Opinión Migración 040921

Rozones

APARECIÓ LA CNDH

Con la novedad de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a cargo de Rosario Piedra, ayer por fin hizo un pronunciamiento de condena a los hechos violentos cometidos por integrantes del Instituto Nacional de Migración contra ciudadanos en tránsito en Chiapas. Lo hizo, por cierto, a través de un comunicado en cuyos primeros párrafos da cuenta de que sí le importa el asunto. En los subsecuentes recuerda las recomendaciones que ha emitido a la dependencia que encabeza Francisco Garduño. Luego señala las acciones efectuadas en el lugar y hasta el cierre expresa la condena a las agresiones que han sufrido por parte de agentes tanto migrantes como periodistas que realizan la cobertura de las caravanas. A juzgar por su propio comunicado, la CNDH sí está ahí. El problema, nos comentan, es que con sus 16 funcionarios en el lugar no se ha notado mucho. (La razón, La Dos, p.2)

Gente como uno / México como verdugo de migrantes

La carretera Tapachula-Arriaga, en el poblado de Cruz de Oro, Tuzantán, esta semana fue escenario de las imágenes más indignantes de las que se tiene registro en nuestro país en materia de migración.

Todo quedó dicho cuando un funcionario del Instituto Nacional de Migración pateó la cabeza de un ciudadano haitiano; cuando vimos a un migrante acompañado de su hijo pequeñito —no tendría más de 6 años—, ser sometido y agredido brutalmente por otros agentes del mismo INM.

Y es que no alcanza la indignación al ver al niño parado a un lado de la golpiza a su padre, aterrorizado e inexplicablemente invisible a los ojos de los adultos que lo rodeaban, la mayoría granaderos de la Guardia Nacional.

Otro migrante, también con su hijo en brazos, intenta levantarse del suelo sin soltar al niño, al verse rodeado de agentes de la Guardia Nacional, grita angustiado, mientras éstos recargan sus escudos en el cuerpecito del niño, que apenas se movía, aterrorizado.

En sólo horas, las imágenes le dieron la vuelta al mundo. México mostraba su peor cara. ¿Qué nos está pasando? ¿En qué nos estamos convirtiendo?

“Como decimos en el pueblo, pues es lamentable, pero una golondrina no hace verano”, es lo que atinó a decir al respecto —con poco tacto— el recién estrenado secretario de Gobernación, Adán Augusto López, luego del acto de entrega recepción de su cargo.

Por su parte, el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño Yáñez, no se ha pronunciado mayormente sobre los hechos, salvo por los escuetos comunicados de la dependencia a su cargo, cuyo consejo ciudadano, por cierto, no ha sesionado en meses.

Quizá el exfuncionario de cárceles federales no se siente muy cómodo operando en materia de migración porque posiblemente la desconoce, pero tuvo que entrarle “al encargo” luego de la renuncia de Tonatiuh Guillén López, en 2019.

 “Ante los hechos nos queda claro que el sistema migratorio mexicano está colapsado”, me aseguró esta semana en entrevista Tomás Milton Muñoz, profesor investigador del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM, refiriéndose particularmente a la falta de recursos para la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, a la que se le redujo drásticamente el presupuesto para 2021.

Luego de un 2020 de pandemia, en agosto pasado ya sumaban más de 60 mil personas las que están solicitando asilo en México, pero el escenario para ellos es desolador.

“Porque el Estado mexicano decidió dócilmente ceder a la presión de los Estados Unidos y romper las promesas que al inicio de esta administración se hicieron, de ser abiertos y solidarios con nuestros hermanos”, me dijo también Juan Martín Pérez, Coordinador de Tejiendo Redes de la Infancia de América Latina y el Caribe.

México ha incumplido de forma sistemática los tratados internacionales en los que participa, como el acuerdo de Cartagena de 1989, de la Organización de Estados Americanos, que señala que cuando ocurren estas migraciones masivas, se debe anular cualquier trámite administrativo como pasaporte o visa y brindar protección.

Nuestro país ha pasado por encima de sus propias leyes también, como el artículo cuarto constitucional del interés superior de la niñez que dice: “El Estado proveerá lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos” y que no condiciona esto a ninguna nacionalidad.

En México se violan los derechos de niñas, niños y adolescentes migrantes a todas luces y sin que nadie hasta hoy actúe en consecuencia.

Pese a los pronunciamientos internacionales sobre los hechos reportados el fin de semana pasado, durante su tercer informe de gobierno, el Presidente López Obrador volvió a subestimarlos:

“No se han violado derechos humanos de migrantes. El caso excepcional de hace unos días en que dos funcionarios de Migración patearon a un ciudadano haitiano, ese mismo día se atendió… No va a haber represión en nuestro Gobierno”, dijo el Presidente, horas antes de que hechos semejantes volvieran a registrarse, tal como siguió ocurriendo todos los días de la semana.

Lo ocurrido en Chiapas, no son hechos “excepcionales” ni aislados, y así lo revela el informe publicado en marzo pasado por la organización Human Rights Watch, que señaló que en los últimos 2 años, al menos 30 mil migrantes en México han sido víctimas de abusos por parte de autoridades y el crimen organizado.

Es la cara de un México que no queremos ser, pero es la que tenemos en nuestra frontera sur, donde otra estrategia fallida ha convertido a nuestro país en un verdugo de migrantes, hoy lastimosamente exhibido. (Mónica Garza, la Razón, Opinión, p.15)

Estado por Estado / Tapachula, migrantes contra chiapanecos

Tanto el gobernador, Rutilio Escandón, como la alcaldesa de Tapachula, Rosa Urbina, ambos de Morena, sabían de la crisis humanitaria de miles de  haitianos, cubanos, africanos y de otras latitudes. Cierran ojos y oídos ante la represión del Instituto Nacional de Migración, de Francisco Garduño. Se presta al circo mediático. Este es el fondo: en Tapachula, chiapanecos contra inmigrantes y una estación migratoria saturada al 500%. Una crisis donde la Federación se hace de la vista gorda. Aquí, no se dice nada. En el mundo, hay indignación. (Víctor Sánchez Baños El Heraldo de México, Estados, p.9)

Bajo Reserva

A tres años, el infierno migratorio

México ha decidido aceptar el programa Quédate en México, en el que Estados Unidos devuelve a los migrantes a territorio mexicano, para que pasen en nuestro país su estadía mientras se les soluciona su proceso migratorio en la Unión Americana. El problema es que México hace lo mismo con Guatemala, a donde envía migrantes que llegan de su territorio. Ante ello, el gobierno guatemalteco decidió trasladar a unos 600 migrantes que fueron expulsados de México y de Estados Unidos, hacia el sur, en su frontera con El Salvador. Muy lejos quedaron las “puertas abiertas” y los cientos de miles de empleos que el gobierno mexicano dijo que se iban a otorgar a los centroamericanos. ¿La respuesta ante los reclamos por sus derechos humanos? Brutalizar a mujeres y niños haitianos y de paso golpear a periodistas, para que no exhiban las imágenes. (El Universal, La 2, p.2)

Liberales y Conservadores / ¿Adán Augusto, “candidato sustituto”?

2) Los operativos para detener las caravanas de haitianos, sudamericanos y centroamericanos, en el estado de Chiapas, son vergonzosos. El Instituto Nacional de Migración muestra el peor rostro del actual gobierno mexicano. En efecto, no son iguales, son peores. ¿Con qué cara pueden exigir un trato digno para los nuestros que se buscan una vida mejor en Estados Unidos? (Amador Narcia El Universal, Nación, p.5)

Norte vs. Sur

En el tercer informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador presumió que las remesas que envían a sus familias los mexicanos que trabajan en Estados Unidos alcanzaron el año pasado más de 40 mil 600 millones de dólares “y en este año estimamos (…) que superarán los 48 mil millones de dólares, es decir 18% más”.

Presumió los dineros que ganan y envían millones de mexicanas y mexicanos que radican más allá de la frontera norte, y que emigraron en busca de oportunidades e ingresos que aquí no tenían, y no tienen, o ya se habrían regresado.

En demasiadas ocasiones, la migración de esas personas se dio en circunstancias de riesgo para sus vidas. En el río Bravo y en el desierto muchas murieron en busca del sueño americano. Quienes llegaron a su destino, se esforzaron por encontrar un trabajo, sorteando al racismo, la discriminación y soportando muchas veces malos tratos.

Sobre todo, aún hay mexicanas y mexicanos al otro lado de la frontera con temor a ser deportados y que viven el día a día con esa amenaza. Son quienes envían los dineros que el presidente ha presumido como logro de su gobierno.

El gobierno de México, como es su obligación, pide y exige respeto y trato justo para nuestras paisanas y paisanos que están en Estados Unidos aportando su trabajo al desarrollo de esa nación, y generando riqueza.

Los presidentes norteamericanos han buscado votos otorgando beneficios migratorios, de salud y educación a las familias de los mexicanos que ahí radican, con la excepción de Donald Trump quien sostuvo un discurso de desprecio hacia México. Eso sí, el presidente Trump siempre fue gran amigo del presidente López Obrador, y viceversa.

Eso es lo que ha ocurrido en nuestra frontera Norte.

En la frontera Sur, las cosas son bien distintas con los migrantes, en su mayoría centroamericanos que también quieren vivir el sueño americano y para hacerlo deben atravesar el territorio de México.

Desde que inició su mandato, el presidente López Obrador se puso a las órdenes de la política migratoria de Estados Unidos. Aceptó que nuestro país se convirtiera en el muro contra el cual se estrellasen todos los que quisieran llegar a la nación norteña. La primera línea de defensa norteamericana.

Los resultados han sido desastrosamente inhumanos. Se han documentado numerosas violaciones a los derechos de los migrantes, tanto mayores como menores de edad y las muestras de violencia y de abusos abundan, por desgracia.

Las últimas imágenes de padres de familia migrantes, con sus hijos en brazos, siendo golpeados salvajemente por elementos de Migración y de la Guardia Nacional son el triste reflejo de las dispares políticas de migración del régimen federal.

Niñas y niños observaron cómo sus padres eran vejados y arrastrados por personas en uniformes con la bandera de México en el hombro. Niñas y niños que fueron subidos sin consideración a camionetas y deportados junto a sus papás, después de la golpiza. Una salvajada.

¿Es esta la política migratoria del mismo gobierno que en el Norte exige trato humanitario a nuestros connacionales? ¿Es el mismo gobierno que solidariamente accedió a acoger a periodistas afganos y sus familias?

La explicación la hallamos en las declaraciones del canciller Marcelo Ebrard a la prensa extranjera, que lo cuestionó por el maltrato a los centroamericanos en la Frontera Sur, tan distinto de la bienvenida a los refugiados afganos:

Para el gobierno mexicano, dijo, existe una diferencia “entre los migrantes económicos y las personas que buscan refugio y asilo”.

Y nuestras paisanas y paisanos migrantes en Estados Unidos, ¿qué son? Porque si se les aplicase la calificación del propio gobierno mexicano, definitivamente les iría muy mal. (Ivonne Ortega Pacheco, El Universal, Opinión,p.8)

Tener dos caras

En México nos quejamos y protestamos, con razón, cuando maltratan a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Pero miembros de la Guardia Nacional y del Instituto Nacional de Migración (INM) están maltratando a inmigrantes centroamericanos, haitianos, colombianos, venezolanos y cubanos, entre otros, en su intento de llegar a la frontera de Estados Unidos. Eso es tener dos caras.

En una de esas extrañísimas coincidencias de la vida, el pasado sábado 28 de agosto el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pasó en una camioneta negra por una carretera en el municipio de Huehuetán, Chiapas, momentos después de que su Guardia Nacional y agentes del INM reprimieran brutalmente a cientos de centroamericanos y haitianos. No sabemos lo que vio el Presidente o lo que le contaron más tarde. Pero las imágenes son violentísimas y vergonzosas.

Un inmigrante con un niño en pañales, en brazos y cubierto con un plástico, les suplica a los miembros de la Guardia Nacional -que han formado una cerca en la carretera con equipo antimotines y escudos de plexiglás- que los dejen pasar. “Llevamos niños”, les dice. “No somos delincuentes. Somos inmigrantes. Solo queremos pasar”. Y los guardias no se mueven.

En otra escena, detienen y tiran al suelo a un inmigrante, y un agente de camiseta blanca y con la identificación del INM patea con su zapato la cabeza del hombre. También vi cómo un inmigrante con gorra roja llevaba a su hijo menor de la mano cuando un agente de chamarra café lo ataca por detrás y lo tira al suelo. Luego son rodeados por varios elementos de la Guardia Nacional en un patente abuso de fuerza. Y todo ocurre frente a la mirada del niño. (Dos agentes del INM ya fueron suspendidos y hasta Naciones Unidas protestó por el violento maltrato a los inmigrantes).

Estas imágenes contrastan con la excusa de AMLO de que son “casos excepcionales” y con su compromiso -hecho el 10 de junio de este año- de que “nunca más se reprima… a quienes no están de acuerdo con el gobierno y deben de contar con todas sus garantías para ejercer su derecho”. La represión es patente.

¿Por qué el gobierno de México no puede tratar a los inmigrantes centroamericanos y de nuestro continente con la misma generosidad y solidaridad que les dio a los refugiados de Afganistán que arribaron recientemente al país?

“Vamos a seguir conteniendo” a los inmigrantes, amenazó hace unos días AMLO. Y el secretario de la Defensa de México, Luis Cresencio Sandoval, fue más allá. Las Fuerzas Armadas, dijo, tienen como “principal objetivo detener toda la migración” en la frontera sur. Ese es un plan destinado al fracaso. Y a la vergüenza.

México se ha convertido en el muro de Estados Unidos; primero con Donald Trump y ahora con Joe Biden. El presidente López Obrador ha cedido a todos los pedidos de Estados Unidos en materia migratoria. La Guardia Nacional está actuando como sustituto de la Patrulla Fronteriza estadounidense. Es la otra migra.

Ahora, solo una nota de advertencia al gobierno del presidente López Obrador: van a perder. Nada, absolutamente nada, puede detener a un inmigrante que tiene niños enfermos o con hambre; o a un joven amenazado de muerte y a su hermana en peligro de violación si no se incorporan los dos a las pandillas; o a una familia que lleva años sin conseguir trabajo; o a un campesino que perdió su cosecha de café por una inusual sequía; o a una mujer embarazada que quiere que su bebé nazca con pasaporte azul porque así tendrá más oportunidades educativas que ella; o a una niña que ha visto en internet que en Estados Unidos puede ser astronauta, trabajar para Apple o Google, ser actriz en Hollywood, dar conciertos en el Madison Square Garden y meter goles en una olimpiada; o a alguien que simplemente respira y sueña con una vida distinta y en paz.

Detener violentamente a inmigrantes en su paso a una vida mejor es mezquino e inútil. Al final ellos siempre van a ganar. Ejemplo: muchos de los inmigrantes que pararon en Chiapas siguen hoy su camino al norte.

En el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México hay una escultura que dice, por un lado: “Migrar es un derecho humano”, y por el otro: “Nadie es ilegal en el mundo”. Ojalá la pudieran acercar un poquito más al Palacio Nacional. (Jorge Ramos Ávalos, reforma, Opinión, p.8)

La nación crispada

En mi artículo anterior (agosto 28, apenas) hablé de la violencia criminal. Hoy no me referiré a ese mal creciente, sino a otras formas de violencia que ensombrecen la vida de los mexicanos. Cierto que por nuestras venas corren pasiones que buscan desahogo, pero cierto también que aquéllas se hallaban medianamente contenidas y no eran el pan de cada día. Hoy sucede otra cosa.

Señalemos una de las fuentes, entre varias, de la violencia que cunde. Es el discurso presidencial, desenvuelto desde los primeros días de un gobierno que se dijo transformador, y que no cesa de transformar la esperanza en desesperación, la paz en contienda, el progreso en regreso. El primer jefe de Morena, que debe ser jefe del Estado y presidente de todos los mexicanos, ha provocado ira y enfrentamiento. Ha cortado a la sociedad con un cuchillo, dejando de un lado a lo que considera su feligresía y del otro a millones de mexicanos que quieren actuar con libertad y temen las infinitas formas de represión que el poder tiene en su arsenal.

No es posible ofender cotidianamente a esos millones de mexicanos, tratados como enemigos, y suponer que el resultado será la unidad nacional. Las invectivas, proferidas con desenfado, constituyen una siembra de ira y encono, que aflora con violencia. Quien debe propiciar la concordia, fomenta la discordia. Y por ese camino discurre, a tumbos, la nación.

Hemos padecido sucesos que ofenden y lastiman. Un grupo de agresores arremetió contra alcaldes electos de la Ciudad de México, que tienen en su haber el voto de numerosos electores y en su contra la aversión del poder político. En la arremetida, hirieron a una alcaldesa y lesionaron a otros mandatarios electos por el pueblo. Independientemente de los motivos “oficiales” de los agresores para embestir a esos mandatarios, su conducta es absolutamente inaceptable y debe ser rigurosamente sancionada. Jamás debió ocurrir. Intimida y avergüenza.

Otro hecho deplorable fue la represión de centenares de migrantes que pretendieron ingresar a nuestra República “hospitalaria”. Entraron en colisión los motivos legales o “legaloides” para estorbar esta marcha y la forma de hacerlo. Hubo despliegue de fuerza y crueldad: fuerza innecesaria y crueldad abominable. Han circulado las fotografías que muestran a los defensores de la integridad territorial maltratando a víctimas caídas, que imploran piedad.

Y hubo otro episodio de violencia, esta vez ajena a los cuerpos oficiales, pero no al clima que domina la vida civil de los mexicanos. Me refiero a los inaceptables bloqueos que impidieron el paso del Presidente de la República en una gira por el estado de Chiapas. También estos son actos de violencia, inesperada si pensamos en quiénes fueron sus protagonistas, aunque no si consideramos los factores que alimentan la exasperación. Tampoco debió ocurrir. Menos todavía, si cabe decirlo, por parte de aliados del Presidente.

Sí, la nación está crispada. Los enconos se desbordan. La ira nos víctima. La siembra de discordia opera como instrumento de gobierno. Las exigencias y los reproches salen del cauce de la ley y la razón. ¿No ha llegado el momento, presidente, de cambiar el rumbo —o el “estilo”— y convocar a los mexicanos a una gran conciliación? Convocarlos, digo, con algo más que palabras —injurias que deben cesar—; convocarlos con hechos que muestren a los partidarios y a los adversarios que todos somos mexicanos al amparo de la ley. ¿Es mucho pedir? ¿No conviene rectificar, a tiempo todavía, antes de que estallen nuevas tormentas en la nación crispada? (Sergio García Ramírez, El Universal, Opinión, p.8)

 

Cuchillito de palo | Caen las máscaras

 

La represión que hemos visto los últimos días, revela el espíritu autoritario de la 4T y de un gobierno al que le salen sobrando los Derechos Humanos. Ni pío dijo el tlatoani en su Tercer Informe, sobre los graves problemas del país y, por el contrario, nos pintó una tierra de ensueño.

 

Los Informes son lo mismo desde que tengo uso de razón. Con más o menos cifras, el Ejecutivo Federal en turno adorna lo que suele ser su desgobierno.

La gente, harta de demagogia, procura ignorar la cacallaqueada fecha y, para ventura, pasaron los tiempos en los que era casi obligatorio escuchar tanta necedad. Lo que se supone que debería ser la jornada de rendición de cuentas, resulta en un “alábate burro, que no hay quien te alabe”, intolerable.

De aquí que no es de extrañar que AMLO, siguiendo la ancestral tradición, se enzarzara en una serie de paparruchadas, ajenas por completo a la deplorable realidad. Para él se acabó con la pandemia y la tercera ola, que sigue dejando un número espeluznante de muertos, está “domada”.

Por encimita y enfatizando en que se había suspendido al tipejo, tocó el tema de la golpiza que, el energúmeno agente de migración, le propinó a un infeliz haitiano. Las imágenes trascendieron fronteras y provocaron una enorme indignación. Los organismos internacionales defensores de Derechos Humanos, condenaron los hechos, mientras aquí la destrozada CNDH y la ombudsperson, la patética señora Piedra, se quedaron mudas.

El tabasqueño, en su tozudez por acabar con las instituciones, nombró a una mujer incapaz, ignorante del significado del concepto objeto de la Comisión y empeñada en liquidar la incipiente cultura de Derechos Humanos, que tanto esfuerzo costó.

Tras la brutal agresión al migrante, el ataque a los alcaldes de oposición, por parte de los “granaderos no granaderos” capitalinos, reforzó la idea de que, la 4T deja la máscara y actúa con la conocida rijosidad.

Fue muy serio el cinismo atroz de la jefa de gobierno de la CDMX. Minimizó e incluso puso en duda el atentado contra Lía Limón, Mauricio Tabe y el resto de quienes intentaban entrar al Congreso capitalino. Lo mismo hizo su secretario de gobierno, Martí Batres, reconocido porro de porros, politiquillo marrullero, capaz de “regalar” leche Bety, que contenía incluso, heces fecales, para “ganar adeptos”.

Intentan revertir el descalabro electoral bloqueando a los ganadores. Emiten leyes –antes de que lleguen los nuevos legisladores y pierdan la mayoría-, para limitar la esfera de actividad de los referidos alcaldes.

La Sheinbaum, apenas los recibió, “de uno por uno”, negándose a escuchar las propuestas conjuntas que tenían. De que va a hacer lo imposible por ponerles piedras en el camino, ni duda cabe.

Para recuperar a la perdida clase media, moviliza a una multitud de “servidores de la nación” –con el nombre que se les antoje darles-, legiones de achichincles inútiles, que suelen estar mano sobre mano. ¿Y quién paga esa nómina? Nuestros impuestos.

El despilfarro y mal uso del presupuesto es notable, cuando podía invertirse en la infraestructura, en la salud, en la educación. Tiran el dinero haciendo que estos personajillos vayan casa por casa, pregonando los “programas” de la “señora Chenbam”. En la mayoría de los domicilios les dan con la puerta en las narices.

Un Informe de pacotilla, en tanto la problemática se agrava y a los Derechos Humanos se les entierra, a cambio de la represión. (Catalina Noriega, El Sol de México, Opinión, p.12)

Otros ángulos / A garrotazo limpio

En efecto, hay una transformación en marcha. La que debiera ser una policía eficiente, honesta y civil (la Guardia Nacional) está encargada, en las fronteras norte y sur, de detener, arrasar y encarcelar todo tipo de migrantes, especialmente los que provienen de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Brasil y, de modo aun más específico, de Haití, quizás los más pobres y desamparados.

Para el Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional, el trato que se le da a cualquier ciudadano proveniente de esos países es semejante al que podría dar a un delincuente atrapado in fraganti. Las escenas de los noticiarios nos muestran cómo los agentes mexicanos llegan a patear las cabezas de personas arrastradas por sus compinches y a casi estrangular e impedir que respiren a quienes han caminado durante muchos kilómetros y se detienen a mitigar la sed y dar alivio a sus pies ampollados por el ardiente asfalto de las carreteras.

Los hechos más recientes en Chiapas nos ofrecen escenas plenas de dolor y de lo que debiera ser una vergüenza para las autoridades: guardias uniformados para el combate conteniendo y golpeando, lo mismo a mujeres que a varones, que son acompañados de niños, quienes alcanzan a levantar los brazos o a rodarse por el suelo ante los agresores. (Raúl Cremoux, Excélsior, Opinión, p.13)

Los de Abajo

 

Caravana de migrantes: nadie es ilegal

 “NO RESPETAN, ESTAMOS llamando a las organizaciones del mundo a que nos vean, estamos buscando una vida mejor. Ya lo saben todo eso… una mierda”, dice una mujer haitiana al momento de ser detenida en Chiapas. El testimonio es levantado por el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano.

LA RECIENTE CARAVANA de migrantes en su paso por México ha sido atacada no sólo por la Guardia Nacional (GN) y el Instituto Nacional de Migración, sino también por sectores de una sociedad que en otros tiempos se indignaba por las violaciones a los derechos de las personas en tránsito por este territorio, y ahora, al igual que la derecha, consideran ilegal el recorrido de personas sin papeles que huyen de la violencia, la persecución y la pobreza. Hoy la falta de reconocimiento de la crisis la hace más grave.

EL INFORME DEL colectivo de monitoreo del 2 de septiembre da cuenta de la intercepción y agresiones a personas migrantes y solicitantes de refugio por parte del gobierno mexicano, en un acto considerado por las organizaciones participantes como violento y desproporcionado en San Felipe, Escuintla, Carretera Costera Tapachula-Tuxtla Gutiérrez.

TAMBIÉN SE INFORMA de las agresiones contra periodistas que se encontraban cubriendo a la caravana y defensores que la acompañaban, a quienes les fue cerrado el paso y fueron encapsulados por  vehículos de la Guardia Nacional.

EL MIÉRCOLES 1º de septiembre, mientras el presidente ofrecía su tercer Informe de gobierno, el portal Chiapas Paralelo informó que agentes de Migración y de la GN desarticularon la caravana de migrantes, la cual fue sorprendida en Mapastepec, donde las personas “fueron sorprendidas, dispersadas y capturadas”.

TAMBIÉN SE REPORTÓ la detención de niños y niñas que fueron arrancados de sus familias y deportados sin el debido proceso a la frontera con Talismán, como una forma de “persuadir” a las familias para desmovilizarse y dispersar las caravanas.

LOS REPORTES DE organizaciones, las imágenes y videos de la represión no dejan lugar a la neutralidad. La indignación debe desencadenar la solidaridad urgente. Porque nadie es ilegal. (Gloria Muñoz Ramírez, la jornada, Política, p.16)

Cartón

 Migrantes y patadascarton 1

(Boligán, El Universal, Opinión, p.8)