*Las relaciones con EU no están en su mejor momento. Atrás quedaron las cotidianas felicitaciones a México por el muro humano en que se convirtieron los militares de nuestro país para contener la migración centroamericana. Donald Trump ya dejó la Casa Blanca y se nota. AMLO ya no habla de su “amigo” presidente de EU, sino del financiamiento de la embajada de ese país a conspiradores contra su gobierno.
Estuvo a dos de cruzar El Rubicón (punto de no retorno.) Advirtió: “Voy a estar pendiente de la respuesta del gobierno estadunidense, porque voy a exigir que se suspenda ese financiamiento. ¿Cómo un gobierno extranjero va a financiar opositores?… ¿Nosotros vamos a Estados Unidos a meternos en la vida política de ese país, vamos a financiar a grupos opositores…?”, preguntó el presidente. Él mismo respondió: no.
“Esto es una intromisión en la vida pública de México. México no es una colonia, no es un Estado asociado es un país independiente, libre, soberano”, remató. ¡Ay, nanita! si no podemos hablar de vecinos distantes, sí de gobiernos distantes. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
El bueno: Javier Laguna Caldero, director de la Escuela de Extensión UNAM, Chicago, en Estados Unidos, recibió la presea Zaragoza Awards, por su trabajo en favor de los migrantes en aquella localidad. (El Heraldo de México, Editorial, p. 10)
Cordura y sensatez
Cordura y sensatez. El alter ego es un segundo yo, que se cree es distinto de la personalidad normal u original de una persona. Esta figura encaja para describir la relación entre el diputado Porfirio Muñoz Ledo y Morena, pues es la única voz consciente de que las decisiones tomadas desde la cúpula no van de acuerdo con los postulados con los que fue creado el partido. Lo mismo disiente del trato a migrantes que critica los pasos erróneos de la 4T. Ahora, hace un llamado a los guerrerenses a no votar por Morena el 6 de junio, para no convertir a un “estado prócer en ínsula bananera”. Está en contra de la candidatura de Evelyn Salgado, hija de Félix Salgado Macedonio. Afrenta a la democracia le llama. ¿Y ni así se dan cuenta? (Excélsior, Nacional, p. 13)
Un literal intercambio de quejas sobre temas laborales en el marco del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) acentuó esta semana las características de las relaciones bilaterales.
Después de todo, Estados Unidos y México son dos países con la capacidad de irritarse infinitamente, como dijo alguna vez Elliott Abrams, que fuera subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, durante la administración de Ronald Reagan (1980-88).
Son naciones vecinas que están condenadas a la convivencia y que por consecuencia tienen, cada una de ellas, una larga lista de quejas contra la otra. Pero más frecuentemente que no, las quejas parecen más encaminadas a marcar posiciones ante sus audiencias locales y con motivaciones políticas domésticas que a buscar realmente soluciones a problemas.
Entra esto a reflexión por el intercambio de señalamientos sobre problemas laborales. El lunes, la influyente coalición sindical estadounidense AFL-CIO presentó una queja sobre la situación laboral en una empresa de autopartes en Matamoros; el miércoles, la Representante Comercial estadounidense para Comercio Internacional (USTR) Katherine Tai, afirmó que hará cumplir normas y compromisos incluidos en el T-MEC y anunció el “uso inaugural” de un mecanismo de respuesta rápida en el acuerdo para abordar quejas sobre problemas para la sindicalización de trabajadores en una empresa de la General Motors en Guanajuato.
Tal afirmó que el mecanismo “nos permitirá abordar problemas laborales de larga data en México”.
El miércoles, la cancillería mexicana reportó haber manifestado sus preocupaciones por la aplicación de leyes laborales en EU, especialmente en las áreas de agricultura e industrias de empacado de carnes.
Si no otra cosa, los problemas laborales en México y la situación en la agricultura y las empacadoras estadounidenses, donde trabajan numerosos migrantes mexicanos legales e indocumentados, son preocupaciones que tienen décadas.
Y tienen razón en ambas direcciones. Lo que no quita la sospecha de que sea una forma política de expresar divergencias mayores. Porque la realidad es que los gobiernos de México y Estados Unidos se hallan en un momento de irritarse el uno al otro, sobre un fondo de problemas internos en los que inciden las posiciones del otro. En Estados Unidos es el tema de migración y la situación fronteriza, convertido en una crisis política creciente que ensombrece la agenda del presidente Joe Biden.
En México, el país está a menos de un mes de unas polarizadas elecciones legislativas que pueden ser determinantes para el futuro del gobierno mientras enfrenta una problemática situación que combina problemas económicos, sanitarios y de seguridad, con el agregado de un accidente en el Metro de la capital mexicana.
El hecho es que la creciente integración social y económica entre ambos califica, incluso desafía, nociones de soberanía tradicionales. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 23)