Opinión Migración 040721

Rayuela

Más de 50 mil peticiones de asilo: del sueño americano al sueño mexicano. (La Jornada, Contraportada)

AL: la familia olvidada

Tanto para Estados Unidos como para México, en cuestión regional las prioridades son siempre otras, y más en estos críticos instantes en que cada nación está ocupada en sus propios asuntos. Y mientras los estadounidenses no tienen planes inmediatos para cerrar las heridas y borrar las cicatrices dejadas por Donald Trump en el concierto mundial y de momento sus únicas preocupaciones con América Latina son el tema migratorio y las bravatas y vociferaciones venezolanas, México se abstiene de tomar una postura decidida argumentando, cuando conviene, el principio de no intervención.

Por eso a México se le reprocha ahora su tibieza para no pronunciarse contra actos cometidos contra los derechos humanos en algunas naciones latinoamericanas, como Nicaragua, donde el presidente Daniel Ortega, otrora paladín revolucionario, mantiene ya contra su pueblo y opositores actitudes dictatoriales y represivas.

Pareciera que a la presidencia mexicana no le interesaran los asuntos internacionales, más allá de hacer reclamos por cuestiones sucedidas siglos atrás o para tener muy contados acercamientos con figuras de la izquierda latinoamericana, como el fugaz asilo otorgado al boliviano Evo Morales, quien más tarde decidiría que se podía sentir más a gusto residiendo en Argentina.

En una década o más, México abandonó el liderazgo que ejercía en América Latina y aunque el ascenso de López Obrador como mandatario alentó esperanzas de que nuestro país retomaría con brío ese papel, lo cierto es que esto no sucedió y en el ámbito regional México sigue sin una presencia o rol significativo, por estar concentrado, al igual que sus vecinos, en sus propios problemas.

Además, el problema de América Latina es que no es una unidad cohesionada, como lo han demostrado los traspiés en temas económicos dados en el Mercosur, y es en este momento una región bastante dividida por asuntos fronterizos como lo ejemplifican las pugnas entre Colombia y Venezuela, o incluso los roces entre México y Guatemala a causa de los migrantes.

Aunado a eso, la irrelevancia mexicana hacia sus vecinos latinoamericanos se mantiene y los pocos acercamientos no son suficientes como actos de liderazgo y solo constituyen actos mediáticos o guiños dirigidos a un sector de la izquierda regional, pero que al exterior no bastan para incidir en la percepción de un auténtico liderazgo mexicano en el subcontinente.

En sí, persiste un gran olvido. México debe procurar verse menos en el espejo y comenzar a voltear a ver más a sus hermanos de región. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 10)

 

Sistema migratorio americano

Dentro del gran sistema migratorio hemisférico americano, cuyo polo fundamental de atracción se ubica al norte, se articulan tres subsistemas: el caribeño, el sudamericano y el mesoamericano.

 El primer subsistema está conformado principalmente por Puerto Rico, Cuba, República Dominicana y Haití.

 Se inicia en la década de los 50 en Puerto Rico, se potencia al comienzo de la década de los 60 con Cuba, se incorporan República Dominicana en 1965, con la invasión, y, finalmente, Haití.

 En todos los casos se trata de una emigración masiva, pero muy especialmente de los portorriqueños, que no requieren de visa, al contar con pasaporte estadunidense y Cuba que tuvo un trato preferencial en cuanto a refugio.

En el caso de la isla que comparten Dominicana y Haití, el proceso de ingreso a Estados Unidos no ha sido tan fácil y se da tanto la migración legal, como la irregular.

 Se trata de una emigración tradicionalmente unidireccional, hacia Estados Unidos, aunque en las décadas recientes se han venido diversificando los destinos, especialmente en Dominicana y Haití.

 En este sistema migratorio se pueden apreciar varios focos rojos.

 En Dominicana se optó por el derecho de sangre únicamente, una medida que afectó seriamente a la inmigración histórica nacida en ese lugar, que perdió su derecho a la nacionalidad.

 Por otra parte, durante el gobierno de Obama se canceló el acceso directo al asilo en el caso de los cubanos, por lo cual los nuevos migrantes pasarán a la condición de ilegalidad o se les dificultará acceder al refugio.

 En el caso de Haití se ha dado un caso raro y reciente de migración itinerante continental, que empieza con el periplo para llegar a Brasil y luego un retorno escalonado por Sudamérica hasta llegar a México y pretender pasar a Estados Unidos.

 Proceso que sigue en marcha.

 El subsistema migratorio sudamericano se caracteriza por la emergencia de flujos migratorios dependiendo de las crisis políticas y económicas de las últimas décadas del siglo XX.

A diferencia de los otros subsistemas, éste es multidireccional y ha diversificado sus destinos entre Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón.

Por otra parte, se distingue por una intensa migración intrarregional, a Venezuela, en otros tiempos, a varias naciones durante las dictaduras de la década de los 70 y hacia Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Guyana en décadas más recientes.

No obstante, es el área andina la que proporciona mayor número de emigrantes.

También hay que señalar la emigración transgeneracional, de hijos y nietos de viejos migrantes, especialmente españoles e italianos que llegaron a América Latina y regresan a Europa.

 El foco, rojo intenso, en este subsistema, es la emigración de cerca de 4 millones de venezolanos a la región, repartidos por todo Sudamérica, principalmente en Colombia y Perú.

Por otra parte, se percibe una creciente inmigración africana y asiática que llega por el Atlántico a Brasil y Argentina y ya se registra la presencia de algunos grupos que llegan a México con la pretensión de entrar a Estados Unidos.

 En tercer lugar, en el subsistema migratorio mesoamericano participan México y el conjunto de naciones centroamericanas orientadas de manera unidireccional a un mismo destino migratorio: Estados Unidos y, en menor medida, Canadá.

 Geográficamente la región se caracteriza por su vecindad y cercanía con Estados Unidos y la gran influencia histórica y contemporánea que tiene ese país en la región, tanto a escala política como económica, lo cual profundiza y complejiza los flujos migratorios, además de la demanda de mano de obra centenaria que suple la región.

 Si bien el caso mexicano puede, por varias razones, considerarse especial, a escala migratoria comparte con los centroamericanos el mismo requisito de visa para entrar a Estados Unidos y Canadá.

 Estos procesos migratorios se distinguen por su magnitud e historicidad, centenaria en el caso de México y con más de medio siglo en el otro.

 Pero también por su complejidad que incluye la emigración internacional, la inmigración intrarregional, el tránsito, el retorno y recientemente el refugio.

 Mientras en México, una vez culminado el proceso de transición demográfica, se inició la fase de transición migratoria, con una caída sustancial de los flujos irregulares, por su parte, en el norte de Centroamérica, la emigración tiene visos explosivos especialmente en el caso de Honduras y Guatemala.

 No es el caso de El Salvador que ya tiene a 25 por ciento de su población fuera.

 Por otra parte, se da en la región la paradoja de una intensa migración intrarregional hacia Costa Rica, Panamá, Belice y, de manera creciente, a México.

 Los focos rojos en el subsistema son la emigración de tránsito que se topa con el muro o la Patrulla Fronteriza en Estados Unidos y, la creciente violencia y riesgo que enfrentan los emigrantes, no sólo en sus lugares de origen, sino a lo largo de toda la ruta migratoria.

 En la frontera norte de México, donde los emigrantes de los tres subsistemas migratorios se fusionan y concentran, como en un embudo, se da el agravante que allí también van a parar los deportados, violentados por la política migratoria de Estados Unidos y miembros de las familias separadas que prefieren quedarse en la frontera, esperar una posible visita o, por lo menos, sentir la cercanía. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 14)

Bajo reserva

Otro retraso en el Banco del Bienestar

En febrero pasado el gobierno anunció la Bancarización Migrante, es decir, la apertura de cuentas para mexicanos que viven en Estados Unidos. El programa se aplica a través de la Red Consular de México en la Unión Americana, que es la que entrega las tarjetas correspondientes. El problema es que ahora el programa se ha tenido que detener porque el Banco del Bienestar —que no para de dar tumbos— ha pedido que se suspenda de manera temporal la entrega de los plásticos. Así que a través de un oficio se hizo saber a las representaciones diplomáticas que la reactivación se hará hasta nuevo aviso.

Desprecio a los migrantes “VIP”

Al parecer la administración de Joe Biden y en particular el Senado de Estados Unidos está cerrando más puertas de las que se pensaba. La Cámara Alta rechazó extender el programa de Centros Regionales EB-5 que desde 1990 ofrece a inversores extranjeros la posibilidad de residir legalmente en la Unión Americana a través de proyectos de inversión de capital que sean capaces de generar al menos 10 empleos en zonas específicas de su territorio. Es decir, que ni siquiera invertir y dar empleo califica como razón suficiente para obtener un estatus de residencia en ese país. Si ni siquiera esos migrantes son bienvenidos, no hay mucho que esperar del trato a los demás. (El Universal, Nación, p. 2)