*¿Vacunas a México por motivos políticos de EU?*
Según los medios estadunidenses, el presidente norteamericano Joseph Biden está a punto de enfrentar “una montaña de presiones” de los Republicanos y los radicales del Partido Demócrata, inquietos ambos por la situación en su frontera sur y la migración.
Afirman que Biden impulsará la legalización de los “dreamers” y quizá de algunos trabajadores agrícolas, pero la Gran Reforma será difícil. Recuerdan que la última reforma migratoria la hizo Ronald Reagan, pero después de su reelección.
Por las circunstancias, Biden estaría forzado a negociar con México que refuerce la frontera con Guatemala. Sus opciones son amagar con aranceles, como Trump o, por las buenas, enviar a México las vacunas solicitadas. Dependerá de su humor.
Notas en remolino
*Mucha coordinación debe existir entre el personal de la SRE de Marcelo Ebrard con Migración, si quieren evitarse nuevas quejas del gobierno de Colombia por trato a sus ciudadanos al llegar al aeropuerto de CDMX…* (José Fonseca, El Economista, Política y sociedad p.45)
Los cambios anunciados en la política migratoria de la administración del presidente Joe Biden, han despertado una expectativa creciente en la población migrante, particularmente en el triángulo norte de Centroamérica.
Sin embargo, suspender el programa que permitía a los solicitantes de refugio en Estados Unidos permanecer en territorio mexicano en espera del fallo de la autoridad norteamericana; anunciar que se aprobará un número importante de solicitudes de asilo, y suspender la construcción del Muro, insignia de la administración Trump, son medidas insuficientes que, lejos de dar certeza de la apertura migratoria en ese país, generan una falsa expectativa que ha detonado un incremento significativo en el flujo migratorio por nuestro país.
Ello se conjuga con los factores tradicionales que originan la movilidad regional, y con los impactos negativos generados por la pandemia, en particular los estragos en la economía de la región, que han profundizado la desigualdad y la pobreza, de la mano del incremento en la violencia delictiva; de los problemas derivados de desastres naturales y de conflictos políticos, que como en el caso de Haití y otros países, alientan el incremento en el movilidad de las personas en busca de otro tipo de oportunidades.
Este repunte migratorio se puede constatar con la información sobre las detenciones de personas migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, las cuales, durante febrero del presente año alcanzaron a 99 mil 690 personas, de las cuales 59 por ciento son centroamericanos.
En lo que respecta a nuestro país, se registra un mayor ritmo en el acceso a distintos instrumentos para garantizar una migración regular, es el caso de las visas de visitante regional que al 15 de marzo se ha otorgado cerca de 12 mil, es decir mas de la tercera parte respecto a 2020; al igual que las visas por razones humanitarias, que hoy suman más de 76 mil personas, así como las cerca de 111 mil visas a las personas retornadas de Estados Unidos.
El crecimiento en las solicitudes de refugio y protección complementaria, que en los últimos tres años suman más de 125 mil solicitudes, mantendrá un crecimiento sostenido, comprendiendo a la vez, a un mayor número de nacionalidades, inclusive de otros continentes.
Cabe destacar, que el rasgo distintivo de este flujo migratorio, es la presencia creciente de familias muy jóvenes, con padres adolescentes, hasta con dos hijos, en condiciones de precariedad y gran vulnerabilidad. Se trata en su mayoría de gente muy humilde. Los pobres de los pobres; quienes no tienen más opción que abandonar el lugar donde nacieron.
Por ello son insuficientes los cambios y medidas hasta ahora anunciadas por el nuevo gobierno norteamericano. Se requiere dar certidumbre respecto de acciones que asuman un nuevo enfoque para atender el fenómeno migratorio, atendiendo las causas de origen, lo que implica dejar atrás las acciones punitivas de control, para asumir como eje fundamental, el necesario desarrollo del triángulo norte de Centroamérica y la frontera sur de México, y su integración económica. Lo que exige, además de la cooperación internacional, del compromiso de los países expulsores para encarar las causas que motivan la salida de las personas, sin generar falsas expectativas. (Alejandro Encinas, El Universal, Opinión, p. 10)
Surge otra crisis en ambos lados de la frontera entre México y Estados. La cantidad de niños migrantes no acompañados ha aumentado desde que inició el año, y los dos países se encuentran envueltos en una crisis humanitaria sin precedente.
El muro fronterizo del expresidente Trump fue el eje mediático de su política migratoria, pero su verdadero legado fue la implementación del Título 42 de la Ley de Servicio de Salud Pública en marzo de 2020, otorgándole poderes extraordinarios a las instituciones de salud para limitar la transmisión de una enfermedad infecciosa.
Desde entonces, los migrantes y niños no acompañados que llegan a la frontera con Estados Unidos han sido expulsados rápidamente bajo esta orden. Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), en el trascurso de enero, cinco mil 871 niños no acompañados cruzaron la frontera, un aumento de casi 20 por ciento frente a los cuatro mil 995 que lo hicieron en diciembre.
Las instalaciones de las autoridades fronterizas fueron construidas originalmente para detener a hombres migrantes y no cuentan con las condiciones adecuadas para atender a los menores.
Los niños y adolescentes no tienen suficiente comida, se bañan solo pocas veces a la semana y muchos no han podido contactar a sus familiares. En lo que transcurre de marzo, la llegada de menores centroamericanos sigue incrementando.
El gobierno de Biden ha revertido la mayoría de las medidas migratorias adoptadas por la administración de Trump, pero ha mantenido el Título 42 por la pandemia. El presidente estadounidense ha instruido a la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias a que apoye a las autoridades fronterizas a recibir, albergar y transportar el número de niños migrantes no acompañados que llegan a la frontera sur durante los próximos 90 días.
Los migrantes tienen la esperanza que con la llegada de Biden al poder, sus posibilidades de entrar a Estados Unidos son mayores. Sin embargo, el gobierno estadounidense ha informado, que aún cuando ha procesado a migrantes bajo el programa de Permanece en México y están reformando el sistema de asilo, que no están las puertas abiertas en la frontera.
La Casa Blanca ha evitado calificar la situación como una emergencia nacional, pero esta crisis podrá convertirse en un arma política para que los republicanos rechacen la reforma migratoria integral que presentó Biden al Congreso.
En México, tanto el gobierno como los albergues están rebasados por la cantidad de niños migrantes que han sido expulsados en territorio nacional.
Muchos menores viajan solos y se encuentran vulnerables a ser víctimas de robo, violación, abuso sexual, secuestro, recluidos por miembros del crimen organizado y grupos de trata de personas. Como parte de su respuesta, el gobierno mexicano ha acelerado las redadas para deportar a los migrantes a sus países de origen, la mayoría provenientes de Centroamérica. El gobierno necesita una estrategia contundente. La crisis sanitaria y económica impulsará que la migración de mexicanos y centroamericanos hacia Estados Unidos se incremente considerablemente. No solo se vale festejar las remesas, se tienen que proteger y asegurar los derechos humanos de los migrantes en el país. (Lila Abed, El Heraldo de México, Editorial, p. 11)
Entre el acoso de la izquierda demócrata que demanda generosidad y el de la derecha republicana que exige restricciones, peligra la reforma migratoria de Biden.
No acababa el presidente Joe Biden de celebrar su victoria por la aprobación del paquete de estímulo en el Congreso cuando asomaron nubarrones en el horizonte que podrían impedirle cumplir su ambiciosa agenda.
La batalla contra el virus no ha terminado, y aunque ha habido un enorme progreso, y el programa de vacunación avanza aceleradamente, todavía no podemos cantar victoria. También hay que ver si con la relajación del confinamiento, ya desatado en varios estados, la pandemia resurge con fuerza y dilata la recuperación económica.
Hasta ahora, sin embargo, el país avanza en ambos capítulos, sanidad y economía, y las encuestas muestran que el 70% de los estadounidenses aplaude entusiastamente el paquete de estímulo, y que el 55% aprueba la gestión del presidente. Un porcentaje de apoyo que, en sus cuatro años de gobierno, su antecesor nunca logró.
El problema, sin embargo, es que, a pesar de la aprobación ciudadana, los congresistas republicanos continúan ignorando deliberadamente la realidad y amenazan con boicotear las partes de la agenda de Biden que se les indigestan.
No auguro un debate civilizado cuando se discuta el control a la venta de armas; tampoco con los programas para mitigar los efectos nocivos del cambio climático; cuando se planteen las reformas al sistema sanitario o el plan de transformación de la infraestructura, y, sobre todo, cuando se discuta la ambiciosa reforma migratoria integral que Biden ha planteado.
Es indudable que el cambio de la brutal y desalmada política migratoria de Trump y su cómplice mexicano, el compromiso de Biden de tratar el tema de manera humanitaria ha generado expectativas y reacciones encontradas. Del lado de los migrantes, principalmente centroamericanos y mexicanos, el cambio ha impulsado la esperanza de poder acceder al sueño americano. Del lado de los restriccionistas estadounidenses, dicho cambio de política podría provocar una avalancha de migrantes en el peor momento posible.
Los datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU confirman que desde principios de año el número de inmigrantes detenidos en la frontera sur ha ido en aumento. Sin embargo, la mayoría de los migrantes adultos no fueron admitidos y ya han sido deportados salvo en los casos en los que el migrante pide asilo.
También volvió a repuntar el número de migrantes menores de edad no acompañados que fueron retenidos en la frontera. El repunte sigue siendo modesto en comparación a 2015 o 2019, cuando hubo oleadas de mayor magnitud. No obstante, presenta un problema serio para el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas y, en última instancia, para Biden. Por ley, los menores tienen que ser trasladados a un espacio de acogida especial en un lapso reducido y el gobierno no cuenta con las instalaciones apropiadas.
Tradicionalmente, el tema migratorio es uno de los temas más controvertidos en este país y el repunte de migrantes en este momento le da una nueva vuelta de tuerca al debate. Desde la izquierda del Partido Demócrata aumenta la presión para que Biden adopte la postura más liberal posible, proteja el bienestar de los menores y le de cabida al mayor número de migrantes. Al mismo tiempo, la derecha del Partido Republicano alega que el repunte muestra que la política de Biden aboga por abrir la frontera.
Así las cosas, es evidente que la reforma migratoria integral que Biden ha planteado enfrentará grandes retos. Espero que el actual desafío no malogre reivindicaciones justas como la regularización de los Dreamers o alguna versión de la amnistía a inmigrantes indocumentados que llevan años viviendo y trabajando aquí, que aquí han formado su familia y que no han tenido problemas legales. (Sergio Muñoz Bata, La Crónica de Hoy, Mundo, p. 19)

(Magú, La Jornada, Política, p. 3)