Los albergues para migrantes ubicados en la Ciudad de México se encuentran rebasados desde hace más de una semana ante la imparable llegada de haitianos, quienes confluyen en la capital del país provenientes de las fronteras norte y sur.
Desde el río Bravo, se registra una oleada de personas que retornan a México para evitar que las autoridades estadunidenses las deporten a su país de origen, mientras desde el Suchiate ingresan a territorio nacional grupos provenientes de Centro y Sudamérica.
Esta situación, que ya es insostenible, no hará sino empeorar en los próximos días, tanto por la política migratoria vigente en Estados Unidos como por el creciente flujo de tránsito registrado en la zona fronteriza de Panamá y Colombia, donde en estos momentos hay 19 mil personas en espera de continuar viaje hacia el norte, y a donde arriban 30 mil nuevos migrantes cada mes.
Los orígenes de esta afluencia masiva de haitianos hay que buscarlos, por una parte, en el grave deterioro de las condiciones políticas, económicas y de seguridad que la nación caribeña experimenta desde hace décadas, y que se ha recrudecido por los desastres naturales ocurridos este año.
Por otro lado, la llegada de gobiernos derechistas a Brasil y Chile, aunada a la prolongada crisis económica que padece el gigante sudamericano, pusieron fin a los programas de acogida lanzados en años anteriores, y orillaron a los haitianos que se encontraban ahí a buscar nuevos horizontes.
Más allá de las causas, lo cierto es que la creciente presencia de ciudadanos haitianos en México configura ya una crisis humanitaria y un desafío de Estado. Para añadir complejidad a la tarea, los encargados de los centros de acogida reportan que, a diferencia de los migrantes centroamericanos (quienes, en su abrumadora mayoría, sólo se encuentran de paso hacia Estados Unidos), hasta 90 por ciento de los haitianos han expresado la intención de permanecer en nuestra nación.
Por ello, es urgente que las autoridades encaren este reto y elaboren un plan de contingencia para subsanar la actual falta de capacidad administrativa, logística y financiera para gestionar la estadía de esta cantidad de personas, brindarles un alojamiento digno en el corto plazo y garantizar su plena integración a la sociedad mexicana en el largo.
Lo anterior implica asumir una nueva realidad en la cual México es no sólo país de tránsito, sino también de llegada, y renunciar a cualquier tentación de usar la política inhumana de Washington hacia los migrantes como pretexto para aplicar medidas análogas con quienes llegan a territorio mexicano.
En este escenario, debe abogarse por que los principios de gobierno enunciados por el presidente Andrés Manuel López Obrador al inicio de su gestión se traduzcan en una política emergente para abordar una problemática que era ciertamente imprevisible hace tres años, pero que amerita toda la atención de las autoridades. Soslayar las necesidades de los migrantes haitianos sería inaceptable desde una perspectiva ética y humanitaria, y además supondría el riesgo de que los refugiados sean convertidos en carne de cañón para la delincuencia organizada. (Editorial, La Jornada, Política, p.2)
El próximo viernes 8 de octubre en Ciudad de México se celebrará el Diálogo de Seguridad de Alto Nivel entre México y Estados Unidos. Del lado de los americanos participarán el secretario de Estado, Antony Blinken; el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y el fiscal general, Merrick Garland. La delegación está pesada.
Ayer en una banquetera, después de otro evento, el canciller Marcelo Ebrard dijo: “La agenda principal es un documento de entendimiento que hemos venido trabajando junto con EU sobre cuáles son las prioridades en el enfoque de seguridad en las que podemos coincidir”.
Y advirtió: “Lo que fue el fundamento de la Iniciativa Mérida, sus objetivos principales, su contexto, queda ya superado con este nuevo encuentro México-EU”. Y dijo que la base es el “respeto mutuo”.
Y dejó claro que la migración no será parte de esta reunión, lo cual está bien, porque como él lo dijo, nada peor que mezclar temas en una relación tan complicada. Los estadunidenses llegan en momentos políticos complicados para Joseph Biden. En medio de una lucha en el Congreso por el presupuesto después de 2020, en el que se rompió récord de homicidios y en tiempos en que, a pesar de los escándalos legales y mediáticos alrededor del consumo de drogas sintéticas, el consumo de éstas y otras drogas sigue creciendo.
México tampoco está en el mejor momento en términos de seguridad. Los números de homicidios, la expansión territorial de la delincuencia organizada en varias zonas del país, los incidentes en la zona del Pacífico durante y después de las elecciones y lo que puede suceder si lo que se rumora es cierto.
Si bien es cierto que la migración es el asunto que más importa a los estadunidenses, el asunto de la seguridad es el más duro y el que mayores fricciones causa desde hace muchos años. La detención de Salvador Cienfuegos sigue en el ánimo del gobierno mexicano, y la desconfianza de los estadunidenses a la estrategia del gobierno es muy clara.
Pero los próximos años no se ven nada bien para la seguridad en ambos países. La pregunta, más allá de estrategias concretas, es si se podrá en este ambiente recobrar la confianza que permita la colaboración concreta que traiga resultados que, en estos tres años, simplemente no existen. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
La migración no es una cuestión que vaya a desaparecer. Tiene muchas explicaciones, desde el subdesarrollo y todas sus complicaciones y perversidades, hasta fenómenos naturales depredadores. Para resolverla, en primer lugar se necesitan soluciones humanitarias. Hace tiempo que se esperan planteamientos globales, y como parte de estos se requiere de una gran inversión en África, Centroamérica y el Caribe, entre otras regiones.
La fraternidad no es superflua. Ha sido con el ejemplo, entre otros, el que ofreció Alemania con Angela Merkel como canciller al abrirle la puerta a casi un millón de emigrantes árabes que huían de las guerras. Con ello pudieron evitarse las imágenes dantescas de población a la deriva y el humillante mensaje que hay vidas de segunda, vidas que no son tomadas en cuenta.
La Unión Europea ha resuelto la presión migratoria proveniente de África y de los países árabes por medio del acuerdo con Turquía, que recibe recursos económicos de la Comisión Europea para operar la recepción de migrantes legales para después canalizarlos a diversos países. El resultado es que se ha reducido sustancialmente la llegada de migrantes. Quienes lo hacen de manera irregular y no tienen deseos de pedir asilo tienen que regresar.
Con la salida de EU de Afganistán ha ocurrido el reparto hacia Europa, Estados Unidos y otros países, principalmente, de 250,000 afganos que trabajaron en el ejército. Antes hubieron 2.2 millones de afganos desplazados por la guerra, la mayoría de ellos están en Irán y Pakistán.
Ahora en México con la llegada de miles de emigrantes que vienen de Centroamérica y de Haití, entre otros países, se gasto 10 veces más en deportar que dar refugio. Se repatriaron a 246,000 migrantes.
Se estima que 130,000 indocumentados haitianos se mueven hacia la frontera de México con Estados Unidos. Están en Chiapas, Oaxaca, Coahuila, Nuevo León, Chihuahua, Baja California, Puebla, Tabasco, Tamaulipas. Los gobernadores de los estados mexicanos en donde los haitianos se encuentran temporalmente, no tienen los recursos para enfrentar este tipo de contingencias.
Los haitianos esperan una respuesta del gobierno de EU de otorgarles la residencia. Pero dice el canciller Marcelo Ebrard: “Los están engañando. Sus dirigentes les dicen: Vamos a EU rápido porque nos van a dar la residencia o la nacionalidad. Pero es un engaño monumental, eso no es cierto”.
Si el problema migratorio es regional también debería ser la solución.
La política migratoria de EU se ha endurecido más de lo que era. Con Trump a los migrantes los hacia esperar en México, con Biden es la expulsión inmediata. Para los haitianos ya no hay sueño americano y su regreso es una pesadilla porque lo hacen hacia un Estado colapsado y peligroso.
Las conductas xenofóbicas y de odio de autoridades gubernamentales de EU ha conducido a la protesta del líder del Senado de EU, Chuck Schumer, que pide al Presidente Biden no replicar las políticas de Trump. Asimismo, el enviado de Joe Biden en Haití, renunció por considerar el plan migratorio como inhumano.
Por su parte la Agencia de la Organización de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) se ha pronunciado en defender los derechos humanos y hacer un esfuerzo de apoyo a refugiados. Contrasta con la declaración del gobernador de Texas, Greg Abbott, que tiene un presupuesto de 2,000 millones de dólares para realizar su estrategia antiinmigrante. Por lo pronto monto un muro de acero para tomar el control fronterizo. (Sergio Mota Marín, El Economista, El Foro, p. 55)
El gobierno mexicano enfrenta enormes presiones por el arribo multitudinario de migrantes. Son hombres, mujeres y niños procedentes de algunos países centroamericanos y más que nada del Caribe.
Bajo presión de Washington, nuestras autoridades aceptaron convertirse en policías fronterizos, pues en el río Suchiate se pretende contener el arribo a territorio nacional, mientras que en la frontera norte se trata de evitar que los migrantes ingresen a la llamada Unión Americana, que una y otra vez los regresa a México.
Por lo anterior, resulta insostenible lo dicho por Marcelo Ebrard ante el Senado: “México no es muro de contención migratoria de Estados Unidos ni mantiene una actitud de subordinación al gobierno del presidente Joe Biden”. Hasta ahora por lo menos, México sí funge como guarura fronterizo del vecino del norte.
Por supuesto, los mexicanos tenemos una larga y triste experiencia en lo que se refiere al éxodo que viaja hacia la llamada Unión Americana. Actualmente hay en territorio estadunidense entre 12 y 13 millones de nacidos en México, que con los hijos que han tenido allá suman no menos de 25 millones de personas.
Conocemos muy bien la brutalidad con que algunas autoridades estadunidenses tratan a los migrantes pobres de México, Centroamérica y el Caribe. El desprecio, la violencia, las deportaciones y toda clase de abusos han sido desde el siglo XIX lo que caracteriza el trato a los mexicanos por parte de las autoridades estadunidenses.
En alguna época, ese mismo trato se propinaba también a irlandeses, italianos, polacos y personas de ciertas nacionalidades europeas. Ni qué decir de los mexicanos que vivían en el territorio que nos fue robado en la guerra de 1847, quienes se convirtieron en parias dentro de la tierra que había sido de sus antepasados.
En el último tercio del siglo XIX, la brutalidad también cayó sobre los chinos que intentaban penetrar en territorio yanqui en busca de trabajo. No fue mejor el trato que recibieron en México, donde hubo persecuciones, despojos y vergonzosas matanzas generadas por prejuicios racistas. La política antichina llegó al extremo de deportar no sólo a los orientales, sino incluso a sus esposas mexicanas y a sus hijos.
Desde la prehistoria, el género humano ha recurrido al nomadismo en busca de una vida mejor, y esa justamente ha sido y es la razón de que hoy la gente se desplace de un lugar a otro. La causa es siempre la necesidad, y lo confirma la triste situación de varias naciones centroamericanas, la escasez en que han vivido los cubanos durante décadas y la tragedia de Haití, una nación tradicionalmente pobre y hasta miserable, la que ahora vive en límites inhumanos por sus pésimos gobiernos y una economía que era muy débil y hoy está en ruinas.
A lo largo de su historia independiente, México ha recibido grandes oleadas de extranjeros que aquí han hallado refugio y oportunidades. Esos migrantes han luchado junto a los mexicanos contra las invasiones extranjeras y las dictaduras, han creado emporios comerciales y grandes industrias, se han desempeñado eficazmente en la educación, entre ellos ha habido grandes científicos, deportistas y creadores artísticos que nos enorgullecen.
Una ojeada a la historia de las migraciones nos muestra que éstas son factores de progreso. Por eso mismo, las autoridades mexicanas deberían plantearse toda una política de integración para esos seres humanos que hoy buscan la solidaridad de México. Son y representan una fuerza extraordinaria. Con su desplazamiento a través de miles de kilómetros y por varios países han demostrado una inquebrantable voluntad de progreso. Es momento de tenderles la mano y reprobar toda actitud xenófoba o racista.
Todos, absolutamente todos los seres humanos somos migrantes o descendemos de migrantes. Conviene no olvidarlo. (Humberto Musacchio, Excélsior, Nacional, p. 15)
Las imágenes que circularon el pasado fin de semana con lo ocurrido en la garita fronteriza que comunica Ciudad Juárez, Chihuahua con El Paso, Texas, fue un golpe directo a la moral del Ejército en pleno mes de la patria. El suceso mostró que algo no funciona bien al interior de la milicia cuando un pelotón de soldados es sometido por agentes fronterizos estadounidenses, al grado de ser humillados delante de las cámaras al quedar esposados e inmovilizados en el piso.
Si hay algo que molesta demasiado a los mandos militares es ser exhibidos en los medios de comunicación, pero cuando se trata por torpezas que desnudan la falta de pericia y adiestramiento de los comandantes y sus tropas, la molestía puede implicar severas sanciones.
La noche del viernes 24 de septiembre un pelotón de 14 soldados adscrito al noveno regimiento de caballería motorizado, con cuartel en la Guarnición Militar de Ciudad Juárez, cruzó en dos vehículos a territorio estadounidense de manera “accidental” y de inmediato fueron interceptados por agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). El incidente obligó al cierre de la garita e interrumpió la circulación por casi una hora. Los soldados fueron liberados poco después, pero uno de ellos recibió una “sanción civil” por llevar consigo una pequeña cantidad de marihuana para consumo personal, algo que es permitido por leyes mexicanas.
Oficiales del Ejército consultados coinciden que no es la primera vez que esto sucede. En otro momento han pasado vehículos completos de transporte de tropas debido a que los soldados y sus comandantes no conocen el terreno. Este es un problema ocasionado porque los mandos militares no tienen conciencia de la importancia de que sus subordinados que vienen de un cambio de adscripción se familiaricen con el terreno al que llegan. El problema inicia con la poca experiencia operativa de los mandos superiores, aumenta por la falta de adiestramiento de las tropas, y se agudiza por la nula información y desconocimiento del terreno. Algo que era común en Chihuahua con las unidades militares desde la “guerra contra el narco” en el sexenio de Felipe Calderón.
Los cruces “involuntarios” se han dado en otras ocasiones en puntos ubicados en los márgenes del río Bravo, donde no existen delimitaciones gráficas o de otro tipo. Los incidentes en las fronteras debido a errores de mandos militares han detonado crisis con la población civil, como el ocurrido en marzo pasado en Mazapa de Madero, Chiapas, donde un militar mató a un ciudadano guatemalteco lo que ocasionó que alrededor de 300 ciudadanos de aquel país retuvieron a varios soldados mexicanos para exigir sanciones penales contra el responsable y reparación económica.
La multiplicidad de tareas a las que han sido asignadas las fuerzas armadas este sexenio, ha repercutido en que las unidades operativas del Ejército estén mal adiestradas y los mandos superiores tengan poca experiencia en el terreno, como se demostró en el incidente de Ciudad Juárez. Lo grave no solo fue la exhibición, sino la lectura sobre las debilidades que arrastra la milicia producto de una política fallida en materia de seguridad del actual gobierno. (Juan Veledíaz, El Sol de México, República, p. 5)
Muchas veces, el presidente López Obrador ha presumido de haber escrito, de su puño y letra, el Plan Nacional de Desarrollo. Se deja atrás, dijo en marzo de 2019, la política neoliberal, “hay un cambio de régimen, un cambio de política económica”. Por lo tanto, tenemos derecho a evaluarlo a la luz del PND que, por cierto, se supone es el documento más meditado, porque este gobierno será juzgado por los resultados que promete en él.
“Estamos empeñados, en primer lugar, en acabar con la corrupción en toda la administración pública, no sólo la corrupción monetaria sino la que conllevan la simulación y la mentira”, establece el documento. El objetivo no es atenuar, disminuir o controlar la corrupción, sino acabar con ella. Sin embargo, después de tres años no hay un solo sentenciado por corrupción. Por el contrario, se exhibe la impunidad de los primeros hermanos, las cuñadas y los cercanos. Las compañeras y compañeros de causa.
En cuanto a las mentiras, de acuerdo con Luis Estrada, López Obrador acumuló al primero de septiembre, 61 mil 79 mentiras, sólo en sus montajes mañaneros. Y en los 55 minutos que duró su Tercer Informe de gobierno agregó 88 más. La mentira es la principal herramienta política de este gobierno. Tiene un objetivo preciso: anular la frontera entre los hechos y la ficción, entre lo verdadero y lo falso. La mentira le sirve para quitarle a la oposición bases objetivas para criticar al gobierno.
En el terreno de la simulación, el compromiso incumplido de prohibir las adjudicaciones directas es un ejemplo claro. En la campaña de Morena la palabra adjudicación se utilizó, con razón, como sinónimo de corrupción. Ahora esa conducta alcanzó niveles nunca vistos, pues 8 de cada 10 contratos se entregan en lo oscurito, al gusto del comprador. Muchos ciudadanos piensan que el mecanismo está siendo utilizado para crear una camada de nuevos ricos adictos al régimen; al estilo de Venezuela o Rusia. Cada quien sus propios ricos.
En otra parte, el PND establece que “ante la imposibilidad de derrotar las diversas expresiones delictivas por medios exclusiva o preponderantemente policiales y militares, y frente al absurdo de querer pacificar con métodos violentos, resulta imperativo considerar la adopción de modelos de justicia transicional que garanticen los derechos de las víctimas y que, al mismo tiempo, hagan posible el desarme y la entrega de los infractores, a quienes se respetarán sus derechos legales y se les propondrá un cambio de vida”.
Tres años después y a pesar de que se han llenado más de dos mil 200 horas de palabrería presidencial en las mañaneras, el concepto “justicia transicional” ha desaparecido del vocabulario oficial. Del mismo modo, se anunció en el papel, pero nunca más volvió a tratarse, la creación del Consejo para la Construcción de la Paz, como una instancia de “vinculación y articulación” entre “todas” las instituciones y actores de México y el extranjero que trabajan por la paz.
De acuerdo con el PND “en 2021 deberá cumplirse la meta de alcanzar la autosuficiencia en maíz y frijol y tres años más tarde, en arroz, carne de res, cerdo, aves y huevo”. A menos que ocurra un milagro en los últimos tres meses de este año, las importaciones de maíz llegarán a los 17.9 millones de toneladas métricas, un 4.5 por ciento más que en 2018. En lugar de avanzar hacia la autosuficiencia prometida, vamos hacia atrás.
En relación con el frijol, el panorama no podría ser más desastroso: en los primeros ocho meses del presente año las importaciones aumentaron 141.2 por ciento en relación con el mismo periodo de 2020. En 2018, México importó 165 mil toneladas métricas de este grano básico. En 2021 ya se acumularon 158 mil y aún falta contabilizar el consumo de los cuatro meses restantes.
Uno más: “el Ejecutivo Federal aplicará las medidas necesarias para garantizar que los extranjeros puedan transitar con seguridad por el territorio nacional o afincarse en él”. En julio de 2019, el presidente ordenó el despliegue de 20 mil elementos de la Guardia Nacional para amurallar la frontera sur e impedir el paso de migrantes. En abril pasado envío otros ocho mil 715 elementos para reforzar. También en abril, de acuerdo con información dada a conocer en Estados Unidos, la Guardia Nacional desplegó nueve mil elementos en la frontera norte para impedir el paso de migrantes, sean mexicanos o de cualquier otra nacionalidad, a territorio estadounidense.
A mitad del sexenio, las promesas del PND están muy lejos de la realidad. La pobreza y la miseria se han multiplicado, el desempleo aumentó, los cárteles del narcotráfico se apoderan cada vez de más territorio; la violencia, la inseguridad y la impunidad crecen como humedad en tierra seca. Los sueños se desmoronan. Y viene lo peor. (Fernando Herrera, El Universal, Nacional, p. 10)
Diálogo binacional México-EU
México y Estados Unidos comparten más de tres mil kilómetros de frontera, en donde habitan 17 millones de personas.
México es el primer socio comercial de los Estados Unidos y cerca del 80 por ciento de las exportaciones de nuestro país van al vecino del norte. La relación bilateral toca temas de migración, seguridad, cruce transfronterizo, comercio, empleo, competitividad, protección consular, entre otros. En este sentido, hoy tendrá lugar el Primer Seminario Anual del Centro para las Instituciones Binacionales Temáticas, donde se discutirá la importancia de las instituciones entre ambos países.
Participarán Enrique Perret, director de la U.S.-Mexico Foundation, el embajador Gerónimo Gutiérrez, Senior Fellow del CBI, así como expertos de instituciones como el Migration Policy Institute, el Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, entre otros. (El Financiero, Empresas, p. 17)
Fin de la Iniciativa Mérida
Y fue el canciller Marcelo Ebrard el que ayer aclaró que ya se acabó la vigencia de la Iniciativa Mérida, es decir, el principal mecanismo de cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad, que data de hace dos sexenios, y cuya esencia era el combate frontal contra las organizaciones del crimen organizado. “Estamos entrando a otra etapa”, señaló Ebrard, a unos días de que se lleve a cabo en la Ciudad de México el Diálogo de Seguridad de Alto Nivel, en el que participarán los secretarios de Estado, Antony Blinken, de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y el fiscal Merrick Garland. De manera muy somera, el funcionario indicó lo que podrían ser tres de los elementos de lo que denominó un nuevo “entendimiento”: clarificación de lo que implicaría el respeto mutuo entre los dos países, reducción de la violencia, atención del problema del aumento del consumo de drogas y enfoques de desarrollo común. “No hay ningún resultado, tenemos que hacer otra cosa distinta; si seguimos haciendo lo mismo, vamos a llegar a lo mismo”, consideró Ebrard. (La Razón, La dos, p. 2)
El próximo 8 de octubre se mantendrá en la Ciudad de México la reunión de alto nivel entre las autoridades mexicanas y las de Estados Unidos sobre seguridad. El tema es clave en las relaciones bilaterales, pero también para nuestra política interna. La estrategia de seguridad no tiene los resultados que demanda la sociedad y desearían las autoridades. Las presiones, internas y externas, para dar una vuelta de tuerca en la estrategia de seguridad son muchas y las razones para hacerlo están confirmadas en los propios datos oficiales.
La reunión a la que asistirá la plana mayor de los organismos de seguridad de la Unión Americana, encabezada por el secretario de Estado, Antony Blinken y el del Homeland Security, Alejandro Mayorkas, servirá para redefinir una estrategia conjunta en el sector. Como adelantó ya el canciller Marcelo Ebrard servirá también para cerrar todo el periodo marcado por la Iniciativa Mérida, firmada en 2007 por los presidentes Felipe Calderón y George W. Bush. Como ya hemos comentado aquí en otra oportunidad, la Iniciativa Mérida, que implicó la aportación de miles de millones de dólares a instancias de seguridad en México, se creó como una suerte de réplica, adaptada a nuestra realidad, del exitoso Plan Colombia que terminó rompiendo redes de narcotráfico y criminalidad en ese país (y también de guerrilla) y regresando en buena medida una paz social que estaba absolutamente perdida.
Pero el Plan Colombia, con las implicaciones de intervención directa estadunidense, incluso con elementos policiales y militares en activo, no era aplicable en México. La Iniciativa terminó siendo una suerte de híbrido en el contexto de una estrategia de enfrentamiento frontal contra los grupos criminales. La Iniciativa, a pesar de la derrama económica interna y externa, fracasó en algunos capítulos, quizás sobre todo en los judiciales y en la formación de policías estatales y municipales, pero tuvo éxito en otros, permitió la destrucción de varias organizaciones criminales muy peligrosas, también permitió la llegada de equipos policiales y de seguridad al país, algunos a costo cero. Sin embargo, terminó permitiendo una intervención demasiado amplia de organizaciones como la DEA y de otras agencias estadunidenses en el país, con una autonomía de operación también muy marcada. La idea era tener transparencia y efectividad, pero la política y los intereses de grupo, en México y en EU, oscuros o no, terminaron contaminando esa operación conjunta.
Queda claro que esa etapa ha sido superada, pero las exigencias de la etapa que se ha abierto no son menores. Cuando se haga la reunión del viernes 8 de octubre, el número de muertos de la administración López Obrador habrá sobrepasado ya los cien mil, muchos más, para el mismo periodo, que los gobiernos de Calderón o Peña Nieto. Para el gobierno federal reducir la violencia es un imperativo que no puede ignorar. En ese mismo sentido, el reclamo de los Estados Unidos, en el terreno de la seguridad, transita por dos grandes andariveles: uno es cortar o por lo menos controlar el tráfico de personas que ha sido calificado por el Índice Global de Delincuencia Organizada como el más grande y sofisticado de América. Ese tráfico es manejado ya por los grandes grupos criminales del país, tanto en la frontera norte como en la sur.
Relacionado con ello está la exigencia, reiterada la semana pasada, de romper con las redes de tráfico de drogas, golpear sus estructuras, detener y juzgar a sus jefes. Inquieta en la Unión Americana que desde hace tiempo no haya una detención importante. El que se haya triplicado la recompensa contra El Mayo Zambada hasta colocarla en 15 millones de dólares es una señal en ese sentido. Los capos deben ser perseguidos, detenidos y juzgados. No es posible emprender una lucha eficaz contra el crimen organizado sin hacerlo, y eso nada tiene que ver con estar declarando una guerra.
Recodemos dos cosas: el tema migratorio es una bomba de tiempo para la administración de Biden, pero también es un desafío para nuestra propia seguridad nacional. El combate a los grupos criminales es una exigencia cada vez mayor de nuestra sociedad, la violencia está en los niveles más altos de nuestra historia y hay estados donde literalmente las autoridades no tienen el control del territorio.
Y en Estados Unidos hubo en el 2020 el número más alto de muertes por sobredosis de toda su historia, 93 mil personas murieron, la mayoría de ellas por sobredosis de fentanilo. La venta de pastillas de fentanilo mezcladas con cocaína y metanfetaminas son altamente mortales y cada vez están más extendidas. Y, aunque no sea estrictamente así, para muchos sectores de opinión en la Unión Americana ese fentanilo viene de México. Y hay mucho más en la agenda. La reunión del 8 de octubre será clave para ver si estos temas pueden o no desahogarse y tener un curso bilateral. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 12)
El debate sobre la pertinencia de regular la posesión y portación de armas de fuego se encuentra nuevamente en el ojo del huracán en Estados Unidos, luego de que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) informará que durante 2020, se registraron 21 mil 507 homicidios intencionales, un aumento de 30 por ciento, en comparación con el año previo; el incremento anual más importante en los últimos 61 años, y un pico de asesinatos no visto desde 1995.
Si bien las armas por sí mismas no son un factor explicativo de este delito, lo facilitan. De acuerdo con el informe del FBI, 77 por ciento de los crímenes letales en 2020 se cometieron con armas de fuego. A la par, de acuerdo con Small Arms Analytics, el año pasado se vendieron en aquel país 23 millones de armas, 65 por ciento más que en 2019 (con 13.9 millones de armas vendidas); es decir, más homicidios ligados a un elevado apetito de sus ciudadanos por las armas.
¿Qué fue lo que motivó esta demanda de armamento sin precedentes? Resaltan dos hipótesis, la primera, el temor de enfrentar saqueos, robos y asaltos con motivo de la pandemia; la segunda, compras de pánico motivadas por la probabilidad de que se apliquen nuevas restricciones para la compra de fúsiles de asalto de parte del gobierno de Joe Biden, quien ya calificó a esta crisis de violencia armada como una “epidemia” y “vergüenza a nivel internacional”.
¿Pero realmente la proliferación de armas provocó este repunte de delitos violentos?
Otra posible explicación —respaldada por los republicanos—apunta a una menor capacidad de las policías frente al crimen, por desconfianza de incurrir en nuevos abusos, o debido a los recortes presupuestales en ciudades demócratas, como reacción a las protestas por la muerte de George Floyd.
La promesa de Biden para frenar la proliferación de armas parece diluirse al ser altamente polarizante, en medio de una percepción histórica de inseguridad, que alcanzó a 78 por ciento de la población en 2020 (Gallup:2021), y la aparente inacción policial.
Sobre todo, cuando 56 por ciento de los estadounidenses están a favor de la Segunda Enmienda (el derecho a poseer y portar armas), por 23 por ciento a favor de derogarla (Morning Consult: 2021). Trump sabe que empujar a Biden a retomar su agenda de desarme podría resultarle igual o más costosa para su popularidad, que el retiro de tropas de Afganistán.
En este contexto se inscribe la demanda del gobierno mexicano contra las armerías, que lejos de retribuirle políticamente al presidente demócrata, servirá a Trump para acusarlo de dejar indefensos a sus conciudadanos, y relanzar su plan de “hagamos segura a América de nuevo”, con miras a lo que parece inevitable: su campaña por la reelección en 2024. (Rubén Salazar, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)