Opinión Migración 121121

Bitácora del Director / Los niños fronterizos vacunados… y los otros

La política nacional de vacunación contra el covid –que no incluye a los menores de edad salvo los de 11 a 17 años que tienen ciertas comorbilidades– está creando dos clases de niños y adolescentes en México.

Por un lado, los que viven en la franja fronteriza o a corta distancia de ella. Ellos, desde el lunes pasado –cuando se reabrió la frontera para viajes no esenciales– están en posibilidades de que sus padres los lleven a Estados Unidos para recibir la vacuna o, en su defecto, pueden beneficiarse de la cercanía geográfica con el vecino del norte inoculándose en territorio nacional con vacunas donadas por autoridades estadunidenses.

A estos habría que agregar a quienes son parte de familias que tienen la capacidad económica de volar a EU desde cualquier punto del país para aprovechar la posibilidad de vacunarse, como ocurre con cualquier menor estadunidense, de 5 años de edad en adelante, desde el pasado 3 de noviembre.

Por otro lado, está el resto de los mexicanos menores de edad, aquellos que no tienen la posibilidad de viajar por avión a alguna ciudad de EU –por falta de dinero o porque sus padres no cumplen con los requisitos para ser admitidos como turistas en ese país– o los que viven tan lejos de la frontera que no están en condiciones de aprovechar las ventajas arriba mencionadas.

Desde que la vacunación de menores de edad comenzó a aprobarse en distintos países –luego de recibir al aval de sus autoridades sanitarias– el gobierno de México ha puesto enormes resistencias a esa posibilidad. Incluso, ante las resoluciones judiciales que han hecho obligatorio que los adolescentes reciban el biológico. La postura de las autoridades federales es que los menores de edad no necesitan las vacunas porque tienen un sistema inmunológico más fuerte, como ha dicho públicamente Jorge Alcocer. Pese a que la evidencia científica recomienda que los menores se vacunen, Alcocer aseguró que él no llevaría a sus nietos a ponerse la dosis.

Peor aún, el subsecretario Hugo López-Gatell afirmó que los menores cuyos padres tramitan un amparo para que los inoculen, “le están quitando la oportunidad a otras personas” para ser vacunadas.

Sin embargo, el gobierno federal no se ha quedado sólo en palabras. Luego de la resolución de un juzgado, que ordenó vacunar a todos los adolescentes, más allá de su condición de salud, la Secretaría de Salud impugnó la decisión.

Dicha oposición no parece ser sanitaria, sino presupuestal. ¿Por qué lo digo? Porque mañana sábado el Consulado de México en Laredo, Texas, que responde a la Secretaría de Relaciones Exteriores, comenzará a vacunar a niños a partir de los 5 años de edad mediante dosis donadas por autoridades estadunidenses, apoyado en una lista que integra la Secretaría de Desarrollo Social del ayuntamiento de Nuevo Laredo, Tamaulipas.

La vacunación de menores contra el covid en Laredo, Texas, depende de la disponibilidad de dosis de Pfizer, pero, al momento de escribir estas líneas, unos mil 500 menores, de entre 5 y 11 años de edad, ya habían sido anotados por sus padres.

Es decir, en esos casos el gobierno mexicano no parece estar en contra de vacunar a los niños por considerar que no necesitan el biológico. Lo que sucede, aparentemente, es que mientras no tenga que pagar por esas vacunas, no tiene problema con que los menores se las pongan.

Por eso, uno tiene que preguntarse cuáles son las prioridades presupuestales del gobierno federal. ¿A qué se debe que no haya límite en los recursos destinados a las obras emblemáticas, pero aquellos dirigidos a la salud de los niños –llámense quimioterapias o vacunas– se suelten a cuentagotas? (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nacional, p.2)

Razones / Hacer política mirándose a los ojos

BUENOS AIRES, Argentina.— Mientras el país más austral del continente se prepara para unos comicios intermedios de este domingo que pueden ser desastrosos para el régimen de Alberto y Cristina Fernández (presidente y vicepresidenta de Argentina, crudamente enfrentados entre sí), en México tenemos que poner toda la atención en el encuentro que mantendrán la próxima semana el presidente López Obrador con sus homólogos Joe Biden y Justin Trudeau, mandatarios de Estados Unidos y Canadá, respectivamente.

El encuentro fue anunciado por Biden, que invitó primero a Trudeau y, ya confirmado éste, extendió la invitación a López Obrador. Se realizará el próximo jueves en Washington y tendrá tres temas: la cooperación en la lucha contra el covid, la integración económica y la migración, los tres prioritarios para la Casa Blanca, una vez aprobado el plan de ayuda por un billón 200 mil millones de dólares. Canadá está más que presto a sumarse y participar en muchos de esos grandes proyectos, sobre todo de infraestructura, y tiene una agenda común con la Casa Blanca respecto a medio ambiente y cambio climático.

El presidente López Obrador irá a ese encuentro luego de una participación en el Consejo de Seguridad de la ONU que no tuvo repercusión en el ámbito internacional y sin haber visto jamás, persona a persona, a sus dos interlocutores, que se conocen desde muchos años atrás. Llegará también sin experiencia en este tipo de cumbres, porque se ha negado sistemáticamente en su administración a participar en ellas, salvo la que sostuvo, en un claro error político, con Donald Trump en la Casa Blanca y que fue interpretada como un acto electoral de apoyo al entonces presidente republicano que buscaba su reelección y que perdió ante Biden.

La interacción personal, el contacto directo, el mirarse a los ojos y negociar es una experiencia intransferible entre jefes de Estado. Al presidente López Obrador no le gusta: pudo haber ido a la cumbre del G20, en Roma, donde se podría haber encontrado con éstos y muchos otros interlocutores, o a la COP26, en Glasgow, pero prefirió quedarse en casa, observar el Día de Muertos en su rancho, en Palenque. Tampoco quiso participar en la Asamblea General de la ONU y optó por su participación en el Consejo de Seguridad, donde no lo acompañó, como suele ocurrir en ese espacio eminentemente diplomático, ningún otro jefe de Estado. Ahora será diferente.

La agenda tampoco ayudará. En los tres temas existen divergencias entre México y nuestros dos grandes socios comerciales (y tendríamos que recordar que deberían serlo también políticos). En la lucha contra el covid, los dichos del presidente López Obrador en la sesión de la ONU lo muestran alejado de las posiciones de Estados Unidos y Canadá, donde terminó hablando de “los poderes transnacionales”, de la opulencia y la frivolidad como forma de vida de las élites políticas y económicas, y sostuvo que el modelo neoliberal “socializa pérdidas, privatiza ganancias y alienta el saqueo de los recursos naturales y de los bienes de los pueblos y naciones”.

La mejor metáfora sobre la distancia que existe en estos temas fue ver al presidente López Obrador utilizando en Nueva York la mascarilla que se niega a utilizar en México y que López-Gatell decía que era inútil, o reclamar por vacunas que en nuestro país las autoridades de salud se niegan a inocular en jóvenes y niños, llegando al extremo de ampararse legalmente para no hacerlo, una política de 180 grados distante a la aplicada en nuestros dos socios comerciales.

En la cooperación económica, el tema de la reforma eléctrica está más que vivo, lo mismo que distintos conflictos energéticos y mineros con empresas canadienses. México envió, apenas esta semana, a la secretaria de la Semarnat, María Luisa Albores, a la reunión de Glasgow, que fue calificada por organizaciones ambientalistas independientes que participaron en el encuentro como “la fósil del día”. Sin palabras.

Lo cierto es que, luego de que en México se descalificara al embajador Ken Salazar diciendo que Estados Unidos opinaría sobre la reforma energética cuando la conociera, el embajador, especialista en temas energéticos, ratificó la preocupación de su gobierno y de las empresas de su país respecto a la reforma, y lo hizo unas horas después de que se convocara la reunión de los tres mandatarios en Washington.

Sobre la crisis migratoria hay poco que agregar. Es uno de los mayores problemas que afronta la administración Biden, que está dispuesta a buscar acuerdos para legalizar a once millones de personas dentro de su país, pero que no puede cambiar las políticas fronterizas porque sería un suicidio político.

Y hay un tema central que deberá ser abordado. Biden está planteando acuerdos de lo que llaman microrregiones para poner freno a la expansión de China en la región y el mundo. Los acuerdos en ese sentido de Biden y Trudeau son amplios y firmes. México se niega a tomar posición al respecto. Pero mucho más temprano que tarde tendrá que hacerlo.

El escenario debería generar muy pocas expectativas en México. Sin embargo, siempre cabe la posibilidad que el peso de nuestros socios comerciales sirva para que la línea seguida en esos temas pueda ser modificada, para el beneficio de nuestra política exterior, pero sobre todo para nuestro desarrollo interno. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p.12)

Agenda de Seguridad y Defensa / Cumbre comercial: Biden con desaprobación peor que Trump

En la parte más baja de su aprobación a niveles inclusive inferiores a Donald Trump, el presidente Joseph Biden realizará otra reunión con México para tratar los mismos temas desahogados en reuniones anteriores y con los mismos argumentos.

La cumbre del próximo jueves 18 se dará en el escenario del Tratado México-EU-Canadá y dos temas de la agenda son prioritarios: las quejas estadounidenses contra las nuevas reglas estatales en electricidad y petróleo y el multicitado problema de seguridad en la frontera por la presión migratoria centroamericana y caribeña y por el incremento en el tráfico de drogas y la mayor presencia de cárteles mexicanos dentro del territorio estadounidense.

El presidente Biden no ha podido tomarle la medida al presidente López Obrador, cuyo nacionalismo económico y de seguridad fronteriza sigue resistiendo las presiones de la comunidad civil y militar de la seguridad nacional estadounidense.

El problema de la Casa Blanca radica en el enfoque unilateral de un país poderoso que carece de la capacidad para negociar con su vecino del sur y el enfoque imperial de exigencia de subordinación. Si no acepta las propuestas mexicanas en materia de migración y seguridad, Estados Unidos tendrá que lidiar con el efecto negativo en su interior de las oleadas de migrantes y del aumento del narcotráfico.

 

Como no se había visto desde los infaustos días del activismo imperial del embajador reaganiano John Gavin, el nuevo embajador Ken Salazar está usando presiones políticas contra México en materia de inversiones en electricidad, pero sin desahogar los expedientes en los tribunales comerciales.

La cumbre mostrará otra vez que Biden sigue dominado por los intereses geopolíticos de la comunidad de inteligencia y seguridad nacional civil y militar. (Carlos Ramírez, 24 Horas, México, p. )

Pulso Política / Santiago Nieto, persona íntegra: AMLO

AHORA que grupos de migrantes mexicanos en Estados Unidos se congregaron frente a la sede de la ONU en Nueva York, se recordó que durante su autoexilio y después de residir varios años en Francia, el actual canciller Marcelo Ebrard se refugió en ciudades estadounidenses en las que agrupó a paisanos en algunas de ellas, como en Chicago, que el martes estuvieron en la Gran Manzana para vitorear de lejos al Presidente López Obrador. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p 6)

La Diplomacia Consular Mexicana construye puentes en beneficio de nuestras comunidades

El Consulado General de México en Chicago organizó el Diálogo Black-Brown: un llamado a repensar el futuro que compartimos. Durante el verano de 2020, Estados Unidos atestiguó una de las movilizaciones sociales más impresionantes en la lucha por la justicia frente a los crímenes de odio y el racismo. Fue un momento conmovedor que nació de mucho sufrimiento, pero también fue un momento de esperanza, que marcó la pauta para renovar la conversación en la sociedad estadounidense acerca de estos temas.

En medio de las protestas nacionales tras el asesinato del Sr. George Floyd en mayo de 2020 a manos de un oficial de la policía de Minneapolis, el Consulado General de México en Chicago recibió información sobre posibles incidentes de confrontación entre personas mexicanas y afroamericanas después de que se difundieran rumores en redes sociales sobre saqueos en negocios ubicados en barrios hispanos. Con mucha preocupación, tuve la oportunidad de discutir el tema con el canciller Marcelo Ebrard, quien me instruyó monitorear de cerca la situación, informar y brindar asistencia a nuestra comunidad y hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para prevenir actos de violencia, así como contribuir a la creación de puentes con líderes y organizaciones afrodescendientes. 

Al final, se logró evitar la violencia. Las personas hispanas y afroamericanas en Chicago, especialmente las y los jóvenes, hablaron fuerte y claro sobre la importancia de la unión entre las comunidades. Nuestros connacionales transmitieron un mensaje de solidaridad con el movimiento Black Lives Matter y con las familias de otras víctimas de crímenes de odio, reconociendo que experimentamos los mismos retos y que la respuesta siempre es la colaboración, no la confrontación. Fue claro que estos conatos de violencia sacaron a la luz prejuicios, percepciones erróneas, desconfianza y estereotipos que históricamente han inhibido la comunicación entre ambas comunidades.

Chicago ha sido un epicentro político y social en la lucha por los derechos de la comunidad afroamericana. Además, cuenta con una de las comunidades mexicanas más numerosas, fuertes y activas en Estados Unidos. En conjunto, las personas afrodescendientes y latinas representan casi el 60% de la población de Chicago. Por décadas, autoridades locales, oficiales electos, activistas y organizaciones han trabajado para desarrollar proyectos para combatir la segregación y promover la unión entre ambos grupos. La pregunta era: ¿cómo podemos contribuir desde el Consulado en esta labor?

Tras el ataque sucedido en El Paso, Texas, en 2019, cuando un acto de racismo y xenofobia terminó con la vida de 23 personas, nueve de ellas mexicanas, el canciller Ebrard pidió a los consulados redoblar esfuerzos para promover un mayor entendimiento de nuestra cultura, combatir la discriminación y contribuir a la creación de mecanismos para prevenir y erradicar estos incidentes de violencia. El Diálogo Black-Brown: un llamado a repensar el futuro que compartimos, celebrado en Chicago del 3 al 5 de noviembre de 2021, respondió a estos planteamientos fundamentales en la protección y el empoderamiento de nuestros connacionales. Pero también tuvo como objetivo construir puentes con la comunidad afroamericana y aportar en uno de los debates más relevantes de nuestros tiempos que tiene lugar en este país, donde residen más de 35 millones de personas de origen mexicano. 

Con el apoyo del Instituto César Chávez, creado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, la UNAM Chicago y la iniciativa Together We Heal de la ciudad de Chicago, durante tres días de actividades, líderes, activistas, artistas, oficiales electos y jóvenes, convocados por los consulados de México en Atlanta, Detroit, Houston y Chicago, se reunieron para dialogar sobre las posibles soluciones a los problemas que comparten las poblaciones mexicana y afroamericana en Estados Unidos. Se discutieron temas como el racismo, la lucha por los derechos civiles, las desigualdades en el acceso a la justicia, la equidad en salud, educación y vivienda, las raíces africanas que compartimos y el impacto desproporcionado de la COVID-19 en nuestras comunidades.

El evento también creó un espacio para que ambas comunidades se encontraran a través del arte, la música y la gastronomía. Buscamos presentar a la cultura como un antídoto al miedo, como un camino hacia la sanación de las heridas históricas y recientes que ha dejado el racismo, la violencia, la xenofobia y el odio en nuestra gente. (Reyna Torres Mendivil, El Heraldo de México, La2 p.2)

Rio Bravo / Las imágenes del odio

*

El otro día vi el rostro de Salma Hayek en el aeropuerto John F. Kennedy, de Nueva York. Aparece gigante, vestida de superhéroe, mirando al horizonte. Es un cartel promocional de la película Eternals. Y después me topé con una entrevista en la que la actriz hace promoción de la cinta. Todo iba normal, como cualquier otra entrevista, hasta que Hayek derramó unas lágrimas al aire:

“Vi mi cara morena en el traje de heroína, y al ver mi cara vi tu cara, vi mi cara de niña, que tuvo tanto valor para soñar en grande”, explica la actriz. “Vi la cara de todas las niñas. Me di cuenta de que se había abierto una puerta donde yo no estaba sola, sino que en ese traje íbamos todos los latinos juntos, que hemos esperado este momento”.

Todo esto fue sólo un recordatorio de las conquistas que los inmigrantes latinos han tenido en Estados Unidos, pero también del largo camino que falta por recorrer. Es un hecho que en Hollywood hay cada vez más representantes hispanos, aunque esa participación aún no es del todo incluyente.

El historiador Federecio Navarrete explica en el periódico El País: “Se trata de una superheroína latina, que representa a la latinidad en general, pero es el tipo de persona morena en general, ya que las personas morenas de origen indígena son mucho menos representadas y al contrario, son invisibilizados”.

Todo este relato es importante cuando se pone frente a los crímenes de odio que van en aumento en el país. Los latinos son, justamente, el grupo que más ataques recibe. Reportes del FBI muestran que en el último año los inmigrantes de origen hispano han sido víctimas de más agresiones físicas y verbales que ningún otro grupo étnico.

Más del 60% de los ataques de odio en Estados Unidos son motivados por temas raciales, después viene la orientación sexual y luego la religión.

Sólo en California, en el último año hubo un incremento del 30% en los crímenes de odio, y muchos de estos ataques no se reportan porque las víctimas son inmigrantes que no tienen documentos y temen que los deporten si denuncian la agresión. (Julio Vaqueiro, La razón, México, p.8)