Amistad continental. El gobierno de México y el de Guatemala suscribieron un acuerdo para contrarrestar las causas que generan la pobreza y la migración. Los mandatarios de ambos países se reunieron para tratar temas de la agenda bilateral, como el combate al crimen organizado y el narcotráfico. El presidente López Obrador, y su homólogo guatemalteco, Alejandro Giammattei, también celebraron el acuerdo alcanzado durante la XX Reunión del Grupo de Puertos y Servicios Fronterizos para establecer un punto de cruce adicional en el puerto de Ingenieros-Nuevo Orizaba, el cual facilitará los flujos comerciales. Eso es ponerle dirección al desarrollo. (Excélsior, Nacional, p. 11)
*El presidente Joe Biden, en su discurso sobre los 100 primeros días de su gobierno ante el Congreso de Estados Unidos, mostró un cambio sustancial en relación con su antecesor en el tema migratorio, sobre todo al plantear la necesidad de atacar las causas que generan las migraciones forzadas. Propone importantes inversiones en los países llamados del Triángulo del Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras.*
*Hemos documentado cómo muchos países lograron revertir la tendencia migratoria cuando las políticas públicas atendieron las causas que la generaban, convirtieron a la migración en una opción y eliminaron las movilizaciones por necesidad. Sin embargo, en el caso de Latinoamérica resulta que la historia es diferente, sobre todo en relación con los países centroamericanos.*
*Esas naciones enfrentaron enormes dificultades cuando intentaron superar la lacerante realidad y transformar estructuralmente sus condiciones. Estados Unidos obstaculizó en numerosas ocasiones los cambios al considerar que sus intereses geopolíticos estaban en peligro, apoyó golpes de Estado y a dictadores.*
Habría que recordar a la United Fruit Company instalada sobre todo en Guatemala, dueños absolutos de las tierras, que para mantenerse apoyaron dictadores que reprimían cualquier movimiento reivindicativo. Cuando Jacobo Árbenz alcanzó la presidencia (1951) quiso restablecer la democracia política y transformar las condiciones económicas aplicando una reforma agraria, una nueva legislación laboral y extender los niveles educativos a la población.
Fue considerado comunista por el gobierno de Estados Unidos, por lo que en junio de 1954 Guatemala fue invadida y diversas localidades fueron bombardeadas bajo el liderazgo de Carlos Castillo Armas en combinación con la CIA (García Ferreira).
*El Salvador también sufrió una profunda injerencia de Estados Unidos en su economía y en su política, al favorecer a partidos oficiales militares cuyo objetivo fue luchar contra los movimientos de izquierda. A partir de la década de 1980 vivió una prolongada crisis política con graves enfrentamientos entre el gobierno y la guerrilla del FMLN, conflicto que Estados Unidos consideró un problema de seguridad nacional por temor al contagio comunista.*
Y mucho más reciente, tenemos lo sucedido el 28 de junio de 2009 con el golpe de Estado en contra del presidente Miguel Zelaya a manos de la oligarquía hondureña y el gobierno de Estados Unidos.
Zelaya había puesto en marcha un conjunto de propuestas transformadoras que beneficiaban a la población en general, educación pública gratuita, un salario mínimo más alto, una serie de políticas de bienestar social y planteó la revisión de la Constitución de 1982, redactada en el periodo de la dictadura militar que defendía los intereses de empresas estadunidenses como la United Fruit Company.
Como señaló la líder y cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), Berta Cáceres Flores, por cierto asesinada el 2 de marzo de 2016, el golpe de Estado fue para impedir que el pueblo hondureño acceda a un Estado y una sociedad incluyente, democrática, con equidad y participación directa, esto lo saben los oligarcas golpistas.
*Y si bien la Asamblea de Naciones Unidas condenó el golpe y también el propio Barack Obama, entonces presidente de Estados Unidos, su secretaria de Estado Hilary Clinton lo contradijo (Copinh).*
*Uno de los golpistas fue precisamente Juan Orlando Hernández, quien se convertiría en presidente del Congreso en 2010 y más adelante en presidente de Honduras, en 2013, proceso considerado fraudulento y con enorme violencia para reprimir los actos contrarios a sus designios y a las estructuras militares y de seguridad subordinadas a la presidencia.*
*Por ello el proyecto de desarrollo integral propuesto por Alicia Bárcena, directora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) como forma de atacar las causas de los enormes movimientos migratorios, debe ser discutido por los países, aprobado y monitoreado por los distintos sectores para evitar que los recursos se desvíen.*
*Y si Estados Unidos va a participar, no hay que olvidar la triste historia de la Alianza para el Progreso impulsada por la administración de John F. Kennedy para desarrollar la región. Fue un fracaso porque el interés real y principal era contrarrestar los movimientos guerrilleros y las fuerzas de izquierda, por eso fue imposible realizar las necesarias reformas agrarias que fueron consideradas izquierdistas.*
*La injerencia de Estados Unidos ha sido demoledora para estos países y es parte de la explicación del enorme éxodo hacia los países de Norteamérica.*
*¿Será cierto que Joe Biden es socialista, como dicen los grupos ultraconservadores? Ironía pura*. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 14)
*Se cumplieron los primeros 100 días de la Presidencia de Joe Biden en Estados Unidos. Este ejercicio suele ser criticado, en tanto genera incentivos de producir a toda costa la percepción de un gobierno hiperactivo que ha de desmarcarse de su antecesor y que formula acciones con prisas y anuncios de debatible sustento. Sin embargo, en esta ocasión, dada la coyuntura de la política norteamericana y global, el ejercicio del primer tramo de la gestión Biden sí que resulta revelador.*
Ubicado en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, un clásico texto del sociólogo político Peter Evans, El Estado como problema y como solución, aborda el papel central del Estado como palanca de desarrollo u obstáculo en un determinado país. Ronald Reagan, al inaugurar su administración, señaló que el gobierno no era la solución al problema del país, sino que el gobierno era el problema. Hoy, Joe Biden, con lo que pareciera una apuesta por el Big Government, manda una clara señal de la importancia de Washington para enfrentar los grandes desafíos de la política interna y del liderazgo global.
Como era de suponerse, el desafío fundamental de Estados Unidos —y de todo el mundo, en realidad— es el combate a la Covid-19. Biden anunció 100 millones de dosis en los primeros 100 días. El haber duplicado el número de vacunas en el plazo ofrecido ha sido, sin duda, el mayor acierto en el arranque de su gobierno, en claro contraste con el desastre de su antecesor, quien dejó a ese país como el más afectado en decesos y contagios. La celeridad y éxito del proceso de inmunización ha sido tal que hasta México se vio beneficiado de la donación de vacunas. En esa lógica, los recursos que la administración y el Congreso tienen proyectados en gasto e inversión para apoyar a las familias estadounidenses y reactivar el empleo y la economía son realmente impresionantes. Si en efecto se llega a cumplir el anuncio, el monto destinado sería de un equivalente cercano a una tercera parte del PIB, algo que apenas tiene precedente con el programa de reactivación económica posterior a la Segunda Guerra Mundial. Claro, la crisis actual lo requiere y la voluntad de la administración Biden así lo ha entendido.
Sin duda alguna *otro gran desafío, que por cierto es el que menor aprobación le ha generado hasta ahora a Biden, es el tema migratorio. La situación con México y el “triángulo norte” de Centroamérica es una crisis de considerable gravedad. La desgarradora historia de Wilton, el niño nicaragüense encontrado por un agente de la Patrulla Fronteriza caminando solo por el desierto, es apenas una contundente postal del drama de los menores no acompañados en Estados Unidos. El encuentro virtual entre los presidentes de México y Estados Unidos se dio en un buen ambiente. Pero aún está por verse qué tan bien librado saldrá México en la relación bilateral, considerando los intereses de Estados Unidos en la agenda migratoria, ambiental, de promoción de la democracia, de seguridad, de combate a la corrupción y de acuerdos económicos.* (Horacio Vives Segi, La Razón, México, p. 13)
La importancia de la reunión este viernes con la primera vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris no puede minimizarse. Tiene, por supuesto, un simbolismo histórico por ser la primera mujer que ocupa este puesto, por el hecho de que el presidente Joe Biden no tendrá un segundo periodo y por el encargo que tiene de explorar una solución al difícil, largo y políticamente explosivo tema de la inmigración.
El encuentro con el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene un simbolismo adicional en tanto que ambos líderes se consideran como representantes de la izquierda norteamericana. Sin embargo, con frecuencia, los gobiernos de izquierda en América Latina acaban teniendo una relación menos compleja cuando la contraparte es Republicana en la Casa Blanca ya que la agenda implica menor dispersión e injerencia.
La relación de Donald Trump con AMLO terminó siendo buena, no tanto por la naturaleza populista compartida, sino por la concentración del primero en inmigración, que el gobierno mexicano resolvió con el despliegue de la Guardia Nacional y en el tratado de libre comercio, que se atendió con la negociación del T-MEC.
En ambos casos, el presidente López Obrador tuvo que modificar posiciones ideológicas y políticas que había mantenido durante largo tiempo. El acomodo resultó funcional ya que, con los dos temas resueltos, los gobiernos de México y Estados Unidos prefirieron ignorarse. La llegada de Biden al poder presupuestaba una situación más compleja por la inclusión de nuevos asuntos y un gabinete de mayor jerarquía, aunque sin tuits.
El incremento de los flujos migratorios bajo un gobierno Demócrata, y que lo ponen a prueba, le caen como anillo al dedo al mexicano al fortalecer su posición de negociación. Se cometería un grave error, no obstante, si el uso, o abuso, de las ganancias tácticas, similares a las de los marielitos, se privilegia como palanca para capotear la relación bilateral y no se reconoce el potencial de desarrollo que implica una serie de cambios y políticas económicas en Estados Unidos.
Se ha reportado ya mucho la importancia de aprovechar el proceso de diversificación de la exposición al riesgo chino que lleva a miles de empresas de manufactura a buscar localizaciones alternativas. México es, potencialmente, la economía que más puede contribuir a esta diversificación y a la competencia para con China en la carrera tecnológica.
Con medidas adecuadas, este solo fenómeno multiplicaría el atractivo de inversión varias veces y aseguraría una recuperación post-Covid-19 robusta y dinámica. Sin embargo, para lograrlo se tendrían que ofrecer mejoras en infraestructura logística (cruce fronterizo, ferrocarriles, puertos, aeropuertos), la apuesta al desarrollo de tecnología de punta en robótica, nanotecnología, biología molecular, economía digital, el acceso a fuentes de energía abundantes, competitivas, limpias, así como la garantía del respeto a las reglas y el estado de derecho.
A este fenómeno estructural (competencia con China) se suma ahora el programa de gobierno de Biden que incluye una masiva renovación de la infraestructura y un empuje decidido a la integración de cadenas productivas. Sin la participación de México, sus trabajadores y empresas, este programa no es implementable.
La pregunta no es si la economía se beneficiará, sino qué tanto. Y, sobre todo, quiénes y dónde en México. Sin un cambio en la política económica, lo harán sólo sectores y regiones que ya tienen una integración profunda con Estados Unidos y que necesitan poca ayuda del gobierno, sobre todo que no estorbe y no genere escasez de energía, para tener éxito.
Una de las razones más poderosas para ver con cierto optimismo las posibilidades de recuperación de la economía post-Covid-19 es el crecimiento del valor agregado que reporta el Censo Económico entre 2013 y 2018. La gráfica anexa muestra un crecimiento promedio anual asiático, sobre todo si se excluyen los sectores dominados por las empresas productivas del Estado.
Regresar a esas tasas de crecimiento sería muy positivo, pero más aún si esta expansión pudiese extenderse a regiones del país (Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Tabasco y Campeche) que se han quedado rezagadas al no haberse incorporado, con algunas excepciones como el aguacate, a la economía de América del Norte.
Así, la conversación con Kamala Harris debería versar no sólo en las medidas de corto plazo para detener la emigración de América Central, sino en cómo la integración regional es clave para competir exitosamente en el mundo, incluida a China, y cómo incorporar a los estados más rezagados de México y el triángulo del norte de América Central, para volverlos económicamente de América del Norte.
Este proceso es la clave para garantizar el derecho a no emigrar (tan caro para AMLO), sino también la palanca para el desarrollo pleno. Estos estados rezagados y Guatemala, El Salvador y Honduras no cuentan con la infraestructura para participar plenamente en la economía regional: no tienen la logística de transporte y comunicaciones necesarias; no cuentan, a pesar de ser varios ricos en ella, con la energía necesaria; ni han desarrollado la base tecnológica y de conocimientos para explotar sus ventajas competitivas; ni cuentan con un ambiente político y jurídico propicio a la inversión.
La visión del presidente del rescate de Pemex, el Tren Maya y la siembra de árboles es limitada e insuficiente. Lo que se requiere es de una fresca que apueste a utilizar el golfo de México para abrir una nueva frontera logística que coloque a Chiapas y sus estados vecinos a 72 horas del mercado más importante del mundo, la costa este de Estados Unidos.
Esta visión implicaría convertir los trabajos del tren maya para que su vocación principal, del lado del golfo y con extensiones al istmo de Tehuantepec, y la costa del Pacífico (desde Lázaro Cárdenas en Michoacán hasta Tegucigalpa), sea de carga y con transporte marítimo regular entre Coatzacoalcos-Mobile, Alabama y Progreso-San Petersburgo, Florida. Implicaría también el tendido de líneas de transmisión y gaseoductos, paralelos al ferrocarril y en toda su extensión, hasta Honduras.
Requeriría de un acuerdo aduanero con Estados Unidos para que la carga y los contenedores sean desaduanados durante el trayecto marítimo en el golfo de tal suerte que, al llegar a Mobile o a San Petersburgo, sean trasladados sin retraso a toda la costa este. Ayudaría también mucho solicitar a la vicepresidenta la excepción a la Jones Act para embarcaciones mexicanas en el golfo de México, con trato recíproco para las de Estados Unidos, por supuesto.
México tiene una participación de 14% en el mercado de Estados Unidos, pero no de manera uniforme. De Texas a California, la participación es de 22%, en el medio oeste de casi 18%, en el sur de la costa este, de 9% y en el norte, de sólo 5%. Esta subrepresentación es producto de la lejanía económica del sur de México y el norte de América Central, a pesar de la cercanía geográfica que tantos años de perjuicio han impedido explotar.
Nada de esto se discutirá este viernes ni en su próxima visita, por lo que se habrá pasado la oportunidad de convencer a una persona que puede tener influencia de primera línea sobre estos y muchos otros temas doce años más. En el mejor de los casos habrá un avance táctico, a costa de un retroceso estratégico. (Luis Fernando de la Calle, El Universal, On line)
Momentos importantes han pasado en lo que va del año en Estados Unidos. El polémico 6 de enero, con los disturbios en el Capitolio. La Ceremonia Inaugural de Joe Biden, cargada de símbolos que llaman a la unión y a la igualdad, incluyendo la orden de parar el muro fronterizo. El juicio y la condena del policía responsable de la muerte George Floyd.
En los primeros 100 días al frente de Estados Unidos, la administración Biden ha impactado en la vida diaria dentro y fuera de ese país. Ya se comenta sobre el fin a la era Reagan que fortaleció el sistema neoliberal. 40 años después, sabemos que el crecimiento económico y el desarrollo de las naciones va, necesariamente, de la mano de políticas con enfoque a derechos humanos, conscientes de su impacto ambiental y alineadas a disminuir brechas de desigualdad.
A pesar de que, durante la campaña, el actual presidente de EUA, trató de no hacer comentarios radicales o esencialmente progresistas, en las acciones (órdenes ejecutivas, memorandos y proclamaciones), todo parece indicar que está más a la izquierda de lo que se esperaba. Su discurso frente al Congreso la semana pasada, incluyó la presentación de un programa económico que busca invertir 4 billones de dólares en asistencia social y apoyo al empleo, que se suman a los 1.9 billones aprobados en marzo pasado para el rescate de post pandemia.
Estas políticas públicas, muchas de corte keynesiano, dibujan un panorama articulado de apoyo a la sociedad y se encadenan con otros esfuerzos. Destaca la postura oficial sobre el distanciamiento social, presente en todo acto institucional y el plan de vacunación que ha permitido a un 43% de los estadounidenses contar con al menos una dosis. A partir de ello se ha podido planear el regreso de niñas y niños a clases presenciales, así como la reactivación de actividades económicas.
En el primer tercio del año, hemos atestiguado un cambio de inercia, para las mujeres, las minorías raciales e incluso las personas migrantes. Hay un esfuerzo por reunir a niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados detenidos con sus familias y la cifra de personas refugiadas admitidas al año subió de 15 000 a 62 500. En contraste con el discurso de odio de Trump, estos hechos, aunque no solucionan el complejo asunto de migración, sí mejoran las circunstancias, sin afectar el nivel de aprobación del presidente, dentro y fuera de EUA.
Por supuesto, no todo será miel sobre hojuelas, sin embargo, la voluntad política y el discurso de unidad, así como el respeto a los derechos humanos es radicalmente distinto al de la administración Trump, y por ese simple hecho ya hay beneficios, tanto en la relación bilateral como en el paradigma internacional. Una verdadera bocanada de aire fresco donde antes emanaba odio. (Claudia Corichi, El Sol de México, Análisis, p. 15)
Retales
CIERRE. El gobierno de Israel informó que por el covid cierra su frontera a todos los mexicanos o extranjeros que hayan visitado México. Los que ya tengan permiso podrán ingresar, pero guardarán cuarentena de dos semanas en un hotel. Así se cuidan allí, lo que aquí no nos cuida el gobierno. (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al Frente, p. 3)