Mientras los migrantes meten dinero al país, los poderosos compran en Miami. (La Jornada, Contraportada)
Tampoco es solución globalizar programas como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro. El presidente López Obrador extrapoló una vez más programas y propuestas locales al plano global, cuando esos mismos programas están lejos de haber dado los resultados esperados en México. Se puso como ejemplo lo sucedido en Chiapas donde hay 80 mil personas recibiendo recursos por Sembrando Vida y 30 mil jóvenes recibiendo los apoyos de Construyendo el Futuro. Pues nada de eso ha frenado ni la migración ni la seguridad ni garantizado la paz.
Hoy Chiapas está en una situación crítica en los tres ámbitos. La inseguridad y la violencia se han convertido en norma y la posibilidad de estallidos derivados de conflictos sociales y políticos se han intensificado con la presencia de diferentes grupos del crimen organizado, por lo menos cinco, de varios grupos armados de índole político. Que eso pone en riesgo la paz lo vemos, por ejemplo, en muchas comunidades, como Pantelhó.
La migración también ha pasado a estar controlada por grupos del crimen organizado y otros, de índole político, de dudosa procedencia. Pero no hablamos sólo de la migración centroamericana. Hasta septiembre pasado en Estados Unidos habían sido detenidas cruzando la frontera un millón 700 mil personas, y de esos cerca de 700 mil fueron mexicanos, una cifra hasta tres veces mayor de las de años atrás. Los apoyos sociales no frenan la migración, pueden ayudar a la gente y paliarla, pero las causas de la migración son mucho más profundas. Y eso se aplica para Haití y Centroamérica, pero también para México.
Con un punto adicional y que se relaciona paradójicamente con lo principal del discurso presidencial: ¿quién garantiza que esos recursos no sean devorados por la corrupción? La razón de que exista tanta reticencia de muchas naciones industrializadas para implementar estos programas es que existe conciencia de que el dinero, en la mayoría de las ocasiones, no llega ni remotamente a la base de la pirámide. Hace algunos años cuando Centroamérica fue devastada por una serie de huracanes, la administración Clinton destinó millones de dólares a Honduras, Guatemala y El Salvador.
El propio presidente Clinton reconoció que esos recursos se perdieron en las redes de la corrupción. Hoy esas denuncias atenazan al gobierno guatemalteco y al salvadoreño, el presidente de Honduras es requerido por la justicia estadunidense y su hermano está preso por narcotráfico. ¿Realmente invertirán recursos los países industrializados y las grandes empresas en programas donde no se pueden garantizar los mismos?
Los grandes países tienen hoy en el centro de su agenda el cambio ambiental para que éste sea el detonante del desarrollo y han llegado a un acuerdo para un impuesto global en ese sentido, ¿por qué destinarían recursos a países que no están comprometidos con ello? Son las preguntas que no responde el plan de fraternidad y bienestar. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 16)
La migración de las personas es la consecuencia de buscar mejores posibilidades de su seguridad y desarrollo económico, esto es, nadie abandona su lugar de origen por gusto, sino más bien como una necesidad de mejorar las condiciones de pobreza e inseguridad que viven millones de familias en el mundo.
Actualmente, la globalización de la economía, de las comunicaciones y del transporte ha impulsado el aumento de los flujos migratorios con el deseo de lograr mejores condiciones de vida.
Ciertamente, a lo largo de la historia se han registrado movimientos migratorios importantes por la necesidad de huir de las persecuciones políticas o escapar de conflictos ocasionados por el terrorismo, violaciones a los derechos humanos o simplemente por los efectos devastadores de los siniestros naturales ocasionados por el cambio climático (sismos, inundaciones, sequías, etcétera).
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informa que, de cada 30 personas, una es migrante y la define como “cualquier persona que se desplaza o se ha desplazado, a través de una frontera internacional o dentro de un país, fuera de su lugar habitual de residencia” y donde se deben considerar cuatro elementos: su situación jurídica, el carácter voluntario o involuntario del desplazamiento, las causas del desplazamiento y la duración de la estancia.
La migración se debe dar con una movilidad ordenada, segura, regular y responsable de las personas para evitar que sean víctimas de las bandas del crimen organizado; la trata de personas, la esclavitud laboral y la explotación de niños son delitos frecuentes que los delincuentes realizan aprovechando sus precarias condiciones económicas, sociales y culturales.
En nuestro país, la Secretaría de Gobernación ha registrado la incursión a territorio nacional, de 117,052 migrantes de enero a julio pasado, incrementándose un 181.9% en el 2021, pues en 2020 se registraron 41,512 incursiones al país en el mismo lapso.
Es América Central la que expulsa más gente con 106,253 eventos; los migrantes llegaron de Honduras 56,156; Guatemala, 35,849 y, El Salvador, 9,454. Sin embargo, esta cifra disminuyó un 7.4 por ciento al compararse con los de 2019 que reportó 126,423 eventos, cuando no había pandemia de covid-19.
El tema es crucial para toda esta gente que desea más y mejores posibilidades de vida. Sin embargo, son víctimas de las redes delincuenciales que les quitan el poco dinero que llevan. Es común observar cómo las redes de tráfico de migrantes latinoamericanos afectan las estructuras de seguridad en las zonas fronterizas de todo el continente.
La falta de información de migración legal y la ausencia de una regulación de parte de Estados Unidos. El lacerante crecimiento de la pobreza (221 millones de pobres informa la Cepal), la ausencia de políticas y programas laborales en sus lugares de origen, sin estímulo alguno para mejorar su futuro, es como toman la decisión de lanzarse a la ruta de los peligros que implica la travesía de lograr el sueño americano.
Por ello, las organizaciones de abogados realizaremos un foro, intitulado La migración y las redes delincuenciales en el auditorio Ius Semper Loquitur de la Facultad de Derecho de la UNAM, gracias a la anfitrionía de su director, el doctor Raúl Contreras Bustamante, donde participarán el doctor José Elías Romero Apis, el maestro Onésimo Piña Ortiz, el maestro José Antonio Olguín Alvarado, el doctor Rafael Martínez Treviño, el licenciado Alberto Woolrich Ortiz, el doctor Alfonso Muñoz de Cote Otero y el licenciado Cándido Parra Castro.
De esta manera, la Facultad de Derecho de la UNAM reitera su indeclinable servicio a la nación y su compromiso con el conocimiento; especialmente con el análisis serio y responsable de los asuntos más importantes de la agenda nacional.
¿O no, estimado lector? (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 18)
El presidente de México aclaró el día de ayer, desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que su visión de política exterior no existe.
El cuerpo de su discurso no es asimilable a la naturaleza del Consejo de Seguridad. Pudo haber sido un discurso electoral, de asamblea o del Foro de Sao Paulo, pero no un mensaje para ser leído en un foro con características y protocolos especiales.
El Consejo de Seguridad de la ONU es el único brazo del organismo cuyas resoluciones tienen naturaleza supranacional y metaconstitucional. El pleno de la Asamblea General no tiene esa característica.
No es difícil de imaginar lo que pasó por la mente del Secretario General de la ONU António Guterres en el momento en que escuchaba el mensaje del presidente de México.
El discurso del presidente tiene elevada eficiencia doméstica, pero su alcance internacional es nulo. La visión del discurso es adanista (tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos que se han hecho anteriormente).
El presidente habla de respeto a los derechos humanos de los migrantes, en los momentos de represión de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala, donde inclusive, la semana pasada murieron dos personas. El presidente habla de evitar la violencia, pero al mismo tiempo guarda silencio sobre lo ocurrido en Nicaragua.
El salón del Consejo de Seguridad no es un aula para impartir clases de moral. El presidente mencionó a lo largo de su discurso palabras como: opulencia, frivolidad, élites, desvirtuando valores sociales, decadencia, desintegración social.
El mundo no solo está en México. (Fausto Pretelin Muñoz De Cote, El Economista, Geopolítica, p. 41)
Desde la segunda mitad de 2020, la economía de Estados Unidos ha experimentado una rápida recuperación, en la que el PIB rebasó, en solo cuatro trimestres, su valor real observado antes de la pandemia. Una característica de esta reactivación ha sido el insuficiente avance del empleo, a pesar de un notable resurgimiento de la demanda de mano de obra.
De abril de 2020 a octubre de 2021, la tasa de desempleo se redujo más de diez puntos porcentuales, para situarse en 4.6 por ciento. A pesar de esta mejoría, el reciente nivel superó en más de un punto porcentual el de febrero de 2020, principalmente por el débil aumento de la ocupación. Por ejemplo, la nómina no agrícola de octubre de 2021 fue inferior en más de cuatro millones de individuos que la de aquel mes.
Curiosamente, un elemento con frecuencia ignorado en la lista de posibles causas de la escasez de mano de obra es el incremento de las barreras a la inmigración. En particular, las mayores restricciones a la recepción de trabajadores extranjeros establecidas al inicio de la administración del expresidente Trump, se acentuaron con el brote de la pandemia.
Así, disminuyó de forma drástica la emisión de visas de trabajo y se cerraron las fronteras para los viajes “no esenciales”, prohibición que, después de casi veinte meses, recientemente se suspendió, a condición de mostrar constancia de cierto tipo de vacunación contra el Covid-19.
La escasez de recursos humanos es amplia en sectores en los que los inmigrantes han jugado un papel preponderante, como la construcción, el transporte y almacenamiento, y los restaurantes y hoteles.
Sin duda, la reducción de las barreras a la inmigración beneficiaría a Estados Unidos. En el corto plazo, aliviaría los problemas de escasez de mano de obra y, en el largo plazo, fortalecería la eficiencia productiva. El reconocimiento de que ese país ha progresado, en gran medida, gracias a los inmigrantes justificaría, con creces, esta determinación. (Manuel Sánchez González, El Financiero, p. 10)
El día que terminó su mandato Enrique Peña Nieto, el 30 de noviembre de 2018, en el marco del G20 se realizó el último encuentro presidencial trilateral México, Estados Unidos y Canadá para concretar la firma del revisado TMEC. No fue una reunión cumbre como tal.
La última cumbre (encuentro de presidentes o primeros ministros) con discusión específica de temas trilaterales comunes se efectuó en Ottawa el 29 de junio de 2016 y, hasta la semana pasada, no se había incluido en el calendario diplomático la realización de una cumbre en este año o, al menos, una preanunciada. No obstante el aumento de las tensiones en materia de migración, energía, covid-19 y comercio parece que lo justifican. El Presidente podría estar realizando su tercer viaje al extranjero y hoy comentará el para qué. Interesante que la filtración a Reuters saliera de “fuentes de Ottawa”, apuntando a Joe Biden —el presidente estadunidense demócrata muy activo en Glasgow y quien se reunió con Justin Trudeau en el G20 de Roma— como autor de la cumbre.
Biden “estaría planeando una reunión presencial”, anunciaba el cable de Reuters, aunque, evidentemente, no han sido informadas todas las estructuras diplomáticas de la filtración, dado que tomaron por sorpresa a Ken Salazar en la conferencia de prensa en la que habló, entre otros temas, de migración y la reforma eléctrica.
En México se confirma que “aún faltan detalles por definir, pero estamos en conversaciones para celebrar la Cumbre de Líderes de América del Norte en Washington, DC”.
Además, que el presidente López Obrador dará más información en la mañanera de este miércoles. Los temas: migración, que puso sobre la mesa el Presidente afuera de Naciones Unidas, al comprometer el esfuerzo personal para regularizar la estancia de 11 millones de migrantes; el de inversiones eléctricas (que quieren abordar Biden y Trudeau, dada la tensión que ha generado la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica); los compromisos medioambientales de las tres naciones, que pasan por la matriz energética; en lo económico, y la revisión de la política propuesta de subsidios (tax credit) a autos eléctricos producidos en Estados Unidos con mano de obra estadunidense, así como la interpretación del panel de reglas de origen automotriz y, por último, no menos importantes, los temas de seguridad y armas; vacunas covid-19 y futuro de la apertura de fronteras a personas y comercio. Son temas todos que justifican el encuentro cumbre, aunque suene “apresurado”, pues debió ser conversado entre Kamala Harris, Marcelo Ebrard y Chrystia Freeland, los tres vices (por así decirlo) y sus jefes. (Alicia Salgado, Excélsior, Dinero, p. 5)
AMLO: asomo a lo internacional // Plan mundial; calidez paisana // Ken, embajador corrector // Mario Delgado hace alianzas
En tanto, activo como pocos, el superembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, ofreció ayer una conferencia de prensa para subrayar que representantes de ambos países trabajan en pos de un acuerdo en cuanto a la reforma eléctrica. Hizo ver que empresas del vecino norteño han invertido más de mil millones de dólares en ese rubro y se busca la manera de conciliar intereses.
También anunció una próxima reunión del primer ministro y los dos presidentes de las naciones norteamericanas (Canadá, Estados Unidos y México), aunque sin fecha definida ni temario acordado. En sus declaraciones, Salazar combina las frases amables y de buena fe con el fijado de posturas políticas de su gobierno a aplicarse en México en temas delicados, como la migración proveniente de Centroamérica y el diseño del futuro energético. Sin gran tacto diplomático, aparece como un vigilante e instructor, como corrector con aspiraciones de rector. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 10)