Kamala Harris visitó la semana pasada la frontera en El Paso, donde reiteró que el enfoque del gobierno Biden es atender las causas de raíz, o los problemas de fondo, de la migración de Centroamérica y México a Estados Unidos, pero la amnesia oficial –para ponerlo diplomáticamente– al parecer les oculta algunas de las raíces del problema. Tal vez porque no están allá, sino aquí en el norte.
Por ejemplo, este domingo 27 de junio fue aniversario del golpe de Estado promovido y auspiciado por la CIA contra el gobierno democráticamente electo de Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954. Eso detonaría más de cuatro décadas de una de las guerras sucias más sangrientas de América Latina, casi siempre apoyadas por Washington.
Árbenz ganó la elección en 1951 y se atrevió a promover una reforma agraria en un país donde 2 por ciento de los terratenientes concentraba más de 70 de la tierra arable. Entre las tierras que confiscó, estaban las de la poderosa United Fruit Company. Aunque ofreció compensación igual al valor de esas tierras según los mismos contadores de la empresa estadunidense, United Fruit rehusó, pidiendo casi 15 veces más. Cuando Árbenz rechazó esa demanda, el secretario de Estado John Foster Dulles y su hermano, Allen Dulles, director de la CIA –ambos ex abogados de United Fruit, recuerda Stephen Kinzer en su libro Los hermanos– convencieron al presidente Eisenhower de que Árbenz representaba una amenaza, y con ello se autorizó la llamada Operation Success de la CIA para derrocar a Arbenz con un golpe de Estado militar. Was-hington financió y supervisó la capacitación de las tropas golpistas en la Nicaragua de Anastasio Somoza y el golpe fue respaldado por aviones de la CIA.
Washington reconoció el nuevo gobierno y otorgó asistencia. El líder del golpe, coronel Carlos Castillo Armas, de inmediato respondió anulando la reforma agraria, retornando las tierras a United Fruit y con ello se impuso un terror gubernamental sin igual en la historia moderna de América Latina, resume Juan González en su libro Cosecha de imperio.
El golpe en Guatemala se realizó con la justificación de la guerra fría, y entonces, como otra vez hoy en día, la amenaza a Estados Unidos y la democracia eran la Unión Soviética y China, justo lo mismo que se escucha ahora (sólo sustituyendo el nombre de la URSS con Rusia) para justificar la nueva política exterior de Estados Unidos más de seis décadas después.
Guatemala sería sede de los preparativos del siguiente atentado estadunidense para derrocar a un gobierno que se atrevía a desafiar a Washington: el nuevo gobierno revolucionario de Cuba, proyecto que fue ordenado por Eisenhower en 1960 bajo mano de Allen Dulles y su subordinado Dick Bissell, quien había estado a cargo de los aviones de la CIA en el golpe en Guatemala. De hecho, los oficiales que juntó Bissell para la operación contra Cuba fueron veteranos de la llamada campaña de Guatemala. Se empezó a preparar una invasión de Cuba con los estadunidenses capacitando un ejército de exiliados cubanos en Guatemala. Aviones de la CIA transportaron a estas tropas desde Guatemala el 17 de abril de 1961 para iniciar la rápidamente derrotada invasión de Cuba en Playa Girón.
Los migrantes que hoy huyen de Guatemala, así como de El Salvador y Honduras, entre otros países, tienen algo en común más allá de la violencia, el hambre y la falta de empleo de la cual escapan. En todos, Estados Unidos tiene larga historia de más de un siglo de intervenciones –y muy frecuente complicidad– con terroristas, torturadores, corruptos y narcotraficantes en las cúpulas de esos países.
Nunca nos enseñan en la escuela que la enorme presencia latina aquí (en Estados Unidos) es resultado directo de las acciones de nuestro propio gobierno en México, el Caribe y Centroamérica a lo largo de muchas décadas, acciones que forzaron a millones emigrar de esa región y dejar sus hogares y viajar hacia el norte, comenta González. (David Brooks, La Jornada, Opinión, p.23)
Que mala semana tuvo la administración Biden, primeramente, no alcanzaron a reunir los 60 votos necesarios en el Senado para abrir el camino a la ciudadanía a los “soñadores y a los trabajadores temporales centroamericanos” y la visita de la VP, Kamala Harris, sólo arrojó más de lo mismo, “la culpa es de los republicanos que no paran en su retórica política y en su lucha por traspasar su responsabilidad al nuevo gobierno”.
Y en una de sus intervenciones públicas explicó por qué es importante solucionar el tema migratorio…” estamos hablando de niños, estamos hablando de familias, estamos hablando de sufrimiento. Y nuestra estrategia tiene que ser razonada y eficaz”.
Más allá de las palabras, los discursos y las buenas intenciones, la migración creciente hacia los Estados Unidos es un tema de múltiples implicaciones que pasan por el terreno político, económico y social, entre otros muchos y precisamente es por ello que los republicanos, fuera hoy de la Casa Blanca e incluso algunos integrantes de su mismo partido lanzan criticas y reclamos a la actuación de Biden. Y bueno, en una lógica elemental, no se entiende por qué el presidente no ha viajado a algún lugar de la larga frontera con México.
La visita que realizaron la VP, Harris y el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas a un centro de procesamiento de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, a un Centro de Ingresos en la frontera y, la reunión que tuvieron con 6 niñas migrantes ojalá sirvan para detener o sofocar las iniciativas de los republicanos en su diaria y constante “política de reclamo y desgaste” al gobierno actual.
Quién le habrá aconsejado a la encargada de la migración estadounidense viajar a la ciudad de El Paso, un lugar de paso de muchas personas sin documentos, pero alejado de lugares como: San Ysidro, en California, Yuma, en Arizona o Laredo en el mismo Texas. En sus primeras declaraciones sobre su visita señaló que la había comprometido desde marzo y no era una ocurrencia…” el venir a esta ciudad pretende enfatizar un cambio hacia una estrategia más humana en la política del gobierno de Joe Biden con respecto a la inmigración luego de la postura de mano dura del expresidente Donald Trump, debemos recordar que fue ahí en El Paso donde inicio la política del gobierno anterior de separar a niños de sus familias”.
Y sobre esta visita, una voz que resonó fuerte tanto en Washington como en Texas fue la del senador republicano Ted Cruz…” esta visita sirve para la foto no para mucho más ya que las políticas de Biden han abierto las compuertas a los traficantes de personas y a los cárteles de drogas” (Alma Rosa Núñez, Contra Replica, Opinión, Online)