Opinión Migración 090621

 

 Quebradero // Entre ganar y perder

 Resquicios

 Biden y Kamala Harris no tienen nada que ver con Trump, en fondo y forma. La visita de la vicepresidenta es oportunidad de tomarle la palabra para atender a los mexicanos en EU, derechos humanos, la frontera; es tiempo de agenda abierta, nos dice Tonatiuh Guillén. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

  

Estrictamente Personal // Un poco de dignidad, por favor

La versión oficial mexicana del encuentro entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, no podía ser más grandilocuente. Fue un “gran día” para la relación bilateral, escribió en su cuenta de Twitter el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien resaltó como uno de los grandes momentos de ello el que el Presidente le mostrara los murales de Diego Rivera en Palacio Nacional. ¿En serio?

 

Sobre la sustancia, agregó, se abordaron la economía y el diálogo de alto nivel, la cooperación para la seguridad, y el desarrollo en el sur de México y América Central. “Fue un encuentro muy exitoso”, declaró. La pregunta es para quién fue exitoso. Y el reclamo es hasta cuándo seguiremos bailando con la música y el ritmo que nos imponen desde Washington.

 

Las fanfarrias suenan a burla para los mexicanos. Lo que informó Ebrard no abarca el fondo de la agenda de México ni tampoco ayuda a reducir la asimetría en la relación bilateral. Está claro en su mensaje en las redes sociales, donde parecería que se abordaron diversos temas, cuando en realidad se trató uno solo, el de la migración centroamericana, que es lo que le interesa prioritariamente al presidente Joe Biden, porque es el problema que no ha podido resolver, pese a sus promesas de campaña.

 

La migración se inserta en la polarización en Estados Unidos, y fue el de mayor atención pública y desgaste en los dos primeros meses de su gobierno. Hoy en día 6.5 de cada 10 estadounidenses reprueban su manejo en el tema.

 

La visita de Harris a México y a Guatemala se inscribe en este contexto y en las renovadas críticas, de este lunes, contra ella y el presidente de los propios demócratas y de activistas a favor de la migración, tras las declaraciones de la vicepresidenta a los migrantes guatemaltecos de que no viajaran a Estados Unidos.

 

El discurso de Harris en Guatemala fue antagónico al que trajo a México, donde declaró “creer firmemente que estamos entrando en una nueva era” de la relación bilateral. La nueva etapa, sin embargo, establece una línea de acción unilateral.

 

Esta renovada dinámica de la imposición comenzó desde que se plantearon los temas de la discusión y el formato. López Obrador y Harris hablaron privadamente durante 30 minutos, antes de integrarse a una reunión del grupo de alto nivel que duró aproximadamente una hora.

 

Después, lo que guardó en secrecía Ebrard, nos cayó de sorpresa en un comunicado de la vicepresidenta que nos informó lo que iba a suceder en Palacio Nacional: antes que nada, lo único concreto de la visita, la firma de un memorando de entendimiento entre los dos países para explorar las formas de desarrollo económico en Guatemala, El Salvador y Honduras.

 

Excluido de ese memorando están las propuestas de López Obrador de incluir en ese contexto el programa Sembrando Vida. Totalmente fuera de la discusión, se lo dijeron previamente a Ebrard, cualquier iniciativa de ampliar las visas agrícolas para trabajadores centroamericanos y mucho menos aún redefinir un camino para que alcancen la ciudadanía.

 

Lo que pretende Estados Unidos es sumar a México a que aporte recursos directos para el desarrollo centroamericano, lo que está fuera del radar e interés de López Obrador.

 

El canciller esconde una realidad que no puede ocultarse. En la víspera de que llegara Harris a México, su vocera Symone Sanders dijo que la vicepresidenta utilizaría la reunión bilateral “para construir” sobre lo que avanzó de su primera plática virtual con López Obrador, donde discutieron las prioridades de desarrollo económico en la región centroamericana, así como la cooperación en materia de seguridad, para reducir la migración irregular del llamado Triángulo del Norte. Nada en dos sentidos.

 

Todo en uno solo, como el fortalecimiento de la vigilancia migratoria en la frontera sur mexicana, la cooperación en materia de seguridad y atacar con recursos las raíces de fondo de los fenómenos.

 

En esa reunión virtual, Harris también expresó la preocupación de su gobierno por la violencia en la frontera norte, y la incertidumbre por el cambio de reglas en materia de inversión privada. No se sabe aún si retomó esos puntos o, como sugirió el Departamento de Estado recientemente a Ebrard, la petición –con un tono más de reclamo– de tener la actualización de las investigaciones contra ferroviarias de ese país aparentemente por afectar la competencia del mercado.

 

Estados Unidos y México están hablando en dos frecuencias diferentes, donde la que usa Washington silencia la de Palacio Nacional. Un botón de muestra: López Obrador anticipó que no plantearía a Harris la cancelación del financiamiento para Mexicanos contra la Corrupción y esperaría la respuesta a una queja en el Departamento de Estado, que llegó en otros términos.

 

El Departamento de Estado le comunicó a Ebrard su molestia con las declaraciones del Presidente, y Biden firmó un memorando de seguridad nacional para que su gobierno analice cómo atacar la corrupción en el mundo, respaldando a organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.

 

López Obrador comentó en privado que era la mayor descalificación que había hecho Estados Unidos sobre la política interna mexicana. Pero ni aun así Ebrard pudo abrir un espacio para que se pudiera discutir este tema, si no al nivel presidencial, sí en las reuniones de alto nivel. Los estadounidenses no están en la disposición de escuchar lo que tenga que decir México en defensa de los intereses del Presidente.

 

Sólo están abiertos a profundizar en aquellos asuntos de interés prioritario para Biden, que en el caso de la visita de Harris a México, según funcionarios de la Casa Blanca, se enfocan a los esfuerzos en México y el Triángulo del Norte para frenar la inmigración.

 

Vaya “gran día” de esta “nueva era” en la relación bilateral, que al final del día seguirá imponiendo Washington sus énfasis hasta que se les ponga un alto, no con palabras estruendosas, sino con diplomacia silenciosa. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Política, p. 32)

 

 

Desde afuera // Harris: “Camina suavecito…”

 

Durante las últimas semanas, y en especial los días que precedieron a la visita de la vicepresidenta Kamala Harris a México, se especuló con la idea de que Estados Unidos buscaría presionar al presidente Andrés Manuel López Obrador.

La visita misma de Harris era esperada con ansia, especialmente por su cercanía a las elecciones de medio término, vistas como un referendo en torno al Presidente.

 

Los adversarios del gobierno consideraban que sería el momento en que la administración estadounidense haría ver a López Obrador su incomodidad con algunas medidas, sobre todo, las de presunta inclinación “socialista”.

 

Y no del todo por accidente, los aliados del mandatario parecían albergar la misma preocupación, sólo que a partir de un punto de vista opuesto.

 

Y hubo la tendencia histórica, y en alguna medida histérica, de preocupación por la posibilidad de que EU y sus organismos de inteligencia y seguridad prepararan acciones que en el menor de los casos desestabilizarían al país y en el peor, propiciarían un golpe de Estado por su apoyo económico a grupos prodemocracia y protransparencia.

 

La reportada presencia previa del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), William Burns, alimentó dichos rumores.

 

La realidad es que Harris vino a consecuencia de un problema interno que se ha convertido en una importante consideración política para el gobierno de Joe Biden, parte porque al echar atrás las medidas migratorias de Donald Trump suscitó nuevas esperanzas y alentó a que millares de centroamericanos busquen llegar a la frontera de EU y México.

 

Pero hay que ver lo que impulsa y lo que implica controlar la migración: EU propone, entre otras cosas, invertir en el desarrollo de los países del Triángulo Norte, mejorar las situaciones de gobernanza y violencia, o en los problemas de medio ambiente. Y no pueden ignorar el papel de México, puente de paso para caravanas y origen también de migrantes que incluye temas como tráfico de personas, drogas y armas.

 

Cierto: el gobierno estadounidense no ve con confianza ni entiende que el mexicano parezca desperdiciar la oportunidad de modernizar su industria energética, desdeñar reglas internacionales de inversión o se exponga a problemas de seguridad y gobernanza –reflejadas en acciones de organizaciones criminales– mientras encarga a las Fuerzas Armadas cada vez más tareas de administración civil.

Pero ahí donde el estilo de Trump era estridente y bravucón, el de Biden es tradicional. Más en el sentido de “habla suavecito y camina con un gran garrote” de Teddy Roosevelt, que fue presidente hace poco más de 100 años. En otras palabras, lo difícil se trata con discreción.

Valdría la pena recordar que el senador republicano Marco Rubio, el principal latinoamericanista de su partido, solía decir que no importa quien sea Presidente de México en tanto recuerde que para tener éxito debe tomar en cuenta los intereses de Estados Unidos. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 25)

 

 

Globali… ¿Qué? // La conferencia de prensa de Kamala Harris con el presidente

 

La periodista Alexandra Jaffe, de la agencia Associated Press (AP), formula la siguiente pregunta a la vicepresidenta de Estados Unidos Kamala Harris: “Señora vicepresidenta usted ha hablado sobre la revisión del tema de la corrupción para abordar las causas de la migración, pero dados los antecedentes del presidente (parado a dos metros de la vicepresidenta durante la conferencia de prensa), sus críticas y objeciones frente a las reformas a las leyes anticorrupción en la región, él (presidente) se ha comprometido con usted y ha dicho que tratará de no interferir ante las iniciativas anticorrupción. ¿Qué le hace creer que usted pueda confiar en él como socio sobre este tema?”

 

Harris responde sobre la importancia de abordar el tema, pero se reserva sus comentarios sobre la figura del presidente que se encuentra a su lado..

 

La periodista le formula la siguiente pregunta al mandatario: “Señor presidente, ¿qué le diría a los que dicen que usted forma parte del problema de la corrupción en su país y que usted no toma la lucha contra la corrupción en serio?”

 

El presidente no responde a la pregunta.

 

Periodista de la CBS le formula una pregunta a Kamala: “La corrupción ha sido un tema de enfoque a lo largo de su carrera y en los últimos meses ha hablado sobre este tema. Me da curiosidad conocer si usted considera que los gobiernos de El Salvador, Guatemala, Honduras y México son corruptos.

 

Antes de que la vicepresidenta tome la palabra, el periodista comienza a hablar en español para recordarle al presidente que no le respondió a su compañera de AP.

 

Kamala Harris responde sobre la importancia de tener un poder Judicial independiente. Menciona que durante su reunión con el presidente habló sobre la importancia de tener una sociedad civil fuerte. No señala si los gobiernos de los cuatro países son corruptos.

 

El presidente tiene su turno. Ahora sí responde: “Las redes sociales, más que información llevan desinformación. Yo le quisiera devolver la pregunta a usted”, le comenta al periodista. “¿En cuántos casos de corrupción he sido señalado? Le puedo dar la respuesta, cero. Nosotros estamos en una franca lucha contra la corrupción (..) La corrupción no es solo de los políticos, la corrupción también pasa por algunas personas que obtuvieron dinero del extranjero para venir cosas aquí y no se sabe ni siquiera quién se los mandó y para qué se está utilizando (…) Le hemos dicho al gobierno de Estados Unidos que no nos interesa que venga un solo dólar al gobierno, nos interesa es en trabajar en políticas públicas que trasladen esos recursos de una manera efectiva sin intermediarios para que le llegue a las comunidades esos cambios en la forma de vivir.”

 

El presidente presentó un rictus que se transformaba mientras escucha las preguntas, pero por lo menos, se atrevió a salir a la conferencia de prensa a dar la cara.

 

El mandatario de Guatemala Alejandro Giammattei organizó la conferencia con Kamala Harris en la espléndida Casa de Cultura de la ciudad de Guatemala el pasado lunes.

 

Un día después, en México, el presidente López Obrador, catador de conferencias de prensa, decidió que no habría conferencia conjunta tras la visita de la vicepresidenta Harris.

 

Una funcionario del Departamento de Estado me confirma que sí hubo el interés de la vicepresidenta Harris de participar en una conferencia conjunta, pero AMLO se negó.

 

Esta columna plantearía un escenario utópico en que Presidencia respondiera lo siguiente: ¿Le pidió a la vicepresidenta Harris que la agencia de desarrollo USAID cancele aportaciones a los que usted considera enemigos? ¿Permitirá que agentes de la DEA trabajen en coordinación con su Gobierno sin la necesidad de que pasen a la ventanilla de Relaciones Exteriores? ¿Va a cumplir lo estipulado en el T-MEC en materia de competencia en el sector energético? ¿Cumplirá el Acuerdo de París? ¿Está a favor de la democracia liberal o de la iliberal?

 

Tal parece que Presidencia de México está afónica en temas internacionales. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 47)

 

 EU tiene que ampliar su banda ancha con México

 Hace algunos años y en plena crisis humanitaria causada por los flujos de refugiados sirios cruzando territorio turco hacia Europa, diversos países de la Unión Europea buscaron que el gobierno de Turquía, encabezado por el presidente Recep Erdogan, detuviese ese movimiento masivo y trágico de familias enteras huyendo del conflicto y de crímenes de lesa humanidad propiciados por el régimen sirio.

 

El quid pro quo tácito fue que varios gobiernos europeos se hiciesen de la vista gorda y no se pronunciaran sobre la política interna turca y la creciente degradación democrática en curso en ese país. Hoy, Estados Unidos podría estar cayendo en ese mismo error, o en lo que yo llamaría la “Trampa Erdogan”.

 

Es decir, que cara a las elecciones intermedias legislativas del próximo año y el alcahueteo político y electoral del tema por parte del Partido Republicano, Joe Biden requiere contar, a toda costa, con el apoyo cabal mexicano para encarar los efectos de la transmigración centroamericana y disminuir sensiblemente los flujos de migrantes en la frontera con nuestro país.

 

A cambio, para no contaminar esa posibilidad de cooperación mexicana y ante la particular manera en la cual el Presidente López Obrador concibe en esta coyuntura la relación con EU, Washington decidió que por el momento no cuestionará o presionará al gobierno y presidente de México en otros temas bilaterales sensibles y particularmente en aquellos de política interna mexicana que apuntan a la erosión de la democracia mexicana.

 

Qué duda cabe que la actual administración estadounidense debe hilar fino con México. A diferencia de Trump, a quien le importaba un pepino la relación con México o la política interna de nuestro país, Biden entiende que las fortalezas económica y democrática mexicanas son factores estratégicos para el bienestar y la seguridad de EE.UU.

 

También tiene clara la proclividad del presidente mexicano por el hombre al que él derrotó en las urnas en noviembre pasado. Y ha detectado la inclinación de su homólogo de estar buscando en este momento -ante un gobierno que, a diferencia del de Trump, busca compartimentalizar de nuevo la relación y evitar que diferendos en un tema específico contaminen la agenda en su conjunto- un pulso de tensión con Washington, enmarcado en su narrativa de ellos vs nosotros, en su perspectiva particular de las relaciones internacionales y del vínculo con EU, así como su rechazo a una realidad inexorable: los vasos comunicantes que existen entre la política interna de cada nación y la agenda bilateral.

 

Por ello Biden y su equipo han buscado desde el primer día minimizar las probabilidades de que López Obrador encuentre oportunidades para detonar casus belli con el gobierno estadounidense, tal y como ha ocurrido con el frente que abrió atacando el financiamiento a organizaciones de la sociedad civil en México (después de haber ignorado convenientemente que éste se dio también durante la gestión de Trump en la Casa Blanca) y que de manera tácita e indirecta fue atajado con el pronunciamiento general en el sentido de que EU seguirá apoyando, como eje de seguridad nacional interno y en el mundo, a ONG dedicadas a fomentar la transparencia y combatir la corrupción. Es en este contexto complicado que se encuadra la visita de la Vicepresidenta Kamala Harris a México.

 

Su viaje a México se originó como parte de la estrategia estadounidense para detener la escalada en los flujos migratorios estacionales en la región y como un esfuerzo para convertirla en pieza central de interlocución con el gobierno mexicano.

 

Por ello fue ella quien anticipó la semana pasada a López Obrador el anuncio que haría la Casa Blanca más tarde ese día acerca del envío de dosis de vacunas a nuestro país.

 

Y si bien pasarán algunos días antes de que tengamos una lectura más granular de los temas que se abordaron -y sobre cómo fueron abordados- en la reunión de ayer en Palacio Nacional, la vicepresidenta aterrizó el lunes por la noche en la Ciudad de México con una agenda conformada básicamente por el tema migratorio y la cooperación bilateral en la materia; los esfuerzos para garantizar que la vacunación blinde a ambos lados de la región fronteriza de nuevos casos o rebrotes, evitando en una especie de cordón sanitario nuevas disrupciones en las cadenas esenciales de suministro y dando pasos hacia la reapertura total de la frontera; la importancia de los temas ambientales y laborales como parte de las obligaciones mexicanas al amparo del TMEC; y un apuesta al reinicio de conversaciones sobre la cooperación en materia de seguridad.

 

Dada la enorme complejidad y amplitud de la agenda bilateral -para Washington, única quizás en el mundo en función de ese abanico temático tan amplio- y ya no digamos los innumerables temas de política interna que impactan esa agenda y la relación entre ambas naciones, esta es una agenda temática indudablemente constreñida.

 

Los flujos migratorios centroamericanos ya han empezado a disminuir, como ocurre año con año con la temporada de lluvias. Y con una administración que con el paso de los meses ha alcanzado una mejor capacidad de gestión -ciertamente facilitada por la labor mexicana en prevenir cruces indocumentados hacia Estados Unidos- para enderezar la situación desastrosa que se encontró como legado envenenado trumpista en materia de política migratoria y de asilo a fines de enero cuando tomó las riendas de gobierno, la pregunta obligada es si Biden empezará a ampliar la agenda diplomática con México para incluir, de manera pública o en privado, otros temas esenciales para el futuro de la relación.

 

Biden y Harris ciertamente hacen bien en buscar evitar darle excusas al presidente mexicano para torpedear el diálogo integral que debe darse entre ambas naciones, y considero que es buena apuesta que la vicepresidenta se consolide como interlocutora privilegiada del gabinete estadounidense con México, sobre todo si se trata de buscar mitigar y darle la vuelta al recelo y resentimiento que López Obrador carga con los Demócratas en virtud de que considera que no lo apoyaron cuando buscó impugnar y cuestionar los resultados electorales de 2006 y 2012 en México.

 

Pero en algún momento, la Administración Biden tendrá que empezar a ocuparse de los demás temas de la agenda bilateral: desde la infraestructura fronteriza, las energías renovables y el cambio climático hasta la indispensable cooperación en todos los temas de seguridad e inteligencia, el agua de los ríos Bravo y Colorado y la mitigación del impacto ambiental que generó el muro de Trump o la construcción de un andamiaje comercial y económico que permita a Norteamérica competir con China.

 

Y como parte de esa ampliación temática, la preocupación por una presidencia imperial y por la vitalidad democrática en México, por sus pesos y contrapesos, su separación de poderes y sus organismos autónomos, por el papel de medios y sociedad civil en la rendición de cuentas, la pluralidad, la tolerancia y una democracia participativa, tendrán que jugar un papel en el cálculo estadounidense de cómo interactuar con este gobierno mexicano.

 

Veremos si con la visita de la vicepresidenta -o a partir de ella- se empieza a perfilar esa agenda y si Estados Unidos sale de esa trampa en la que podría haber caído y en lugar de jugar matatenas, empieza a jugar ajedrez en la relación bilateral. (Arturo Sarukhan, El Universal, Opinión, p. 11)

 

 

Bienvenida, vicepresidenta Kamala Harris

 

Vicepresidenta, hemos seguido su carrera política durante las últimas dos décadas y desde ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Desde que fue fiscal en San Francisco, fiscal general de California, senadora y ahora 49 vicepresidenta de Estados Unidos.

Usted ya hizo historia como la primera mujer, primera afroamericana, asioamericana y caribeña americana en ser vicepresidenta de Estados Unidos. La hija de una bióloga india y un profesor de economía jamaiquino que ha sido luchadora tenaz a favor de algunas de las mejores causas estadounidenses: reforma a la salud, un camino hacia la ciudadanía para inmigrantes indocumentados, el DREAM Act, los derechos de la comunidad LGBT, la prohibición de rifles de asalto, una reforma fiscal progresista y la protección del medio ambiente.

 

Bienvenida a México, vicepresidenta, cuando en índices no vistos en décadas, centenares de miles de mexicanos y centroamericanos arriesgan la vida para llegar y cruzar la frontera buscando un futuro mejor en Estados Unidos. Lo han hecho por muchos años y lo seguirán haciendo por razones económicas y de seguridad. Ni muros, ni agentes migratorios los detendrán. Los migrantes viajan miles de kilómetros, abandonando sus hogares, sus ancestros. Lo hacen porque no tienen opción, porque ya no tienen nada que perder.

 

Todos esos adultos y niños abandonan su patria intentando escapar de la pobreza, las crisis políticas y la violencia en sus propios países. Huyen en busca del “sueño americano” porque sus propios sueños se frustraron. A pesar de algunos avances, tardan en hacerse realidad sus promesas y las del presidente Biden de mejorar el sistema de adjudicación migratorio y el trato a los migrantes en la frontera.

 

Llega usted a México cuando las aprehensiones de mexicanos en la frontera alcanzan los niveles más altos en los últimos tres años, cuando 45% de los extranjeros detenidos desde octubre son mexicanos y están encerrados en 200 cárceles para inmigrantes en Estados Unidos. Cuando más de 22,500 niños migrantes mexicanos y centroamericanos están bajo custodia de Estados Unidos y la oficina de aduanas y protección fronteriza de su país calcula que 200,000 niños no acompañados llegarán en 2021. 

 

Bienvenida cuando la estrategia de seguridad de abrazos no balazos del presidente Andrés Manuel López Obrador nos ha dejado 83,418 homicidios entre el 1 de diciembre de 2018 y el 15 de mayo de 2021.  A este ritmo, habrá más muertes violentas en esta administración que en las de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Rezamos para que esto no ocurra. 

 

Aterriza usted en México cuando 70% de los 34,515 homicidios en 2020 se cometieron con armas de fuego y, según la Secretaría de la Defensa, 70% de las armas que entraron ilegalmente ese año lo hicieron por la frontera con Estados Unidos.

 

Bienvenida cuando mujeres, activistas de derechos humanos, defensores ambientales, periodistas y candidatos políticos mexicanos han sido asesinados en números sin precedentes. Cuando la pandemia ha matado (oficialmente) a casi 230,000 mexicanas y mexicanos—aunque algunas estimaciones dicen que son más de medio millón—y el país tiene el número más alto en el mundo (3,861 hasta principios de mayo) de trabajadores de la salud muertos por Covid-19.

Cuando nuestras instituciones autónomas judiciales, legislativas, electorales, de derechos humanos, transparencia, organizaciones de la sociedad civil, científicos, ambientalistas y medios de comunicación están más asediados que nunca.

Le damos la bienvenida después de la peor sequía que México ha sufrido en décadas y que en mayo impactó 85% del territorio, según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), amenazando la agricultura y nuestras fuentes de agua dulce. Cuando la Cámara de Diputados recortó los recursos para enfrentar el cambio climático (11.6% del presupuesto en 2021 se destinará a producir combustibles fósiles y sólo 1.1% a mitigación y adaptación al cambio climático), mientras el gobierno sigue ignorando el peligro que representa el calentamiento global y acaba de pagar 600 millones de dólares por una refinería en Texas. (Omar Vidal y Richard Brusca, El Universal, Opinión, p. 10)

 

 

Migración: última llamada

 

Las señales de las últimas horas respecto al tema migratorio auguran un panorama distinto para el problema que enfrentan Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras y El Salvador.

 

A diferencia de administraciones anteriores, el actual gobierno estadounidense tiene la intención de aportar ideas y recursos para resolver las condiciones que alientan el éxodo de poblaciones enteras, con lo que se aleja de las actitudes que han predominado hasta ahora: la de únicamente perseguir a quienes se atreven a llegar sin documentos a Estados Unidos con la idea de mejorar su calidad de vida.

 

Hace unos meses el presidente estadounidense Joe Biden encomendó a la vicepresidenta Kamala Harris atender de manera personal la migración irregular que desde Guatemala, Honduras y El Salvador se dirige a Estados Unidos y que desborda la capacidad de atención mexicana y estadounidense.

 

Con visitas a Guatemala y México, este lunes y martes, en su primer viaje oficial al extranjero, Harris ha comenzado a trazar una ruta que intenta solucionar el origen de la migración.

 

Las líneas de acción se encaminan a impulsar el crecimiento y el desarrollo de las regiones expulsoras de migrantes. En Guatemala, la vicepresidenta estadounidense aseguró que se requieren acciones que convenzan a la gente de que hay razones para confiar en el futuro de su país en lugar de migrar y reconoció que a Estados Unidos le conviene ayudar a crear oportunidades y compartir la prosperidad económica.

 

En México se firmó un memorándum de entendimiento que crea “una alianza estratégica para abordar la falta de oportunidades económicas en el norte de Centroamérica” e incluye el compromiso de inversiones por 250 millones de dólares en el sur-sureste de México. Entre los acuerdos figura también el combate a las bandas de traficantes de personas.

 

En pocas horas parece haberse avanzado lo que no se hizo durante años. Están involucrados de manera directa los gobiernos de las naciones que enfrentan el problema y el plan parece apuntar en la dirección correcta: recursos directos para generar empleo, el compromiso de llevar inversiones, el combate a bandas que ofrecen la riesgosa —y casi siempre falsa— promesa de trasladarlos a Estados Unidos a cambio de elevadas cantidades de dinero.

 

Sin embargo, hay al menos dos temas que habría que incluir: eliminar la violencia en zonas de Centroamérica (otro de los motivos de la migración, además de la pobreza) y ofrecer oportunidades de trabajo legal, temporal y ordenado en Estados Unidos.

 

Esta parece la última oportunidad para resolver el problema. Su fracaso o éxito dependerá exclusivamente de los gobiernos involucrados. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 10)

 

 

López Obrador-Harris: señales positivas

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador recibió ayer a la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, en un encuentro que fue calificado de trascendental por el anfitrión y de productivo por la invitada.

 

Según el comunicado emitido por Presidencia, la reunión se tradujo en avances como la puesta en marcha de nuevos mecanismos de cooperación económica de alto nivel, el fortalecimiento y atracción de inversión extranjera a México, la atención a las causas estructurales de migración en la región, la protección de derechos humanos, particularmente de los migrantes, así como el impulso de los derechos laborales en México y Estados Unidos.

 

Del diálogo que tuvo lugar en Palacio Nacional deben destacarse el compromiso de establecer un grupo operativo especializado en el combate al tráfico y la trata de personas, con el fin de identificar, interrumpir y desmantelar redes de contrabando de personas en México, la formación de una alianza para ayudar a resolver los más de 82 mil casos de personas desaparecidas en nuestro país, lo que podría traer un cierre a decenas de miles de familias y poner fin a la impunidad de delincuentes, así como el incremento en el apoyo económico estadunidense para la implementación de la reforma laboral que busca reforzar los estándares laborales para la protección de los trabajadores, además de promover mejores condiciones laborales y atender los riesgos de trabajo forzado e infantil.

 

Asimismo, se firmó un memorándum de entendimiento para impulsar el desarrollo económico de manera sustentable en el sur de México y norte de Centroamérica, con el cual se hará frente a las causas estructurales de la migración a partir de una perspectiva humanista compartida.

 

Además de los acuerdos mismos, el perceptible ambiente de cordialidad es una señal positiva emanada de una reunión en la que, a decir de la parte mexicana, ambos gobiernos reforzaron su visión de una relación basada en el respeto mutuo y la cooperación para enfrentar de manera conjunta los retos binacionales y regionales.

 

El entendimiento en torno a esta visión resulta medular para el éxito de toda iniciativa compartida, como lo ha enfatizado el Presidente al insistir en el pleno respeto a la soberanía de cada país. Tanto los frutos del diálogo entre López Obrador y Harris como las actividades programadas por la vicepresidenta en México realzan los drásticos cambios experimentados en la relación bilateral en los últimos tres años.

 

Durante el sexenio de Felipe Calderón, el vínculo estuvo dominado por la ayuda militar, el espionaje y la sumisión en materia de seguridad, y si bien la llegada de Peña Nieto atenuó esa delirante apuesta por la violencia, los últimos dos años de la administración priísta transcurrieron bajo los ataques destemplados de Donald Trump contra los mexicanos y la obsesión del magnate de construir un muro fronterizo, por lo que la relación se tornó en un total desencuentro.

 

Sin que ello implique la desaparición de los conflictos y diferencias, el actual gobierno mexicano ha logrado un cambio de fondo al hacer valer la soberanía, con lo que se configuró una nueva manera de abordar los desafíos planteados por la vecindad con la superpotencia, y ante todo se impidió que diferendos específicos contaminaran el conjunto de la relación. En conclusión, se trata de un nuevo paradigma en los vínculos bilaterales, del cual cabe esperar que brinde beneficios para ambas partes en la medida que se ciñan al referido marco de respeto mutuo. (Editorial, La Jornada, p. 2)

 

 

Kamala y justicia climática

 

Kamala Harris visitó México para reunirse con autoridades del gobierno federal. El tema principal de su visita fue dialogar sobre oportunidades de cooperación en asuntos migratorios, pero Estados Unidos también tenía en su agenda otros temas prioritarios para su política internacional incluyendo seguridad, derechos humanos, comercio e inversión, y cambio climático.

 

En la Cumbre de Líderes de abril pasado, Kamala Harris abrió la reunión destacando los impactos recientes de la crisis climática. También resaltó la importancia de la innovación, la tecnología y el potencial de la energía renovable para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Dichos elementos no son nuevos en la posición de EUA.

 

Pero ahora, bajo la administración Biden, la posición incorpora un elemento novedoso: justicia climática. Tanto Kamala Harris como Joe Biden han priorizado en sus discursos el potencial que tienen las políticas de cambio climático para mejorar el bienestar de las comunidades y los trabajadores.

 

El enfoque de justicia climática planteado al momento por EUA es acotado porque enfatiza el ámbito nacional y no considera la perspectiva histórica. Sin embargo, la justicia climática también implica que la transición hacia economías neutras en carbono sea equitativa entre los países, considerando vulnerabilidades, capacidades y necesidades de desarrollo.

 

Por ejemplo, es claro que en términos absolutos el principal emisor es China con cerca del 30% de las emisiones de GEI, seguido por EUA con el 15% e India con el 7%. Pero si el criterio para medir las emisiones es per cápita, las de EUA son más del doble de las de China y 9 veces las de la India. Más aún, el PIB per cápita de EUA es casi 4 veces el de China y 8 veces el de India.

 

Es por ello que, en el proceso de transición, los países industrializados tienen la responsabilidad de apoyar a los países menos desarrollados con financiamiento, transferencia tecnológica y accesos a mercados.

 

Desde el punto de vista de impactos, la justicia climática está íntimamente relacionada con el fenómeno de migración. El cambio climático impacta primero en los grupos de menor ingreso y más vulnerables. En 2020, los fenómenos climáticos causaron más migraciones que las guerras con 55 millones de desplazados en países pobres y vulnerables. El Banco Mundial estima que los migrantes por cuestiones climáticas de Asia, América Latina y África alcanzarán 143 millones en 2050.

 

Gran parte de la migración de Centroamérica a EUA es resultado de los impactos climáticos en los sistemas productivos rurales, que son exacerbados por inestabilidad política, inseguridad y falta de oportunidades en otros sectores.

 

Para EUA tiene sentido apoyar el desarrollo sustentable del sur de México y Centroamérica. Con una inversión relativamente modesta, atendería las causas de la migración y, si se diseña adecuadamente, tiene el potencial de restaurar el capital natural, reducir emisiones de GEI y trascender el principio de justicia climática fuera de EUA. En la vista de Kamala Harris, se acordó incentivar inversiones limpias en el sur de México y cooperar con Centroamérica.

 

Para que la iniciativa sea exitosa, hay al menos tres consideraciones. Primero, las acciones de cooperación deberán focalizarse en fortalecer capacidades, fomentar inversión privada y desarrollar mercados que puedan sostenerse en el largo plazo.

 

Segundo, los proyectos apoyados deberán cumplir con criterios estrictos de integridad ambiental. Por último, invertir en capital natural no debe inhibir la transición de México a un sistema energético de bajo carbono. (Enrique Lendo, Reforma, Opinión, p.8)

 

 

¿Será?

¿Y por qué no ha ido?

 A propósito de la visita de la vicepresidenta Kamala Harris, si bien los medios estadounidenses celebraron el acercamiento con Guatemala y México, así como el cierre de acuerdos e inversión específica, se acordó que la vicepresidenta no ha visitado, precisamente , la línea fronteriza de México y EU desde su actual cargo. Cuestionada al respecto, la segunda al mando en la Unión Americana se mostró a la defensiva y regresó a su discurso de atacar la migración “de raíz”. ¿Será? (24 Horas, La Dos, p. 2)

 

 

Pulso político // Migración y narcotráfico, temas AMLO-Harris

 

En el encuentro que la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, sostuvo ayer en Palacio Nacional con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, habló no sólo del conflicto migratorio sino también de narcotráfico, contrabando y tráfico de armas en México, así como de la introducción de opioides, como el fentanilo a través de los puertos de nuestro país procedente de China, que llega y causa un gran daño a su país.

 

Reconoció que las causas de la migración de Centroamérica a través de México, que huyen de la violencia o por problemas económicos en la región, no se van a resolver en un viaje de dos días y anunció que el gobierno estadounidense hará una importante inversión en El Salvador, Honduras y Guatemala para mejorar su economía, que es de donde parten las caravanas que buscan llegar a la Unión Americana. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 5)

 

 

Nudo gordiano // La visita

 

“Sí, visitaré la frontera, ya lo he hecho, saben que he pasado mucho tiempo en la frontera y estoy muy consciente de los asuntos (…) Si uno quiere enfrentar los problemas de un problema tenemos que ir al centro, el presidente (Biden) me pidió trabajar en las causas-raíz de la migración, es por eso que fui a Guatemala…”, esto fue algo de lo que dijo Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, a la prensa durante su estancia en nuestro país.

 

Su visita fue para anunciar otra visita. Tal como lo hizo en Guatemala, se comprometió a ayudar al freno del flujo migratorio. Con México, los temas, además, fueron seguridad, economía y migración. Tras pasar la noche en la Ciudad de México, el primer evento la llevó a Palacio Nacional, ahí firmó un acuerdo de cooperación que permita a ambos países ofrecer opciones a la región de centroamericanos en la que más urge resolver en estos términos, Guatemala, Honduras y El Salvador.

 

Con nosotros la agenda también tiene muchísimo más que ver con el tema de seguridad, lo decía el comunicado que enviaron desde la Casa Blanca: “Estados Unidos y México acordaron mantener un diálogo de seguridad a nivel de gabinete para discutir una visión compartida para la seguridad.

 

Las organizaciones criminales transnacionales no reconocen fronteras. Representan una amenaza para todos los pueblos y requieren una respuesta conjunta. Estados Unidos y México están comprometidos a trabajar juntos para reducir los homicidios y las muertes relacionadas con las drogas a ambos lados de la frontera y contrarrestar las fuerzas ilícitas que los impulsan…”.

 

Y es que aquí, el tráfico de armas de Estados Unidos a nuestro país es uno de los asuntos con varios años en la agenda, por su papel para fortalecer a los grupos criminales en México. Y ése era un tema a subrayar en ésta, una de las pocas visitas de alto nivel tras varios meses de pandemia.

 

Más aún con el antecedente puesto sobre la mesa por el exembajador estadunidense, Christopher Landau, cuando reveló hace unos meses, en una conferencia de prensa virtual, que Estados Unidos había ofrecido apoyo al gobierno de México para controlar el tráfico de armas en las fronteras y que éste no había sido aceptado.

 

En una suerte de presión previa a su salida de la embajada, para así retratar la situación en la que se encontraba la relación diplomática entre ambos países luego de la cercanía que se tuvo con el presidente Donald Trump.

 

Harris llegó a un México que no se incendió tras la elección, al menos, pero también vino a poner la orden en lo que respecta al cumplimiento de algunos puntos del T-MEC, por eso su reunión con líderes sindicales en favor de reformas laborales y lanzó también un guiño feminista, se dio tiempo en para reunirse con mujeres emprendedoras en las menos de 24 horas que estuvo en nuestro país.

 

Se traza así una nueva ruta diplomática entre estos socios por múltiples factores, ojalá que en Palacio Nacional lo aprovechen y dejen de celebrar los récords en el envío de remesas. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 11)

 

 

Razones // Harris y López Obrador: el componente estratégico

 

Si realmente la administración López Obrador lee la situación que vive el país y su proyección estratégica como lo expresa el mandatario en sus mañaneras, habría que concluir que están muy lejos de comprender, por ejemplo, a qué vino realmente la vicepresidenta Kamala Harris a México. Me imagino que la interpretación real es bastante más sofisticada.

 

La señora Harris lo dejó claro en el tuit que publicó al iniciar su visita: “Nuestras economías están atadas y nuestra seguridad depende una de la otra”. Sin duda, en términos públicos, el gran tema es la migración, donde, además de los aspectos humanitarios, la vicepresidenta Harris fue muy explícita, tanto en Guatemala como en México, de que su país reforzará las medidas de seguridad en su propia frontera. El tema migratorio, en medio del gran éxito de la administración Biden en la vacunación, en el programa de apoyo y en la reactivación económica del país, sigue siendo un capítulo no resuelto y debe cerrar ese flanco este mismo año. Y demanda apoyo de México.

 

Pero hay otros temas que se pueden desprender de una lectura más cuidadosa de los comunicados públicos. Como ya lo han señalado distintas autoridades estadunidenses desde que hablara al respecto y ante el Senado de su país el jefe del Comando Norte, el general VanHerck, una de las grandes preocupaciones está en la penetración en México de Rusia y China, y también de la forma en que esos países u otros enemigos de la Unión Americana pudieran aprovechar los vacíos que deja el Estado ante la penetración de grupos criminales.

En el comunicado se habla de inversiones estadunidenses en distintos proyectos en el sur del país y, sobre todo, en el Istmo de Tehuantepec. Hay que recordar que existía la intención de que empresas chinas tuvieran una fuerte presencia precisamente en el proyecto interoceánico del Istmo.

En términos geopolíticos, ese tipo de presencia sería inaceptable para Estados Unidos. Incluso los acuerdos Torrijos-Carter, sobre el canal de Panamá, que dejaron bajo la absoluta administración del gobierno panameño el canal desde 1999, establece que, en caso de una guerra o desafíos graves a la seguridad nacional de Estados Unidos, este país puede retomar el control del canal en cualquier momento. Cuando el gobierno de Daniel Ortega, en Nicaragua, se propuso construir con empresas chinas un nuevo canal que cruzara del Pacífico al Caribe por ese país, Estados Unidos operó en forma muy dura y transparente para impedir la obra.

No es diferente con el interoceánico que propone el presidente López Obrador. Con un agregado que no es nuevo y que está en la mesa desde hace décadas: la construcción de ese corredor, si está bien realizada, sería, en los hechos, una frontera sur artificial que permitiría tener un control migratorio y de seguridad que hoy no puede ofrecer la frontera sur geográfica, una de las más porosas del mundo.

 

Invertir en ese proyecto, desarrollar inversiones allí que beneficien, sobre todo, a Chiapas, Oaxaca y Tabasco, con una vía de comunicación eficiente y con empresas productivas, sería, en los hechos, el más importante proyecto estratégico, de seguridad nacional y regional, que pudiera dejar la administración López Obrador, infinitamente más importante que el Tren Maya, Dos Bocas o el aeropuerto Felipe Ángeles. ¿Se entenderá la magnitud, lo que ello en realidad implica y requiere?

 

Otro tema que está en la declaración conjunta y que se debe leer con atención es el referente a las bandas criminales. Dice el texto que: “Los dos países acordaron establecer un grupo operativo especializado en combatir el tráfico y la trata de personas a través de una metodología que busca compartir información e inteligencia, a fin de identificar, interrumpir y desmantelar redes de contrabando de personas en México. Asimismo, acordaron llevar a cabo una reunión de alto nivel sobre cooperación en materia de seguridad, con fecha aún por definir”. Esto implica dos cosas: primero, que, si se quiere “identificar, interrumpir y desmantelar las redes de contrabando de personas” se tendrán que tomar esas mismas medidas contra los grupos del crimen organizado en general, porque la trata de personas es una parte medular de las organizaciones criminales en el país, y no es un fenómeno ajeno a ellas.

 

La línea final, respecto al establecimiento de una reunión de un grupo de alto nivel para la cooperación en seguridad, confirma que la colaboración en ese ámbito aún no está establecida y requiere, en nuestro caso, hay que insistir, de una reconfiguración con visiones de corto, mediano y largo plazos de nuestra estrategia de seguridad, hoy tan endeble.

La administración Biden le está proponiendo, con éstos y otros puntos (colaboración económica, laboral, ambiental), al presidente López Obrador que, como país, nos confirmemos en el que es nuestro destino económico, social y geográfico y del que, en ocasiones, dudamos o simplemente nos negamos a abordar, que es la plena integración de América del Norte como un espacio, una región profundamente integrada para competir en el mundo del futuro. A entender, como escribió Harris, que “estamos atados y que dependemos unos de los otros”. No sé si la actual administración está convencida de dar ese paso. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)

  

Bajo sospecha // Seguridad, negocios y migración: en ese orden

Uno de los temas fundamentales que ha tratado Harris en México ha sido el de la seguridad y cómo opera el crimen organizado en México, los negocios y cómo se deben de honrar los contratos que se han hecho con base en los tratados y no violarlos, y también el tema de la crisis migratoria de Centroamérica.

 

Hace unos meses estuvo en nuestro país Juan González, enviado de Biden para Latinoamérica. Se reunió con el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, para abordar una agenda que incluyó disminuir el tráfico de armas y de narcóticos, reducir la violencia que provoca el crimen organizado, atender las adicciones como un problema de salud pública y atacar las finanzas de las organizaciones criminales que operan en los dos países.

 

El Gobierno federal ha dicho que la manera de erradicar los temas de inseguridad y migración es a través de su programa Sembrando Vida, y ha solicitado apoyo de Estados Unidos para que inviertan, pero la realidad es que, para el vecino del norte, el programa Sembrando Vida no soluciona el problema de los cárteles de la droga, ni la violencia generada por el crimen organizado.

 

Estados Unidos busca mermar al crimen organizado a través de la desarticulación de las redes que operan en su territorio, por ello realiza operativos como el más reciente, llamado Rompeolas, con el que busca erradicar el trasiego de fentanilo que envía principalmente el Cártel de Sinaloa.

 

En el tema migratorio, y en medio de esta visita, se dio a conocer que poco más de 172 mil migrantes fueron detenidos en la frontera que comparten México y Estados Unidos, sólo en este año, incluyendo a los menores de edad que llegan sin un adulto.

 

Estados Unidos busca que los migrantes no lleguen a su frontera: parte del acuerdo con México, desde el mandato de Donald Trump, ha sido cuidar las fronteras de México con Guatemala, para que los migrantes no pasen.

 

El día de ayer se firmó el “Memorándum de entendimiento sobre cooperación internacional entre los gobiernos de México y Estados Unidos”, firmado por parte del canciller Marcelo Ebrard y John S. Creamer, encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en México.

 

Una especie de declaración de buenas intenciones, ante la falta de acuerdos concretos, por ahora, sobre cómo trabajar conjuntamente para contener desde el origen el flujo de migrantes de Guatemala, Honduras y El Salvador.

 

Mientras se realizaba este acto, la vicepresidenta envió un mensaje en Twitter en el que indicó: “Estados Unidos y México comparten historia y familia. Nuestras economías están atadas y nuestra seguridad depende unas de otras. Estoy aquí en la Ciudad de México para renovar la importante asociación de nuestra nación con México”.

 

Y es verdad, la historia de ambos es tan estrecha, que difícilmente puede operar uno sin el otro en temas de seguridad, migración y comercio.

 

Ambos coinciden en el discurso, pero en la práctica existen diferencias: mientras Estados Unidos aboga por brindar una estrategia sistemática en el Triángulo Norte, México apuesta por desembolsos directos, principalmente con su programa Sembrando Vida.

 

Los últimos datos publicados por la Comisión Nacional de Ayuda a Refugiados (Comar) y la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación (Segob), indican que el 2021 volverá a batir récord en cuanto al paso de migrantes por territorio mexicano.

 

En los primeros 5 meses de este año, la Comar ya recibió 41,195 solicitudes de refugio por parte de personas extranjeras, rebasando las 41,179 que se registraron durante todo el 2020.

 

Además de su encuentro con López Obrador, Harris tuvo reuniones con mujeres emprendedoras y líderes sindicales, y se reunió con expertos laborales mexicanos, como parte de las mesas de trabajo que se acordaron en la visita a nuestro país.

 

Esta visita ha sido una gran oportunidad para empezar a mejorar la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Seguramente, el presidente Joe Biden no olvida el desaire del Presidente de México, al haber tardado semanas en felicitarlo en su triunfo electoral. Pero esta relación bilateral es fundamental. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 12)

 

 Carta de Washington // Kamala Harris en Misión Imposible

 Cuando el presidente Joe Biden nombró a Kamala Harris a cargo de controlar la inmigración ilegal en la frontera sur, atacando lo que la origina, el mundo político en Washington comentó que no le estaba hacienda ningún favor. Después de todo, ese es un problema que ninguno de los mandatarios recientes pudo resolver ni podrá ser resuelto por una persona, en cuatro u ocho años.

 

Antes de México, la funcionaria llegó esta semana a Guatemala con una misión extremadamente complicada: tratar de llevar un mensaje de esperanza y amistad, pero a la vez dejar claro a quienes aspiran a hacer el peligroso viaje hacia los Estados Unidos, que no serán bienvenidos. Les dijo: “si vienen, serán devueltos”. Así de claro.

 

Pero no se espera que su amenaza detenga a nadie. Y es que los emigrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras vienen obligados por la pobreza, la corrupción gubernamental, la violencia, la inseguridad y el cambio climático, que en muchos casos los ha dejado sin nada y por lo informal de sus ocupaciones no cuentan con seguros ni protección social de ningún tipo.

 

Además de que esos tres países siguen contándose entre los más peligrosos del mundo, los altos índices de violencia doméstica y el reclutamiento de jóvenes y niños, forzándolos a ser miembros de grupos delincuentes, está obligando a miles de menores a viajar solos a través de México y hasta la frontera.

 

Aunado a esto, la falta de alimentos, resultado de la serie de huracanes que han azotado la región, devastando la producción agrícola, destruyendo granjas y dando muerte a cientos de animales, ha hecho que muchos de sus habitantes emigren hacia el norte, donde muchos tienen familia. A la vez que en los últimos meses se ha reportado un resurgimiento de inmigrantes varones provenientes de México en busca de empleo.

 

La vicepresidenta trató también el tema de la corrupción como factor que contribuye a la emigración. Una misión que debe haber sido difícil, si no imposible. “Son sociedades construidas en la corrupción” dice el experto Eric Olson. Por su parte, el asesor de la Casa Blanca Ricardo Zúñiga ha dicho que: “La corrupción saquea la riqueza de cualquier país y en Centroamérica es en gran escala”.

 

Tan sólo en Honduras, el presidente Juan Orlando Hernández está bajo investigación de las autoridades estadunidenses por tráfico de drogas; y en El Salvador se sospecha que el presidente Nayib Bukele ha negociado un pacto con la Mara Salvatrucha, que le ayudaría a reducir los homicidios.

 

Con esta gira, Kamala Harris dejó de estar a la sombra de Biden. Cualquier error será usado en su contra por los republicanos, pero para sus seguidores, aun si no logró todo lo que se esperaba, fue una oportunidad para demostrar que tiene la habilidad y calificaciones para un día aspirar a reemplazarlo. (Concepción Badillo, La Crónica de Hoy, Mundo, p. 16)

 

 Repensar // Mundo Kamala

 Las propuestas de política exterior de Kamala Harris en la elección interna de 2019 coincidieron, casi totalmente, con las de los otros aspirantes, incluido Joe Biden. No se espera que, como su vicepresidenta, o como su eventual sucesora, sostenga posiciones contrarias.

 

Ella llegó al Senado con mucha experiencia en procuración de justicia, pero en cuestiones internacionales era neófita.

 

Siendo hija de extranjeros, es natural que sea sensible al complejo problema de la migración irregular. Como procuradora convino en declarar a San Francisco como ciudad-santuario y se negó a cooperar con la detención de indocumentados. Como senadora, se opuso a la militarización de la frontera y secundó iniciativas para evitar la detención de niños y de mujeres embarazadas. Está de acuerdo con el presidente en hacer permanente el programa DACA y en ampliar el número de refugiados y profesionistas que se admiten anualmente.

 

Como buena abogada, cree que para frenar la emigración en Centroamérica se necesita, además de crecimiento, estado de derecho para erradicar las violaciones a los derechos humanos, la violencia y la corrupción. (Alejandro Gil Recasens, El Financiero, Mundo, p. 23)

 

 

Así lo dice La Mont // ¿Momala Harris? // L.Videgaray

 

Presidenta Kamala: El 20 enero se convirtió en la primera mujer y ciudadana afroamericana en alcanzar la vicepresidencia de Estados Unidos, encargo que rompió siglos de tradición como el de su marido Douglas Emhoff conocido como ‘el segundo caballero’ en ocupar una posición que hasta esa fecha, era desempeñada por mujeres.

Second Gentleman: El abogado de 56 años, misma edad de Kamala, la conoció cuando era la fiscal general de California y Emhoff se desempeñaba en un bufete de abogados especializados en derecho corporativo y migración cuya cercanía los llevó a contraer matrimonio en 2014 y adoptar sus hijos Cole y Ella quienes la apodaron Momala, no madrastra.

 

¿Relevo 2024? Cuando el presidente Joe Biden la eligió como compañera de fórmula, emergieron rumores sobre sus ambiciones, tales como ¿un ex adversario sería leal a un presidente al que criticó severamente en las elecciones primarias? En 60 días Harris asumió el cargo de mayor desgaste, enfrentar las causas de fondo de la migración a Estados Unidos desde México y Centroamérica, un problema que no tiene solución para administraciones demócratas pero sí republicanas como fue la reforma migratoria 1986 o Ley de Control (IRCA) de Ronald Reagan la cual amnistió 4 millones de inmigrantes ilegales.

 

¿Resolverá Harris? De asegurar una vía ciudadana para 11 millones indocumentados, además de borrar del mapa de Washington al secretario de Estado Anthony Blinken, Kamala Harris será la probable sucesora de Biden ¿2024 o 2028? De cumplirse la advertencia de Ronny Jackson ex médico personal de los ex presidentes Barack Obama y Donald Trump “me preocupa que no tenga capacidad mental ni cognitiva para servir como Comandante en Jefe y de Estado”. (Federico LaMont, El Sol de México, República, p. 9)

  

Estira y afloja // Tecnología para seguridad compartida

 

Cuarto de junto

 

Los presidentes de Costa Rica, España y Guatemala, el secretario general de la OEA y el alto comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados impulsan una reunión de solidaridad y obtención de fondos a favor de las personas desplazadas a la fuerza y las comunidades que los acogen en Centroamérica y México; por problemas económicos, violencia y criminalidad se estima que 515 mil personas de El Salvador, Guatemala y Honduras se han ido a otros países. Será este jueves de forma presencial en San José, Costa Rica, pero habrá señal en redes sociales… (J. Jesús Rangel M. Milenio Diario, Negocios, p. 18)

 

 Redes de poder

 Mensaje diplomático

Justo durante la visita de la vicepresidenta Kamala Harris a México, el Departamento de Estado de los Estados Unidos modificó la alerta de viajes hacia el país, de nivel 4 a nivel 3, es decir, la recomendación para viajes que anteriormente era “no viajar” pasó a “reconsiderar viajar”. Sin embargo, en el mismo comunicado emitido el día de ayer, la autoridad estadounidense pidió precaución al trasladarse a México debido al “crimen y los secuestros”. Si bien el cambio en la calificación de viajes es en un sentido positivo, las particularidades del comunicado y el momento que se eligió para hacer esta modificación, ya son un mensaje en sí mismo por parte del Gobierno estadounidense. (Reporte Índigo, p. 3)

 

 Astillero

 Alito busca morder el anzuelo // Videgaray y ex presidentes // La D.O., en general, bien // Kamala y sus ayudas

 Y, mientras los críticos de AMLO suman al catálogo de frases polémicas la siguiente: Los que pertenecen a la delincuencia organizada, en general bien, muy pocos actos de violencia de estos grupos; se portó creo que más mal la delincuencia de cuello blanco, pero no se pasaron de la raya y tampoco alteraron en lo fundamental los resultados, ¡hasta mañana, en espera de que se vayan conociendo los detalles de las políticas ya esbozadas ayer por Kamala Harris: defensa de derechos de trabajadores mexicanos, colaboración para búsqueda de desaparecidos, acciones conjuntas contra polleros y apoyos económicos para el sur mexicano, entre otros apoyos! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)

 

 Dinero

 Claudio X admite que no ganaron lo que esperaban // Función Pública inhabilita a Videgaray // Acuerdos Kamala-AMLO

 Reunión Kamala-AMLO

 Muy extenso el acuerdo de cooperación que firmaron ayer los gobiernos de Estados Unidos y México, en la visita que la vicepresidenta Kamala Harris hizo al presidente López Obrador. Destacan dos puntos: la aportación de Washington por 130 millones de dólares para la implementación de la reforma laboral en México. El T-MEC contiene un capítulo en la materia y esos recursos son para su implementación práctica. Incluye encaminar esfuerzos dirigidos a emparejar salarios con Estados Unidos y Canadá, combatir los sindicatos blancos y el charrismo, y reglamentar el outsourcing. También comprometió inversiones en el sur de México mediante préstamos y dotación directa de recursos –por 250 millones de dólares– para fortalecer cadenas de valor en el cultivo de café y cacao, y en el ecoturismo.

 Ahí va caminando una relación constructiva … y de mucho respeto y cordialidad. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)

 

 Cartón

 cartón

Binomio canino

 (Perujo, El Economista, El foro, p. 55)