Opinión Migración 181121

Periscopio // Reforma eléctrica, a disputa desde las calles

EN EL VISOR:

Tira la piedra y esconde la mano el Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño. Esta semana acusó al activista y líder de la caravana migrante, Irineo Mujica Arzate, de mantener una “actitud más cercana a la de los traficantes de personas”. Pero no hay denuncia contra él, ni se tiene previsto interponer alguna. Puro intento de linchamiento mediático, como ha sido el sello de la cuatroté. (Raymundo Sánchez Patlán, El Heraldo de México, País, p. 9)

Hechos y susurros // Reunión de líderes de América del Norte

Hoy en Washington, el presidente López Obrador se reunirá con el Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, en lo que se denomina la Cumbre de Líderes de América del Norte que tiene como objetivo reafirmar los fuertes lazos e integración que han hecho de América del Norte la región más competitiva y dinámica del mundo, según el comunicado de la Casa Blanca que anunció la realización de este encuentro trilateral.

El evento de hoy, tiene gran importancia. Tanta que durante las mañaneras de los últimos días, el Jefe  del Ejecutivo ha hecho referencia a la trascendencia de las relaciones con los Estados Unidos y Canadá.

La agenda que atenderán los líderes  es muy amplia. En esta Cumbre, que es la primera desde que se firmó el T-MEC, estarán presentes los temas comerciales, también abordarán el tema de la pandemia y la seguridad en materia de salud de los tres países, como señaló el canciller Marcelo Ebrard.

Los temas de migración y reforma energética estarán en la Mesa. El presidente Biden habla de una integración energética trilateral. Biden tiene la presión del Congreso y los inversionistas ante la incertidumbre que enfrentan en México. El Presidente mexicano dijo que ya tiene la respuesta: “Presidente es que no quieren dejar de robar”.

La realidad es que esta Cumbre es fundamental para la región. Y es muy trascendental la participación en vivo y en directo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, en este que es el tercer viaje al extranjero desde que asumió la presidencia en 2018.

Se reconoce la dimensión que el titular del ejecutivo ha dado a este encuentro con sus pares de Estados Unidos y Canadá, por la comitiva que le acompaña. 

Cuando se reunió con Trump en su primera salida al extranjero sólo fue con Marcelo Ebrard, Graciela Márquez y Alfonso Romo.

En este encuentro lleva al propio canciller Ebrard, a Tatiana Clouthier, de Economía; Rogelio Ramírez de la O, de Hacienda, Francisco Garduño, titular de Migración, y Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, un staff sólido para atender los encuentros bilaterales y la propia Cumbre. (Dolores Colín, 24 Horas, México, p. 6)

Sacapuntas

Confianza de Ebrard

Sobre el canciller Marcelo Ebrard recaerá, en gran medida, el resultado de la reunión de este jueves entre los presidentes López Obrador, Biden y Trudeau. El titular de la SRE confía en que la cumbre será un éxito, aunque haya diferencia de posturas sobre temas particulares. Incluso creen que la reunión fortalecerá la iniciativa de reforma migratoria de EU.

Fuera de agenda

Por cierto, es casi un hecho que en la agenda de la cumbre trilateral de hoy no se aborde, al menos no como tema central, la iniciativa eléctrica del presidente López Obrador. Tampoco hablarán sobre el embargo a Cuba ni la eventual reactivación del programa Quédate en México. Biden, Trudeau y el mexicano se enfocarán en lo acordado. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)

Frentes políticos

Destino: Washington. El presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá hoy, por primera ocasión, un encuentro con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y con su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, donde revisará el tratado comercial T-MEC, lo relacionado con el covid-19 y la integración económica. La agenda del mandatario mexicano está marcada por las reuniones con ambos jefes de Estado de manera particular, así como por la cumbre trilateral; además, tendrá un encuentro con la vicepresidenta Kamala Harris. Ayer, López Obrador aterrizó en Washington D.C., voló en clase turista, sólo con un miembro de su equipo cercano o Ayudantía. En cuestión de austeridad, decir y hacer, no simulaciones.

Diplomacia en acción. Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, confío en que serán positivos los resultados de la IX Cumbre de Líderes de América del Norte y, aunque no están en agenda, podrían abordarse temas que podrían generar una diferencia entre México, Estados Unidos y Canadá, como la reforma eléctrica. Indicó que se realizará la reunión bilateral con el presidente Joe Biden, en donde se dará seguimiento al Diálogo Económico de Alto Nivel entre México y Estados Unidos, por lo que asisten los titulares de Hacienda y Economía; al acuerdo Entendimiento Bicentenario y a la extensión de los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro a Centroamérica. México marca la ruta en la región. Y va por más. (Excélsior, Nacional, p. 15)

En la mira // AMLO tomará la calle

DE COLOFÓN.- El presidente López Obrador tiene una oportunidad de oro para plantear, negociar y ganar con un buen acuerdo migratorio en los Estados Unidos. Ojalá que la razón impere sobre su pecho que no es bodega. (Luis Cárdenas, El Universal, Nación, p. 7)

Sin ataduras // Contradicciones de México en Washington

A 15 días de tomar posesión como secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard se reunió en secreto, en un hotel cercano al aeropuerto de Houston, con los secretarios de Estado y de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Mike Pompeo y Kirstjen Nielsen.

Ese día, el 15 de noviembre de 2018, Ebrard, acompañado de su cercano asesor Javier López Casarín, aceptó lo que el gobierno de Peña Nieto se había resistido a conceder: convertir a México en la sala de espera migratoria de Estados Unidos.

Fue grande la sorpresa para los estadunidenses que nunca imaginaron que el nuevo gobierno mexicano, nacionalista de izquierda, permitiera que los solicitantes de asilo esperen en México, mientras dure el trámite algunos años. Y todo lo hizo Ebrard a espaldas de la nación y a cambio de nada.

Entre la incredulidad y el regocijo, Mike Pompeo llamó después de la reunión en Houston a su colega mexicano del gobierno saliente, a quien le dijo: “It’s too good to be true” (“Es demasiado bueno para ser verdad”).

Al justificar la entrega de nuestra soberanía migratoria al vecino del norte, Ebrard luego anunció en diciembre de 2018 que Washington comprometió 5.8 mil millones de dólares para el desarrollo en Centroamérica y 4.8 mil de inversión en México. Puras cuentas alegres como las que acostumbra a hacer Ebrard.

Trump se fue de la Casa Blanca y nunca envió un solo dólar a México ni a Centroamérica de los 10.6 mil millones anunciados con bombo y platillo por el secretario de Relaciones Exteriores, pero sí militarizamos nuestras fronteras.

Mientras que Trump tomó el pelo a México e impunemente injurió a los mexicanos como asesinos y violadores, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantuvo una relación cordial con su amigo Donald y nunca le reclamó las recurrentes ofensas al pueblo mexicano. Al contrario, reiteró que nos respetaba.

El mandatario, quien por mucho tiempo se negó a felicitar a Biden por su triunfo electoral contra Trump, está ahora en Washington tratando de enmendar el error.

López Obrador defendió la iniciativa del presidente demócrata de regularizar a 11 millones de indocumentados y advirtió a los congresistas estadunidenses que se opongan a la medida que serán exhibidos por él.

La imprudente declaración de López Obrador es contradictoria, hacia dentro y hacia fuera.

En el ámbito interno, AMLO viola el principio constitucional de no intervención en los asuntos internos de otra nación, pues México reconoce la soberanía de Estados Unidos para definir sus propias leyes migratorias.

Si bien es correcto que México defienda los derechos humanos de los migrantes mexicanos por ser universales, no debe avalar el marco legal de otro país, de la misma forma como rechazamos que los extranjeros dicten las nuestras en el ejercicio de nuestra soberanía.

En el ámbito externo, resulta contraproducente lanzar advertencias a los congresistas estadunidenses que se opongan al programa migratorio (por cierto, los oponentes son legisladores republicanos afines a Trump), pues provocaría el hazmerreír, el desdén o el escalamiento de las tensiones con México en el poderoso Capitolio. 

Biden tiene bien medido al gobierno mexicano, sabe que para tratar a un presidente popular e impredecible es mejor mantener una relación cordial en público, dirigida a complacer a la galería mexicana, pero defendiendo con firmeza a los inversionistas estadunidenses con base en el tratado de libre comercio. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 8)

Desde afuera // En busca de entendimientos

El margen de que la realidad los obliga a buscar entendimientos, el primer encuentro personal entre los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador, y de Estados Unidos, Joe Biden, presenta un desafío para ambos.

En principio, esta primera reunión personal entre los mandatarios permitirá al menos una interlocución directa. Pero también, el discutir “en vivo”.

De acuerdo con varias opiniones, la relación no está mal, pero tampoco se encuentra en un punto óptimo, y de hecho hay fuentes que hablan de que el gobierno López Obrador decidió conscientemente bajar de tono los contactos con EU, aún cuando reconoce su importancia.

Esa actitud se refleja parcialmente en sus críticas al boicot económico estadounidense a Cuba, su abierta simpatía por marginar a la Organización de Estados Americanos (OEA) y la creación de una agrupación latinoamericana sin EU.

López Obrador se ha referido públicamente a los demócratas de ser “injerencistas”, toda vez que considera inaceptable que organismos del gobierno estadounidense financien a grupos no-gubernamentales mexicanos, críticos de las acciones o las omisiones de su régimen en materia en derechos humanos, civiles o de medio ambiente.

En contraste, López Obrador se ha referido varias veces al “respetuoso trato” que le ofreció el republicano Donald Trump durante su periodo (2017-2020), aunque las relaciones parecieron a veces atribuladas por las amenazas del estadounidense sobre del cierre de fronteras y el aumento de aranceles para presionar por más acción mexicana contra las caravanas de migrantes.

En ese sentido, y de acuerdo con versiones circulantes en Washington, el equipo de Biden estaría “molesto” porque en una de sus conversaciones telefónicas con López Obrador, el mexicano dedicó varios minutos a elogiar a Trump.

Pero las versiones sobre la irritación estadounidense han sido rechazadas por el gobierno mexicano, que se ha referido, por su parte, a una “buena relación personal” entre los mandatarios y negado la posibilidad de confrontaciones.

Por su parte, según un análisis de la empresa Monarch, el gobierno Biden llevaría adelante una “estrategia silenciosa” con dos metas: “primero, el deseo de asegurar la cooperación continua de México en el frente migratorio, evitando cualquier cosa que pueda poner en peligro este objetivo y, segundo, un esfuerzo por construir una relación personal de confianza entre López Obrador y el embajador (Ken) Salazar, antes de hacer grandes pedidos a México. Como resultado, Estados Unidos todavía anda “de puntitas” alrededor de AMLO, a pesar de que Biden ha estado en el cargo ya casi un año”.

Para muchos políticos estadounidenses, demócratas y republicanos, el tema se reduce a qué pueden trabajar con López Obrador, al margen de sus posiciones políticas, en tanto que el mandatario mexicano considere y respete los intereses de su país. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)

El cristalazo // El petate del muerto

A pocas horas de acudir a la reunión dispuesta por Estados Unidos para efectuar una cumbre norteamericana en Washington, el presidente de la república lanzó una declaración distractora cuya finalidad fue alejar el foco de atención sobre la discusión energética.

Se trató de una verdadera bomba de humo, relacionada con los migrantes y “colada” a través de una pregunta generada por la propia oficina de comunicación presidencial, como suele hacerse en estos casos.

Después de halagar al presidente Joe Biden y hablar de él como quien más preocupación genuina ha mostrado por los mexicanos de allá, cuya “legalización” forma parte de los sueños guajiros desde los tiempos de la “enchilada completa” de Vicente Fox y Jorge Castañeda (por no ir más atrás), el presidente lanzó una amenaza terrible.

Exhibir a los legisladores gringos cuyos votos impidan la asimilación completa de once millones de mexicanos al sistema estadounidense, si Joe Biden decidiera proponer tal solución migratoria definitiva; es decir, su naturalización.

“…Si el presidente Biden presenta la iniciativa para la regularización de los 11 millones de migrantes. –dijo nuestro presidente–, nosotros vamos a estar atentos, pendientes, dándole seguimiento, tomando nota de la postura que asuman los legisladores de un partido y de otro.

“Ojalá y haya unidad, pero si legisladores de un partido bloquean esta iniciativa, nosotros lo vamos a señalar en su momento de manera respetuosa, lo vamos a dar a conocer desde aquí, de que un partido, sus legisladores, no ayudaron a algo que es justo, humanitario, porque hay millones de mexicanos que viven, trabajan desde hace años en Estados Unidos, que han aportado mucho al desarrollo, al engrandecimiento de esa nación, entonces merecen ser tratados con justicia…”

Esta amenaza depende de varias cosas, la primera de ellas, la acción política de la Casa Blanca. Después la del Congreso.

La idea presidencial para advertirles a los congresistas estadunidenses de los peligros a los cuales se exponen si se les exhibe en la “mañanera” como hace (por ejemplo) Anita Vilchis con los periodistas réprobos, falaces y mentirosos, pasa por alto un hecho: los representantes y los senadores americanos, actúan sólo en favor de los intereses de sus electores. De nadie más. 

No hay uno solo de ellos a quien le importe el juicio extranjero, ni de México ni de ningún otro país del mundo. 

Por defender esos intereses los congresistas texanos le han advertido a su gobierno sobre los riesgos de una reforma energética en nuestro país, cuyos lineamientos nacionalistas vayan en contra de sus intereses. Eso sí les importa.

Y al parecer no sólo a ellos, sino al gobierno mismo. Al menos eso ha confirmado el embajador Salazar. Y lo ha hecho en español y con todas sus letras.

En Estados Unidos los congresistas no le obedecen ciegamente a sus partidos. Mucho menos al presidente. 

Por eso resulta imposible ver en el Capitolio un rebaño cantor de dóciles borregos, en el cumpleaños de Joe Biden (20 de noviembre de 1942) quien celebrará pasado mañana su aniversario sin Marilyn Monroe para cantarle el “happy birthday Mr. President” como a otro célebre demócrata.

Aquí cantaron las diputadas y los diputados de Morena. Cada quien.

Pero sea como sea la advertencia está hecha.

¿Leerá nuestro presidente una lista de infamia para mostrarle al pueblo quienes son los insensibles legisladores estadunidenses cuya conducta iría en contra de la fraternidad universal por él propuesta como regla de comportamiento para la felicidad del mundo?

No lo sabemos, quizá lo haga, quizá se lo pida a Marcelo Ebrard en una de esas mañaneras en las cuales –además– juega con pruebas y ensayos sobre la lealtad de sus empleados.

Por lo pronto los representantes y senadores en Wasghington deben haber sufrido un sacudimiento emocional semejante al de aquella aciaga tarde cuando los seguidores de Trum asaltaron el Capitolio.

¡Que meyo!, deben haber dicho todos en coro. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)

Pulso político // Biden y Trudeau no protegen corruptos: AMLO

Desde Cancún, a unas horas de viajar a Washington para reunirse con su homólogo de Estados Unidos, Joe Biden, y con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, el Presidente Andrés Manuel López Obrador insistió en que el tema de energía eléctrica no estará en la agenda de ese encuentro, pero que si se incluye —como ya lo anticiparon desde la Casa Blanca— y le preguntan, no le costará trabajo explicarles a ambos los alcances de su iniciativa.

“Ni modo que ellos estén a favor o protejan a corruptos, ellos son ‘gentes’ íntegras que defienden los intereses de sus pueblos, como lo hacemos en México, ¿o qué, no vamos a defender los intereses del pueblo, no nos pusieron para eso o nos pusieron para estar de empresas saqueadoras que se dedican a medrar? No”, agregó en su mañanera en aquel destino turístico de donde viajó a la capital estadounidense, después de inaugurar la noche del martes el Tianguis Turístico en Mérida.

DE ESTO Y DE AQUELLO…

A su llegada a Washington, la tarde de ayer, el canciller Marcelo Ebrard negó en conferencia de prensa que se tenga programado hablar de la Reforma Energética, en el encuentro que sostendrá el Presidente López Obrador con el de Estados Unidos y el primer ministro de Canadá, aunque admitió que “puede ser que lo planteen”, y acerca del programa migratorio Quédate en México dijo ignorar si el presidente Biden hará alguna referencia a ello. (Francisco Cárdenas, La Razón, México, p. 10)

Serpientes y escalera // La Cumbre de Washington: ¿cooperación o reclamos?

El presidente López Obrador llega hoy a su primera Cumbre Trilateral con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá. Será la primera vez que el mandatario mexicano se encuentre cara a cara con Joe Biden y con Justin Trudeau. Y será también la primera revisión para saber qué tanto se ha consolidado el TMEC a tres años de su entrada en vigor y si este nuevo acuerdo está listo para avanzar hacia la meta ideal que se propusieron los tres socios comerciales cuando firmaron y renovaron su sociedad en noviembre de 2018: la integración gradual y paulatina para hacer de Norteamérica la región comercial más potente y competitiva del mundo.

Y aunque la palabra clave de este primer encuentro trilateral Biden-Trudeau-López Obrador es precisamente “integración” y ya está definida una agenda conjunta y acordada sobre la que dialogarán los tres países, en la que se incluyen básicamente tres grandes temas: 1. Una ruta colectiva para acabar con la pandemia en Norteamérica; 2. Fortalecer la competitividad en la región e impulsar un crecimiento equitativo; y 3. Acordar una visión regional para el problema de la Migración; la posibilidad de que dentro de esos tres grandes temas surjan otros subtemas y planteamientos de cada país no está descartada y es casi seguro que eso ocurrirá.

Por ejemplo, aunque México y el presidente López Obrador no lo tienen contemplado en su agenda de interés, desde Estados Unidos y Canadá la preocupación por el tema energético en el marco del TMEC es bastante clara. No sólo porque ambos países tienen empresas que han invertido en México en el sector eléctrico y energético, que hoy se ve afectado en sus contratos e inversiones por los cambios propuestos por el gobierno lopezobradorista en su reforma energética, sino porque dentro de las prioridades y compromisos establecidos en el acuerdo trilateral, está precisamente lo que denominan la “integración energética”.

Es muy probable, y así lo reconoció ayer el canciller Marcelo Ebrard, que aunque el tema energético no esté detallado en la agenda central, en las mesas de trabajo del T-MEC afloren las diferencias notables que existen en el tema energético en la visión de cada país. El presidente Joe Biden, por ejemplo, ha dicho a través de sus funcionarios, como el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Brian Nichols, que tocar el tema energético es una de sus prioridades, al tiempo que empresarios y congresistas estadounidenses presionan y piden a Biden que “se muestre enérgico” con López Obrador sobre “sus incumplimientos en materia energética dentro del T-MEC”.

Tanto Biden como Trudeau tienen presiones de grupos empresariales de sus países para llevar el tema de la reforma energética y eléctrica de López Obrador a las mesas de discusión de este jueves en Washington. Por si fuera poco, a esos reclamos se sumó ayer el Consejo Coordinador Empresarial de México, que en un comunicado conjunto con la US Chamber of Commerce y la Canadian Chamber of Commerce, emitieron un “posicionamiento” de los tres organismos empresariales sobre la reunión trilateral de mandatarios. En el texto, los empresarios de Norteamérica exigen la “total implementación del T-MEC” en los tres países, para lo cual piden fomentar la competitividad y que haya “reglas claras y transparencia” para las inversiones y la competencia en las actividades económicas de las tres naciones.

En particular, las tres cámaras empresariales más importantes de Norteamérica se dicen “muy preocupados por los esfuerzos del gobierno mexicano para reducir la competencia privada en el sector energético. Los intentos por favorecer a empresas del Estado en detrimento de proveedores de energías renovables, minan la certidumbre de inversiones y auguran mayores costos así como menores oportunidades para los trabajadores de nuestros países”, comentan en una alusión directa a la iniciativa de reforma constitucional del presidente López Obrador para cambiar las reglas del sector eléctrico y energético en México.

Si a eso se le suma el tema laboral, que es otra de las prioridades para Joe Biden y los demócratas y parte de los compromisos que México suscribió en el T-MEC para democratizar a los sindicatos mexicanos y modernizar y mejorar la justicia laboral en el país, está claro que no todo será “miel sobre hojuelas” ni sólo acuerdos tersos de integración para la delegación mexicana que encabeza el presidente López Obrador.

Porque tanto en el tema energético, como en el laboral, hay claras señales y acciones de incumplimiento por parte de México y de su presidente. En el primer caso, claramente la propuesta de López Obrador para cambiar las reglas en el sector eléctrico y de los hidrocarburos afecta las inversiones estadounidenses y canadienses al modificar el marco normativo que imperaba cuando se firmó el T-MEC hace tres años; y en el segundo caso, en lo laboral, a más de dos años de que se aprobaron las reformas constitucionales para democratizar la vida sindical en México e implementar un nuevo sistema de justicia laboral, es claro que ninguno de los dos temas registra avances significativos.

Los sindicatos, salvo algunas excepciones en la industria automotriz y en sindicatos pequeños de empresas, siguen controlados por las mismas mafias charriles que retrasan y obstaculizan la realización de elecciones abiertas y por voto directo de los trabajadores para elegir a sus dirigencias sindicales. El mejor ejemplo es el de Pemex, en donde con todo y la supuesta “baja” de Carlos Romero Deschamps, su grupo sigue controlando al sindicato y maneja con irregularidades y favoreciendo solo a planillas afines, las renovaciones de secciones sindicales en el país. Como el sindicato petrolero hay muchos otros que aún se resisten y llevan a cuenta gotas sus elecciones internas, en medio de denuncias de manipulación y fraudes realizados por los grupos que controlan las dirigencias sindicales.

Seguramente López Obrador volverá a plantear sus repetitivas propuestas de que sus programas sociales clientelares, como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, que no han funcionado en México para disminuir la pobreza de acuerdo a las mediciones oficiales del Coneval y el INEGI, sean llevados a Centroamérica con el apoyo de Canadá y Estados Unidos para disminuir la migración. Y es probable que ésa y algunas otras propuestas de México encuentren eco en las mesas de la reunión Trilateral en Washington y que incluso haya acuerdos; pero también es muy probable, casi seguro, que habrá reclamos y petición de revisiones a las políticas energéticas de la administración de López Obrador, además de un corte de caja negativo sobre los avances laborales en México.

Veremos si a su regreso el presidente López Obrador y su comitiva, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, nos informan a los mexicanos de los dos temas, tanto si hubo acuerdos y avances positivos para el país en los esfuerzos de integración de Norteamérica, como si hubo reclamos o llamadas de atención sobre los temas de energía, la política latinoamericana y otros donde claramente hay diferencias entre los tres socios del T-MEC. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. 9)

Pensándolo bien // AMLO y el latin power

Pensar fuera de la caja, como dicen los gurús de la administración moderna, puede producir despropósitos pero también ideas frescas y nuevos derroteros. Andrés Manuel López Obrador, formado con un pie dentro y con un pie fuera de la “caja” en la que tradicionalmente ha habitado la clase política mexicana, ha sido un claro ejemplo de lo mejor y lo peor de esta consigna. Ideas sacadas de la manga a contrapelo de un aparente sentido común, como fue la rifa de un avión sin avión, de un lado, aunque del otro polémicas decisiones, como la mudanza de Los Pinos o los vuelos en clase turística, que en conjunto redefinen los usos y costumbres de la Presidencia.

Y según se mire, en ocasiones hay ideas que son las dos cosas al mismo tiempo, aparentes despropósitos que se convierten en genialidades. Tal es el caso de la posibilidad de pensar un lobby en Estados Unidos para presionar a los congresistas a votar en favor de iniciativas clave para los latinos.

En principio parecería un planteamiento políticamente incorrecto, por decir lo menos. El típico caso de una iniciativa que urgiría llevar a cabo, pero que no conviene pregonar en voz alta, mucho menos por parte de un mandatario mexicano en funciones.

Este martes López Obrador afirmó en la mañanera (“porque no lo puedo tratar tan abiertamente en Estados Unidos por respeto a la soberanía de ese país”) que si el presidente Biden presenta en el Congreso la iniciativa prometida para la regularización de 11 millones de migrantes, México tendría que estar atento a la postura que asuman los legisladores republicanos y demócratas. Y en caso de que algunos de éstos se opongan a esta medida habrá que tomar registro y hacérselo notar a los 38 millones de mexicanos que habitan allá, muchos de los cuales ejercen el voto.

AMLO citó el caso de los cubanos y su cabildeo que, a pesar de representar apenas a 4 millones que residen en Estados Unidos, poseen una enorme influencia política.

Sin duda es una idea potente. Aunque no lo mencionó, resulta evidente el desproporcionado peso que tiene el lobby en favor del Estado de Israel, capaz de afectar la carrera de cualquier político que vote o se exprese en contra de tales intereses. Aún más patente es el cabildeo ejercido por la famosa NRA, National Rifle Association, que durante años ha boicoteado toda iniciativa para limitar la venta indiscriminada de armas, ante el pavor de todo congresista de ser objeto de la crítica de este lobby.

López Obrador apunta, en efecto, a una realidad que poco a poco se abre camino. Es verdad que el peso específico de la población de origen latino es enorme en términos económicos y sociales en muchas regiones, pero su protagonismo político es muy inferior proporcionalmente hablando.

La mera posibilidad de modificar esa ecuación constituye una tesis explosiva. Desde luego se trata de una comunidad mucho más diversificada de lo que parece, en ocasiones con intereses encontrados. Y allí están los datos de la elección de Donald Trump, por el que sufragaron poco más de 20 por ciento de los latinos. Pero los números son tan grandes que incluso si esta tesis (ofrecer un objetivo común al electorado latino) despierta el interés de una fracción, los alcances podrían ser poderosísimos.

Muchos de los comicios distritales se resuelven por escaso margen, lo cual significa que los contendientes no están en posición de dar la espalda al voto de comunidades articuladas en torno a un interés común. Y no hay que dejar de lado que la proporción del voto latino no hará más que crecer por el efecto combinado de su creciente peso demográfico y la paulatina incorporación a la vida cívica de muchos descendientes de emigrantes. “Hay millones de ciudadanos estadunidenses-mexicanos que deben estar atentos y tener dos objetivos, solo dos: defender a los mexicanos y defender a México”, dijo el Presidente este martes.

No queda claro si estas declaraciones de López Obrador expresan una mera esperanza o anticipan un proyecto de cabildeo a desarrollar por el gobierno mexicano. Ciertamente AMLO es un activo político con ascendencia entre segmentos populares de la emigración arraigada en Estados Unidos. Un factor que une a grupos tan diversos como los cientos de miles de poblanos asentados en Nueva York y los millones de michoacanos, zacatecanos y guerrerenses instalados en la costa oeste.

La idea de que López Obrador constituya un catalizador para estos grupos puede parecer peregrina, pero no hay que olvidar que el sustrato social del que procede la mayor parte de estos inmigrantes y sus hijos es el mismo que hoy le otorga al presidente mexicano tan categóricos niveles de aprobación.

Habría que recordar las muchas veces que se ha subestimado ya no a su persona, sino al fenómeno político que representa. Hace unos años nadie habría adivinado la posibilidad de que una figura lograra el consenso generalizado de tantas y divididas corrientes progresistas, de izquierda o de oposición, caracterizadas siempre por su arraigado canibalismo.

Podría decirse, con razón, que la idea de armar una estrategia de cabildeo entre los paisanos para impulsar la agenda de México en los asuntos internos de Estados Unidos puede ser interpretada por Washington como una injerencia inadmisible.

Pero considerando la historia de intervencionismos descarados y, en ocasiones, brutales de Estados Unidos sobre la vida política de nuestros países, tal cuestionamiento resulta ingenuo. Hace un par de semanas, para no ir más lejos, varios congresistas estadunidenses exigieron a su embajador en México presionar a nuestras autoridades para garantizar las operaciones económicas de algunas empresas de aquel país en el nuestro.

En fin, ocurrencia o atisbo de una nueva estrategia, la posibilidad de utilizar políticamente a la población de origen latino de una manera orquestada es un planteamiento trascendente. Una tarea nada sencilla por donde se le mire, pero si hay algo con posibilidades de impulsarla es el factor AMLO. Veremos si prospera. (Jorge Zepeda Patterson, Milenio Diario, Política, p. 12)

Desde el piso de remates // Cumbre trilateral: automotriz y energía, temas espinosos

La expectativa de la cumbre México-Estados Unidos-Canadá que se realizará hoy en Washington es fortalecer la relación trilateral en temas como migración, salud y comercio.

Sin embargo, hay temas álgidos que preocupan no sólo al sector privado, sino a legisladores de Estados Unidos, como son evidentemente las caravanas de migrantes haitianos y centroamericanos que insisten en cruzar a Estados Unidos, el debilitamiento de los órganos autónomos y, desde luego, el tema energético.

El presidente López Obrador reiteró ayer en la mañanera que la reforma eléctrica no está en la agenda oficial, pero que “si se requiere” les explicará a Joe Biden y a Justin Trudeau las razones de su gobierno para impulsar esta iniciativa de reforma constitucional y ratificó que se busca fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y “terminar con los abusos de empresarios extranjeros, en especial de los españoles”. Y remató con su ya clásico: “a robar a otra parte”, aunque el gobierno sigue sin presentar una denuncia ni en contra de Iberdrola ni de ninguna otra empresa.

López Obrador dijo también que ni modo que “Biden y Trudeau estén a favor de corruptos”. Biden, además de la presión de las empresas, tiene también la de legisladores, no sólo republicanos, sino también demócratas que ya han manifestado su preocupación por la reforma eléctrica.

Parece olvidar que el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, ya ha manifestado la preocupación de empresas y el gobierno estadunidense por la reforma eléctrica que pondría en riesgo inversiones por 1,000 mdd. (Maricarmen Cortés, Excélsior, Dinero, p. 4)

Un montón de plata // AMLO se desiste de soberanía energética

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dado un salto cuántico en uno de los temas fundamentales que han definido la política mexicana del último siglo: la soberanía energética.

En un cambio de raíz, AMLO finalmente ha virado 180 grados el discurso que acompañó por décadas a la clase política mexicana: la soberanía ya no depende de la energía.

Llegó la hora de la verdad para el Presidente de México. La reunión con Biden y Trudeau está forzada a arrojar resultados. Esto puede ser desde simples acuerdos automotrices para garantizar cadenas de suministro, o soluciones a problemas migratorios en la frontera; hasta algún plan ambicioso de integración regional norteamericana que rebase significativamente los alcances del T-MEC y que ponga en el escenario la conformación de un bloque migratorio, comercial, energético, aduanero y hasta en materia de seguridad. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Merk-2, p. 20)

¿El regreso de los Tres Amigos?

Raras veces en la historia moderna de México y Estados Unidos sus relaciones han sido tan ambiguas como hoy, cuando, por invitación del presidente Joe Biden, se celebra la Cumbre de Líderes de América del Norte en Washington, D.C. Será la primera reunión trilateral cara a cara entre los mandatarios de los tres países desde 2016, cuando Donald Trump las descontinuó.

El presidente Biden y el primer ministro Justin Trudeau se han reunido dos veces este año. Primero en octubre, en Roma, como parte del G20–el foro internacional que reúne a las 20 economías más grandes del planeta, que juntas suman más del 80% del PIB mundial, 75% del comercio global y 60% de la población mundial, y también 75% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Y se reunieron de nuevo, hace apenas dos semanas, en Glasgow, en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático–COP26, la cumbre global más importante sobre el tema.

Una prioridad de las reuniones del G20 y la COP26 fue ratificar los esfuerzos internacionales para limitar el incremento en la temperatura media global a 1.5ºC y reducir las emisiones de los gases que continúan calentando el planeta. El presidente Andrés Manuel López Obrador decidió no asistir a ninguna de estas dos cumbres; por lo que hoy será la primera vez que se reúna en persona con sus homólogos de Canadá y Estados Unidos.

Pero ¿de qué hablarán los presidentes Biden y López Obrador, y el primer ministro Trudeau cuando se reúnan hoy en Washington, D.C.? ¿A qué tipo de acuerdos llegarán? Hay indicaciones de que los temas principales de la agenda serán economía y competitividad, seguridad (narcotráfico y tráfico de armas a México por la frontera con Estados Unidos), Covid-19, migración y cambio climático. Los últimos dos temas probablemente serán los más espinosos. Y los resultados de la reunión apuntalarán, o no, los anhelos políticos particulares de los tres mandatarios. 

El presidente Biden está siendo objeto de implacables presiones internas, tanto de Demócratas como de Republicanos, para que detenga el flujo migratorio a través de su frontera sur, y esto se hay convertido en una de las mayores crisis políticas de su primer año en la Casa Blanca. Por otro lado, Estados Unidos y Canadá han expresado públicamente su profunda preocupación sobre los impactos negativos que la reforma eléctrica del presidente López Obrador tendrá en los miles de millones de dólares invertidos en México por empresas estadounidenses y canadienses.

Echándole más leña al fuego, el presidente Biden ha ordenado que la mitad de los vehículos que se vendan en Estados Unidos en 2030 sea de los que emitan cero emisiones de gases de efecto invernadero, y también está impulsando incentivos fiscales preferenciales para promover la compra de vehículos eléctricos fabricados completamente por sindicatos estadounidenses. Ni Canadá ni México ven con buenos ojos estas nuevas políticas sobre vehículos automotores. Biden también canceló la expansión del oleoducto Keystone XL, que, dados los enormes intereses económicos que Canadá tiene en este proyecto, agrió su relación con Trudeau.

Y sus posturas sobre lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela será el elefante en la habitación cuando los tres mandatarios se reúnan. ¿Tocarán siquiera el tema?

Es difícil imaginar en la historia moderna de las relaciones México-Estados Unidos a dos presidentes más distintos que López Obrador y Biden. No sólo difieren fundamentalmente en su visión sobre sus países (y el mundo), sino que sus estilos políticos probablemente se mezclarán como el agua y el aceite durante sus conversaciones. Además, el presidente Biden quiere posicionarse como el campeón mundial en la lucha contra el calentamiento global, mientras el presidente López Obrador ha optado por ignorar por completo esta crucial amenaza para el planeta.

Las diferencias se tornan aún más pronunciadas sobre cómo los presidentes Biden y López Obrador conciben los asuntos ambientales, especialmente el cambio climático. Las diferencias se reflejan en sus prioridades de política pública e inversión.

Combatir el cambio climático fue una de las principales promesas de campaña del presidente Biden. De hecho, este lunes presentó su nuevo programa de infraestructura (que contó con firme apoyo bipartidista) por más de un millón de millones de dólares, de los cuales US$73,000 millones son para la red de energía eléctrica, US$47,000 millones para la adaptación al cambio climático, US$21,000 millones para proyectos ambientales y US$7,500 millones para vehículos eléctricos. También se comprometió a que Estados Unidos alcanzará cero emisiones netas para el 2050 y reducirá las emisiones de gases de efecto invernadero en 50-52% por debajo de los niveles de 2005 para el 2030. En su primer día como presidente, Biden canceló la expansión del oleoducto de Keystone.

En marcado contraste, la lucha contra el calentamiento global no ha sido una prioridad para el presidente López Obrador. La construcción de la refinería Dos Bocas en Tabasco, la “modernización” de otras seis refinerías y la compra de PEMEX a Shell de la refinería Deer Park en Texas no dejan duda de la preferencia gubernamental por depender de los combustibles fósiles.

Y las inversiones gubernamentales de México para conservar el medio ambiente están muy por debajo de lo que se necesita y de lo que sus ciudadanos demandan. La inversión ambiental (Semarnat) en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2022 (aprobado hace pocos días por el Congreso de la Unión, en el que Morena y sus aliados son mayoría) fue de $41,000 millones de pesos (alrededor de US$2,000 millones, o sea 0.26% del presupuesto total). Pero la mayor parte ($33,900 millones o 83% del total) se destinará a obras de infraestructura hidráulica a cargo de la Conagua. Sólo 2.16% fue asignado a la Conanp (responsable de cuidar la biodiversidad y los servicios ambientales en 91 millones de hectáreas de todo el territorio nacional), 5.95% a la Conafor (a cargo de cuidar bosques y selvas) y un insignificante 0.18% a la Profepa (responsable de proteger el medio ambiente).

Por otro lado, al controvertido programa Sembrando Vida se le asignaron $29, 447 millones; y dos megaproyectos muy cuestionados por sus impactos ambientales y contribución al calentamiento global obtuvieron tajadas grandes del presupuesto federal: $63, 231 millones para al Tren Maya y $45,000 millones para la refinería de Dos Bocas.

En la cumbre de hoy, más allá de las diferencias entre los tres mandatarios, los ciudadanos de México, Estados Unidos y Canadá esperan que, cuando menos, sus líderes tengan en mente la razón de ser del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) de 2020: fortalecer la amistad entre las tres naciones y sus pueblos; establecer un marco legal y comercial claro, transparente y predecible; y promover altos niveles de protección ambiental y fomentar los objetivos de desarrollo sostenible.

¿Estarán los tres mandatarios a la altura de estos desafíos? ¿Encontrarán puntos de coincidencia en medio de sus diferencias? ¿Estarán los Tres Amigos de regreso? (Omar Vidal y Richard Brusca, El Universal, Opinión, p. 16)

El Correo Ilustrado

Demandan trato justo a trabajadores migrantes en Canadá

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México: Nos enteramos que hoy se reunirá con sus pares de Estados Unidos y Canadá y que tocarán el tema de la migración. Por su número y problemática, seguramente los migrantes en EU serán su prioridad. Sin embargo, los aproximadamente 100 mil trabajadores temporales e indocumentados en Canadá, le pedimos que le recuerde al primer ministro Justin Trudeau que los migrantes en su país sufrimos incontables abusos a manos de los patrones. Dígale que él puede terminar el apartheid en que vivimos.

El primer ministro ha recibido de Dignidad Migrante Society propuestas de soluciones inmediatas y al alcance de su gobierno: permiso de trabajo abierto para todos los trabajadores temporales; participación en la elaboración del contrato y adecuación de las leyes a la realidad de los migrantes; alternativas de trabajo legal de todos aquellos que por alguna razón quedaron indocumentados; camino real y factible para la residencia permanente que considere antigüedad y no el nivel de inglés que tengamos.

Esto no es la solución plena a nuestro planteamiento, pero sí un punto de partida para un trato igualitario. (Mesa directiva de trabajadores: Víctor Serrano, Mirsa Martínez, Iris Vela, Guadalupe Herrera, Ramón Rodríguez, Carlos Canett, Nereida Guevara, Rosario González, Daniel Nigenda, Mauro Nava, Héctor Balderas, Dagoberto Rey Salazar, Fabián Rodríguez, Rafael Virgen, Patricia Aquino y Rogelio Martínez, La Jornada, p. 2)