargo. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, Opinión, p.2)
Así que el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca plantó cara ayer a los actos violentos registrados recientemente en la entidad que gobierna. El mandatario expuso que “Tamaulipas no es, ni será zona libre para el crimen” y ofreció coordinación con las instancias que realizan las investigaciones relacionadas con las 19 personas encontradas sin vida en los límites entre Nuevo León y Tamaulipas. Adicionalmente, nos comentan, que la Fiscalía estatal entabló comunicación con autoridades de Guatemala para realizar pruebas de ADN y poder identificar si son ciudadanos de ese país. “Estos hechos indignan, porque son expresiones de violencia que no corresponden al Tamaulipas de paz que deseamos”, expresó García Cabeza de Vaca, quien aseguró que el crimen no quedará impune. (La razón, Opinión, p.2)
La plaga… De cara al acotado crecimiento económico, la xenofobia y el racismo contagiaron a las principales potencias mundiales. A esa pandemia se sumó la crisis de salud derivada por el Covid-19 que llevó al cierre de puertas y fronteras. Hoy estamos más lejos que nunca.
Datos de Naciones Unidas revelan que en 2020 la migración global sufrió un retroceso cercano al 30%; es decir, que aproximadamente 2 millones de personas se quedaron en sus países de origen, como resultado de las disrupciones en el otorgamiento de visas y permisos de trabajo.
Asimismo, el éxodo de migrantes ha sido evidente en ocupaciones de alto nivel de especialización en donde múltiples funciones pueden llevarse a cabo de forma digital. Una auténtica pérdida de talentos para las naciones más ricas y un retorno de cerebros para los países de origen…
Bienvenido-Welcome… En 2020, unas 281 millones de personas vivían fuera de sus países de nacimiento, de las cuales dos tercios se concentraron en 20 naciones. En EU viven 51 millones, en Alemania 16 millones, Arabia Saudita 13 millones, Rusia 12 millones e Inglaterra 9 millones.
Más allá de la cerrazón, la realidad es que esos movimientos enriquecen el desarrollo de los países con nuevas formas de pensar y conocimientos. Amén de ser un relevante catalizador para la innovación. El 55% de las startups de EU valuadas en más de mil millones de dólares fueron fundadas por al menos un inmigrante o sus descendientes.
Sin embargo, pese a ser un indiscutible motor para el desarrollo, en México el músculo migrante permanece en reposo.
Esta semana México, ¿Cómo Vamos?, de Sofía Ramírez Aguilar, el Programa de Jóvenes Comexi, Corazón Capital y US-Mexico Foundation dieron a conocer su reporte “Inmigración en México: Más apertura, menos barreras” mismo que muestra que, a pesar de la localización geográfica, nuestro país no ha logrado posicionarse como un faro para la atracción de migración calificada.
Hoy apenas ocupamos el lugar 162 de los 193 estados miembros de la ONU en ese renglón…
Hospitalidad mexicana… En total se estima que aquí habitan un millón 212 mil 252 personas de diferentes nacionalidades, el 0.96% de la población. De los cuales 66% son nacidos en EU, seguidos por Guatemala con 4.7% y Venezuela 4.4%.
Pese a su diminuto tamaño, en 2019 esos soñadores representaron el 95% de las patentes otorgadas por el IMPI, lo que deja ver el enorme potencial.
Se estima que en naciones en desarrollo como la nuestra una mayor apertura a la llegada de migrantes con alto nivel de especialización puede llegar a representar hasta 7% del PIB.
Es más, un avance del 1% en la llegada de pobladores de otras latitudes podría traducirse en un alza del 1.15% del PIB. Así que todo por ganar… (Ángeles Aguilar, La Razón, Opinión, p.18)
La próxima semana tendrán lugar las sesiones de parlamento abierto para escuchar a todas las voces que tienen algún posicionamiento sobre la reforma a la Ley del Banco de México, gobernado por Alejandro Díaz de León, a fin de que se pueda resolver el problema de la repatriación a Estados Unidos (EU) de los dólares en efectivo que quedan atrapados en bancos mexicanos.
Recuérdese el problema: millones de dólares en efectivo llegan a México como remesas o propina turística. Millones de esos billetes son vendidos en el mercado, pero hay un remanente que la banca no vende y que circula. Estos dólares suelen ser enviados físicamente a EU, a bancos corresponsales de los bancos mexicanos, con lo que el círculo se cierra adecuadamente.
Sin embargo, de unos años para acá, debido a las leyes antilavado de dinero, el regulador estadounidense ha endurecido los controles y ha generado incentivos para que los bancos estadounidenses dejen de aceptar los dólares físicos que los bancos mexicanos quieren repatriar a ese país. El resultado es que en México hay un mercado de dólares en billetes entre bancos, centros cambiarios y personas.
Estos dólares son más baratos, debido a su exceso. De tal suerte, tenemos en el país dos mercados cambiarios. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Opinión, p.23)
La llegada de Biden como presidente de EEUU debe tomarse con la frialdad que el caso amerita, si bien es buena señal el hecho de que finalmente la institucionalidad haya imperado durante su toma de protesta sin incidentes mayores de violencia después de la toma del Capitolio así como el alivio de no tener que escuchar ni ver más al repugnante de Trump, sin embargo hay que dejar claro que Biden no representa esperanza alguna, al contrario, su arribo debe ser visto con pragmatismo, con reservas y escepticismo.
Independientemente de filias, fobias y demagogias, lo cierto es que la tensión entre las naciones se encuentra en una circunstancia muy parecida a la de cualquier guerra mundial y los EEUU como la nación más influyente en los últimos años tiene gran parte de la responsabilidad, con la llegada de Biden esta puede agravarse.
Algunos puntos que comienzan a acentuarse son ya perceptibles a los ojos del mundo, primero la insinuación de Hilary Clinton de que el presidente ruso Putin fue uno de los orquestadores del asalto al Capitolio y como respuesta Alexei Navalny, el principal opositor de Putin considerado cercano a intereses de EEUU regreso a Rusia para ser arrestado, con esto, el conflicto entre EEUU y Rusia regresa al mismo punto de tensión tras la salida de Obama. Con esto también se revive el conflicto en Siria e Irán, representando el riesgo de una guerra armada de incalculables consecuencias.
Además del conflicto real existente, los efectos económicos del COVID-19 obligan a los EEUU a reactivar su economía y la forma en la que lo han hecho a lo largo de la historia es poner en marcha su industria armamentista y una crisis tan profunda como la que esta dejando la pandemia les representa la tentativa de una guerra de iguales proporciones, por ello no debe de extrañar el nombramiento de Antony Blinken como secretario de Estado quien además de haber sido uno de los principales asesores en materia de seguridad, ha sido señalado tener sus intereses ligados a la industria armamentista.
En tanto a México, debemos estar alerta del anuncio de Biden de los 100 días de perdón a los migrantes en EEUU que está siendo tomado en muchos países de centro y suramérica como un llamado a 100 días para migrar a los EEUU, tal como puede observarse en distintas convocatorias abiertas a migrar en estos países, ello representa uno de los mayores riesgos para nuestro país, pues no sólo significa grandes cantidades de migrantes transitando en nuestro territorio al mismo tiempo, sino que sucede en la curva más peligrosa de la pandemia.
Por ello para México es obligado revisar todos los acuerdos de Biden con pinzas, los sistemas mutuos de comercio, por ejemplo vale la pena preguntarnos ¿qué sucederá con toda la producción de petróleo de México e inversiones como la de Dos Bocas si EEUU cancela su oleoducto en Texas y regresa a comprarle el crudo a países como Venezuela?, así como cuestionarnos otros anuncios con un enfoque de defensa a la nación y como mexicanos, más allá de buscar el beneplácito del nuevo gobierno norteamericano, debemos ser escépticos y asegurarnos que se respete a nuestro país. (César González Madruga, La Crónica de Hoy, Opinión, p.4)
La semana pasada arrancó la administración de Joe Biden en Estados Unidos, y para la sorpresa de muchos de nosotros, la migración estaba en los temas más sonados de su agenda política. Tampoco pasó desapercibido que las primeras dos llamadas del nuevo presidente fueron a su homólogo de México y al primer ministro de Canadá, los dos países vecinos, lo mismo que hizo el nuevo canciller Tony Blinken en hablar con sus homólogos mexicano y canadiense en cuanto fuera confirmado por el Senado.
En el tema migratorio, que afecta directamente a millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos, así como a la relación bilateral, hay tres tipos de cambios que se están proponiendo dar.
El primer cambio es la política de trato a los indocumentados que ya viven en el país, unos 10 a 11 millones de personas, de los cuales la mitad son mexicanos. Para eso, Biden ya emitió una orden para hacer pausa a las detenciones y deportaciones de la mayoría de indocumentados e instruyó al Departamento del Interior a diseñar criterios más limitados para la deportación. Un tribunal en Texas amparó el moratorio, pero no hay duda que el gobierno federal puede decidir a quiénes prioriza para la deportación, así que, independiente de lo que pasa con el tribunal, es de esperarse que habrá un cambio significativo en cómo se aplica la ley a los indocumentados. Eso será un alivio enorme, pues la gran mayoría quedará exenta de ser deportada a menos de que cometan un crimen serio.
En otro orden, la administración Biden propuso una reforma migratoria integral para legalizar a los indocumentados y cambiar algunos elementos anclares del sistema migratorio. En eso soy más escéptico. Si bien la política de deportación depende del ejecutivo, una reforma de esta magnitud depende del Congreso, donde parece haber menos apetito para la reforma. Donde sí hay posibilidades de consenso es en el tema de DACA, los jóvenes que llegaron al país en su niñez (90% de ellos mexicanos), que podrían ser sujetos a una legalización que afectaría a un número importante que va desde 600 mil a 3 millones, dependiendo de los criterios que decidan usar. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p.13)
La terca realidad nos recuerda cómo la gestión migratoria y las políticas de cooperación en Washington, México y Centroamérica están muy rezagadas respecto a la crisis humanitaria en la región.
En EU el presidente Biden ha enviado al Congreso una reforma migratoria, que abre puertas a la ciudadanía a jóvenes DACA, y a quienes se encontraban sin documentos en ese país antes del 1 de enero de 2021. Se propone transitar de la criminalización bajo Trump, a un trato digno a los migrantes, sin que ello signifique estimular nuevos flujos hacia el norte.
En México, el hallazgo de 19 personas calcinadas, presuntamente migrantes guatemaltecos, el 23 de enero de 2021 en Camargo, Tamaulipas, en la frontera con Texas, evidencia que estamos en el extremo opuesto de una migración ‘ordenada, segura y regular’. La falta de alternativas orilla a las personas migrantes a recurrir a traficantes de personas o rutas peligrosas, lo cual aumenta su riesgo de ser víctimas de graves violaciones a sus derechos humanos, como apunta la ONU: https://bit.ly/3poNVoL
En Centroamérica, los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras y las oligarquías locales le apuestan a exportar pobres que envíen remesas desde EU, dejando intocada una realidad de violencia sistémica, que borra toda esperanza de una vida mejor.
¿Qué hacer?
México debe expresar qué quiere en la nueva realidad migratoria —cómo combinar la seguridad fronteriza con sus obligaciones constitucionales en materia de derechos humanos. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Opinión, p.13)
Hay por lo menos dos maneras de manejar las relaciones con otros países: la institucional y la personal que, dependiendo del país de que se trate, pueden traer excelentes resultados, aunque también pueden ser desastrosas si no se eligen bien las formas en una coyuntura determinada, es decir, si no se leen claramente los distintos momentos de la relación bilateral, la empatía entre los líderes de cada país o bien, la complejidad de la propia relación. En mi opinión, -y por experiencia- creo que toda relación debe estar sustentada en el trabajo institucional de todos los días y, si las circunstancias lo permiten, puede complementarse con un buen contacto personal e incluso, una amistad entre los presidentes de cada país.
Para poner un ejemplo, diría que en el caso de México y países tan cercanos como los de Centro y Sudamérica -por razones de vecindad, idioma, cultura e idiosincrasia-, las relaciones suelen ser más amistosas y personales que institucionales, pues existe una empatía natural entre los pueblos y gobiernos que facilitan la labor diplomática, lo cual no significa que no exista una relación institucional y de trabajo diario que la soporte. En cambio, habrá otras relaciones con países más lejanos y complejos, donde las relaciones personales no importen tanto como las institucionales. Sin embargo, en cada una de ellas las formas importan e importan bien. (Mario Alberto Puga, El Universal, Opinión, p.12)
Ante la inquietud sobre cómo se desarrollarán las relaciones con el nuevo —y muy bienvenido— gobierno de Joe Biden, debe tenerse en cuenta lo siguiente. Los nexos entre México y EU ya son de tal magnitud y dinamismo, que evolucionan en dos distintos niveles complementarios. En efecto, la imparable integración ha hecho que los vínculos ya no sean bilaterales, sino binacionales, siendo este el único tipo de relación que ambos tienen con otro país. Dicha binacioanalidad imposibilita rompimientos, separaciones o graves deterioros, aunque en el otro nivel, el de la interacción entre los gobiernos, existan divergencias políticas o ideológicas. Prueba de ello es que en los dos periodos de mayores choques gubernamentales en la historia reciente —los de De la Madrid-Reagan y de Peña Nieto-Trump— la intensa vinculación cotidiana siguió operando normalmente.
El peculiar entendimiento entre gobiernos tan opuestos ideológicamente como los de López Obrador y Trump, fue posible gracias al gran pragmatismo obsecuente asumido por México, que concluyó con la llegada de Biden: antítesis de su antecesor. Aunque debería haber mayores concordancias con un gobierno de centro-izquierda que con uno de derecha neofascista, la falta de tacto y sabiduría diplomática, así como la manipulación de lo externo para fines internos, conformaron una larga lista de innecesarios agravios que van desde la equivocada visita a Washington en plena campaña electoral, hasta la retardada felicitación por el triunfo demócrata, que remataron con el extraño caso del general Cienfuegos y la desatinada actitud de magnificarlo, en lugar de minimizarlo. Como el gobierno de EU ya no es el unipersonal de un irresponsable populista que actuaba en función de sus propios intereses, las recientes conversaciones telefónicas entre los presidentes —indirectas a través de traductora—, no necesariamente anuncian una futura armonía. Si bien en el señalado nivel estructural las cosas seguirán su curso normal, puesto que lo contrario es casi imposible, al nivel gubernamental la situación no será fácil.
Por tener el nuevo mandatario descomunales problemas domésticos que atender, delegará los asuntos del vecino en la enorme burocracia, ya controlada por resentidos demócratas que —al igual que la poderosa speaker de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi— consideran se respaldó la reelección del detestado Trump. Adicionalmente, los respectivos mandatarios tienen agendas distintas que, salvo un nuevo acomodo pragmático, chocarán. Tal es el caso de la energía, del medio ambiente, las cuestiones laborales incluidas en el T-MEC, las inversiones, la equidad de género y femenicidios, la seguridad, la democracia y el respeto al Estado de Derecho, etc. En el siempre espinoso tema de la seguridad —ignorado por Trump al que solo importaron la migración y el T-MEC—, confrontamos el agravante del encono de las agencias de seguridad e inteligencia —principalmente la DEA— por los nulos progresos de la 4T en este rubro que incide en su seguridad nacional, por el Culiacanazo, el caso Cienfuegos, por las restricciones impuestas a la actuación de los agentes estadounidenses, etc. Por ser Biden un experimentado servidor público —que conoce bien los problemas de México—, será respetuoso de la independencia institucional de las dependencias gubernamentales, dejando que cumplan sus responsabilidades en la forma que acostumbran. Por ende, y conforme al modus operandi de Washington, puede preverse que el malestar se manifestará mediante filtraciones a los medios de comunicación, que no serán bien recibidas en México. (Walter Astié-Burgos, El Universal, Opinión, p.12)
Olga, el arma secreta de la 4T
¿Y qué se imaginó la mafia del poder? Que solo porque el presidente Andrés Manuel López Obrador se contagió con el virus que genera la enfermedad del Covid-19 se iban a acabar las mañaneras. No señor, no señora, están muy equivocados los conservadores si creen que un coronavirus, que el propio Presidente dijo desde febrero de 2019 que no era “terrible” ni “fatal” y que desde abril del año pasado está domado, va a impedir que se realicen cada día, sin falta, las conferencias de prensa mañaneras.
Con lo que no contaban los conservadores, quienes ya celebraban cuando el Presidente anunció que estaría en cuarentena, es que la Cuarta Transformación tenía a su arma secreta para salir a hacerle el quite del Presidente en las mañaneras, nada menos, que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
¿Se acuerdan cuando los neoliberales y la prensa fifí criticaban a doña Olga? Incluso aseguraban que era una secretaria débil y sin poder, y algunos llegaron al extremo de decir que era solo un florero dentro del gobierno de la 4T. Pues ahora, pueden ver que, como siempre, están equivocados.
Se decía que a diferencia del sexenio corrupto de Enrique Peña Nieto, en el que la Secretaría de Gobernación era muy poderosa, con mucho presupuesto, y que controlaba temas de seguridad nacional, entre ellos, la inteligencia civil, la seguridad pública y la migración, ahora la Secretaría a cargo de doña Olga era débil y no tenía mayor relevancia.
Se trataron de amarrar navajas al decir que el Presidente le quitó a la secretaria el tema de la migración, para dárselo al canciller Marcelo Ebrard y el de la inteligencia y la seguridad pública, para entregárselo a Alfonso Durazo.
Un día sí y otro también, se escribían columnas diciendo que Sánchez Cordero salía del gabinete y se afirmó más de una vez que su puesto quedaría en manos del canciller Ebrard o del senador Ricardo Monreal. Pero ahora resulta que todas esas especulaciones alentadas por el conservadurismo y la prensa fifí e inmunda eran falsas, que los planes de la 4T para doña Olga eran otros.
Ahora se puede ver claramente lo sofisticado del plan del actual gobierno, le explico: de manera estratégica se le fue descargando a la secretaria Sánchez Cordero de algunos asuntos menores, como el de la inteligencia, y prepararla para que en el caso de que un día el Presidente tuviera que ausentarse de las mañaneras ella tomara en automático el control de estas conferencias de prensa que son vitales. Y el día llegó. Como verá, la 4T es infalible, cuando sus adversarios y críticos van, ella ya viene.
Que si doña Olga no sabía dónde estaba el Presidente confinado, si en Palacio Nacional o en su casa; que si no tiene la menor idea de cuál es el estado de salud del Presidente; que si el vocero presidencial la ha tenido que corregir en público…, esos solo son detalles menores, es la etapa de ajuste, del aprendizaje, el momento de aclimatarse. (El Universal, Opinión, On Line)
En México se desarrolla una tragedia humanitaria que fue permitida por las autoridades mexicanas en colusión con el gobierno estadounidense.
Este 29 de enero se cumplen dos años de que, presionado por la amenaza de la administración de Donald Trump de imponer aranceles, el gobierno de México aceptó la implementación del protocolo Quédate en México (Migrant Protection Protocols, en inglés).
Esta cruel política obliga a personas que solicitaron asilo en Estados Unidos a esperar en lugares peligrosos de México mientras se resuelve su procedimiento. No cuentan con acceso a derechos básicos, como la alimentación o vivienda, y han quedado desprotegidas en medio de la pandemia.
Del 29 de enero de 2019 a noviembre de 2020, 68 mil 430 personas fueron enviadas a México bajo ese programa, según el informe “En la Boca del Lobo”, que publicamos el 15 de diciembre en conjunto con la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD), el Instituto para las Mujeres en la Migración (IMUMI) y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
Muchos solicitantes de asilo, quienes huyeron de sus países porque sus vidas corren peligro y solo buscan la posibilidad de vivir en libertad en Estados Unidos, llevan más de 650 días en campamentos improvisados en la frontera mexicana. Muchos otros han sido enviados lejos de la frontera, desde donde difícilmente pueden trasladarse para llegar a tiempo a sus citas en las cortes de migración.
Además de enfrentar carencias, las personas son víctimas de secuestros, extorsiones y abuso sexual, entre otros crímenes.
Desde septiembre de 2020, casi 10 mil solicitantes de asilo siguen esperando su audiencia inicial. Menos del uno por ciento han recibido asilo. Esta política no solo puso a decenas de miles en peligro; fue diseñada para que las personas con necesidad urgente de protección internacional nunca fueran reconocidas como refugiadas.
No hay forma de esquivar la realidad: México contribuyó en la creación de este desastre humanitario. Éste ya no es un asunto que sólo incumbe al gobierno del expresidente Trump. México aceptó de forma ilegal este protocolo, e incumplió con su compromiso de brindarles protección y acceso a derechos a las personas solicitantes de asilo.
Durante su campaña, el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se comprometió a eliminar el protocolo en sus primeros 100 días de administración. En su primer día en el cargo, suspendió las nuevas incorporaciones a esta política, un logro celebrado por la sociedad civil en ambos lados de la frontera.
Pero esta acción no es suficiente. Quedan en México decenas de miles de solicitantes de asilo, incluyendo niños, niñas y mujeres embarazadas, que aún están en un terrible estado de vulnerabilidad esperando su cita en una corte de inmigración.
Presidente López Obrador, le hemos escuchado decir que México apoyará el desarrollo en países que expulsan migrantes, a fin de atender las causas de la migración. Pero eso no es suficiente. Su gobierno necesita comprometerse a reparar el gran daño que causó a más de 68 mil personas.
Desde la sociedad civil, consideramos fundamental que usted anuncie el retiro de la participación de México en el protocolo y elabore un plan para atender a la población afectada. Es necesario que explique cómo colaborará con el gobierno de Biden para encontrar a todos los solicitantes de asilo bajo el protocolo, y cómo se les garantizará un procedimiento justo.
Creemos que aún hay tiempo de revertir las políticas de la crueldad, que nada bueno trajeron a nuestro país ni a las personas solicitantes de asilo. Su gobierno puede ser mejor.
Biden ya se comprometió a eliminar el protocolo Quédate en México e implementar acciones para restaurar el sistema de asilo en su país. Presidente López Obrador, es su turno al bate. ¿Usted a qué se compromete? (Alejandra Macías Delgadillo, Reforma, Opinión, p.10)
La llegada del presidente Joe Biden a la administración estadunidense ha generado expectativas de un cambio en la relación con México. Por lo menos se espera que se eliminen las comunicaciones disparatadas y amenazantes de Donald Trump con relación a la migración, en tanto que el nuevo mandatario se propone desmantelar lo realizado por su antecesor. Seguramente que los debates entrarán en un cauce más sensato, si bien otros problemas actuales requieren aproximaciones muy distintas a las que se han dado en el pasado, como sucede con la pandemia, con su cauda de dolor y muerte. Con relación al fenómeno migratorio, la nueva administración se propone detener la construcción del muro y reasignar esa inversión a urgencias domésticas, lo cual genera aprobación de este lado de la frontera pero rechazo de las huestes trumpistas. Y si bien el racismo es anterior a Trump, éste se encargó de reforzarlo a su favor.
Interesante que Biden envíe al Congreso de Estados Unidos una reforma migratoria, seguramente relacionada con la presentada en la administración de Barack Obama en la que trabajaron arduamente más de ocho meses cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas; en ella se planteaba la legalización de las personas indocumentadas (ahora son cerca de 11 millones de trabajadores, más de la mitad son mexicanos) y la posibilidad de obtener la ciudadanía después de 10 años, es decir, una reforma integral. Fue presentada al Congreso, pero lamentablemente rechazada por los republicanos. Por ello, Obama presentó la propuesta de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) con el fin de evitar deportar a los niños que llegaron al país con sus padres indocumentados, los ahora llamados soñadores, misma que Trump intentó eliminar. Tal parece que el camino para la DACA es prometedor, pero para la reforma migratoria integral, a pesar de la mayoría demócrata, se requiere por lo menos de 10 republicanos para aprobarla y dada la polarización del país es probable que se produzca un bloqueo y, lamentablemente, volvemos a lo mismo.
Ha habido muy poca información acerca de la comunicación telefónica sostenida entre Biden y López Obrador, pero se destaca la intención del presidente estadunidense de atender las causas de la migración de centroamericanos para que no se vean forzados a abandonar sus naciones. Esta fue la visión de AMLO al iniciar su administración, poner en marcha una política de recepción humana y de derechos, reconociendo a la migración centroamericana como forzada y la necesidad de ir a las causas para revertirla. Desde mi punto de vista, las causas derivan de gobiernos corruptos para los que la migración se convierte en una estrategia para seguir esquilmando a sus poblaciones, evadiendo sus responsabilidades en otorgar condiciones de vida dignas, salud universal, educación e ingresos decentes que les otorgue seguridad y justicia a todos sus habitantes.
Me recuerda la estrategia de Francisco Franco, el dictador de España que por casi 40 años expulsó a su población a través de firmar a diestra y siniestra acuerdos de trabajadores migratorios con los países europeos, forma idónea para deshacerse de los trabajadores españoles y no generar los beneficios sociales que les correspondían, pero forzados a enfrentar lo que todos los migrantes del mundo: racismo, explotación, etcétera, que repetía sin cesar hemos perdido el sol, al vivir en regiones gélidas y totalmente alejadas del cálido ambiente mediterráneo. Esta fue la situación hasta que el dictador murió en su cama el 20 de noviembre de 1975, cuando la democracia regresó a la nación y España dejó de expulsar trabajadores. Aunque en el caso de los países centroamericanos no puede dejarse de lado el papel de Estados Unidos y su intervención flagrante y permanente en los procesos que no le convienen, como fue el caso lamentable de Manuel Zelaya. En este sentido, si Estados Unidos quiere verdaderamente atacar las causas de la migración, la primera acción es dejar de interferir en los procesos de las naciones cuando se deciden a buscar nuevos caminos hacia el desarrollo y, sin duda, la segunda acción debe ser la participación activa y decidida de la población para cambiar sus condiciones de vida y de trabajo para que la justicia haga su labor.(Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p.12)
En 1986, el senador republicano Alan K. Simpson y el representante demócrata, Romano Mazzoli, que encabezaban los subcomités sobre migración en sus respectivas cámaras, lograron empujar, que se aprobara y fuera firmada por Ronald Reagan la que, desde entonces, ha sido la principal reforma migratoria estadunidense que regularizó a poco más de tres millones de migrantes sin documentos.
Desde entonces, otros presidentes, casi todos, han anunciado su intención de lograr amplias reformas migratorias, la más importante la de George W. Bush apoyada por el gobierno mexicano de Vicente Fox, pero que los atentados del 11 de septiembre de 2001 echaron por los suelos. Todavía en 2006 hubo otro esfuerzo que nunca llegó siquiera a votarse en el legislativo.
En 2009, Barak Obama dijo que quería que al final de ese año se concluyera una reforma migratoria “integral” … nada pasó.
Después de cuatro años de Donald Trump y su crueldad frente a la migración, el presidente Biden ha prometido, una vez más, una ambiciosa reforma migratoria. Por lo pronto, desde que pisó la Casa Blanca ha lanzado mensajes y decretos para terminar con los últimos cuatro años de persecución y maltrato a los migrantes, y ha insistido en que propondrá, sí, una vez más, la reforma migratoria profunda e integral.
Como en las últimas ocasiones que estos esfuerzos han fracasado, la clave en cualquier propuesta tiene que ver con qué hacer con lo muchos millones que están en EU, que trabajan y contribuyen, pero que no tienen documentos. La cosa no será sencilla. En el lado republicano los trumpistas, y del lado demócrata aquellos con cercanía y dependencia a los sindicatos más poderosos, objetarán como lo han hecho en otras ocasiones.
La mayoría de esos ciudadanos sin documentos en EU son mexicanos. En tiempos de Trump, el presidente López Obrador dijo que prefería no meterse en esa discusión por considerarla un asunto interno de los estadunidenses. Pero desde su primera llamada con Biden, habló de la reforma y regularización de los compatriotas allá. Veremos si eso se acompaña con una campaña diplomática amplia y trabajo con organizaciones y empresas que podrían ser claves para convencer a un legislativo polarizado y desde hace años renuente. (Carlos Puig, Milenio, Opinión, p.2)