En mayo de 2019, cuando la detención de migrantes indocumentados en la frontera sur de Estados Unidos llegó a 144,116 capturas, el entonces presidente Donald Trump advirtió a México que, si no frenaba la migración ilegal, impondría aranceles a las importaciones mexicanas. La reacción fue inmediata. Miles de elementos de la Guardia Nacional de nuestro país se enviaron a las fronteras para evitar la indeseada migración.
Ahora, el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos informó que las detenciones en su frontera sur, en marzo de 2021, fueron 172,331. Esto representa un incremento de 70.6 por ciento con respecto a febrero (101,028) la cifra más alta en 15 años, según France Press (https://www.cbp.gov/ne wsroom/stats/southwest-land-border-encounters). De octubre (cuando comienza el año fiscal estadounidense) a la fecha, han sido detenidos 569,879 migrantes indocumentados. Esto es un aumento del 24 por ciento del total de arrestos de todo el año fiscal 2020, cuando la migración estuvo limitada por la pandemia de Covid-19, y hubo 458,088 detenciones.
Según las nuevas estadísticas, de los 172,331 migrantes indocumentados detenidos en la frontera sur de Estados Unidos, en marzo, 62,325 eran de origen mexicano. En marzo de 2020, fueron 21,313.
Y lo más grave, también alertó de un aumento significativo de niños no acompañados en la frontera con México, 18,890 detenciones en marzo de 2021, un 100 por ciento más con respecto a febrero, cuando hubo 9,431.
El número de menores de edad mexicanos detenidos por la Patrulla Fronteriza también subió. Pasó de 1,890 en febrero pasado a 2,452 en marzo. En 2020, esa cifra fue de 1,295 menores detenidos.
Las detenciones en la frontera sur de Estados Unidos han aumentado desde abril de 2020 debido a la violencia, desastres naturales, inseguridad alimentaria y pobreza en México y los países del llamado Triángulo Norte de América Central, conformado por Guatemala, Honduras y El Salvador.
Según las cifras dadas a conocer este jueves, las detenciones en la frontera sur de Estados Unidos de adultos mexicanos que viajaban solos también subió en el último mes. En febrero hubo 40,917 detenciones, mientras que en marzo fueron 57,547. En marzo de 2020, apenas llegaron a 18,583.
Cambió la administración estadunidense pero la desintegración familiar por la migración de estos países continúa, aunque la detención de familias en la frontera sur de Estados Unidos pasó de 19,587 en febrero a 53,623 en marzo.
Cabe la pregunta, si todo va tan bien, ¿por qué ha aumentado así la migración a la Unión Americana?
Monitor republicano
Esta semana nos dimos cuenta que una jeringa puede ser tan poderosa como una espada o una pluma. La publicación de que fue mal aplicada una vacuna contra el Covid-19, en la Ciudad de México, causó gran disgusto. Algo que pudo ser una distracción, un error por los nervios de saberse grabada o un abuso de confianza de quien la aplicaba (quizás la quería guardar para alguien más) se consideró un complot político. La respuesta fue recurrir nuevamente al pasado para replicar a la prensa crítica.
En agosto de 2019, el Presidente preguntó: “¿A poco la prensa no aplaude?” En efecto, así es. El ciudadano debería tenerlo presente. Hasta su periódico favorito publicó en su editorial de contraportada, un día después de que cuestionó si sería aplaudido: “No. La prensa no está para aplaudir. Está para informar. Y nada más”. (Amador Narcia, El Universal, Opinión, p.9)
Está solo.
Es un niño perdido en la frontera, en una zona desértica del sur de Texas. Tiene 10 años de edad y es de Nicaragua, según medios. La piel alrededor de sus ojos está morada, supongo que de miedo, hambre y de tanto llorar. Se nota muy angustiado. Lleva una camiseta de Batman y una chaqueta negra contra el frío. Eso es todo. Nada para beber ni comer. De pronto, el niño se acerca a la camioneta de un agente de la patrulla fronteriza de Estados Unidos, que ya había terminado su turno, y él lo empieza a grabar en su celular.
-“¿Me puede ayudar? ¿Me puede ayudar?”, le pregunta sollozando dos veces el niño al agente.
-“¿Qué pasó?”.
-“Es que yo venía en un grupo de personas y me dejaron botado y no sé dónde están. Me dejaron botado.”
-“¿Te dejaron solo? ¿No vienes con mami o con papi?”.
-“Nadie. Yo venía en un grupo y al final me dejaron botado”.
-“¿Te dijeron que vinieras a pedir auxilio?”.
-“No. Yo vengo porque, si no ¿por dónde me voy a ir? Me pueden robar, secuestrar o algo. Yo tengo miedo”.
He visto varias veces el video y no deja de impactarme. Por lo vulnerable del niño. Porque mis hijos han tenido esa edad y no me los podría imaginar solos, así, en un desierto lleno de serpientes y animales salvajes.
Unos días antes, dos niñas ecuatorianas -de tres y cinco años de edad- fueron lanzadas desde un muro fronterizo de cuatro metros de altura y cayeron del lado estadounidense. Esto lo sabemos por las imágenes de una cámara de vigilancia de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. Los dos coyotes que llevaban a las niñas huyeron del lado mexicano.
“Cuando vi el primer cuerpo caer al piso y no vi a esa niña moverse, pensé lo peor; pensé que se había pegado en la cabeza”, me dijo en una entrevista Gloria Chávez, Jefa de la Patrulla Fronteriza de El Paso, Texas. “Cuando vi los videos, dije: esto tiene que salir a los medios de comunicación para que entiendan los riesgos que estos niños están tomando cuando las familias aseguran el contrato para que organizaciones criminales los traigan hasta la frontera”.
Más de 18,700 niños cruzaron solos la frontera de México a Estados Unidos y fueron detenidos el pasado mes de marzo. Esta cifra es muy superior a los 4,635 menores de edad que hicieron lo mismo hace un año (en marzo del 2020). ¿Qué ha cambiado?
Mucho. Ha terminado la “crueldad” -según la descripción del Secretario de Seguridad Interna, Alejandro Mayorkas- con la que el Gobierno de Donald Trump trataba a esos niños. Trump, a muchos de estos niños, los deportaba a México o los metía en jaulas. El nuevo Presidente, Joe Biden, ha decidido no deportar a esos niños y no meterlos en jaulas. Sin embargo, muchos han tenido que pasar más de 72 horas en centros de detención de la Patrulla Fronteriza -y eso es ilegal- o en lugares hacinados a cargo del Departamento de Salud (HHS). Ninguno de esos sitios son apropiados para niños. No importa de donde vengan.
La pregunta más difícil es por qué los padres arriesgan a sus hijos y los empujan a cruzar solos -o con coyotes- la frontera. Y la dura respuesta es que para miles de familias centroamericanas es mucho más arriesgado que sus hijos se queden en su país -y enfrenten hambre, pandillas, corrupción, violaciones y violencia- a que se aventuren a cruzar solos hacia Estados Unidos.
Es una decisión dificilísima. ¿Qué harías tú?
Estos niños de la frontera son los nuevos dreamers. Dentro de una década, o un poquito más, los veremos en la universidad o hablando en inglés sin miedo por televisión y en las redes, o lanzándose como candidatos a un puesto importante o creando una nueva empresa.
Por eso vienen. Por eso tantos niños están cruzando la frontera. Aunque sea tan peligroso. Yo sé que este es un gravísimo problema político y que muchas jóvenes vidas se están poniendo en riesgo. No se lo recomiendo a nadie. No vengan así, por favor. Pero creo entender por qué lo hacen, qué los expulsa de su país y qué los atrae a este. Estas familias centroamericanas tienen más fe en Estados Unidos que muchos estadounidenses.
Sospecho que algunos de estos niños de la frontera nos dirán un día que todo valió la pena. Mientras tanto, hay que cuidarlos como si fueran nuestros hijos. Sea como sea, ya son parte de nuestro futuro. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)
El horizonte pinta un panorama cada vez más complejo, en un marco de deterioro acelerado.
No hay que ser adivino para avizorar el momento difícil en puerta. En el ámbito humano, social, económico, criminal, diplomático, ambiental, legislativo y político se advierten serias dificultades que, en breve, el país podría afrontar, en medio de una pobreza política extrema.
Cierto, en temporada electoral se subrayan las diferencias y se borran las coincidencias. Tal es la naturaleza del juego democrático. Pero, si los actores políticos insisten en mutar la elección en una eliminación y usar como ariete los problemas, la sana incertidumbre electoral no concluirá en la necesaria certeza política y, entonces, la renovación del poder podría derivar en su descomposición.
Más allá del dolor y la muerte provocada por la pandemia, de sus otros efectos sociales y económicos no se ha cobrado conciencia cabal, aun cuando las estampas de ellos son tan trágicas como elocuentes.
Escuece el alma ver cómo se arroja tras la empalizada montada en la frontera por Estados Unidos a dos niñas dejándolas a suerte o cómo, entre sollozos, un niño pide ayuda a un agente de la patrulla fronteriza porque el pollero o los migrantes con que viajaba lo abandonaron en el desierto o cómo yacen los menores en el piso no soñando un mejor destino, sino sufriendo una pesadilla quizá peor de la que escapaban.
Esas estampas, ignoradas por los actores políticos, revelan una crisis migratoria de proporción nunca vista y anuncia un problema mayor con Estados Unidos, cuyo nuevo gobierno comienza a resentir el costo político y el cual no asumirá cruzado de brazos. Ya no sólo son centroamericanos, sino también mexicanos, quienes emigran, huyendo de su tierra.
A ello, se suma la actividad del crimen organizado de un lado y del otro de la frontera. El Pentágono y las agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos han puesto el problema sobre la mesa, exigiendo fórmulas de cooperación no debatidas ni acordadas.
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Hay, además, otras postales nacionales.
La de los menores sin medicina para superar sus enfermedades. La de millones de escolares urgidos por recuperar su formación educativa y también su integración social. La de los ancianos instando a dejarlos empacar mercancía en los supermercados para vivir de propinas. La de los subempleados queriendo canjear cualquier cosa por comida. La de los marginados, mudos e invisibles…
Hay, pues, una tragedia cuya dimensión se pierde o ignora. Cuando los actores políticos la miran, sólo lo hacen para sacarle provecho: denostar y debilitar a su adversario o usarla como banderín de temporada. Su visión es la del miserable que busca explotar y exprimir el drama ajeno.
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En silencio, la inflación amaga con establecer el peor de los impuestos.
De mantener el ritmo, su efecto quizá repercuta en las urnas, aun cuando hasta ahora se vea como un pico que habrá de achatarse, pero tras la experiencia con la curva de la pandemia, su aumento abre una interrogante terrible.
Una duda a la cual se añade el malestar de inversionistas del norte de América y Europa que presionan a sus respectivos gobiernos, exigiendo actuar con firmeza ante el gobierno mexicano por lo que, a su parecer, es un injustificado cambio de reglas en el campo económico y comercial.
Los inversionistas quieren someter al gobierno mexicano, sin reconocer la laxitud con que se movieron, gracias a la política de entrega y colusión de la cual se beneficiaron. A su vez, el gobierno quiere meterlos en cintura, sin reconocer los compromisos adquiridos antes ni manifestar deseo de negociar.
La incertidumbre del porvenir económico grita ¡presente!
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A veinte días de concluir el periodo ordinario de sesiones, el Congreso se apresta a dar trámite apresurado a las reformas relacionadas con los hidrocarburos y la subcontratación, sin poder ocultar su fracaso en la regulación de la mariguana.
La legislatura pasará al salón de la mala fama por la gran cantidad de proyectos aprobados a partir del mayoriteo y la baja calidad del resultado. El Legislativo trabaja mal para quedar bien, transfiriendo al Judicial asuntos mal resueltos, propuestos por el Ejecutivo. Resultado: el empantanamiento de las reformas en los tribunales y la neutralización de la acción de gobierno.
Ahora, distraídos y disminuidos por el rejuego electoral que, obviamente, impacta al Congreso, los legisladores van a apretar el paso sin reponerse del último tropiezo.
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Al margen del daño al medio ambiente por los incendios, la sequía y el uso de combustibles contaminantes, es menester referir la atmósfera generada por los actores políticos insertos en la incompetencia electoral, donde los grandes problemas nacionales no aparecen.
El partido en el poder desobedece a la autoridad electoral, mientras ésta -en su condición de árbitro o juez- no consigue acreditar su imparcialidad. La oposición celebra su reposicionamiento en el concurso sin advertir que ello no deriva de sus aciertos, sino de los errores del contrario. Y, de conjunto sin el menor pudor, festejan la postulación de más de un personaje que debería estar en la carpa, la cárcel o el museo.
El horizonte pinta un panorama desolador y cada vez se ve más cerca. Hacia él corre feliz la clase política. (René Delgado, Reforma, Opinión, p.8)
El aumento en la perspectiva de crecimiento económico de México para este año, que pasó de 3.3% a 4.8%, es un espejismo, pues sin perder de vista que la caída del año pasado fue de 8.5%, se trata de un crecimiento desigual, básicamente impulsado en el sector exportador gracias a los estímulos inyectados por nuestro principal socio comercial, Estados Unidos.
Otro factor vinculado con el motor externo que nos está impulsando son las remesas, las cuales han registrado envíos extraordinarios debido a que nuestros connacionales al norte del Río Bravo saben que la situación en territorio nacional no está bien y que sus familias enfrentan mayores retos para adquirir lo básico.
Ninguno de estos dos factores son producto de una política económica eficaz del gobierno de Morena, el cual sigue sin entender la magnitud del tsunami que nos cayó encima y sigue empecinado en no adaptar sus planes a la realidad de una sociedad pauperizada.
Los mexicanos atestiguamos cómo los recursos que aportamos vía impuestos, contribuciones y derechos al gobierno federal son utilizados en caprichos faraónicos que cada día nos cuestan más y no vemos su utilidad.
Muestra de ello es que el gobierno de Morena, en plena pandemia, decidió recortar la inversión en salud y vacunación para desviar los recursos públicos a los elefantes blancos que se construyen en el centro y sureste mexicanos. Basta con tener claro que el costo del aeropuerto en la base militar de Santa Lucía equivale diez veces a los recursos que se necesitan para comprar vacunas.
A ello se suma el fracaso de la estrategia gubernamental —según ellos— para rescatar a Pemex, pues en lo que va del actual gobierno la empresa productiva del Estado solo ha reportado pérdidas e incrementado brutalmente su deuda, la cual representa que cada una y cada uno de los mexicanos debamos 20 mil pesos. Al paso que vamos y de no corregir el camino, tenga por seguro que la deuda individual pudiera llegar a ser de tres dígitos.
Otro gran espejismo que Morena pretende hacernos creer es que sus políticas asistencialistas son exitosas y están apoyando a las familias que más lo necesitan. Según este desgobierno los apoyos sociales llegan a 7 de cada 10 mexicanos, sin embargo, de acuerdo con el INEGI la realidad es que solo 2.5 mexicanos reciben alguna subvención, de ahí que las remesas hayan aumentado.
El gobierno de Morena no solo no ha sacado a mexicanos en situación de pobreza, sino por el contrario, ha sumido a 10 millones más en esa condición.
Por si faltara algo, los ahorros que los gobiernos fueron creando desde hace 30 años han sido dilapidados por Morena en solo 2 y de ahí que ahora esté impulsando una reforma en materia impositiva, lo cual sería como darle más cerillos a un pirómano.
Con base en lo establecido en el artículo 25 constitucional, al Estado mexicano corresponde la rectoría del desarrollo nacional integral y sustentable, por lo que el PRI exige al gobierno de Morena que asuma cabalmente sus responsabilidades y deje de creer que Estados Unidos y nuestros connacionales pueden relevarlo en sus obligaciones de crear las condiciones necesarias para que exista desarrollo social y progreso.
La economía nacional exige que se privilegie el apoyo a las familias, a las pequeñas y medianas empresas y a las instituciones públicas en estos momentos de crisis. (Alejandro Moreno, El Universal, Opinión, p.10)
La única forma efectiva de mejorar la seguridad es garantizar a la población condiciones dignas y decorosas de trabajo.
Por ejemplo el acuerdo del presidente López Obrador con trabajadores y empresarios para regular la subcontratación laboral en favor de los empleados.
O bien la anunciada inversión de casi mil millones de dólares de Estado Unidos en Centroamérica para contener la emigración (Donceles, Milenio, Al Frente, p.2)