Hoy que es Día de las Madres y son muchas las que han tenido que migrar o mandar a sus hijos solos, porque esperan encuentren un mejor futuro.
La realidad es mucho más difícil y la apuesta para encontrar el sueño americano es prácticamente imposible.
Entre enero y marzo de este año, autoridades mexicanas detuvieron a 3 mil 983 migrantes menores de 17 años, de los cuales 37.6 por ciento fueron niñas y 62.4 por ciento fueron niños.
La falta de oportunidades para los jóvenes de países como Guatemala, Honduras y El Salvador ha hecho que los niveles de migración se incrementen en 475 por ciento desde 2012, de acuerdo con un reporte presentado el viernes pasado por la Red de los Derechos de la Infancia en México (Redim).
Guatemala, Honduras y El Salvador son considerados territorios con altos niveles de violencia, una violencia en donde cada día es más difícil sobrevivir, así que cada vez más niños, niñas y jóvenes buscan asilo o protección en México y Estados Unidos.
La llegada de menores de edad no acompañados a nuestra frontera norte no es una casualidad, es resultado de que los países centroamericanos, en su mayoría, tienen una población joven. De acuerdo con datos de la Cepal, aproximadamente el 30% de la población centroamericana es menor de 15 años. En el caso de Guatemala, el 44 por ciento de sus 17 millones de habitantes son menores de 20 años.
Este camino es muy riesgoso, muchos de los que mueven a los migrantes son parte del crimen organizado, desde autoridades coludidas hasta narcotráfico, muchos no sobrevivirán la travesía.
En octubre del 2018, visitamos para hacer un reportaje que hicimos para Todo Personal la frontera de Chiapas, cuando pasaba por ahí la caravana migrante.
En la hora que estuvimos en la plaza donde les brindaban agua y protección a las familias, dos niños se extraviaron. Ésa es la suerte que corren miles de niños y niñas.
Vimos quienes eran los coyotes y cómo trataban de controlar a estos migrantes.
Pero además hay otros desafíos, a los secuestros, extorsiones y asesinatos, están los contagios por la pandemia de la Covid-19.
Para Redim, los impactos de la pandemia durarán al menos una década y eso implica que la migración también tendrá un comportamiento diferente, además de que se podría imponer un pasaporte biológico con prueba PCR, que serviría como otro método para frenar la movilidad humana.
De las casi 4 mil detenciones que se realizaron en nuestro país de enero a marzo de 2021, autoridades mexicanas deportaron a 756 menores de edad, enviándolos principalmente a Guatemala, Honduras y El Salvador. Mientras que Estados Unidos repatrió a México 5 mil 476 personas de 0 a 17 años de edad, un incremento del 24.1 por ciento en comparación con los mismos tres meses del año 2020, cuando se registraron 4 mil 414 casos.
El mismo día que Redim presentó su informe, el Presidente Andrés Manuel López Obrador y Kamala Harris, la vicepresidenta de Estados Unidos, sostuvieron una reunión virtual, en la que el tema principal fue la migración. Harris fue designada por el presidente Joe Biden para gestionar el flujo migratorio en la frontera sur de Estados Unidos, que se ha incrementado descontroladamente desde que llegó a la Casa Blanca.
La vicepresidenta mencionó que “la mayoría de las personas no quieren dejar sus casas y lo hacen porque huyen de algún tipo de peligro, están obligadas a salir porque no tienen oportunidades, por ello es de nuestro común interés abordar las causas de esto”; para lograrlo, consideró que ambos gobiernos deben trabajar juntos para “combatir la violencia y la impunidad; está el interés mutuo de nuestros países de proveer asistencia inmediata a los países del Triángulo Norte para abordar las causas de la migración”.
Para intentar detener el éxodo centroamericano, el Presidente López Obrador le propuso a Harris replicar su programa “Sembrando Vida”, que, de acuerdo a lo publicado en la página del Gobierno federal, consiste en reactivar la economía de las zonas rurales más vulnerables, a través de la siembra de árboles frutales y maderables.
No podemos dejar de mencionar que el Presidente logró hacer reír a la vicepresidenta, cuando volvió a hacer referencia a una frase que mencionó durante una reunión con su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, sobre las relaciones entre ambos países.
“Cuando no eran del todo buenas las relaciones entre México y Estados Unidos, se le atribuye al expresidente Porfirio Díaz la frase según la cual se decía: ‘Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos’, ahora podríamos decir nosotros, porque son mejores las relaciones: ‘bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos’”.
Kamala Harris le manifestó al Presidente su disposición para colaborar en el tema migratorio y se declaró lista para visitarlo en persona y de manera oficial en la Ciudad de México, pocos días después de las elecciones del 6 de junio.
Tras el encuentro, la Casa Blanca difundió un comunicado en el que destacó el compromiso de ambos países para impulsar el desarrollo económico en el Triángulo Norte y el sur de México, pero por supuesto nunca mencionaron el plan del Presidente de sembrar árboles.
Son muchos y muy importantes los asuntos bilaterales que se deben tratar, como la vida de miles de niños, como para tomarlo a la ligera. El Gobierno de México debe de preparar una estrategia mucho más sólida para recibir a la vicepresidenta de Estados Unidos. No nos olvidemos, es nuestro principal socio comercial. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p.10)
El México que hoy vive día a día no es muy distinto del que miraba desde el exterior, dice la embajadora eminente Martha Bárcena Coqui, pero reconoce que al ver ya in situ varios aspectos de los retos que tiene el país, “sí he encontrado que la situación está más difícil de lo que yo me imaginaba vista desde fuera”.
Al no entender cómo se toman las decisiones, echan al ruedo ideas que no tienen viabilidad y ello produce después una gran decepción. Se dice: “Es que Estados Unidos no nos quiere apoyar…Es que no entiende los problemas”.
¡No! Es que nosotros tampoco entendemos cómo se toman allá las decisiones, alega Bárcena, y cita el tema migratorio como ejemplo de hoy.
Por otro lado agrega, hay mucha ideologización en la relación bilateral por parte de los dos lados. Cuando la administración Trump, la gran ideologización era: “Todo inmigrante es malo”, que el inmigrante amenaza la identidad de EU, hasta llegar a los crímenes de odio. (Martha Anaya, El Heraldo de México, País, p.6)
Interesante cúmulo de las versiones que surgieron el viernes alrededor de un “llamado de atención” del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador al de Estados Unidos.
En Washington hay quien dice que AMLO está a la búsqueda de pretextos para pelearse con el gobierno de Joe Biden, por el cual siente poco afecto, según versiones de prensa estadounidense.
López Obrador considera que los demócratas son “intervencionistas” y que en contraste, el expresidente Donald Trump tuvo “una actitud respetuosa” al no expresar interés en temas de política doméstica de México. Puede ser igualmente un tradicional intento de contentar a la izquierda doméstica, sobre todo ante las perspectivas de cooperación con Estados Unidos para detener el flujo de migrantes centroamericanos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p.22)
A mes y medio de haber sido investida como encargada de la agenda de conflictos con México, sin haber visitado la frontera México-EU y luego de haber llevado a la renuncia de la exembajadora Roberta Jacobson como responsable de la frontera en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, la vicepresidenta Kamala Harris tuvo el viernes un encuentro vía Internet con el Presidente de México y es la hora en que nadie ha entendido las razones ni los resultados.
La propuesta real de la Casa Blanca en materia de Migración es casi igual a la de Trump, aunque menos estridente: que México contenga con su Guardia Nacional a las caravanas, que siga siendo tercer país seguro y que endurezca la vigilancia para que los migrantes ilegales no crucen la frontera estadounidense. Los errores estratégicos de Biden están retrasando el apoyo republicano a la iniciativa de regularización migratoria. (Carlos Ramírez, 24 Horas, CDMX, p.9)
La palabra desigualdad tiene matices muy negativos, en muchos casos asociados a acciones deliberadas de parte de los gobiernos. Aún cuando en muchas ocasiones esto podría ser así, la desigualdad es también producto de condiciones sistémicas, históricas y estructurales en el mundo que van mucho más allá de un gobierno o una política económica. Lamentablemente, para muchas personas, la desigualdad inicia desde el nacimiento. No es lo mismo nacer en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Australia o Nueva Zelanda que nacer en Honduras, Yemen o Mozambique. Tampoco es lo mismo nacer en un país democrático que en un país donde existe una dictadura disfrazada como democracia o una dictadura real y aceptada. Tampoco es igual nacer con una nacionalidad que nacer o convertirse por razones políticas en un ciudadano sin país, apátrida, de los que actualmente hay más de 4.2 millones en el mundo. Es aquí donde empieza la verdadera desigualdad, que condicionará toda la vida de una persona, desde la posibilidad de tener acceso a la educación, hasta el acceso a salud, como estamos presenciando a diario con el manejo de los embistes de la pandemia en los países más débiles. Sin embargo, el discurso sigue centrándose en la desigualdad económica y del coeficiente de Gini.
Hay temas más importantes, como no tener certeza donde se puede vivir tranquilamente, aunque sea pobre. No se trata únicamente de la igualdad económica de la totalidad de la población. Como he mencionado en otros artículos, lo que se vende en los periódicos es que cuando se alcance la igualdad económica se acabaran todos los problemas. Los políticos y periodistas venden diciendo que tal o cual país es el menos desigual del mundo, ¿eso qué significa? Cuba tiene más igualdad económica que los Estados Unidos y México, pero no vemos muchos estadounidenses o mexicanos emigrando hacia allá, o a Venezuela o Bolivia. Una mayor igualdad económica no necesariamente es lo que la mayoría de la gente busca, sino más oportunidades y seguridad. Como expliqué en mi columna anterior, la migración no se da por desigualdad absoluta dentro de un país, sino por la desigualdad relativa entre países. No se da únicamente por la desigualdad económica sino por el conjunto de desigualdades.
Desigualdad al acceso a vacunas, desigualdad militar, desigualdad jurídica, desigualdad geográfica, desigualdad en el consumo, desigualdad educativa, desigualdad física, desigualdad tecnológica, desigualdad de acceso al crédito, desigualdad del idioma. Estas son solo algunos tipos de desigualdad que no están necesariamente vinculados a la desigualdad del ingreso dentro de un país.
En Estados Unidos la desigualdad económica está creciendo rápidamente, sin embargo, la inmigración hacia los EU también. Por el contrario, las personas que viven en EU no se quieren ir a países donde existe menor desigualdad económica. ¿Por qué será? Un ejemplo adicional, Costa Rica y Chile son de los países con mayor desigualdad económica en la OCDE. Sin embargo, los ciudadanos de estos países no les interesa migrar, más bien son receptores de inmigración.
Las palabras son importantes y lo que medimos es una expresión de lo que nos importa. Si continuamos poniendo al acento únicamente a la desigualdad económica y no atendemos las causas estructurales que en muchas ocasiones ocasionan esta desigualdad, no se podrá resolver nunca el problema, no propiamente el de la desigualdad, pero sí el de la baja calidad de vida y la condición de pobreza de millones de personas en el mundo, muchos de los cuales están condenados a una vida más difícil desde su nacimiento. (Jacques Rogozinski, El Financiero, Economía, p.13)
Las agendas de los presidentes Biden y López Obrador son incompatibles y el deterioro de la relación es inevitable.
Al mandatario mexicano le conviene estallar la crisis ahora, porque necesita aglutinar el sentimiento nacionalista en torno suyo antes de las elecciones, que se le complicaron más allá de lo calculado.
El gobierno de Estados Unidos no quiere hacer favores electorales con un pleito en este momento, que despertará el sentimiento “antigringo”, en favor del partido gobernante en México de cara a los comicios del domingo 6 de junio.
En la Casa Blanca conocen perfectamente al equipo que gobierna en Palacio Nacional, y saben que cualquier roce lo usarían para distraer la atención sobre el mal manejo de la economía, la pandemia y la seguridad, así como la negligencia homicida en la Línea 12 del Metro.
Lo comentamos en este espacio durante el proceso electoral en Estados Unidos: la agenda de Trump respecto a México era monotemática: migración. Frena a los migrantes y haz lo que quieras.
La de Biden es más amplia: sí migración, pero destacadamente medio ambiente, democracia y Estado de derecho.
El punto es cuándo van a chocar los gobiernos de AMLO y Biden. El morenista lo quiere ya, y provoca. El demócrata elude roces antes del 6 de junio.
Kamala Harris fue todo sonrisas en la conferencia con el Presidente de México, y no mordió el anzuelo. Pero no hay que equivocarse, saben con quién tratan.
La provocación más llamativa en estas semanas fue la nota diplomática en la que el gobierno de México exige que EU “explique el financiamiento a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI)”, de parte de la US Agency of International Development (USAID).
Dice el presidente López Obrador que ese financiamiento es “un acto de intervención que viola nuestra soberanía”, y que se trata de “injerencia, es intervencionismo y es promover el golpismo”.
¿Injerencia, intervencionismo, golpe de Estado se preguntan aquí?
Si alguna injerencia interna ha habido de un país a otro en los últimos años, fue la visita del presidente de México a la Casa Blanca a respaldar la candidatura de Donald Trump.
Apareció en un spot de la Convención Republicana, y luego en anuncios de propaganda electoral de Trump en Texas.
Biden aguanta, pero falta saber si va a resistir la presión que inicia dentro de Estados Unidos para que dé un manotazo sobre la mesa en la relación con el mandatario del sur.
El único flanco débil de la actual administración de Estados Unidos es la mala imagen que hay sobre el manejo de la crisis migratoria en la frontera con México.
De acuerdo con el prestigiado Pew Research Center, el 68 por ciento de la población reprueba a Biden por el manejo de la migración en la frontera sur, debido al incremento de personas que piden asilo.
Mientras eso sucede, el gobierno de México festeja a los cuatro vientos el aumento histórico de las remesas que llegan desde Estados Unidos, enviadas por migrantes, y que en buena medida proceden de la ayuda del gobierno de Biden a quienes enfrentan los efectos de la crisis por Covid.
El gobierno de México, en cambio, no ha erogado un peso adicional para ayudar a la población y a las empresas, y se ufana del aumento de las remesas que mandan quienes han tenido que abandonar su patria.
Además de la presión del electorado a Biden –le reprueba el incremento de la migración ilegal y de las solicitudes de asilo–, está la presión de las empresas que operan dentro del T-MEC y les cambiaron las reglas.
El jueves, el American Petroleum Institute –que agrupa a empresas de exploración, producción y servicios de la rama petrolera en este país– envió una carta a los secretarios de Estado, Comercio, Energía y a la representante comercial de la Casa Blanca, para que exhorte al Presidente de México y miembros de su gabinete a que cumpla con sus compromisos firmados en el T-MEC”.
Lo anterior, debido a que la reforma energética aprobada por Morena viola compromisos de trato justo a inversionistas y exportadores estadounidenses, señala el API.
Sí, las agendas son incompatibles, aunque se diga otra cosa de dientes hacia afuera.
Ambos gobiernos dicen coincidir en fomentar el desarrollo en la región para atacar de raíz las causas de la migración. Ésas son las palabras. ¿Los hechos? México cambia reglas y ahuyenta la inversión que genera desarrollo. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p.36)
La gran apuesta del gobierno de AMLO es que Estados Unidos jale a México en la recuperación económica. Nuestro vecino del norte está en un boom económico. Este año se pronostica que crecerán al 6.5%, lo cual significará un incremento en las exportaciones mexicanas a ese país y un nuevo aumento en las remesas que envían nuestros paisanos desde Estados Unidos, las cuales, por cierto, están en niveles récord. Eso sí lo presume el presidente López Obrador como si fuera un gran logro, cuando es una vergüenza para el país depender tanto de connacionales que tuvieron que emigrar para encontrar las oportunidades económicas que no hallaron en México. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p.13)
El próximo 6 de junio se llevarán a cabo las elecciones más grandes de la historia, no solo por el crecimiento del número de electoras y electores, sino también, por el número de cargos que se elegirán, pues las 32 entidades del país tendrán elecciones locales concurrentes con la federal, incluidos 15 gubernaturas, se trata de un total de 21 mil cargos de elección popular.
Los mexicanos que se encuentran en el extranjero también tienen derecho a emitir su voto, de acuerdo con el Instituto Nacional Electoral, podrán votar 33 mil 698 ciudadanos que viven en el extranjero, de los cuales poco más de 18 mil son hombres yy cerca de 16 mil, mujeres.
La mayoría de los solicitantes residen en Estados Unidos aunque hubo registros de mexicanos que viven en otros países, entre ellos, Canadá, España, Alemania, Reino Unido, Francia y Suiza.
Existen dos modalidades para que emitan su voto, ya sea por Internet o vía postal.
De los mexicanos registrados el 66.9% emitirá su sufragio vía internet, mientras que el 33% optó por la vía postal.
El PRI es el único partido que se ha preocupado por nuestros connacionales en el extranjero, por ello en cada lista de candidaturas plurinominales contamos con candidatos y candidatas migrantes que darán la batalla en la Cámara de Diputados para generar mejores condiciones y garantías para acceder a sus derechos.
De igual manera, en las recientes reformas a nuestros estatutos fortalecimos las atribuciones de la Secretaría de Asuntos Migratorios con el propósito de garantizar el acceso a sus derechos políticos electorales, ya que es la única vía para que su voz esté representada de manera adecuada. (Carolina Viggiano, El Sol de México, Análisis, p.15)
Cada vez que puede, el presidente Andrés Manuel López Obrador repite la misma frase modificada: “Bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos”.
Lo dijo en la reunión virtual que sostuvo el primero de marzo con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y la repitió este pasado viernes en el encuentro a distancia que tuvo con la vicepresidenta, Kamala Harris.
Esta ocurrencia, que busca ser empática, debe también entenderse como un límite ante cualquier intento de actuar en sentido contrario a lo que marcan las leyes y los principios de una nación democrática.
Ese debe ser un límite para los alcances de la 4T. Porque está claro que la reacción de Washington no podría ser la misma hacia Nicaragua que hacía su principal socio comercial y principal expulsor de migrantes hacia su territorio.
Venezuela y Nicaragua están lejos de Estados Unidos. La migración existe, pero es más complicada. El comercio bilateral entre México y Estados Unidos fue en marzo pasado de 57,000 millones de dólares, todo el Producto Interno Bruto de Venezuela es de 53,000 millones de dólares. (Enrique Campos Suárez, El Economista, Cd. México, p.9)
La relación con Estados Unidos ha sido siempre la más relevante para México. En el siglo XIX moldeó nuestra geografía política y creó una suerte de agravio insuperable en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad, que se transmite de generación en generación. De todas las vecindades asimétricas en el mundo, la nuestra es probablemente la más clara, la más compleja, pero al mismo tiempo la más relevante en términos de desarrollo regional compartido.
En el siglo de las migraciones, Estados Unidos depende de México para preservar su seguridad interior y control fronterizo. Es una ventaja inédita por dimensión y volumen. El T-MEC y su antecedente, el TLC, han construido una red de proveduría que emplea a millones y garantiza mejores precios y oferta de productos. (David Penchyna Grub, La Jornada, Opinión, p.14)

(Falcón, La Crónica, La 2,p.2)