Hoy llega Kamala
Todo listo para que este lunes arribe a México la vicepresidenta de EU, Kamala Harris, para que mañana se reúna con el presidente López Obrador. Será una vista de menos de 24 horas: llega a las 23:00 horas, a las 10:00 del martes inicia sus reuniones en Palacio Nacional, donde se espera esté hasta el mediodía, y regresa a su país a las 18:00 horas. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
La visita de la vicepresidenta de Estados Unidos a México, Kamala Harris, será un buen termómetro para visualizar los nuevos términos de la relación bilateral, que sin duda incluirá los resultados electorales y la democracia participativa, independientemente de los asuntos relacionados con la inseguridad y la delincuencia organizada, la migración, el comercio y la inversión. Habrá que estar atentos. (Jesús Rangel M. Milenio Diario, Negocios, p. 30)
Vaya fecha escogió la vicepresidenta de Estados Unidos para visitar México: un día después de las elecciones más grandes de nuestra historia. Es completamente previsible que los ánimos estén todavía caldeados por la competencia.
¿Será una coincidencia la fecha o algo planeado?
Si es lo primero, qué desafortunado. Alguien debió aconsejar que Kamala Harris viniera una vez que se tuvieran los resultados oficiales y calmado las aguas. Tan es así que ambos gobiernos decidieron cancelar la visita de la vicepresidenta al Senado por posibles protestas que habría en su presencia.
Si, en cambio, es planeado, la pregunta es para qué.
Especulo. Al venir Kamala un día después de los comicios, el gobierno de López Obrador tendrá que ser más cauto en sus declaraciones sobre lo ocurrido ayer. Bajo la mirada de la segunda política más importante del vecino del norte, el Presidente estará obligado a ser más institucional.
La gran pregunta que muchos nos hacemos es cómo reaccionará AMLO frente a los resultados. ¿Reconocerá, como en el pasado, donde ganó, pero desconocerá las derrotas o aceptará el combo entero con triunfos y reveses? ¿Encenderá la pradera con discursos incendiarios al momento que aterrice Harris o se comportará como jefe de Estado?
Mañana lo sabremos.
Mientras tanto, hay que reconocer que la visita de la vicepresidenta no será nada fácil para el Presidente. El asunto prioritario será la migración. Ésta ha sido la piedra en el zapato para el presidente Biden. A diferencia de otros temas, está lejos de resolverlo. Cada vez hay más indocumentados tratando de cruzar hacia Estados Unidos. Muchos de ellos mexicanos debido a la crisis económica del año pasado.
Biden había nombrado a Roberta Jacobson, exembajadora estadunidense en México, para arreglar este problema. Como no funcionó, la removió rápidamente y le aventó la papa caliente a la número dos de la Casa Blanca. Será un desafío enorme para Kamala, quien es la demócrata que encabeza la lista en el proceso de sucesión presidencial de Biden.
Y ahí viene Trump de regreso. Este fin de semana por fin salió de su club de golf para arengar a su partido. Y el principal tema con el que criticó a la administración Biden fue el aumento de la inmigración en la frontera sur.
Por su historial y futuro políticos, Kamala meterá duro la pierna en el tema de la migración con López Obrador. Tal como lo hizo Trump en su momento. AMLO le dio todo lo que pedía al expresidente quien, a cambio, no se metía en los otros temas de la relación bilateral, salvo, desde luego, el nuevo tratado de libre comercio donde México también accedió a todas las demandas de Trump y los demócratas que controlaban el Congreso. Esto le convenía mucho a AMLO. Podía hacer y deshacer sin que la Casa Blanca se metiera en lo que estaba pasando en México.
¿Será lo mismo con Biden-Harris o sí presionarán al Ejecutivo mexicano en otros temas?
Está, por supuesto, el tema del trasiego de drogas que, como siempre, Estados Unidos pretende que México detenga como si fuera posible. Están las reformas económicas de AMLO que han afectado los intereses de corporaciones estadunidenses. Están las posibles sanciones laborales por las nuevas provisiones del T-MEC que están empujando los sindicatos del vecino del norte.
Pero quizá el tema más interesante es el del futuro de la democracia mexicana. Biden ha lanzado una iniciativa global para defender los regímenes democráticos liberales frente al embate de los populismos autoritarios. Ahí está, por ejemplo, el anuncio de que su gobierno incrementará el financiamiento de organizaciones no gubernamentales en el mundo para combatir la corrupción.
Y no es que Estados Unidos sea un alma caritativa que quiera defender a la democracia. Esto hay que entenderlo como una forma para contraatacar electoralmente a Trump y sus incómodos socios populistas, como Putin.
A lo mejor por eso viene Kamala hoy. El gobierno de Biden estaría mandando el mensaje que sí está viendo el desarrollo de la democracia mexicana.
Porque una cosa es que la súper potencia tolere regímenes populistas autoritarios en Venezuela, con su militarización y desastre económico, y otro es tener algo similar en el vecino del sur. Esto no le convendría a los intereses estadunidenses. Y eso es lo único que les importa a los vecinos. Como decía John Foster Dulles, “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”.
Habrá que ver cómo reacciona AMLO frente a los resultados electorales y si Harris realiza declaraciones sobre las elecciones en México. (Leo Zuckermann; Excélsior, Nacional, p. 21)
Durante la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos, después de muchos años, se movió hacia una política exterior mucho menos activa que las de sus antecesores.
Los enemigos eran los de afuera, los que intentaban a toda costa minar el american way of life y todas las bondades.
Los migrantes, México, Centroamérica, Venezuela, Corea del Norte, Rusia, China y varios grupos terroristas encabezaron las pesadillas de un paranoico Trump que intentó aislar a su país de esos malvados y siniestros enemigos.
Bueno, tampoco es que fuera novedad esta idea de los enemigos de “la democracia y los derechos humanos”, estaban afuera, por décadas, la política exterior de Estados Unidos pareciera escrita y dirigida desde Hollywood, tomando como base el clásico storytelling del villano vs. el héroe.
Sí, en pleno siglo XXI seguimos leyendo sobre el enemigo externo en la política exterior estadunidense, como si realmente algún país quisiera que los estadunidenses pasaran de la paz y la prosperidad como un acto de maldad pura y demoniaca.
Hoy, Joe Biden promete una política exterior fincada en la diplomacia, como medio para recuperar el perdido protagonismo en la arena internacional. El regreso a la Organización Mundial de la Salud (OMS), al Acuerdo de París y a retomar su liderazgo en la OTAN ponen de manifiesto la buena voluntad de Biden para retomar el rumbo de la cooperación internacional.
¿Pero acaso Biden llegó tarde? La respuesta es sí, hoy la idea de que Estados Unidos sigue siendo “la potencia” es una idea de 1999.
Desde la década pasada, China y Rusia han extendido su influencia a lo largo del mundo, sobre todo en los lugares abandonados o poco priorizados por el gigante norteamericano.
Basta echar un ojo al vecindario, la influencia de Estados Unidos es grande, eso nunca se puede negar, pero su desplazamiento a un segundo plano es evidente, sobre todo en Sudamérica.
México y Centroamérica son otra historia, el mal llamado “patio trasero” se está saliendo de control. Por un lado, Centroamérica (salvo Costa Rica y Panamá), hundida en una grave crisis económica y de seguridad, amenaza con mayores movilizaciones hacia el norte.
Es una situación imparable que difícilmente se podrá contener en los próximos años y está derivando en una crisis humanitaria profunda. México es un caso aún más complejo, los cárteles de la droga, de trata de personas y la continua migración hacen de nuestro país una papa caliente a la que difícilmente Biden podrá manejar.
Sin contar las tibias relaciones bilaterales de López Obrador, los guiños de este último a Rusia y China y las alianzas con otros países de la región, no son del agrado de Washington.
Hace unos días, la administración republicana anunció una serie de apoyos económicos y estímulos para prevenir la migración y un sinfín de sueños guajiros denotan la poca capacidad estadunidense para enfrentar problemas tan complicados y urgentes como la migración.
Para los detractores de López Obrador, la noticia es que Biden replicará, en un intento desesperado de reducir la migración, el programa Sembrando Vida.
Ninguna sorpresa nos deparan los próximos años en la política exterior, a lo mucho una réplica de la liderada por Obama y no muy lejana a la de su enemigo de color naranja. (Kimberly Armengol Jensen, Excélsior, Global, p. 33)
Mañana llega a nuestro país la Vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris para dialogar sobre migración, desarrollo regional, cooperación frente a la pandemia y seguridad. Los acuerdos que se realicen definirán la agenda migratoria en la región, que desde hace décadas ha estado marcada por la contención y criminalización con altos costos humanitarios para las personas migrantes y solicitantes de asilo.
La perspectiva de la administración Biden-Harris ofrece una oportunidad de desarrollar estrategias para regularizar a las personas que se han quedado fuera de una región que ya está integrada. Por ejemplo, desde 1994 existe un acuerdo de cooperación, entre otras cosas, comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (Tratado de Libre Comercio, TLC -hoy T-MEC) y desde 2004 con Centroamérica (United States-Central America Free Trade Agreement, US-CAFTA).
Mientras que las remesas son parte importante de las economías de los países, en Guatemala, El Salvador y Honduras representan entre el 15 y 23% de su Producto Interno Bruto y en México entre el 3 y 4%. En el ámbito migratorio, hay más de 11 millones de mexicanas y mexicanos viviendo en Estados Unidos y más de un millón de estadounidenses viviendo en México.
Los retos que la región enfrenta en torno a la migración no son fáciles. Son muchos temas que se entrelazan: la violencia, la corrupción, el cambio climático, la violencia en razón de género, la precarización de la vida, sistemas de protección internacional débiles e instituciones migratorias y de asilo poco efectivas.
Pero seguir criminalizando a las personas que buscan protección las orilla a recurrir a rutas más sórdidas, fortaleciendo las arcas de los traficantes. Se necesitan respuestas coordinadas que se centren en acciones que brinden la libertad de decidir migrar o no.
La sociedad civil de la región ha documentado los costos humanos de las políticas de detención y deportación. Durante décadas han llevado a cabo acciones jurídicas, de incidencia, dialogado con los sistemas de Naciones Unidas y de Estados Americanos, y participado en la construcción de instrumentos internacionales, como el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, llamando a los Estados a trabajar en conjunto y a bridar respuestas humanitarias.
Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ha trazado las rutas de desarrollo para la región al mediando plazo. Los caminos para desarrollar formas regulares de movilidad y acceso a protección son claros.
Para Estados Unidos significa regularizar a 11 millones de personas que llevan años contribuyendo a la sociedad, economía y cultura del país, fortalecer su sistema de asilo, eliminar las expulsiones bajo Título 42 y desarrollar un sistema de visas familiares y de trabajo más accesibles para las familias transnacionales en la región.
Para México, abrir el país a la migración regular de Centroamérica, facilitar el acceso a visas de trabajo y familiares desde los consulados mexicanos, como lo estipula la Ley de Migración, y fortalecer su sistema de protección a través de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) que probablemente recibirá más de 80 mil solicitudes de asilo en 2021.
Para Centroamérica, México y Estados Unidos es reconocer las políticas de intervención, exclusión, extracción de recursos y discriminación contra las personas indígenas y afrodescendientes, que conjuntamente representan la raíz de las situaciones de inequidad en nuestra región.
Si los gobiernos siguen insistiendo en la contención como respuesta, sus acciones estarán destinadas al fracaso, y el costo será la vida de miles de personas que diariamente salen de sus países, paradójicamente, para salvar su vida y las de sus familias. (Gretchen Kuhner, El Universal, Opinión, On line)
Luego de su visita por Guatemala, la vicepresidenta de los Estados Unidos Kamala Harris llega a nuestro país como parte de su primera visita oficial a Latinoamérica y con una encomienda por demás retadora: establecer acuerdos para frenar el flujo migratorio hacia la frontera sur de la Unión Americana, mediante la inversión conjunta y la colaboración para el desarrollo económico que contribuya, entre otros aspectos, a pacificar las regiones con mayores índices de violencia, que generan desplazamientos forzados y favorecen la migración, principalmente hacia el vecino país del norte.
Aunque son muchos los motivos por los que Latinoamérica enfrenta los mayores estragos de la pandemia, no se puede obviar el papel que ha jugado el modelo de economía neoliberal promovido por Estados Unidos en los países al sur de su frontera, y que propició un recrudecimiento sin precedente de la desigualdad, por lo que existe una tendencia política en la región hacia la reconstrucción de los Estados de bienestar, para lo cual en el mismo Senado mexicano se han establecido comunicaciones con distintos parlamentos de la región.
Con los mismos objetivos y pese al enorme interés de la Cámara Alta mexicana por estrechar lazos con la vicepresidenta Harris, quien también es presidenta del Senado de su país, la crispación política propia de nuestro proceso electoral habría opacado la importancia de la agenda bilateral que, además del tema migratorio, se extiende a áreas como el respeto de la soberanía nacional, el mercado de armas y su influencia en la violencia al sur del río Bravo, la política antidrogas y la energética, así como el cambio climático, entre otros.
No obstante, pasados los tiempos de agitación, es posible un encuentro con ella, para delinear acuerdos en materia de política exterior, que son de competencia y conveniencia mutuas.
En definitiva, las elecciones del pasado domingo han modificado el mapa político de México, pero han reafirmado la voluntad del pueblo soberano de continuar con la transformación del país, caracterizada por la austeridad republicana para eliminar privilegios de la clase política; el combate a la corrupción, y la inversión en los sectores históricamente desprotegidos, como los pequeños productores agropecuarios, las personas trabajadoras del hogar, las personas con discapacidad y las comunidades originarias, lo que a su vez genera un compromiso por parte de quienes vencieron en las urnas, para seguir impulsando una agenda de desarrollo basada en el respeto y la promoción de los derechos humanos.
En este sentido, la misma cooperación multilateral se deberá centrar en la generación de oportunidades y accesos a una mejor calidad de vida, evitando caer en el círculo vicioso de repetir las mismas estrategias y esperar nuevos resultados.
Los proyectos de desarrollo se deben adecuar a cada región, y estar diseñados con el conocimiento directo de las necesidades concretas de cada comunidad, respetando la soberanía de las naciones y aprovechando al máximo cada fracción monetaria que se invierta, sin olvidar que los resultados de este tipo de estrategias se proyectan a largo plazo y deben generar cambios estructurales más que nichos de inversión que focalicen los apoyos, sin impactar en las masivas movilizaciones de personas por el continente.
Como lo ha advertido la misma vicepresidenta Harris, el progreso en el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) no será posible sin un combate frontal a la corrupción, situación que se replica en nuestro país y en toda la región, lo que abona a las coincidencias entre el gobierno estadounidense y el mexicano.
Los retos de esta visita de Estado implican comenzar a dibujar nuevas estrategias de cómo lograr los objetivos en común, rompiendo con las fórmulas del pasado y repercutiendo en las estructuras sociales, pero que a la vez se respeten las respectivas soberanías.
La complejidad de la cuestión migratoria y de las demás que integran la agenda bilateral requiere de un acompañamiento integral de las instituciones mexicanas para impulsar una política migratoria congruente tanto con las personas migrantes que salen de nuestro país, como con quienes lo atraviesan en su tránsito hacia Estados Unidos y con quienes lo toman como su destino.
La agenda legislativa del Congreso mexicano, que iniciará en septiembre su LXV legislatura, tiene contempladas, entre otras modificaciones al sistema jurídico, nuevas legislaciones en materia de control de armas y de regulación del uso adulto e investigación del cannabis, que deberán contribuir con los objetivos bilaterales en estos rubros.
El presidente Andrés Manuel López Obrador recibirá a la vicepresidenta Kamala Harris con el respaldo y la aprobación de la mayoría ciudadana, lo que le permite negociar exclusivamente en favor de los intereses de la nación, dejando de lado las presiones de particulares, por lo que existe la expectativa de que sea una visita de mucho provecho para ambos países. Con la certeza de que la Cuarta Transformación se sigue profundizando en nuestro país, se renuevan las esperanzas de tener éxito en los temas que en el pasado han quedado como grandes pendientes. (Ricardo Monreal, El Universal, Opinión, p. 21)
Que los humores presidenciales pueden incidir en la textura de las relaciones bilaterales lo demuestra la inquina que Calderón tuvo con Carlos Pascual, quien finalmente renunció al cargo de Embajador. Algo similar ocurre con López Obrador, quien no logra apartar de su atención a Claudio X. González. Su apuesta por recortar los fondos que recibe de USAID ha tenido una elegante pero contundente respuesta.
Espero que, superado el capítulo, la atención de la Jefatura del Estado se centre en las grandes alamedas que se abren para redefinir la relación con un gobierno, como el de Biden (y la vicepresidenta Harris, que hoy nos visita), que impulsa los valores del multilateralismo, la dignidad de los migrantes, la democracia y la recuperación verde de la economía y que, además, ha demostrado voluntad de ser un buen vecino. No les conviene un desacuerdo con México.
No todos los gobiernos han tenido tan buenas circunstancias para construir una mejor relación bilateral. Hoy México saca ventajas innegables de su vecindad. Empiezo por las vacunas y no sólo el millón de unidosis que Kamala trajo envueltas en celofán para reactivar los principales destinos turísticos, sino los millones de dosis de Pfizer.
El programa de vacunación mexicano le debe mucho a los Estados Unidos. En segundo lugar, el rebote económico que tendremos este año (coinciden los especialistas) se debe, en gran medida, a la generosa política de estímulos impulsada por Biden. Sus mercados de trabajo ocupan a nuestros nacionales y les permiten recibir retribuciones crecientes y derramar 14 mil millones de dólares en remesas.
Los incentivos para cooperar son poderosos. Si el gobierno mexicano hace un ajuste a sus prioridades, podríamos tener un productivo trienio. Los ejes de la política norteamericana no chocan con los intereses nacionales de México. Empiezo por el combate a la corrupción que, en buena medida, debería ser motivo de alineamiento y convergencia.
AMLO debe entender que la actuación internacional de una democracia liberal incluye a los gobiernos, al sector privado y a la sociedad civil. Las relaciones internacionales entre democracias no se basan solamente en el intergubernamentalismo, implican múltiples niveles de relación. La Unión Europea y los Estados Unidos despliegan diplomacias multinivel sin que esto suponga injerencia o intrusión alguna. Las democracias cooperan para promover los valores en los que creen.
Lo mismo puede decirse del combate al cambio climático y la reducción de emisiones. La persistencia por regresar a una suerte de nacionalismo petrolero es, en algunas de sus partes, incompatible con el nuevo paradigma económico/ambiental. Por tanto, acercarnos a las mejores causas de la humanidad como cuidar el planeta no debería predisponer negativamente al gobierno mexicano.
Corren buenos tiempos para construir una mejor relación entre México y los Estados Unidos en el tema migratorio y la relación con América Central. México debe hacer la parte que pactó en materia de control fronterizo sin que medie una amenaza de aranceles La relación con los Estados Unidos y con Centroamérica son nuestras prioridades de política exterior y se deben cuidar.
Para fortuna nuestra, la relación con el vecino del norte tiene hoy muchos más elementos positivos que puntos de fricción. Todo es cuestión de ajustar algunas políticas y por supuesto, asumir que las repúblicas tienen intereses nacionales que no siempre son convergentes. Hay que aprovechar cuando esto ocurre. Queda pendiente encontrar un modelo cooperativo que alinee los incentivos para atender las inquietudes de un lado y otro de la frontera.
Me resulta incomprensible la constante fricción con la OEA. Ya quedó claro que no les gusta Almagro y también que fue reelecto. A otra cosa mariposa. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p. 21)
Nunca un gobierno de México había tenido la mesa tan ordenadamente puesta para elevar la calidad de la relación con Estados Unidos como ahora, bajo la administración Biden-Harris.
Desaprovechar el momento iría en contra del interés nacional. Fue una mala decisión decantarse en favor de un racista y estridente antimexicano, Donald Trump, en la elección reciente.
Persistir en el error y enfriar la relación con gestos diplomáticos hostiles y declaraciones agresivas, no favorece a México.
Ya nos pusieron en la misma canasta de los “países problema”. El gobierno estadounidense juntó al canciller mexicano con sus pares centroamericanos, en Costa Rica, donde el secretario de Estado, Antony Blinken, les echó un sermón sobre democracia y separación de poderes.
México, por interés propio, tendría que recuperar la relación en el plano trilateral acostumbrado desde que hay TLC: con Estados Unidos y Canadá, para trabajar en soluciones conjuntas a problemas regionales.
Y ahora resulta que nos hemos ganado un lugar en el cajón de los problemas en lugar de estar en el de las soluciones.
Somos el principal socio comercial de Estados Unidos, alternando con China. Ése es el nivel de México.
También somos sus vecinos, el mayor país de habla hispana, y la población de origen mexicano es el componente primordial de la primera minoría en territorio estadounidense.
Urge elevar el nivel de la relación y no insistir en pelearse con Estados Unidos por asuntos tan menores que no deberían ser tema, como el apoyo de USAID a Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.
Además, es un respaldo económico pequeño (uno más entre otros muchos que se otorgan a organizaciones civiles), que ya estaba desde la era Trump y nunca se protestó por ello.
Hoy viene Kamala Harris, en su primer viaje al exterior como vicepresidenta, y llegará procedente de Guatemala. Sería lamentable que el gobierno o su partido mostraran animadversión hacia Kamala Harris en su visita, porque pondrían a México en el juego de todo el Partido Republicano, de los medios de comunicación trumpistas y de no pocos demócratas que apuntan contra ella para descarrilarla como candidata a suceder al presidente Biden.
A Kamala Harris la pusieron al frente de una misión imposible: solucionar el problema migratorio que afecta a Estados Unidos, y que es –hasta ahora– el único flanco débil de la exitosa administración Biden.
Por eso la vicepresidenta, con el respaldo de su jefe, amplió los objetivos de su encomienda a la lucha contra la corrupción, medio ambiente, derechos de la mujer y democracia.
El oficialismo en México dice que esos temas son una coartada para el intervencionismo, injerencia imperialista y otras sandeces. Se necesita acercamiento sincero y de fondo con Kamala Harris. No es fácil, pues las agendas de los gobiernos de México y Estados Unidos son antagónicas, pero el interés nacional demanda escuchar y ceder en lo que sea posible. Aunque no tanto como se cedió ante Trump.
La buena voluntad de la administración Biden-Harris hacia México es manifiesta. No hay que morder esa mano.
El gobierno de Estados Unidos salvó a una vasta parte de México de sufrir hambruna en esta crisis.
De no haber contado con el formidable apoyo económico de Trump y –mayormente– de Biden a las personas y a las empresas en Estados Unidos para hacer frente a la situación originada por la pandemia, las remesas se habrían desplomado.
Ocurrió lo contrario: el dinero extra que utilizó el gobierno vecino para sostener a sus habitantes y a empresas medianas y pequeñas, elevó las remesas a una cifra récord. Ello ocurrió cuando aquí, ante la crisis, se decretó austeridad (Diario Oficial del 23 de abril de 2020) y se dijo con todas sus letras que “las empresas que van a quebrar, que quiebren”.
El gobierno de México está ante un buen momento para reconstruir la relación con Estados Unidos, que se dañó cuando en la Casa Blanca estaban con la mano tendida de Biden, y no con el puño cerrado de Trump.
Para el siguiente año fiscal, el primero de la administración Biden-Harris, se incluye un presupuesto de 30 millones de dólares para reunificación de las familias migrantes separadas durante la administración de Trump.
Hay 163 millones de dólares para el “trato seguro y humano” de los migrantes bajo custodia de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
Y la enorme cifra de 3 mil 300 millones de dólares para la agencia dedicada a atender a los niños migrantes no acompañados y solicitantes de asilo.
Como se dijo desde el inicio de la administración, los dreamers pueden seguir sus estudios sin temor a ser deportados, y con la seguridad de obtener la ciudadanía.
Once millones de migrantes ilegales en Estados Unidos, en su inmensa mayoría mexicanos, tendrán estatus legal para trabajar sin problemas y dormir tranquilos.
¿Ésa es la mano que se amaga con morder? ¿La que no amenaza con aranceles que rompan nuestra economía?
Biden y Harris tienen todavía buena disposición hacia México, aunque necesitan reciprocidad explícita y evidente, más allá de las palabras diplomáticas y las sonrisas para la foto.
Necesitan hechos que demuestren buena disposición del gobierno mexicano, porque de lo contrario no van a aguantar la presión que ya existe para dar un manotazo a la relación.
Kamala Harris, en la víspera de su viaje, recibió una carta del presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de su país, Bob Menéndez, el latino de más alto rango en el Congreso, y firmada por 18 senadores, que le expresan su apoyo.
Y le piden que “como elemento esencial de la estrategia hacia Centroamérica de la administración Biden, le alentamos a priorizar iniciativas que fortalezcan la gobernanza democrática y combatan la corrupción y las violaciones de derechos humanos”.
No está fácil la ruta de Kamala Harris. La lógica, y el interés nacional, indican que hay que colaborar y no apostar contra ella. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 6)
La administración Trump, en su nefasto legado político, combinó xenofobia y aislacionismo. En la cuerda del populismo de derechas, consideró a nuestros connacionales una amenaza migratoria, descalificándoles con los peores epítetos. Asimismo, asignó a México el rol de protector de la frontera sur. Ignorando los problemas que generan —en un continente desigualmente integrado bajo la globalización neoliberal— las imparables oleadas de migrantes centroamericanos.
La administración Biden parece dar un giro a este antecedente. Comenzando por la respuesta a la pandemia, que afecta a las naciones, grupos y personas más empobrecidos del orbe.
Anunció que donará, para fines de este mes, 80 millones de dosis de vacunas. De ellas enviará 25 millones a países con altas tasas de contagio y muerte; incluidos 6 millones a Brasil, Colombia y México. En su selección, el Gobierno demócrata privilegió países que vacunan a sus trabajadores de la salud. Aproximadamente 7 millones se enviarán a Asia y casi 5 millones a África.
Casi simultáneamente, el presidente informó de un incremento del apoyo estadounidense a instituciones, organizaciones civiles y periodistas independientes, con el objetivo de mejorar la gobernanza. Estos apoyos llegan hoy a numerosos países, en los cinco continentes, con gobiernos de diferente signo ideológico.
Biden justificó que la corrupción es una amenaza en su país, pues vulnera la equidad económica y los esfuerzos contra la pobreza y en pro del desarrollo democrático.
Al respecto señaló que “ayudar y fortalecer la capacidad de las autoridades e instituciones nacionales —incluidas las estatales y locales—, así como de los gobiernos asociados y otros gobiernos extranjeros en todos los niveles, para implementar medidas de transparencia, supervisión y rendición de cuentas que contrarresten la corrupción y brinden a sus ciudadanos con información accesible y utilizable sobre programas, políticas y gastos gubernamentales”. (Armando Chaguaceda, La Razón, Mundo, p. 23)
Kamala Harris vendrá a México a reanimar la relación entre los dos países luego de varias sesiones de box de sombra realizadas desde Palacio Nacional; inaugura de manera formal el periodo de Biden capítulo México; centra el tema de la migración en la región, pero lo vincula con el de corrupción; requiere que México agregue contenidos políticos con el Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras) para que pueda tener vida los proyectos de ayuda de parte de Estados Unidos y, con sus oficios de fiscal de California, le recordará al presidente AMLO que el T-MEC es una especie de Constitución compartida por tres países por lo que tiene que respetar lo que él firmó.
Se acabaron los días soleados de Kushner y Videgaray. Sin rigor diplomático, la relación terminó con el premio Águila Azteca para el yerno de Trump en manos de Videgaray, en agradecimiento por su “bondadoso” trabajo. Su mayor experiencia de Kushner con la diplomacia fue el haber platicado con Kissinger. No más.
El gobierno de Trump, con el sello de QAnon, le aseguró al presidente AMLO la ruta libre para su 4T. Y lo aseguró el día en que Mike Pompeo celebró la entrega, de parte del gobierno electo, del programa “Quédate en México”, es decir, en noviembre de 2018. (Fausto Pretelin, El Economista, p. 52)
Mientras tanto, la agenda política en México, durante esta semana, estará marcada por la visita de la Vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, no solo porque es su primera salida oficial, sino porque viene a marcar distancia del tratamiento que Donald Trump dio a la migración en el pasado, ya que visita Guatemala y México hablando de soluciones integrales y regionales.
Independientemente de los desacuerdos, evidentes o no, entre el Presidente Biden y el Presidente López Obrador, hay temas de Estado que necesitan un viraje porque son esenciales para combatir los niveles de desigualdad en un país.
Seguramente escucharemos mucho sobre las “causas de raíz” que generan migraciones masivas desde Centroamérica y ojalá que también escuchemos propuestas enfocadas en mejorar los niveles de vida de las personas para evitar que se vean orilladas a salir de sus países de origen. Quizá la reactivación económica sea una ventana de oportunidad para hablar de cadenas productivas regionales, inversión en capital humano y transferencia de tecnología.
Desde luego el combate a cambio climático será un tema transversal, ya que es el sello de la administración Biden-Harris. Lo cual volverá a poner sobre la mesa la gastada hipótesis gubernamental de que vale más tener una refinería (o dos, una Tabasco y otra Texas) y apostar a las energías fósiles en pleno siglo XXI. Esto, aderezado con las acciones de inconstitucionalidad que se siguen presentando contra la Ley de Hidrocarburos, estará dando mucho de qué hablar. (Rodrigo Alpízar, El Sol de México, Análisis, p. 19)
Asignatura: La visita de la primera vicepresidenta EU Kamala Harris quien a pesar que su Jefe Joe Biden anunció que sí buscará la reelección 2024, la ex senadora californiana presionará por una solución en el tema migratorio para que el desembolso por 4,6 millones de dólares a Centro América aseguré que ya no crucen del Sur al Norte del Río Bravo más niños no acompañados y obligue a la 4-T a mantener el nivel de apertura previo al acuerdo que de no cumplirse llevarían a las empresas extranjeras a demandar a su gobierno. Con Biden-Harris, la 4-T ayudará a contener la migración hacia EU, impulsará mejores prácticas laborales, ecológicas y mitigación del cambio climático, reducción de violencia como “mejores prácticas democráticas”. Si México no coopera regresaría a la vieja retórica ¡Yankee Go Home! (Federico LaMont, El Sol de México, Análisis, p. 9)