La crisis migratoria vuelve al primer plano nacional e internacional y todos los sectores involucrados, menos uno, han salido perjudicados.
Lo que desató las alarmas es el nivel de aprehensiones que reporta cada mes la patrulla fronteriza. En mayo pasado fueron retenidos cerca de 100 mil migrantes, una cifra muy elevada y fuera de lo normal, y se estima que a fines de marzo podría llegar a 170 mil.
Un poco más de la mitad son personas mayores de edad y en este grupo se incluye a un buen grupo de migrantes mexicanos, pero también hay familias y menores no acompañados de origen centroamericano. Estos últimos se han ido incrementando en los meses recientes, fueron detenidos 5 mil 500 en enero, 9 mil 300 en febrero y en los primeros 20 días de marzo ya se habían contabilizado a 11 mil. Por su parte, en cuanto a los grupos familiares, fueron detenidas 32 mil personas, aunque propiamente no son capturadas, sino simplemente se entregan a la patrulla fronteriza y solicitan refugio, al igual que los menores no acompañados.
Varias razones explican este incremento. La política migratoria de Trump, brutalmente represiva, ciertamente operó como un factor disuasivo. A esto hay que añadir el cierre de fronteras por la pandemia, que dificultó el tránsito de los migrantes. Estos dos elementos, que operaron como factores disuasivos, se liberaron a comienzos de año, con la llegada de las vacunas y el cambio de gobierno en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, el mensaje de Joe Biden de una reforma migratoria y un cambio radical en la política de refugio fue interpretado como un signo de apertura, que fue aprovechado por las mafias que trafican personas migrantes para inducir su salida.
El principal perjudicado por la crisis migratoria puede ser el gobierno de Joe Biden, lo que había ganado con el manejo de la pandemia puede perderlo con un mal manejo de la crisis migratoria. No es fácil, pero resulta alentador que quieran ir a la raíz del problema. Y no poner un parche más, como se hizo en 2014 con Obama y en 2019 con Trump.
En segundo lugar, México también se vio afectado por la crisis migratoria. La pandemia era una excusa perfecta para contener el flujo migratorio, pero ciertamente relajaron los controles y provocaron un incremento notable de migrantes en tránsito que se dirigen a Estados Unidos. La reacción de la Casa Blanca ha sido clara, al enviar una delegación de alto nivel, con Roberta Jacobson a la cabeza. Pero en el futuro la relación con la nueva administración demócrata depende del manejo que tenga México con respecto al tema migratorio. En tres meses pasaron por el territorio mexicano 25 mil menores de edad no acompañados y nadie se dio cuenta.
La relación con la administración Biden dependería de cómo México coopere para paliar la crisis migratoria. De hecho, antes de que llegara la delegación, ya se habían puesto las pilas en el Instituto Nacional de Migración. Pero la apuesta del presidente estadunidense es ahora mucho mayor, al encargar a Kamala Harris el asunto migratorio.
En tercer lugar, también se verán afectados los migrantes mismos. No es un momento adecuado para emigrar. Todavía no se ha puesto en marcha, al cien por ciento, la economía estadunidense, existe mucho desempleo entre la población migrante radicada en Estados Unidos y la llegada de parientes podría complicar su situación.
Tampoco es seguro que los recién llegados puedan encontrar trabajo, el sistema de refugio en Estados Unidos, a diferencia de otros, no otorga beneficios y ayudas, simplemente se recarga en los familiares o contactos que los migrantes tienen en ese país.
Para los migrantes no acompañados, que no tengan parientes, el panorama también es incierto y nada promisorio. Tendrán que quedarse en centros de confinamiento o en familias sustituías que reciben dinero por acoger a personas sin hogar. Un panorama muy poco halagador. Más allá del shock que significa para un joven abandonar su escuela, el barrio, la familia, los amigos, deben enfrentarse a otra cultura, otro idioma, otras reglas del juego.
Pero quizá el saldo negativo más importante sea el peligro que ronda en torno de la reforma migratoria. Once millones de migrantes han esperado más de 20 años por una reforma integral y compasiva, como la que propone Biden. La crisis abona a polarizar las posiciones y dificultar las negociaciones en el Congreso y el Senado. La mayoría precaria de los demócratas no es suficiente para lograr un avance en ese sentido.
En realidad, los únicos beneficiarios de la crisis migratoria son las mafias de traficantes de personas. El tráfico de drogas, de armas y de personas es de los negocios más redituables que existen en el mundo. Pero sólo se combate el tráfico de drogas, el de armas nunca le ha preocupado a Estados Unidos y tampoco el de personas.
Si se quiere hacer algo para superar la crisis, se debe empezar por combatir a los traficantes, desmantelar sus redes, sus casas de seguridad, sus vínculos con las policías, aplicar la extinción de dominio a unidades de transporte, hoteles y casas donde los esconden, combatir la extorsión que se hace a través de los sistemas de transferencia y procesar a los traficantes.
Hay que criminalizar a los criminales, no a los migrantes. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 17)
Diplomacia cultural en EU
Ahora sí, dicen en la Secretaría de Relaciones Exteriores que van por la conquista de Estados Unidos. Este lunes se inaugura el César Chávez Institute, un sistema en línea a través del cual el área de diplomacia cultural pretende introducir el español en Estados Unidos. Se pretende, además, introducir la cultura mexicana para que los estadounidenses la conozcan. ¿Será su única función? Los dirigentes migrantes esperan que así sea y no se usen estos tiempos electorales para echar porras al oficialismo. (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
Le rinden honores
Sendos homenajes se preparan para el fundador del Colegio de la Frontera Norte, Jorge Bustamante Fernández, fallecido a los 82 años, en Tijuana. Por su destacada aportación a los estudios de las migraciones, el académico recibirá honores tanto en México como en EU. Los organizan instituciones académicas de California y Baja California. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
A lo largo de casi cinco años, he tenido el privilegio de compartir con lectores de esta columna mis ideas, información, preguntas y narrativas sobre tres temas: seguridad, migración y fronteras. Lo he hecho en virtud de que buena parte de mi experiencia profesional durante más de veinte años se concentró en coadyuvar a definir la posición, la política del gobierno mexicano frente al de Estados Unidos y las administraciones centroamericanas en estos temas cruciales con nuestros vecinos del norte y del sur.
En muchas de las pláticas y negociaciones en las que participé la agenda la marcaban los estadunidenses, habían hecho su tarea y se presentaban como un bloque con prioridades claras y precisas; por el lado mexicano no necesariamente era esa la realidad, las diferencias de opinión, de temas y de prioridades entre las dependencias mexicanas adolecían de esa claridad de objetivos y responsabilidades. En una ocasión, la mujer que lideraba la delegación estadunidense me pregunto: “¿Qué es lo que ustedes realmente quieren? Sean más claros y directos”.
Ahora que el tema migratorio ocupa un lugar prominente en la agenda del presidente Biden hacia México y Centroamérica, vale la pena que pensemos en lo que quisiéramos lograr, lo que estamos dispuestos a ofrecer, a comprometer y, sobre todo, a cumplir.
Tan es del interés de Biden este asunto que designó, ni más ni menos, a la vicepresidenta Kamala Harris como responsable de la interlocución con los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador (fuente del 90% de los flujos migratorios irregulares) para negociar un entendimiento que permita disminuir de manera sostenida el número de migrantes que viajan hacia su país sin los documentos requeridos.
El presidente Biden dijo que la designó para esta difícil tarea: “por ser la persona más calificada para liderar nuestros esfuerzos con México y los países del Triángulo del Norte, y aquellos que quieran sumarse, ante los retos y riesgos que implica la emigración de decena de miles de personas de esos países hacia la frontera mexicana con Estados Unidos”.
Kamala Harris es la gran novedad en la política de Estados Unidos: la primera mujer vicepresidenta, afroamericana, abogada de formación, senadora por California, donde antes fue electa fiscal general, puesto en el cual se ganó fama por su firmeza al aplicar la ley. Es 22 años más joven que el presidente Biden, lo que ha dado lugar a especular si podría contender por la presidencia en 2024, si el primero decide no buscar su reelección.
Su fuerte personalidad le ha costado enemistades, así como admiradores. “No se le puede ubicar como una política de izquierda o de derecha, lo que no se le puede negar es su auténtica empatía hacia la gente común y corriente”, dice su biógrafo Dan Morain.
Su nombramiento fue celebrado por los movimientos en favor de los derechos de las mujeres, de la lucha por la equidad de género, por la igualdad de oportunidades y el reconocimiento a que ellas son igual de capaces que los hombres para desempeñar cualquier función, tanto en el gobierno como en el sector privado.
“Si bien soy la primera mujer en ocupar este cargo, no seré la última”, frase con la que hizo patente estar consciente de la importancia del mensaje que ella y Biden envían a las mujeres de su país.
La sensible y compleja encomienda que le ha dado el presidente Biden implicará trabajar con México. Seguro le interesará conocer las respuestas a las siguientes preguntas, entre muchas otras: ¿Qué estamos haciendo en nuestra frontera sur? ¿En la frontera norte? ¿Cuál es nuestra estrategia? ¿Cuánto se ha efectivamente desembolsado con nuestros vecinos al sur de la asistencia económica ofrecida por el gobierno del presidente López Obrador? ¿Qué resultados hemos logrado?
Después que visite la región, ¿recomendará “cerrar filas” con México? (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 12)
En su explicación sobre las características que tiene el ejercicio del poder en un orden nacional o internacional democrático, el teórico del poder, Joseph Nye (The Powers to Lead, Oxford University Press, 2008), alude al significado y peso que tiene el liderazgo en la conducción de la gobernanza política y económica. Nye plantea que la atracción que despierta una conducción inteligente sobre los gobernados, es determinante para obtener la legitimidad que el liderazgo en democracia requiere, toda vez que la ausencia de este liderazgo generalmente es sustituida por el vacío de poder, la desconfianza y la arrogancia del líder en cuestión.
Mi argumento aquí es que el presidente Joe Biden requiere y requerirá de un ejercicio del poder efectivo y afirmativo, amplio, a la luz, sobre todo, del ejercicio anómalo de poder del que Donald Trump hizo y todavía hace gala, sin medir las consecuencias del desgaste que esto tendría para su presidencia y para la fuerza intrínseca que se perdió sobre la funcionalidad estatal y, en última instancia, en la gobernanza toda durante sus cuatro años de gestión. Al haber dejado Trump, vacíos, era esperable que Biden, tras su triunfo, los aprovechara al máximo.
En más de dos meses de presidencia, la gestión de Biden se ha caracterizado por su vocación por la eficacia y por impulsar un gobierno de unidad nacional. El índice de aprobación más reciente —55% de apoyo en las encuestas nacionales—, parecen indicar que Biden ha logrado superar por ahora, la zaga maldita que el trumpismo le habría heredado a Estados Unidos. Es claro, pues, que Biden ha aprovechado el tiempo para revertir la pesada herencia del trumpismo. Y definir así una nueva geoestrategia interna y externa que conlleva ya al delineamiento de una nueva geopolítica que, seguramente trascenderá en los próximos meses. Es menester decir que esto podrá ser aún más realista de considerar la variable reeleccionista que Biden ha introducido ya a su discurso, como quedó de manifiesto en su declaración al respecto en su primera conferencia de prensa realizada el pasado 25 de marzo de los corrientes
En los sesenta o más días que tiene como presidente, Biden ha demostrado que el ejercicio de llenar vacíos puede ser posible, al menos en varias áreas destacadas. La primera es la pandemia y el impulso que el presidente le está dando al sistema de vacunación en contra de covid 19. Es de admirarse, de sorprender y también motivo de envidia, el ritmo de vacunación que ha logrado Estados Unidos bajo el liderazgo de Biden. Por lo pronto, en su conferencia de prensa Biden anunció que en coincidencia del cumplimiento de los 100 días de gobierno, se vacunaría a un total de 200 millones de estadunidenses, cubriendo más de la mitad de la población total de EU.
Al ritmo que va la vacunación, es muy probable que esto se cumpla. El siguiente asunto —ya comentado aquí— fue el lanzamiento del plan de rescate por 1.9 billones de dólares, que ya se ha traducido en dinero duro para una mayoría de estadunidenses sumidos en el abandono y la desesperanza por las malas políticas del trumpismo. Si atendemos a la historia de las reelecciones, este dato, junto al primero, puede otorgar dividendos a la causa reeleccionista del presidente Biden, quien, eventualmente se podría convertir en el muro de contención en contra de marea trumpista.
Otro tema de enrome trascendencia que refleja el interés de Estado de Biden es el de la seguridad fronteriza, asociado este al tema de la migración indocumentada. La concentración de solicitantes de asilo provenientes del Triángulo Norte (Honduras, El Salvador y Guatemala).es cada vez mayor. A diferencia del displicente trato que este tema recibió por parte del gobierno de Trump, Biden se lo ha planteado como un tema de urgente prioridad, sobre todo en lo que se refiere a la creciente presencia de niños que se encuentran solos, ya por decisión de los padres de mandarlos en esas condiciones o por la política que Trump practicó de separar a los hijos de los padres. Tanto para Estados Unidos como para México éste es un pendiente que se mantiene igual que en el gobierno de Trump.
La diferencia del lado mexicano es que en esta ocasión el gobierno de AMLO no parece estar dispuesto a cooperar con Biden, como sí lo estuvo en los tiempos de Trump. En esos tiempos, México cedió a la extorsión del trumpismo, pero en esta ocasión no lo quiere asumir como problema propio (por las buenas), sobre todo si atendemos a que ya se empieza a reflejar un importante incremento de migrantes mexicanos (8% +), entre la masa de migrantes indocumentados. En la nueva geopolítica estadunidense, éste es un problema que se entiende como el plexo solar de la relación común y ciertamente está resultando altamente riesgoso para la estabilidad de la relación bilateral, que México, en esta ocasión, no responda a los llamados de Washington de asumirlo como una corresponsabilidad, que, aunque asimétrica, es y será la prioridad central para Biden y su relación con México. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, P. 13)
El estilo Biden-Obama
El 23 de marzo estuvo en la SRE la embajadora de EU Roberta Jacobson con Juan González y Ricardo Zúñiga para tratar con el canciller Marcelo Ebrard el fenómeno de la crisis migratoria en la frontera norte; y la propuesta mexicana planteada fue un plan de desarrollo en El Salvador, Guatemala y Honduras que detonara su economía y que México no se puede convertir en un país receptor de refugiados; sin embargo, horas más tarde, el presidente Joe Biden, dijo que cualquier acuerdo de cooperación implica sellar las fronteras a la migración irregular, un tema que no se planteó en la reunión. Este es el tono de la nueva presidencia demócrata, casi copiada a la del Obama, en ese sentido habrá menos acuerdos que con la gente de Donald Trump. Al tiempo.
La Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, tuvo que escalar su estrategia contra el Covid 19 y, según trascendió, en los próximos días tendrá una acción de vacunación masiva con la que concluirá con la aplicación para los adultos de más de 60 años y comenzaría con los habitantes que quieran por vacunarse sin excepción de edad. La decisión no tiene feliz al subsecretario Hugo López Gatell que no fue tomado en cuenta.
En Sonora, el candidato por Morena, Alfonso Durazo, quiere conseguir una ventaja en las encuestas y armó un discurso que pretende exhibir el abandono del gobierno… en las causas sociales de los sonorenses. En Huatabampo, habló sobre la importancia de la economía en el estado y con la IP busca dar certidumbre a la inversión reduciendo trámites.
En Chiapas, el candidato de MC tiene presuntamente una carpeta de investigación en la SEIDO, según por involucrarse con factureras, lo que implicaría que si le abren un proceso estaría impedido a participar en la contienda electoral del 6 de junio.
Esta semana se firmó un acuerdo entre gobernadores para no entrometerse en el proceso electoral; el Presidente participó aunque en el acto se le vio muy distante al primer mandatario de los gobernadores de Tamaulipas, Chiapas y Puebla, este último ha tenido ciertos eventos y acciones que no han sido del agrado del habitante de Palacio Nacional.
En Chihuahua, el Gobernador del Estado, Javier Corral; perdió la batalla de medios frente a Maru Campos, candidata al gobierno del estado por el PAN que por iniciativa propia presionó para obtener la audiencia de imputación de algunos delitos del orden común que, dice, le fueron inventados por la fiscalía estatal. (Red Compartida, La Prensa, p. 2)