Postulados de la ley
Algunas secciones incluyen parámetros para incluir en los reportes con respecto a violaciones a derechos humanos y abusos de las fuerzas de seguridad, ejecuciones extrajudiciales, torturas, desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias realizadas por miembros de las fuerzas de seguridad o en complicidad con éstas. Asimismo, contiene especificaciones con respecto a la efectividad de las estrategias implementadas para combatir la corrupción, financiadas mediante aportes multilaterales.
Pero lo más interesante de la ley radica en la inclusión de la corrupción y su impacto sobre la migración de connacionales. Es una novedad que se incluya a este flagelo como causante del fenómeno migratorio, pues hasta la fecha, esas causales se centraban en la pobreza y la violencia como únicos detonadores.
Si bien la corrupción no tiene un efecto directo sobre la migración, es responsable de la degradación de las condiciones de vida de buena parte de la sociedad. Unas condiciones marcadas por servicios públicos inadecuados, por una impunidad imperante, por desplazamientos internos y por la imposibilidad de movilidad social, entre otros males. (Dardo Justino Rodríguez, El Universal, On line)
Nos habría encantado que México estuviera presente en esa reunión. Nuestros dos principales socios económicos hablando, planeando el futuro de una región que parece soltarnos la mano. Joe Biden y Justin Trudeau amables, fraternales frente al monitor que les permitió tener este encuentro en medio de la pandemia. El primero bilateral para el presidente que recién cumple su primer mes en la Casa Blanca y las palabras que se dedicaron, no podrían ir por otro rumbo: “Estados Unidos no tiene un amigo más cercano, ningún amigo más cercano que Canadá; por eso fuiste mi primera llamada como presidente, mi primer encuentro bilateral…”, afirmó Biden en su despacho. Trudeau respondió con una frase que, con seguridad, varias oficinas de gobierno en el mundo habrán querido decir: “El liderazgo de Estados Unidos se ha extrañado muchísimo durante los últimos años…”.
Ahí quedó, entre conversaciones sobre la construcción de una agenda común para reparar la relación bilateral, de la importancia del trabajo conjunto contra la pandemia y la recuperación económica; los refugiados, la migración y el cambio climático. Los firmantes del tratado comercial más importante para México reunidos, justamente, sin nosotros, porque acá, la agenda anotaba otros pendientes que lejos, muy lejos quedan de la generación de confianza en la inversión privada, esa que tendría que ser una prioridad tras los golpes generados por la emergencia sanitaria. Aquí, aquí la agenda va en otro rumbo:
“Esto (la reforma) nos dará la seguridad de que no habrá apagones, de que no va a haber aumentos en el precio de la energía eléctrica, que vamos a seguir apoyando a Sonora para que en épocas de mucho calor puedan contar con energía eléctrica a precios justos (…) Nosotros vamos a defender este asunto porque es defender la economía popular. México no es tierra de conquista, váyanse a robar a otra parte…”, espetó el Presidente en Palacio Nacional horas después de que la mayoría morenista en la Cámara de Diputados, aprobó la iniciativa de Ley de la Industria Eléctrica. Ese proyecto suyo que, como con la construcción de Dos Bocas, le apostará todo a energías que más bien tendrían que ir de salida. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
La reunión Biden-Trudeau de esta semana acercó como nunca antes –desde que George Bush padre se inclinó por México hace tres décadas– a Canadá y Estados Unidos.
Así lo dijo el presidente Biden: “Estados Unidos no tiene un amigo más cercano, ningún amigo más cercano que Canadá… Por eso fuiste mi primer invitado, Justin”.
Estados Unidos y Canadá van en sentido opuesto a la ruta tomada por México en los temas básicos de la agenda.
El gobierno mexicano sigue en la misma línea que tanto lo emparentó con Donald Trump en temas de salud, economía, medio ambiente, seguridad y migración.
Pero Trump ya no es presidente de Estados Unidos, y México va en sentido opuesto al resto del mundo con el que comerciamos y necesitamos una buena relación.
Son muchos más los puntos acordados por Biden y Trudeau (en migración, equidad de género, respaldo a las minorías, solidaridad con los perseguidos en Rusia, China, el tema Venezuela, Myanmar…), que no caben en este espacio.
Fue la reunión internacional más importante para México en un par de años, por lo menos. Son sus socios y aliados. Y no estuvo presente.
Tendrá que definirse el gobierno mexicano si desea jugar en esta liga o no, donde aún tiene la puerta abierta, aunque necesitaría rectificar el rumbo.
O si prefiere la compañía del –eufemísticamente llamado por el diario El País– “bloque progresista”, con Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 38)
Duque anunció a principios de mes que legalizará a un millón de refugiados de Venezuela, lo que llevará a 1.8 millones el número total de migrantes de ese país legalizados en Colombia.
Esto significa que la gran mayoría de los refugiados venezolanos en territorio colombiano podrán obtener mejores trabajos y tener un acceso más fácil a los servicios de salud y educación.
Eso le dará a Colombia “mucha más capacidad de convocar a la comunidad internacional, empezando por algo elemental, que la comunidad internacional también nos ayude al proceso de vacunación de estos migrantes”, agregó.
“Mientras que en muchos países se ve la xenofobia a la negación de estos fenómenos (migratorios), Colombia, sin ser un país rico, está mostrando que se puede hacer una política migratoria coherente, congruente, responsable, humanitaria y sobre todo inteligente”, me dijo el Mandatario.
Las cifras de Duque comparando la ayuda externa a los refugiados sirios y venezolanos son parecidas a las que dio a conocer la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 2019.
Según me dice Dany Bahar, el economista internacional de Brookings Institution, quien ha escrito varios estudios sobre los refugiados venezolanos, la cifra actualizada de la ayuda internacional es de 3 mil dólares por refugiado sirio, y 800 dólares por refugiado venezolano.
“En otras palabras, los refugiados sirios han recibido más de tres veces más que los migrantes venezolanos”, me dijo Bahar.
“Y la cifra de migrantes venezolanos incluye fondos prometidos, pero aún no desembolsados”.
Y es probable que el éxodo venezolano pronto sea mayor que el de Siria, agregó Bahar. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 13)