Opinión Migración 180321

 

Razones // Comando Norte: control territorial y militares

Las relaciones entre las Fuerzas Armadas de México y Estados Unidos suelen correr por carriles diferentes a las diplomáticas. Para comprender lo que implica esa relación hay que entender que, para Estados Unidos, México es parte de su seguridad interior, por eso, tanto México como Canadá forman parte de lo que se denomina el Comando Norte de la Secretaría de Defensa de la Unión Americana. Todo el resto de América, incluyendo el Caribe, es parte del Comando Sur, de las otras siete áreas de seguridad exterior de la Unión Americana. Ser considerado parte del Comando Norte implica un tipo de relación y de compromisos distintos, superiores, entre las fuerzas armadas de los dos países.

Ayer, el jefe del Comando Norte, el general de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Glen D. VanHerck, hizo dos declaraciones muy importantes para entender el diagnóstico que tienen los militares estadunidenses de nuestro país. Durante una rueda de prensa con periodistas que cubren el Pentágono, sostuvo que entre el 30 y el 35% del territorio de México estaba “fuera del control” de las autoridades y que, por ende, la llegada de migrantes a la frontera entre los dos países era sólo un síntoma más de un problema más amplio, que es el de los grupos criminales que operan en nuestro país.

 

Sostuvo VanHerck que “las drogas, la migración, el tráfico humano, todos son síntomas de organizaciones criminales transnacionales, que a menudo operan en áreas no gobernadas, entre un 30 a 35%, de México”.

Es un diagnóstico que no está alejado de la realidad. Hay territorios en nuestro país que sólo formalmente están bajo control de las autoridades. Zonas completas de Michoacán, Guerrero, Chiapas, Colima, Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, entre otros, son territorio de alta presencia e incluso hegemonía criminal.

En México, había dicho VanHerck ante el muy influyente Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos, poco antes de hablar con la prensa, “hay dos importantes organizaciones criminales transnacionales: el Cártel de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación”. Agregó que “tenemos un imperativo de seguridad nacional, dada la inestabilidad que crean estas organizaciones, las tragedias que provocan y las oportunidades que generan para que actores malignos como China y Rusia puedan tener acceso e influencia directamente en nuestra frontera sur”.

En otras palabras, eso quiere decir, como todos deberíamos ser conscientes, que la operación de esos y otros grupos criminales es considerada un factor de riesgo interno en la Unión Americana, por su propio accionar y por la posibilidad de ser utilizados o manipulados por potencias externas. Puede ser que a los ejércitos de Estados Unidos les preocupen o no las matanzas que ejecutan estos grupos en nuestro país, pero definitivamente lo que les importa es su seguridad interior, es que los cárteles sean el conducto para ataques contra su territorio. Por eso la exigencia de ser mucho más duros con esas organizaciones y establecer un combate frontal contra ellos. Una visión que a veces no se termina de comprender, desde esa lógica, en nuestro país.

Lo que también llamó la atención es que el general VanHerck calificó de “fantástica” la cooperación con las Fuerzas Armadas mexicanas. “Desde el punto de vista de nuestra relación con los militares mexicanos, ellos son tremendos socios, tenemos una relación fantástica de militar a militar”, dijo VanHerck ante el Comité.

Aseguró, incluso, que el trabajo del Comando Norte con los altos mandos militares mexicanos se mantuvo de forma cercana en forma virtual durante la pandemia y también a través de los oficiales mexicanos destacados en la sede del Comando Norte, en Colorado Springs, donde suele haber encuentros regulares y trabajos de adiestramiento común desde la creación del Comando Norte, en 2002, poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, para proteger, precisamente, la seguridad regional y la interior de la Unión Americana.

Esa declaración ante el Comité del Senado implica otra cosa muy importante: ni las fuerzas armadas ni el Comando Norte comparten los términos de la investigación que la DEA realizó contra el general Salvador Cienfuegos.

VanHerck, que fue designado en agosto del 2020 como jefe del Comando Norte, tiene que haber estado al tanto de lo ocurrido y que Cienfuegos, como secretario de la Defensa, había estado en Washington, fue condecorado militarmente, visitó y trabajó con los mandos del Comando Norte durante toda la pasada administración. La colaboración “fantástica” que dice tener el general VanHerck con los militares mexicanos no admitiría traiciones de esa dimensión sin que la confianza sea vulnerada. Esa colaboración no admite, tampoco, tiempos sexenales.

Todo esto sirve también para algo en lo que aquí hemos insistido. Los mandos militares de Estados Unidos no comparten el temor que aquí algunos expresan de que las Fuerzas Armadas mexicanas terminen siendo un símil de las venezolanas o cubanas. Si fuera así, no existiría ni esa confianza ni esa colaboración. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 14)

Sin ataduras // Y seguimos en Honduras

Hace una semana indicamos que la cooperación de México con Honduras debe revisarse debido a problemas de corrupción en ese país, nepotismo binacional y conflicto de intereses (¿Qué hacemos en Honduras?, MILENIO, 11 de marzo de 2021).

El mismo día se realizó un acto en Comayagua, Honduras, donde representantes de ambos gobiernos presentaron los avances de los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro.

Como se recordará, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) celebró un convenio con Banco Azteca Honduras, dirigido por la cuñada del secretario Marcelo Ebrard, Viviana Bueso, para distribuir 30 millones de dólares donados por México para financiar los programas. Llama la atención la ausencia en dicho acto de la funcionaria bancaria hondureña, pues el banco hace entrega de los apoyos a los beneficiarios.

Según la SRE, la directora ejecutiva de la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (Amexcid), Laura Elena Carrillo Cubillas, dijo en la ceremonia que los recursos se entregan “de manera directa” a los beneficiarios, es decir, sin la participación del gobierno hondureño, a través del Banco Azteca.

Tanto la SRE como la Presidencia de la República de Honduras difundieron sendos comunicados sobre el acto mencionado, el primero lleno de vaguedades y el segundo con datos precisos.

De acuerdo con la SRE, la funcionaria de la Amexcid mencionó que los resultados obtenidos al momento son alentadores. Pero el único dato duro que aportó para respaldar su optimismo fue que los beneficiarios hondureños (no dijo cuántos) opinan que la opción de emigrar disminuyó de 63.5 por ciento a 8.5 por ciento.

En cambio, el comunicado del gobierno hondureño precisó que son 567 beneficiarios los que participan en el Proyecto Sembrando Vidas, de los cuales 432 han recibido pagos.

Agregó más datos concretos: a la fecha, se han inscrito en la iniciativa Jóvenes Construyendo el Futuro, 4 mil 35 jóvenes, de los cuales mil 19 están realizando sus pasantías en 210 empresas registradas y están recibiendo sus pagos.

Es decir, hasta ahora se han registrado apenas 4 mil 602 jóvenes hondureños y solo mil 451 están recibiendo pagos. Mucho ruido y pocas nueces.

Ha pasado un año y nueve meses desde que ambos programas fueron firmados por los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Juan Orlando Hernández en julio de 2019, con una inversión de 30 millones de dólares.

Si bien es cierto que la pandemia ha sido un obstáculo para la entrega de los recursos, la ayuda está llegando a cuentagotas, y mientras suponemos que los millones estarán depositados en la Tesorería, pues el Fondo México ya desapareció y a Guatemala ya no le tocaron sus 30 millones previstos, fue desvinculada del llamado Plan de Desarrollo Integral de Centroamérica del gobierno mexicano.

En la ceremonia, según la SRE, por nuestro país habló la funcionaria de la Amexcid, pero llama la atención que, según el comunicado hondureño, fue el embajador de México en Honduras quien intervino en representación de nuestro gobierno y nada informó de las supuestas palabras de Carrillo Cubillas, reportadas por la SRE, la cual tampoco reportó el mensaje del embajador. Extrañas diferencias de forma y fondo.

 

Insistimos en que la Amexcid debe realizar una evaluación independiente para comprobar que el encomiable esfuerzo de cooperación de México en Centroamérica sea transparente y eficaz. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 15)

La inalcanzable reforma migratoria

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, enfrenta un problema gigantesco en su frontera sur… lo cual no es nuevo. Lo nuevo sería encontrar soluciones, y el clima político en Washington no parece conducente para encontrarlas.

 

La crisis, lo inmediato, es el inesperado incremento de menores de edad que llegan solos a la frontera. De los casi 10 mil niños que llegaron en febrero, más de 500 tienen menos de 12 años, y algunos entre 6 y 7 años de edad.

 

¿Qué empuja a una familia a enviar a un menor desde Centroamérica a cruzar México para llegar a Estados Unidos? No es una decisión menor, ni que se tome a la ligera. Pero el miedo y el hambre hacen una poderosa pareja.

 

La ley en Estados Unidos obliga a la Patrulla Fronteriza, que depende de la Secretaría de Seguridad Interior, a entregar a los niños a la Secretaría de Salud y Servicios Sociales en un lapso no mayor a 72 horas. Ahí, buscan acomodarlos con familias dispuestas o con parientes, para hacerse cargo de los menores.

 

Pero esto no es lo que está ocurriendo. La capacidad de la Patrulla Fronteriza de albergar a los niños está totalmente rebasada, y si bien no están ya en jaulas, como en tiempos de Trump, sí están hacinados, durmiendo en lugares diseñados para adultos, que más bien parecen prisiones, tienen poco o nulo acceso a una regadera durante días, y esperan en condiciones terribles, mientras pasan los días y el sistema no puede procesarlos.

 

El presidente Biden hizo un llamado a las familias a que no se muevan de sus lugares de origen. “No vengan por ahora”, dijo Biden. “Estamos reorganizando el desorden migratorio y necesitamos tiempo”. Pero es incierta la capacidad que tendrá el Ejecutivo para modificar las cosas de fondo.

 

Una de las principales promesas de campaña que hizo Biden fue lograr un “acuerdo migratorio exhaustivo”, como le llaman allá, para encontrar un camino a la legalización y eventual ciudadanía de 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos en la incertidumbre diaria.

 

Pero el proyecto también incluye cambiar políticas migratorias, estabilizar la frontera, abandonar el famoso muro de Trump y, en general, humanizar la operación del aparato migratorio nacional. Es un plan ambicioso, apoyado por la sección más progresista del Partido Demócrata, pero que tiene muy pocas posibilidades de hacerse realidad en el Senado.

 

De vuelta a lo que les comentaba la semana pasada, respecto al filibuster u obstrucción. La iniciativa de ley tiene cero posibilidades de obtener 60 votos en el Senado. No parece haber una liga creíble de esta ley con el presupuesto, por lo que sería difícil pasarla vía la reconciliación por mayoría simple. Pero supongamos que Chuck Schumer, líder demócrata del Senado, decide ir a la opción nuclear, elimina la obstrucción e impone una mayoría simple.

 

Tampoco está seguro de pasar la ley, puesto que hay senadores demócratas, como Joe Manchin, y algún otro, que podrían votar en contra y descarrilar el proyecto.

 

Lo que veremos será lo posible, y no lo deseable. Habrá legislación migaja para arreglar algunos detalles migratorios, como Dreamers. Quienes participan en el programa de jóvenes que llegaron de niños a Estados Unidos, y quieren quedarse, seguramente serán beneficiados. Habrá, tal vez, alguna modificación a las cuotas de inmigración legal por cada país. Pero la gran reforma parece inalcanzable.

 

Y si con un presidente demócrata y un Congreso demócrata no camina una revisión exhaustiva a las leyes migratorias de Estados Unidos, ya no se me ocurre un escenario en donde esto sea viable. Mientras, habrá que resolver el problema humanitario en la frontera, y eso no es cosa menor. (Jorge Berry, El Financiero, Mundo, p. 25)

Globalítika // Ni la promesa ni el sueño; difícil panorama de la reforma migratoria en EU

El incremento significativo desde inicios de este año en la cantidad de migrantes menores de edad, no acompañados, en la frontera México-Estados Unidos y las reacciones que ha generado entre republicanos y demócratas revelan con claridad que el camino hacia una reforma migratoria integral como la que prometió Biden en campaña sigue siendo largo y difícil.

 

Biden ha comunicado que la migración está entre sus prioridades. En su primer día en el cargo, por ejemplo, presentó la Ley de Ciudadanía (Citizenship Act 2021), una iniciativa de reforma exhaustiva “al sistema migratorio” que trata tanto causas como efectos de las migraciones y ofrece distintas vías de acceso a la ciudadanía a los más de 11 millones de migrantes sin documentos que viven en EU. Se trata de la primera iniciativa que cancela el uso del término illegal alien (extranjero o extraño ilegal) y propone, en vez, llamar “no ciudadanas” (non-citizen) a las personas migrantes indocumentadas.

 

El júbilo que provocó esta posibilidad, sumado a la serie de acciones relacionadas con migración que Biden firmó crearon expectativas de concretar o avanzar una reforma sustantiva durante los primeros 100 días de gobierno -ese performance recurrente de grandes esperanzas y profundas decepciones.

 

Sin embargo, solo 5 semanas después apareció una estrategia distinta en escena cuando representantes demócratas reactivaron dos iniciativas de ley que ofrecen esquemas muy acotados de acceso a la ciudadanía a grupos de migrantes que ya cuentan con la empatía y apoyo de buena parte de la opinión pública: los jóvenes dreamers; los trabajadores agrícolas indocumentados y grupos de personas que residen en Estados Unidos bajo criterios humanitarios o de protección temporal. Se trata de la Ley del Sueño Americano y Promesa (American Dream & Promise Act 2021) y la Ley de Modernización de Trabajadores Agrícolas (Farmwork & Modernization Act 2021), ambas aprobadas en la Cámara Baja en 2019 (sin que prosperaran al Senado) y programadas para voto esta semana en la misma instancia.

 

Es posible que estemos ante estrategias complementarias de los demócratas para asegurar victorias en el corto plazo. O bien que la iniciativa integral de Biden sea más una declaración de principios que una ruta crítica hacia la reforma, o en el peor escenario, que sea una estrategia de comunicación.

 

En todo caso, hasta hace unos días estas dos iniciativas específicas parecían la apuesta más pragmática y cercana para conquistar victorias iniciales en la Cámara Baja y pelear la verdadera batalla en un Senado dividido, en el que primero habría que convencer a 10 republicanos de apoyar la votación para evitar el temido mecanismo de obstrucción.

 

Pero, la frontera. El fin de semana pasado el Ejecutivo tuvo que pedir apoyo a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), al tiempo que un grupo de legisladores republicanos encabezados por Kevin McCarthy decidían visitar centros de detención para dar fe de la “catástrofe” que atribuyen a Biden. La perspectiva de votar esta semana iniciativas de regularización y acceso “cuando tienes la frontera abierta” y en crisis es “de una sordera absoluta”, dijo August Pfluger, legislador republicano que participó en la visita.

 

¿Y si las iniciativas acotadas tampoco prosperan? En el peor de los casos – plantean algunos demócratas- una versión reducida podría incluirse “en paquete” en la sesión de conciliación presupuestaria, cuya aprobación solo requiere una mayoría simple. Si esto representa una victoria acotada o una capitulación prematura está por verse. Lo que resulta evidente es que la construcción de consensos en torno a la migración es un proceso delicado que requiere trabajo de fondo y estrategia desde antes del día uno y con vistas mucho más allá de los primeros 100 días, las elecciones intermedias, el 2024. (Gisela Calderón Góngora, El Economista, Geopolítica, p. 41)

El Gabacho // La inmigración interminable

El flujo migrante en la frontera México-Estados Unidos está por registrar los números más altos en los últimos 20 años, según estimaciones del Departamento de Seguridad Nacional, y su director, Alejandro Mayorkas, quien ha calificado la situación como difícil. En campaña por la presidencia, Joe Biden, prometió tomar “medidas urgentes” para reformar el sistema migratorio y ya en la Oficina Oval ordenó la reunificación de los niños migrantes con sus familias, puso fin a la construcción del muro fronterizo y pidió revisar los programas de inmigración legal cancelados por Donald Trump.

 

A miles de personas que están ya en los cruces y que buscan ingresar por la frontera sur de Estados Unidos, el gobierno de Biden les ha pedido paciencia, en verdad no sé cómo lo podrán conseguir ya que su administración, ha dicho, necesita tiempo para prepararse para gestionar la llegada de personas… “no estamos diciendo no vengas, lo que decimos es no vengas ahora”.

 

Mayorkas, ha repetido, repetido y repetido cómo interpreta esta difícil realidad humana…”nuestro objetivo como país es impulsar un sistema de inmigración seguro, legal y ordenado que se basa en nuestras prioridades fundamentales: mantener nuestras fronteras seguras, abordar la difícil situación de los niños como exige la ley y, permitir que las familias estén juntas”. La intención es buena, pero la realidad amenaza con rebasar a la administración, Biden, como lo ha hecho con la anteriores.

 

Quiero y deseo con toda el alma estar equivocada pero sólo con escuchar y leer los comentarios de los responsables de migración, veo complicado, incluso más que en años anteriores, una solución, la pandemia ha incrementado los niveles de inseguridad, desempleo y violencia no sólo en México sino en el mundo entero y en verdad quiero estar equivocada, pero la realidad, esa terca y necia realidad se encarga de ubicarnos; el interés político, económico y social se imponen.

 

No quiero pecar de inocente y tengo claro que los discursos políticos suenan muy bien, pero en la mayoría de las ocasiones sólo cumplen una parte de lo que dicen, pero no suena mal lo que ha dicho el cubanoamericano, Alejandro Mayorkas… “El sistema fue destripado, se cerraron instalaciones y expulsaron cruelmente a niños pequeños a manos de traficantes por lo que la Administración Biden ha tenido que reconstruir el sistema” y fiel a su naturaleza ha hecho promesas…” construiremos nuevas instalaciones para aumentar su capacidad, trabajaremos con México para recibir a las familias expulsadas y, desarrollar un programa de refugiados más formal”; verdad que no suena mal.

 

Reconocidos hay 30 cruces fronterizos que van desde Baja California en México y en California, Estados Unidos, hasta Ciudad Gustavo Diaz Ordaz en Tamaulipas y Los Ébanos, en Texas, pero ¿cuántos cruces “ilegales” más hay? (Alma Rosa Núñez, Contra Réplica, On line)

Café Político // ¿Idea de Palacio restringir los derechos?

Notas en remolino

 Está el presidente norteamericano Joseph Biden cerca de tener crisis migratoria, por el brusco aumento de migrantes centroamericanos que llegan a su frontera sur. ¿Retiró México a la Guardia Nacional de la frontera con Guatemala o sólo aflojó la vigilancia? Preguntarán en Washington. Tendrá que explicar Esteban Moctezuma… (José Fonseca, El Economista, p. 36)

¿Estados Unidos al rescate?

Con creciente insistencia circula el argumento de que Estados Unidos es el único contrapeso real al gobierno de la 4T. Los más angustiados con el rumbo que lleva la nación observan que la oposición prácticamente no pinta. Los empresarios buscan acomodarse a las circunstancias y han visto disminuir su influencia. El Congreso y el Poder Judicial no atraviesan ciertamente por su mejor momento.

Algunos medios y pensadores denuncian y ejercen la crítica, pero de cualquier manera no controlan ni definen la agenda pública. Este vacío alimenta la noción de que Washington será el factor decisivo; un poder real que no está sujeto a los vaivenes de la política mexicana y que, por tanto, podría alterar la dirección que lleva el país. Quienes están preocupados por las tesis y las acciones del gobierno apuestan a que Estados Unidos no permitiría que nuestro país se convierta en un símil de Venezuela o de Cuba debido a la vecindad con la gran potencia.

Vamos por partes. Para Estados Unidos que solamente tiene dos vecinos geográficos, Canadá y México constituyen la prioridad de seguridad nacional número uno. Tan es así que los dos países forman parte del Comando Centro (Cencom) dentro de la lógica militar de Estados Unidos, como si fuésemos parte de una misma esfera de seguridad.

 

Por razones muy complejas, normalmente ponen más atención en el Medio Oriente, en Rusia, en Irán y recientemente en China. La estabilidad política y el alineamiento de México y de Canadá nos han sacado de las preocupaciones de la alta política internacional, según se mira desde Washington. Por descontado consideran que sus dos vecinos son sus aliados y que no estarían dispuestos a jugar la carta de diplomática de acercarse más de la cuenta con Beijing o con Moscú.

Dicho esto, también están conscientes de que un México sumido en la inestabilidad política, con graves trastornos económicos y violencia social, sería un factor que los distraería de inmediato del resto de sus compromisos internacionales. Un México caótico generaría flujos migratorios incontrolables, afectaría uno de sus polos de comercio más relevantes, pondría en riesgo sus inversiones y les obligaría a centrar el aparato de inteligencia y de seguridad en un país que hasta ahora no ha sonado las alarmas dentro de su cálculo geoestratégico.

¿Hasta dónde pueden estar preocupados en Washington por el rumbo que lleva México? ¿Qué razones les llevarían a actuar o a influir en los asuntos mexicanos? La respuesta es más o menos clara: cuando perciban que sus intereses y su seguridad están siendo amenazados.

Dentro de la baraja de decisiones que ha tomado la 4T, la mayoría no afecta directamente a EU, salvo algunos aspectos de la política energética, el clima de incertidumbre para la inversión extranjera y la cooperación contra el crimen organizado.

Esto puede cambiar en la medida en que los problemas de México se conviertan en problemas para Estados Unidos, como es el caso de la creciente migración mexicana. Washington está lejos de generar una política de intervención activa en México. Hasta ahora lo único que ha ocurrido es que, por primera vez en cerca de veinte años, nuestro país tiene un sitio en el radar de las preocupaciones globales de Estados Unidos. (Enrique Berruga Filloy, El Universal, Opinión, p. 15)

Rozones

Apoyo diplomático a mexicanos en Canadá

Cuentan que la cancillería, que encabeza Marcelo Ebrard, se anotó un punto bueno debido a las gestiones realizadas por el consulado de México en Vancouver ante autoridades canadienses. Resulta que la misión diplomática azteca negoció con el Ministerio de Salud de Canadá y el Ministerio de Agricultura de Columbia Británica para que nuestros paisanos que se encuentran laborando en esas tierras sean vacunados contra el Covid-19. La SRE informó que primero serán inmunizados 468 trabajadores mexicanos que se encuentran en cuarentena obligatoria en hoteles designados por la provincia y después le tocará a más de 1,700 personas que trabajan en diversas granjas. Buena pelota jugada por la misión diplomática en Canadá. (La Razón, La Dos, p. 2)

Uso de razón // Luz al final del túnel

La pandemia tiene los días contados en Estados Unidos: 106, y se acaba.

Todos los días se inyectan 4 millones 600 mil dosis. El promedio sigue siendo bajo: 2.4 millones de vacunas diarias, por la irresponsabilidad del entonces presidente Trump, que en diciembre y los primeros 20 días de enero, se desentendió del Covid para ocuparse de su obsesión electoral y de atacar a adversarios políticos y a las instituciones.

A este ritmo, el 2 de julio el 70 por ciento de la población tendrá anticuerpos y se habrá alcanzado la inmunidad colectiva.

 

Es una gran noticia para este país, para el mundo, y especialmente para México por tres poderosas razones y tal vez una cuarta.

Primero, porque 7.5 millones de mexicanos (de origen o nacidos en México) han sido vacunados contra el Covid en Estados Unidos. Un poco más o un poco menos, depende del avance de la vacunación en estados con mayor o menor densidad de población mexicana.

Treinta y tres millones de mexicanos (de origen) viven en este país de 330 millones de habitantes, de los cuales 75 millones habían sido vacunados hasta ayer (40 millones con las dos dosis).

Muy buena noticia para México, pues incluso los indocumentados (entre 5 y 6 millones) se están vacunando, ya que a nadie se le pregunta la nacionalidad a la hora de inyectarla.

 

Segundo, porque derrotada la pandemia, la economía de Estados Unidos volverá a despegar con mucha fuerza. Y eso alentará el consumo y con ello la importación de productos mexicanos.

El restablecimiento de la normalidad económica en corto tiempo se deberá, también, al poderoso paquete de rescate aprobado por el Congreso.

Y tercero, porque al despegar la industria, los servicios y la actividad agrícola, las remesas que mandan los paisanos a México van a aumentar, lo que ayuda a paliar el incremento de 10 millones de personas que ingresaron a la pobreza extrema al sur de la frontera en 2020.

Tal vez, una cuarta razón: tarde o temprano Estados Unidos le va a regalar vacunas a México, por un tema de seguridad nacional.

Resulta de alto riesgo solucionar la pandemia aquí, pero tener al lado un foco de contagio que puede volver a detonar brotes en Estados Unidos, dado el tráfico de personas y mercancías.

Así es que, guste o no, hay tres o cuatro buenas razones para estar agradecidos con el tío Joe.

 

¿Cómo lo está logrando Estados Unidos? La diferencia entre un buen y un mal presidente lo hace todo.

En lugar de gastar el tiempo en pleitos, atacar a los encargados del cómputo electoral y a los jueces por no darle la razón, como hizo Trump, el presidente Biden se concentró en el problema número uno: la pandemia.

Lo sanitario y las consecuencias en la economía de su país ocuparon y ocupan su tiempo. Se firmaron contratos con Pfizer y Moderna por 600 millones de vacunas.

Con el laboratorio farmacéutico Johnson and Johnson el propio Biden se reunió con sus directivos para exhortarlos, a ellos y a su empresa competidora, a unirse y producir una gran vacuna contra el Covid. Se logró la que con su solo pinchazo es suficiente.

Firmó un contrato por 100 millones de vacunas con ellos. También tiene 30 millones de vacunas de AstraZeneca.

Es decir, Estados Unidos se ha provisto, en pasos sucesivos, para vacunar varias veces a su población adulta, que es de 230 millones.

Una vez logrado su objetivo compartirá dosis con otros países, según ha expresado el nuevo mandatario.

 

Con ello podría ayudar a que América Latina alcance su inmunidad antes de 2023, como estima la Cepal (obviamente hay países que la lograrán este año, por esfuerzo propio, pero algunos de los más poblados llevan un retraso considerable).

Así es que hay luz al final del túnel. El 2 de julio el Covid dejará de ser pandemia en este país. Y a partir de ahí Estados Unidos comenzará a remolcar al resto del mundo. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 30)

De las Cumbres y otras historias // La reunión del Cambio Climático se llevará a cabo el 22 de abril

Entre las primeras acciones de la administración del presidente Joe Biden está convocar a una Cumbre de Líderes sobre Cambio Climático que se llevará a cabo el 22 de abril, Día de la Tierra, donde el Ejecutivo mexicano también tendrá una participación, según la declaración conjunta del 1º de marzo.

El objetivo será persuadir a los países para que refuercen sus compromisos de reducción de Gases de Efecto Invernadero. EU lo ve como una perfecta ocasión para construir nuevas oportunidades limpias para la economía, al ser las tecnologías eólicas y fotovoltaicas las de menor precio.

Asimismo, es cuestión de seguridad, donde la migración forzada por los efectos de cambio climático en diversos países traerá serias consecuencias a EU. Sin acciones contundentes de mitigación, la Unión Americana esperaría 1.5 millones de inmigrantes al año para 2050, de México y Centroamérica. A nivel mundial, el territorio habitable por altas temperaturas pasará de uno a 19 por ciento para 2070; en México, las zonas afectadas serán el sureste y costas del centro.

 

En un estimado, con el aumento de un metro del nivel del mar se desplazarán a 230 millones de personas a nivel mundial.

Para la Cumbre, conforme a acciones y discurso del gobierno federal, es nula la oferta de acciones que podrá mostrar México, quedando fuera del foco abatir 438 millones de toneladas de CO2 que genera y la potencial afectación de personas con menores recursos.

No sólo será una cumbre, el 23 de febrero Canadá y EU acordaron revivir la Cumbre de Líderes de América del Norte, la cual no se había celebrado desde 2016, donde buscarán un mayor acercamiento y compromisos. La presión por cumplir metas de energía limpia ya no solo es interna, se incrementa desde el exterior. (Jorge Lavalle, El Heraldo de México, Merk2, p. 29)