Les llueve sobre mojado.- No solo el COVID-19, el hambre y las malas condiciones de vida, afectan a los migrantes refugiados en la Estación Migratoria de Tenosique, Tabasco. Ahora la amenaza es la inseguridad. En días recientes, nos comentan, un sujeto que aparentemente se encontraba bajo los efectos de sustancias nocivas intentó ingresar a “La 72”, pero al negársele el paso, amagó con machete en mano a los presentes y amenazó con hacer que “corran ríos de sangre” en la estación. El problema, además de la falta de personal de seguridad, es que en los alrededores del albergue se venden bebidas embriagantes e incluso otras drogas en pequeños negocios que tampoco están siendo vigilados. Ojalá la situación no pase de las amenazas. (Reporte Índigo, Reporte, p. 3)
En días pasados, la violencia asociada a la impunidad volvió a hacerse presente en el panorama nacional con la noticia del asesinato de 19 migrantes en Camargo, Tamaulipas. Como resultado de las investigaciones, se sabe que la masacre se produjo en el marco del operativo Frontera Chica y en ella estuvieron implicados el Grupo de Operaciones Especiales, la Policía Estatal y la Secretaría de Seguridad Pública, cuyos miembros habrían recibido la orden de asesinar a quienes circulaban en la camioneta donde viajaban los migrantes, tras lo cual se les habría mandado incendiar la camioneta para borrar la evidencia.
Lamentablemente este caso no es inédito, hay que añadirlo a una lista más amplia de hechos en los que las instituciones de seguridad son responsables directas de crímenes y violaciones graves a los derechos humanos. Lo ocurrido en Camargo es un reflejo más de la crisis institucional y de seguridad pública que padece el país, y es expresión también de la histórica colaboración o infiltración de los intereses del crimen organizado en las policías e instituciones públicas.
La tragedia de Camargo confirma que la frontera norte y las rutas de migración son territorios en disputa por los cárteles del crimen organizado y que la institucionalidad del Estado ha sido cooptada por esas organizaciones.
Inevitablemente, las dolorosas imágenes de Camargo nos hacen revivir la tragedia ocurrida hace una década a pocos kilómetros de ahí, cuando 72 migrantes fueron asesinados por el crimen organizado en el poblado de San Fernando, también en Tamaulipas. Las investigaciones de aquel caso nos permitieron conocer que la policía municipal en aquel agosto de 2010 estuvo previamente informada y brindó protección para la consumación de los secuestros. Duele aún más saber que ninguna de las 81 personas señaladas en su momento por tener relación con el caso ha sido condenada por la masacre.
El caso de San Fernando, que debió servir para conjurar posteriores tragedias, ha acabado convirtiéndose en la premonición no sólo de la masacre reciente de los 19 migrantes, sino de la vejación y frecuente muerte de muchos otros que siguen intentando atravesar los territorios fronterizos de México hacia Estados Unidos.
Tragedias como la ocurrida en Camargo dan cuenta de que la Guardia Nacional como apuesta principal del actual gobierno para contener la violencia en el país, es no sólo insuficiente, sino errada, pues enfatiza un enfoque reactivo de atención a la violencia como si ésta se tratase de un hecho de generación espontánea y no la consecuencia de la infiltración del poder público y privado por el crimen organizado. En un país de fosas, donde se fabrican verdades y numerosas instituciones han sido cooptadas, una mayor presencia militar en las calles no va a garantizar mayor seguridad. Es necesario repetirlo una vez más: el fortalecimiento de las instituciones acompañado del desmantelamiento de las redes ilícitas tejidas entre poderes políticos, económicos y delincuenciales, debiera ser el punto de partida para recuperar los vastos territorios de nuestro país que hoy se encuentran secuestrados por la macrocriminalidad. (Mario Patrón, La Jornada, Opinión, p. 16)
El presidente de Estados Unidos está recuperando la agenda internacional de su país. Y lo hace también a través de símbolos para enviar señales inequívocas al mundo.
Joe Biden visitó la semana pasada las instalaciones del Departamento de Estado.
Unas horas después, confirmó que también ya está de regreso como país observador en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Desde el día dos de su gobierno formalizó su regreso al Acuerdo de París. Y una semana después, anunciaba el desmantelamiento de los “acuerdos” migratorios que impuso Trump a Centroamérica con los que hizo casi imposible la oportunidad de concederles refugio a sus ciudadanos.
La relación entre México con Estados Unidos es estratégica, y por lo tanto necesaria para ambos países. Dos temas de enorme relevancia ya están sobre la mesa binacional: migración y trasiego de armas.
El presidente Biden decidió mantener el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), se trata del programa al que Trump intentó eliminar, pero no pudo por orden judicial.
Algo más, el presidente Biden busca que cerca de 11 millones de migrantes indocumentados puedan obtener un estatus temporal como medio para lograr la ciudadanía. En efecto, el Congreso tendrá que decidir el resultado de la iniciativa, sin embargo, el presidente muestra voluntad de cambio.
Por parte del Gobierno mexicano, el canciller Marcelo Ebrard ha puesto énfasis, desde el año pasado, énfasis en la necesidad de impedir el paso de armas desde Estados Unidos a través de nuestra frontera. Si se llegara a avanzar en este tema, sería un importante alivio para la seguridad de nuestro país.
Es un momento de oportunidad para México para fortalecer sus relaciones con Estados Unidos. Las condiciones que la Casa Blanca vivió durante los últimos cuatro años están obligando al presidente Biden a dar un giro estratégico en su política exterior. Y lo está haciendo muy rápido, mucho más que lo que tardó Trump respecto al legado de Obama.
Los temas de cooperación entre México y Estados Unidos pueden acelerar el acercamiento entre los dos presidentes.
La visita de Biden a la sede del Departamento de Estado no fue casualidad. Su país está de regreso, y México podría aprovechar la ocasión. (Alfonso Muñoz De Cote Otero, El Economista, Política, p. 39)
Se fue Trump, quien seguía aferrado al petróleo, al fracking y al uso de cualquier combustible fósil. El Presidente en México, sabiéndolo o no, sigue el mismo ejemplo. Sin embargo, no pesarán las baladronadas. Biden no se aplacará con muestras de sumisión ni discursos evasivos. A él no se le complace con la Guardia Nacional dando garrotazos a los migrantes. El Acuerdo de París, así como el respeto al básico principio legal de no retroactividad, enfrentarán a las dos administraciones, poniéndose en manos del poder judicial estadunidense la suerte de las arrogantes e ineficientes empresas energéticas mexicanas.
Es aún tiempo de abandonar la idea de poner, por encima del interés nacional, la suerte de corporaciones burocráticas que, tras haber sido brutalmente saqueadas, hoy, en manos inexpertas, llegaron al punto de quiebre. El rescate petrolero fue un error, y seguir dilapidando recursos públicos es irresponsable. Qué decir de la CFE, que incumple el mandato constitucional, priorizando la generación en detrimento de la transmisión y distribución. (Gabriel Reyes Orona, Excélsior, Coronavirus alerta, p 8)
El Presidente Biden tiene frente a sí un reto enorme, semejante al planteado por la Gran Depresión de los años treinta. El mundo respiró con algún alivio cuando Biden superó a Trump en las elecciones de noviembre, pero la crisis sigue allí.
Como lo sintetizó Reagan en un slogan equivocado, pero llamativo: “El gobierno no es la solución a nuestros problemas: el gobierno es nuestro problema.” Es evidente que todo depende de qué gobierno hablemos.
Mientras tanto, para el 80% de los de abajo, la vida empeoró. El gobierno se vio forzado a reducir servicios en áreas de educación, salud, infraestructura y transporte públicos. Así, por ejemplo, mientras en los años cincuenta y sesenta hubo una gran expansión de la educación superior pública; en los ochenta y noventa el gobierno recortó los subsidios a las universidades, que se vieron obligadas a elevar sus cuotas.
Los estudiantes de las clases medias y bajas tuvieron que endeudarse para poder estudiar. La novedosa deuda estudiantil, casi inexistente en los sesenta, alcanza hoy 1.6 trillones de dólares. El estudiante que termina su licenciatura hoy lo hace con una deuda de unos 30 mil dólares en promedio (más de 600 mil pesos), lo que implica, para muchos, una crisis familiar en sí misma. Y si no se llega a terminar cualquier carrera, la cosa empeora notablemente. La historia del grupo de mexicanos indocumentados nacidos en los EU (dreamers) da cuenta de ello. Este y otros procesos análogos han conducido a que alrededor de la mitad de los estadounidenses viva hoy muy cerca de la llamada línea de la pobreza. Lo que ganan no alcanza para una vida equivalente a la que tuvieron sus padres. (Marcos T. Águila y Jeffrey Bortz, El Universal, On line)
Una de las apuestas desde el inicio del sexenio ha sido transformar y convertir al ahora Banco del Bienestar, antes Bansefi, en una institución con todas las capacidades y potencia para ser el medio en donde dispersar la mayor cantidad de recursos de los programas sociales, lo que no ha logrado aún, pero sobre todo competir y dar el servicio a quienes hoy no son atendidos por la banca comercial.
Y como se ha dicho, no es quizás la mejor inversión dado la lejanía, los sistemas que tienen que cumplir y lo más importante, la falta eventual de clientes, los cuales si se logra avanzar con la dispersión de más dinero de los programas sociales estaría justificando esa parte; ahora se le sumará la tarea de impulsar parte del trabajo que ya hacían en el pasado y que alguna razón se frenó y son ir por los migrantes.
El Banco del Bienestar y su titular Diana Álvarez tendrán el gran reto de tener todos los sistemas listos para identificar a migrantes y a trabajadores del sector turístico y zonas fronterizas que vayan a cambiar sus dólares en efectivo, para cumplir con todas las medidas de Prevención de Lavado de Dinero (PLD), sistema en general que les ha costado mucho a los bancos comerciales y que son áreas a las que les destinan hasta 200 personas para analizar los reportes que se generan de operaciones inusuales, relevantes o preocupantes, además de inversiones importantes para tener sistemas de alerta y prevención al día, y cumplir con todo lo que les requieren la Unidad de Inteligencia Financiera con Santiago Nieto o la Comisión Nacional Bancaria y de Valores en el área de PLD que se encarga Sandro García. (Jeanette Leyva Reus, El Financiero, Economía, p. 13)

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 26)