
De enero al 8 de julio del año en curso, Grupos Beta Tecate, Mexicali y Tjjuana han llevado a cabo, en tareas individuales o coordinadas con otras instituciones del gobierno federal y local, 11 mil 931 acciones de rescate y ayuda humanitaria.
El comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez, reconoció la vocación y humanismo de mujeres y hombres de Grupos Beta que arriesgan su vida en el rescate de nacionales y extranjeros que se internan a La Rumorosa, región montañosa hostil, peligrosa y ruta de tránsito para llegar a Estados Unidos.
Exaltó su labor; al ser parte fundamental del INM en la atención, auxilio y salvamento de las personas migrantes que, en más de una ocasión, se lesionan, extravían por días sin agua y alimento bajo el calor del desierto, el frío de la montaña o son abandonados por los ‘polleros’ o ‘guías’.
Francisco Garduño constató la mística de servicio de las y los integrantes de los Grupos Beta Tijuana, Tecate y Mexicali, quienes operan en esta zona, donde han llevado a cabo rescates heroicos en acciones solas o coordinadas con elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional (GN), la Cruz Roja y Protección Civil, así como de seguridad pública estatal y municipal, entre otras corporaciones.
Reiteró el compromiso del INM para continuar trabajando a favor de la protección y salvaguarda de los derechos humanos de esta población, de entre los cuales -precisó- la preservación de la vida debe ser el primero de ellos.
Actualmente existen 22 Grupos Beta en nueve estados del país: Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca y Baja California. En esta última entidad se cuenta con elementos especializados Tijuana, Tecate y Mexicali. (Redacción, Ovaciones, Nacional, p. 9)


La pandemia de Covid-19 que agravó el desempleo y la pobreza en el país y Centroamérica, el programa “Quédate en México” que provocó miles de solicitantes de asilo y la expectativa por el triunfo del presidente Joe Biden detonaron un aumento de cruces fronterizos, de personas desaparecidas y de muertes en la frontera con Estados Unidos.
Mirza Monterroso, directora del Programa de Migrantes Desaparecidos y Programa de ADN del Colibrí Center for Human Rights, expuso que “de marzo del año pasado, cuando inició la pandemia de Covid-19, a la fecha, hemos tenido 256 reportes de personas, de migrantes que desaparecieron al intentar cruzar la frontera. De esos 256 casos, 161 son mexicanos, es decir, casi 70%”.
En entrevista con EL UNIVERSAL, la activista señaló que la inmensa mayoría de los migrantes que cruzan y se pierden en la frontera, así como los que fallecen, siguen siendo mexicanos; contrario al discurso oficial en México de que hay una migración cero de personas de nuestro país a Estados Unidos.
Hizo notar que 256 desaparecidos es una cifra muy alta porque reciben alrededor de 150 reportes anuales. “Nosotros tomamos reportes de todas las áreas que son Arizona, California, Texas y Nuevo México, y las compartimos con otras organizaciones en toda a frontera para facilitar la búsqueda”.
Dijo que también han aumentado los casos de mujeres que desaparecen en la frontera y de los restos que encontramos “son alrededor de 10%. De desaparecidas desde que inició la pandemia tenemos 29 reportes”.
La especialista indicó que, en promedio, las autoridades como Oficinas del Sheriff, Patrulla Fronteriza y grupos de rescate encuentran al año unos 200 o 250 restos humanos, ello sólo en la frontera del sur de Arizona.
El año pasado, es decir, en 2020 y en plena pandemia y a pesar de que grupos de rescate no pudieron trabajar, se encontraron 227 restos humanos.
Colibrí Center trabaja en coordinación con el forense de Pima, Arizona, en la identificación de migrantes que mueren en la frontera, recolectando muestras de ADN en los restos y comparándolos con los de familias que están buscándolos.
Más de 7 mil 800 personas han perdido la vida al intentar cruzar la frontera entre Estados Unidos y México desde 1998. Actualmente hay más mil 200 restos humanos de migrantes que intentaron pasar por el desierto de Arizona, los cuales, puntualizó la especialista con datos de la Oficina del Examinador Médico del Forense de Pima, están en espera de ser identificados y han sido encontrados en poco más de una década.
Incremento de casos
“Con la pandemia y en este año se han incrementado los casos. El problema es que muchos grupos de rescate no trabajaron por los riesgos de contagios, algunos que son mexicanos y que participan en los mismos no podían cruzar la frontera hacia Estados Unidos para realizar labores de búsqueda, por lo que la cifra de muertes puede ser mucho mayor”, indicó Monterroso.
Dijo que se identifican en el forense de Pima, al año, entre 25 y 40 restos humanos. La semana pasada se tuvieron 11 identificaciones, lo que muestra el aumento de cruces y muertes.
Asimismo, el mes pasado fue el peor en cuestión de hallazgos de migrantes muertos, con más de 40 cuerpos, ello únicamente en el sur de Arizona. Es decir, sin contar los fallecidos en las fronteras de California, Texas o Nuevo México, agregó.
Insistió en que la emergencia sanitaria, la violencia creciente en México y Centroamérica, y las condiciones en que tenía nuestro país a los migrantes y solicitantes de asilo en casas de campaña, a la intemperie, eran horribles, sin agua, sin salud, con el virus del Covid-19, sin dinero, sin comida, lo que obligó a cientos a cruzar la frontera. Muchos de ellos desaparecieron o fallecieron.
“Con el programa ‘Quédate en México’ —avalado por los gobiernos de Donald Trump, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador— [se] obligó a miles de migrantes a esperar en México, mientras se procesaba su solicitud de asilo, un incremento de casos de personas que después de esperar tres, seis meses o un año se desesperaron e intentaron cruzar la frontera.
“Recibimos bastantes reportes, vimos casos de personas fallecidas en esas circunstancias que les dieron una ficha de espera muy larga y seguramente se desesperaron y cruzaron la frontera por el desierto”.
Con Biden se mantienen deportaciones
Mirza Monterroso, arqueóloga en ciencias forenses de origen guatemalteco, consideró que con el cambio de gobierno hubo confusión entre los migrantes, en el sentido de que con la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos iba a ser más flexible, pero no fue así. Los están deteniendo y deportando de la misma manera que en otros gobiernos, como el Donald Trump.
“Esto ha sido bastante dañino porque la gente no sabe que es muy difícil que les den la oportunidad de quedarse, de que les den asilo y se están aventurando en el desierto, que en el verano, como es esta época, son hasta 50 grados de temperatura, lo cual es mortal para alguien que camina hasta siete días, sin agua, sin comida, en el desierto, para llegar a alguna ciudad”.
Subrayó que la inmensa mayoría de quienes cruzan y por ende de quienes mueren en el intento son mexicanos.
“Otro porcentaje son guatemaltecos, hondureños, pero también hemos visto casos de personas de Ecuador, de República Dominicana, de Venezuela, que no era común que cruzaran.
“La mayoría son hombres jóvenes entre 20 y 35 años, pero también se han incrementado personas más jóvenes y también de adultos mayores que buscan emigrar a Estados Unidos. Tenemos el caso de un señor de 71 años que nos reportaron como desaparecido. Tenemos el reporte de seis menores de edad desaparecidos en este año, que es un número alto, para lo que se ve regularmente. De todos los casos hay 26 hondureños, que son muchos en este año”, abundó.
La activista agregó que el número de personas extraviadas en la frontera, de muertes que ellos captan sólo es la punta del iceberg de la tragedia que ocurre, porque no tienen acceso a todos los reportes que reciben, por ejemplo los consulados en Tucson y otras ciudades.
“Priorizamos a Arizona. Recibimos un reporte de una persona desaparecida. Si no tenemos pistas de quién es, le tomamos muestras a familias que están buscando a alguien con esas características y ese ADN se va a laboratorio y es comparado con los mil 200 casos del examinador médico de Pima.
“Es decir, mil 200 personas sin identificar, pero de los cuales tenemos muestras de ADN, fotografías, autopsia, antropológico forense, incluso si el cuerpo ya ha ido enterrado o cremado. Lo llamamos comparaciones a ciegas”, concluyó Monterroso. (Luis Carlos Rodríguez, El Universal, 8 Columnas)

El 28 de marzo del 2020 quedará grabado en la memoria de muchos migrantes en Nueva York. Uno de ellos es Pedro Rodríguez, quien ese día se levantó a las 5 y comenzó a conducir hacia el popular barrio de Flushing, en donde se encuentra el banco de alimentos que dirige. Su primer recuerdo al llegar son los destellos de las balizas de un grupo de patrullas cuando el cielo aún estaba oscuro. Pensó que habían asesinado a alguien, pero un oficial lo abordó para explicarle que miles de personas hacían fila afuera de sus instalaciones en espera de alimentos. La pandemia estaba ahí.
—¿Es usted Pedro Rodríguez?
—Sí.
—Usted tiene una línea de más de 20 bloques.
—¿Cómo?
—Sí, de acá, a acá… ¿Quiere a la Guardia Nacional? La gente está muy desorganizada. Aquí no hay control.
En la ciudad con más millonarios del mundo, los más pobres rompieron el confinamiento enfrentando el riesgo a morir, en busca de comida para sus hijos. Pedro, un empresario de origen colombiano que llegó a Nueva York hace 50 años, tenía previsto entregar ese día 2 mil cajas de víveres en La Jornada, su banco de alimentos. Pero esa mañana, la fila del hambre tenía 20 mil personas.
Nueva York, el escenario favorito de las series de ciencia ficción para detonar el apocalipsis, fue el primer punto de América en recibir el golpe de la pandemia de Covid-19. Cuando la ciudad que nunca duerme guardó silencio con el inicio del confinamiento, la comunidad de inmigrantes indocumentados fue la más afectada.
Académicos calculan que hay más de 600 mil inmigrantes indocumentados en el estado de Nueva York, de los cuales unos 400 mil son de origen mexicano. Después de sobrevivir a cuatro años de odio de Donald Trump y de navegar en el sistema por la persecución migratoria, ahora enfrentaban a un enemigo invisible.
Las iglesias y las redes de migrantes que se han formado en los últimos 20 años en Nueva York fueron el alivio para miles de familias confrontadas con el hambre, el virus y la muerte.
En todo el estado existen alrededor de 150 organizaciones de la sociedad civil enfocadas a atender a la población migrante mexicana. Las de más experiencia son veinteañeras y han vivido las peores crisis de Nueva York: el ataque a las Torres Gemelas, en 2001; o el desastre por el huracán Sandy, en 2012. Y también han aprendido a crear alianzas y a jugar con las reglas del sistema.
La Coalición Mexicana: de la mano de la iglesia, el gobierno y la academia
A la Coalición Mexicana llamaron mujeres por teléfono en busca de comida a inicios de marzo, recuerda Jairo Guzmán. Y en esos días llegaron mexicanos pidiendo un termómetro porque estaban carísimos.
Jairo llegó de México a Nueva York de la mano de sus padres cuando era un adolescente. Hoy es el director de la Coalición Mexicana, una de las organizaciones de base que apoya a la comunidad inmigrante, la mayoría indocumentada, desde hace 20 años.
La primera crisis que enfrentó Jairo fue la de los ataques terroristas a las Torres Gemelas en 2001. Trabajaba para la representación del gobierno de Puebla y se dedicó a buscar a las víctimas de origen mexicano.
—Se trataba de ayudar a trasladar a un ser querido a México y de ayudar a personas que no estaban legalmente casadas para que tuvieran derecho a ciertos recursos (…). Empezamos a buscar casos donde se buscaba dinero del fondo de ayuda del 9/11 para enviar a las mujeres que quedaron viudas en México. Esto fue posible con el apoyo de otros abogados que trabajaron de forma voluntaria, —recuerda—. Y una de esas abogadas me ayudó a crear la Coalición.
En el 2020, a Jairo le tocó vivir la peor pandemia del último siglo y se enfocó en conseguir dinero para comprar comida para los inmigrantes, materiales de protección, y a crear materiales informativos de salud en lenguas indígenas desde su sede en el anexo de una iglesia católica en el Bronx.
—Recuerdo ir al supermercado y no encontrar carne. Fuimos supermercado tras supermercado. No había artículos de limpieza, el papel de baño desapareció. Y, de repente, se siente ese nervio: ¿será o no será cierto esto que está pasando?
Para comprar alimentos y equipo médico, Jairo redactó cartas a filántropos y fundaciones donde daba cuenta de las necesidades materiales y el número de familias que debía atender con el respaldo de su trabajo durante 20 años.
La Coalición también contactó a Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Nueva York y a hospitales con quienes ya había trabajado en programas de salud. El hospital presbiteriano de Nueva York, en el alto Manhattan, les brindó comida para 100 familias por cuatro meses, que se extendieron a ocho y continuaban hasta marzo de este año. Hoy su sede opera entre cajas de víveres, pañales, material informativo de pruebas de Covid en varios idiomas y bolsas de tela con alimentos.
Por su experiencia en las oficinas del gobierno de Puebla en Nueva York y en la Administración de Servicios a la Niñez, Jairo aprendió que las instituciones de gobierno en Estados Unidos responden a números. Cuando vio el tamaño de la emergencia por la pandemia, empezó a recabar datos.
—Hicimos una encuesta en la segunda semana de marzo a 160 personas con la plataforma Survey Monkey. Les preguntamos (a los beneficiarios) si tenían dinero para comprar los productos básicos de 14 días y si confiaban en que les iban a pagar, si confiaban en el gobierno. Esa información la usamos con el Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York para decirles: miren lo que está pasando. Todo esto se puede convertir en algo peor si ustedes no apoyan.
En respuesta, el Departamento de Salud envió cubrebocas, guantes, termómetros y financió personal de apoyo.
Jairo también ha aprendido que las universidades son un gran aliado para las organizaciones de la sociedad civil por varios motivos.
—Yo me acerqué mucho con las universidades que podían acreditar que el trabajo que íbamos a hacer era bueno. Tengo una buena relación con la Universidad de Columbia, hablando con profesores que podían aportar a los programas que queríamos desarrollar para el bienestar de las familias. Cualquier proyecto que quería hacer, invitaba a las universidades a evaluarlo y dejaba que dijeran sí sirve o no sirve por tal motivo.
El espacio donde opera la Coalición es el anexo de una iglesia católica que le fue otorgado gracias a un obispo con quien trabajó Jairo, en el popular barrio del Bronx, a donde llegaron las primeras olas de migrantes mexicanos hace poco más de 20 años.
Entre las familias que ha atendido durante la crisis por la pandemia, recuerda en particular el de una madre mexicana que despertó con su esposo muerto en la misma cama.
—El esposo se enfermó de Covid-19 y murió en la habitación que rentaba, ella es la que se encargó de llamar a la ambulancia, se llevaron el cuerpo —recuerda—. Ella salió a pedir apoyo y la familia de él se espantó por el estatus migratorio de todos y la sacaron, la arrojaron del departamento. La niña más pequeña apenas tenía un año, el mayor tenía 8. Eran niños pequeños. Ella se quedó con sus hijos. Buscaba a dónde irse a quedar, buscaba comida, buscaba ropa. La última vez que la vimos se fue con unas amistades a Connecticut.
Los migrantes que murieron por la Covid-19
La tasa de fallecimientos de latinos por Covid es del 34% del total en Nueva York, casi el doble de las muertes registradas entre la población blanca.
Muchos de estos migrantes eran el único sustento de sus familias. Aún se desconoce cuántos huérfanos ha dejado la pandemia. La Administración de Servicios a la Niñez en Nueva York informó vía mail que son “muy pocos” los menores que han tenido que ponerse al cuidado de otros adultos —generalmente miembros de su misma familia— debido a la pérdida de sus padres por Covid 19. Sin embargo, no ofrecieron información de cuántos de ellos son mexicanos.
Antes de la pandemia, la mayoría de la comunidad migrante trabajaba limpiando casas, en las cocinas de restaurantes, en la construcción y en entregas a domicilio. Este grupo destina más del 30% de su ingreso familiar a pagar la renta del lugar donde vive y suele compartir vivienda entre hermanos y primos para reducir los costos. El desempleo los golpeó con fuerza, 60% se quedó sin trabajo, según la oficina de asuntos migratorios del alcalde de Nueva York. La pérdida de empleos para el resto de la población fue del 36%.
Un rasgo de parte de la inmigración mexicana en Nueva York es que la gran mayoría proviene de comunidades rurales del centro y sur de México, y muchos hablan una lengua indígena. Su vida se limita a ir a trabajar y regresar a casa. Hacen poco uso de los servicios públicos por temor a ser deportados. Pueden llevar años en Estados Unidos, pero muy pocos hablan inglés de forma fluida.
Red de Pueblos Trasnacionales: se habla náhuatl, mixteco y totonaco en NY
Desde su sede, en el sur del Bronx, Marco Antonio Castillo, antropólogo y activista mexicano, nos platica que ha trabajado con comunidades indígenas en Nueva York desde hace 20 años. Es el director de la Red de Pueblos Trasnacionales, organización que trabaja en la reivindicación de la identidad y las tradiciones de los migrantes indígenas en la capital de la economía del mundo.
—Durante la pandemia fue muy evidente que no todos los migrantes son iguales. Las personas que no se sienten cómodas con su español y no conocen el inglés, usualmente porque hablan una lengua indígena, son más temerosas para solicitar ayuda. Es la gente que prefiere y elige vivir en las sombras —comenta Marco en una jornada de entrega de despensas a migrantes latinos con música de cumbia como fondo—. Rápido se corría la voz de que en los hospitales “te mataban”. Y generaron un montón de teorías y sospechas. La gente terminó guardándose en su casa. Muchas personas murieron encerradas, viviendo el Covid en sus cuartos, en sus casas.
Para los que sí llegaron a llamar una ambulancia fue especialmente difícil localizar a sus familiares en la red de hospitales. Estaban desbordados por la emergencia, sin ventiladores suficientes y almacenaban los cadáveres en tráileres con sistemas enfriadores hasta que fueran reclamados. Muchos de esos cuerpos, con nombres mal escritos por la disonancia del idioma o, de plano, con nombres falsos porque hay migrantes que trabajan con otra identidad.
La Red ha contribuido a formar el primer Colectivo de Intérpretes Indígenas, que trabaja con el Departamento de Salud de la ciudad para traducir materiales de información sobre el coronavirus a tres variantes de tu’un saavi (Mixteco), me’phaa’ (Tlapaneco), náhuatl, Mam y Kichw.
En Nueva York hay hablantes de 21 lenguas indígenas originarias de México, según la Endangered Language Alliance.
—Imagínate cómo una persona migrante indígena se mete a la tarea de localizar familias. La familia te dejaba en un hospital, pero el personal no les decía que estaba en otro por los niveles de saturación —dice Marco—. Encontramos migrantes fuera de Nueva York, en Filadelfia, en Nueva Jersey, en Long Island, en el norte del estado de Nueva York, a cinco o seis horas de aquí.
La Red de Pueblos Trasnacionales tiene siete comités en diferentes partes del estado de Nueva York. Cada uno se mantuvo en contacto con sus conocidos durante la pandemia y enviaba un reporte diario de cuántos casos de personas fallecidas o enfermas conocían y trataron de ubicar a las personas no localizadas por sus familiares.
—El mecanismo era hacer toda la historia. Saber a dónde lo habían llevado e ir al hospital. A veces los hospitales no tenían ni registro de la persona porque no había cupo. Entonces, había que identificar a la ambulancia, indicar el nombre de la persona, el día y la hora en que la llevaron. Preguntar a qué otro hospital la trasladó. Hablar a ese otro hospital, lo ubican y te dicen: no, pues, necesitaba un ventilador y aquí no había; lo llevamos hasta Filadelfia —explica—. La chamba era buscar personas en todos los hospitales.
La Red es autogestiva, pero cuando empezó a fluir la ayuda en Nueva York por parte de fundaciones más grandes, fueron un canal para comprar despensas y distribuirlas entre las familias migrantes latinas.
—Las comunidades que vienen de pueblos indígenas tienen un capital organizativo importante, vinculado a mayordomías y fiestas comunitarias. Todas esas redes, hicieron que fluyera más fácilmente la articulación durante la pandemia.
Hicieron un convenio con la Casa del Indígena Nativo Americano para entregar mes con mes mil bolsas de alimentos con huevo, vegetales, cereales para los niños y fruta a familias de lengua indígena. Durante el 2020, repartieron alrededor de 2 mil 500 despensas.
Hubo otras fundaciones con más capital que también ofrecieron ayuda. La Red obtuvo así una beca durante la emergencia que le permitió dar cheques a las familias más impactadas. Entregaron 10 mil dólares en ayudas económicas para el pago de rentas y 20 mil dólares en tarjetas de ayuda económica con 200 dólares cada una.
La parroquia del Buen Pastor: un duelo con dignidad
El sacerdote Juan Carlos Ruiz, al frente de la parroquia del Buen Pastor, en el barrio de Bay Ridge, activó las redes de apoyo que conoció en el movimiento de Occupy Sandy, que surgió tras el impacto de la tormenta en Nueva York en 2012.
—Habíamos articulado la respuesta bajo el lema de “los indignados de ayuda mutua”, con 17 centros en los primeros tres meses —dice el padre Juan Carlos—. Nosotros lo empezamos desde la iglesia luterana de San Jacobo.
El padre recuerda que las iglesias sirvieron como almacenes de herramientas para la reconstrucción de las casas; en otras, cocinaban 200 mil comidas a la semana y tenían alrededor de 15 mil voluntarios al día.
El movimiento Occupy Wall Street era reciente y se sumó a las redes de apoyo en una coalición llamada Mátrix, que coordina las ayudas.
Con el inicio de la pandemia, el padre Juan Carlos echó mano de todos sus recursos para ofrecer ayuda a la comunidad migrante. Desde su parroquia se entregan 7 mil libras (30 toneladas) de alimentos cada semana.
Sus tres voluntarios de base crearon grupos de Whatsapp y Wechat y se apoyan con personas que hablan inglés, árabe, chino y español para convocar a las comunidades en distintos horarios. El lado más oscuro de la pandemia fue mirar a la muerte de frente.
—Teníamos gente infectada que habían soltado del centro de detención viviendo en las calles porque no querían contagiar a su familia; gente que fue encontrada días después porque los apartamentos ya olían mal. Y familias enteras donde los adultos estaban enfermos y tenían niños sanos, pero sin nada de comer. Alrededor de todo esto, el terrorismo, porque la migra nunca paró en deportar a la gente.
Una de las familias a las que ayudó el padre fue la de Ángel Gordillo, un inmigrante mexicano de origen oaxaqueño que enfermó de Covid 19 junto con su esposa, Olga, y su hermano René. Ninguno pudo salir de su departamento mientras estuvieron enfermos y el padre Juan Carlos fue de los pocos que le llevó comida a su puerta.
—Fue el alma que Dios me puso en mi camino para muchas cosas. El padre nunca me dejó. Siempre me mandó despensas para que mis hijos comieran —dice Ángel en su departamento, donde vive con sus tres hijos y su sobrino de 16 años.
Al hermano de Ángel comenzó a faltarle el aire. Un par de semanas después murió en el hospital. Su hijo menor vivía con ellos, pero su esposa y sus tres hijas mayores viven en Oaxaca. Por ellas, Ángel decidió enviar las cenizas a México. Pero en el consulado mexicano se enfrentó entonces con el muro de la burocracia. En esos días, se enteró que el padre Juan Carlos tenía planeado llevar a México las cenizas de otro migrante y se acercó a él.
—Yo llegué al consulado y había un cuartito de 12 por 12 metros, donde tenían todas las urnas, todas las cajitas amontonadas —recuerda el padre Juan Carlos—. Yo creo que eso es una falta de respeto para las vidas. Eso es algo que cristaliza cómo se nos trata no solamente en la muerte sino en la vida. Entonces, yo dije, al menos un grano, una brizna de dignidad. Tengo que hacer ese viaje.
Fuerza Migrante: echando mano de las redes sociales
Sin conocer a nadie, Javier Correa, conocido como Chalino, le escribió a integrantes de la plataforma Fuerza Migrante vía facebook para pedir donaciones y llevar alimentos a su comunidad.
Así logró ofrecer despensas a sus vecinos y, en unas semanas, lo invitaron a crear la unidad de asistencia comunitaria de Fuerza Migrante.
Alto, con un corte de pelo estilo mohicano, a sus 37 años, Chalino se ha involucrado en los movimientos de migrantes para enviar ayuda a México en emergencias como los sismos de 2017. Ahí conoció a integrantes de la brigada de los Topos, un grupo de rescatistas que surgió de la sociedad civil en los sismos de 1985 en Ciudad de México y ofrece ayuda en casos de desastres.
Desde el sótano de un edificio de Manhattan que está remodelando, recuerda que se animó a ir a Hunts Point, uno de los centros de distribución de comida más grandes de Estados Unidos, a pedir donaciones. Después de llevar comida semana tras semana a su comunidad, una vez le ofrecieron sólo piñas.
— Recuerdo muy bien que nos dieron tres camionetas repletas de pura piña. Obviamente, no van a comer pura piña nuestros paisanos —comentó. Así fue como empezó a buscar bancos de alimentos para llevar comida al barrio de Queens.
Chalino es un migrante que llegó hace 16 años a Estados Unidos y cree que puede hacer más que sólo trabajar y enviar dinero a sus hijos en Monterrey. Ya logró hacerse de una camioneta, que ha llamado unidad asistencia comunitaria de Fuerza Migrante, porque fue la primera organización que lo apoyó para conseguir alimentos.
Fuerza Migrante es una plataforma que busca unir a las organizaciones de migrantes en todo Estados Unidos con el fin de ocupar espacios de representación en el Congreso en México desde el exterior. Durante la pandemia, trabajó desde su Coordinación Binacional para ayudar a los migrantes a contactar al personal del Consulado Mexicano y solicitar la repatriación de cuerpos.
Chalino coordina como voluntario uno de los 17 puntos de distribución de víveres que tiene La Jornada, el banco de alimentos fundado hace 12 años por Pedro Rodríguez.
El día en que don Pedro, como le dicen los voluntarios, se vio rebasado por las necesidades de la gente, acudió al gobierno de la ciudad y a los bancos de alimentos privados Food Bank New York y City Harvest para pedir más comida.
La Jornada tenía, hasta el mes de mayo, voluntarios de 18 países y una distribución de alimentos en 17 puntos en el condado de Queens. Cada semana entrega comida para 13 mil 500 familias, con ayuda de otras organizaciones y líderes que permiten potenciar la cobertura en los barrios más necesitados.
Nueva York, ciudad de migrantes
Nueva York es una ciudad con un amplio legado de migración. La ola migratoria más significativa en el último siglo es la que provino de Europa, explica la académica Norma Fuentes, doctora en sociología y académica de la Universidad de Nueva York (CUNY).
“Nueva York tiene el legado más viejo de migración de los EU y es una de las ciudades más ricas del mundo. Es el centro financiero del mundo. Muchas fundaciones que tienen un legado muy amplio fueron creadas por inmigrantes europeos que no se han reemplazado hace 50 años. Quienes se han beneficiado de este legado han sido las olas de migrantes de Latinoamérica y de Asia”, dice la investigadora en entrevista telefónica.
Muchas de las organizaciones enfocadas a los migrantes se encuentran en Nueva York y cuentan con registro 501(c)3, ante el Departamento de Estado; otras trabajan como colectivos; y también hay planes de acción desde las iglesias.
Esas grandes fundaciones, como la Robin Hood Foundation, fueron una de las principales fuentes de ayuda para las redes de migrantes, que han ido aprendiendo con cada crisis.
“El modelo de ayuda que se ejercita en la ciudad, en un centro donde tradicionalmente han llegado los inmigrantes y donde existen muchas instituciones que están con un legado, es diferente al modelo de rescate para los indocumentados que va a existir en un destinos nuevos”, advierte la investigadora. “Porque ahí no están las instituciones, no está el legado, no está la ideología de que hay que ayudar y proteger a los inmigrantes. Y muchos de esos lugares son muy conservadores.”
Los migrantes de NY dejaron de ser invisibles al sistema
Miles de inmigrantes latinos iniciaron una movilización a inicios de marzo para exigir la aprobación de un fondo de ayuda por 3 mil millones de dólares. Tomaron los puentes de Brooklyn y Manhattan y algunos hicieron huelga de hambre. Marcharon hasta Albany, la capital de Nueva York, y se manifestaron frente a la casa del gobernador, Andrew Cuomo.
Esta movilización se dio a unos meses de que el movimiento Black Lives Matter ocupó las principales ciudades de Estados Unidos tras el asesinato del afroamericano George Floyd, en Minneápolis.
En abril pasado, el Congreso de Nueva York aprobó 2,100 millones de dólares como fondo de ayuda a inmigrantes indocumentados que perdieron su empleo durante la pandemia, con un pago de hasta 15,600 dólares en un año.
La decisión ocurrió meses después de que asumió la presidencia el demócrata Joe Biden después de vencer a Trump. Se trata del apoyo más grande a inmigrantes indocumentados en la historia de Estados Unidos.
“De alguna manera, Trump sacó a relucir tanto odio y racismo escondido en este país. La fealdad de Trump, el caso de George Floyd y el coronavirus hizo ver a los migrantes como héroes porque nunca dejaron de trabajar”, comentó la académica de CUNY.
Norma Fuentes considera que la aprobación de la ayuda a los inmigrantes indocumentados no hubiese recibido tanta atención si no hubiera sido por la movilización de la segunda generación de migrantes, los hijos de los que llegaron hace 20 años y que salieron a marchar con ollas y escobas.
“Esto es debido a la movilización virtual, al social media de la segunda generación, que son los que hablan el idioma, que son los que entienden los teléfonos (celulares), las redes sociales, el Instagram. Esto es el resultado de facebook y de los millennials, que están muy activos”, afirma.
La pandemia atizó las buenas voluntades. Y la comunidad migrante mexicana, que ha navegado en modo invisible, comienza a exigir sus derechos. Ningún estímulo económico traerá de vuelta a los caídos, a los padres, madres, hermanos o hijos que la Covid-19 les arrebató. Pero sí demuestran que esta comunidad se organiza y actúa para dejar de vivir en las sombras de Nueva York. (Nadia Sanders, El Sol de México, P.p.)
(Nadia Sanders,La Prensa, P.p.)

En la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, decenas de migrantes hicieron fila para poder obtener ropa y suministros en un campamento de improvisado.
Hay alrededor de mil personas en el campamento, esperando un oportunidad para poder entrar a Estados Unidos. Legisladores republicanos criticaron a Biden por revertir los programas de Trump, incluida su política de “permanecer en México”. (Redacción, El Heraldo de México, Estados, p. 9)

La Patrulla Fronteriza de Arizona informó que aseguró el pasado viernes a 90 menores migrantes no acompañados que ingresaron de forma ilegal a EU. (Ronda Estatal, El Sol de México, República, p. 14)

Los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) acumulan siete millones de trámites migratorios pendientes debido a la pandemia y las restricciones por Covid-19.
De acuerdo con su informe de actividades 2021, la agencia estadounidense canceló aproximadamente 280 mil entrevistas al comienzo de la pandemia, con consecuencias claras en la resolución de casos, principalmente de migrantes que fueron regresados a México a esperar una audiencia para exponer su caso.
La situación de retraso en el procesamiento de aplicaciones para residencias permanentes, asilos o casos de naturalización empeoró debido a que la agencia carecía del personal para reprogramar todas estas entrevistas de manera oportuna.
En un informe firmado por Phyllis A. Coven, ombudsperson del USCIS, se destaca que el retraso en el procesamiento de casos se agudizó incluso después de la reapertura de actividades, en junio de 2020, ya que los centros de apoyo al manejo de aplicaciones operaban entre 65 y 70 por ciento de su capacidad, en el mejor de los casos.
El informe señala que, incluso antes de la pandemia, USCIS enfrentaba una disminución de ingresos por servicios, que eran insuficientes para cubrir los costos operativos.
“USCIS ya estaba experimentando inseguridad fiscal antes de la pandemia; sus problemas fiscales se vieron exacerbados porque USCIS es una agencia de pago que basa sus ingresos en sus tarifas y sus ganancias del año anterior”, destaca el informe sobre la agencia.
Los ingresos por cobros y tarifas cayeron aún más cuando la pandemia de Covid-19 provocó un cierre casi total de las oficinas de la agencia en marzo de 2020.
Al momento que la mayoría de las funciones de USCIS se centran en interacciones en persona, el cierre fue devastador para los solicitantes y peticionarios cuyas entrevistas en persona, citas biométricas y ceremonias de juramento se cancelaron.
“En octubre del 2020 todas las oficinas de campo estaban abiertas, pero ofrecían servicios a 50 por ciento de su capacidad. Como resultado, los retrasos y los tiempos de procesamiento aumentaron enormemente a lo largo del año. La llegada de una gran cantidad de solicitudes y peticiones empeoró aún más la situación de la agencia por dos razones principales”, dice el informe.
El crecimiento en el número de trámites migratorios viene desde la administración de Donald Trump, debido a que el republicano intensificó la expulsión de centroamericanos sin documentos, además de que puso en marcha el programa Quédate en México, que consistía en que todos los extranjeros que solicitaran asilo en Estados Unidos debían esperar en nuestro país mientras avanzaba su trámite. Aunque el programa ya no opera, el rezago continúa.(Roxana González, El Sol de México, República, p. 8)
(Roxana González, La Prensa, Nacional, p. 28)
El gobierno de la República negocia con su contraparte estadunidense la apertura parcial de la frontera común, a partir de una reclasificación de actividades consideradas esenciales.
México argumenta que la mayor parte de la población de California y Baja California ya tiene la vacuna anti-Covid, de ahí la intención de nuestro país de modificar criterios para abrir a ciertos cruces de personas y mercancías, de acuerdo con información expuesta en la reunión del lunes pasado entre el presidente López Obrador y senadores de Estados Unidos, tanto del partido Republicano como del Demócrata.
El canciller Marcelo Ebrard explicó que las restricciones fronterizas impuestas por Estados Unidos son de carácter sanitario.
“Entonces, estamos trabajando con DHS (Department of Homeland Security) y le pedimos su apoyo a los senadores, respecto a que si no van a levantar las restricciones en toda la frontera porque consideren que por razones sanitarias no se pueden hacer al mismo tiempo, que sí nos ayuden para que se revise qué se entiende por actividad no esencial y qué se entiende por actividad esencial. En eso estamos ahorita”, comentó en Palacio Nacional.
Ebrard informó de la integración de un grupo de trabajo para analizar esa iniciativa porque el impacto (del cierre al tránsito fronterizo) “ha sido muy grande y ya no habría razón (para mantener!a): por ejemplo, Tijuana y San Diego tienen el mismo nivel de vacunación al día de hoy, ¿cuál sería la razón entonces de mantener o prolongar innecesariamente esa restricción a las actividades?”, planteó.
Otra cosa que hemos propuesto, añadió, “es que no tiene que ser toda la frontera, puede hacerse por ciudad dependiendo del avance que se tenga en cada urbe”.
López Obrador habló a los senadores sobre la importancia de “abrir por completo la frontera lo más pronto posible”, al tiempo de agradecer la donación a México de 1.3 millones de vacunas de la marca Johnson & Johnson, aplicadas en su mayoría a adultos de Baja California.
“Hay interés de parte de ellos en este asunto, es un interés mutuo, hubo coincidencias”, declaró el Presidente durante esta semana.Dijo que prioriza el abasto a entidades donde se encuentran los polos turísticos más importantes, y se refuerza la aplicación del biológico en Chiapas, que tenía el martes el menor porcentaje de población vacunada (18 por ciento, contra 79 por ciento en Baja California).
Señaló que a partir de los embarques recibidos de manera periódica y las dosis envasadas en nuestro país (de AstraZeneca y CanSino) “tenemos garantizado el abasto, no vamos a tener problema”. Sin embargo, Estados Unidos no reconoce ésas y otras marcas, salvo las utilizadas en su territorio; es por ello que en el resto de municipios colindantes con el vecino país se deberá aplicar el producto de Pfizer.
En el más reciente reporte de la vacunación fronteriza, la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, responsable de este plan especial, recalcó la meta de vacunar a los adultos residentes en 45 municipios de la frontera norte.
Una vez concluida la oferta en Baja California siguieron con Sonora y hoy se esperaba concluir con los ayuntamientos limítrofes de Chihuahua, aunque se dejaría para la semana del 12 al 17 de julio la aplicación en Ciudad Juárez. Luego vendrá Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, a fin de terminar la protección en los 45 municipios referidos los primeros días de agosto. (Fabiola Martínez, La Jornada, P.p.)
Al menos 26 estudiantes de origen boliviano dieron positivo a Covid- 19 durante un viaje realizado a la Riviera Maya.
Los estudiantes contagiados eran parte de un grupo de 45 personas que arribó a la entidad el pasado 27 de junio y que contrató hospedaje con Grupo Xcaret.
De acuerdo con el grupo turístico y hotelero, los referidos no se hospedaron en sus instalaciones debido a que se detectó su contagio.
“El grupo de estudiantes bolivianos contagiados por Covid-19 no se hospedó en el hotel Xcaret México, ya que dicho grupo rompió la burbuja de protección sanitaria al haber estado alojado seis noches antes en instaladones ajenas al grupo Xcaret”, señaló.
Destacaron que el grupo no cumplió con las normas y procedimientos marcados por las autoridades locales y federales con las que grupo Xcaret mantiene contacto permanente.
“De acuerdo con el compromiso del grupo Xcaret de guardar la salud de sus visitantes, huéspedes y colaboradores, y apegados a sus protocolos internos de atención a la salud para corroborar la oportuna detección de contagios, aplicó a este grupo de estudiantes pruebas de antígeno”, indicaron.
Manifestaron que al detectarse los casos positivos, los 26 estudiantes fueron aislados fuera de las instalaciones de Xcaret. (Redacción, Ovaciones, P.p.)
Veintiséis estudiantes de origen boliviano dieron positivo a Covid-19 en las pruebas que les realizaron al llegar a la Riviera Maya para su estancia vacacional. Ellos formaban parte de un grupo de 45 personas que arribó el 27 de junio. (Staff, Reforma, Nacional, p. 6)
Se deslinda Grupo Xcaret de contagios
El Grupo Xcaret rechazó tener responsabilidad del contagio de Covid-19 que se registró en al menos 26 estudiantes bolivianos mientras vacacionaban en este centro turístico ubicado en el Caribe mexicano, tras asegurar que no se hospedaron en el Hotel Xcaret México.
De acuerdo con esta empresa, dicho grupo de estudiantes rompió la burbuja de protección sanitaria del sitio al haber estado alojados seis noches antes en instalaciones ajenas a Grupo Xcaret.
“Los estudiantes no cumplieron con las normas y procedimientos marcados por las autoridades locales y federales, con las que Grupo Xcaret mantiene contacto permanente”, aseguró la empresa mediante un comunicado.
El pasado 8 de julio, El Sol de México dio a conocer que al menos 26 estudiantes de Bolivia de un grupo de 45 dieron positivo a Covid-19, con lo cual se convirtieron en el segundo grupo estudiantil que se contagia en este centro vacacional.
Estos jóvenes, que pertenecen a un colegio privado de Santa Cruz, Bolivia, llegaron en un viaje promo a Cancún, donde se hospedaron por seis noches en un hotel del parque Xcaret y otras tres noches en “Cabañas Romero”, ubicadas a 70 kilómetros de Cancún, pero que pertenecen al mismo centro vacacional.
Al respecto Grupo Xcaret aseguró que “apegados a sus protocolos internos de atención a la salud para corroborar la oportuna detección de contagios, aplicó a este grupo de estudiantes pruebas de antígenos”.
“Gracias a ello fueron detectados 26 casos positivos. Hotel Xcaret aisló de inmediato a estos 26 estudiantes a quienes gestionó espacios fuera del hotel”, aseguró.
De acuerdo con Mario Rodo, gerente de la agencia de viajes Cuarta Dimensión, que ha traído a estos jóvenes estudiantes, el otro grupo de contagiados ascendió el día de ayer a 32, mismos que antes de ingresar al país salieron negativos a Covid-19. (Alfredo Maza, El Sol de México, República, p. 13)

Los secretarios de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González, y de Marina, José Rafael Ojeda Durán, acordaron con el jefe del Comando Norte de Estados Unidos, Glen D. VanHerck, mayor cooperación en materia de seguridad fronteriza y vigilancia aérea para contrarrestar amenazas comunes.
El general VanHerck, quien en marzo de este año aseguró que entre 30% y 35% del territorio mexicano está controlado por el crimen organizado, se reunió del 6 al 8 de julio en la Ciudad de México con los jefes militares mexicanos para estrechar la relación bilateral en la materia.
De acuerdo con el Comando Norte, los mandos militares abordaron temas relacionados con la cooperación en defensa y la próxima Feria Aeroespacial Mexicana, además de los festejos por los 200 años de la Armada de México, en noviembre de este año.
En redes sociales, el secretario de la Defensa Nacional informó del encuentro con el general Glen D. VanHerck, en el que, dijo, se trataron temas de interés común para ambas naciones.
Por su parte, VanHerck expuso que México y Estados Unidos comparten una asociación estrecha que garantiza la unión en los esfuerzos de cooperación en materia de seguridad.
“Aunque nos hemos estado comunicando de manera rutinaria de manera virtual durante el año pasado, es un honor para mí reunirme cara a cara con el liderazgo militar mexicano para discutir áreas de interés mutuo”, destacó el general.
El Comando Norte es responsable de la defensa nacional en Estados Unidos, al mismo tiempo que coordina el apoyo de defensa de las autoridades civiles y crea asociaciones regionales para garantizar la seguridad en América del Norte.
En conferencia de prensa en el Pentágono, el jefe del Comando Norte de Estados Unidos consideró que el incremento de la migración hacia su país es derivado del control territorial que ejercen los grupos criminales en regiones de México.
“El narcotráfico, migración, tráfico humano, todos son síntomas de las organizaciones criminales trasnacionales que operan con frecuencia en zonas sin gobierno; entre 30% y 35% de México, y eso es lo que está creando algunas de las cosas que enfrentamos en la frontera”, indicó.
Afirmó que Estados Unidos debe enfocarse en esta problemática, porque la “seguridad nacional es un imperativo”, que debe abordarse desde la perspectiva de defensa, ya que, añadió, se crean “vulnerabilidades potenciales y oportunidades para actores de todo el mundo”.
“Cuando tienes áreas sin gobierno, inestabilidad y potenciales fallas de gobierno que China, Rusia y otras naciones intentarán explotar, y esto sucede aquí, en nuestro propio vecindario, en nuestro hemisferio”.
Ante los dichos de VanHerck, el presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó que organizaciones criminales controlen 35% del territorio nacional. (Manuel Espino, El Universal, p. A2)

El Aeropuerto Internacional de Cancún rompió ayer un récord de operaciones programadas desde que inició la pandemia, con 545 operaciones en total, de las cuales 271 fueron llegadas y 274 salidas. (Staff, Reforma, Nacional, p. 2)