Por enésima vez se va a presentar ante el Congreso de Estados Unidos una propuesta de ley para los dreamers, los jóvenes migrantes indocumentados, menores de 18 años, que llegaron con sus padres a Estados Unidos y se educaron en las escuelas, se enrolaron en el ejército o trabajan en actividades esenciales como la salud.
El argumento fundamental en su defensa es que ellos no cometieron un delito o una falta administrativa al entrar como indocumentados, los culpables fueron sus padres.
Por otra parte, se reconoce su proceso de inserción en la sociedad, principalmente por su escolarización y por ser activos importantes para la economía estadunidense. Además cuentan con el apoyo de la mayoría de la población.
Los dreamers fueron una de las herencias de Barack Obama, que hizo el programa llamado Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que les concedía un estatus de protección temporal y que fue blanco de las iras y furias de Donald Trump, que lo quiso eliminar. Pero también fue rechazado por numerosos estados, encabezados por Texas, que incluso interpusieron demandas judiciales. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 13)
En cuanto a migración, hace apenas 5 días, el magistrado de distrito Drew Tipton (juez federal en Texas) bloqueó temporalmente (por 14 días) una medida del presidente Biden, que pretendía detener la deportación de inmigrantes durante un período de 100 días. Fue ésa una de sus ofertas centrales durante su campaña electoral, pues contrastaba con las medidas impuestas por Donald Trump. En este aspecto es probable que el presidente norteamericano solicite el apoyo del gobierno mexicano dadas las serias dificultades que afrontará para solventar ese revés.
La contención de las deportaciones es sólo una parte de la ambiciosa política migratoria del presidente Biden. También busca otorgar la ciudadanía, en un plazo de ocho años, a 11 millones de indocumentados que viven en EEUU y que hayan ingresado a ese país antes de enero de 2021. Ofrece entregar la llamada “green card” a los jóvenes que entraron a la nación norteamericana cuando eran niños; a los ciudadanos de países que están en guerra, o que fueron gravemente afectados por un desastre natural, y a los trabajadores agrícolas, entre otros. En dicha política se contempla la aportación de 4 mil millones de dólares, en un lapso de 4 años, al denominado triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y el Salvador). Es en este último punto en el que puede conjugarse la participación de ambos gobiernos. El gobierno mexicano ha dado prioridad a enfoques de desarrollo de esa región. Diversos programas sociales que se aplican en México han sido replicados, con el apoyo del gobierno de nuestro país, en países centroamericanos. (Rodolfo Torres, La Crónica, Opinión, p. 3)
El fin de la era Trump abrió paso a un cambio radical en Estados Unidos. A menos de dos meses del relevo presidencial, la presencia de Joe Biden en la Casa Blanca no puede ser más contrastante. Con su actitud pausada, sensata, gestos de una auténtica sencillez, el nuevo mandatario no perdió tiempo en terminar con múltiples medidas de su antecesor, que construyeron un andamiaje antiinmigrante, racista y excluyente como pocas veces se había visto en la historia de ese país. Entre otras medidas, eliminó la posible expulsión de cerca de 800 mil jóvenes (la mayoría mexicanos) llevados a ese país por sus padres sin los papeles requeridos. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 12)
PARECE QUE, en el México de la 4T, más vale ser mafioso, o familiar de un narcotraficante que empresario o emprendedor para ser atendido con celeridad por los más altos niveles de gobierno.
MIENTRAS empresarios de todos los niveles resienten la aplicación de medidas que ponen en riesgo inversiones y provocan el cierre de empresas sin tener siquiera la oportunidad de exponer su caso ante las autoridades competentes, Andrés Manuel López Obrador la anda haciendo de Abogado del Diablo.
ASÍ LO HIZO con la mamá de Joaquín “El Chapo” Guzmán, a quien le consiguió una visa humanitaria para ir a visitar a su hijo preso en EU después de aquel famoso “encuentro” en el que se bajó de su camioneta para ir a saludarla.
Y EL VIERNES el Presidente pidió a su secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, atender a Florian “El Tiburón” Tudor, identificado como el líder de la mafia rumana dedicada a clonar tarjetas bancarias. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 10)

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)