Marcelo Ebrard apareció muy sonriente del brazo de Ricardo Monreal en el patio del federalismo, antes de ingresar al salón de sesiones del Senado.
“Allí tienes a la prensa”, le dijo el legislador al canciller, mientras señalaba con la vista el enjambre de fotógrafos, camarógrafos y reporteros que ambos tenían enfrente, detrás de la cinta amarilla que los aislaba de los informadores.
Los dos aspirantes a la candidatura presidencial de Morena sonrieron para las cámaras. Se veían cómodos el uno con el otro. Parecían aliados que enfrentan en desventaja a la consentida señalada por el dedo mayor para 2024.
*Era el preludio de la comparecencia del canciller con motivo del Tercer Informe de Gobierno de AMLO. Durante el ejercicio, Marcelo se mostró autocomplaciente y sobreestimó el peso de México en el concierto internacional.
“El nivel de respeto que tiene México es de los más altos en la historia”, dijo el canciller en su intervención inicial ante el pleno del Senado. Palabras que dejaban chiquito al mismísimo Isidro Fabela, pilar de la diplomacia mexicana.
Para respaldar su humilde comentario, el titular de la SRE habló de su reciente visita a la sede de la ONU, en Nueva York, y al Consejo de Seguridad del organismo. “La voz de México se escucha porque tenemos autoridad política y moral”, subrayó. Sus palabras provocaron sonrisas sarcásticas, comentarios irónicos y referencias demoledoras.
¿Se puede tener autoridad política cuando haces invitado de honor y orador al dictador cubano Miguel Díaz-Canel, en la ceremonia de Independencia de tu país? ¿Se puede presumir autoridad moral cuando apaleas, encierras y separas de sus familias a los migrantes para hacer la tarea sucia a EU?
Todos saben que para este gobierno la diplomacia no es prioridad. “La mejor política exterior es la política interior”, suele decir el presidente López Obrador.
El mundo no le interesa. Sólo ha efectuado un viaje oficial a Estados Unidos para hacerle el caldo gordo a su derrotado amigo Donald Trump, en los casi tres años que lleva en Palacio Nacional.
*Marcelo habló ante los senadores de una “muy buena relación” con el gobierno de Joe Biden, a quien AMLO no ha visto personalmente desde que llegó a la Casa Blanca.
Para ilustrar sus palabras, mencionó la visita de Kamala Harris a México; el diálogo económico de alto nivel entre los dos países y el diálogo en materia de seguridad que iniciará el 8 de octubre. Ese evento, por cierto, servirá para que México insista en que no coincide con la Iniciativa Mérida.
Ebrard argumenta que los resultados de esa iniciativa son “más violencia y aumento de consumo de estupefacientes”.
¿Será la Iniciativa Mérida la que explique esos aumentos o la estrategia “abrazos, no balazos” que garantiza impunidad al crimen organizado? Es pregunta, no se alboroten.
Hay desacuerdos con Estados Unidos por la política energética, por el medio ambiente, por las acusaciones sobre financiamiento de la embajada a organizaciones de la sociedad civil que AMLO acusa de “golpistas”; como bien lo apuntó la senadora del PAN, Martha Márquez.
Hay diferencias también por el llamado que hizo AMLO a Washington para que cese el “bloqueo” de Estados Unidos a Cuba, un embargo más retórico que real.
*Otro que fijó una postura crítica sobre las relaciones México-Estados Unidos fue Emilio Álvarez Icaza, integrante del nuevo Grupo Parlamentario Plural que coordina el senador Germán Martínez.
Luego de subrayar que las imágenes de la cacería de migrantes en las fronteras norte y sur del país son “una vergüenza, nos duelen profundamente”, Álvarez Icaza añadió:
“Preocupa mucho la muy amable relación con un presidente que no se cansó de insultar a México, como Donald Trump, y las constantes provocaciones que, desde lejos, se ven en otra parte de la relación hacia el gobierno de EU”.
Para terminar, manifestó su rechazo a las expresiones de Isabel Arvide, representante de México en Estambul —gritó ¡Viva López Obrador! en la ceremonia del 15 septiembre—; y el nombramiento del exgobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, como embajador en España. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Ebrard sale “ileso” del Senado
Frente a algunos pronósticos de que habría una comparecencia ríspida del canciller Marcelo Ebrard en el Senado por temas como el maltrato a migrantes, la relación con Estados Unidos, la visita del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a México, al final fue un encuentro de respeto, una luna de miel, dirían incluso algunos morenistas, que se desvivieron en elogios excesivos, hasta zalameros, que incluso por momentos parecieron incomodar al funcionario. La oposición incluso reconoció su labor en la gestión de más de 100 millones de vacunas Covid-19. Sin embargo, nos hacen ver que la reunión que la semana pasada tuvo con senadoras y senadores en la cancillería para hablar de algunas de las inquietudes que tenían los legisladores, ayudó a que don Marcelo saliera bien librado, de una comparecencia en la que no solo había preocupación por los senadores de los partidos de la oposición, sino de algunos miembros del grupo duro de la autollamada Cuarta Transformación que consideran que los moderados en realidad no existen, sino que son conservadores con apariencia de liberales. (El Universal, Nación, p. 2)
Presente. México “no es un muro” para la migración, dijo Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, al pleno del Senado. No tiene una política contra migrantes, pero sí se pide que se respeten las leyes, si se acogen a la figura de refugiados. En su comparecencia, el canciller afirmó que la relación México-Estados Unidos “es buena, pero no sumisa”, y anunció que se pasará del modelo de “la Iniciativa Mérida al entendimiento México”. Ebrard anunció, además, que el gobierno de nuestro país dará refugio a más de 13 mil migrantes de Haití, si así lo solicitan. Siempre a la altura y manejando bien su encomienda, demostró en la comparecencia ante el Senado que sabe lo que hace y de lo que habla. (Excélsior, Nacional, p. 15)
Que el tema de la sucesión presidencial no se tocó en la reunión de dos de los aspirantes. Antes de su comparecencia en el Senado, Marcelo Ebrard se reunió en privado con Ricardo Monreal, pero ambos juraron que solo se habló de “pura política exterior” y el zacatecano detalló que los temas fueron tratados internacionales, armas y migración, y hasta se dijo sorprendido de que el canciller tiene todos los asuntos en la mente: “por eso expreso que es muy inteligente”. (Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Ejercicio republicano
Fue una comparecencia larga, extenuante, en la que ningún cuestionamiento quedó sin responder.
El canciller Marcelo Ebrard, en el marco de la glosa del Tercer Informe, trató con senadores los temas más relevantes de la agenda internacional. Se refirió a las gestiones para conseguir vacunas anti COVID, la relación bilateral con EU, el tema de los migrantes, la relación con países latinoamericanos.
En algunos puntos, como el de las vacunas, hubo coincidencia en que es un logro contar con más de 114 millones de vacunas; pero en otros temas, en particular la migración, se generó una polémica entre legisladores de oposición y el canciller.
Se trató de un ejercicio republicano de fondo, que ahí queda para documentar los beneficios de la democracia. (La Crónica de Hoy, Nacional, p. 9)
En su comparecencia en el Senado, el canciller Marcelo Ebrard “aclaró” que México no ha propuesto la desaparición de la OEA, que la relación con Estados Unidos está en un buen nivel, y condenó el maltrato de agentes de Migración a haitianos. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 8)
Los esfuerzos de la actual administración por detener los flujos migratorios en la frontera sur serán fútiles y contraproducentes en la medida que no estén acompañados de un plan ambicioso de inversión en infraestructura y en Estado de derecho en el triángulo del norte compuesto por Guatemala, Honduras y El Salvador.
Resolver la cuestión migratoria en América Central debe concebirse como un problema a nivel América del Norte. La Guardia Nacional deteniendo migrantes en el Suchiate no resuelve, ni tendría por qué resolver, la permeabilidad de la frontera con Guatemala.
El rezago en estados como Chiapas o Guerrero debieran ser una lección de que desplegar a las fuerzas armadas no conduce al desarrollo y sin esto la migración se mantiene como problema perene.
El reto recae en lograr que los países del triángulo del norte transiten de economías rentistas basadas en las remesas, la agricultura, el turismo y la industria de bajo valor agregado hacia la competitividad. Ello requiere que México, Estados Unidos y Canadá reconozcan que el desarrollo de estos países forma parte de su interés nacional y apuesten por la competitividad de una región que hoy no cuenta con la infraestructura física para trasladar bienes hacia el norte, ni con acceso a energía competitiva que permita establecer industrias de alto valor agregado y, quizá el punto más crítico, que ha sufrido un retroceso democrático y de Estado de derecho que pone en jaque cualquier esfuerzo modernizador.
Un punto de partida sería expandir el ferrocarril Chiapas-Mayab hasta Tegucigalpa e invertir en gasoductos que conecten el sur de México con América Central para aprovechar los precios y la disponibilidad del mercado texano de gas natural. Empero, la diversificación y sofisticación de las economías de estos países no será suficiente sin un compromiso cabal de los gobiernos centroamericanos con la democracia y el Estado de Derecho y un programa de trabajadores temporales donde los tres socios norteamericanos se comprometan a recibir un determinado número de migrantes proporcional al tamaño de sus economías.
El gobierno mexicano debería ser el principal impulsor de estas iniciativas. Los incentivos de las administraciones de López Obrador, con el enfoque de desarrollar el sur-sureste del país, y Biden, presionado por controlar la migración hacia Estados Unidos, están alineados esta materia. Sería un desperdicio desaprovechar el momento para atender los problemas de fondo que aquejan a la región e integrarla plenamente a la cadena de producción de América del Norte.
Más allá del turismo en la Antigua y el lago de Atitlán, México requiere entender al triángulo del norte como un interés estratégico para la competitividad de América del Norte. (Oscar Campo, El Heraldo de México, Editorial, p. 16)
BUSCAPIÉS
*Hasta agosto, 18 mil 883 haitianos habían realizado trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. Ya se triplicó la cifra que llegó al país en 2020, rebasando a los hondureños como la principal nacionalidad que busca protección en el país. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p. 2)
El gran flujo de migrantes haitianos que hace días tomó por sorpresa a Washington cuando vio llegar a Texas a más de 14 mil personas buscando asilo, ha puesto al presidente Joe Biden ante un dilema, un problema sin solución fácil que marcará para siempre a su administración.
No hay manera de que les dé gusto a todos. Por lo pronto, hasta dentro de su círculo más cercano hay división y diferencias en cuanto al trato que los haitianos reciben. Los muy progresistas están furiosos con las deportaciones. Los demócratas moderados se preguntan qué ha fallado y dónde está la humanidad que prometió Biden en campaña. Mientras, los republicanos lo acusan de haber dado la impresión de que la frontera está abierta y son bienvenidos.
A lo largo de la historia quienes han intentado establecerse aquí siempre han encontrado hostilidad. Primero fueron los irlandeses en el siglo XIX, luego los iraquíes tras los ataques terroristas, los mexicanos y centroamericanos han sido mal vistos por décadas, pero nadie como ahora los haitianos.
Tan solo en la última semana y basándose en una ley creada por la administración Trump que permite deportar para evitar contagios de COVID-19, dos mil personas han sido enviadas en vuelos de regreso a Haití. Ocho mil voluntariamente han retornado a México y 12 mil 400 están sujetos a procesos de deportación, dice el gobierno. Solo cinco mil casos serán analizados como dicta la ley y el Derecho Internacional.
Muchos de los haitianos que cruzaron la frontera y acamparon en Del Río, Texas, vienen de Brasil, donde abundaban empleos durante la Copa del Mundo en 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Pero cuando eso terminó emigraron a Chile y otras naciones. En algunos casos han caminado por más de diez países para llegar hasta aquí.
Pero Haití no siempre fue la nación más pobre y atrasada del hemisferio. De hecho, luego de su independencia de Francia en 1804, era un destino para emigrantes. Fue la primera república negra libre y se convirtió en la Tierra Prometida para muchos esclavos liberados en este país. Todo cambió cuando potencias extranjeras empezaron a ver a Haití como botín.
Estados Unidos fue uno de ellos. Invadió y ocupó Haití en 1915 con el pretexto de que iban a modernizarlo, imponer la ley y proteger vidas. Terminaron estableciendo una dictadura militar y Washington, temeroso de que durante la Guerra Fría Haití se convirtiera al comunismo, apoyó los salvajes regímenes de los Duvalier, de 1956 hasta 1986.
Los desastres naturales no han faltado y la inestabilidad política tampoco. El mes pasado un terremoto de magnitud 7.2 golpeó al país dejando miles de muertos y cientos de heridos y desaparecidos. Esto, solo un mes después de que el presidente Jovenel Moise fuera asesinado dejando un gran vacío de poder.
Sin solución, Washington está en alerta. Espera la potencial llegada de un nuevo grupo de 30 mil haitianos que se congrega en Monterrey, México. (Concepción Badillo, La Crónica de Hoy, Academia, p. 21)
Todo indicaba que la llegada de Biden significaría un viraje de los desplantes de su antecesor que tanto dañaron la imagen de Estados Unidos en el mundo. A la Casa Blanca llegaba un expertazo en temas internacionales. Durante décadas presidió el Comité de Relaciones Exteriores del Senado y después estuvo ocho años de Vicepresidente con Obama encargado de temas de política exterior que, entre otras cosas, lo trajeron de visita a México en más de una ocasión.
La llegada de gente profesional; pragmática y estratégica auguraba una recomposición de Estados Unidos ante sus aliados que, si bien no sería sencilla, sí sería posible. Pero tan solo en estos primeros ocho meses de gobierno lo que hemos visto es a un Biden actuando como Trump: agresivo; impulsivo y poco leal con aliados tradicionales de Estados Unidos.
Trump-ada 1: La retirada de Afganistán. Cuando el 8 de julio, Joe Biden ofreció una conferencia de prensa para anunciar la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán después de veinte años de guerra en aquel país, aseguró que la salida sería ordenada y que los Talibanes no serían una amenaza para los ciudadanos afganos ni un refugio para el terrorismo internacional. Menos de un mes después vimos la caída de Kabul a manos de los talibanes y una salida de los estadounidenses desordenada y poco preocupada por los afganos que los ayudaron. La salida fue una buena decisión, muy mal instrumentada. Recordé aquella frase de un guerrillero del Frente Nacional de Liberación de Vietnam sobre Estados Unidos cuando la salida de Saigón “Sólo existe algo peor que ser enemigo de Estados Unidos: ser su amigo”.
Así como los norteamericanos pudieron entrar y salir de Afganistán, de un momento a otro aun habiendo pasado veinte años en aquel país, así pueden ayudar y abandonar a cualquier otro aliado. Esa fue la primera Trump-ada de Biden.
Trump-ada 2: El trato a los migrantes haitianos. Si la salida de Afganistán fue tan caótica, quizás fue porque no había de otra, pensamos algunos. Pero al ver el manejo de la crisis migratoria de los haitianos que han llegado a la frontera de Coahuila con Texas en busca de asilo para ser o sacados de vuelta a México o volados de regreso a Puerto Príncipe como ganado, es evidente que hay un problema agudo en el gobierno de Biden. Las imágenes de agentes de la Patrulla Fronteriza a caballo atrapando a los migrantes con la rienda de montar o golpeándolos con fuetes coronaron la visión de que entre los gobierno de Trump y Biden, no hay una diferencia en el trato inhumano a los migrantes.
Trump-ada 3: La estocada a Francia. El anuncio del acuerdo entre Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, AUKUS, para compartir con los australianos tecnología que les permitiera tener submarinos de propulsión nuclear fue una estocada a Francia porque el país perdió un contrato de 40 mil millones de dólares de ventas pactadas con Australia para submarinos convencionales sin que los estadounidenses ni los australianos les dieran un aviso previo. (Ana Paula Ordorica, El Universal, Nación, p. 6)
Como suele suceder en Washington con los ciclos electorales tan cortos de la política estadounidense, ya estamos en plena especulación sobre la fortuna de ambos partidos – y del presidente- en las elecciones legislativas del próximo año. Y pocas variables hay tan relevantes con respecto a la interrogante de si el Presidente Joe Biden continuará beneficiándose de mayorías Demócratas en el Congreso después de esos comicios como la actuación y los patrones de participación y apoyo de votantes negros e hispanos en las urnas.
La administración ha enfrentado problemas que el próximo año podrían costarle caro electoralmente al presidente. Hace 15 días, la parlamentaria del Senado reventó la posibilidad de que los Demócratas lograsen incorporar cláusulas en materia de reforma migratoria, sobre todo para la legalización de millones de migrantes indocumentados, en su proyecto de ley de infraestructura que pretenden aprobar mañana a través del proceso de reconciliación. Esperaban incluirlo en el proyecto de ley porque la medida no está sujeta al umbral habitual de 60 votos para aprobar legislación en el Senado. Y la semana pasada, las imágenes del uso de violencia de la Patrulla Fronteriza contra migrantes y potenciales refugiados haitianos atizaron un fuego que ya ardía en la izquierda del partido desde hace meses con respecto a la política de inmigración de la Administración Biden.
Lo que ha venido ocurriendo en la frontera con México, particularmente en materia del paradigma estadounidense de refugio y asilo -a lo largo de la primavera y el verano primero con centroamericanos y ahora con haitianos- ha unificado a grupos pro-migrantes y de derechos civiles contra Biden de una manera sin precedente.
La administración había continuado con el uso que le dio la Administración Trump a una disposición llamada Título 42, que permite la deportación acelerada durante una emergencia de salud como el Covid, para deportar a inmigrantes sin evaluar sus solicitudes de asilo.
Este ya era un punto álgido para la izquierda. Sin embargo, el cabreo estalló con los videos e imágenes que vimos todos de la actuación de elementos montados de la Patrulla Fronteriza. El líder del Senado, Chuck Schumer, un legislador que en el pasado ha sido cuestionado por no apoyar plenamente intentos anteriores de reforma migratoria integral, criticó abiertamente al gobierno: “Insto al presidente Biden a que ponga fin a estas expulsiones y abandone la aplicación del Título 42 en nuestra frontera sur”.
“No podemos continuar con estas políticas odiosas y xenófobas de Trump que ignoran nuestras leyes sobre refugiados”, remató. Pero el hecho de que los migrantes son haitianos y negros y están siendo deportados de regreso a un país hecho trizas derivó en que el caucus afroamericano en el Congreso y organizaciones cupulares afroamericanas del país pusiesen -en el contexto de un debate ya de por sí turbocargado con las acusaciones de racismo policiaco durante el último año- el grito en el cielo.
“La crisis humanitaria que está ocurriendo bajo esta administración en la frontera sur refleja de manera repugnante algunos de los momentos más oscuros de la historia de Estados Unidos”, fustigó el presidente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), Derrick Johnson. Un día después, casi todos los principales grupos de derechos civiles del país se unían a la NAACP en una carta que afirma que las promesas de campaña de Biden de una política de inmigración más humana “se están haciendo trizas ante nuestros ojos.”
Si bien en estos días la Casa Blanca ha ajustado las disposiciones para permitir el ingreso sobre todo de familias haitianas, Biden quedó arrinconado. Ha sido atacado desde la extrema derecha a lo largo de su mandato por los flujos migratorios que llegan a la frontera, por ser demasiado “blando” con la inmigración.
El GOP buscará explotar este tema y narrativa trumpista cara a las elecciones intermedias de 2022, lo cual además explica por qué el presidente está determinado en evitar a toda costa incomodar a su homólogo mexicano con otros temas de la agenda bilateral que en esta coyuntura pudiesen poner en jaque la voluntad del gobierno mexicano de ayudar a cortar esos flujos migratorios hacia la frontera con EE.UU.
Pero ahora también enfrenta la embestida que proviene de la izquierda, que argumenta que está siendo demasiado duro. El hecho de que la circunstancia actual en la frontera incluye a inmigrantes negros y no solo latinoamericanos hace aún más intratable el tema para la Casa Blanca.
Los votantes negros, en particular, han sido durante mucho tiempo un bloque sociodemográfico Demócrata clave; los hispanos, crecientemente relevantes, abren interrogantes importantes para un partido que sigue sin saber del todo cómo conectar con ellos de manera sostenible.
Y si bien algunos de éstos se inclinaron de manera relevante por Trump en las elecciones presidenciales de 2020, sobre todo en Florida y distritos fronterizos de Texas, un estudio de UCLA encontró que los enormes márgenes de Biden entre votantes hispanos jugaron un papel determinante para ayudarlo a triunfar en estados bisagra como Pensilvania y Wisconsin, dos estados con contiendas clave para el Senado en 2022.
Su peso particular también se dejará sentir en otros estados competitivos que celebren elecciones para el Senado, incluidos Arizona, Georgia y Nevada. Y si bien para muchos votantes hispanos, sobre todo de segunda o tercera generación, el tema migratorio incide poco en cómo votan, para nuevos votantes hispanos y de la generación del milenio, más alineados con el ala progresista del Partido Demócrata que es la que se encuentra levantada en armas con las acciones en materia de política migratoria de Biden y que fueron clave en arrebatarle al GOP Arizona y Georgia, la migración, y sobre todo el tono del debate y la narrativa en torno al tema, sí que pesa.
El postulado de Marx de que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa, parece ser hoy el caso con la tragedia de una segunda administración Demócrata, al igual que la de Obama en su momento, debatiéndose internamente sobre cómo cuadrar un discurso y posiciones pro-migrantes con la realidad (en 2009 fueron Rahm Emanuel y Valerie Jarrett quienes pugnaron por no otorgarle un frente de ataque al GOP, aplicando políticas agresivas de control migratorio), sin entender que los controles migratorios jamás resolverán las causas estructurales de una crisis migratoria y que los Republicanos nunca se darán por satisfechos haga lo que haga la Casa Blanca: mueven hacia atrás las porterías, sacándole raja política, como lo están haciendo ahora, a los temas de seguridad fronteriza y la migración.
Dado esto, la situación en la frontera se vuelve hoy mucho más problemática para la administración, y en frentes más amplios que los que prevalecían hasta antes de los flujos de haitianos cruzando el río Bravo. La elección para Biden es entre doblar la apuesta y cancelar lo más rápido posible un flanco de ataque del GOP cara a las elecciones intermedias u optar por una política menos restrictiva para apaciguar a la izquierda de su partido, pero que conlleva el riesgo de alentar mayores números de migrantes cruzando territorio mexicano. La decisión que tome la administración hablará mucho acerca de dónde están sus prioridades y cómo calibra el peso de estos bloques de votantes clave para sus aspiraciones el año que entra y en la elección presidencial de 2024, y ya no digamos las implicaciones que tiene para México y la agenda bilateral. (Arturo Sarukhan, El Universal, Opinión, p. 11)
El reporte Índice Global de la Delincuencia Organizada 2020 muestra un dato que resulta a la vez que revelador, escalofriante: México es ya una “potencia mundial” en materia de crimen organizado, al ocupar el cuarto lugar internacional en este rubro y segundo en el continente, de entre un listado de 193 naciones.
Se trata de un informe que realizan de forma conjunta la Unión Europea y los gobiernos de Noruega y Estados Unidos, y el cual incluye una calificación por país tasada en una escala del 1 al 10, y en donde México resulta reprobado en materia de respuesta del Estado, con una nota de 4.6, y en el que las conclusiones advierten que se debe a que no hay del gobierno una estrategia de seguridad coherente ni la capacidad para erradicar la corrupción prevaleciente, que en nuestro país se haya fuertemente politizada.
El ranking es preocupante considerando que nuestra nación no vive bajo estado de guerra y supuestamente es una de las primeras economías del planeta, por lo que son otras las causas que explican la violencia que se vive en distintos puntos de su geografía.
Uno de los delitos sobre los que se ha hecho el señalamiento es el tráfico de personas, que ocupa el segundo puesto de la incidencia de la criminalidad en México, solo siendo superado por el narcotráfico. Este mismo delito del tráfico de individuos es también el más extendido a nivel mundial.
Con la crisis migratoria en las fronteras norte y sur, queda de manifiesto el largo brazo del crimen organizado al ser el tráfico de personas uno de sus negocios más rentables solo detrás del comercio de estupefacientes y sorprendentemente por encima del contrabando de armas.
Sorprende la movilidad de migrantes como los haitianos que tan pronto ya cruzan por Tapachula, casi al día siguiente hacen su aparición por Ciudad Acuña. Y lo anterior se debe a que son movilizados por grupos organizados que les ofrecen introducirlos a territorio estadounidense a cambio de cuotas monetarias que no resultan nada económicas y a cambio de las cuales solo reciben como servicio maltratos e incertidumbre.
Combatir el crecimiento de la delincuencia organizada y su paulatina, pero al parecer irrefrenable, intromisión en la vida cotidiana de los mexicanos es una tarea que no solo compete a los gobiernos, sino a la sociedad toda que debe dar una mayor atención y una mejor educación a sus generaciones, para que no tengan la necesidad de seguir el canto de sirenas que ofrece el dinero fácil y la ambición de poder. Solo así se podrá derrotar a la corrupción cuya más terrible cara es el crimen organizado. (Editorial, El Universal, Opinión, p. 10)
La comisionada nacional de búsqueda de desaparecidos, Karla Quintana, anunció el descubrimiento, en la carretera Monterrey-Nuevo Laredo, de “un crematorio clandestino de importantes dimensiones” donde se encuentran “diferentes indicios de restos óseos calcinados”.
“Un centro de exterminio” de los grupos del crimen organizado, según declaró la comisionada Quintana, el cual se encuentra en las inmediaciones del kilómetro 26 de la carretera federal 86: los medios han llamado a ese tramo “La carretera de la muerte”.
Autoridades de Tamaulipas confirman que a lo largo de 2021 se ha reportado, en los 219 kilómetros de esa carretera, la desaparición de 31 traileros, 32 conductores de autos particulares, ocho choferes de empresas privadas, tres conductores de Didi, dos de Uber y un taxista.
La mayor parte de las víctimas son hombres de entre 18 y 40 años de edad.
Solo 18 de las personas reportadas han sido encontradas con vida. La mayor parte regresó a su casa por sus propios medios. Algunos iban salvajemente golpeados. Prácticamente todos se negaron a narrar lo que les había ocurrido.
Una víctima relató que hombres armados la habían privado de la libertad en esa carretera, y que luego la habían conducido a una habitación en la que otras personas eran torturadas e interrogadas.
El reporte de las autoridades indica que los desaparecidos eran oriundos, en gran parte, de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila, Estado de México, San Luis Potosí y Veracruz.
En la lista figuran 31 traileros. De acuerdo con autoridades estatales, en varios casos las unidades fueron halladas, sin embargo, con la mercancía que transportaban intacta. Los choferes, en cambio, se habían desvanecido.
El 3 de junio desapareció en un tramo José de Jesús Gómez, residente en Irving, Texas. También Gladys Pérez Sánchez, quien viajaba, con sus dos hijos de nueve y 16 años, de Sabinas Hidalgo a Laredo, Texas.
Los cuatro desaparecieron, precisamente, en la carretera 86, en los límites con Nuevo Laredo, Tamaulipas, una región en la que el Cártel del Noreste (remanente de los Zetas) ha desatado una sangrienta pugna con el Cártel del Golfo y su nuevo aliado: el Cártel Jalisco Nueva Generación.
De camino de Monterrey a Nuevo Laredo, el conductor de Didi, Jesús Castro, dejó de tener comunicación. En una colonia de este último municipio, Alijadores, desapareció su rastro. En ese mismo rumbo habían otras víctimas a lo largo de 2021. Ahí fue encontrado el tráiler del chofer Jesús Flores, desaparecido el 15 de mayo.
En esa misma zona desapareció Juan Pérez Hernández, quien viajaba con dos sobrinos de 16 y 20 años. El rastro de Javier Toto Cagal se perdió el 3 de junio en esa carretera. Iba acompañado por otros tres compañeros de trabajo.
En abril de 2021 la alerta estaba encendida. Autoridades estadounidenses recomendaban no viajar en automóvil de Nuevo Laredo a Monterrey. Entre mayo y abril desaparecieron 25 personas. De otras 12 se perdió su rastro entre el 2 y el 17 de junio.
Las autoridades de los estados involucrados han manejado dos líneas: la posible desaparición de gente que según los grupos criminales podría haber transportado migrantes hacia la frontera, y la búsqueda de comandos vinculados al Cártel Jalisco que se aproximan al norte para llevar a cabo la disputa por el territorio.
Diversas versiones refieren la instalación de retenes del crimen organizado, sobre todo al caer la noche, en el tramo más próximo a Nuevo Laredo.
Según el portal Elefante Blanco, a principios de junio, colectivos que buscan desaparecidos y autoridades de Tamaulipas, así como personal de las comisiones de búsqueda, encontraron en la zona —mayormente formada por ejidos—, una serie de construcciones integradas por ranchos y casas abandonadas.
Ahí había credenciales de elector, teléfonos celulares, indicios de crematorios ilegales: el campo de exterminio al que se refirió la comisionada Quintana.
Desde que se encendieron las alarmas, la Guardia Nacional y otras fuerzas federales intentaron resguardar los 219 kilómetros de la carretera.
No había que hacer nada más. Solo resguardar 219 kilómetros de una carretera —con toda la fuerza del Estado. Pero las desapariciones siguieron, y siguen.
El último hallazgo, según la comisionada Quintana, está a las afueras de Nuevo Laredo, donde la gente desaparece sin dejar huella y en donde “hay indicios de que este crematorio es de fechas recientes, y también de años atrás”.
Otro campo de exterminio. Un campo de exterminio activo en la era de los abrazos, de la felicidad. En la era de las fosas, los huesos y los muertos. (Héctor de Mauleón, El Universal, Nación, p. 2)

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 4)
Aclaración oportuna

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 13)