La semana pasada los zapatistas alzaron la voz ante la privación de la libertad de dos líderes indígenas en Ocosingo. Sin embargo, otros focos de conflicto se han prendido. En Pantelhó se teme que, si la alcaldesa electa toma protesta, como se tiene contemplado para el viernes próximo, se susciten nuevos enfrentamientos y desplazamientos forzados de poblaciones.
En Frontera Comalapa van varias balaceras en las últimas semanas. En Tapachula, y los caminos de todo el estado, se vive una auténtica crisis humanitaria ante la incapacidad de las autoridades para procesar a las decenas de miles de migrantes que actualmente buscan trasladarse a Estados Unidos.
No hay un factor único que explique el reciente deterioro de la situación en Chiapas. El aumento del flujo de migrantes provenientes de Centroamérica, de Haití y de Venezuela, sumado a la errática política del Instituto Nacional de Migración, ha contribuido a crear un enorme y lucrativo mercado de tráfico de personas, en el que no sólo están metidas bandas de polleros, sino también autobuses de pasajeros y hoteles, entre otros prestadores de servicios.
Sin embargo, el negocio criminal más boyante en Chiapas es el paramilitarismo. En varios municipios han proliferado grupos que utilizan armas de alto calibre y que alegan ofrecer protección frente a la delincuencia. Como es frecuente en muchas partes del país, de cuando en cuando aparecen mantas donde estos grupos prometen protección contra rateros, secuestradores y también contra los abusos de la policía.
La realidad es que los grupos paramilitares que operan en Chiapas, más que responder a un aumento en los delitos, son una nueva expresión de los conflictos comunitarios y políticos que desde hace décadas sacuden distintas regiones del estado.
En este contexto, la espiral de conflictividad y violencia se explica en buena medida porque distintas autoridades han optado por dejar operar a los paramilitares, con el objetivo de favorecer a ciertos grupos de interés. Éste es el reclamo que los zapatistas hacen al gobierno de Rutilio Escandón, pero es un señalamiento que se replica en varios municipios. El problema es que, cuando un bando recurre al reclutamiento de paramilitares, sus adversarios inmediatamente optan por hacer lo propio. Rápidamente, las riñas se convierten en balaceras y desaparece cualquier posibilidad de diálogo.
Sería buen momento para que en Tuxtla Gutiérrez, o en su defecto en Palacio Nacional, se tomaran medidas para frenar la espiral de paramilitarismo en Chiapas, pues las células armadas que ahí operan son todavía relativamente pequeñas. Pero si el problema se subestima –como se hizo hace una década en Michoacán–, entonces el fenómeno se saldrá de control, y pasarán muchos años antes de que la paz regrese a Chiapas. (Eduardo Guerrero Gutiérrez, El Financiero, Nacional, p. 44)
Si el presidente Andrés Manuel López Obrador escucha lo que le deben estar diciendo sus consejeros, para el viernes pasado, cuando sostuvo una mañanera extraordinariamente extraña y violenta, debió darse cuenta de que la relación con el gobierno de Joe Biden no solamente se agrió, sino que se rompió públicamente. En una semana se corroboró la molestia creciente que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, le ha advertido durante meses ante sus declaraciones contra Estados Unidos, donde el Presidente se replegó en algunas, aunque no tardó mucho para regresar a su hostilidad. Pues bien, finalmente se cansaron en Washington.
López Obrador, como se ha expuesto aquí, pensaba que Biden no se atrevería a endurecer su trato con él por la popularidad que goza, sin entender que esa variable no rige la relación bilateral. Había dos razones primarias para que eso sucediera. La primera, que no se radicalizara y se corriera hacia Venezuela, lo que no sólo sucedió sino que escaló, sumando a sus aliados al enemigo público número uno de Estados Unidos, China. La segunda era por el trabajo sucio que aceptó hacer México con la migración para que le evitara un problema interno, lo que ya quedó rebasado porque lo que hizo México fue insuficiente para impedir un fuerte desgaste político a Biden y, además, porque ese problema se volvió también en uno mexicano.
La relación con Biden nunca fue buena y la relación con el gobierno de Estados Unidos, con un servicio civil de carrera que funciona más allá de quién está en la Casa Blanca, se descompuso desde octubre, cuando López Obrador amenazó con afectaciones serias a la relación bilateral si no regresaban inmediatamente al exsecretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos, al que acusan todavía de vínculos con el narcotráfico. Por decisión del Presidente se restringió la actividad de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y, de manera unilateral, Washington le cerró la llave a información de calidad. Al asumir Biden las cosas empeoraron.
Diplomáticos en la embajada tuvieron que atemperar la molestia de los funcionarios que viajaron a México para preparar la visita de la vicepresidenta Kamala Harris, y neutralizar la imagen negativa que tienen en Washington. Sirvió de poco, porque López Obrador no dejó de usar un discurso acusatorio de intervención. Se frenó cuando le dijeron que, si seguía en esa línea, le cancelarían la donación de vacunas, pero tienen claro lo incierto de su comportamiento. En una de sus pláticas con Harris, le reclamó que no le diera más vacunas Estados Unidos, pero lo paró en seco. Estados Unidos, le dijo, no tenía ninguna obligación con México, y por tanto, la queja estaba fuera de lugar.
La semana pasada empeoró el estado de la relación con el gobierno de Biden, y López Obrador tampoco parece haberse dado plenamente cuenta de ello. El viernes confirmó que el secretario de Estado, Antony Blinken, había cancelado su asistencia a la 200ª conmemoración de la consumación de la Independencia este lunes, mientras que la víspera, en una reunión de emergencia no programada que convocó en Nueva York con los cancilleres de México y Centroamérica, Blinken habló de la necesidad de respetar las inversiones y el Estado de derecho, en alusión directa a México, con quien han tenido ese tipo de diferendos.
López Obrador no reaccionó bien cuando trató de mitigar el impacto del desaire de Blinken, que iba a venir a México en representación de Biden, aunque sabían con antelación sus reservas, como cuando el Presidente convocó a Biden, y le dijeron a Ebrard que era inapropiada una invitación en el mes patrio. Al verse forzado a confirmar su ausencia, López Obrador dijo que vendrían representantes de otros gobiernos, comenzando por el francés y el ruso, con quienes Estados Unidos tiene diferendos por razones distintas.
Con los franceses apenas se está resolviendo una crisis en la relación bilateral por la protesta del presidente Emmanuel Macron por el acuerdo con Australia y el Reino Unido para construir una muralla frente a China en Asia, no sólo militar, sino para frenar su expansión digital, una propuesta idéntica a la que hizo el Departamento de Estado a México hace semanas, y que López Obrador rechazó. Rusia es el otro enemigo público de Estados Unidos, y el gobierno mexicano tampoco ha aceptado colaborar con Washington en contra del ciberterrorismo ruso.
La semana había arrancado con la afirmación optimista de López Obrador de que, al haber concluido la vacunación contra el Covid-19 en todos los municipios fronterizos, no había más impedimentos para la reapertura de la frontera con Estados Unidos. Ken Salazar, embajador de ese país en México, dijo que no sería así y la frontera se mantendría cerrada a todo tráfico no esencial. A mitad de la semana, en un anuncio totalmente fuera de contexto, el Departamento de Estado triplicó a 15 millones de dólares la recompensa por información que lleve a la captura de Ismael el Mayo Zambada, subrayando su relevancia como líder del narcotráfico en México y elevando el costo político a López Obrador de no actuar en contra del Cártel de Sinaloa, que en México no tiene una sola carpeta de investigación abierta.
Las señales estaban muy claras para entonces. Lo toleraron en silencio muchos meses, pero por lo que sucedió en unos cuantos días, tras la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, con el colofón de un discurso grabado del presidente chino, Xi Jinping, modificó el tratamiento público de Washington hacia López Obrador. ¿Para dónde irá la relación? Lo podrida que está buscará contenerse. Habrá diplomacia activa estadounidense, como ya lo dejó ver Salazar, y llamadas de atención fuertes, como las de esta semana. Escalará en la medida que López Obrador la quiera escalar. Pero lo que quedó claro es que si quería su atención crítica, ya la tiene. El lobo que tantas veces le dijo Ebrard que venía, era de verdad. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, p. 42)
Más y más, la frontera entre Estados Unidos y México se convierte en un problema político para los estadounidenses y mexicanos.
Desde la perspectiva estadounidense, el tema es uno de pérdida absoluta: no hay manera que la situación de la frontera y de los inmigrantes indocumentados sea resuelta a satisfacción de todas las partes en un debate ya viejo y cada vez más ideológicamente acrimonioso y polarizado.
La semana pasada, las imágenes de miles de inmigrantes haitianos refugiados bajo el puente fronterizo entre Del Río (Texas) y Ciudad Acuña (Coahuila), y el trato recibido de miembros de la Patrulla Fronteriza montados a caballo, que aparentemente usaron riendas o fuetes para golpearlos, se convirtieron en el foco de lo que es cada vez más una debacle para el presidente Joe Biden.
“Por supuesto que asumo la responsabilidad. Soy Presidente. Pero era horrible lo que, ver, como viste, ver a la gente tratada como lo hicieron, gente casi atropellada por los caballos y atada. Es indignante”, declaró Biden antes de anunciar que se desarrollaba una investigación y habría consecuencias.
Pero si la sinceridad de la indignación puede ser incuestionable, las referentes a la investigación sobre la conducta de los agentes fronterizos cae directamente en un familiar terreno sobre los derechos de los migrantes indocumentados y la impunidad y leniencia para los “guardianes de la ley”.
Cierto que se trata de dos golpes políticos para Biden. Por un lado, las fotografías y videos contrastan con sus promesas como candidato, de que desarrollaría una política migratoria más humana y menos restrictiva.
Por otro, el que se haya tratado del maltrato físico de personas de raza blanca contra otras de raza negra dió una dimensión diferente a la situación, que entró claramente en terrenos del feroz debate racial, que por años ha sacudido a Estados Unidos.
A la izquierda, grupos y políticos tanto liberales como afroestadounidenses vinculados con el Partido Demócrata expresaron su indignación y recordaron a Biden sus deudas electorales con ellos.
A la derecha, hubo expresiones de defensa para posturas de dureza hacia inmigrantes indocumentados y las deportaciones expeditas de los detenidos. El gobernador de Texas, Greg Abbott, promueve su propia “política” migratoria, con barreras de metal, agentes de Policía y miembros de la Guardia Nacional.
La multitud de haitianos bajo el puente de Del Río desapareció y la mayoría regresó a México para evitar ser deportados por las autoridades estadounidenses por avión a Haití, del que algunos de ellos salieron hace años empujados por la misma crisis que hace de su país un estado casi fallido.
Al margen de la posición de su gobierno, México se ha convertido en un “filtro” de migración que pone, deje de hacer o cómo lo haga, en medio del debate político estadounidense y en una discusión propia. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 38)
Baja
Donald Trump, ex presidente de EU
Elogia a los agentes fronterizos que a caballo intimidaron a migrantes en Texas, y criticó al gobierno de Joe Biden por castigar a los agentes y no a los migrantes. (La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)
Verdades de Perogrullo
El gobierno de Haití no hizo, no hace y no hará nada efectivo para detener la salida de miles de sus connacionales que huyen de la isla para buscar una oportunidad de vida digna en otras latitudes.
Ariel Henry, el primer ministro, se presentó ante la Asamblea General de la ONU, para explicar el fenómeno no para decir como lo solucionará. Parece un estudioso del problema y no un político en funciones.
Dijo que los migrantes seguirán intentando llegar a países más prósperos, Los migrantes, ante su precariedad extrema, buscan nuevas oportunidades.
Nadie puede estar en desacuerdo, pero Henry no cobra por decir verdades de Perogrullo, sino para dar a su población las oportunidades de una vida mejor.
En síntesis, lo haitianos seguirán protagonizando el drama de la migración en nuestro continente. (La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
Aunque la movilidad geográfica es un fenómeno que acompaña desde siempre la historia de la humanidad, actualmente las migraciones internacionales se imponen como uno de los principales factores de transformación de nuestras sociedades.
El enorme flujo migratorio en busca de asilo que se observa en las fronteras norte y sur de nuestro país, sobre todo de haitianos, hondureños y guatemaltecos, pero también de otras nacionalidades, se corresponde con las inmensas oleadas de migrantes y refugiados que buscan encontrar un mejor futuro en diferentes regiones del planeta.
En este contexto, llama poderosamente la atención el crecimiento incontrolado de prejuicios y estereotipos, así como de actitudes racistas y xenófobas, contra los indocumentados, como acontece en estos momentos en países como Chile, Perú y Bolivia, donde surge la violencia contra la migración proveniente de países vecinos al grito de: “cierre de fronteras ahora”.
Lo mismo se observa con los guardias fronterizos de Estados Unidos quienes hace unos días hicieron retroceder con látigos y montando a caballo a los indocumentados caribeños que buscaban pasar a Texas desde territorio mexicano. El odio antiinmigrante se sustenta en la idea de que son invasores que deben ser tratados como enemigos.
Los migrantes sufren la doble espiral del miedo y la exclusión. Es frecuente su muerte mientras cruzan las fronteras. Quien se ve obligado a abandonar su país, se convierte fácilmente en un enemigo de la comunidad donde establece su nueva morada. El surgimiento de grupos antiinmigrantes cada vez más agresivos, así lo demuestra.
Estos enormes desplazamientos humanos representan un llamado de atención a la comunidad internacional para brindar ayuda urgente a los países emisores de refugiados. La migración internacional se explica por la mayor interconexión económica, social y cultural entre países, así como por su desempeño económico desigual.
Es un fenómeno que experimenta profundos cambios cualitativos que deben ser considerados en la agenda regional. Son modificaciones que impactan la geografía migratoria de origen y destino, así como la mayor presencia de zonas urbanas como punto de partida. Igualmente se transforman los patrones migratorios relativos al sexo, escolaridad, posición en el hogar, tiempo de estancia y ahora la edad.
Aumenta significativamente el número de personas que huyen de su país de origen, ya sea por situaciones estructurales de extrema violencia social generada por la delincuencia, la pobreza o la persistente desigualdad, por la precariedad o ausencia de salud, vivienda y educación, y por temores fundados de que su vida peligra sin que pueda ser garantizada por las autoridades.
En la actual coyuntura, el tema migratorio es el más relevante por su impacto internacional y por la relación que guarda respecto a la vigencia de los derechos humanos. Tampoco es militarizando las fronteras como el problema encontrará solución.
En México carecemos de una política de Estado en temas migratorios y de derechos humanos. Los burócratas encargados son insensibles, folclóricos e ignoran aspectos centrales del problema. En un hecho inédito se informa que el gobierno mexicano expulsó, solo en la frontera con Guatemala, a cerca de diez mil personas entre el 22 de agosto y el 22 de septiembre pasados.
Recordémosles que muchas familias mexicanas conocen el significado de la migración, ya sea porque se presentó como una solución frente a las recurrentes crisis económicas de nuestro país o porque definitivamente, una parte significativa de ellas se vio obligada a establecerse en los Estados Unidos como principal destino. El tema de los derechos humanos de los migrantes involucra múltiples realidades, necesidades, motivaciones y riesgos, sobre todo aquellos que se relacionan con la grave situación de las niñas, niños y adolescentes no acompañados en su tránsito por México. (Isidro H. Cisneros, La Crónica de Hoy, Columnistas, p. 5)
Zona Zero
La crisis de la migración en la frontera México-EU se está enfocando desde las consecuencias: decenas de miles de personas que quieren llegar a EU a tener empleo y bienestar. La causa original es el modelo de desarrollo latinoamericano dependiente de la economía estadounidense. Y nadie parece interesado en debatir una reforma al capitalismo precario en países subdesarrollados, incluyendo México por la creciente migración no legal de mexicanos a EU en busca de empleo y salarios que la economía aquí no les ha proporcionado. (Carlos Ramírez, 24 Horas, Mundo, p. 13)
Quizás se trata de una suma de casualidades, pero no lo son. Después de que el gobierno federal invitara a Miguel Díaz-Canel a la celebración del 16 de septiembre, que lo hiciera orador en el acto oficial, junto al presidente López Obrador y al secretario de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, luego de la declaraciones presidenciales de apoyo a Cuba, del intento de reemplazar a la OEA por otro organismo regional, de que la semana pasada el Presidente volviera a declarar que debía terminar “la política de dominación de Estados Unidos sobre América Latina”, resultó que el secretario de Estado de la Unión Americana, Antony Blinken, invitado a las celebraciones de la consumación de la Independencia, decidió que tenía algo mejor que hacer y canceló su visita. Se suponía que venía en lugar de Joe Biden, que ya había declinado la invitación previa.
La jugada, años 70, de invitar primero a los mandatarios cubano y venezolano, de hacer duras declaraciones antiimperialistas y después invitar a altos funcionarios estadunidenses para mostrar autonomía y distancia, no funcionó. Tampoco que se compensara el haber enviado al embajador Ken Salazar a la última fila de la grada de invitados el 16 de septiembre (mientras Díaz-Canel hablaba en el evento oficial), con una invitación, con el resto del cuerpo diplomático, a la feria del aire en Santa Lucía. No es lo mismo y no es igual.
Para colmo, en medio de todo esto una patrulla militar se confunde y cruza la frontera en Ciudad Juárez, donde es desarmada y detenida. Uno de los elementos cargaba mariguana.
El caso no escaló a mayores, fueron regresados los catorce elementos a México, pero tuvo suficiente difusión como para que quedara huella.
El gobierno de Biden no es ni será blando. Un muy cercano al presidente López Obrador, Lorenzo Meyer, escribía ayer sobre el hablar suave y la utilización del garrote por parte de potencias como Estados Unidos. Hablaba de la relación de este país con Irán, pero con todas las diferencias del caso, el ejemplo que usa Meyer se podría aplicar a México.
Para los países periféricos, escribió Meyer, padre del secretario de la Sedatu, Román Meyer Falcón, “casi siempre es conveniente alentar el lado relativamente negociador del ejercicio del poder imperial, pero nunca deben olvidar que las políticas del ‘poder blando’ siempre se hacen a la sombra del gran garrote”. Olvídese usted de aquello de “países periféricos y poder imperial”, otra vez tan años 70, pero el hecho cierto es que el poder blando y el garrote sí suelen ir, en la política y en los negocios, de la mano.
En el tema migratorio, Estados Unidos necesita a México, pero no olvida que los migrantes cruzan nuestro país para llegar a la frontera y muchos en la Unión Americana creen, con razón o sin ella, que lo hacen con complicidad, directa o indirecta, del gobierno mexicano. El gobierno de Biden ha criticado, con toda razón, la violencia de los rangers contra los migrantes en la frontera entre Ciudad Acuña y Del Río, Texas, pero lo cierto es que en unos días, el gobierno federal deportó sin contemplaciones a todos los migrantes que había levantado ese campamento. Hoy no queda rastro de él. No cambiarán su política migratoria.
Que eso ocurra en un momento en el que se acusa al gobierno de tener mano blanda, abrazos y no balazos, con el crimen organizado, tampoco pasa desapercibido. La semana pasada, con una diferencia de horas, la Casa Blanca envió al Departamento de Estado la lista de países involucrados en el narcotráfico donde, como siempre, estaba México.
En el informe, la Casa Blanca demandó que en México se intensifiquen los esfuerzos para desarticular redes y detener y juzgar a capos. Inmediatamente después triplicó la recompensa que ofrece por datos que lleven al paradero de El Mayo Zambada (15 millones de dólares, cinco menos que la recompensa por Caro Quintero y cinco más que por El Mencho) y al mismo tiempo el Departamento de Estado colocaba en su lista de involucrados con el narcotráfico a quienes califica como los principales operadores de El Mayo en Sonora. Todo mientras hay informes de que Ovidio Guzmán se pasea por Culiacán y en México se persigue arduamente… a un grupo de científicos.
Quizás por todo eso no viene Blinken. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)
Es demasiado fácil decir que Biden es peor que Trump usando esa imagen intolerable y simbólica, de tanta de la historia más oscura de este país, de los haitianos en la frontera perseguidos por agentes a caballo, no se necesita hacer un gran esfuerzo mental (no importa que eso fue una pesadilla política que dañó al presidente igual que le ha ocurrido a tantos líderes en otros países que han tenido que distanciarse de los abusos de migrantes por sus autoridades).
Es demasiado fácil decir que Estados Unidos es racista, imperialista, sionista, pero todos los días sí es necesario recordar su larga historia de violencia oficial en guerras (el único país en la historia que ha usado armas de destrucción masiva), invasiones, intervenciones, operaciones clandestinas, todos actos impunes, brutales, la mayoría injustificables. Es fácil. Es necesario. Hablar verdades es lo más urgente en este mundo. Pero es fácil porque es parcial; no es todo el cuento, ni el de ahora, ni nunca.
Más difícil, y tarea constante de cualquier periodista, medio, intelectual o político que se identifica como progresista, es acercarse a una verdad más completa, a veces compleja que suele no ser reducible a un tuit o una frase en un discurso. Irse por la fácil es, pues, acto de pereza, parece explicar todo pero a fin de cuentas no revela nada.
Vale repetir en esta coyuntura que casi ningún progresista en Estados Unidos considera a Biden o su equipo como uno de ellos, ni necesariamente un aliado. De hecho, las críticas contra su gobierno, desde su manejo de la migración, a las guerras que siguen adelante (todas, cuando iniciaron, apoyadas por Biden y su gente), como su política sorprendentemente mediocre y torpe hacia América Latina, entre otras, son expresadas de manera cotidiana. Más aún, las fuerzas progresistas en este país son justo las que han impulsado el giro anti-neoliberal de este aún nuevo gobierno y están logrando lo que Bernie Sanders considera potencialmente las reformas económicas y sociales más grandes desde el New Deal.
Movimientos progresistas dentro de Estados Unidos –a pesar de divisiones, limitaciones, amnesias y arrogancias– han obligado la inclusión al centro de la agenda nacional de los temas justicia económica, una reforma migratoria ambiciosa –que incluye vías a la legalización de 11 millones de indocumentados– el salario digno y los derechos laborales, el cambio climático –incluido el fin de subsidios de la industria de hidrocarburos–, el rescate de las conquistas sociales de hace medio siglo en derechos civiles, derechos de las mujeres, los indígenas, los derechos gay, el control de las armas de fuego, la impunidad de las autoridades policiacas y la defensa de la libertad de la prensa (que involucra la defensa, bajo este rubro, de Assange y Snowden, entre otros).
No reconocer la existencia de estas luchas –sus triunfos, sus avances, sus derrotas, sus canciones, sus lamentos, sus idiomas, sus poemas, su ira, su humor– no sólo es optar por una visión distorsionada e incompleta de otro país, descartar a potenciales aliados, es finalmente una sencilla falta de respeto (además de un regalo a los enemigos comunes).
Lo más importante de la elección presidencial pasada no fue el triunfo de Biden en sí, sino la derrota de un proyecto neofascista, donde fue clave el papel del mosaico de movimientos y actores progresistas. Pero no pasa día en Estados Unidos en que no se advierta del peligro existencial de la democracia en esta república por la amenaza de una derecha elevada a un nivel sin precedente por el triunfo de Trump hace cinco años y que está dispuesta a destruir el orden constitucional para imponerse, al igual que en tantos otros países.
Esa lucha común contra la vieja guardia neoliberal y la amenaza de una derecha populista de corte fascista requiere de la solidaridad y el mutuo reconocimiento entre los que defienden la dignidad humana y se atreven en soñar con la posibilidad de otro mundo. Eso no es fácil, sólo necesario. (David Brooks, La Jornada, Opinión, p. 31)
Éxito de Celac, faltaron los migrantes
Se llevó a cabo, bajo la presidencia pro tempore mexicana, la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en la que participaron 31 gobiernos de América Latina y el Caribe.
Alicia Bárcena, directora de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), presentó excelentes propuestas en favor de una estrategia regional contra la pandemia y en favor de una reactivación económica.
Se alcanzaron importantes acuerdos vertidos en 44 puntos, que incluyen propuestas como: un plan para la autosuficiencia alimentaria, la puesta en marcha de una agencia espacial, la creación de un fondo regional para desastres naturales, impulso al comercio intrarregional, seguridad alimentaria y el intercambio tecnológico y cultural. Un organismo multilateral de la región que, como propuso el presidente López Obrador, busca fortalecer un mecanismo que permita: no intervención y autodeterminación de los pueblos; cooperación para el desarrollo y ayuda mutua para combatir la desigualdad y la discriminación.
Sin embargo, fue lamentable y cuestionable no poner en la agenda el fenómeno migratorio, ya que ni los propios funcionarios de países, de los cuáles los migrantes son ciudadanos pusieran el tema sobre la mesa. Únicamente la representante de Panamá, Erika Mouynes, ministra de Relaciones Exteriores, habló de la migración irregular y señaló que no es un fenómeno nuevo ni va a desaparecer, pero mirar para otro lado y pretender que no está ocurriendo, no es una opción.
Era necesario hacer visible tan grave y doloroso fenómeno; estaba sucediendo una tragedia en la frontera norte, migrantes tratando de entrar a Estados Unidos por un río, cargando a sus pequeños, mujeres embarazadas, ancianos con incapacidad para caminar, todos intentando pasar mientras los cuerpos de seguridad lo impedían con actitudes amenazantes y, para colmo, se pusieron en marcha deportaciones masivas cuando ese mecanismo debe descartarse, si no se analizan primero los casos, ya que regresan a los mismos peligros de los que claramente tratan de huir.
Estamos totalmente de acuerdo en que se debe ir a las causas de la migración; por ello la estrategia de la integración latinoamericana es el camino, porque incorpora como objetivo central el desarrollo de la región, la vinculación a partir de la cooperación y poder hacer realidad la autosuficiencia alimentaria, industrial y científica, que favorezca el comercio intrarregional tomando en cuenta las características particulares de desarrollo de los países, pero sobre todo que asegure una distribución equitativa de los beneficios de la integración sin discriminar a ninguno.
Este es el camino, pero la urgencia de los conflictos migratorios requiere acompañarse de una acción rápida y concreta. Con el mismo ímpetu y fortaleza que se invirtió para el éxito de la Celac, hay que acelerar los acuerdos firmados en la reunión que bajo la primera presidencia pro tempore mexicana se alcanzaron en noviembre de 2019 en el llamado Mirps (Marco Integral Regional para la Protección y Soluciones) con la participación de los estados partes: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Panamá.
En ella se acordó coordinar y promover de manera solidaria una respuesta regional ante los desafíos que plantean los movimientos de personas en búsqueda de protección internacional en los países del Mirps… y atender las causas que originan las necesidades de protección internacional, así como de incrementar los esfuerzos para atender esas necesidades en un espíritu de responsabilidad compartida con el apoyo de la comunidad internacional. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 22)
Tras el abandono de un país hay esperanza de mejorar las condiciones de vida y la búsqueda de un mejor futuro. Esta es la situación de cientos de migrantes haitianos que han tenido que dejar atrás su hogar como consecuencia de la inestabilidad económica, crisis política, el reciente asesinato de su Presidente Jovenel Moïse, los desastres naturales, la violencia, la pobreza extrema y las desigualdades que se han exhacerbado a causa de la crisis de coronavirus, siendo la nación con mayor índice de indigencia en América.
Haití se encuentra en crisis migratoria, también es el caso de países de Centroamérica como Guatemala, Hounduras, El Salvador y Nicaragua.
La mayoría huye de su territorio por el terrible desafío de permanecer ahí, pero la realidad es que es incierta la situación a la que se tienen que enfrentar en otro lugar por todas aquellas acciones inhumanas tomadas por parte de las autoridades y el uso de la fuerza, como ocurrieron los hechos recientemente en la frontera entre Estados Unidos y México en un campamento en el que se encontraban instalados decenas de migrantes y la despiadada respuesta por los agentes fronterizos de Texas, quienes a caballo persiguieron a migrantes con riendas para deportarlos bajo la política estadounidense y medida de expulsión que fue implementada en el marco de la pandemia de Covid-19 por parte del Presidente Joe Biden, mejor conocida como Título 42, misma que establece que se expulsará a cualquier persona que intente ingresar al país por vía terrestre a través de cruces irregulares sin el derecho de pasar por un proceso legal migratorio de deportación.
Por lo tanto, México ha recibido a más de 20 mil migrantes provenientes de Centroamérica, expulsados del país vecino, cuyo Presidente prometió en su momento ser más humano con los extranjeros indocumentados, pero siguen acudiendo a la deportación inmediata sin primero atender sus necesidades básicas y asegurarse de que afronten una vez más la situación de riesgo de la que escaparon.
Estas personas que se encuentran en las fronteras de varios países, vivien situaciones alarmantes, amenazantes, y todo por la espera de un momento menos riesgoso para cruzar, como muchos de ellos que se encuentran en México y buscan llegar a Estados Unidos con la esperanza de encontrar el sueño norteamericano.
De acuerdo con El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), dos de cada tres migrantes haitianos que son deportados a su país son mujeres, niñas, niños y adolescentes, entre ellos recién nacidos. Expuestos a persecuciones, enfrentamientos con los controles fronterizos, sin nada que comer, sin dinero, sin techo y en una espera aparentemente eterna para que se resuelva su solicitud de refugio, mismo que puede llegar a ser un proceso tardado, para que finalmente sus solicitudes sean rechazadas. (Renata Puente, Contra-Réplica, On line)
La semana pasada, compañeras y compañeros diputados federales de todos los grupos parlamentarios suscribimos un par de iniciativas cuyo espíritu busca saldar una deuda histórica que tenemos con nuestros paisanos residentes en otra nación, al garantizarles un ejercicio más amplio de sus derechos político-electorales de votar y ser votados.
Quiero agradecer a los diferentes grupos parlamentarios, porque estas iniciativas son muestra de que la ruta para resolver los problemas de México es ponernos de acuerdo y éste es un tema que no se trata de intereses partidistas, sino de justicia social.
Todos reconocemos las aportaciones de los mexicanos que, por necesidad, por ir en búsqueda de mejores condiciones, tuvieron que salir del país, pero que no olvidaron sus raíces y desde otra nación encontraron la oportunidad, con mucho esfuerzo y sacrificio, de seguir ayudando a sus familias.
En 2017, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación, casi 13 millones de mexicanos residían en otro país; y hasta el año 2020, el Informe Mundial sobre las Migraciones en el Mundo reportaba a 10 millones 853 mil 105 residentes mexicanos en los Estados Unidos.
Claramente el principal país destino para nuestros migrantes es Estados Unidos, donde paisanos originarios de Veracruz, Oaxaca, Michoacán, Guanajuato, Chiapas, Zacatecas, Estado de México, Puebla, y casi todos los estados de la República han madurado un nivel de organización que los identifica de entre otros sectores de la población migrante en ese país, permitiendo tener una agenda puntual por sus derechos que involucra ambos lados de la frontera.
Además, es conocido que las remesas que envían nuestros paisanos son un elemento central para nuestra economía. Tenemos una deuda clara con nuestros compañeros paisanos y debemos tomar este tema con seriedad, con profundidad, para sacarlo adelante.
Es por eso que, con el respaldo de todas las fuerzas políticas representadas en la Cámara de Diputados, impulsaremos las reformas para garantizar que la comunidad migrante tenga la representatividad que merece al establecer el marco jurídico para que los mexicanos que residen en el extranjero puedan ser postulados a una diputación federal o una senaduría.
Estas reformas permitirán que los mexicanos residentes en el extranjero sean considerados en los asuntos públicos del país, no solo expresando su posición, sino en la toma de decisiones.
Queremos que se les reconozcan sus derechos político-electorales, no solo en la calidad de diputados migrantes o senadores migrantes, sino que también puedan votar, porque en la actualidad solo votan por Presidente de la República y senadores.
Buscaremos que nuestros migrantes puedan votar por los diputados federales y también que tengan el reconocimiento para votar por todas las candidaturas o cargos de elección a nivel local: gobernador, presidente municipal, diputados locales u otras instancias de gobierno que se den en los diversos estados.
Desde la Mesa Directiva, quiero garantizarle a nuestros paisanos que cuentan con nosotros, que vamos a sacar adelante este trabajo, que vamos a sacar adelante esta iniciativa y que van a tener reconocidos sus derechos político-electorales de votar y ser votados.
No hay mexicanos de primera y de segunda, todos somos mexicanos estemos dentro del territorio nacional o en otro país, y con esto queremos reconocer a aquellos que tanto han aportado tanto a México. (Sergio Gutiérrez Luna, El Sol de México, Análisis, p. 13)
Miles de migrantes centroamericanos, pero sobre todo haitianos se encuentran atrapados en el puente Internacional de Ciudad Acuña en Coahuila.
Familias enteras son presionadas por la Guardia Nacional mexicana para regresar sobre sus pies a Tapachula Chiapas, enfrente los espera patrulla fronteriza americana, más intimidante que nunca y en medio, durante el trayecto por territorio nacional grupos de criminales y autoridades corruptas los esperan para extorsionarlos y/o desparecerlos. Un viaje sin retorno.
Con balsas improvisadas, bolsas de plástico, las cadenas humanas los migrantes se aventuran en el caudaloso rio, a la mitad del rio donde la corriente apremia los migrantes entregan a sus hijos a las embarcaciones estadounidenses, los menores son los únicos autorizados por el gobierno americano para recibir ayuda humanitaria.
Una verdadera tragedia se gestó en la frontera, la política migratoria de México y Estados Unidos y las recurrentes crisis económicas generaron la tormenta perfecta. Morir en el intento antes que morir de hambre y desesperanza en casa.
Para los migrantes hacinados contra la frontera de Estados Unidos no hay un regreso feliz, gastaron los ahorros de su vida para alcanzar el sueño americano.
Mientras el canciller Ebrard busca acrecentar su poder para llegar al palacio nacional en el año 2024 y el presidente Andrés Manuel López Obrador se prepara para festejar a fundación de la gran Tenochtitlan, con la estatua de Cristóbal Colon presa en un bodegón en la ciudad México, cientos de niños migrantes son entregados voluntariamente por sus padres a las autoridades americanas.
Pero que se puede esperar de un gobierno que da abrazos a los delincuentes y persigue a los investigadores y científicos del CONACYT. Ahora resulta que es más peligroso el Dr. Enrique Cabrero que el jefe de una organización criminal. Me recargo en la pared.
Cuanta desesperanza puede albergar el corazón de un padre que entrega a sus hijos. Estas familias y otras de migrantes no caben unidas más en el mundo, líneas en un mapa y absurdos documentos migratorios, los separan, su pecado procurarse una mejor vida.
Querido lector, lo peor de todo es que esta crisis ya está normalizada, a nadie le importa, llama más la atención la calidad interpretativa de la Dra. Beatriz Gutiérrez Mueller, COVID-19, pobreza y violencia son los ingredientes perfectos, Siria, Turquía, México, da igual. Por supuesto los grupos vulnerables, los niños son los más afectados. Hasta la próxima, que ya me puse sensible. (Eliseo Rosales Ávalos, El Economista, p. 62)
Si hay algo realmente intrínseco a la humanidad, es la movilidad humana. Nada ha podido impedir que el homo sapiens hace cientos de miles de años sobreviviese desde el África moviéndose a todas partes huyendo del clima inhóspito. En toda su diversidad de colores, formas, idiomas, costumbres, procesos, desarrollos, la humanidad ha poblado la Tierra.
El motor de la vida humana siempre ha sido y será buscar sobrevivir, encontrar mejores condiciones de vida, y hoy en pleno siglo XXI ni siquiera las potencias más arbitrarias y poderosas han podido cerrar totalmente sus fronteras para impedir la migración a sus países. La movilidad humana es considerado un derecho humano; las guerras, los desastres naturales, la pobreza y falta de empleo, los conflictos internos y las delincuencias, y otras causas desplazan muchas veces de manera forzosa, a millones de personas a otros países. Aunque haya jefes de naciones que repelen a las diásporas como un lastre para sus sociedades, en realidad quienes son multinacionales, se han enriquecido desde diversos aspectos y no serían las naciones desarrolladas que son hoy sin las migraciones que llegan con su mano de obra, sus expertices y culturas, contribuyendo al desarrollo del país que les integra.
Desde el derecho internacional, se ha establecido los derechos de asilo y de refugio para proteger a quienes tienen que salir de sus países de origen porque son perseguidos por su pensamiento, o porque sus vidas corren peligro. México no criminaliza la migración irregular, aunque no parece importarle a los gobiernos mexicanos quienes se convierten en la policía fronteriza de EU en nuestra frontera sur con Guatemala. La historia marcará a López Obrador como el más cruel vigilante de Trump y Biden usando la Guardia Nacional para ese propósito, convirtiendo a México en el tercer país seguro de facto; somos ejecutores de la misma política discriminatoria que padecemos como mexicanos en el país del norte.
Ciudad Acuña, Coah. de más 200,000 habitantes, y Del Río, Texas, han cobrado relevancia en todo el mundo por la presencia de alrededor de 12,000 haitianos quienes llegaron desde Chile y Brasil tratando de pasar hacia EU; impactante la imagen de un policía texano dando latigazos desde su caballo contra ellos, recordando la peor práctica de la esclavitud.
Los haitianos, que fueron arrancados de su hábitat en el siglo XVI, y llevados como esclavos hacia la isla que descubrió Colón, no fueron a buscar la vida, ahí la tenían desde Senegal y hasta el Congo. La Humanidad les debe su emancipación, su recuperación de su pequeño país devastado por los sismos cada cuando, y también por pésimos gobiernos desde su independencia y separación de la parte española -y blanca- de la isla: dos historias distintas entre República Dominicana y Haití: los afrodescendientes siempre son discriminados por sus vecinos.
Conviene recordar que las y los haitianos que llegaron de Brasil hace algunos años a Tijuana, finalmente decidieron quedarse en México y se han incorporado a su vida productiva, le demuestran al mundo que lo que buscan son buenas condiciones de vida para sus familias. Después de más de 4 siglos que fueron arrancados de su hábitat, siguen sufriendo por la negrura de su piel.
México tiene que dejar de ser el patio trasero de los EU. Ojalá todas y todos asumamos el precepto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: somos una sola familia humana. (Angélica de la Peña, El Sol de México, Análisis, p. 15)
Durante los festejos del aniversario de la Independencia de México causó controversia que el orador invitado fuera el presidente cubano Miguel Díaz-Canel.
Resulta irónico que el líder de un país con un solo partido, sin elecciones democráticas y un probado récord de persecuciones políticas, pronuncie un discurso hablando de libertad en este contexto. El Presidente de México pidió al gobierno de Biden, eso sí, respetuosamente, que termine el bloqueo de Estados Unidos a la isla (aunque el bloqueo terminó cuando se desactivó la crisis de los misiles en los 60), además dijo que “ningún Estado tiene derecho a someter a otro pueblo, a otro país”.
Al parecer, ese derecho lo tienen solamente los dictadores sobre su propia gente, mientras se perpetúan en el poder.
Un par de días después, durante la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), quedó patente la división que hay en la región: por un lado, el bloque populista/socialista/dictatorial, siempre liderado moralmente por Cuba y secundado por Nicaragua y Venezuela. Por otro lado, las democracias de libre mercado. Como en los viejos tiempos del priismo, México tratando de navegar entre ambos mundos, queriendo adoptar políticas populistas y adoctrinantes de los beneficios de la igualdad (pobreza) para todos (menos para los miembros del gobierno) y las mieles del capitalismo, encabezado por nuestro vecino del norte, que generan ingresos para el país gracias a la inyección de capital y la generación de fuentes de trabajo.
Es necesario para el beneficio del país y de América Latina que México tome las medidas para convertirse en un verdadero líder y socio comercial, no sólo de Canadá y Estados Unidos, sino también de Europa y el este de Asia. Es decir, que se legislen y apliquen leyes claras y coherentes para el desarrollo de negocios en nuestro país, se logre un ambiente de seguridad para los ciudadanos y un sistema judicial que garantice justicia para todos. Que impere el Estado de derecho.
¿Por qué privilegiar las relaciones con dictadores sobre las de nuestros principales socios comerciales? ¿Piensan que tener a la mitad de la población en la pobreza es la receta para perpetuarse en el poder o en su “filosofía” política? Si nos vamos a comparar, hagámoslo con quienes son mejores que nosotros. No veo que haya olas de migración de haitianos, centroamericanos y venezolanos tratando de llegar a Cuba buscando “el sueño cubano”.
Para un jefe de gobierno el mejor legado histórico es elevar el nivel de vida —economía, seguridad y educación— de sus gobernados. Es evidente que este gobierno no lo está logrando. Si la estrategia no está funcionando para los mexicanos, hay que cambiarla. En lugar de tratar de cuidar tanto su trabajo, los gobernantes deben hacer su trabajo.
No se le puede exigir a Estados Unidos que nos envíe vacunas y nos preste dinero mientras brindamos con los adversarios de nuestro vecino. La coherencia es invaluable en las relaciones internacionales y México carece de ella. Condenamos el trato a nuestros paisanos indocumentados, pero discriminamos y maltratamos a los migrantes de otros países en tránsito a Estados Unidos. ¡Pero en el informe presidencial se celebra el envío de remesas por parte de los mexicanos desplazados, como si fuera un logro del gobierno!
Es decir, se le obliga a millones de mexicanos a emigrar, arriesgando su vida, sin la posibilidad de ver a sus familias, y en el proceso el Presidente se adjudica el “logro” que corresponde a quienes su gobierno y su país les fallaron.
Estados Unidos está a punto de aprobar un plan presupuestario de dos billones de dólares (trillones para los norteamericanos) para mejorar la infraestructura del país, el salario mínimo y las condiciones laborales, inyectar dinero a las tecnologías limpias y al sistema educativo (condonando los préstamos de estudiantes endeudados), así como inversiones en los sistemas de salud y en ciberseguridad.
Este proceso requerirá mano de obra básica y calificada, así como empresas que lleven a cabo estos proyectos. México tiene la oportunidad histórica de tener acceso al mayor gasto gubernamental de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Estaremos a la altura o seguiremos dando prioridad a dictadores que sólo nos utilizan en su lucha contra nuestro verdadero aliado? (Carlos Kenny Espinosa Dondé, Excélsior, Nacional, p. 15)
En su primera intervención de la Asamblea de la ONU, el presidente Joe Biden rindió homenaje a los activistas que luchan por “mantener viva” la democracia en países como Cuba y Venezuela”. El demócrata expresó: “El futuro es de los que dan libertad a sus pueblos”. Adicionalmente, animó a los activistas a “seguir tomando las calles para lograr los cambios”.
La #SociedadHorizontal deberá estar atenta a la forma en que evoluciona este desencuentro. Sirva recordar también que en el marco de la reunión de la Celac, se publicitó el encuentro sostenido con autoridades chinas, e incluso el beneplácito por los resultados, manifestado por el gobierno del gigante asiático.
La agenda internacional en torno a la celebración de nuestra Independencia podría tener importantes repercusiones geopolíticas.
Basta recordar que en este momento prevalecen dos puntos de tensión con el gigante del Norte: por un lado, la nueva crisis migratoria expuesta por la presencia de miles de haitianos que buscan cruzar la frontera desde nuestro territorio, y por otro, el reciente posicionamiento del gobierno de Biden en el que nuevamente se pone a nuestro país en la lista negra del narcotráfico. Si a esto le agregamos el componente chino, se corre el riesgo de generar un nuevo desequilibrio en la relación con los Estados Unidos.
La disputa comercial que hoy se vive por el liderazgo global, entre el gigante asiático y el coloso estadunidense, requiere de un fino entendimiento prospectivo del rol que puede jugar nuestro país como articulador geopolítico. (Armando Ríos Píter, Excélsior, Nacional, p. 15)
Buena oportunidad
La deportación de los haitianos por parte de Estados Unidos podría tener un modo más humanitario y servir para establecer el orden en el Caribe. Estados Unidos podría emplear sus fuerzas y recursos disponibles para apoyar la reconstrucción de esa nación y sus vecinos.
Es una oportunidad perfecta para fortalecer la democracia en toda el área. (Óscar Rangel Venzor, San Pedro, Nuevo León, Reforma, Opinión, p. 12)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 14)