Ayer el Presidente lo volvió a decir, pero ha sido el discurso del gobierno desde que cediera al chantaje de Donald Trump para volvernos el muro de contención de la ola migratoria en nuestra frontera sur: los estamos protegiendo, porque el viaje hasta EU está lleno de peligros.
El discurso de frontera abierta, visas humanitarias o de trabajo cayó por su propio peso. Quienes toman la decisión de migrar en su mayoría es porque quieren llegar a EU, donde tienen amigos o parientes que ya viven allá.
Y por otro lado, había que demostrar que algo se estaba haciendo en la frontera sur para que los vecinos del norte no se molestaran.
Pero la verdad es que el asunto de la contención, Guardia Nacional e Instituto Nacional de Migración abusando de migrantes, es más un trágico espectáculo para mostrar a Washington que una medida eficaz o eficiente. Los números de migrantes detenidos en la frontera así lo muestran.
Como lo muestran los mismos datos que ayer dio el Presidente de migrantes “rescatados” en varios estados mexicanos que estaban atrapados por las organizaciones delictivas de traficantes en espera de pagos por su traslado.
La inmensa mayoría de los migrantes llegan a México gracias a un aparato criminal de tráfico de seres humanos bien organizado, muy caro para quienes lo usan, en acuerdos de complicidad con instituciones de todos los niveles de gobierno en varios países.
De hecho, las caravanas, y ahora las de haitianos con mayor razón, son en su mayoría las integradas por migrantes con menos recursos que no tienen para pagar los miles de dólares que cobran las organizaciones criminales, dizque asegurando una llegada a la frontera, y piensan que agrupándose para cruzar México se protegen mejor y, hasta hace poco, impedían la acción de la autoridad.
Detener a madrazos un par de caravanas de unos cientos es un vergonzoso espectáculo que servirá para el jueves presumirlo en la reunión de alto nivel en Washington, pero ambos gobiernos deben entender que eso no cambiará la realidad de un problema que necesita de políticas públicas diferentes, presupuesto diferentes, visiones diferentes a la de la inútil “contención”, porque si no, todo seguirá siendo igual y la crisis solo será cada vez mayor. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
La Suprema Corte de Estados Unidos le pide al Gobierno del presidente Biden que continúe con el programa “Quédate en México”.
Acto seguido la Casa Blanca emite un comunicado anunciando que acata la decisión, pero muestra su enfado por la resolución judicial.
Pocas horas después, la oficina de Joe Biden le solicita al Gobierno del presidente López Obrador que desmantele los albergues fronterizos donde se encuentran los solicitantes de asilo que esperan el resultado de su petición al gobierno estadounidense. La Casa Blanca apunta motivos de seguridad, la realidad: una respuesta de enfado en contra de la Corte Suprema.
Si el Gobierno del presidente López Obrador llegara a quitar los albergues, ¿dónde esperarían los solicitantes de asilo mientras el gobierno emite los resultados?
La triangulación retrata una clara injerencia de la Suprema Corte de Estados Unidos en México, o si se prefiere, los jueces ubican la frontera mexicana como el limbo mágico donde manos amigas e invisibles atienden a miles de personas aportándoles techo, comida y seguridad.
Roberto Velasco, jefe de unidad, pero en realidad subsecretario para América del Norte en la SRE, respondió el sentido del fallo de la siguiente manera: “El gobierno de México no se posiciona con respecto a dicho fallo, no obstante, la Secretaría de Relaciones Exteriores enfatiza que una decisión judicial de ese tipo no obliga a México, y que su política migratoria se diseña y ejecuta de manera soberana. En consecuencia, el fallo de la Suprema Corte de los Estados Unidos no tiene una implicación directa en la gestión migratoria del Gobierno de México”.
Velasco agregó en la respuesta que para dar cauce a la resolución de los jueces su oficina entraría a un diálogo técnico con el gobierno de los Estados Unidos.
Por las escenas que se han visto en las últimas semanas donde miembros de la policía militarizada y agentes del Instituto Nacional de Migración detienen y golpean a migrantes centroamericanos en la frontera con Guatemala, los acuerdos que heredó Trump a Biden en materia migratoria con México se encuentran vigentes.
El presidente Biden se encuentra en medio de dos paredes movedizas que se desplazan en dirección de su persona: la Suprema Corte le obliga a continuar con el programa que él intentó desaparecer, y el presidente López Obrador le pide que entregue visas y dinero para el desarrollo centroamericano.
La Corte Suprema de Estados Unidos, a través del fallo a favor del programa “Quédate e México”, le entrega al presidente López Obrador un activo político suntuario e intercambiable. El presidente mexicano lo está utilizando para presionar a Biden, y lo está haciendo todos los días, inclusive por escrito.
Lo que no está tomando en cuenta el político mexicano es la relación de Estados Unidos con Honduras, El Salvador y Guatemala. El tema de la corrupción atraviesa los intercambios políticos de Centroamérica con Estados Unidos.
Kamala Harris lo sabe. Desde el Capitolio, existe presión para que el presidente Biden no entregue un solo dólar a los gobernantes centroamericanos.
El salvadoreño Nayib Bukele se encuentra en plena mutación autoritaria para desmantelar el poder Judicial. La semana pasada, sus jueces le permitieron la reelección en contra del artículo 8 de la Constitución, que obliga a una insurrección en caso de que sea violado ese artículo.
Con el hondureño Juan Orlando Hernández, ni hablar. Sus posibles vínculos con el narcotráfico impiden que se convierta en un interlocutor con Washington.
Giammattei, presidente de Guatemala, tampoco pasa por el mejor momento.
¿Con quién va a negociar Estados Unidos los fondos de ayuda para el desarrollo de Centroamérica? Queda claro que a AMLO solo le interesa el sur de México. No más. (Fausto Pretelín, El Economista, Geopolítica, p. 41)
Plan migratorio
Una apuesta lleva el gobierno mexicano al Diálogo Económico de Alto Nivel con EU, este jueves: el Plan Migratorio en Centroamérica, el cual busca canalizar recursos de nuestro vecino del norte hacia los países de la región, para la generación de empleos y programas de desarrollo. El canciller Marcelo Ebrard confía en una respuesta positiva del gobierno de Joe Biden.
Esteban amarra acuerdos
Por cierto, la embajada de México en EU, encabezada por Esteban Moctezuma, renovó con las autoridades de Washington los acuerdos de protección a los derechos laborales de trabajadores mexicanos. Con ese pacto se busca combatir abusos en centros de trabajo contra los connacionales y darles seguridad jurídica, sin importar su condición migratoria. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
La paradoja presidencial
El presidente López Obrador augura una nueva etapa en la migración, una vez que Estados Unidos comprenda que se deben atender las causas del fenómeno y no sus efectos y actúe en consecuencia.
Según el mandatario a partir de mañana, cuando una delegación mexicana encabezada por Marcelo Ebrard llegue a Washington las cosas comenzarán a cambiar.
Tal vez sí, pero eso puede ocurrir pronto o a largo plazo.
Lo real, lo que está ocurriendo justo ahora, es que la ciudad de Tapachula y sus inmediaciones se ha convertido en escenario de todo tipo de historias de terror.
La situación se complica día con día, la tensión aumenta y el peligro de un estallido violento está presente. México hace cosas buenas que parecen malas.
El presidente sostiene que lo que está haciendo el gobierno mexicano en realidad es brindar protección a los migrantes, en una paradoja que casi nadie entiende. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
Las imágenes se repiten una y otra vez. No dejan de aparecer. Son reflejo del drama. La crisis migratoria está a las puertas de nuestro país. La frontera sur de México vive una tragedia humanitaria que no se originó en nuestro territorio, pero habita en él.
Videos y fotografías de personas tratando de sobrevivir, se viralizan. La tecnología nos ha acercado al dolor de miles de hombres y mujeres que, por la violencia, pobreza o marginación, se ven obligados y obligadas a salir de su país. La migración no documentada se constituye como un fenómeno social que debe ser objeto de nuestra reflexión para generar entornos más justos.
La realidad de este tipo de migración no es desconocida para nosotros. Una y otra vez hemos escuchado historias relacionadas con los horrores que viven quienes están en tránsito. Esta situación implica que grupos organizados que operan fuera de la ley encuentren áreas de oportunidad para lucrar con el dolor y la necesidad de miles de personas. Dichos grupos o mafias ofrecen a través de redes sociales como Facebook y Tik Tok servicios para “ayudar” a cruzar la frontera de manera “segura”, atrayendo clientes por medio de videos e imágenes; vendiendo la idea del “sueño americano”.
Los “servicios” que estas mafias ofrecen son: alimentos, hospedaje, cruce de Centroamérica a México, llegar a la frontera norte del país, el pago de “derecho de paso” al narcotráfico y cruzar hacia Estados Unidos bajo la guía y protección del traficante. Estos servicios varían dependiendo la cuota que se paga. Los “paquetes” van desde los 9 mil hasta los 14 mil dólares americanos, dependiendo de la ruta y la extensión de esta.
***
Lo que no se ha viralizado es la situación de centenares de niñas y niños cuyos padres se ven forzados a mandarlos con estos grupos mafiosos y así tratar de asegurar el cruce a la frontera de EU. Lo grave de esta situación es que estas niñas y niños son enviadas y enviados con personas adultas desconocidas que pagan por tener la compañía de algún menor de edad, pues el contar con la presencia de alguno puede ser una ventaja en caso de que las autoridades migratorias aparezcan a lo largo del camino. Esta situación hace que los menores se vean violentados en sus derechos y sean sujetos de sufrir abusos al ser literalmente entregados a personas desconocidas.
Esta vulnerabilidad sigue en la implementación de medidas adoptadas por diferentes autoridades migratorias que han decidido separar por grupos a mujeres, hombres y menores de edad para evitar y/o contrarrestar la actividad delictiva.
Como sociedad estamos llamados a la creación de realidades más justas, humanas y solidarias, hoy tenemos frente a nosotros una oportunidad para trabajar y acompañar a estas personas que merecen nuestra atención. Como país, necesitamos el esfuerzo regional. México no puede solo, como tampoco EU, ni los países centroamericanos. (Saskia Niño de Rivera Cover, EL Universal, Opinión, p. 10)
¿No hay nadie entre ustedes que se atreva a condenar las violaciones a los derechos humanos que hemos presenciado con los migrantes? Preguntamos, hasta tres veces, a un nutrido grupo de senadores de Morena.
Nadie tuvo el atrevimiento. Se quedaron mudos. Le tienen más lealtad al Presidente que a sus conciencias.
Uno de ellos, César Cravioto, intentó treparse en el tema para echarle porras a AMLO. Usó el programa ¡Sembrando Vida! Para respaldar su afirmación de que no se violan los derechos humanos de haitianos y centroamericanos que dejaron su país en busca de una vida digna.
El hecho ocurrió en la conferencia de prensa a la que los morenos convocaron en el Patio del Federalismo del Senado para hablar de la “doble moral” del PAN y su “acuerdo” con la ultraderecha española. Hasta el nombre de Hitler salió a relucir. Ninguno mostró indignación por lo que ocurre en el sur del país. ¿Se les habrá olvidado lo que sienten con el trato que los migrantes mexicanos reciben en Estados Unidos?
Seguro estoy de que muchos de ellos no están de acuerdo con lo que ocurre. Conozco a algunos de los senadores presentes. La defensa de los vulnerables es una causa de la izquierda. Pero le temen a AMLO. Se quedan mudos. Vergonzoso silencio.
*Uno de los que sí defienden la política migratoria del régimen es César Cravioto, suplente de Martí Batres. Ya dijimos que se trepó en el tema para echarle porras a ¡Sembrando Vida! Nunca más cierto aquello de que “de tal palo, tal astilla”.
En su evasiva, Cravioto le copió el discurso al Presidente:
“La única manera de acabar con la violencia y mitigar la migración es que los pueblos tengan mejores condiciones de vida en sus territorios.
“Es lo que estamos haciendo con el programa Sembrando Vida. Veinte millones de mexicanos ya están teniendo ese programa y lo que se quiere es que se corra el programa a Centroamérica. Ésa es la política de un gobierno que, justamente, piensa en los derechos humanos”.
Cero menciones a las patadas a migrantes en el piso, a las madres que son separadas de sus hijos, al hacinamiento en centros migratorios, a las condiciones infrahumanas en las que viven, de la eternidad para que les den un papel que legalice su estancia, a ese cadáver que es la CNDH…
La extraviada respuesta me llevó a preguntar una segunda vez: ¿Entonces no hay nadie de ustedes que se atreva a condenar lo que hemos visto? Otra vez el silencio se cubrió con la voz de Cravioto. Volteó hacia el reportero y dijo: “Ésa es su labor y ya la está haciendo. La nuestra es hablar de las políticas de este gobierno, entre otras, apoyar a los migrantes… Quiere que diga lo que usted quiere”.
Los vericuetos de Cravioto me obligaron a preguntar por tercera vez: ¿Condenan o no?
De la nada volvió a la ultraderecha española. “Así como usted no condena la firma del PAN con Vox”, dijo.
-¿Quién lo dice? —pregunté. Y le sugerí que leyera la columna que en este espacio escribí el pasado sábado bajo el título “El tufo franquista en la Iberósfera”. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Urge nueva política migratoria// Es tiempo, dice López Obrador// Inconstitucional, criminalizar el aborto
Mientras no resuelvan los problemas que originan la emigración masiva (aquí y en todas partes del planeta) no cesará el flujo de personas en busca de mejores niveles de bienestar y seguridad que les son negados en sus naciones de origen. De acuerdo con la ONU, la estimación más reciente sobre el particular (2019) dio cuenta de la existencia de 272 millones de migrantes internacionales, y contando, equivalentes a 3.5 por ciento de la población mundial.
Ante este delicado panorama, y con base en lo que México enfrenta por estos días, el presidente López Obrador envió una carta al mandatario estadunidense, Joe Biden, en la que subraya la importancia de iniciar una nueva etapa en política migratoria, porque la gente tiene que optar por emigrar, pues no tiene opciones, no hay esperanzas en sus pueblos; entonces ya es tiempo, donde lo fundamental sea el desarrollo de los pueblos, su bienestar.
En esa misiva el mandatario mexicano propone ordenar el flujo migratorio, llevando a la práctica un plan para que haya trabajo en Centroamérica, se atienda a los pobladores de Honduras, El Salvador, Guatemala, con enfo-que en las causas, lo que siempre hemos dicho. Además, plantea revisar a fondo que hay necesidad de fuerza de trabajo tanto en Estados Unidos como en Canadá. No hay trabajadores suficientes para impulsar el crecimiento económico en América del Norte.
Por ello, en lugar de estar deteniendo todo el flujo migratorio hay que atender en las comunidades de origen a la gente, que tengan alternativas y también abrir la posibilidad de que se entreguen visas temporales de trabajo, porque se va a necesitar impulsar la producción.
Andrés Manuel subraya en su carta a Biden: es urgente tener una visión distinta en política migratoria, no se puede con medidas coercitivas resolver un problema que requiere ser tratado a fondo, integral. Que se ofrezca trabajo, que se protejan los derechos humanos.
Pero el mandatario mexicano no es el único en plantear que ya es tiempo de iniciar una etapa nueva en la política migratoria”. De acuerdo con una encuesta del Peaw Research Center, la mayoría de los latinos que viven en Estados Unidos, o que con esa raíz nacieron en ese país, están de acuerdo en que el sistema de inmigración necesita una reforma, y una gran cantidad de personas dice que requiere cambios importantes (53 por ciento) o que debe reconstruirse por completo (29 por ciento). Sólo 17 por ciento de los encuestados dice que no necesita cambios o sólo cambios menores.
El resultado de tal encuesta revela que la mayoría de los inmigrantes latinos y los nacidos en Estados Unidos comparten la opinión de que el sistema de inmigración del país necesita ser arreglado, y este sentimiento se extiende a todas las edades y niveles educativos.
Los puntos de vista de los latinos sobre una variedad de temas a menudo se dividen claramente en las líneas partidistas, pero los demócratas y republicanos generalmente coinciden en la necesidad de cambios sustanciales en el sistema de inmigración. Al menos tres cuartas partes de los latinos en ambos partidos políticos dicen que el sistema de inmigración necesita reformas importantes o una reconstrucción total, aunque los demócratas y republicanos dan prioridad a diferentes objetivos de política de inmigración.
El sondeo revela que 52 por ciento de latinos dan “alta prioridad a permitir que migrantes no autorizados permanezcan en el país legalmente. Este es un objetivo importante. (Carlos Fernández Vega, La Jornada, Económica, p. 27)
Canadá abre sus fronteras pero…
El gobierno de México celebra que Canadá abrió ya su frontera para todos los viajeros, pues —dice— se reactivará el turismo. Sin embargo, toda persona que quiera ir al país de la hoja de maple, deberá tener esquema completo de vacunación: Pfizer, Moderna, AstraZeneca o Johnson&Johnson, lo que deja fuera a millones de mexicanos que fueron inmunizados con otras vacunas, como las chinas o la rusa. Además, los turistas no se escaparán de la prueba PCR que deberá realizarse 72 horas antes de viajar y, obvio, deberá ser negativa, además de que tienen que contar con un plan de emergencia en caso de que se les pida hacer cuarentena por detectarse algún síntoma y también estar sujetos a pruebas Covid-19, de forma aleatoria. Así, con todos esos requisitos, la frontera fue abierta, pero habrá que ver cuántos turistas se animan a cumplir con esa batería de trámites. (El Universal, Nación, p. 2)
El tema de migración no puede leerse sin tomar en cuenta factores sociales y económicos como el desarrollo, la violencia y la corrupción. Lo que no debería estas a discusión es el respeto a los derechos humanos de toda persona. Dejar el hogar, la familia, las amistades y todo lo conocido atrás a cambio de la esperanza de más oportunidades para construir una vida mejor, desafortunadamente, ocurre por necesidad.
Recordemos que el artículo 11° constitucional nos indica 2 asuntos fundamentales para considerar: 1) establece la libertad de tránsito, para entrar, salir y viajar por todo el territorio mexicano, de quién así lo desee, independientemente de su origen o nacionalidad, y 2) de este artículo emana, también, la honrosa tradición de asilo y refugio orgullo de la diplomacia mexicana. Con esto en mente hay que reflexionar sobre la transición de México como país de tránsito a país destino/retorno, en los últimos años. Ello implica, además de repensar la política migratoria, analizar contextos, cambios sociales, económicos, políticos y demográficos.
La desigualdad sistémica y el repunte de la violencia en la región, agudizadas por las crisis (económica y sanitaria) derivadas de la pandemia, se suman a la corrupción e impunidad en estados de derecho débiles. El impacto es diferenciado y afecta a las personas más vulnerables. Hasta julio 2021 se reportan en México las devastadoras cifras de 14,325 solicitudes de refugio de niñas, niños y adolescentes en compañía de una persona adulta y 904 no acompañados, un fenómeno que no puede dejar de atenderse.
Hablar de migración implica más que políticas internas o fronterizas. Es cuestión de humanidad. Tras el temblor de 2010 y el huracán de 2016, el flujo de migrantes provenientes de Haití incrementó en toda la región (en México ocupan el 2° lugar en solicitudes de refugio) precisamente porque perdieron las condiciones básicas para vivir y desarrollarse. La inestabilidad y pobreza en un país en el que más del 60% de la población vive con menos de 2 dólares al día ha llevado a 20% de las personas haitianas a emigrar. Se espera que el fenómeno se agudice con el temblor de este año y los estragos que causó la tormenta Grace un par de días después, sin olvidar la inestabilidad política exacerbada por el asesinato del entonces Presidente Jovenel Moïse. La migración es una respuesta natural de personas y familias que ven sus opciones truncadas, como ocurre en Afganistán y ha ocurrido en Siria.
Se requiere proponer, a la brevedad, respuestas conjuntas que pongan en primer lugar las necesidades de las personas y respeten sus derechos humanos. No solo se trata del contexto actual, ni la coyuntura política que nos aqueja, sino de trazar rutas de cooperación que operen mecanismos funcionales de protección para la migración ahora y en el futuro, ya sea por razones socioeconómicas, políticas, humanitarias o, como ya se empieza a ver en la región, derivadas del cambio climático. Soluciones globales con conciencia, conocimiento y profunda humanidad. (Claudia Corichi, El Sol de México, Análisis, p. 19)
Este gobierno tiene negativos importantes, el principal de los cuales es la violencia que no cesa y sigue cobrando vidas por millares, además del drama de los desaparecidos. No se percibe aún la eficacia de la política de “abrazos, no balazos”, pero lo que sí está probado es que el combate a sangre y fuego no contuvo la violencia en los dos sexenios anteriores. La apuesta por los abrazos es arriesgada, sin duda, y -como lo ha afirmado el propio mandatario- si no se resuelve el problema de la inseguridad y la violencia, él no será reconocido ni recordado como buen gobernante.
Otro drama, el de los migrantes, ha tenido episodios de violencia y violaciones a derechos humanos en la frontera sur. Es claro que, aun cuando el Presidente tiene un diagnóstico certero -hay que atender las causas de la migración-, la contención se ha caracterizado por excesos intolerables por una parte, y por otra, han faltado recursos y empatía para acoger dignamente a la crecida ola migratoria.
Desde otro ángulo, es inocultable que hay un malsano ambiente de polarización en el país, en el cual se ha desterrado a los grises y se percibe todo blanco o todo negro. En medio de esta polarización, un análisis imparcial corre el riesgo de no ser entendido. Si se reconocen aciertos de AMLO y la 4T, la “amlofobia” se manifiesta intolerante y descalificadora. (Eduardo R. Huchim, Reforma, Opinión, p. 8)
En raras ocasiones los mexicanos viajan por placer a ciudades como Louisville o Columbus en los estados de Kentucky y Ohio, Estados Unidos. No obstante, muchas historias se pueden escribir cuando se trata de paisanos que llegaron a buscar trabajo en estas localidades ubicadas al norte del país, entre grandes lagos, climas extremos y una sociedad dominantemente blanca.
Entre ellas, vive una comunidad importante de mexiquenses que, al escuchar sus anécdotas, nos permite recrear la difícil situación que fue para ellos abandonar su pequeño pueblo sin esperanzas, y aventurarse a la búsqueda de una vida digna a pesar de separarse de sus madres y padres, parejas e hijos, y sin un plan de regreso.
Ellos provienen de un pequeño pueblo en el Estado de México llamado San Pedro Tlanixco, donde actualmente viven poco más de 6 mil personas, de las cuales predominan las mujeres. Es un poblado que difícilmente ofrece empleo formal, y más de la mitad de hombres y mujeres se encuentran desocupados entre el rango de edad que va de los 18 a los 40 años.
Poco a poco, estas familias se han erigido en una franca comunidad de compadrazgos, amistades y unidades económicas dedicadas a la industria de la construcción sobre todo en remodelación o levantamiento de casas. Varios de ellos lideran equipos de trabajo que se han ganado la confianza de contratistas para abastecerles de proyectos durante todo el año.
Un camino difícil de labrar, que requiere soportar un sinnúmero de vicisitudes que van desde tolerar nevadas extremas en la intemperie, sufrir discriminación, y quienes aún no tienen documentos, librarse de ser detenidos por la policía.
Entre sus múltiples tatuajes de dolor y éxito, asumen la diaria paradoja de reinventarse y adecuarse a una estricta forma de vida de leyes y costumbres, o bien, regresar a su entrañable pueblo y ponerle fin a la fría melancolía de quienes llevan años sin ver a su familia.
La mayoría cruzaron de mojados. Hace 15 años pagaron entre 200 mil y 300 mil pesos para que los coyotes los pasaran a pie o nadando a través del río Bravo. Pero antes, los establecen con decenas de personas de todas las edades y sexos en casas de “seguridad”, en espera de que los coyotes sepan la hora exacta para que no sean detenidos por la “migra”.
Pueden pasar días amontonados, mientras comen únicamente pollo frito y comida enlatada. Hoy día, cuando piden un plato de pechugas o alitas, aún les escuecen esos sabores de antaño, rancios y aceitosos, que comían a diario, hace más de una década.
Después de que finalmente logran cruzar la frontera, son abandonados en supuestas zonas muertas donde les prometen que la policía migratoria ya no les hará nada. No obstante, aún les falta un largo recorrido hasta llegar a los diversos estados distribuidos en el cuarto país más extenso del mundo. Después de 15 años, aún les duele recordar esto, les avergüenza contarlo, prefieren olvidar el hambre sufrida, la soledad, la incertidumbre, y el nulo dinero que portaban en un país que la valía se mide en dólares.
La comunidad de tlanixquenses se fue asentado desde hace más de una década en la ciudad de Columbus, pero hay un caso que destaca, y es el de la familia Arellano que decidió abrir brecha para asentarse en la ciudad de Louisville, la tierra de Mohamed Alí, el Derby de Kentucky y donde fabrican de los mejores bates de Beisbol del mundo.
Primero vivieron en apartamentos alquilados, después compraron una traila o casa móvil, y desde hace seis años tuvieron la dicha de comprarse su primera casa en un suburbio de clase media donde viven con su hija de 16 y un niño de 13, ambos buenos jugadores de futbol, que dominan el español y el inglés, y con pasaporte estadounidense. Él compra todas las playeras de la selección mexicana de futbol, y ella tiene en el librero de su habitación libros de John Dos Passos. Su hija mayor se independizó mientras estudia la universidad y trabaja.
Son los únicos mexicanos que viven entre vecinos estadounidenses blancos y poseen el jardín más amplio con perales y frambuesas. Tiene una pequeña alberca y las inevitables porterías para que sus hijos practiquen los disparos a gol. No se diga cuando ofrecen su casa para celebrar el 16 de septiembre o algún bautizo.
Abren las puertas de par en par a los amigos que llegan de Columbus y por supuesto se hace presente el mariachi, que es admirado por los vecinos estadounidenses que se asoman desde las cercas de madera que delimitan los terrenos. Por supuesto, no faltan las carnitas, la cerveza mexicana, las tortillas y esos sabores mexicanos que ya igualan a los de Tlanixco. (Omar Cepeda, El Financiero, Opinión, p. 28)
Monreal desactiva un “petardo”
Así que un grupo de senadores de Morena, encabezados por César Cravioto y Antares Vázquez, buscaba ayer mover por su cuenta una propuesta para que el Senado condenara el autorreconocido error del PAN de firmar un acuerdo con el partido ultraderechista Vox. Sin embargo, fue el propio coordinador guinda, Ricardo Monreal, quien atajó esa pretensión y durante la sesión del Senado señaló que lo mejor era no acelerar dicha propuesta. Y no era para menos, nos comentan, pues de haber prosperado ese “petardo”, lo único que habría provocado es ruido, tensión y alboroto. Y es que las bancadas de oposición ya se relamían los bigotes para echar en cara el tema de la desaparición del Fonden por las inundaciones y plantear que lo de Vox era una bomba de humo para no abordar el tema de la crisis migratoria en la frontera sur y hasta los vínculos de políticos morenistas con cuestionados líderes religiosos. Un poco de paz en momentos críticos no le cae mal a nadie, fue la premisa de la decisión finalmente tomada de mandar la propuesta a comisiones, nos comentan. (La Razón, La dos, p. 2)
Cartón

(Kemch, El Universal, Opinión, p. 10)