LAMENTABLE
Es vergonzoso y lamentable el “cobro” de cuotas a paisanos que vienen de Estados Unidos. ¿Hasta cuándo se hará algo al respecto? ¡Ya basta de tanta impunidad! ¡Cero tolerancia con los agentes de Migración y los policías que piden sus mochadas! Ahí está otra tarea mayúscula para el Gobierno de AMLO, pero dudo que tengan la voluntad de solucionar esta ignominia.
JOSÉ ÓSCAR MARTÍNEZ GARCÍA

(José Óscar Martínez García, Juan José Esparza García, Víctor Acosta y Sofía Ricoux, Reforma, Nacional, p. 4)
De acuerdo con una fuente militar estadunidense, el viernes pasado el Departamento de Defensa aprobó el uso de la base de la Guardia Nacional en Camp Roberts, California, para alojar temporalmente a niños migrantes no acompañados por un adulto. Ayer, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, encargado de la custodia de la mayor parte de estos menores) confirmó que se encuentra “bajo activa consideración” el empleo de las instalaciones castrenses como albergue de emergencia, pero sostuvo que no se ha tomado una decisión definitiva.
Las leyes migratorias estadunidenses permiten a las autoridades expulsar de manera expedita a los adultos que ingresan de forma irregular a su territorio, pero impiden dar el mismo tratamiento a los menores. Cuando son interceptados por la Patrulla Fronteriza u otro cuerpo policial, los niños y adolescentes son remitidos al 1IITS y, tras un largo proceso jurídico-administrativo, son puestos en manos de un custodio, que suele ser un familiar cercano.
En este contexto, miles de familias migrantes han adoptado la desesperada estrategia de enviar a sus hijos solos a través de la frontera, con la expectativa de que logren quedarse en Estados Unidos y encontrarse con algún pariente. En las semanas recientes, un promedio de 500 niños no acompañados cruzan la línea fronteriza cada día; en febrero fueron detectados 9 mil, la cifra más alta para un solo mes desde mayo de 2019.
Aunque desde su sexto día de gobierno, en enero pasado, el presidente Joe Biden anuló la inhumana e ilegal política de “tolerancia cero”, impuesta por Donald Trump, por la cual 600 menores siguen recluidos sin que nadie conozca el paradero de sus familias, hasta el martes 30 de marzo el HHS tenía a su cuidado a 12 mil 918 niños migrantes, y otros 5 mil 285 eran albergados por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Ese día, dos periodistas ingresaron a la instalación de la CBP en Donna, Texas, y comprobaron que 4 mil 100 están alojados en un espacio con capacidad para 250 personas, donde duermen en corrales con colchones en el suelo. Entre 250 y 300 niños son ingresados al centro cada día y muy pocos salen, con lo que el hacinamiento empeora continuamente.
Lejos de habilitar campos militares en los cuales se perpetúe la reclusión de menores que buscan reunirse con sus familias, Estados Unidos debe acelerar los trámites para ponerlos en libertad, atendiendo a los estándares de respeto a los derechos humanos y protección a la infancia que exige a otros países, de manera no pocas veces arrogante y pasando por encima de las soberanías nacionales. (Redacción, La Jornada, Editorial, p. 2)
Era imposible no trazar paralelismos entre las muertes de Victoria Esperanza, migrante salvadoreña en Tulum, Quintana Roo, y George Floyd, ciudadano afroamericano residente en Minéapolis, Minnesota.
Ambos arrestados por presuntamente generar disturbios en tiendas de conveniencia, ambos sometidos contra el piso con una rodilla contra sus cabezas y espalda, ambos asesinados por policías que desoyeron sus súplicas, ambos inmortalizados en video, tumbados en el pavimento inconscientes, para el demérito de la acción policiaca de los países donde vivían.
En un eslabón más de estas tristes coincidencias, la muerte de Victoria este 27 de marzo ocurriría a unas horas de iniciar el juicio contra Derek Chauvin, agente de policía que ultimó a Floyd en mayo del 2020.
Si bien los eventos de Mineápolis no inauguraron el #BlackLivesMatter, sí le dieron nuevos bríos y generaron algunos de los disturbios más grandes observados desde el asesinato, también a manos de policías, de Rodney King en Los Ángeles de 1992.
En shock y en plena pandemia los estadounidenses se vieron forzados a replantearse el papel de las policías, la penetración del racismo en el gobierno y si vale la pena seguir destinando dinero para su flnanciamiento.
El nombre de George Floyd es hoy símbolo de resistencia para las minorías que en pleno Siglo XXI aún no encuentran la igualdad en la Tierra de las Oportunidades…de revolución social.
¿Qué estatus le vamos a dar acá en México al asesinato de Victoria, que fue persona, mujer, madre, migrante, refugiada, latinoamericana, inocente y víctima de asesinato por abuso de autoridad?
Me atrevo a pensar que hasta aquí van a llegar las similitudes de estas historias.
Como prueba está el presidente López Obrador que, como es costumbre, determinó que el Caso Victoria es “un resabio de la decadencia pasada”, y pues como ya en México se vive la 4T -esto lo añado yopues no hay mucho que hacer más allá de encarcelar a tos policías, a quienes por cierto se les achaca equivocadamente el delito de feminicidio como si el asesinato hubiera estado motivado por el género.
No nos engañemos, los oídos sordos ante esta violencia sistémica contra migrantes son por diseño. Las presiones de Estados Unidos hacia gobiernos mexicanos para hacer más inhóspito el cruce de migrantes por su territorio no es un secreto.
El control de las olas migratorias que buscan llegar a la frontera es uno de las pocas palancas de las que goza México en la relación bilateral. Lo fue para la aprobación del T-MEC con Donald Trump, lo sigue siendo para obtener más vacunas de Joe Biden.
La masacre de los 72 migrantes de 2010 en San Fernando, Tamaulipas, permanece en la memoria como el hecho más destacado contra los migrantes que cruzan por México, pero cada año sabemos de otros cientos de historias de abusos, violaciones y asesinatos.
Y a pesar de ello seguimos viendo al fenómeno de la violencia mexicana contra migrantes como algo normal, como una cuota que deben pagar los centroamericanos por cruzar por el purgatorio que es México, como si no fuera ya suficiente provenir de países ruinosos y fallidos.
Victoria tuvo el mal gusto de ser asesinada en un país xenófobo de clóset, insensible al sufrimiento ajeno, acostumbrado a la violencia de Estado, adormecido cuando se trata de protesta y con un gobierno pésimo para reaccionar a las crisis.
Pero también Victoria Esperanza tenía 36 años y desde hace tres vivía en México limpiando hoteles del lujoso Caribe mexicano para darle de comer a sus dos hijas.
Murió a manos de policías, quienes le rompieron la columna.
Si no hay pena, reflexión, ni propuesta para que no se vuelva a repetir, ¿de qué estamos hechos entonces? (Erick Ramírez, El Sol de México, Pie de Nota, p. 48)
Hoy en día la sola mención de la Conferencia de Beijing 1995 sonaría como una fecha y lugar distante, perdido en algún lugar del calendario mundial de cumbres internacionales, si no fuera por las repercusiones que la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer ha tenido en las vidas de las mujeres jóvenes en el mundo. Desde la puesta en primer plano de los asuntos vinculados a las mujeres dentro de las agendas de las políticas a nivel global hasta el gradual alejamiento de los movimientos de mujeres de su origen autónomo feminista.
“Los heroicos días de las barricadas y las manifestaciones parecen haber quedado atrás” sentenciaban las académicas Alicia Frohmann y Teresa Valdés en su texto Democracy in the Country and in the Home : the Women´s Movement in Chile publicado el mismo año de la conferencia de Beijing.
A 26 años de la sentencia de Frohmann y Valdés que evidenciaba la asimilación de los posicionamientos más digeribles de las posturas feministas por parte de organismos internacionales tales como Naciones Unidas junto con la institucionalización de algunos sectores del movimiento feminista, las mujeres jóvenes, principalmente en Latinoamérica se han volcado actualmente a las prácticas políticas de autonomía feminista desde sus diferentes lugares de enunciación racial, de clase, sexo genérica, etaria, movilidad. Esto se ha visto reflejado principalmente en los últimos años con movimientos tales como el Ni una menos, en la lucha antifeminicida y la Marea Verde que se ha extendido de Argentina a toda América Latina por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito, poniendo en el mapa el accionar político de las mujeres jóvenes a través de diversas prácticas culturales no vinculadas directamente a los gobiernos.
Se ha generado un retorno a las prácticas autónomas feministas por parte de inmensidad de mujeres jóvenes latinoamericanas que ven su existencia en el día a día constantemente en peligro, no sólo por las políticas neoliberales rapaces de la contemporaneidad que atacan fuentes de empleo, oportunidades educativas, de territorio, sino también por la violencia letal del patriarcado materializado en feminicidios, trabajo sexual forzado, desaparición forzada.
Teniéndose estos escenarios suceden el seguimiento Beijing + 25 años y el Sexagésimo quinto período de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (15-26 marzo 2021) así como la reciente puesta en marcha de Foro Generación Igualdad que Francia copreside con México durante el presente año.
En caso de que suceda involucramiento de mujeres jóvenes con las medidas antes mencionadas ¿Cuál será la participación de las nuevas generaciones de feministas en los proyectos internacionales, estatales por los derechos de las mujeres, así como los efectos de estas interacciones? ¿Qué acercamientos y/o distanciamientos existirán con las iniciativas de carácter institucional vinculados a mujeres cuando actualmente se da un repunte de un retorno a la autonomía feminista? ¿Qué se comprenderá por feminismo global, políticas feministas desde los aparatos institucionales de los Estados?
Estas son algunas de las preguntas que me surgen sobre todo tras escuchar en palabras del presidente francés Emmanuel Macron, al participar de la inauguración virtual del Foro Generación Igualdad el pasado 29 de marzo 2021 en conjunto con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador lo siguiente: “Gracias a la determinación común de nuestros dos países, que con orgullo defienden una diplomacia feminista, hemos logrado llegar hasta aquí”.
¿De qué se trata la diplomacia feminista que menciona Macron une a la nación mexicana con la francesa? ¿Qué va a significar para las mujeres y niñas de ambas naciones esta política feminista exterior y a las mujeres que transitan dentro y fuera de sus territorios? Son preguntas fundamentales a explorar desde la adopción de una política exterior feminista en México en 2020 y de una diplomacia feminista en Francia desde 2018. Ejes que por ser muy amplios a analizar no abordaré en el presente texto pero que si son primordiales al estudiar los discursos de los distintos feminismos en el contexto de la política formal actual.
Sin embargo, si me gustaría hacer una acotación. En la inauguración del Foro Generación Igualdad el presidente Andrés Manuel López Obrador externó sus condolencias por el feminicidio por brutalidad policial en Tulum, Quintana Roo, de la compañera salvadoreña en condición de refugiada en México, Victoria Esperanza Salazar, “Fue brutalmente tratada y asesinada” y “se va a castigar a los responsables, ya están en proceso de ser enjuiciados y no habrá impunidad”, sentenció López Obrador ¿Podría comprenderse este accionar por parte del Ejecutivo como una muestra de la política exterior feminista que enarbola nuestro gobierno actual?
No se puede sentenciar a rajatabla que la vinculación de los movimientos de mujeres y feministas con las instancias internacionales y gubernamentales sean del todo negativas, y muestra de ello es el hecho de que Beijing 1995 internacionalizó la política feminista, permitió que mujeres de distintas latitudes se conocieran y aprendieran de distintos contextos de lucha y resistencia y que se tejieran lazos políticos entre mujeres externos a la ONU.
Lo que si es fundamental es que los movimientos de mujeres y feministas que decidan participar en la esfera de la política pública formal no despoliticen sus acciones, ni vean debilitada la autonomía de sus posturas ni organización en pos de intereses de grupo, ni neoliberalistas. Las mujeres jóvenes latinoamericanas que se involucran en los movimientos de mujeres y feministas saben de las trayectorias de sus antecesoras, aquellas que desde distintos lugares han abierto espacios para el accionar de las nuevas generaciones. Aprendamos todas de sus experiencias y de las propias en la creación de agendas feministas para todas las políticas públicas. (Daniel Villegas, El Sol de México, Análisis, p. 16)
Se estrenó como opositor un viejo conocido de la política mexicana: nada más y nada menos que Christopher Landau, ex embajador de Estados Unidos en nuestro país. En un artículo publicado en The New York Times, el diplomático critica al gobierno de Joe Biden por el giro en la política migratoria. Dice que con esa estrategia viene una “crisis humanitaria”. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
Lamentable y tristemente, nos hemos enterado por los medios de comunicación, de nuevos ataques xenofóbicos en contra de minorías, en algunos casos con desenlaces fatales.
Actos extremadamente violentos, en donde hombres y mujeres inocentes son agredidos sin razón alguna, pero en el fondo de la acción por supuesto que hay una motivación de odio, prejuicio e intolerancia en contra de la diversidad, del multiculturalismo, y de la multietnicidad que representan millones de migrantes que viven en los EUA. Es odio en contra de la diferencia, sea por el color de piel, idioma, raza, sexo, religión, orientación política, sexual, origen nacional o social, posición económica, status migratorio y fisonomía, principalmente.
En NY, la ciudad más diversa del mundo, la torre de babel contemporánea, en dónde diariamente se hablan cientos de lenguas por residentes y migrantes no documentados que vienen de todas las partes de la geografía global, no es la excepción. En fechas recientes, se han presentado ataques de odio en contra de connacionales que tuvieron la mala suerte de estar en el lugar y hora equivocada, con la persona equivocada.
Actos violentos que van desde un ataque con tubos a un transeúnte que caminaba pacíficamente por el bajo Manhattan, hasta tentativa de homicidio en contra de una dependienta que atendía una tienda con artículos mexicanos en NJ. Ataques físicos y emocionales, por todos los comentarios racistas y discriminatorios con que expresan su frustración, coraje e ignorancia.
En todos los casos se han presentado cargos ante la autoridad competente, a la espera de que los responsables sean llevados ante la justicia para que no quede impune la violencia con la que actúan y que es incitada por el estereotipo con el que quieren etiquetar a los nuestros, a nosotros. Un dato que llama la atención es que en la mayoría de las ocasiones, el agresor pertenece a otra minoría y no a los grupos radicales que se han caracterizado por sus posiciones antinmigrantes extremistas.
Un miembro de una minoría, atacando a otro miembro de otra minoría. ¿Cuál es la razón? En cualquier caso, ambos grupos somos actualmente los más afectados socioeconómicamente, laboralmente y con el mayor número de decesos por razón del Covid-19. Hay un odio infundado porque compartimos mismos problemas y adversidades y tal vez, son para ambos grupos, las mismas soluciones, las que podrán cambiar la realidad presente de nuestras complejidades, por medio de una mejor educación para que nuevas generaciones, logren emancipar la desigualdad social con la que viven al día de hoy. En el caso nuestro, se debe agregar que tenemos en adición una comunidad amplia a la que no se le reconocen muchos de los beneficios de diversos programas de asistencia, por su condición de ser migrantes no documentados.
El odio por ignorancia, resentimiento, manipulación o propaganda, que crea estereotipos universales sobre las personas, es otra externalidad con la que debemos enfrentar un fenómeno social no grato, que debilita la armonía con la que se integra una sociedad que ha sido ejemplo de inclusión y tolerancia. Es sobre la base de principios y valores comunes de esta sociedad libre, diversa, plural y multicultural, como se construyó la democracia liberal que redescubrió Tocqueville para el mundo moderno. Sistema en el que se puede vivir con libertad e igualdad y sin violencia. (Jorge Islas, El Universal, Opinión, p. A9)
AHORA QUE ME adentré al tema candente de la migración del Triángulo Norte de Centroamérica (https://bit.ly/2R8s9JH), que ha creado una grave crisis transfronteriza con Estadis Unidos, descubrí que su epicentro era Chiapas, que ostenta su peor PIB per cápita de 2 mil 291 dólares (https://bit.ly/3fDsYnI). (Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, Política, p. 12)