Ya quisiera ver yo la reacción de México y su gobierno si la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos tratara a los mexicanos como la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración (Inami) está manejando a los indocumentados centroamericanos y caribeños que están entrando a México con la intención de cruzar el país para llegar a Estados Unidos. Desde luego que estaríamos indignados de ver cómo los humillan; cómo les pegan, los someten y los siguen apaleando con alevosía y ventaja. Cómo se van en contra de padres que van cargando a menores de edad.
Son escenas vomitivas que nos hacen ver a los mexicanos como unos verdaderos salvajes.
Y todo para resolverle el problema migratorio a Estados Unidos. Mejor pararlos en la frontera sur de México que ya cuando están a punto de entrar a territorio estadunidense. Mejor que militares mexicanos, vestidos del Inami y Guardia Nacional, sean los que los contengan. México haciéndole el trabajo sucio a Estados Unidos.
Dice Javier Tello que no necesariamente tendría que ser “sucio”. Que las autoridades mexicanas podrían procurar la contención de indocumentados sin la violencia que hemos atestiguado estos días. Y tiene razón. No debería ser así. Pero, como dice Jorge Castañeda, así es porque así son las autoridades de la Guardia Nacional y del Inami que existen en México. No hay otros. Y éstos, en su mayoría militares, están acostumbrados a actuar sin respetar los derechos humanos.
Insisto: imaginemos que así trataran a nuestros paisanos mexicanos quienes intentan cruzar a Estados Unidos sin documentos.
No hay que imaginarlo mucho porque ocurre con frecuencia.
Alejandro González Iñárritu produjo la instalación Carne y arena, donde una persona podía experimentar el paso por el desierto de México a Estados Unidos. Seis minutos de adrenalina donde uno podía sentir el miedo de la persecución de la Patrulla Fronteriza y sus mastines entrenados para detener a indocumentados. Una realidad virtual feroz que nos obligaba a ponernos en los zapatos de aquellos que no tienen papeles, pero quieren migrar para salvar sus vidas y/o mejorar su situación económica.
Yo tuve la oportunidad de hacerlo cuando Carne y arena estuvo aquí en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. No se puede describir con palabras el miedo que uno siente y eso que, en el fondo, se sabe que se trata de una realidad virtual.
Bueno, pues González Iñárritu podría hacer la secuela de Carne y arena que bien podría titularse “Carne y selva”. Recreando el cruce de salvadoreños, hondureños, cubanos o haitianos hacia México por las inmediaciones de Tapachula. Ver cómo se vienen de frente la Guardia Nacional y los gorditos del Inami, siempre dispuestos a entrarle a la golpiza, sobre todo pateando a aquellos que ya están en el suelo sometidos. En el trasfondo, el lloro de niños hambrientos, sedientos, muertos de miedo.
Este gobierno, el de López Obrador, comenzó su gestión con una visión humanitaria del tema. Pretendió, y así lo anunció, dejar pasar sin problemas a los indocumentados con el fin de que cruzaran México rumbo a Estados Unidos. Pero el presidente Trump se enfureció y AMLO tuvo que recular. Hoy, como muchas cosas en México, el asunto se ha militarizado.
Retomo lo que dijo hace un par de días a El País el primer comisionado del Inami de este gobierno, un gran experto en migración, Tonatiuh Guillén:
“La inercia que vemos hereda la interiorización institucional de los acuerdos de contención establecidos con el gobierno de Trump. Interiorizamos ese acuerdo y sus lineamientos, cosa que se expresa en dos medidas. La primera, que la ley de la Guardia Nacional le diera atribuciones de control migratorio a la corporación. Y, como sabemos, la Guardia Nacional es un aparato militar, cosa que el Presidente mismo ha dicho. Y, segunda, que el Inami fue permeado por militares […] El Inami y la Guardia actúan pensando que enfrente tienen un enemigo. Es parte de los costos de interiorizar una política de contención y materializarla en el aparato de la Guardia Nacional y la militarización del Inami. El instituto se llenó de personal militar o exmilitar y la coordinación con la Secretaría de la Defensa es muy estrecha. Estas son las consecuencias. Y los costos los pagan personas muy vulnerables”.
El sueño de Trump, militares conteniendo a migrantes, hecho realidad en México. Vergonzoso para un gobierno que hipócritamente se presume como humanista. Una infamia para la nación mexicana que tanto ha sufrido en carne propia la violencia a migrantes indocumentados. (Leo Zuckerman, Excélsior, Nacional, p. 11)
¿Será?
…Pero cómo han cambiado
Muchos migrantes se preguntan ¿qué pasó?, si en los últimos meses del gobierno de Enrique Peña Nieto los líderes de Morena apapacharon, alimentaron y dieron refugio y cobijo a los migrantes; hasta les llevaron serenata y música. Pero todo eso cambió en cuanto inició el nuevo gobierno y, ahora, en los operativos se ha grabado imágenes de servidores públicos del Instituto Nacional de Migración pateando, pisando e insultando a los paisanos de aquellos que fueron recibidos con los brazos abiertos en 2018… Ahora, aquellos que procuraron a la primer caravana defienden de forma feroz los operativos; ¿era solo un discurso? ¿Será?
Merecen la cárcel
Por cierto, los operativos violentos que agentes del Instituto Nacional de Migración y de la Guardia Nacional han llevado a cabo en el sureste del país contener la migración será a decir de los expertos, motivo de sanciones penales para los funcionarios que han cometido excesos. Las imágenes y videos capturadas en la frontera de Chiapas ha dado la vuelta al mundo a través de medios de comunicación y redes sociales; por lo que, nos comentan, diversos defensores de Derechos Humanos y organismos internacionales revisan diversas formas para intervenir en el asunto y detener los atropellos contra los migrantes. (24 horas, La dos, p. 2)
“Falta mi hija, falta la niña, tiene tres años, por favor ayúdenos, somos humanos; falta la bebé, por favor, nooooo”, gritó antes de que el agente dejara de tocar sus senos y brazos para darle un último empujón y cerrar, desde fuera, la puerta de la camioneta.
“Vámonos, vámonos”, dijo el hombre de migración. Golpeó con su mano el vehículo para avisarle al conductor. La camioneta blanca partió con ellas abordo. No les importó que las mujeres imploraran por sus pequeñas. Nada hizo que los funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) buscaran a las niñas que fueron separadas de sus madres. Solo después del video que circuló en redes reaccionaron, una vez más, gracias a las imágenes registradas por el periodista Alberto Pradilla y colegas en la zona.
La tragedia humana que se vive en Chiapas se suma a los graves problemas que no logran resolverse, como la violencia, inseguridad y creciente pobreza.
Requiere de toda la atención del Ejecutivo federal y de los actores políticos. La dimensión de lo que ocurre pronto rebasará cualquier otro tema que quiera imponerse en la agenda de la 4T. Ni la revocación de mandato ni los supuestos hitos históricos económicos ni la nueva agenda legislativa importarán ante la escalada de violencias cometidas por el INM, dependiente de la Secretaría de Gobernación.
López Obrador informó que la delegación que estará este jueves en Washington entregará una carta a Joe Biden.
Desea insistirle que EU destine dinero a programas en Centroamérica con el fin de detener las caravanas migrantes.
Además de esta idea planteada a EU, urge una política migratoria integral, coherente, centrada en el respeto a los derechos humanos. Acciones que sirvan, de igual manera, para defender a nuestros compatriotas que logran cruzar el Río Bravo —y que envían tantas remesas aplaudidas por Andrés Manuel en su tercer Informe— como para los miles de centroamericanos y haitianos que se enfrentan a las fuerzas policiacas-militares y/o al crimen que los caza apenas pisan territorio nacional.
Está muy bien que México busque el desarrollo de sus vecinos del sur, pero no puede seguir siendo candil de la calle y oscuridad de la casa. (Elisa Alanís, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Son en verdad los migrantes una amenaza a la seguridad nacional o la identidad o bien seres desesperados que cómo tantos a lo largo de siglos han migrado huyendo de la tragedia o en busca de mejores oportunidades?
Las migraciones son uno de los grandes retos que enfrenta la humanidad: refugiados, migrantes económicos, personas desplazadas. Las escenas de violencia y represión en contra de esos seres desesperados en Chiapas, obligan a un ejercicio de discernimiento para tomar las decisiones adecuadas dónde los seres humanos, no la razón de Estado, estén al centro de las consideraciones.
El 2 de septiembre, participé en la Universidad Iberoamericana, como orgullosa egresada que soy de dicha Universidad, en un seminario sobre el Discernimiento político para la acción social en el marco de las conmemoraciones de los 500 años de la conversión de San Ignacio, fundador de los jesuitas.
Abordé el tema de la migración con un análisis en tres etapas. Primero, reconocer la problemática. ¿Cuál es la realidad de la migración?, ¿hay una crisis?, ¿una amenaza a la seguridad nacional?, ¿una amenaza a la identidad?, ¿o un fenómeno económico-social?,¿quiénes son los migrantes que llegan a México?,¿refugiados, migrantes económicos, por desastres naturales? De la respuesta a estas preguntas, se deben plantear las respuestas de gobierno y sociedad civil.
La segunda etapa implica la interpretación de las respuestas y definición del fenómeno. Si se concibe como amenaza a la identidad y la seguridad nacional, la respuesta va a ser necesariamente coercitiva. El tema se “securitiza” y se toman decisiones manipuladas políticamente.
Si, por el contrario, prevalece una interpretación de la migración como fenómeno económico y social, intrínseco a la humanidad, entonces la respuesta deberá privilegiar el adoptar medidas que permitan tanto la inserción de los migrantes a las sociedades que los acogen, como el mejoramiento urgente de las condiciones de vida en el país del cual salieron.
En la tercera fase de acción a seguir, se esbozan las siguientes dicotomías: contención o libre tránsito y en qué condiciones; cierre de fronteras o apertura; represión o trato digno y respeto a los derechos humanos; medidas de corto plazo o de largo plazo. Y por supuesto, discernir si la migración se debe a causas reales o bien está alentada por razones políticas y por tráfico de personas en manos del crimen organizado.
Se apunta también la interrogante sobre la ética de que la UE y EU exijan a países como Turquía y México realizar la labor de contención y recepción de refugiados y migrantes y los límites de dicho compromiso.
El abordaje del fenómeno migratorio, al ser México un país de origen, tránsito y destino marcará en buena medida el futuro de las relaciones con Estados Unidos, pero también, nuestra conciencia como país.Es tiempo de clarificar responsabilidades y adoptar políticas que privilegien la dimensión humana de la migración y el respeto a los derechos humanos. (Martha Bárcena Coqui, El Heraldo de México, País, p. 8)
En mayo de 2013, los expresidentes Barack Obama y Enrique Peña Nieto anunciaron la formación del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN), para promover la actividad comercial, impulsar el crecimiento económico, aumentar la creación de empleos e incentivar la competitividad global entre México y EU.
En septiembre del mismo año, el entonces vicepresidente y ahora mandatario de Estados Unidos, Joe Biden, inauguró el DEAN en la Ciudad de México con sus contrapartes mexicanas.
Después de que el expresidente Donald Trump suspendió el diálogo en 2016, la administración de Biden anunció que las delegaciones de ambos países se reunirán el 9 de septiembre en Washington. El relanzamiento del DEAN fortalecerá la relación bilateral, pero las prioridades de cada país son distintas.
La Casa Blanca se enfocará en abordar la crisis migratoria y construir cadenas de suministro más sólidas, bajo el proyecto del mandatario estadounidense Construir Mejor, particularmente en el sector automotriz. Se centrará en promover la inversión en el sur de México y en el Triángulo Norte –Guatemala, El Salvador y Honduras– con la intención de detener la migración. Otros temas son los derechos laborales plasmados en el nuevo T-MEC, la cooperación en materia de seguridad, el cambio climático y la recuperación económica ante la pandemia.
Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador aprovechará el encuentro para avanzar sus intereses geopolíticos en América Latina. Insistirá en el financiamiento de programas sociales en Centroamérica para detener el flujo migratorio.
Aunque pareciera que convergen los intereses de ambos países en este asunto, lo que AMLO le está pidiendo a Estados Unidos es que envíe fondos para uno de los programas centrales de la 4T:
Sembrando Vida. AMLO estratégicamente utiliza el mismo lenguaje de la Casa Blanca –atender las causas de la migración– para vender su solución en la región.
En la Cumbre de Líderes sobre el Cambio Climático, organizada por Biden en abril, López Obrador compartió su visión de extender dicho programa con financiamiento estadounidense en el sureste de México y en Centroamérica. El silencio de Estados Unidos ante esta petición lo dijo todo.
Palacio Nacional una vez más le manda la señal a EU de que esta dispuesto a cooperar para detener a los migrantes en su frontera sur, siempre y cuando la 4T se pueda colgar la medalla con la ampliación de Sembrando Vida.
La Casa Blanca necesita la colaboración de México para arreglar la crisis en la frontera y AMLO lo sabe. Si bien es cierto que el desastre migratorio implica una crisis política para Estados Unidos ante sus elecciones intermedias del próximo año, el gobierno de la 4T tiene que jugar sus fichas bien para no quedar mal con su primer socio comercial.
Como toda iniciativa económica, las negociaciones políticas son las que verdaderamente cuentan. (Lila Abed, El Heraldo de México País, p. 15)
La realidad forzará a crear política migratoria
Apenas el pasado viernes se comentó en este espacio de El Economista que, por las caravanas de migrantes con que batallan la Guardia Nacional y el INM, es hora de que el Gobierno de México tenga una auténtica política migratoria, sin ilusiones.
La situación ha empeorado y cada vez es más difícil conciliar las exigencias de cumplir con la ley, como dijera en simplón optimismo Alejandro Encinas, con el cumplimiento de la valorada “tradición de asilo”.
El conflicto existencial lo comparten el gobierno y un sector de la sociedad, incluidos los medios y los periodistas. Algo hay que hacer dicen todos, sí, pero ¿qué? Quién sabe, pero ya es tiempo que aprendamos lo sabio del refrán aquel: “quien a dos amos sirve”. (José Fonseca, El Economista, Política, p. 43)
“Sólo le pido a Dios/ que el dolor no me sea indiferente” Las escenas nos desgarraron. Pero desde hace meses son cotidianas, se incorporan a nuestras vidas. Cierta comodidad emocional corrompe. Enterramos la empatía. Acaso ya no queremos sentir.
Sabemos lo que ocurre, pero lo dejamos ir. No podemos asumir el dolor. Pero por ahí… ¿a dónde vamos? Agentes del Instituto Nacional de Migración persiguiendo, golpeando, pateando a un padre. El hijo, de 10 o 12 años, se cubre el rostro. Huyen aterrados. La misma guardia irrumpiendo en un improvisado dormitorio. Las familias corren despavoridas. Hay varios niños perdidos. ¿Y la CNDH? Human Rights Watch reporta además la irrupción en casas, agresión a periodistas y separación de familias. ¿Qué es esto? ¿Qué haríamos sin las OSC abocadas a la tragedia? Los colores de nuestra bandera van en los brazos de la GN. Qué vergüenza. La madre frente al cuerpo de su hija, hice lo que pude. “…Que la reseca muerte no me encuentre/ vacía y sola sin haber hecho lo suficiente…”
¿Son en verdad una amenaza para un país de 130 millones? No perdamos la perspectiva. Las migraciones siempre provocan el recelo. La xenofobia crece. El 93% de los mexicanos somos mestizos (https:org/10.1002/ajpa.20980), descendientes de inmigrantes. Pero ahora rechazamos la inmigración (Encuesta Mundial de Valores). Los motivos no son muy diferentes.
Salieron y salen por pobreza, por hambre, por violencia y ahora por fenómenos naturales. Infringen la ley —algo cotidiano en México—, pero ellos lo hacen para salvar sus vidas. Quién no lo haría. “Sólo le pido a Dios/ que lo injusto no me sea indiferente/ que no me abofeteen la otra mejilla/ después que una garra me arañe esta suerte”. La ONU lo advirtió: éste será el siglo de las migraciones, de países pobres a países a veces ricos; Europa, Estados Unidos. Pero también a países que para ellos ofrecen una oportunidad de vida, así de dramático.
Desean llegar a EU. Y de allá nos piden hacer el trabajo sucio y nos amenazaron con aranceles. México durante décadas ha luchado por un trato justo a los connacionales que cruzan ilegalmente la frontera, suman decenas de millones. Pero ahora, ¿con qué autoridad moral los miraremos a la cara cuando actuamos con la misma bajeza humana? Haitianos, salvadoreños y hondureños en México rondan los 60 mil (0.05%). ¿No puede el Estado mexicano dar un trato humano a medio estadio? Además, ahora estamos sentados en el Consejo de Seguridad.
“Sólo le pido a Dios/ que la guerra no me sea indiferente/ es un monstruo grande y pisa fuerte/ toda la pobre inocencia de la gente…”.
Qué ejemplo da la flamante GN o los a agentes federales con la bota sobre la cabeza de un haitiano cuyo país se desmorona: miseria, violencia, pandemia y terremotos. Pero México es —a pesar de lo que dice el esquizofrénico discurso de la 4T— la undécima potencia económica. Enterramos 300 mil mdp en obras del potencial aeropuerto que disgusta al supremo. En el insostenible tren y la refinería condenada por la historia, estamos gastando cientos de miles de mdp. Pero no hay dinero —100 mdp menos que los estadios de beisbol— para edificar urgentemente un albergue digno para aquellos que huyen del infierno. ¿Y el billón y medio de ahorros, puede tener mejor destino? El presupuesto de Comar no alcanza los 45 mdp.
“Sólo le pido a Dios/ que el engaño no me sea indiferente/ si un traidor puede más que unos cuantos/ que esos cuantos no lo olviden fácilmente…”. ¿Dónde quedó la tradición de apertura a los que huían de la España en llamas o de un Chile ensangrentado? “Sólo le pido a Dios/ que el futuro no me sea indiferente/ desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente…”. Además de violatorio de infinidad de normatividades sobre derechos humanos, lo que México está haciendo en el sur es una infamia. Los derechos humanos son allí algo muy concreto: una forma de respetar la vida. (Federico Reyes Heroles, Excélsior, Nacional, p. 6)
Hace casi exactamente 20 años, el 5 de septiembre de 2001, el presidente Vicente Fox visitaba Washington y era recibido en la Casa Blanca por su homólogo, George W. Bush. Ese día, el mandatario estadunidense dijo: “estamos forjando una relación que es única en el mundo, una relación de una intimidad y cooperación sin precedentes”. Horas después, el canciller mexicano anunció que se estaba tratando de lograr un amplio acuerdo migratorio, que se llamó popularmente “la enchilada completa”, sería el más amplio desde el plan bracero de los años 40. Menos de una semana después, todo se derrumbó y la relación bilateral tomó un rumbo completamente diferente.
La visita presidencial concluyó el 7 y el 11 de septiembre fue el ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono. En las horas posteriores al ataque, las divisiones en el gobierno mexicano provocaron que pasaran demasiadas horas hasta que hubiera una comunicación entre los presidentes Fox y Bush. Con el paso de los días, esa división interna en la administración Fox se profundizó, sobre todo entre el canciller Jorge Castañeda y el secretario de Gobernación, Santiago Creel, y luego con Adolfo Aguilar Zínser, quien sería designado embajador ante la ONU y por ende miembro por México del Consejo de Seguridad.
En Estados Unidos, la seguridad interna y la guerra contra el terrorismo cambiaron todo el escenario y las prioridades y llegar a acuerdos migratorios estaba fuera de cualquier agenda. Incluso la antinarcotráfico quedó supeditada a la antiterrorista. La relación entre Bush y Fox quedó, en buena medida, congelada.
México colaboró en estas dos décadas en muchos ámbitos en esa política de seguridad interna y global de Estados Unidos. El resultado es que, en 20 años, jamás se pudo utilizar a México como plataforma de ataques terroristas contra la Unión Americana a pesar de todos los desafíos de seguridad que hemos sufrido. Pero los costos han sido altos, desde una fuerte intervención por agencias de seguridad de Estados Unidos en nuestro país, hasta decisiones de política interna que afectaron seriamente a México, como la autorización para ventas de armas de asalto que libró el presidente Bush en 2004 (Bill Clinton las había prohibido diez años atrás) y que está directamente relacionada con el grado de violencia desarrollado por los grupos criminales en México desde entonces hasta ahora.
En 2016, el tema migratorio fue utilizado por el presidente Trump para su campaña y volvió a colocarlo como prioritario en la agenda bilateral. El gobierno de López Obrador, que comenzó su administración prometiendo fronteras abiertas y libre paso a los migrantes, muy pronto comprendió que eso era inviable, en términos internos y externos: para el país era una evidente vulneración de su seguridad nacional básica, para Estados Unidos un desafío político que Trump, que había hecho campaña promoviendo el muro con México, no podía aceptar. La política migratoria en nuestro país dio un giro de 180 grados. Pero los migrantes siguen llegando, y el arribo de Joe Biden a la Casa Blanca, que había prometido revisar las políticas migratorias de Trump, alimentó aún más ese flujo, aunque en los hechos no ha habido cambios notables al respecto en Estados Unidos.
Nadie sabe cuántos migrantes han llegado a México tratando de ir a Estados Unidos: la cifra más conservadora habla de unos 147 mil y la administración López Obrador ha deportado a unos 57 mil. Pero son decenas de miles más los que intentan llegar y otro tanto espera en la frontera norte para poder cruzar hacia la Unión Americana, que envía de regreso a México no sólo a los deportados, sino también a quienes esperan una respuesta de su solicitud de asilo o residencia. Y la frontera lleva más de un año cerrada.
Lo que hemos visto en Chiapas en días pasados es consecuencia directa de esa crisis migratoria y es reflejo también de muchas otras insuficiencias y desafíos. El flujo migratorio proveniente sobre todo de Centroamérica, Cuba y Haití, cada vez más es manejado por el crimen organizado, desde el Cártel Jalisco Nueva Generación hasta los Chapitos y otras organizaciones de Sinaloa, desde grupos relacionados con lo que fueron los Zetas y el Cártel del Golfo hasta haitianos que comienzan a ser relevantes en este sentido.
Haití está controlado por las bandas organizadas y el Estado está a punto del colapso. Esos grupos criminales son los que están manejando el tráfico de haitianos y más temprano que tarde tendrán que asociarse con grupos mexicanos, si es que no lo han hecho ya. No se trata sólo de cruzar la frontera: este fin de semana, por ejemplo, fueron liberados 162 migrantes secuestrados en una casa de Tamaulipas, a la espera de que sus familias pagaran rescate. Son miles los que viven esa situación.
Nuestras fuerzas de seguridad tampoco están preparadas para contener flujos como los que se han presentado en estos días. Y eso ha provocado violencia excesiva y manifestaciones de racismo inaceptables. Pero tampoco se puede permitir un paso abierto, generalizado y sin control en nuestras fronteras.
El 9 de septiembre reinician las reuniones del grupo de alto nivel México-Estados Unidos. La agenda migratoria no será la única, pero contaminará todo lo demás. (Jorge Fernández Menendez, Excélsior, Nacional, p. 10)
Este jueves en el Old Executive Building, el edificio contiguo al ala oeste de la Casa Blanca donde se encuentran las oficinas de la Presidencia de Estados Unidos, se llevará a cabo la primera reunión en cinco años del Diálogo Económico de Alto Nivel, que iniciaron los presidentes Barack Obama y Enrique Peña Nieto, que suspendieron Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, y que ahora se restablecerá para meter a México en el redil, o visto de otra forma, alinear las políticas de los dos países para lograr los objetivos planteados desde su fundación en 2013, en la definición de prioridades estratégicas y comerciales y la competitividad global de ambas naciones, mediante un plan de trabajo que se revisará con regularidad.
Desde que se instauró, el contexto se ha modificado. Peña Nieto y quien lideraba la delegación mexicana, el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, son ahora perseguidos en México por la Fiscalía General, mientras que quien encabezaba la estadounidense, Joe Biden, es ahora presidente y López Obrador, que hubiera preferido a Trump como homólogo, tuvo un mal arranque con él. En el sexenio pasado, las políticas estaban alineadas con los demócratas, como lo habían establecido en 2013. Actualmente, a México no le interesa la competitividad global y, por lo mismo, sus prioridades estratégicas y comerciales, que son endogámicas, discrepan de las estadounidenses. En muchos sentidos se dará una refundación del Diálogo Económico de Alto Nivel, o DEAN por sus iniciales.
No dejará de funcionar como el mecanismo político y diplomático que destrababa cualquier problema dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, antes de que llegara a una disputa legal, y revisaba periódicamente el estado de las relaciones económicas y comerciales. A partir del jueves, por los antecedentes, este órgano también será un instrumento de control y rendición de cuentas, donde se verán, entre otras cosas, los cambios de reglas en materia de inversión, que han causado fricciones y diferendos legales.
Aunque en este capítulo no hay modificación sino acotación, dentro de la ambigüedad de los intereses de cada nación, como se mostró desde el viernes pasado en la declaración de la Casa Blanca sobre la reunión del DEAN, se está buscando el reencauzamiento de la relación bajo términos distintos a como los ha estado planteando López Obrador, que cae de manera regular en la retórica pendenciera que utiliza ante audiencias domésticas, y que le han provocado varios extrañamientos y amagos de retaliación. Como principal pilar de este nuevo diálogo la Casa Blanca colocó algo inexistente en el pasado, la reconstrucción de la relación con México, que es el reconocimiento de lo mucho que se dañó durante los cuatro años de Trump.
Pero también, a diferencia de lo que se establecía en 2013, impactado por la extraordinaria pandemia del Covid-19 y la agenda estratégica de Biden, se añadieron tres temas novedosos. El primero, que no existía hace ocho años, la recuperación del coronavirus, el cambio climático –donde los dos presidentes están en las antípodas– y la cooperación en materia de seguridad. El primero y el tercer punto tienen que ver con la frontera entre los dos países, porque el énfasis en la contención de la migración en la frontera sur se ve en otras ventanillas que no necesariamente están en el DEAN, que está más en la seguridad nacional de Estados Unidos y en las decisiones de López Obrador que la han vulnerado.
Dos son fundamentales en este contexto. La apertura de la frontera a la inmigración, donde está el ingrediente de política doméstica que está impactando negativamente en la imagen de Biden y obligándolo a tomar decisiones migratorias similares a las de Trump, y el componente de eventuales terroristas que quieran cruzar la frontera norte de México, potenciado por el regreso de los talibanes al poder en Afganistán. Este último tema está vinculado con las restricciones que se impusieron a los servicios de información policial y de inteligencia desde el año pasado, que afectaron la cooperación que se había alcanzado en los dos sexenios previos.
El gobierno mexicano sabe del interés en estas prioridades desde la semana pasada, al pedir el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar –que estará en la reunión del jueves–, un encuentro del más alto nivel tan pronto llegue a este país con el Presidente para hablar precisamente de esos temas. La petición de Salazar fue transmitida por medio del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, sin saberse aún cuándo podría darse ese encuentro. Salazar, que tiene previsto aterrizar en la Ciudad de México el 13 de septiembre, trabajó en el gobierno de Obama y lo conoce bien Biden. Es un ambientalista y promotor de energías limpias, pero el énfasis que impondrá a la relación es el de la seguridad interna y nacional de Estados Unidos.
Salazar será presentado oficialmente a los mexicanos el jueves, pero la reunión la llevará la vicepresidenta Kamala Harris, que ya tuvo una diferencia con el presidente López Obrador en su última reunión virtual, que terminó zanjada de buena manera. El restablecimiento del DEAN será una llave que torcerá más la tuerca sobre el gobierno de México, que ha tenido que aceptar un mecanismo opuesto a la visión estratégica de López Obrador, como ya lo hizo en el tema de la contención de migrantes en la frontera con Guatemala, por la asimetría en la relación bilateral, una realidad a la cual no puede vencer la narrativa del Presidente ni alterarla.
El DEAN, sin embargo, puede ayudar a moderarlo, si no en su palabra, sí en sus acciones, y evitar que sus ocurrencias sigan dominando la vida pública y, sobre todo, las políticas públicas. Washington le ha impuesto un marco de referencia a la relación, pero si actúa con inteligencia y encuentra espacios en la adversidad, podrá sacar provecho para sus intereses y prioridades nacionales, siempre y cuando vuelva a ser el pragmático que hace unos años fue. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 32)
Vox y Morena son partidos que crecieron por la indignación antisistema y el desgaste de la democracia liberal. Comparten la exaltación del nacionalismo, la polarización como estrategia, la intolerancia frente al disidente, el sentimiento de superioridad moral y la religión como instrumento proselitista.
Cabe aclarar que, en el caso del populismo mexicano, la relación no es con el catolicismo realista, sino con grupos evangélicos vinculados a los que respaldan a Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil. No en balde López Obrador fue postulado e hizo alianza legislativa con el PES, cuya agenda antiderechos es idéntica a la de la ultraderecha española que visitó el Senado, y miembros de las iglesias que ese partido representa reparten casa por casa La cartilla moral.
Lo peor de la doble moral se ve en las fronteras. Si algo ha hecho crecer a la extrema derecha en Europa y Norteamérica es la fobia contra la migración indocumentada.
La política antiinmigrante de México la impuso Trump después de amenazar con imponer aranceles. Desde entonces, miles de militares persiguen, reprimen y detienen migrantes pobres que quieren seguir el camino de muchos mexicanos que van a EU buscando las oportunidades y la seguridad que no encuentran en su patria. Las desgarradoras escenas que hemos visto de la Guardia Nacional sometiendo familias haitianas es el trato que exige Vox en España para los africanos.
Así está la esquizofrenia: el oficialismo obradorista se desgarra las vestiduras por planteamientos extremos que el gobierno que respaldan está llevando a la práctica.
El fascismo promueve una ideología supremacista que promete el retorno a un pasado esplendoroso si la sociedad es protegida y purificada de razas, religiones, personas, prácticas e ideas que considera degradantes. Sus consecuencias han sido terribles para la humanidad. Acercarse a eso no sólo es aberrante, es un error político que permite al populista autoritario parecer el mal menor frente a sectores ilustrados que lo están abandonando.
La construcción de la alternativa a la 4T debiera partir de recuperar lo que este régimen está despreciando: la democracia, las libertades, la pluralidad, la tolerancia, la inclusión, el conocimiento, el Estado de derecho. En lugar de correrse al extremo, hay que ganar el centro. Eso sí suma. La división opositora juega a favor de la continuidad. (Fernando Belaunzarán, Excélsior, Nacional, p. 12)
Nació en Salamanca, España. Murió en Monterrey, con 66 años. Lo mató la soledad del exilio. En 1938 se ganó el futuro destierro al obtener el premio nacional de literatura por su libro “Poesía de la guerra española”.
De alguna manera, las migraciones, pequeñas y grandes, son parte de la historia de la humanidad. Desde aquella inicial que llevó a nuestros más lejanos antepasados a salir de África, hasta la que hoy es un insuperable caudal humano que busca vivir en el norte para aprovechar en migajas la riqueza que se ha construido con la explotación del sur. Toda migración queda marcada por el trauma de dejar la tierra originaria. Pueden pasar decenas de generaciones y encontrar una simple referencia al origen distante. Los ejemplos menudean en el lenguaje, comida o tradiciones.
Pedro Garfias Zurita, como León Felipe, Luis Cernuda y miles de españoles cruzaron el Atlántico para salvar sus vidas. Atrás quedaron: Antonio Machado, muerto en Francia, Lorca con su cuerpo perdido en Granada y Miguel Hernández, que solo vivió 31 años.
En octubre de 2020, el Papa Bergoglio, en su encíclica Fratelli tutti, señaló: “Tanto desde algunos regímenes políticos populistas como desde planteamientos económicos liberales se sostiene que hay que evitar a toda costa la llegada de personas migrantes. Al mismo tiempo se argumenta que conviene limitar la ayuda a los países pobres, de modo que toquen fondo y decidan tomar medidas de austeridad. No se advierte que, detrás de estas afirmaciones abstractas, difíciles de sostener, hay muchas vidas que se desgarran. Muchos escapan de la guerra, de persecuciones, de catástrofes naturales; otros, con todo derecho, buscan oportunidades para ellos y para sus familias, sueñan con un futuro mejor y desean crear las condiciones para que se haga realidad”.
Hace unos días, las pantallas de televisión se llenaron con las imágenes terribles de agentes del Estado mexicano tratando de detener a migrantes centroamericanos y caribeños. A todos impactó el odio de un agente fronterizo que pateaba la cabeza de uno de aquellos hombres que buscaban ingresar al país.
El migrante Garfias describió su arribo al puerto de Veracruz: “Derribadas las frentes, desgarrados los pechos, los hombres como arenas de cristales espesos y las mujeres altas como torres de hielo. ¿Qué éramos ante el signo de la mañana?… ¿Qué éramos? De pronto, se hizo añicos de luces el silencio y una gran muchedumbre de voces respondieron: ‘¡Viva la España libre!’… Las mujeres se irguieron y mostraron a sus niños como racimos tiernos. Los hombres restallaron como trigales secos, los ancianos lloraron… y todos comprendieron. ¡Éramos mexicanos! Campesinos y obreros abrían sus costados y sus brazos enérgicos. Y un hombre avizoraba gravemente a los lejos. Cárdenas, que tu nombre arda en todos los pechos como en todas las frentes el nombre de tu pueblo”. (Rubén Moreira, Reporte Índigo, Reporte, p. 7)
Pienso que el doctor Duerf, psiquiatra, no es alguien de confiar. Tiene en su consultorio un diván redondo para dos personas, forrado en terciopelo rojo, con colchón de agua y espejos en el techo y las paredes. No obstante esos indicios que a cualquiera harían concebir sospechas sobre el profesionalismo del analista, y pese a que sus dictámenes suelen ser muy radicales -“Tiene usted complejo de Edipo, don Fulánez.
No se acerque demasiado a su mamacita”-, el doctor Duerf cuenta con una clientela adicta y numerosa. Cierto día se le presentó una paciente nueva. Le dijo que sufría de continua ansiedad, estrés agudo, perpetuo surmenage, constante nerviosismo y angustia permanente. Luego le preguntó al doctor: “¿En qué consistirá su tratamiento?”. Explicó el facultativo: “Atacaré de inmediato la causa del problema”. Volvió a preguntar la mujer, interesada: “Y ¿en qué forma va usted a atacar a mi marido?”…
La Guardia Nacional es para México motivo de vergüenza internacional, por la brutalidad con que sus elementos tratan a los migrantes que ingresan a nuestro país por la frontera sur en su anhelo de llegar a la del norte. Especialmente los padres y madres con hijos pequeños sufren esos atentados contra los derechos humanos, derechos que parecen no existir en nuestro país. Sé bien que es grave y complicado el problema de las caravanas que intentan cruzar el territorio nacional para llegar a Estados Unidos.
Quienes forman esas dolientes procesiones, sin embargo, no son criminales: son hombres y mujeres que en su país de origen han sufrido miseria, hambre, persecución o amenazas de muerte, y que buscan desesperadamente ingresar a un soñado paraíso que sólo pueden alcanzar cruzando México.
Y resulta que el gobierno mexicano, al que la geopolítica y la economía tienen convertido en obsecuente servidor del país del norte, le hace el trabajo sucio a Biden, igual que antes se lo hizo a Trump, y entonces la Guardia Nacional se vuelve una vergonzosa extensión de la Border Patrol o de la Migra.
Lo ideal sería volver al tiempo en que México gozaba de prestigio universal por ser país hospitalario que abría sus puertas a los pobres y perseguidos del mundo. Si así fuera, las autoridades mexicanas no sólo permitirían el ingreso de los migrantes: les darían protección y ayuda hasta su llegada a la frontera norte; les proporcionarían albergue, alimentación y cuidados médicos en las ciudades fronterizas. Y allá nuestros vecinos con su problema. Claro: decir eso es muy fácil.
Se trata de un bello sueño irrealizable. Si tal hiciéramos irritaríamos al irritable Tío Sam, que con un movimiento del meñique nos dejaría sin comer, tan grande es nuestra dependencia de Estados Unidos. Siempre habrá migración, porque siempre habrá pobres y perseguidos. Cuidemos al menos de no tratar a los migrantes haitianos, cubanos o centroamericanos en la misma forma en que los yanquis han tratado a los migrantes mexicanos…
El padre Arsilio recibió un aviso: el obispo de la diócesis iba a hacer una visita a su parroquia. Recordó que al señor le gustaba comer bien, especialmente pescado, y fue al súper en busca de uno bueno. “Tengo este pendejo -le dijo el encargado-. Perdone, padre, pero así se llama este pescado: pendejo”.
Lo compró don Arsilio, y de regreso en la casa parroquial le pidió a sor Bette, la cocinera: “Guise usted este pendejo para el señor obispo. Y no se asuste: así se llama ese pescado: pendejo”. La noche de la cena el buen sacerdote le dijo al dignatario: “Sor Bette cocinó para usted este pendejo”. Comentó Su Excelencia: “Pues le quedó de poca madre el hijo de la chingada”… FIN. (Armado Fuentes Aguirre Mirador, Reforma, Opinión, P.11)
Fíjese usted lo que son las cosas, estimado amigo lector, las IDEAS y propuestas de Donald Trump son IDÉNTICAS a las del joven político español (45 años), Santiago Abascal Conde, cuya presencia en México hace días causó harta controversia y polémica.
Tanta, que hasta ameritó comentarios en su contra -y apelativos varios- por parte del Presidente López.
Tanto dirigidos a Abascal como a quienes lo invitaron a México.
Incluso, Abascal ha merecido críticas -en coincidencia con el Presidente- de varios destacados editorialistas de este su periódico.
En lo personal, a este su servidor le parece la presencia en México de Abascal Conde algo inconsecuente: después de todo, si puede venir a México como invitado de honor del Gobierno Evo Morrales, ¿por qué no ha de poder venir alguien que en España pugna por la UNIDAD española, está en contra del aborto, pide regular la inmigración ilegal y no negociar con los separatistas etarras?
En síntesis, las mismas cosas por las que abogaba Trump para Estados Unidos, sin que mereciera este último ataques ni vituperios por parte del Presidente de México.
Como dijo Voltaire: ¡No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte el derecho que te asiste a decirlo!
Son éstas tormentas en un vaso de agua, distracciones, cortinas de humo, ¿o qué no en las democracias se tolera el derecho a disentir, a expresar ideas sean populares o no, estén de moda o no lo estén?
Créannos, estimados lectores, que el señor Abascal y sus anfitriones nos vienen guangos, no los conocemos ni los queremos conocer, nos vale una pura y dos con sal si se juntan o no se juntan, si hablan o no hablan y si se fotografían o no lo hacen.
¡Vale mádere, no tiene importancia alguna!
En circunstancias normales éste no debería de ser para nada tema de discusión y/o indignación.
Y si lo es, es porque vivimos hoy en México en un ambiente sociopolítico crispado, agitado, acalorado, en el que vuelven a tomar importancia las geometrías de antaño, mismas que pensábamos ya superadas desde la caída del Muro de Berlín.
O díganos usted, amigo lector, ¿en qué país moderno y avanzando resulta tema de escándalo la vida social de un derechista o de un izquierdista?
¿Acaso alguien le lleva a Le Pen, en Francia, un calendario social o de visitas censurándolo porque habla con fulano o zutano, o porque visitó tal país o no?
¿Y si Abascal es tachado de fascista, por qué Trump y sus amigos (el Gobierno mexicano) no lo son si éste adelanta las exactas mismas ideas?
Nuestra modesta sugerencia para hoy, pues, estimados amigos es la siguiente: no gastemos pólvora en infiernitos.
No desperdiciemos tiempo ni saliva en discusiones estériles.
No entremos al juego de las geometrías en las que, como hace medio siglo, se disputaban la supremacía de la verdad la “izquierda” (comunistas) y la “derecha” (capitalistas).
Esa contienda ya se agotó, se agotó el día en que dejó de existir la Unión Soviética: en el mundo moderno no aplica, no importa, no es tema.
Los temas son otros: sustentabilidad, apertura comercial y de inversión, globalización, medio ambiente y su protección, energía limpia, acceso universal a la atención médica, equidad de género, tolerancia, fortalecimiento institucional y democrático, transparencia, libre flujo de información, inteligencia artificial, desarrollo tecnológico, educación de vanguardia para todos, eficiencia, competitividad, uso racional de los recursos naturales, modernización agraria, y así por esta vena.
Que si fulano o zutano caminan por la acera izquierda o derecha, ¿a quién le importa?
Solo a alguien obsesionado con temas “passé” que hoy día no poseen en sí ninguna importancia o trascendencia.
Salvo a quienes, anclados en el pasado, pretenden armar la DIVISIÓN social creando delineaciones artificiales para crear, como pronosticaba George Orwell, una casta burocrática “superior” que domina a todos los animales de la granja.
La diversidad enriquece, la diversidad es buena, las diferencias de opinión es lo que justifican las carreras de caballos: si acaso vivimos en una democracia, la pluralidad de pensamiento y de expresión son lo que la fortalecen.
Ahora que si ya México ha dejado de ser una democracia y este hecho nos pasó de noche, pues entonces habrá que reformular todo.
Por lo que, estarán de acuerdo, amables lectores, quién vino o quién no vino al País, y qué creen o no creen los visitantes, es el menor de nuestros problemas.
En suma, con la violencia, con los migrantes que nos inundan, con Estados Unidos empleándonos -gracias a Trump- como estacionamiento de sus rechazos fronterizos, con la economía empinada, con la creación de empleos anémica, con la quiebra de PEMEX, malas inversiones del Gobierno, inversiones improductivas, inminentes ALZAS descabelladas de impuestos y demás broncas que acarreamos, ¿qué tal si mejor discutimos lo que de veras importa? (Manuel J. Jáuregui, Reforma, Opinión, P.12)
Evitamos la información que nos obligaría a enfrentarnos a nuestras ambigüedades morales; nos saltamos las noticias sobre el trato a los niños inmigrantes en los centros de detención para no tener que pensar en el hecho de que hemos dado nuestro apoyo a un Gobierno que trata a los niños de esa manera. Esther Duflo y Abhijit V. Banerjee, en Buena economía para tiempos difíciles (2019).
Las imágenes y videos de los “rescates humanitarios”, llamados así por la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración, también llamadas “cacerías”, de acuerdo con periodistas y personas defensoras de derechos humanos que se encuentran documentando las Caravanas migrantes, nos vuelve a enfrentar como nación respecto a cuál es la mejor manera de afrontar los problemas: desde el horror y la inhumanidad o desde la bondad y el respeto de los derechos humanos.
La primera visión, al igual que la Guerra contra las Drogas, proviene de una política global encabezada por los países más ricos o de renta alta. ‘Contener’ a toda costa la movilidad de las personas más pobres, criminalizándolas, despreciándolas y segregándolas por medio del despliegue de prejuicios, llamándolos ‘violentos, violadores y asesinos’, ‘flojos e improductivos’. O creando una distinción entre el ‘migrante bueno’ con estudios y dinero en el bolsillo y el ‘migrante malo’ que en la mayoría de los casos no les queda nada material, más que la esperanza de pasar la frontera para evitar la muerte.
Una política compartida, entre los Estados Unidos y México, que permite que las fronteras estén abiertas a las armas, a la trata de personas, al dinero sucio y a la ilegalidad, y se cierran ante las personas que huyen de la violencia criminal y los gobiernos fallidos. Se migra por la impunidad, la pobreza, la violencia, la discriminación y, cada vez con más frecuencia, a causa del cambio climático. No olvidemos que una buena parte de la crisis migratoria se está dando por el paso de los huracanes y tormentas que han pegado con fuerza en Haití, Guatemala, Honduras y El Salvador, lugares donde cientos de miles de familias han perdido todo, incluyendo grandes áreas de cultivo.
Contener, también a través de acuerdos internacionales que, fuerzan a países como México, a convertirse en cazadores de migrantes ante las amenazas de aplicación de aranceles o de no recibir las vacunas contra el COVID-19, como lo hizo el ex presidente Trump durante su mandato. La cada vez más alta dependencia de las remesas estadounidenses, pone aún más en problemas al gobierno mexicano y lo deja en una posición de desventaja ante cualquier intento de cambiar la política migratoria que le imponen los Estados Unidos.
No nos engañemos, todas las personas podemos convertirnos en migrantes. La crueldad de las políticas migratorias globales nos confrontan con nuestra humanidad con dureza, no podemos ser testigos mudos de las humillaciones que ponen en entredicho la justicia, la solidaridad y nuestra propia bondad.
Afortunadamente, por otro lado, periodistas y personas defensoras de derechos humanos siguen siendo un faro moral que trabaja para detener los abusos y, cuando los hay, puedan ser documentados para que estos actos puedan ser juzgados. Trabajar por medio de la bondad y poniendo por encima a la dignidad humana por sobre cualquier razón.
Personas que saben que migrar es parte de la vida, demostrando con estudios académicos los beneficios que tiene la migración en los lugares donde las y los migrantes son acogidos con humanidad y, también, para aquellos países de donde provienen (remesas). Que exigen tanto a los Estados Unidos como a México, no concentrar sus recursos en detener estas pequeñas Caravanas sino en detener a las mafias que se asocian con las autoridades migratorias de ambos países, obteniendo ganancias de cientos de millones de dólares productos de la corrupción y la trata de cientos de miles de personas al año. Que piden un combate frontal al lavado de dinero y contra las instituciones bancarias que lo consienten y lo auspician.
Desde este espacio, manifiesto todo mi reconocimiento a todas aquellas personas que acompañan las Caravanas con una inmensa bondad. Aquellas que comparten sus alimentos, como las Patronas; las ONG´s que caminan a su lado y les dan refugio en los albergues; a todas aquellas que acompañan a las víctimas a exigir justicia ante las Fiscalías; y, aquellas y aquellos periodistas, como los de esta casa editorial y como Alberto Pradilla, de Animal Político, que a través de su cobertura nos provocan una profunda indignación, pero sobre todo un llamado urgente a la acción e implicarnos en la solución del problema. (Alberto Galarza, El Universal, Opinión, Online)
Para los migrantes varados en Chiapas la situación no puede ser peor. La situación en la frontera sur luce desbordada, las autoridades rebasadas y los migrantes desesperados. Un ligero alivio en la situación se dio apenas ayer, cuando cientos de personas recibieron atención médica; los especialistas coincidieron en que su situación es deplorable, como consecuencia de vivir en la calle. Muchos de quienes ingresan al país para adquirir el status de refugiado o para obtener un salvoconducto que les permita el tránsito a la frontera norte llevan días a la intemperie, de acuerdo con testimonios de familias haitianas, venezolanas y centroamericanas.
Luego de que los intentos por salir en caravana han sido contenidos mediante el uso excesivo de la fuerza que ejercen agentes migratorios mexicanos, grupos de haitianos realizaron en Tapachula una protesta para exigir a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados la agilización de sus trámites. La manifestación se dio —por supuesto— bajo la vigilancia de elementos de la Guardia Nacional.
El manejo que se ha dado al fenómeno migratorio ha sido reprobado por organizaciones de apoyo a migrantes y por activistas de derechos humanos. Consideran que existe un muro con esencia militar levantado en la frontera sur para detener los flujos migratorios de los sectores más vulnerables, sin que haya un llamado a elementos de las distintas instancias participantes para evitar violaciones a los derechos humanos.
El país está actuando de la misma forma que tanto se criticó a Estados Unidos. ¿Con qué autoridad se podrá reclamar ahora o en el futuro un eventual maltrato a mexicanos que cruzan sin documentos a Estados Unidos? En lo que va del actual gobierno casi 400 mil migrantes han sido arrestados.
Es claro que México no tiene por qué enfrentar solo el problema; la colaboración de países centroamericanos y de Estados Unidos (a donde los migrantes desean llegar) es necesaria, pero las señales que se envían parecen comunicar que no es un tema prioritario para ninguna de las naciones involucradas.
En medio de la tensión creciente y de las demandas para que no se repitan los abusos de agentes migratorios, no asoma un mínimo sentimiento de apoyo por cuestiones humanitarias. En definitiva, los migrantes se encuentran en el peor de los escenarios. (El Universal, Editorial, p.12)
Cada vez son más las personas que dejan el lugar de su residencia para irse a vivir a otro lugar dentro o fuera de su país.
El número de migrantes internacionales aumenta. En 1995 fueron 161 millones de personas o el 2.81% de la población mundial; en 2000 aumentó el número a 174 millones o el 2.83%; en 2005 ya eran 192 millones o el 2.93%; en 2020 se incrementó a 221 millones o el 3.17%; en 2015 ya sumaban 249 millones o el 3.37% y, en 2020 ya eran 281 millones de personas o el 3.60% de la población. Y, de acuerdo a los expertos, en 2021 el número será aún mayor.
¿Quiénes son estas personas y cuál es su situación?
52% del total son hombres, 48% son mujeres.
74% tienen entre 20 y 64 años de edad.
4.5% son niños y adolescentes.
20.4 millones son refugiados bajo el mandato del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR).
5.5 millones son refugiados bajo el mandato de Organismo de Obras Públicas y Socorro para los Refugiados de Palestina de la ONU (OOPS).
52% de los refugiados, es decir 13.5 millones de personas, tienen menos de 18 años.
Con 17.5 millones de personas que dejaron su país India es el origen de la mayoría de migrantes internacionales. Después, con 11.8 millones sigue China y en tercer lugar está México, con 10.7 millones.
50.7 millones de migrantes internacionales viven en EU; 90.3 millones en Europa; 140 millones en países de Latinoamérica, Asia y África.
La mayoría de los migrantes internacionales nacidos en Europa, África y Asia residen dentro de sus regiones de nacimiento, la mayoría de los migrantes de América Latina, el Caribe y América del Norte viven fuera de sus regiones de nacimiento.
En 2020 el número de desplazados internos debido a la violencia y los conflictos llegó a 41.3 millones, el más alto desde que este dato empezó a registrarse en 1998.
Con 6.1 millones de personas, Siria tuvo el mayor número de personas desplazadas, seguida por Colombia, con 5.8 millones, y la República Democrática del Congo con 3.1 millones.
En América Latina y el Caribe la mayoría de los nuevos desplazamientos internos se debieron a la violencia y el conflicto, no a desastres. El Salvador, con 246,000, y Colombia, con 145,000, registraron los números más altos de nuevos desplazamientos internos, la mayoría de ellos por violencia y conflicto en ambos países. Con 11,000 nuevos desplazamientos por violencia y conflictos, México registró el tercer número más alto.
En 2020, los cinco principales países receptores de remesas en dólares fueron India (83,000 millones), China (60,000 millones), México (43,000 millones), Filipinas (35,000 millones) y Egipto (30,000 millones).
La migración internacional y los desplazamientos internos van en aumento y nada indica que vayan a reducirse en el corto plazo.
El fenómeno está impulsando sentimientos antiinmigrantes en la mayoría de los países que reciben a las personas que dejan sus países de origen.
Muros, expulsiones y deportaciones masivas, encierros en campos de refugiados que más parecen de concentración, son algunas de las medidas que están adoptando los países receptores, entre ellos México, para enfrentar la situación, no para resolverla.
Dudo que los países se pongan de acuerdo para resolver el asunto y por eso seguirá complicándose la situación. (Eduardo Ruiz Healy, El Economista, Política, p. 45)
No es la primera y seguramente no será la última vez que el actual presidente de la República presuma como logro de su gobierno lo que en realidad se trata de un gran fracaso de México como país, el de hoy y el de antes: el incremento récord en el envío de remesas de mexicanos trabajadores, indocumentados o legales, en Estados Unidos.
En su tercer informe oficial de gobierno, Andrés Manuel López Obrador afirmó que las remesas “han crecido como nunca las aportaciones que realizan nuestros paisanos migrantes a sus familiares en México. El año pasado las remesas se elevaron a 40 mil 600 millones de dólares y en este año estimamos, de acuerdo al comportamiento hasta el día de hoy, que superarán los 48 mil millones de dólares, es decir, 18% más “, presumió.
Sin necesidad de ser economistas, quienes nacimos y vivimos en regiones expulsoras de migrantes (“mojados” se les llamaba acá) sabemos que nuestros parientes, amigos y conocidos se iban (van) “al Norte” porque aquí no encuentran empleo, en la mayoría de los casos, o porque los empleos que se les ofrecen no les alcanzan para sus familias, o en busca de un mejor nivel de vida y también algunos aventureros. Pero, irse a Estados Unidos era la última opción en la mayoría de los casos.
El candidato López Obrador lo sabía: “No es posible que los migrantes mantengan regiones de México con sus remesas. Ahora resulta que quienes se fueron por no aguantar lo que aquí tenían son los que hagan caminar al país”, escribió en un tuit en el 2016, cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto informó sobre el monto de las remesas ese año. Ya lo olvidó, así le conviene.
Los mexicanos comunes saben que gastar dinero beneficia a la economía. El dinero debe circular, -rodar, por eso es redondo, decían los viejos-, se debe gastar para que produzca beneficios colectivos. En las regiones de migrantes sabemos que cuando llega el dinero del Norte, la familias beneficiadas pagan a sus acreedores, compran en los diversos comercios, invierten en sus casas o en sus tierras, ahorran; le apuestan al presente y al futuro, activan la economía de la región.
De acuerdo con las estadísticas disponibles (2019) hay unos 36 millones de personas en Estados Unidos de origen mexicano, el 63% de los latinos, entre legales e ilegales y unos 12 millones eran migrantes. De todos ellos provienen la remesas, obtenidas la mayoría en trabajos que (Fox dixit) ni los negros aceptan, pero necesarios para las economías de dos países. Sí, la economía de Estados Unidos también se beneficia con el trabajo de los migrantes, incluidos los centroamericanos y caribeños a quienes hoy se reprime en la nueva frontera estadunidense: Chiapas.
Acá en zona de migrantes, presumir el récord de remesas como un logro gubernamental se llama “saludar con sombrero ajeno”. Tal vez los economistas al servicio del señor presidente de la República encuentren mejores conceptos o consideren ya las remesas como parte de Inversión Extranjera Directa; no, de acuerdo, pero ¿qué tal Inversión Extranjera Indirecta? ¿A poco no sería un éxito inventar nuevos conceptos? En realidad, lo que tratan es de “normalizar”- como se dice hoy en lenguaje incluyente, inclusivo, políticamente correcto o simplemente estúpido- el envío de remesas como un éxito de la economía nacional, que expulsó a los migrantes. (Gerardo Galarza, El Sol de México, República, p. 5)
El presidente destacó una vez más que el monto récord de remesas de 4,500 millones de dólares en julio fue un logro de su gobierno, señalando que “las remesas llegan a las comunidades más pobres… esta derrama es la esencia de la estrategia oficial contra la crisis”. Fanfarroneando, espetó a “sus adversarios” con su vulgar lenguaje de rufián callejero: “¡Tengan para que aprendan!”.
Es evidente que si los paisanos incrementaron el envío de remesas a sus parientes en México ha sido por estas razones: A) la cuantiosa inyección de recursos para las familias que hizo el gobierno de Biden como parte del gasto anticíclico para combatir la recesión; B) esto resultó en una vigorosa recuperación de la economía estadounidense que les permitió a los paisanos retener o recuperar su empleo; C) el esfuerzo y la solidaridad con sus receptores mexicanos para apoyarlos en la pérdida de ingresos y empleos por una política gubernamental equivocada para paliar la crisis. Así que el incremento en las remesas es mérito de la decisión de los propios paisanos y de la política de gasto fiscal de Estados Unidos. Si este año las remesas alcanzaran 48,000 millones de dólares como se estima, Biden habrá contribuido más a la recuperación de las familias mexicanas que López Obrador.
Ya que hablamos de remesas, conviene aclarar algunos mitos sobre éstas. Jesús Cervantes, quien por años fue el responsable en el Banco de México de las metodologías, medición y análisis de remesas, y ahora lo hace desde el CEMLA, ha desmitificado con claridad estas ficciones. Primero, se ha dicho que, de acuerdo con datos de la ENIGH del INEGI, un monto muy reducido de las remesas llegó a las familias mexicanas. Esto es un error, pues la ENIGH se basa en encuestas mientras que la medición de remesas se hace con minuciosos registros de salida y recepción del dinero. La subestimación de la ENIGH de los ingresos familiares es un problema añejo que sobrestima la pobreza. Así, sin duda, los 40,600 millones de dólares de remesas en 2020 llegaron íntegramente a su destino de las familias en México.
Una segunda falacia es pensar que las remesas se utilizan para lavar dinero del narcotráfico. El promedio de una remesa es cerca de 400 dólares. Sería absurdo pensar que el crimen organizado lava dinero de manera hormiga, realizando millones de operaciones de remesas lo que requeriría amplias redes en ambos lados de la frontera. Lavar dinero a gran escala es más eficiente.
Finalmente, Cervantes, en el reciente News del IMEF (no. 28, en www.imef.org.mx), señala que los remitentes de remesas, contrario a lo que se cree, no son exclusivamente hombres. El autor aporta evidencia de envíos por género, y encuentra que el 25% de las remesas a México fueron enviadas por mujeres. Pero también en la recepción: el 64% del total fueron mujeres. Esto es evidencia del creciente empoderamiento del sexo femenino en el envío de remesas. Poder económico que no logran las mujeres en México al haber sido las más afectadas en su empleo debido a la pandemia, además de otros problemas no resueltos como los feminicidios. (Federico Rubli Kaiser)
Considera conveniente que las autoridades hablen con migrantes
La situación de los migrantes en Tapachula, Chiapas, y las graves afectaciones a sus derechos humanos en el afán de contenerlos, por parte de los grupos de seguridad, es inaceptable y alejado de la inicial propuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
El fenómeno se desborda ante la falta de soluciones, y los migrantes viven en la incertidumbre de lo que les espera. Nadie sale de su país por gusto, es por necesidad ya sea económica, inseguridad, violencia, etcétera.
Es indispensable que se hable con los migrantes, se les explique la situación, lo que México puede ofrecer y los conflictos que enfrenta, además, escuchar a los migrantes, sus propuestas y acordar soluciones.
Pero no deben hacerlo el Instituto Nacional de Migración, la Guardia Nacional, ni el gobierno de Chiapas. Sugiero que autoridades (por ejemplo Alejandro Encinas) y organizaciones no gubernamentales hagan de los derechos humanos su quehacer. Plantear soluciones y sancionar sin distingo la corrupción y la violación a los derechos humanos, vengan de donde vengan.
Cuando se analiza el problema de la migración hay un punto general y visible. La falta de desarrollo humano integral en equis país provoca desplazamientos, pero existen otros factores.
Las ONG creen que vigilar el buen trato y el respeto a sus derechos humanos resuelve el problema, cuando éste es más complejo. Algo de utilidad hay, pero no van a los orígenes en los gobiernos de esos países, en la despreocupación ante lo que acontece en los sectores más desprotegidos.
La verdadera solución es de largo alcance, y en estos tiempos es difícil, al tratarse de un problema sistémico; es decir, propio del capitalismo. La riqueza que generan los trabajadores se la queda el capital. La desigualdad social en su máxima expresión.
Si los países expulsores de migrantes dieran respuesta mediante trabajos bien remunerados, acceso a la vivienda y alimentación; es decir, ofrecieran una forma honrosa de vivir, las caravanas migratorias disminuirían, pero las garantías del goce pleno de todos los derechos sólo se lograría con la lucha por un sistema anticapitalista, impulsado por los propios migrantes junto con organizaciones que buscan un mismo fin común: el progreso social. (Ana María Aragonés y Luis Langarica, La Jornada, p. 2)

(Xolo, 24 Horas, La dos, p. 2)

(Magú, La Jornada, Política, p. 5)

(Helio Flores, El Universal, Opinión, p. 13)