No hay duda que se aprovechó la buena disposición del presidente Joe Biden hacia la migración y se incrementaron los flujos –especialmente de Honduras– llegando a la frontera con Estados Unidos. Como señala mi colega de El Colegio de México, Francisco de Alba, fue una situación paralela a la del arranque de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Los centroamericanos son bienvenidos, insistió el nuevo mandatario, y se dejaron venir. Cuando Biden anunció que se abrirían las cortes migratorias y acabaría con los Protocolos de Protección al Migrante (MPP’s, por sus siglas en inglés) o Quédate en México, se dejaron venir.
¿Qué tan grave es la presente crisis migratoria?, ¿en qué difiere de las anteriores?, y ¿cuáles son los intereses y fuerzas políticas atrás de ésta?
La frontera México-Estados Unidos ha estado en crisis migratoria permanente, de una u otra manera, durante los últimos ocho años. En 2014, aproximadamente 70 mil niños llegaron a la frontera México-Estados Unidos al arrancar el verano, la mayoría provenientes del Triángulo del Norte de Centroamérica –Honduras, El Salvador y Guatemala–. ¿La causa? Nunca se esclareció. La explicación más aceptada es que los polleros y traficantes de personas esparcieron el rumor de que Barack Obama aceptaría a los niños que llegaran a territorio estadounidense.
En 2016, llegó un grupo de 20 mil haitianos a Tijuana, provenientes principalmente de Brasil y Chile. Calcularon que podrían entrar a Estados Unidos y no fue así. Tuvieron que hacer filas y esperar en la ciudad fronteriza mexicana. Ellos crearon el método de la libreta. Se anotaban conforme llegaban y esa libreta se convirtió en un arreglo informal en el que todo peticionario de asilo que llegaba a la ciudad se anotaba para hacer fila. Antes de la pandemia, es decir, en enero de 2020, la lista de espera rondaba las 10 mil personas.
En noviembre del 2018 tuvimos un evento mediático que recorrió el orbe entero: la caravana de Honduras. El presidente Donald Trump, en campaña de medio término, la hizo famosa por sus ataques: “Nos vienen a invadir”.
De mediados del 2019 a marzo del 2020, regresaron a cerca de 70 mil peticionarios de asilo a las ciudades fronterizas mexicanas, a esperar su proceso en México, a través de los Protocolos de Protección al Migrante.
Los datos duros de la actual crisis: 20 mil niños no acompañados que ya están en Estados Unidos y 160 mil aprehensiones en marzo por la Patrulla Fronteriza. Ha vuelto la práctica de la reincidencia (recividism en inglés). A quienes cruzan sin documentos los deportan en caliente utilizando el título 42, que es una vieja ley de salud pública. Como ni siquiera les toman huellas digitales, lo intentan una y otra vez hasta lograrlo.
En la crisis actual también destaca que, la mayoría de las familias y niños proviene de Honduras. Hay muy pocos salvadoreños, por ejemplo. Sabemos que en Honduras fue azotado por dos huracanes en noviembre pasado que afectaron a la mitad de la población y que el país está sumergido en una honda crisis política en un año electoral.
Por Tijuana están regresando muchas familias de Centroamérica. Entran por Texas, las detienen y las trasladan a San Diego para ser retornadas a México. Llegan literalmente norteadas. No saben a dónde las mandaron. Hay quien, incluso, pensó que estaban siendo retornados a Centroamérica.
SE ENDURECE
Me dicen investigadores que tienen contacto con la Patrulla Fronteriza que el número de migrantes llegando a la frontera se ha nivelado. Siguen llegando, pero el número ya no crece. Una de dos: o México está conteniendo con mayor efectividad o bien la narrativa está cambiando, pues efectivamente Biden y su equipo ya endureció la frontera.
Lo característico de esta crisis migratoria en los primeros 100 días de gobierno de Biden es su politización y, hasta cierto punto, exageración.
Trump y sus secuaces, pero también otros republicanos que están queriendo saltar al ruedo electoral, como los gobernadores de Texas y Arizona, Greg Abbott y Doug Ducey, respectivamente, insisten en que la frontera está fuera de control. Que Biden debe abandonar la Presidencia pues ni si siquiera puede asegurar la frontera.
Como Biden ha resultado sorpresivamente transformador y ambicioso y todo le está saliendo, los republicanos, ávidos de tener un elemento de crítica, se han volcado a la frontera con México. “¡Nos vuelven a invadir!”
Eso explica que sea la propia vicepresidenta, Kamala Harris, quien fue designada para hacer frente a la crisis migratoria en la frontera con México.
Mi argumento es que la crisis política trasciende a la migratoria. Lo que se juega Biden es la elección de medio término de noviembre de 2022. Si los republicanos se apoderan de la mayoría de la Cámara baja, se acabó el presidente transformador.
¿Qué prefiere México? ¿A Biden o a Trump? No hay duda. Con Biden regresó el Estado. Por eso desconcierta que AMLO dé señales de extrañar a Trump. (Rafael Fernández de Castro M., El Financiero, Mundo, p. 33)
Fue difundida por la agencia de noticias Reuters la primera nota que detecté en los medios extranjeros alusiva al breve discurso que ayer pronunció el presidente, Andrés Manuel López Obrador, al participar por la vía virtual en la Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático, convocada por el presidente estadounidense Joe Biden, que el gobierno de EU calificó como “un evento clave en el camino hacia la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que se realizará en noviembre en Glasgow, diseñado para aumentar las posibilidades de obtener resultados significativos sobre la acción climática mundial en la COP26”.
Reuters tituló así su nota: Trees for visas: Mexico suggests US citizenship for reforestation (Árboles por visas: México sugiere ciudadanía estadounidense por reforestación). Para la agencia, lo más importante del discurso de AMLO fue su propuesta de que EU “ofrezca visas de trabajo temporales y eventualmente la ciudadanía a quienes participen en un vasto programa de plantación de árboles que espera expandir a América Central”.
En su discurso de poco más de cinco minutos, el presidente explicó los alcances del programa Sembrando Vida y sugirió que éste se amplíe al sureste de México y Centroamérica “para sembrar 3,000 millones de árboles adicionales y generar un millón 200,000 empleos” y que sea EU quien lo financie en Guatemala, Honduras y El Salvador.
No conforme con pedirle a EU dedicar miles de millones de dólares para pagar el costo de Sembrando Vida en Centroamérica, también propuso, “con todo respeto” que el gobierno de EU le otorgue una visa de trabajo temporal a quienes siembren “sus tierras durante tres años consecutivos” y “luego de otros tres o cuatro años” hasta la residencia o la nacionalidad estadounidense.
Andrés Manuel mencionó otras estrategias de su gobierno que, según él, servirán para combatir el cambio climático: “el petróleo… se destinará, básicamente, a cubrir la demanda de combustibles del mercado interno y se acabará con la práctica de exportar petróleo crudo y comprar gasolinas. De esta forma ayudaremos a evitar el uso excesivo de combustibles fósiles… También estamos modernizando nuestras plantas hidroeléctricas para reducir el uso de combustóleo o carbón en la producción de electricidad”.
En ningún momento se refirió al desarrollo de fuentes de energía limpias, a la substitución de las flotas de automotores del sector público que queman gasolina o diésel por vehículos eléctricos o híbridos, al desarrollo de métodos de construcción menos contaminantes, a la promoción de edificaciones verdes, a exenciones o deducciones fiscales para quienes inviertan en equipos, construcciones o vehículos ecológicos.
No creo que sus propuestas —más migratorias que ecológicas— hayan impresionado a Biden ni a los otros 39 líderes que lo escucharon. En Washington y otras capitales no fue bien visto el hecho de que, con tal de reanudar su conferencia de prensa, se desconectara de la cumbre después de su discurso y mostrara no tener el más mínimo interés de escuchar los discursos de otros jefes de Estado y/o de gobierno.
El presidente de México confirmó ayer que lo suyo no es el tema del cambio climático ni el de quedar bien ante otros gobernantes. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, p. 53)
Frenar la migración es un objetivo inalcanzable.
La migración es un fenómeno que acaso se puede administrar y gestionar, pero resulta imposible ‘resolverla’ y detener los flujos migratorios de manera permanente.
El presidente demócrata Joe Biden ha planteado un marco regional integral para abordar las causas de la migración, gestionarla y procesar de manera segura y ordenada a los solicitantes de asilo.
Por un lado busca regularizar a 11 millones de trabajadores sin papeles que ya están en Estados Unidos, y por otro atacar las causas de raíz del éxodo centroamericano; que lo encabece la vicepresidenta Kamala Harris significa que tiene la mayor prioridad.
En Estados Unidos la política migratoria es un tema interno, cuyas decisiones corresponden al Congreso. Los republicanos buscan ‘calentar’ mediáticamente la frontera entre EU y México, lo que reduce las posibilidades de que se apruebe la regularización de los sin papeles.
El plan no incluye dejar entrar a indocumentados que buscan llegar allá. De hecho, Washington cuenta con Guatemala y México para impedirlo.
Las causas de raíz del éxodo desde Guatemala, El Salvador y sobre todo Honduras son conocidas: la pobreza, la violencia y la corrupción que obligan a las personas a huir de su país. Hay también factores de atracción: centroamericanos y mexicanos quieren trabajar en EU porque ya están allá sus familiares y porque en un mes en Houston ganan más que en un año en San Pedro Sula.
En este río revuelto hay ganancia de quienes se dedican al tráfico y la trata de personas, con frecuencia vinculados al tráfico de drogas y de armas.
A su vez, Naciones Unidas, a través de la Cepal, ha planteado acertadamente que un Plan de Desarrollo Integral no debería tener como objetivo parar la migración per se, sino cambiar el estilo de desarrollo en nuestros países.
Hoy el mejor negocio en Centroamérica es exportar pobres para que envíen remesas a sus comunidades de origen, quienes primero son expulsados y luego criminalizados. Ni los gobiernos ni las élites quieren cambiar estas economías extractivas que exprimen a la mayoría de la población.
Los $4 mil millones de dólares que Biden espera invertir en cuatro años tendrán un mayor efecto multiplicador si se orientan a apoyar proyectos de desarrollo comunitario liderados por las propias comunidades, para promover infraestructura física, social e institucional. Se trata de reconstrucción tras los huracanes, distribución de vacunas y equipo de salud, acceso a agua limpia y saneamiento, adaptación de cultivos al cambio climático, educación, capacitación técnica para el trabajo, protección de los derechos humanos, seguridad pública, creación de espacios libres de violencia para las niñas y mujeres, desmilitarización, acceso a la justicia vía el establecimiento de una comisión regional contra la corrupción y la impunidad.
¿Con quién? Sí hay contrapartes en Centroamérica. Los conocen las embajadas, la USAID, y entidades como Catholic Relief Services y la Fundación Interamericana. Lo que hace falta es voluntad política para romper la dominación del pacto de corruptos que mantiene secuestrado al gobierno y al Estado para beneficio de unos pocos.
¿Frenará esto la migración? Por supuesto que no. Pero será un respiro, un alivio para muchos. Y eso es mucho más de lo que tenemos ahora. (Carlos Heredia Zubieta, El Universal, Online)
Tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador como el presidente Joe Biden han puesto énfasis en la importancia de colaborar en transformar las economías y sociedades de los países centroamericanos, que son fuente de la gran mayoría de migrantes que llegan a México y los Estados Unidos.
Sin embargo, realizar un esfuerzo para cambiar las condiciones en Guatemala, Honduras y El Salvador, que propician la salida de cientos de miles de personas, no es nada fácil. Para empezar, no hay una hoja de ruta para este esfuerzo transformador en países que tienen Estados débiles, clases políticas rapaces, sociedades fragmentadas y necesidades apremiantes. Y no sólo es un tema sobre qué hacer para cambiar la situación en estos países, sino también que requiere decidir con quién trabajar.
En el pasado, los esfuerzos internacionales por coadyuvar al desarrollo en estos países han apostado por la colaboración estrecha con los gobiernos de los tres países, pero cada vez más hay un reconocimiento que algunos líderes en la clase politica en Centroamérica probablemente sean más parte del problema que de la solución. ¿Cómo, entonces, escoger a los socios confiables en estos países quienes sí están tratando de cambiar la situación de su país y no caer en la trampa de quienes solamente quieren beneficiarse de sus poblaciones?
No es factible pensar en dar la vuelta a los gobiernos electos de los tres países, aun si pesan preocupaciones reales sobre algunos de ellos (si no siempre sobre los mandatarios mismos, por lo menos sobre congresistas y otros lideres políticos relevantes). Aún así, muchas de las actividades que se tendrán que hacer para hacer frente a la pobreza, el desempleo, la violencia generalizada y la destrucción paulatina del medioambiente requieren de acción gubernamental. Al mismo tiempo, se necesita también empoderar a nuevos actores sociales, empresariales y políticos con vocación de cambio en estos países, muchos de ellos al margen de (o en franca oposición) a los gobiernos.
Las visiones del gobierno mexicano y del gobierno estadounidense son bastante contrastantes en este punto. López Obrador, heredero de una larga tradición de no intervencionismo mexicano, prefiere una estrategia en que la cooperación internacional llegue directamente a los beneficiarios, sin mucha intervención de los gobiernos nacionales. El programa “Sembrando Vida”, por ejemplo, que él ha pregonado para remediar el desempleo en Centroamérica, tiene esa ventaja de no generar grandes burocracias ni controles gubernamentales sobre los beneficiarios.
En cambio, Biden y su vicepresidenta Kamala Harris prefieren una estrategia que busca romper las ataduras del pasado e implantar estructuras de contrapesos institucionales y vigilancia ciudadana sobre la actividad oficial, además de programas manejados mayormente por organizaciones no gubernamentales. Esta estrategia tendría que ser operada con la anuencia de los gobiernos centroamericanos, pero también generaría un nivel de confrontación, sobre todo con algunos sectores políticos de estos países.
La propuesta concreta de López Obrador ya está en la mesa. Sospecho que veremos en unos días más la propuesta de Biden, si es que la vicepresidenta Harris viaja a Guatemala, que parece muy probable. Y entonces vendrá un momento para conciliar posiciones entre México y Estados Unidos, quizás en la mesa con el gobierno canadiense, como parte de un diálogo de líderes de los países de América del Norte, en unas semanas. Pero lo que es claro en este momento es que los dos países coinciden en el diagnóstico y en los fines del esfuerzo para dinamizar las economías de Centroamérica, mas no todavía en los instrumentos. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p. A14)
MUY EN ALTO quedó el nombre de México en la Cumbre sobre Cambio Climático convocada por Joe Biden. Claro: fue porque habló la joven mexiquense Xiye Bastida, pues de lo contrario los líderes mundiales se habrían quedado únicamente con el bizarro mensaje de Andrés Manuel López Obrador.
PARA VARIAR, el presidente mexicano llegó con otros datos: le dijeron que la reunión era para hablar sobre medio ambiente y él habló de migración; le pidieron que su discurso fuera, como el resto, de tres minutos y él se alargó más del doble; desde Washington le avisaron que “Sembrando Vida” no estaba en el interés de Biden y justo en eso centró su discurso; y lo peor: mientras la mayoría de los países planteó metas más ambiciosas para reducir las emisiones de carbono, el tabasqueño presumió su obsesión por el petróleo y las energías fósiles. Su discurso era adecuado para una reunión de la OPEP, lástima que estaba en una cumbre de energías limpias.
LO MÁS GRAVE fue que López Obrador ratificó que ni les entiende ni le interesan los problemas globales. Mientras Xi Jinping, Boris Johnson, Yoshihide Suga, Justin Trudeau ¡y hasta Jair Bolsonaro! se comprometían contra el cambio climático, AMLO estaba en la mañanera hablando de cómo desconoció y renegoció un contrato -uno más- con empresarios. Cada quien sus prioridades… y su visión a futuro. (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
A su manera Se difundió que en junio la vicepresidenta de EU, Kamala Harris, viene a México. No se detalló el día, pero se informó que la número dos del gobierno estadounidense también va a Guatemala, donde hablará con su presidente Alejandro Giammattei, de las necesidades de ese país para contener la migración. Lo quiere hacer, nos dicen, a su manera. (Sacapuntas, El Heraldo de México, LA2, p. 2)
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador supo por lo menos con un día de antelación la respuesta de Estados Unidos a la petición que le hizo durante la cumbre del clima convocada por el presidente de Estados Unidos para formalizar el regreso de su país al Acuerdo de París.
¿Por qué incurrió en una acción sin esencia diplomática?
Una fuente gubernamental que pide el anonimato para hablar sobre el tema, apunta hacia la molestia que existe en el presidente de México sobre lo que él considera injerencia de parte del presidente Joe Biden en asuntos de México.
El preámbulo de la molestia del presidente mexicano ocurrió el miércoles durante el discurso que leyó su secretario de Relaciones Exteriores durante la Cumbre Iberoamericana.
Marcelo Ebrard comentó: “(…) se reactivó la Red Iberoamericana de Diplomacia Cultural, iniciativa que co-preside México junto con Perú, y que nos parece clave para el diálogo intercultural hacia el interior de la región, y de ésta con el mundo. Subrayo esta iniciativa no sólo por la inmensa riqueza que tiene, sino que ha sido la acción más decidida de la comunidad iberoamericana frente a las doctrinas supremacistas del remplazo de civilizaciones que en Estados Unidos tuvo una trágica expresión, en agosto de 2019, contra las comunidades de habla hispana en Estados Unidos y que costó 26 vidas”.
Si Trump ya se fue, ¿por qué meter el dedo en la llaga de un gobierno como el de Biden que desea restringir el uso de armas automáticas y es crítico contra el supremacismo blanco?
Mostrando las palabras clave que utiliza para iniciar una crítica, “con respeto”, el presidente López Obrador hizo público durante la cumbre del clima el día de ayer lo que generalmente se habla en privado, y que desde el domingo pasado adelantó: “A los tres años ya que tengas tu cultivo, ya tienes tu derecho en automático a una visa de trabajo por seis meses a Estados Unidos. Y tres años después de obtener tu visa de trabajo, con buen comportamiento, ya tienes derecho a solicitar tu nacionalidad estadounidense“, ejemplificó en un mensaje desde su rancho particular en Palenque.
Las palabras del presidente mexicano fueron interpretadas en la Casa Blanca con sorpresa el lunes por la mañana.
En una sesión con periodistas, el miércoles, la Administración Biden rechazó vincular la propuesta migratoria con el plan ‘Sembrando vida’ que impulsa el mandatario mexicano. “Esta no es una conversación sobre migración, sino una conversación sobre cambio climático”, dijo un alto funcionario estadounidense.
“No estamos enfocados en la interacción de temas. Para nosotros, la agenda del clima debe ser considerada por sí misma, por sus propios méritos y cómo avanzar en ella”, dijo un alto funcionario durante un encuentro telefónico con periodistas para presentar la agenda de la Cumbre (El País, 21 de abril).
Resulta sorprendente que los códigos diplomáticos no se estén usando desde el gobierno del presidente López Obrador. Su mensaje en la cumbre del clima no pertenece a la naturaleza de la misma: el regreso de Estados Unidos a los compromisos del Acuerdo de París. Parece, más bien, un mensaje dirigido al ámbito doméstico y electoral, un radio en el que se siente cómodo el presidente mexicano.
Tal parece que el costo diplomático está dispuesto a asumirlo el presidente. Sería recomendable que el secretario Ebrard le extendiera una guía de ruta al presidente en materia diplomática. Es su responsabilidad. El presidente Biden está tomando muy en serio el tema del cambio climático, anatema para Donald Trump. “Con respeto”, no se puede pedir a Estados Unidos el rediseño de su política migratoria, y de hacerlo, tendría que ser usando los canales diplomáticos pertinentes.
Ocurrió en la intervención del presidente López Obrador en la pasada cumbre del G20: sus palabras no se asimilan a la naturaleza temática del evento. Ayer 22 de abril, su intervención podría ser parte de una película de Luis Buñuel. (Fausto Pretelin Muñoz De Cote, El Economista, p. 57)
En mi colaboración anterior recordamos dos de los principales distractores que AMLO utilizó en el 2018, antes de tomar posesión como Presidente Constitucional. Me gustaría iniciar ahora, repasando con ustedes el término distractor. Como sabemos, sus raíces etimológicas son el prefijo dis (divergencia, separación), trahere (arrastrar) más el sufijo tor (agente que hace la acción). En pocas palabras significa “el que aparta la atención”. Pero también distractor es sinónimo de señuelo, pista falsa y —ojo— diversión o entretenimiento.
Recurro a estas precisiones gramaticales, debido a que desde que inició este gobierno, hasta la fecha, todos los días el Presidente da una conferencia en las mañanas que tiene como único propósito, distraer a la gente con pistas falsas, señuelos e incluso con diversión y entretenimiento para que la sociedad aleje su atención de los temas importantes. Dicho de manera sintética, las mañaneras —cómo se les conoce coloquialmente a sus conferencias— han sido el principal distractor que López Obrador ha utilizado para ocultar sus verdaderas intenciones y sus fracasos.
Las mañaneras operan cómo los cuentos que se les narran a los niños antes de dormir, en donde aparecen personajes ficticios, algunos son seres malignos y otros héroes. Cuando los niños están conciliando el sueño, en sus mentes aparecen esos personajes ficticios y las historias que les fueron contadas, acompañándolos durante todos sus sueños. Lo mismo sucede con la sociedad mexicana, diariamente se nos cuenta un cuento distinto, en donde siempre existen malvados y un héroe, que casualmente, es el propio narrador o sea López Obrador. Así durante todo el día los mexicanos nos estamos contando el cuento que inventó y contó el Presidente por la mañana. Nos pasamos el día expresando nuestras opiniones sobre esos personajes e historias de ficción. Como los niños, somos un pueblo soñando con los cuentos del Presidente.
En 2019 aunado a las conferencias mañaneras hubieron otras acciones distractoras. En enero, López Obrador, anunció el combate al robo de gasolina, llamado comúnmente huachicol. Para el efecto, ordenó el cierre de todos los ductos sin previa estrategia de cómo enfrentar una contingencia de abasto. Habló de gran corrupción de gobiernos anteriores, personal del sindicato y particulares. Ordenó la compra de 2000 pipas para sustituir el abasto del combustible. Todos recordamos las largas filas y molestias a los consumidores, pero también el hecho de que no hubo consignados por el delito del huachicol ni tampoco gasolinerías clausuradas definitivamente. En el fondo, lo que pasaba, era que el gobierno no había realizado oportunamente las renovaciones de los contratos de importación de gasolina, según fue informado posteriormente por medios internacionales. Lamentablemente en medio de todo este desorden hubo la muerte de 130 personas en Tlahuelilpan, Hidalgo, producto de una fuga de combustible que no fue detectada ni controlada a tiempo por Pemex.
Otro gran circo distractor, lo fue el anuncio de un gobierno que respetaría los Derechos Humanos de los migrantes. Al iniciar su gobierno AMLO dijo: “Vamos a ofrecer empleo… el que quiera trabajar en nuestro país va a tener apoyo, una visa de trabajo”. Aún tenemos frescos los momentos en los que funcionarios de todos los órdenes de gobierno acudían a recibir las caravanas de migrantes. Olga Sánchez Cordero, les otorgaba pulseras humanitarias para que no fueran molestados en su tránsito por el país. Claudia Sheinbaum y los alcaldes morenistas les llevaban Las Mañanitas a la Magdalena Mixhuca. Diputados y funcionarios donaban parte de su salario. Todo para hacer creíble el cuento del Presidente, quien realmente buscaba reforzar un discurso para respal
Las mañaneras operan cómo los cuentos que se narra a los niños antes de dormir, con personajes ficticios. Cuando los niños están conciliando el sueño, en sus mentes aparecen esos personajes ficticios y las historias que les fueron contadas, acompañándolos durante todos sus sueños.
dar su política de no molestar con elementos del ejército al crimen organizado. De esta manera todo encuadraba en un perfecto mensaje de respeto a los derechos humanos.
Lo que sucedió después ha sido uno de los capítulos más bochornosos de nuestra diplomacia. En ese entonces el presidente Donald Trump amenazó con aranceles a nuestras exportaciones. López Obrador presa del pánico envió a Marcelo Ebrard, sin previa cita, a calmar la ira del Presidente estadounidense. Ebrad no fue recibido por autoridades importantes, tuvo que esperar varios días en el hotel, hasta ser llamado a la Casa Blanca para que se le ordenara la política migratoria que debía seguir México. A partir de ese momento nuestro país pagó la barda de Trump utilizando a nuestra Guardia Nacional para detener a los migrantes en la frontera sur. Tanta indignación causó este hecho que hasta un diputado morenista como Muñoz Ledo lo criticó a acremente.
Así transcurrió 2019 con distractores de toda índole. No se pueden olvidar los innumerables informes presidenciales, la mudanza de Los Pinos a Palacio Nacional, el uso de recursos retóricos para evadir la crítica o la realidad como sus “otros datos”, al que acude cada vez que se ve envuelto en un problema. (Benjamín González Roaro, El Sol de México, Análisis, p. 13)
¿Corre el país algún riesgo por el desdén mostrado por el presidente López Obrador por las Cumbres mundiales, sean de cualquier tema?
El Presidente mexicano no solo menospreció el tema del cambio climático -que no entiende y que no le importa- sino que restó importancia a los mandatarios de las potencias mundiales que lideran la cruzada contra el calentamiento global.
Para sus seguidores, la postura del Jefe del Ejecutivo “fue de autonomía’’, “de no arrodillarse ante las potencias mundiales’’, pero en un mundo cada vez más globalizado, lo que hizo el Presidente sí podría tener consecuencias.
De entrada, el Gobierno mexicano será considerado no serio; se advirtió que el tema era el cambio climático y López Obrador insistió en colocar la migración como su tema, su cruzada personal.
La sesión convocada ayer no sólo servía para expresar dudas y compartir planes propios de cada Gobierno, sino para escuchar a las potencias para aplicar las medidas exitosas en territorio nacional.
El Presidente prefirió seguir en campaña que atender la conversación con otros mandatarios, cosa que muy pocas veces ocurre en el año.
¿Qué nos garantiza que esta actitud no será interpretada por otros presidentes como una falta de respeto? ¿Qué garantía hay de que no habrá represalias en otros temas? (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p. 4)
Lluvias torrenciales que cayeron el fin de semana del 19 y 20 de septiembre de 2015 sobre el Valle de Toluca dejaron entre 7 mil y 8 mil damnificados en municipios como Lerma y San Mateo Atenco. Una comunidad afectada fue la San Pedro Tultepec, bordeada por el río Lerma y la laguna de Chimaliapan.
Luego de años de sufrir sequía, la súbita inundación dejó decenas de casas anegadas. La población, que se dedica primordialmente a la fabricación de muebles, sufrió un golpe devastador en su modo de vida.
Una de las familias afectadas fue la de Xiye Bastida Patrick –entonces una jovencita de 13 años de edad–, quien se vio obligada a emigrar. Hija de padre mexicano y madre chilena, Xiye comenzó su nueva vida en el barrio neoyorquino de Morningside Heights, al sur de Harlem.
Inspirada por el activismo de la joven sueca Greta Thunberg, Xiye –quien se asume como otomí– comenzó a encabezar huelgas estudiantiles contra el cambio climático en marzo de 2019, mientras estudiaba la preparatoria en The Beacon School, una escuela del barrio de Hell’s Kitchen.
En declaraciones al sitio de noticias amny.com, dijo que ella y sus amigos estaban aterrorizados de saber que los efectos del calentamiento global serían irreversibles en diez años.
La primera protesta masiva se realizó en la plaza Foley, cerca de la alcaldía de Nueva York, el 20 de septiembre de 2019, justo cuatro años después de la inundación en San Pedro Tultepec. De ahí se realizó una marcha a Battery Park, en el extremo sur de Manhattan, donde habló Thunberg, quien acababa de cruzar el Atlántico en un barco de vela para asistir a la Cumbre de Acción Climática de la ONU.
La participación de Xiye en el movimiento Fridays for Future comenzó a llamar la atención de los medios locales, que publicaron perfiles sobre la joven mexicana y su papel en la organización. La nota de aquella manifestación apareció en The New York Times, que recogió declaraciones de Xiye, y calculó que ese viernes faltarían a clases 1.1 millones de estudiantes en los 50 estados del país. Previamente, la activista mexicana había cabildeado a 15 miembros del consejo de la ciudad para conseguir autorizaciones para ausentarse de la escuela.
Ayer, Xiye participó en la cumbre climática convocada por el presidente estadunidense Joe Biden. Su discurso incluso fue adelantado varios minutos en la agenda de la reunión virtual y presentado por el secretario de Estado, Antony Blinken.
“Xiye es una inspiración para todos nosotros en el trabajo que realizamos para dejar un mejor planeta a las siguientes generaciones”, escribió Blinken en su cuenta de Twitter.
“Ya tenemos todas las soluciones; lo que debemos hacer ahora es ponerlas en práctica”, dijo la activista a los líderes mundiales participantes.
Llamó a las naciones desarrolladas a aceptar que “la era de combustibles se terminó y que necesitamos una transición a renovables a nivel mundial para que podamos dejar de emitir carbono”. Y demandó detener la construcción de toda infraestructura para combustibles fósiles y la extracción de hidrocarburos. “No es suficiente preguntar qué mundo estamos dejando a las futuras generaciones, sino qué generaciones estamos dejando al mundo”, remató.
Unos minutos antes, en su participación de la cumbre, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó un plan para extender el programa Sembrando Vida a Centroamérica y, con ello, dar trabajo a campesinos en Guatemala, Honduras y El Salvador para desincentivar la migración y ofrecerles, a cambio de su participación, visas de trabajo en Estados Unidos. El mandatario ya había hecho pública esa iniciativa el domingo pasado y, en respuesta, un alto funcionario del gobierno de Biden, que habló de manera anónima con los medios, respondió que su país no estaba a favor de mezclar el tema de cambio climático con el de la migración.
En el arranque de su mensaje, López Obrador dio a conocer que México había descubierto tres grandes yacimientos de hidrocarburos, pero que ayudaría al mundo a “evitar el uso excesivo de combustibles fósiles” mediante la sustitución de importaciones de petrolíferos.
Más tarde, Xiye tuiteó sus impresiones sobre la cumbre: “Me siento orgullosa de haber representado a México y a la juventud, especialmente dado que el discurso de AMLO se quedó corto en ambición”. (Pascal Beltrán Del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)

(Rocha, La Jornada, Política, p. 7)