Obviamente la Academia Sueca, cuyas deliberaciones culminan cada año con la entrega de los premios de la Función Alfred Nobel no nos quiere a los mexicanos. Al menos no al gobierno mexicano.
Altiva como una desdeñosa valquiria pasó de largo por sobre la petición presidencial de entregarles los premios de medicina a quienes en un año alcanzaron lo imposible para el imperio español en 300 años de rapaz coloniaje: las vacunas contra el Covid.
No importa sin esa hazaña bio-farmacológica, sean químicos, biólogos, investigadores y científicos neoliberales, contratados por las enormes empresas trasnacionales quienes ganan dinero con la venta de sus descubrimientos y sus desarrollos científicos, a costa de la pobreza intelectual de los países subdesarrollados quienes no tiene opción de inventar nada, sólo de comprarlo. -o mendigarlo–, todo.
Pero esa injusticia no les iba a quitar –a ninguno de todos los premiados–, la presea cuya concesión ya había sido lograda cuando México, tarde y mal, les pidió a los escandinavos, premiar a los premiados.
Por eso los suecos le hicieron al sueco. En lugar de eso les dieron la presea a David Julius y Ardem Patapoutian quienes desarrollaron experimentos para saber por qué sentimos el calor y el dolor. La explicación científica de una caricia o como diría Marco Antonio Montes de Oca, cuando en una cadera de mujer el tacto clava sus deliciosos alfileres.
Pero fue solo esa desatención. Los suecos se empeñaron en premiar a quienes actúan a contracorriente de los mexicanos tetramorfósicos. Se les ocurrió entregarles la medalla dorada de la Paz, a dos periodistas en cuyos países se agrede a los informadores y se juega contra la libertad de pensamiento, expresión e imprenta, cosas en México desconocidas.
Ellos son un ruso y una filipina, Maria Ressa. Ella colecciona órdenes de aprehensión (como su fuera científica mexicana) y se le ha retenido su visado de salida. Tiene 58 años de edad y es una vulgar aspuracionista contraria a Duterte (estudio en Princeton); ganó el premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano, también en este año y fue señalada en 2018 (por Time), como una persona internacionalmente notable.
Si viviera aquí estaría alojada en la colonia Del Valle.
El otro periodista galardonado es Dmitry Muratov editor del “Novaya Gazeta”, cuya terquedad lo compele a seguir publicando a pesar de acoso, amenazas, violencia y asesinatos en el gremio.
Horror en Rusia matan periodistas. Una felicidad no vivir en Rusia.
Obviamente en el Kremlin se acusa a todo peripodista de ser “agente extranjero”, especialmente si es un crítico persistente. Y eso no esta del todo mal, excepto porque lo hacen sin un tribunal de por medio.
Ya nuestra embajada tramita un curso propedéutico para operadores rusos de información, impartido por la muy inteligente Anita Vilchis quien despliega cada semana su talento inquisidor (no inquisitivo), de enjuiciamiento mediático en las “mañaneras” de media semana.
Pero donde sí la Academia nos vino a poner otro dedo en otra llaga (hay tantas como uñas en las manos), es en el asunto migratorio, renglón en el cual México fracasa un día sí y otro también, porque su condición de barda humana en favor de los gringos es algo innegable, como tampoco se puede negar el absurdo del señor canciller Marcelo, o del comisionado de Migración, el señor Garduño: los migrantes son bienvenidos si cumplen con los requisitos legales para internarse en el país.
Es decir, cuando se hospeden en el Ritz Carlton del Paseo de la Reforma, no cuando se presenten como famélicos haitianos –espectrales, indocumentados y con los hambrientos ojos hundidos en la cadavérica cara sin esperanza.
Ese desarraigo es la materia prima en la literatura del escritor premiado este año, cuyo nombre — Abdulrazak Gurnah, es apenas conocido por los lectores mexicanos. (Rafael Cardona, La Crónica, p. 2)
En México la migración está ligad a irremediablemente a las fronteras, que operan como una correa de trasmisión en los dos sentidos, y lo que pasa en el sur repercute en el norte y viceversa. Algo que al parecer no han entendido los funcionarios encargados de diseñar y operar la política migratoria. Al respecto, ¿quién diseña la política migratoria en México?
Abrir la frontera en el sur, en enero de 2019, como se hizo con el llamado “nuevo paradigma” de la gobernanza migratoria, repercutió meses después con un tuit de chantaje del ex presidente Donald Trump, que amenazó con imponer aranceles si no se controlaba la migración en tránsito.
Curiosamente, cuando llega Joe Biden al poder, en enero de 2020, empezó a incrementarse el flujo de migrantes de manera notable debido a varias razones: al freno que se había dado por la pandemia, un efecto ocasionado por el cambio en la política migratoria estadunidense; la crisis económica generalizada en el continente y el relajamiento en las medidas de control por parte del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Guardia Nacional encargada, durante el gobierno de Trump, de controlar el flujo.
Las estadísticas en Estados Unidos indican que el incremento de las detenciones en su territorio llegó a niveles alarmantes, al pasar de 70 mil a 210 mil aprehensiones en julio. Son cuentas alegres de los estadunidenses, sin embargo, al tratarse de eventos que incluyen a mexicanos, tienen muchos sesgos, pero son los que usan para amedrentar.
Por su parte, la Unidad de Política Migratoria (UPM) informa que en enero fueron “presentados” ante las autoridades 9 mil migrantes irregulares y, en julio la cifra llegó a 22 mil. No obstante, en agosto, después de que llegaran a México las comisiones de alto nivel a tratar el tema, los capturados llegaron a 31 mil. Las presiones de Estados Unidos funcionan, pero no lo suficiente.
Para Trump la gota que derramó el vaso fueron 130 mil, para Biden 210 mil. Y esto obviamente tiene repercusiones, que ya no se hacen por tuit, pero son muy desestabilizantes en la relación bilateral. Un ejemplo claro de esta situación repercute en la frontera norte.
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha insistido en la necesidad de abrir la frontera, que está parcialmente cerrada desde hace año y medio. Pero si se abre ésta, el argumento de la pandemia ya no sería válido y, por tanto, Estados Unidos no podría aplicar la disposición legal de salud del título 42, que opera desde marzo de 2020 y que permite la deportación al país, “en caliente”, de miles de migrantes mexicanos y centroamericanos.
Por otra parte, la política o la gestión migratoria suele operar como un efecto boomerang y de los 15 mil haitianos que pudieron llegar al puente en Ciudad Acuña, en una operación totalmente organizada y programada, unos 2 mil fueron deportados a Haití, 5 mil fueron trasladados a centros de detención y alrededor de 8 mil regresaron o se quedaron en México.
Pero todo esto no queda aquí, la política de puertas cerradas de Estados Unidos mandó un mensaje claro y disuasivo a los cerca de 20 mil haitianos que están en camino y varados entre Colombia y Panamá. Mientras, México envió un mensaje ambiguo. El canciller Marcelo Ebrad informó que se les daría refugio a cerca de 13 mil haitianos y luego ha empezado a deportarlos a Puerto Príncipe. Son mensajes contradictorios en pocas semanas.
Para los haitianos que son partidarios de la teoría del rational choise prefieren quedarse cerca de Estados Unidos, por si se presenta la oportunidad de cruzar en algún momento, pero sobre todo si se les da la oportunidad de quedarse en México. La alternativa de volver voluntariamente a Haití está completamente cerrada. La opción de regresar a Brasil resulta muy complicada por la devaluación, dado que su salario de unos 700 dólares mensuales se redujo a 400 lo cual les imposibilita vivir, pero sobre todo les impide enviar remesas. Por su parte, en Chile gobierna Piñera, que no ha sido proclive a regularizar la situación de los haitianos, incluso cuando tienen hijos chilenos. Y el panorama no pinta nada bien después de la agresión que sufrió un campamento de migrantes venezolanos en Iquique.
Lo lamentable de todo esto ha sido el sufrimiento indescriptible de personas migrantes que han atravesado el continente de sur a norte para quedarse atorados, en situación de indefensión y con los sueños y aspiraciones rotos, no sólo de llegar, sino de ingresar y vivir en Estados Unidos.
La política de contención en Tapachula, Chiapas, no funcionó y se desbordó en forma de caravana; luego, la represión tampoco funcionó, porque en la práctica llegaron a Ciudad Acuña cerca de 15 mil haitianos que ahora vienen de regreso nuevamente a Tapachula para deportarlos.
El mantra de la política migratoria mexicana es por una migración “ordenada, segura y regular”. Pero eso no existe. La migración haitiana es totalmente desordenada, insegura e irregular. Por tanto, habrá que ordenarla, proporcionarle condiciones de seguridad y proceder a regularizarla de alguna manera. No hay otra salida.
Salvo, dar el portazo a la inversa y cerrar la puerta. ¿Es lo que el gobierno quiere hacer al iniciar la deportación “humanitaria” de haitianos? (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 14)
Mientras la crisis migratoria busca nuevos aires de solución entre México y Estados Unidos, en El Salvador la ciudadanía ya se puso las pilas e insta a sus compatriotas a que se queden en casa y no buscar nuevos horizontes que quizás no existen. El reto es generar empleos y oportunidades de mejores condiciones de vida en Centroamérica. (Redacción, La Crónica, P.p.)
TRAS su fallida aventura como dueño de la franquicia electoral Fuerza por México que perdió el registro, el representante del neocharrismo sindical en tiempos de la 4T, Pedro Haces, anda buscando ampliar horizontes… ¡en Las Vegas!
CIRCULA una invitación del líder de la Catem para una reunión con un grupo de “líderes migrantes” de EU a celebrarse en el Resort World de la “Ciudad del Pecado” y que tiene dos únicos eventos en la agenda: un cocktail de bienvenida el martes 12 y un desayuno de trabajo el miércoles 13, en el que seguro servirán chilaquiles bien picosos.
POR SUPUESTO, la central sindical pagará el hospedaje, pero solo de la noche del 12 y, como cantaba Elvis Presley: ¡Vivaaa Laas Vegaaas! (F. Bartolomé, Reforma, Opinión, p. 8)
La geopolítica es implacable: si al lado de un país rico y poderoso hay otro menos afortunado y en el primero surge imbatible una demanda de bienes o servicios ilegales, sean drogas o mano de obra indocumentada pero barata, se va a dar un intercambio que a su vez generará un tipo de vida de la ilegalidad que será socialmente corrosivo y muy difícil de erradicar mientras persista el gran contraste.
México es vecino, al norte, de la sociedad más rica del planeta, pero la nuestra tiene apenas al 30% de sus habitantes como no pobres y sin carencias, pero a un 42% clasificados como pobres (cifras del Coneval de 2020). Al sur, nuestro país es vecino de sociedades aún más pobres y que hoy expulsan un aluvión de migrantes que unidos a los que expulsa México se congregan en la frontera con Estados Unidos buscando ingresar al país rico. El resultado es la formación y consolidación de una estructura criminal de brutalidad extrema dedicada al contrabando sur-norte de personas y drogas y que es trituradora, entre otras cosas, de futuros individuales de muchos adolescentes y jóvenes fronterizos pobres pero urgidos como pocos de un mínimo de certezas y esperanzas sobre su futuro.
En un reportaje en el Washington Post (02/10/21), Kevin Sieff relata un caso paradigmático: el de un adolescente de Matamoros de doce años al que el autor llama Antonio y al que un compañero de escuela engancha para que se inicie en “arte” de contrabandear indocumentados a los Estados Unidos. Durante seis años Antonio logró cruzar a Texas tantos sin papeles como la organización criminal que controla ese tráfico puso en sus manos. En esa actividad Antonio fue un éxito pues cobraba cien dólares por indocumentado y en ciertos días pudo poner hasta diez personas en manos de sus contactos en Texas. Sin embargo, se trata de una historia que tenía “fecha de caducidad” y que todos los involucrados lo sabían.
Al Antonio adolescente, de padre ausente, lo reclutaron traficantes de personas y lo mantuvieron en su nómina por su capacidad para burlar a la Border Patrol, pero también por su edad. Quince veces la patrulla fronteriza lo sorprendió con su contrabando humano y otras tantas veces lo tuvieron que devolver a Matamoros. Y es que mientras no fuera mayor de edad, la legislación norteamericana impedía poner a Antonio tras las rejas. Para el adolescente fronterizo su part time job era casi un juego que le daba un ingreso y una independencia envidiables a ojos no sólo de sus pares locales sino incluso de otras clases. Se acostumbró a una forma de vida que sólo sirviendo al crimen organizado podía mantener.
En su relato Steff introduce a Ivette Hernández, funcionaria de un centro de atención a menores. Se trata de un esfuerzo del gobierno por ofrecer alternativas a los adolescentes que la Patrulla Fronteriza devuelve a México. El empeño de la Sra. Hernández es más que meritorio, busca mantener el contacto con esos “niños del circuito”, les ofrece ayuda sicológica, entrenadores para sus equipos deportivos, pero al final sus recursos no tienen posibilidad de competir con las “oportunidades” que les ofrece un cartel como el del Golfo: dinero, drogas, autos y, al final, armas a cambio de su incorporación plena al mundo del crimen en cuanto llegan a la edad adulta.
Al cumplir 18 años Antonio, el cartel le entregó un rifle de asalto y le dio su primera nueva tarea: asesinar a un rival, a un Zeta. Sin embargo, el novel sicario falló y el cartel se lo cobró.
En Matamoros, Antonio entró a la edad adulta por la puerta del infierno. La última noticia que la Sra. Hernández tuvo de Antonio fue una llamada desesperada de auxilio, demanda ya imposible de satisfacer. (Lorenzo Meyer, El Universal, Nación, p. A6)
La mayor parte de los procesos sociales nunca terminan, sólo evolucionan de acuerdo con las circunstancias específicas en que tienen lugar, la densidad del cambio que buscan, los liderazgos responsables de los mismos y los siempre presentes imponderables, que pueden alterar en un sentido u otro lo que en principio parecía previsible.
Sobre esto último, así como hay eventos inesperados que marcan un giro, un cambio en el orden establecido, los de una expedición inglesa en Australia que, por primera vez, observan un cisne negro, con lo que se acaba la idea que todos era blancos, la constante es la evolución, la continuidad o el desarrollo paulatino de expresiones individuales que toman fuerza y se convierten en reacciones colectivas.
Este preámbulo me lleva a plantear que en las relaciones internacionales la historia demuestra que buena parte de los temas que hoy ocupan la agenda global, han estado presentes desde siempre: conflictos fronterizos, migraciones transnacionales, comercio, delincuencia, inversiones, conflictos armados, invasiones y derrocamiento de gobiernos establecidos. Además de la gradual, pero permanente tendencia a la integración económica, social y cultural ha derivado en grandes beneficios para el desarrollo y bienestar de las sociedades vecinas y más aún, para aquellas que se ven inmersas en procesos de integración que complementan sus respetivas capacidades.
Varios de esos temas han estado presentes desde siempre en la relación entre nuestro país y el vecino del norte. México tiene una larga experiencia, al tener que lidiar con Estados Unidos desde una posición de relativa debilidad, lo cual es también una constante en la mayoría de los países que interactúan con el poderoso vecino. Como me dijo un analista de inteligencia israelí: “Ustedes dicen pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos, nosotros decimos: pobre Israel, tan cerca de Dios y tan lejos de Estados Unidos”.
La diplomacia mexicana es estudiada y reconocida, pues ha logrado encauzar los impulsos imperiales de Washington hacia una relación más o menos estable, más o menos respetuosa. No en balde, durante muchos sexenios la primera visita al extranjero del presidente mexicano en turno era entrevistarse con su homólogo estadunidense.
Acaba de tener lugar en nuestro país una reunión del más alto nivel entre ambos gobiernos y adoptaron lo que denominaron el Acuerdo Bicentenario, sugiero al lector su lectura, pues es un texto bien trabajado, muy ambicioso y claro sobre los múltiples temas que formarán parte de la cooperación para combatir la delincuencia y reforzar la seguridad mutua con especial énfasis en la zona de la frontera común.
Para continuar con la estrategia de diferenciarse del pasado que el Presidente repite cada día, el canciller Ebrard, al anunciar la firma del documento declaró “adiós Mérida”, refiriéndose al acuerdo que el expresidente Felipe Calderón suscribió en 2008 con George W. Bush para la lucha contra el narcotráfico y dio la bienvenida al Entendimiento Bicentenario para la seguridad, la salud pública y las comunidades seguras. En diplomacia las palabras cuentan mucho y el canciller enfatizó que no se trata de un mero acuerdo es, dijo “una alianza en materia de seguridad, una alianza tiene otro nivel cualitativo… tenemos un solo objetivo, tenemos confianza, nos respetamos y fijamos las bases de cómo vamos a trabajar”. Es decir, es un compromiso de gobierno a gobierno.
Este nuevo entendimiento busca, en esencia, reducir la violencia en la frontera, combatir el tráfico de armas, el tráfico y trata de personas, combatir al cartel Jalisco Nueva Generación y el contrabando de fentanilo y metanfetaminas. El presidente López Obrador clausuró la reunión. Trascendieron sus comentarios en el sentido de hacer un repaso de la historia de México ensalzando a Benito Juárez como “el iniciador de la Independencia, un luchador social extraordinario que se opuso a la esclavitud”; vale preguntarse si abordar ese episodio histórico era pertinente en una reunión convocada para coordinar acciones en materia de seguridad y combate al crimen organizado.
Resta esperar que estas buenas intenciones se traduzcan en resultados concretos. No hay tema más urgente y sensible para México que reducir la violencia criminal que llena de luto a miles de familias. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 12)
Menos show, más resultados con EU
El que está involucrándose a fondo con sus raíces mexicanas es el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. La residencia que habita aún no la decora con el tradicional arte que cada personaje que ahí habita lo hace, pero sí tiene ya colgado un enorme cuadro de la Virgen de Guadalupe. Además, el diplomático aprovechó para darse una vuelta en el Mercado Hidalgo, en la capital del país, en donde se compró unos cubrebocas con la temática del Día de Muertos. Ahí la lleva el embajador. Quizá no será tan afecto a presumir sus “baños de pueblo” en Twitter, como lo hacía su antecesor, Christopher Landau, pero se espera, por parte de las autoridades en México, que este representante estadounidense sí funja como fuerte interlocutor con el vecino del norte. Hay que recordar que el anterior embajador, designado por el perdedor Donald Trump, era muy activo en presumir su gusto por los tacos al pastor y en postear en redes sociales, pero desde finales de 2020, en los hechos, ya era lo que conocen allá como un lame duck (pato cojo). (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
Los nuevos acuerdos en la reunión de seguridad entre México y Estados Unidos fueron anuncios y fotos, pero los representantes coincidieron en que es necesario trabajar de manera coordinada.
Nos cuentan que Estados Unidos dejó en claro, de forma enfática durante la reunión que hay que ir con una visión regional y un enfoque moderno de salud pública y desarrollo.
Los analistas internacionales nos comentan que los secretarios norteamericanos quieren que se proteja la seguridad transfronteriza.
La frontera Estados Unidos – México es el último dique de contención en el tema de drogas, armas y migrantes. (Redacción, La Prensa, p. 2)
Anunciada por ambas partes y como resultado preliminar, y sin duda, el más relevante dado a conocer a los medios de comunicación y de opinión pública, la denominada Iniciativa Mérida, se encamina su fin, aunque en los hechos, había dejado de ser operativa en los últimos cuatro años. Firmada por los entonces presidentes Georges W. Bush y Felipe Calderón, ambos representan hoy día, claras distancias ideológicas respecto de Joseph Biden y Andrés Manuel López Obrador. Ambos pertenecientes a posiciones alejadas del conservadurismo de sus predecesores, tampoco es una estricta ruptura. Puede afirmarse, que es un cambio de época ante condiciones diferentes.
Pues al momento de redactar está colaboración, se desarrolla la segunda y última ronda de conversaciones y negociaciones, para hacerle frente a la problemática compartida de las dimensiones de la Seguridad Nacionales, fronteriza, regional e internacional, la forma en que nuestro país y los Estados Unidos, procesen una agenda indisolublemente compartida, estará garantizado o no el éxito. Si bien las conversaciones se desarrollan a puerta cerrada, se estila un comunicado conjunto y en algunas ocasiones, filtraciones pactadas. Esperemos que sea así.
Sin embargo, debemos considerar en los análisis, que la situación con la que llega la delegación estadounidense, encabezada por el Jefe del Departamento, de todos los temas y asuntos concernientes los intereses de ese país, la salida de las tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado Atlántico Norte, ha impactado y generado, un indispensable ajuste en el establecimiento de las prioridades geopolíticas de la primera potencia mundial. Y Latinoamérica, comenzando por México, adquieren una renovada dimensión e interés.
La Seguridad binacional, ha sido desde el comienzo, la principal prioridad. Basta con analizar los perfiles de los funcionarios y composición de las delegaciones que han visitado nuestro país. ¿En dónde se encuentra dicha relación, no obstante la distancia entre ambos contextos? Pues en que para los Estados Unidos, se trata de una severa y profunda revisión de sus prioridades geopolíticas, para dimensionar las influencia de la República Popular de China en nuestro país y en Latinoamérica en general.
Desde luego que gravitan con enorme influencia, los graves problemas derivados de la delincuencia organizada en sus distintas manifestaciones: trafico de drogas, trasiego de armas, trata de personas, lavado de dinero y violencia criminal. De la parte mexicana, se ha anunciado, la insistencia en regular el mercado legal de armas en el país del norte. En donde debe apuntarse, y no se ha dicho, o al menos no lo he registrado, la propia sociedad de ese país resultaría beneficiada, pues el control en la venta de armas evitaría de alguna manera, la terrible frecuencia de las masacres (promedio dos por semana). Hay que subrayar y en pleno respeto a las leyes estadounidenses, no se trata de prohibir la venta de armas pero sí, de controlarla. (Javier Oliva, El Sol de México, Análisis, p. 17)
La desconfianza entre México y EU está justificada por la imposición y la falta de acciones para resolver problemas que les explotan en la cara, como migración, drogas o violencia. Condición preexistente de debilidad y desencuentro como se reconoce implícitamente en la declaración en favor de un nuevo entendimiento llamado Bicentenario, de colaboración contra el narcotráfico; superarla es indispensable para la cooperación contra el negocio del crimen transfronterizo y la crisis migratoria.
El viernes pasado se llevó a cabo en México el Diálogo de Alto Nivel en Seguridad entre los dos gobiernos para dar por muerta la Iniciativa Mérida, colaboración durante la última década bajo el enfoque de la “guerra contra las drogas”, aunque no dejó mayor beneficio para ninguno, lo demuestra el crecimiento del crimen y la violencia. Desde que se lanzó con Calderón y Bush en 2008, México escaló a la primera posición de los mercados criminales del mundo, a costa de una crisis de derechos humanos con más de 92 mil desaparecidos y tasas de homicidios rampantes, como los de un país en guerra. En EU dejó una epidemia de adicciones por la crisis de opiáceos y el consumo de drogas sintéticas. Con estos resultados “sería lamentable no entendernos”, como dijo López Obrador al recibir al secretario de Estado, Antony Blinken.
El fracaso, en los hechos, desactivó la iniciativa, que después se volvió supletoria con el esquema de seguridad de López Obrador de “abrazos y no balazos” contra el crimen y restricciones a la colaboración de la DEA para la persecución de capos de los cárteles. El desencuentro precipitó la relación a la desconfianza con la detención en EU del exsecretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, y la revelación del expediente confidencial de la DEA por parte del Presidente. El cúmulo de retos los condena a entenderse, aunque sea por mero pragmatismo, como el mostrado para imponer el muro de contención a la migración en la frontera. El alto costo político de la crisis de haitianos para Biden acabó por convencer a EU de revalorar a su aliado.
La crisis migratoria rompió el impasse y llevó al diálogo para impulsar un nuevo esquema de cooperación contra el narcotráfico, que parta de reconocerlo como un problema de salud pública y no sólo como un asunto de policías y seguridad. Un cambio en enfoque y estrategia es un paso en la dirección correcta, aunque el acuerdo surja, paradójicamente, de otro episodio de desconfianza, también bicentenaria. En EU han muerto más de 500 mil personas por sobredosis de opioides y la crisis empeoró durante la pandemia en 38.4% entre junio de 2019 y mayo de 2020. La carga económica por atención médica y tratamiento de adicciones puede superar 78,500 millones por año, una cantidad que la asistencia policiaca y militar contra las drogas no pudo ahorrarle y resultan insignificantes los 3,300 millones que EU destinó en 13 años a la Iniciativa Mérida.
Hay, pues, suficientes bases de interés para alcanzar ese nuevo entendimiento y atender la propuesta mexicana de sustituir la Iniciativa Mérida por otro esquema que priorice programas o inversiones contra adicciones, reducir violencia y homicidios y lavado de dinero, en vez del envío de helicópteros y armas para combatir a los cárteles. De poco ha servido contra la disputa entre cárteles, la espiral de homicidios y el hallazgo de campos de exterminio a unos cuantos kilómetros de una frontera azotada por el crimen. Y la colaboración basada en el suministro de armas terminó por detonar el recelo en una asistencia asimétrica, uno pone la industria armamentista y el otro la violencia, aunque el crimen y las drogas alcanzan a todos.
El nuevo plan surge, otra vez, de la colaboración bilateral fallida, pero su futuro pasa por recomponer la confianza de estrategias y propósitos comunes. Son las precondiciones que deben cambiar para construir un modelo que convenza a las sociedades sobre la necesidad de cooperar, más allá de declaraciones de buena voluntad o discursos de respeto y no injerencia. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 14)
Más allá del discurso de supuesta sustitución de una política bilateral claramente asistencialista en materia de seguridad, como describió Marcelo Ebrard Casaubon a la Iniciativa Mérida, por la denominada Entendimiento Bicentenario, cuyo sustento, se asegura, no es otro que la identificación y alineamiento de “coincidencias y prioridades” entre ambos países avanzará, irremediablemente, hacia el fracaso si a nivel interno, Andrés Manuel López Obrador y su gobierno no asumen la responsabilidad de combatir y erradicar al crimen organizado con miras a controlar la (creciente) violencia para preservar y mantener la paz pública.
Está claro que, nos guste o no, insistir en mantener como política pública aquello de los “abrazos, no balazos”, no hará sino preservar y agravar el actual estado de cosas, y claro, evidenciará lo irrisorio de la nueva prédica según la cual “el éxito de esto no se va a medir porque se capture un capo y se haga una gran conferencia de prensa (sino) porque haya menos homicidios en México y menos consumo de drogas” en Estados Unidos.
Debe quedar claro que una cosa sin la otra, prevención sin combate a los diferentes cárteles –algunos de cobertura transnacional, como se definió el jueves– o viceversa como se quiera, simple y sencillamente no conducirá a ninguna parte.
Pensar que la paulatina entrega, por decisión u omisión de cada vez más amplios territorios y, presumiblemente, importantes posiciones de poder a los cárteles o sus representantes no será nunca una alternativa con posibilidad de éxito, aun cuando al más alto nivel del gobierno federal y sus contrapartes –la administración Biden en este caso– trabajen en la consolidación de programas que potencien sus coincidencias, busquen empatar sus políticas en materia de desarrollo socio-económico, inversión u otras, ignorando, insistamos, la grave realidad existente en el ámbito de la seguridad, migración y/o contención y eventual erradicación del trasiego de fentanilo o precursores químicos.
Aceptemos pues que, a diferencia de la desechada Iniciativa Mérida, que privilegió el otorgamiento de ayuda financiera y armas a México no rindió el fruto esperado de controlar la violencia y devolver la paz a nuestro país ni contuvo el trasigego de drogas hacia Estados Unidos, el acordado Entendimiento Bicentenario sí lo consiga. Una apuesta muy arriesgada, sin duda.
ASTERISCOS
* Merecido, sin duda, el homenaje que en el marco del Bicentenario de su fundación se rindió a todos y cada uno de los miembros de la Marina-Armada de México, actuales y ya fallecidos, así como la remembranza que de su aporte a la defensa y mantenimiento de la seguridad han realizado a lo largo de dos centurias; hoy especialmente en la lucha contra el crimen organizado.
* Ahora sí que, al margen de tomar “otros datos” siempre sin sustento, lo cierto es que la consideración presupuestal de un alza de 4.4% en la captación de inversión extranjera en 2022, simple y sencillamente carece de sustento en las más diversas estimaciones realizadas por organismos nacionales y globales, esos sí totalmente confiables.
Veámonos aquí, mañana, con otro asunto De naturaleza política. (Enrique Aranda; Excélsior, Nacional, p. 16)

(E. Rocha, La Crónica, p. 2)

(Hernández, La Jornada, Política, p. 5)